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Edición correspondiente al mes de Marzo 2015

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  • EDITORIAL: Volver a empezar, por Claudio Csar Garca Pintos

    APELACIN Y CURA. Su significacin en Psicoterapia,

    por Jos Martnez-Romero Gands (pp-3 a 6)

    ENTRENAMIENTO Y REHABILITACIN Y las dimensiones del

    hombre, luego del trauma? , por Dides Iliana Hernndez Silvera

    (pp. 7 a 8)

    LA EXISTENCIA FUGITIVA, por Claudio Csar Garca Pintos

    (pp.9 a 11)

    LA PGINA DE CAVEF, por Claudio Csar Garca Pintos (pp.12 a

    16)

    LA PGINA DE LOGOFORO, por Tere Vanek (pg. 17)

    NO TE AMENAZO, TE ADVIERTO, por Patricia Mara Nigro

    (pp.18-19)

    LA LGICA DEL COMPARTIR, HASTA EL SENTIDO,

    por Anala Boyadjin (pp-20-21)

  • 03

    APELACIN Y CURA .

    Su significacin en psicoterapia

    Por Dr.Jos MartnezRomero Gands

    Mail de contacto: sentido@cop.es

    Blog: logoterapiagalicia.blogspot.com.ar

    R etomamos la publicacin de re-flexiones sobre la apelacin y la cura en Psicoterapia. Este tema ya lo hemos tratado en nuestro blog, en forma especfica, relacionndolo

    con la asistencia a enfermos de cncer.

    Ver:

    (logoterapiagalicia.blogspot.com.es/

    2011_02_01_archive.html)

    En nuestras relaciones sociales establece-mos una comunicacin que se establece

    en diferentes niveles de compromiso. Nos dirigimos a una persona cercana mediante

    un t. En nuestro idioma, si es menor el compromiso, el tratamiento es de usted. En el primer nivel mencionado llamamos a

    la persona por su nombre de pila. En el

    segundo caso, por el apellido.

    Pero cul es el origen de esta palabra apellido? En el Medioevo el reconoci-miento de los seores era, precisamente,

    vinculado a sus posesiones o ttulos: un ejemplo el Seor de Hita y Buitrago (que

    corresponda a Pedro Gonzlez de Mendo-za, Mayordomo Mayor de Juan I de Casti-lla) o por sus ttulos el Duque de Medina-

    celi, con profusa descendencia, por poner

    ejemplos.

    En un mbito ms plebeyo se llamaba a los hijos de Martn, los Martnez, a los hijos de Gonzalo, los Gonzlez y a los hijos

    de Pedro o Pero, los Prez. Se los agrupaba

    por familias, denominndolos por su as-

    cendencia o por profesiones: los Ferreiro, los Silversmith (plateros) o los Goldsman

    (los orfebres). Se los llamaba de esta for-ma, es decir, se apelaba a ellos. Al hacer-se comn, este nombre, a varios indivi-

    duos diferentes, surgi la solucin de acompaarlo con un aadido complemen-tario, ya indicando un lugar de proceden-

    cia o una caracterstica personal. Haba

    nacido el APELLIDO.

    La historia del origen es muy larga pero valga este ejemplo para dar cuenta de la

    importancia, en la historia de la humani-dad, de ser llamado, ser apelado. Y en-

    contrarse con el otro.

    La relacin de encuentro que se produce en la asistencia psicoteraputica siempre

    crece y se desarrolla por la accin que ejercen ambos protagonistas: el paciente y

    el profesional asistente.

    Es una relacin que no puede ser descrip-ta ms que en trminos literarios lo que

    nos permite decir que es una relacin in-efable. No se puede hablar de ella. Hay que vivirla en un nosotros nico y muy es-

    pecial.

    No es una realidad que podamos delimitar ni tampoco programar ms all de la apli-cacin del arte que cada uno de nosotros aplica desde su profesin. Existe necesi-dad recproca de preguntas y respuestas. El profesional pregunta y el paciente res-

  • 04

    ponde. No siempre en forma oral. Puede

    hacerlo corporalmente.

    El paciente tambin interroga. Quiere sa-

    ber acerca de su asistencia y de su exis-tencia. Se vincula como l sabe, como l quiere o como l puede. El profesional no

    siempre sabe que decir al paciente, no siempre quiere decir o muchas veces no

    puede decir.

    Esto puede generar resistencias en ambos

    mrgenes de la relacin de encuentro. La resistencia cierra la posibilidad de aper-tura en la relacin. Si la relacin es oca-

    sional, tal vez ambos protagonistas deseen olvidar el encuentro. Pero esta resisten-

    cia originar conflicto. Seguramente.

    Para vencerla es necesario establecer una relacin original que vincule a ambos de manera tal que permita la aparicin del dilogo . Esta puesta en comn, esta comunin, es la raz original de lo que, habitualmente, llamamos comunicacin

    profesional-paciente.

    Cuando encaramos un tema de la comple-jidad que nos ocupa tenemos que aceptar

    que de esta forma de comunicacin surgen una ilimitada cantidad de tcnicas que se

    distinguen por el diferente grado de flexibi-lidad o rigidez en la realidad circunstan-cial del encuentro con el que solicita ayu-

    da.

    Nosotros afirmamos, desde la Analtica

    Existencial y la prctica de la Logoterapia, que esta situacin existencial del paciente es nica e irrepetible y coincidimos con la generalidad de nuestros colegas en que es respuesta inmediata al desarrollo de

    numerosos dinamismos psquicos que han establecido una personalidad a lo largo del tiempo y que se presenta en la realidad del

    aqu y ahora como una realidad diferen-

    te.

    La realidad del ser humano que sufre, pa-dece y teme. Una realidad que, sea cual sea el pronstico, le coarta su libertad de

    desarrollar un proyecto y le amenaza el

    sentido de vida pleno. Pero el Anlisis Existencia y la Logoterapia no son asisten-

    cialismo o sentimentalismo.

    Es un accionar terico y tcnico que pro-cura ayudar al enfermo a asumir la exis-

    tencia como real, a pesar del sufrimiento, contribuyendo al desarrollo de todas sus

    potencialidades y capacidades para que acten en funcin de ellas y encuentre el sentido a pesar de todo y an en las peo-

    res circunstancias.

    Deca Viktor E. Frankl: Me atrevo a decir que no hay nada en el mundo que ayude ms efectivamente a una persona a sobre-

    vivir, an en las peores condiciones, que

    conocer el sentido de su vida.

    Conocer y accionar en procura de su man-

    tenimiento en la situacin lmite. El pa-ciente tiene derecho a ser ayudado en esta

    empresa vital.

    Mdicos y psiclogos incrementan sus es-

    tudios, investigaciones y comunicaciones cientficas para esclarecer ideas que les permitan dar respuesta a los interrogantes

    y angustias que los pacientes les presen-tan en la consulta, desde el conocimiento

    de sus sntomas, de sus crisis o de una

    enfermedad concreta.

    Cuando la respuesta a estos interrogantes

    es acuciante por variadas razones y el pla-zo de desenlace es incierto muchos profe-

    sionales se sienten desvalidos para actuar y poco preparados para afrontar esta si-

    tuacin.

    Tcnica versus comprensin. Preparacin tcnica eficiente versus la toma de con-

    ciencia de los lmites de su ciencia y arte. Persona doliente que pide comprensin

    versus un entorno limitado en sus res-

    puestas.

    No hay reglas para enfrentarse a esta dif-

    cil situacin pero s hay formas particula-res y nicas de acercarse a ese ser que su-

  • 05

    fre y padece. En estas circunstancias la

    comunicacin entre el profesional y el pa-ciente no est limitada a la expresin ver-

    bal del discurso. Acceder desde el nivel profesional al conocimiento de la situacin y poder comunicarlo es uno de los mo-

    mentos ms difciles que debemos enfren-

    tar en nuestra diaria actividad asistencial.

    Es necesario compartir nuestro estar dis-puestos a ayudar al otro como Persona. Darle la libertad de elegir la manera de ser

    ayudado, de acuerdo a su peculiar modo de personalidad y modo de relacin con

    los otros.

    Es apelar al otro. La apelacin es un lla-

    mado. Un llamado a la Esperanza. Este llamado, esta apelacin, nos coloca en in-terlocutores de privilegio en un tema de la

    mayor importancia para el paciente. Al respetar su proyecto de vida, al ayudarlo a aceptar las modificaciones que la realidad

    le impone le estamos ofreciendo la posibili-dad de elegir una nueva forma de vivir o

    de permanecer en la inautenticidad.

    El profesional conoce la situacin actual,

    el aqu y ahora de la relacin de encuen-tro. Estar dispuesto a continuar apoyan-do la busqueda de sentido del paciente,

    compartiendo y aliviando. La comunica-cin se torna, en estos casos, en el princi-pal instrumento de la pastoral mdi-ca (V.E.Frankl). No es una sustitucin del papel de la familia, del amigo o incluso de

    los religiosos que acerquen su compromi-so. Es contribuir a una mayor plenitud de vida a travs del intercambio de actitudes

    y gestos de acompaamiento que revitali-zarn los momentos mas importantes de

    su biografa hacindola valiosa de haber

    sido vivida.

    Si el paciente ha dado a entender su real

    deseo de saber y sobrellevar la situacin es intil o perjudicial escapar a esa res-

    ponsabilidad profesional de la comunica-cin. Establecer una comunicacin defi-

    ciente es coartarle la posibilidad de elec-

    cin y responsabilidad sobre su existencia

    real.

    La Logoterapia, Tercera Escuela de Viena que fundara Viktor E. Frankl, considera que el psicoterapeuta puede ayudar al pa-

    ciente apelando a la posibilidad de traspa-sar sus propios lmites, pasar por encima

    de su facticidad y la posicin fatalista que casi siempre la acompaa logrando, una dimensin completamente nueva: vida con

    sentido, a pesar de todo, respeto de la au-totrascendencia, apertura al amor y per-

    misividad para la libertad individual. Transform