papá goriot por honoré de balzac · 2020. 5. 20. · de papá goriot comeréis con buen apetito,...

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Papá Goriot Por Honoré de Balzac

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  • PapáGoriot

    Por

    HonorédeBalzac

  • I

    UNAPENSIÓNBURGUESA

    LaseñoraVauquer,desolteraDeConflans,esunaancianaquedesdehacecuarentaañosregentaunapensiónenlacalleNeuve-Sainte-Geneviève,entreelbarriolatinoyeldeSaint-Marcel.Estapensión,conocidabajoelnombredeCasaVauquer,admitetantoahombrescomomujeres,jóvenesyancianos,sinque lasmalas lenguashayanatacadonunca lascostumbresde tan respetableestablecimiento.Perotambiénesciertoquedesdehacíatreintaañosnuncasehabía visto en ella a ninguna persona joven, y para que un hombre jovenviviese allí era preciso que su familia le pasara mensualmente muy pocodinero.Noobstante,enelaño1819,épocaenlaquedacomienzoestedrama,hallábase enCasaVauquer una joven pobre.Aunque la palabra drama hayacaídoendescréditoporelmodoabusivoconquehasidoprodigadaenestostiemposdedolorosaliteratura,esprecisoemplearlaaquí:noqueestahistoriaseadramáticaenlaverdaderaacepcióndelapalabra;pero,unavezterminadalaobra,quizásellectorhabráderramadoalgunaslágrimasintramurosyextra.¿SerácomprendidamásalládeParís?Nospermitimosponerloenduda.Lasparticularidadesdeestahistoriallenadeobservacionesydecoloreslocalesnopueden apreciarse más que entre el pie de Montmartre y las alturas deMontrouge,eneseilustrevalledecascotecontinuamenteapuntodecaerydearroyos negros de barro; valle repleto de sufrimientos reales, de alegrías amenudo ficticias,y tan terriblementeagitadoque seprecisaalgoexorbitanteparaproducirunasensacióndeciertaduración.

    Sin embargo, encuéntranse en él de vez en cuando dolores que laacumulación de los vicios y de las virtudes hace grandes y solemnes: a suvista,losegoísmosylosinteresessedetienen;perolaimpresiónquerecibenescomouna fruta sabrosaprestamentedevorada.Elcarrode lacivilización,semejantealdel ídolodeJaggernat, apenas retardadoporuncorazónmenosfácildetriturarquelosotrosyquefijalosrayosdesurueda,prontoloharotoycontinúa sugloriosamarcha.Asímismoharéisvosotros, losque sostenéisestelibroconunamanoblanca,queoshundísenunmullidosofá,diciéndoos:«Quizásestovaadivertirme».Despuésdehaberleídolossecretosinfortuniosde papá Goriot comeréis con buen apetito, poniendo vuestra sensibilidad acuenta del autor, tachándole de exagerado, acusándole de poesía. ¡Ah!,sabedlo:estedramanoes,unaficciónniunanovela.All is true, todoes tanverdadero,quecadacualpuedereconocerloselementosdelmismoensucasa,quizásensupropiocorazón.

    LacasaenlaqueseexplotalapensiónpertenecealaseñoraVauquer.Está

  • situadaenlapartebajadelacalleNeuve-Sainte-Geneviève,enellugardondeelterrenodesciendehacialacalledelaArbalète,conunapendientetanbruscaque raras veces suben o bajan por ella los caballos. Esta circunstancia esfavorablealsilencioquereinaenesascallesapretadas,entrelacúpuladelVal-de-Grâce y la cúpula del Panteón, dos monumentos que cambian lascondiciones de la atmósfera, proyectando en ella tonos amarillos yvolviéndolo todo sombrío con sus tonos severos.Allí el suelo está seco, losarroyos no tienen agua ni barro, la hierba crece a lo largo de losmuros. Elhombre más despreocupado se entristece allí lo mismo que todos lostranseúntes, el ruido de un carruaje se convierte en un acontecimiento, lascasassontétricas,lasmurallashuelenaprisión.Unparisienseextraviadosóloveríaallípensioneso instituciones,miseriay tedio,vejezquemuere, fogosajuventud obligada a trabajar. Ningún barrio de París es más horrible, ydigámoslotambién,másdesconocido.

    La calle Neuve-Sainte-Geneviève, sobre todo, es como un marco debronce,elúnicoqueconvieneaeste relato,parael cualhayquepreparar lamentemediantecolorespardos,pormediode ideasgraves;demodoquedepeldañoenpeldañovadisminuyendolaluz,yelcantodelguíavaexpirandocuandoelviajerodesciendealasCatacumbas.¡Comparaciónexacta!¿Quiéndecidiráloqueesmáshorrible:corazonesresecosocráneosvacíos?

    La fachadade lapensióndaaun jardincillo,de suerteque lacasadaenángulo rectoa lacalleNeuve-Sainte-Geneviève,donde laveiscortadaensuprofundidad.Alolargodeestafachada,entrelacasayeljardincillo,hayunfirmeenformadecanalón,deunatoesadeanchura,delantedelcualseveunaavenidaenarenada,bordeadadegeranios,deadelfasygranadosplantadosengrandes jarrones de mayólica azul y blanca. En la puerta de acceso a estaavenidahayunrótulo,enelqueselee:CASAVAUQUER,ydebajo:Pensiónparaambossexosydemás.Duranteeldía,unapuertacalada,armadadeunavocingleracampanilla,permiteadvertiralextremodelpavimento,enelmuroopuesto de la calle, una arcada pintada en mármol verde por un artista debarrio.Bajoel refuerzosimuladoporestapinturase levantaunaestatuaquerepresentaalAmor.Bajoelzócalo,estainscripción,medioborrada,recuerdaeltiempoalqueseremontatalobraartísticaporelentusiasmoqueatestiguahaciaVoltaire,queregresóaParísen1777:

    Seasquienfueres,heaquítudueño:

    Loes,lofueodebeserlo.

    Al caer la noche, la puerta calada es sustituida por una puerta llena. Eljardincillo,tananchocomolargaeslafachada,seencuentraencajonadoporelmurode lacalleyporelmuromedianerode lacasavecina,a lo largode lacualpendeunmantodeyedraquelaocultacompletamenteyatraelasmiradas

  • delostranseúntesporunefectoqueresultapintorescoenParís.

    Cada uno de estosmuros se halla tapizado por espaldares y vides cuyasmenguadasypolvorientas fructificaciones sonobjetode los temoresanualesdelaseñoraVauquerydesusconversacionesconloshuéspedes.Alolargodecadamurallahayunaestrechaavenidaquellevaaungrupodetilos.Entrelasdos avenidas laterales hay un parterre de alcachofas flanqueado por árbolesfrutalesybordeadodeacedera,lechugaoperejil.Bajolostiloshayunamesaredonda pintada de verde y rodeada de asientos. Allí, durante los díascaniculares, loshuéspedes losuficientementericosparapermitirseel lujodetomar café vienen a saborearlo bajo un calor capaz de empollar huevos. Lafachada,detrespisosybuhardillas,estáconstruidaconmorrillosypintadadeese color amarillo que presta un carácter innoble a casi todas las casas deParís.Lascincoventanaspracticadasacadapiso tienenpequeñoscristalesyestánprovistasdecelosías,ningunadelascualesestálevantadadelamismamanera,desuerteque todassus líneasconspiranentresí.Laprofundidaddeesta casa comporta dos ventanas que en la planta baja tienen como adornounosbarrotesdehierro.Detrásdeledificiohayunpatiodeunosveintepiesdeancho, en el que viven en perfecta armonía cerdos, gallinas, conejos, y alfondo del cual se levanta un cobertizo para guardar la leña. Entre estecobertizoy laventanade la cocina se cuelga la fresquera,debajode la cualcaenlasaguasgrasientasdelfregaderodelacocina.EstepatiotieneenlacalleNeuve-Sainte-Genevièveunapuertaestrechapor lacual lacocineraecha lasbasurasdelacasa,limpiandoestasentinacongranacompañamientodeagua,sopenadepestilencia.

    Naturalmente destinada a la explotación de la pensión, la planta baja secomponedeunaprimerapiezailuminadaporlasdosventanasdelacalleyenlaquesepenetraporunapuerta-ventana.

    Este salón comunica conun comedorque sehalla separadode la cocinapor la caja de una escalera cuyos peldaños son de madera y ladrillosdescoloridos y gastados.Nada haymás triste que ver este salón amuebladoconsillonesysillasconunatelaarayas,alternativamentematesyrelucientes.Parte de las paredes está tapizada con papel barnizado, que representa lasprincipales escenas deTelémaco, y cuyos clásicos personajes están pintadosen colores. El panel, situado entre las ventanas enrejadas, ofrece a lospensionistaselcuadrodelbanquetedadoalhijodeUlisesporCalipso.Desdehacecuarentaaños,estapinturasuscitalasbromasdeloshuéspedesjóvenes,que se creen superiores a su posición al burlarse de la comida a la que lamiseria les condena. La chimenea de piedra, cuyo hogar siempre limpioatestiguaquesóloseenciendefuegoenlasgrandesocasiones,estáadornadapor dos jarrones llenos de flores artificiales que acompañan a un reloj demármolazuladodelpeorgusto.Estaprimerapiezaexhalaunolorquecarece

  • de nombre en el idioma y que habría que llamar olor de pensión. Huele aencerrado, amoho, a rancio; produce frío, es húmeda, penetra los vestidos;poseeelsabordeunahabitaciónenlaquesehacomido;apestaaservicio,ahospicio. Quizá podría describirse si se inventara un procedimiento paraevaluar las cantidades elementales y nauseabundas que en ella arrojan lasatmósferascatarralesysuigenerisdecadahuésped,jovenoanciano.Bien,apesardeestoshorrores,silocomparaseisconelcomedor,queleescontiguo,hallaríais que este salón resulta elegante y perfumado. Esta sala,completamente recubierta de madera, estuvo en otro tiempo pintada de uncolor que hoy no puede identificarse, que forma un fondo sobre el cual lagrasahaimpresosuscapasdemodoquedibujeenélextrañasfiguras.Enellahay bufetes pegajosos sobre los cuales se ven botellas, pilas de platos deporcelanagruesa,debordesazules,fabricadosenTournay.Enunángulohayuna caja con compartimientos numerados que sirve para guardar lasservilletas,manchadasovinosas,decadahuésped.

    Se encuentran allí algunos de esosmuebles indestructibles, proscritos entodaspartes,perocolocadosallí como losdesechosde lacivilizaciónen losIncurables. Veréis allí un barómetro de capuchino que sale cuando llueve,grabadosexecrablesquequitanelapetito, todosellosenmarcadosenmaderanegrabarnizadaconbordesdorados;unaestufaverde,quinquésdeArgand,enlos que el polvo se combina con el aceite, una largamesa cubierta de telaenceradalosuficientementegrasientaparaqueunbromistaescribasunombresirviéndose de su dedo como de un estilo, sillas desvencijadas, pequeñasesteras de esparto, calientapiésmedio roto, cuyamadera se carboniza. Paraexplicar hasta qué punto este mobiliario es viejo, podrido, trémulo, roído,manco, tuerto, inválido, expirante, haría falta efectuar una descripción queretardaríaconexcesoelinterésdeestahistoria,ylaspersonasquetienenprisanoperdonarían.Elladrillorojoestállenodevallesproducidosporeldesgastecausadoporlospiesoporlosfondosdecolor.Enfin,allíreinalamiseriasinpoesía; una miseria económica, concentrada. Si aún no tiene fango, tienemanchas;sinopresentaandrajosniagujeros,vaadescomponerseporefectodelaputrefacción.

    Estapiezasehallaentodosulustreenelmomentoenque,hacialassietedelamañana,elgatodelaseñoraVauquerprecedeasudueña,saltasobrelosbufetes, husmea en ellos la leche contenida en varios potes, y deja oír suronroneomatutino.Prontoaparecelaviuda,consugorro,bajoelquependeunmechón de pelo postizo, y camina arrastrando sus viejas zapatillas. Su caraavejentada,grasienta,deenmediodelacualbrotaunanarizcomoelpicodeunloro;susmanosagrietadas,sucuerpoparecidoaldeunaratadeiglesia,subusto demasiado cargado y flotante, se hallan en armonía con esta sala querezuma desgracia, en la que se ha refugiado la especulación, y cuyo airecálidamente fétido es respirado por la señora Vauquer sin que le produzca

  • desmayo.

    Surostrofrescocomounaprimeraheladadeotoño,susojoscircundadosde arrugas, cuya expresión pasa de la sonrisa prescrita a las bailarinas, a laamargamuecadelosusureros,enfin,todasupersonaimplicalapensión,asícomo la pensión implica toda su persona. El presidio no se imagina sin elcapataz,nopuedeconcebirseelunosinelotro.Lafofagorduradeestamujeres el producto de esta vida, como el tifus es la consecuencia de lasexhalacionesdeunhospital.Suvestido,hechoconropavieja,resumeelsalón,el comedor, el jardincillo, anuncia la cocina y hace presentir los huéspedes.Cuando ella está allí, el espectáculo es completo. De una edad de unoscincuentaaños,laseñoraVauquersepareceatodaslasmujeresquehantenidodesgracias.Tiene los ojos vidriosos, el aire inocente deuna callejera que sehace acompañar para hacerse pagarmejor, pero, por otra parte, dispuesta atodocontaldehacermásagradablesusuerte.Sinembargo,esbuenamujerenel fondo,dicen loshuéspedes,que lacreensinfortunaaloírlagemiry tosercomo ellos. ¿Quién había sido el señor Vauquer? Ella nunca hablaba deldifunto. ¿Cómo había perdido su fortuna? En las desgracias, respondía laseñoraVauquer.Sehabíaportadomalconella,sólo lehabíadejado losojospara llorar, aquella casa para vivir y el derecho de no compadecer ningúninfortunio,porque,decía,habíasufridotodoloqueesposiblesufrir.Aloírlospasos de la señora, la gorda Silvia, la cocinera, se apresuraba a servir eldesayunodeloshuéspedesinternos.

    Generalmente los huéspedes externos sólo se abonaban a la comida delmediodía,quecostabatreintafrancosmensuales.Enlaépocaenquecomienzaestahistoria,losinternoseranennúmerodesiete.Elprimerpisoconteníalosdosmejores apartamentos de la casa. La señoraVauquer habitaba elmenosconsiderable,yelotropertenecíaalaseñoraCouture,viudadeuncomisario-ordenador de laRepública francesa.Tenía consigo a unamuchacha llamadaVictorinaTaillefer,alaquehacíademadre.

    Lapensióndeestasdos señoras ascendía amilochocientos francos.Losdosapartamentosdel segundopisoestabanocupados,elunoporunancianollamado Poiret; el otro por un hombre de unos cuarenta años de edad quellevabaunapelucanegra,seteñíalaspatillas,decíaseantiguonegocianteysellamabaseñorVautrin.Eltercerpisosecomponíadecuatrohabitaciones,dosde las cuales estaban alquiladas, una a una solterona llamada señoritaMichonneau; la otra a un antiguo fabricante de fideos, pastas de Italia y dealmidón, el cual dejaba que le llamaran papá Goriot. Las otras doshabitaciones estaban destinadas a los pájaros de paso, a esos desdichadosestudiantes que, como papá Goriot y la señorita Michonneau, no podíandestinar más que cuarenta y cinco francos mensuales a su sustento y a sualojamiento; pero la señora Vauquer deseaba poco su presencia y sólo les

  • tomaba cuando no hallaba algo mejor: comían demasiado pan. En estemomento, una de las dos habitaciones pertenecía a un joven venido de losalrededoresdeAngulemaaParísparaestudiarleyes,ycuyanumerosafamiliase sometía a las más duras privaciones con objeto de poder enviarle mildoscientosfrancosanuales.EugeniodeRastignac,quetalerasunombre,eraunodeesosjóvenesquehansidoforjadosporladesgracia,quecomprendendesde su infancia las esperanzasque suspadresdepositanenellos,yque sepreparan un hermoso porvenir calculando ya el alcance de sus estudios yadaptándolos de antemano al movimiento futuro de la sociedad. Sin susobservaciones curiosas y la habilidad con la cual supo presentarse en lossalonesdeParís,esterelatonoposeeríalosmaticesdeveracidadquesindudadeberá a su inteligencia sagazy a sudeseodepenetrar losmisteriosdeunasituaciónespantosatancuidadosamenteocultadaporlosquelahabíancreadocomoporelquepadecíalosefectosdelamisma.

    Encima de este tercer piso había un desván para tender la ropa y dosbuhardillas en las que dormían un jornalero llamado Cristóbal y la gordaSilvia,lacocinera.

    Ademásdelossieteinternos,laseñoraVauquertenía,algunoqueotroaño,ochoestudiantesdederechoodemedicina,ydosotreshombresquevivíanenel barrio y que sólo estaban abonados para la comida. La sala podía tenerdieciochopersonasacomerypodíaadmitirunaveintena;peroporlamañanasóloseencontrabansietehuéspedescuyareuniónofrecíaduranteeldesayunoelaspectodeunacomidaenfamilia.Cadacualbajabaenzapatillas,permitíaseobservaciones confidenciales sobre elmodo de vestir o sobre el aire de losexternosysobrelosacontecimientosdelanocheanterior,expresándoseconlaconfianzadelaintimidad.EstossietehuéspedeseranlosniñosmimadosdelaseñoraVauquer,lacuallesmedíaconprecisióndeastrónomoloscuidadosylas atenciones, conforme al importe de sus pensiones. Una mismaconsideraciónafectabaaesosseresreunidosporelazar.Losdosinquilinosdelsegundosólopagabanmildoscientosfrancosanuales.Estapensióntanbarata,que sólo se encuentra en el barrio de Saint-Marcel, entre la Bourbe y laSalpêtrière, y de la que constituía excepción la señora Couture, revela queestos huéspedes debían hallarse bajo el peso de desgracias más o menosmanifiestas. Así, el espectáculo desolador que ofrecía el interior de aquellacasa repetíase en el vestido de sus habituales, igualmente míseros. Loshombres llevaban levitas cuyo color habíase hecho problemático, zapatoscomo los que se arrojan en el rincón de los guardacantones de los barrioselegantes, vestiduras raídas. Las mujeres llevaban ropa gastada, reteñida,desteñida, viejos encajes zurcidos, guantes lustrosospor el uso.Si tal era laindumentaria, casi todas esas personasmostraban unos cuerpos sólidamenteconstruidos,constitucionesquehabíanresistidolastormentasdelavida,carasfrías, duras, borradas como las de los escudos desmonetizados. Las bocas

  • marchitasestabanarmadasdedientesávidos.Estoshuéspedeshacíanpresentirdramasconsumadosoenacción;noesosdramasrepresentadosalaluzdelascandilejas, entre telas pintadas, sino dramas vivientes y mudos, dramasheladosqueremovíancálidamenteelcorazón,dramascontinuos.

    LaviejaseñoritaMichonneau llevabasobresusojos fatigadosunaviseragrasienta de tafetán verde, con un borde de alambre de latón que habríaasustadoalángeldelaPiedad.Suchaldefranjasdelgadasylloronasparecíacubrir un esqueleto, tan angulosas eran las formas que cubría. ¿Qué ácidohabíadespojadoaaquellacriaturadesusgraciasfemeninas?Debíadehabersido linda y bien proporcionada. ¿Había sido el vicio, la pena, la codicia?¿Habíaamadodemasiado,habíasidounacortesana?¿Expiabalostriunfosdeuna juventud insolente que había sido sustituida por una vejez ante la cualhuían los transeúntes?Sumiradadabaescalofríos,surostroeraamenazador.Tenía la voz estridente de una cigarra que grita en su mata al acercarse elinvierno.Decíahabercuidadoaunseñorancianoaquejadodeuncatarroenlavejigayabandonadaporsushijos,quelacreyeronsinrecursos.Aquelviejolehabíalegadomilfrancosderentavitalicia,periódicamentedisputadosporlosherederos, de cuyas calumnias era objeto. Aunque el juego de las pasioneshubieracausadoestragosen su rostro, sehallaban todavíaenélvestigiosdeuna blancura y de una delicadeza que permitían suponer que el cuerpoconservabaalgunosrestosdebelleza.

    ElseñorPoireteraunaespeciedemecánico.AlverleextendersecomounasombragrisalolargodeunaavenidadelJardínBotánico,lacabezacubiertacon una vieja gorra, sosteniendo apenas en la mano su bastón de puño demarfilamarillento,dejandoflotarsulevitaqueocultabamalunpantalóncasivacío,yunaspiernascubiertasconmediasazules,mostrandosusuciochalecoblanco y su corbata mal anudada alrededor de su cuello de pavo, muchaspersonassepreguntabansiaquellasombrachinescapertenecíaalarazaaudazdeloshijosdeJafetquemariposeanporelbulevaritaliano.¿Quétrabajohabíapodidoreducirlea talestado?¿Quépasiónhabíaconsumidosurostro?¿Quéhabíasido?

    QuizáshabíasidoempleadoenelMinisteriodeJusticia,enlaoficinaalaque los ejecutoresdeobras envían susmemoriasdegastos, la cuentade lossuministrosdevelosnegrospara losparricidas, bramantepara los cuchillos.Quizás había sido cobrador a la puerta de un matadero, o subinspector dehigiene. En fin, aquel hombre parecía haber sido uno de aquellos asnos denuestra gran noria social, un pivote alrededor del cual habían girado losinfortuniosolassuciedadespúblicas,enfin,unodeesoshombresdelosquealverles decimos: «Es preciso, sin embargo, que haya también tipos así». ElbelloParísignoraesosrostroslívidosdesufrimientosmoralesofísicos.PeroParís es un verdadero océano. Echad la sonda en él, y nunca llegaréis a

  • conocer su profundidad. Recorredlo, describidlo; por mucho cuidado quepongáisenrecorrerlo,endescribirlo;pormuynumerososqueseanypormuygrandequeseaelinterésquetenganlosexploradoresdeesemar,siempreseencontrará en él un lugar virgen, un antro desconocido, unas flores, unasperlas, monstruos, algo inaudito, olvidado por los buceadores literarios. LaCasaVauqueresunadeesasmonstruosidadescuriosas.

    Dos figuras formaban allí un sorprendente contraste con la masa de loshuéspedesyde loshabituales.Aunque la señoritaVictorinaTaillefer tuvieraunablancura enfermizaparecida a la de las jóvenes afectadasde clorosis, yaunqueseunieraalsufrimientogeneralqueconstituíaelfondodeestecuadro,porunatristezahabitual,porunaire taciturno,sinembargo,surostronoeraviejo,susmovimientosysuvozeranágiles.Aquellajovencalamidadparecíaunarbustodehojasamarillentas, reciénplantadoenun terrenoadverso.Suscabellosdeunrubiooscuroysucinturaenexcesodelgadaexpresabanaquellagracia que los poetas modernos encontraban en las estatuillas de la EdadMedia.Susojosgrisesexpresabanunadulzura,unaresignacióncristianas.Susvestidos sencillos, poco caros, revelaban formas juveniles. Era linda poryuxtaposición.

    Dehabersidofeliz,habríasidoencantadora:lafelicidadeslapoesíadelasmujeres, tal como la «toilette» es el afeite.Si la alegría deunbaile hubierareflejadosusrosadosmaticessobreaquellacarapálida;silasdulzurasdeunavidaelegantehubieranllenado,hubieranteñidodecarmínaquellasmejillasyaligeramente sumidas; si el amor hubiera reanimado aquellos ojos tristes,Victorinahabríapodidocompetirconlasmáshermosasjóvenes.Lefaltabaloque crea por segunda vez a lamujer, los trapos y los billetes amorosos. Suhistoriahabríasuministrado temaparaun libro.Supadrecreía tener razonespara no reconocerla, negábase a tenerla a su lado, no le concedía más queseiscientosfrancosalaño,yhabíaalteradosufortunaparapoderlatransmitiríntegramenteasuhijo.Parienta lejanade lamadredeVictorina,queenotrotiempo había ido a morir de desesperación a su casa, la señora Couturecuidabadelahuérfanacomosifuerahijasuya.Desgraciadamentelaviudadelcomisario-ordenadorde los ejércitosde laRepúblicanoposeía enelmundomásquesuviudedadysupensión;podíaundíadejaraaquellapobrecriatura,sinexperienciaysinrecursos,amerceddelmundo.LabuenamujerllevabaaVictorinaamisatodoslosdomingos,aconfesarcadaquincedías,conobjetodehacerdeellauna jovenpiadosa.Tenía razón.Los sentimientos religiososofrecíanunporveniraaquellapobreniña,queamabaasupadre,quecadaañosedirigíaasucasaparallevarelperdóndesumadre,peroquetodoslosañosencontrabalapuertadelacasapaternainexorablementecerrada.Suhermano,únicomediador,nohabía idoniunasolavezaverlaencuatroaños,ynoleenviabaningúnrecurso.RogabaaDiosqueabrieralosojosdesupadre,queablandase el corazón de su hermano, y rezaba por ellos sin acusarlos. La

  • señoraCoutureylaseñoraVauquernoencontrabaneneldiccionariobastantesinjuriasparacalificar estebárbaroproceder.Cuandoellasmaldecíanaaquelmillonarioinfame,Victorinadejabaoírpalabrasdulces,parecidasalcantodelapalomatorcazherida,cuyogritodedolorexpresaaúneltemor.

    Eugenio de Rastignac poseía un rostro muy meridional, la tez blanca,cabellosnegros,ojosazules.Susmaneras,suactitudhabitualdenotabanalhijodeuna familianoble,en laque laeducaciónprimerasólohabíacomportadotradicionesdebuengusto.Aunquetratabamuybiensustrajes,aunquedurantelosdíaslaborablesacababadegastarlasprendasdevestirdelañoanterior,sinembargo, algunas veces podía salir vestido como un joven elegante.Generalmentellevabaunalevitavieja,unmalchaleco,lacorbatanegra,raída,malanudada,delestudiante,unpantalónquehacíajuegocontodoloanterior,yunasbotasremendadas.

    Entreestosdospersonajesylosotros,Vautrin,elhombredecuarentaaños,eldelaspatillasteñidas,servíadetransición.Eraunodeesoshombresdelosque dice la gente: «¡He ahí un buenmozo!». Tenía anchas las espaldas, elpecho bien desarrollado, los músculos bien marcados, manos compactas,cuadradasybienmarcadasenlasfalangesdelosdedosporramilletesdepelosdeuncolorrubioardiente.Surostro,surcadoporarrugasprematuras,ofrecíaseñalesdedurezaqueestabandesmentidasporsusmaneraságiles.Suvoz,debajo, en armonía con su carácter alegre, no resultaba en modo algunodesagradable.Eraamableyrisueño.Siunacerradurafuncionabamal,prontola había desmontado, arreglado y vuelto a montar, diciendo: «Esto es cosamía».Porotraparte,todoloconocía:losbarcos,elmar,Francia,elextranjero,los negocios, los hombres, los acontecimientos, las leyes, los hoteles y lasprisiones.Eramuy servicial.Había prestado varias veces dinero a la señoraVauquer y a algunos huéspedes; pero las personas a quienes favorecía antesmoriríanquedejardedevolverle loque leshabíaprestado, tangrandeeraeltemorquesumiradaprofundayresueltainspirabaapesardesuairebenévolo.Porelmododeescupirdenotabaunasangrefría imperturbablequenohabíadehacerleretrocederanteuncrimencontaldesalirdeunasituaciónequívoca.Cualjuezsevero,susojosparecíaniralfondodetodaslascuestiones,detodaslasconciencias,detodoslossentimientos.Suscostumbresconsistíanensalirdespuésdedesayunar, regresarparacomer,ausentarse toda la tardeyvolverhaciamedianoche,conayudadeunaganzúaque lehabíaconfiado laseñoraVauquer.Sóloélgozabadeestefavor.Perotambiénéleraquiensehallabaenmejores relaciones con la viuda, a la que llamabamamá, cogiéndola por eltalle,halagoquelagentecomprendíamuypoco.Labuenamujercreíaqueeracosa fácil, mientras que sólo Vautrin tenía en realidad los brazos losuficientementelargosparaapretaraquellapesadacircunferencia.Unrasgodesu carácter era el de pagar generosamente quince francos al mes por unsuplemento en el postre. Gente menos superficial que aquellos jóvenes

  • arrastrados por los torbellinos de la vida parisiense, o aquellos viejosindiferentes a quienes no les afectaba Vautrin. Este sabía o adivinaba losasuntosdeaquellosquelerodeaban,mientrasquenadiepodíapenetrarnisuspensamientos ni sus ocupaciones. Aunque hubiera arrojado su aparentebenevolencia,suconstantecomplacenciaysualegríacomounabarreraentrelos demás y él, a menudo dejaba traslucir la espantosa profundidad de sucarácter. A menudo una salida digna de Juvenal, con la que parecíacomplacerseenburlarsedelasleyes,fustigaralaaltasociedadyconvencerladeinconsecuenciaconsigomisma,debíahacersuponerqueguardabarencoralestado social y que había en el fondo de su vida algún misteriocuidadosamenteoculto.

    Atraídaquizá,sinsaberlo,porlafuerzadelunooporlabellezadelotro,laseñorita Taillefer repartía sus miradas furtivas y sus pensamientos secretosentre aquel cuarentón y el joven estudiante; pero ninguno de ellos parecíapensar en ella, por más que de un día a otro el azar pudiera cambiar susituaciónyhacerdeellaunbuenpartido.Porotraparte,ningunadeaquellaspersonassemolestabaencomprobarsilasdesgraciasalegadasporunadeellaseranfalsasoverdaderas.

    Todasteníanlasunasparaconlasotrasunaindiferenciamezcladaconunadesconfianza que resultaba de sus situaciones respectivas. Se sabíanimpotentes para aliviar sus penas, y todas, al contárselas, habían agotado lacopadelascondolencias.Parecidasaviejoscónyuges,yanoteníannadaquedecirse.Nolesquedaba,pues,másquelasrelacionesdeunavidamecánica,eljuego de unos engranajes sin aceite. Todas debían pasar sin detenerse pordelantedeunciego,escucharsinemociónelrelatodeunadesgracia,yverenunamuertelasolucióndeunproblemademiseriaquelesdejabaindiferentesantelamásterribleagonía.LamásfelizdeestasalmasdesoladaseralaseñoraVauquer, que se hallaba en la presidencia de aquel hospicio libre.Sóloparaellaaqueljardincillo,queelsilencioyelfrío,lasequíaylahumedadhacíanvasto comouna estepa, era un risueñovergel. Sólo para ella poseía deliciasaquella casa amarilla y sombría.Alimentaba a sus penados ejerciendo sobreellos una autoridad respetada. ¿Dónde habrían podido aquellos pobres seresencontrar enParís, por el precioque ella se losdaba,unos alimentos sanos,suficientes, y un apartamento que ellos eran libres de convertir, si no en unapartamentoeleganteycómodo,porlomenoslimpioysalubre?Aunqueellasehubierapermitidouna injusticiamanifiesta, lavíctimalahabríasoportadosinquejarse.

    Unareuniónparecidadebíaofreceryofrecíaenminiaturaloselementosdeunasociedadcompleta.Entre losdieciochocomensalesseencontraba,comoenloscolegios,comoenelmundo,unapobrecriaturarechazada,sobrelaquellovíanlasbromas.Alcomenzarelsegundoaño,estafiguraconvirtiósepara

  • EugeniodeRastignacenlamásdestacadaentretodasaquellasenmediodelascuales estaba condenado a vivir aún dos años. Esta figura era el antiguofabricante de fideos, papá Goriot, sobre cuya cabeza un pintor, como elhistoriador, proyecta toda la luz del cuadro. ¿Por qué azar ese despreciomezcladoconodio,esapersecuciónmezcladaconpiedad,esafaltaderespetohabíanafectadoalmásantiguodeloshuéspedes?

    ¿Había dado él lugar para algunos de aquellos ridículos que la genteperdonamenos que los vicios? Estas preguntas afectan muy de cerca a lasinjusticiassociales.Quizásespropiodelanaturalezahumanahacersoportarlotodo a aquel que todo lo sufre por humildad verdadera, por debilidad o porindiferencia. ¿No nos gusta acaso demostrar nuestra fuerza a expensas dealguienodealgo?

    PapáGoriot,ancianodesesentaynueveaños,habíaseretiradoalacasadela señora Vauquer en 1813, después de haber abandonado los negocios.Primero había tomado el apartamento ocupado por la señora Couture, ypagabaentoncesmildoscientosfrancosdepensión,comohombreparaquiencinco luises más o menos eran una bagatela. La señora Vauquer habíaarreglado las tres habitaciones de aquel apartamentomediante una cantidadprevia que pagó, según dicen, el valor de un mal mobiliario compuesto decortinas de algodón amarillo, sillones de madera barnizada tapizados deterciopelo de Utrecht, algunas pinturas a la cola y unos papeles que lastabernas de los suburbios rechazaban. Quizá la despreocupada generosidadquepusoendejarseatraparpapáGoriot,queporaquelentonceserallamadorespetuosamente señor Goriot, le hizo considerar como un imbécil que noentendíadenegocios.Goriotllegóprovistodeunguardarropabienabastecido,elmagníficoajuardelnegociantequenoquiereprivarsedenadaal retirarsedel comercio. La señora Vauquer había admirado dieciocho camisas muyfinas, cuya calidad resaltaba aúnmásporque el antiguo fabricante de fideosllevabaen lapecheradosagujasunidasporunacadenilla,ycadaunade lascuales llevabaundiamantedegran tamaño.Ordinariamente llevabaun trajeazul,ytodoslosdíasseponíachalecodepiquéblanco,bajoelcualfluctuabasuvientrepiriformeyprominente,quehacíarebotarunapesadacadenadeoroprovista de dijes. Su petaca, también de oro, contenía unmedallón lleno decabellosqueenapariencialehacíanculpabledealgunasaventuras.Cuandosuesposa le acusó de ser un tenorio, él dejó vagar sobre sus labios la alegresonrisadelburguésquesesientehalagado.

    Sus armarios fueron llenados por las numerosas piezas de plata de suhogar. Los ojos de la viuda se iluminaron cuando le ayudó complaciente adesembalarycolocarenordenloscucharones,lascucharas,lasvinagreras,lassalseras, varias fuentes, en fin, piezasmásomenosbellas, quevalían ciertonúmero demarcos, y de las que él no quería desprenderse.Estos regalos le

  • recordaban las solemnidadesde suvidadoméstica. «Esto—dijo a la señoraVauquerguardandounafuenteyunapequeñaescudillacuyataparepresentabadostortolillasquesedabanelpico—eselprimerregaloquemehizomimujerel día de nuestro aniversario. ¡Pobrecilla!, consagró a este regalo suseconomías de soltera.Veis, señora, preferiría cavar la tierra conmis uñas adesprendermedeesto.Gracias aDiospodré tomarenesta escudillami cafétodaslasmañanasduranteelrestodemivida.Nopuedoquejarme».Enfin,laseñora Vauquer había visto muy bien, con sus ojos de urraca, ciertasinscripcionesenel libromayorque,vagamente sumadas,podían representarparaelexcelenteGoriotunarentadeunosochoadiezmilfrancos.Apartirdeaquel día, la señora Vauquer, de soltera De Conflans, que entonces teníacuarentaynueveañosefectivosysóloaceptabatreintaynueve,tuvoalgunasideas.AunqueellagrimaldelosojosdeGoriotestuvierahinchado,colgante,lo cual le obligaba a secárselos con bastante frecuencia, ella le encontróaspecto agradable y como es debido. Por otra parte, sus mejillas carnosas,salientes, pronosticaban, lo mismo que su larga nariz cuadrada, cualidadesmorales a las que parecía dar gran importancia la viuda, y que veníanconfirmadasporlacaralunareingenuamentetontadelbuenhombre.Debíadetratarse de un animal sólidamente estructurado, capaz de gastar toda suinteligencia en sentimiento.Sus cabellos en formade alasdepichón,que elpeluquero de la Escuela Politécnica iba a empolvarle todas las mañanas,dibujabancincopuntassobresubajafrenteyadornabanbiensucara.

    Aunque un poco palurdo, sabía tomar de un modo elegante su rapé, loaspirabacomohombrequeestuvierasegurodetenersupetacasiemprellenademacuba,yeldíaenqueelseñorGoriotseinstalóencasadeella,laseñoraVauquerseacostóporlanocheardiendoenelfuegodeldeseodeabandonarelsudariodeVauquerpararenacerconvertidaenunaGoriot.Casarse,vendersupensión,darelbrazoaaquellafinaflordeburguesía,convertirseenunadamanotableenelbarrio,pedirlimosnaparalosindigentes,hacerpequeñaspartidasel domingo con Choisy, Soissy y Gentilly; asistir a los espectáculos quequisiera,enbutacadepalco,sintenerqueaguardarlasentradasdeautorqueledabanalgunosdesushuéspedes,enelmesdeJulio;soñótodoelEldoradodelos pequeños hogares parisienses. No había confesado a nadie que teníacuarentamilfrancos,acumuladoscéntimosobrecéntimo.Ciertamente,desdeel punto de vista financiero, considerábase un buen partido. «Por lo demás,bien valgo ese buenhombre», díjose, volviéndose del otro lado en la cama,como para asegurarse de los encantos que la gorda Silvia encontraba cadamañana moldeados en hueco. Desde aquel día, durante unos tres meses, laviuda Vauquer aprovechóse del peluquero del señor Goriot e hizo algunosgastosde«toilette»,justificadosporlanecesidaddedarasucasaciertodecoroen armonía con las personas honorables que la frecuentaban. Puso un granempeñoencambiarelpersonaldesupensión,conlapretensióndenoaceptar

  • enadelantemásquealaspersonasmásdistinguidasentodosconceptos.Sisepresentabaunextraño,ellalealababalapreferenciaquelehabíadispensadoelseñorGoriot,unodelosnegociantesmásnotablesymásrespetablesdeParís.Distribuyó unos prospectos en los que se leía: «Casa Vauquer, una de laspensionesmásantiguasymásapreciadasdelbarriolatino.TieneunavistadelasmásagradablesdelvalledelosGobelinos(seledivisadesdeeltercerpiso)yunlindojardín,enelextremodelcualseextiendeunaavenidadetilos».

    Hablabaenelprospectodelosbuenosairesydelasoledad.Esteprospectole trajo a la señora condesadeAmbermesnil,mujerde treintay cincoaños,que aguardaba la liquidación de tina pensión que se le debía en calidad deviudadeungeneralmuertoenloscamposdebatalla.LaseñoraVauquercuidóde lamesa,encendió lumbreen lossalonesporespaciodecasiseismesesycumplió lo prometido en su prospecto. Así, la condesa decía a la señoraVauquer, llamándola querida amiga, que le procuraría la baronesa deVaumerlandylaviudadelcoronelcondePicquoiseau,dosdesusamigas,quevivían en elMarais en una pensiónmás cara que laCasaVauquer. Por otraparte,estasdamasviviríanconmuchomayordesahogocuandolasOficinasdela Guerra hubieran terminado su trabajo. «Pero —decía— las Oficinas noterminannada».

    Las dos viudas subían juntas, después de comer, a la habitación de laseñoraVauquer y charlaban allí un ratomientras bebían licor de grosella ycomíanalgunasgolosinasreservadasparaelpaladardeladueña.LaseñoradeAmbermesnil aprobó los proyectos de su patrona con respecto a Goriot,proyectosexcelentes,que,porotraparte,ellahabíaadivinadodesdeelprimerdía;parecíaleunhombreperfecto.

    —¡Ah!,queridaamiga,unhombresanocomomisojos—decíalelaviuda—, un hombre perfectamente conservado y que aún puede dar gransatisfacciónaunamujer.

    LacondesahizogenerosamentealgunasobservacionesalaseñoraVauquerconrespectoasumododearreglarse,quenoestabaenconsonanciaconsuspretensiones.

    —Debéisponerosenpiedeguerra—ledijo.

    Despuésdemuchoscálculos,lasdosviudasfueronjuntasalPalacioReal,dondecompraron,enlasGaleriesdeBois,unsombrerodeplumayungorro.La condesa llevó a su amiga al almacén de La Petite Jeannette, dondeescogieron un vestido y una echarpe. Cuando estas municiones fueronempleadasylaviudaestuvobajolasarmas,parecíacompletamentelamuestradelBoeufàlamode.

    Sin embargo, encontróse cambiada tan en favor suyo, que, aunque poco

  • inclinadaahacerregalos,creyendoestarendeudaconlacondesa,lerogóqueaceptaseunsombrerodeveintefrancos.Contaba,adecirverdad,conutilizarlapara sondear a Goriot y hacer que la alabara delante de éste. La señora deAmbermesnil prestóse muy amistosamente a esta maniobra y sonsacó alantiguofabricantedefideos,conquienlogróteneruncoloquio.Perodespuésdehaberloencontradopúdico,pornodecir refractarioa las tentativasque lesugiriósudeseoparticularporseducirleporsupropiacuenta,saliósublevadadesugrosería.

    —Ángelmío—ledijo a suquerida amiga—, ¡nopodríais sacarnadadeesehombre!Esridículamenteterco;esunavaro,unanimal,untonto,quenoosdaríamásquedisgustos.

    HuboentreelseñorGoriotylaseñoracondesadeAmbermesniltalescosasque la condesa no quiso siquiera encontrarse con él.Al día siguiente partióolvidándosedepagarseismesesdepensiónydejandounosobjetosdeescasovalor.Pormuchoahíncoque laseñoraVauquerpusieraensuspesquisas,nopudo obtener en París ningún informe sobre la condesa de Ambermesnil.Hablabaamenudodeestedeplorableasunto, lamentándosede suexcesodeconfianza, aunque fuese más desconfiada que una gata; pero parecíase amuchaspersonasquedesconfíandesuprójimoyseentreganalprimeroquellega.Hechomoralextraño,peroverdadero,cuyaraízesfácildeencontrarenelcorazónhumano.Quizáciertaspersonasyanotienennadaqueganarjuntoaaquellas con las cuales viven; después de haberlesmostrado el vacío de sualmasesientensecretamente juzgadasporellasconunaseveridadmerecida;peroexperimentandounainvenciblenecesidaddehalagos,odevoradasporelafándeparecerqueposeenlascualidadesdequecarecen,esperansorprenderlaestimaciónoelcorazóndeaquellosquelessonextraños,conelpeligrodeverseundíadesengañadas.

    En fin, hay individuos nacidosmercenarios, que nohacenningúnbien asusamigosoasusdeudosporquelesdeben;mientrasquealhacerfavoresadesconocidos, cosechan una ganancia de amor propio: cuantomás cerca deellos se encuentra el círculo de sus afectos, menos aman; cuanto más seextiende,másservicialesson.LaseñoraVauquerparticipabasindudadeestasdosnaturalezas,esencialmentemezquinas,falsas,execrables.

    —Siyohubieraestadoaquí—ledecíaentoncesVautrin—,estadesgracianooshabríasobrevenido.Habríadesenmascaradoaesafarsanta.Conozcosusartimañas.

    Comotodoslosespíritusmezquinos,laseñoraVauquerteníalacostumbrede no salir del círculo de los acontecimientos y no juzgar las causas de losmismos.Legustaba achacar las culpas a los demás.Cuando tuvo lugar estapérdida, consideró al honrado fabricante de fideos como el principio de su

  • infortunio, y comenzó desde entonces, como ella decía, a desenamorarse.Cuando hubo reconocido la inutilidad de sus mimos y de sus gastos derepresentación,notardóenadivinarlarazóndeello.Advirtióentoncesquesuhuésped tenía su modo propio de vivir. En fin, quedó demostrado que suesperanza tan lindamenteacariciada seapoyaba sobreunabasequimérica,yque nunca sacaría nada de aquel hombre, según la expresión de la condesa,queparecíamuyexperta.Llevónecesariamentesuaversiónmáslejosquesuamistad. Su odio no estuvo en proporción con su amor, sino con susesperanzasfrustradas.Sielcorazónhumanohallareposoalsubir lascuestasdelafecto,rarasvecessedetieneenlarápidapendientedelossentimientosdeodio. Pero el señor Goriot era su huésped; la viuda viose, pues, obligada areprimirlasexplosionesdesuamorpropioherido,aenterrarlossuspirosquele ocasionó esta decepción y a devorar sus deseos de venganza, como unmonje humillado por su prior. Los espíritus mezquinos satisfacen sussentimientos,buenosomalos,conincesantespequeñeces.Laviudaempleósumaliciademujereninventarsordaspersecucionescontrasuvíctima.

    Empezóporsuprimirlassuperfluidadesintroducidasensupensión.«Bastadepepinillosyboquerones;todoestonosonmásqueengañabobos»,ledijoaSilvialamañanaenquevolvióasuantiguoprograma.ElseñorGorioteraunhombrefrugal,enquienlaparsimonianecesariaalaspersonasquehanhechoellasmismassu fortunahabíadegeneradoenhábito.Lasopa,elhervido,unplatodelegumbres,habíansido,habíandesersiempresucomidapredilecta.Resultó, pues, difícil a la señora Vauquer atormentar a su huésped, cuyosgustos en modo alguno podía contrariar. Desesperada de encontrar a unhombreinatacable,comenzóadisminuirsusconsideracionesparaconél,ydeestemodo hizo que sus huéspedes compartieran su aversión porGoriot, loscuales,porafándedivertirse,coadyuvarona lasvenganzasdeella.Haciaelfindelprimeraño,laviudahabíallegadoatalgradodedesconfianza,quesepreguntabaporquéaquelnegociante,queposeíadesieteaochomillibrasderenta, una soberbia platería y joyas tan valiosas como las de una querida,permanecíaencasadeella,pagándoleunapensióntanmódicaenproporciónasufortuna.Durantelamayorpartedeesteprimeraño,Goriothabíacomidoamenudo fuera de casa una o dos veces por semana; luego, insensiblemente,llegóalpuntodequeyanocomiófueradecasamásquedosvecesalmes.LaseñoraVauquersintiósecontrariadaalverlaexactitudprogresivaconlaquesuhuéspedcomíaensucasa.Estoscambiosfueronatribuidostantoaunalentadisminucióndefortunacomoaldeseodecontrariarasupatrona.Unadelascostumbresmásdetestablesdeestosespíritusliliputiensesesladesuponersusmezquindades en los demás. Desgraciadamente, al fin del segundo año, elseñorGoriot justificó las habladurías de que era objeto al pedir a la señoraVauquerqueledejarapasaralsegundopisoyreducirsupensiónanovecientosfrancos.Tuvonecesidaddeunaeconomíatanestricta,quenoencendiólumbre

  • enlachimeneadelaposentodeéldurantetodoelinvierno.LaviudaVauquerquisocobrarpor adelantado, a loqueconsintióel señorGoriot, aquienelladesdeentoncesllamópapáGoriot.

    Resultabadifíciladivinarlascausasdeestadecadencia.Comohabíadicholafalsacondesa,papáGorioteraunsocarrón,untaciturno.Segúnlalógicadelas personas de cabeza vacía, todas indiscretas porque no tienen nada quedecirse,aquellosquenohablandesusaccionesesporquedebenrealizarmalasacciones. Aquel negociante tan distinguido convirtióse, pues, en un bribón.SegúnVautrin,quehaciaesaépocafueaviviralaCasaVauquer,papáGorioteraunhombrequeibaalaBolsayque,despuésdehabersearruinadoenella,cometíaestafas.Otalvezeraunodeesosjugadoresquetodaslasnochesvanaprobarsuerteyganandiezfrancoseneljuego.Tambiénhacíandeélunespíaagregadoa laaltapolítica;peroVautrinpretendíaquenoerabastanteastutoparaello.PapáGorioteraasimismounavaroqueprestabadinero,unhombreque jugaba a la lotería. Se hacía de él todo cuanto de más misteriosoengendran el vicio, la vergüenza y la impotencia. Únicamente que, porinnobles que fuesen su conducta o sus vicios, la aversión que inspiraba nollegabaal extremodeque leexpulsaran:pagaba supensión.Además, servíapara que cada cual desahogara en él su buen o mal humor por medio debromas o de broncas. La opinión que parecía más aceptable y que fuegeneralmente adoptada era la de la señora Vauquer. De oírla a ella, aquelhombre tan bien conservado, sano, y con el cual aún era posible encontrarplacer, era un libertino de aficiones extrañas.He aquí sobre qué apoyaba laviudaVauquer sus calumnias. Unosmeses después de la partida de aquelladesastrosacondesaquehabíasabidovivirduranteseismesesasusexpensas,unamañana,antesdelevantarse,oyóensuescaleraelfru-frúdeunvestidodeseday el pasograciosode unamujer joveny ligera que se introducía en lahabitación de Goriot, cuya puerta había sido abierta inteligentemente. Enseguida vino la gorda Silvia a decirle a su dueña que una joven demasiadolinda para ser honrada, vestida como una diosa, calzada con borceguíeshermososynuevos,habíasedeslizadocomounaanguiladesde lacallehastasucocinaylehabíapreguntadoporelapartamentodelseñorGoriot.

    La señora Vauquer y su cocinera pusiéronse a escuchar y sorprendieronvarias palabras tiernamente pronunciadas durante la visita, que duró algúnrato.Cuando el señorGoriot acompañó a su dama, la gordaSilvia tomó enseguidasucestayfingióiralmercadoparapoderseguiralaparejaamorosa.

    —Señora —díjole a su ama al regresar—, el señor Goriot debe serendiabladamente rico. Figuraos que en la esquina de la Estrapade había unsoberbiocarruajeenelqueellamontó.

    Durantelacomida,laseñoraVauquercorrióunacortinaparaimpedirqueGoriotfueraincomodadoporelsol,unodecuyosrayoscaíasobresusojos.

  • —Sois amado por las hermosas, señor Goriot; el sol os busca —dijoaludiendoalavisitaquehabíarecibido—.¡Demonio!,tenéisbuengusto;eramuylinda.

    —Eramihija—dijoconunaespeciedeorgulloenelque loshuéspedesquisieronverlafatuidaddeunviejoquepretendeguardarlasapariencias.

    Unmesdespuésdeestavisita,elseñorGoriotrecibióotra.Suhija,quelaprimera vez había llegado en vestido demañana, vino después de comer yvestida muy elegantemente. Los huéspedes, ocupados en conversar en elsalón,pudieronverunalindarubia,esbelta,graciosaydemasiadodistinguidaparaserlahijadepapáGoriot.

    —¡Yavandos!—dijolagruesaSilvia,quenolareconoció.

    Unos días más tarde, otra joven, alta y bien proporcionada, morena, decabellosnegrosyojosvivos,preguntóporelseñorGoriot.

    —¡Yavantres!—dijoSilvia.

    Esta segunda hija, que la primera vez había ido a ver a su padre por lamañana,vinounosdíasmástarde,despuésdecomer,convestidodebaileyencoche.

    —¡Yavancuatro!—dijeronlaseñoraVauquerylagruesaSilvia,quenoreconocieron en esta gran dama ningún vestigio de la joven vestidasencillamenteporlamañana,cuandoefectuósuprimeravisita.

    Goriotpagabaaúnmildoscientos francosdepensión.LaseñoraVauquerencontrómuynatural que un hombre rico tuviera cuatro o cinco amantes, einclusolepareciómuyinteligentequelashicierapasarporhijassuyas.NoleimportabaquelasenviasealaCasaVauquer.Únicamente,comoestasvisitasleexplicabanlaindiferenciadesuhuéspedconrespectoaella,permitióse,alcomenzarelsegundoaño,llamarlegatoviejo.Finalmente,cuandosuhuéspedcayóenlosnovecientosfrancos,lepreguntóquépensabahacerconsucasa,alver descender a una de aquellas damas. Papá Goriot le respondió que estadamaerasuhijamayor.

    —Entonces, ¿tenéis treinta y seis hijas? —dijo con acritud la señoraVauquer.

    —Notengomásquedos—repusoelhuéspedconladulzuradeunhombrearruinadoquellegaatodaslasdocilidadesdelamiseria.

    Haciaelfinaldelterceraño,papáGoriotredujoaúnsusgastos,subiendoaltercer piso y poniéndose a cuarenta y cinco francos de pensión al mes.Prescindiódeltabaco,despidióasupeluqueroydejódeponersepolvosenelpelo.CuandopapáGoriotaparecióporprimeravezsinempolvar,supatronadejóescaparunaexclamacióndesorpresaaladvertirelcolordesuscabellos,

  • queerandeungris sucioyverdusco.Su fisonomía, a laque secretaspenashabíanvueltoinsensiblementemástristededíaendía,parecíalamásdesoladade los comensales. Ya no hubo entonces ninguna duda. PapáGoriot era unviejolibertinocuyosojosnohabíansidopreservadosdelamalignainfluenciadelosremediosrequeridosporsusenfermedadesmásqueporlahabilidaddealgúnmédico.Elcolordesagradabledesuscabellosproveníadesusexcesosyde las drogas que había tomado para poder continuarlos. El estado físico ymoral del buen hombre daba pie para todos estos cuentos. Cuando su ropaestuvogastada,compróteladealgodónacatorcesueldoslavaraparasustituirsu fino lino. Sus diamantes, su petaca de oro, su cadena, sus joyas,desaparecieron pieza tras pieza.Había abandonado el traje azul, para llevar,tantoenveranocomoeninvierno,unalevitadepañobastomarrón,unchalecodepelodecabrayunpantalóngrisdecuero.Fueenflaqueciendopocoapoco;susmejillasdecayeron;sucara,antesconexpresióndefelicidadburguesa,seavejentó desmesuradamente; su frente se arrugó, sumandíbula se hizomásdestacada.Duranteelcuartoañovividoen lacalleNeuve-Sainte-Geneviève,yanoparecíaelmismo.Elantiguofabricantedefideos,desesentaydosañosdeedad,quenoaparentabamásdecuarenta;elburguésgordoy fresco,queteníaalgojuvenilenlasonrisa,parecíaunseptuagenarioidiotizado,vacilante.Susojosazulestanvivacesasumieronuntonoturbio,habíanpalidecido,yanolagrimeaban,ysuborderojoparecíallorarsangre.Aunosinspirabahorror,aotroscompasión.Unosjóvenesestudiantesdemedicina,habiendoobservadoel descenso de su labio inferior y medido su ángulo facial, le declararonafectado de cretinismo. Una tarde, después de comer, habiéndole dicho laseñora Vauquer en son de burla: «Y bien, ¿ya no vienen a veros vuestrashijas?»,poniendoendudasupaternidad,papáGoriotseestremeciócomosisupatronalehubierapinchadoconunhierro.

    —Vienenalgunasveces—respondióconvozemocionada.

    — ¡Ah, ah! ¡Las veis aún alguna vez!—exclamaron los estudiantes—.¡Bravo,papáGoriot!

    Peroelancianonooyólasbromasquesurespuestaatraía;habíacaídoenunestadomeditabundoque losque le observaban superficialmente tomabanpor un abotagamiento senil debido a su falta de inteligencia. Si le hubiesenconocido bien, quizás habríanse sentido vivamente interesados por elproblema que presentaba su situación física y moral; pero nada había másdifícil.

    Aunque hubiera resultado fácil saber si Goriot había sido realmentefabricante de fideos, y cuál era su fortuna, los viejos cuya curiosidad sedespertóacercadeélnosalíandesubarrioyvivíanenlapensióncomoostrasenunaroca.Encuantoalasotraspersonas,eltorbellinoparticulardelavidaparisienseleshacíaolvidar,alsalirdelacalleNeuve-Sainte-Geneviève,como

  • aaquellos jóvenesdespreocupados,que laáridamiseriadepapáGoriotysuestúpida actitud eran incompatibles con una fortuna y una capacidadcualesquiera. En cuanto a las mujeres que él llamaba sus hijas, todoscompartíanlaopinióndelaseñoraVauquer,lacualdecía,conlalógicaseveraque la costumbre de suponerlo todo confiere a las viejas ocupadas enchismorrear:«SipapáGoriot tuviesehijas tan ricascomoparecían ser todaslasdamasquehanvenidoaverle,noestaríaenmicasa,enel tercerpiso,acuarentaycincofrancosalmes,ynoiríavestidocomounpobre».Nadapodíadesmentir estas deducciones. Así, hacia el final del mes de noviembre de1819,épocaenqueocurrióestedrama,todosenlapensiónteníanideasmuydefinidassobreelpobreanciano.Nuncahabíatenidohijanimujer;elabusodelosplacereshacíadeéluncaracol,unmoluscoantropomórficoparaclasificarentreloscasquetíferos,decíaunempleadodelMuseo.Poireteraunáguila,ungentleman al lado de Goriot. Poiret hablaba, razonaba, respondía; no decíanada, en realidad, razonando o respondiendo, porque tenía la costumbre derepetir en otros términos lo que los otros decían; pero contribuía a laconversación, parecía sensible; mientras que papá Goriot, decía aún elempleadodelMuseo,estabaconstantementeacerogradosRéaumur.

    EugeniodeRastignachabíaregresadoconunadisposicióndeespírituquedebenhaberconocidolosjóvenessuperiores,oaquellosalosqueunaposicióndifícil comunica momentáneamente las cualidades de los hombres selectos.DurantesuprimerañodeestanciaenParís,elescasotrabajoquerequierenlosprimeros cursos de la Facultad le había dejado la libertad de saborear lasdeliciasvisiblesdelParísmaterial.

    Unestudiantenotienedemasiadotiemposiquiereconocerelrepertoriodecada teatro, estudiar las salidas del laberinto parisiense, conocer lascostumbresparticularesde lacapital, escudriñar los lugaresbuenosymalos,seguir los cursos que divierten, hacer el inventario de los tesoros de losmuseos. Un estudiante se apasiona entonces por tonterías que le parecengrandiosas. Tiene su grande hombre, un profesor del colegio de Francia,pagado para mantenerse a la altura de su auditorio. En estas iniciativassucesivas, ensancha el horizonte de su vida, y acaba concibiendo lasuperposición de las capas humanas que componen la sociedad. Si haempezadoadmirandoloscochesenlosCamposElíseosunhermosodíadesol,llega pronto a envidiarlos. Eugenio había sufrido este aprendizaje, sin darsecuenta, cuando partió en vacaciones, después de haber obtenido el título debachillerenletrasydebachillerenderecho.Susilusionesdelainfancia,susideas de provincia habían desaparecido. Su inteligencia modificada, suambición exaltada le hicieron ver con precisión en medio de la mansiónpaterna,enelsenodelafamilia.Supadre,sumadre,susdoshermanasyunatía cuya fortuna consistía en pensiones, vivían en la pequeña finca deRastignac. Estas tierras, que rentaban unos tres mil francos, se hallaban

  • sometidasa la incertidumbrequerigeelproductoindustrialde laviña,ysinembargo,habíaqueextraercadaañomildoscientosfrancosparaél.Lavistadeestaconstanteindigenciaqueleocultabangenerosamente,lacomparaciónque se vio obligado a realizar entre sus hermanas, que le parecían tanhermosasensuinfancia,ylasmujeresdeParís,quehabíanrealizadoparaéleltipodeunabellezasoñado;elporvenirinciertodeestanumerosafamiliaquese apoyaba en él, la parsimoniosa atención con que vio que se recogían lasmásescasasproducciones,labebidahechaparasufamiliaconlashecesdelaprensa, en fin, un gran número de circunstancias inútiles de consignar aquí,aumentaronsudeseodeprosperaryledieronseddedistinciones.

    Como les ocurre a las almas grandes, quiso deberlo todo a su propiomérito. Pero su alma era eminentemente meridional; en el momento de laejecución, sus determinaciones debían, pues, verse afectadas por aquellasvacilacionesqueseadueñandelosjóvenescuandoseencuentranenaltamar,sinsaberaquéladodirigirsusfuerzas,nihaciaquéángulohincharsusvelas.Sidemomentoquisolanzarseenteramenteal trabajo,seducidoprontopor lanecesidaddecrearserelaciones,observóhastaquépuntotieneninfluencialasmujeresenlavidasocialypensóenseguidaenobtenerprotectoras:¿debíanfaltaréstasaunjovenfogosoeinteligente,cuyainteligenciayardorestabanrealzados por unasmaneras elegantes y por una especie de belleza nerviosaquetantocautivaalasmujeres?Estasideasleasaltaronhallándoseenmediodeloscampos,durantelospaseosqueantañohacíaconsushermanas,queleencontraronmuycambiado.Sutía,laseñoradeMarcillac,presentadaenotrotiempo en la Corte, había conocido en ella a las máximas figuras de laaristocracia.Depronto,el jovenambiciosoreconoció,en losrecuerdos tanamenudoacariciadosporsutía,loselementosdevariasconquistassociales,porlomenostanimportantescomolasqueemprendíaenlaEscueladeDerecho;la interrogó acerca de los lazos de parentesco que podían aún renovarse.Despuésdehabersacudidolasramasdelárbolgenealógico,laancianaseñoraconsideróquetodaslaspersonasquepodíanservirasusobrinoentrelagenteegoístadelosparientesricos,lamenosrecalcitranteseríalaseñoravizcondesadeBeauséant.Escribióaestajovenunacartaenelantiguoestilo,ylaentregóaEugenio,diciéndoleque,si teníaéxitocercadelavizcondesa,ella leharíaencontrar a sus otros parientes. Unos días después de la llegada, RastignacenviólacartadesutíaalaseñoradeBeauséant.Lavizcondesarespondióconunainvitaciónalbailedeldíasiguiente.

    TaleralasituacióngeneraldelapensióndelaseñoraVauquerafinesdelmesdeNoviembrede1819.Unosdíasmástarde,despuésdehaberidoalbailedelaseñoradeBeauséant,regresóhacialasdosdelamadrugada.Conobjetode recuperar el tiempo perdido, el animoso estudiante habíase prometido,mientras bailaba, trabajar hasta que amaneciera. Iba a pasar la noche porprimeravezenmediodeaquelsilenciosobarrio,porquesehabíapuestobajo

  • lafascinacióndeunafalsaenergíaalverlosesplendoresdelmundo.NohabíacomidoencasadelaseñoraVauquer.Loshuéspedespudieron,pues,creerquenoregresaríadelbailehastaeldíasiguientepor lamañana,alclarear,comohacíaavecescuandovolvíadelasfiestasdelPradoodelosbailesdelOdeón.Antesdeecharelcerrojoalapuerta,Cristóballaabrióparamiraralacalle.Rastignac se presentó en aquel momento, y pudo subir a su habitación sinhacer ruido, seguidodeCristóbal,quehacíamucho.Eugenio sedesnudó, sepuso las zapatillas, tomó una mala levita, encendió su lumbre deconglomerados de turba y preparóse diligente a trabajar, de suerte queCristóbalcubrióaúnconelruidodesusgrandeszapatoslospreparativospocoruidososdeljovenestudiante.Eugeniopermaneciópensativodurantealgunosmomentosantesdesumergirseensuslibrosdederecho.AcababadereconocerenlaseñoravizcondesadeBeauséantaunadelasreinasdelamodaenParís,ycuyacasapasabapor ser lamásagradabledelbarriodeSanGermán.Porotra parte, tanto por su apellido como por su fortuna, esta mujer eraconsideradacomounadelasfigurasmásconspicuasdelmundoaristocrático.GraciasasutíaDeMarcillac,elpobreestudiantehabíasidobienacogidoenesta casa, sin conocer la extensión de tal favor. Ser admitido en aquellosdorados salones equivalía a un título de alta nobleza.Al parecer en aquellasociedad,lamásexclusivadetodas,habíaconquistadoelderechodeiratodaspartes.

    Deslumbrado por aquella brillante concurrencia, habiendo cambiadoapenas unas palabras con la vizcondesa, Eugenio habíase contentado condistinguir,entrelamultituddelasdeidadesparisiensesqueseapretujabanenaquellacasa,aunadeaquellasmujeresalasqueenseguidadebeadorartodojoven. La condesa Anastasia de Restaud, alta y bien proporcionada, eraconsideradacomounadelasmujeresmáselegantesdeParís.Imaginadunosgrandes ojos negros, una mano magnífica, un pie torneado, fuego en losmovimientos, una mujer a la que el marqués de Ronquerolles llamaba uncaballodepurasangre.Estafogosidadnolearrebatabaningunaventaja;teníallenas y redondeadas las formas, sin que pudiera ser acusada de gordura.Caballodepurasangre,mujerderaza,estaslocucionescomenzabanasustituira los ángeles del cielo, a las figuras osiánicas, a toda la antigua mitologíaamorosarechazadaporeldandismo.PeroparaRastignac,laseñoraAnastasiadeRestaudfuelamujercodiciable.Habíaseprocuradodosturnosenlalistadelos galanes escrita en el abanico, había podido hablarle durante la primeracontradanza.

    —¿Dónde podré encontraros de ahora en adelante?—le había dicho depronto,conesafuerzadepasiónquetantoagradaalasmujeres.

    —Pues—dijo ella— en el Bosque de Bolonia, en los Bouffons, en micasa,entodaspartes.

  • Y el aventurero meridional habíase apresurado a trabar relaciones conaquella deliciosa condesa, tanto como le es dado hacer a un joven con unamujer durante una contradanzayunvals.Diciéndoseprimode la señoradeBeauséant, fue invitadoporestamujer, a laque tomóporunagrandama,ytuvoentradaensucasa.Alaúltimasonrisaqueellaledirigió,Rastignaccreyónecesariasuvisita.

    Habíatenidolasuertedeencontraraunhombrequenosehabíaburladodesu ignorancia, defecto mortal en medio de los ilustres impertinentes de laépoca,talescomoMolincourt,Ronquerolles,MáximosdeTrailles,DeMarsay,Ajuda-Pinto y Vandenesse, que estaban allí en la gloria de su fatuidad ymezcladosconlasmujeresmáselegantes,ladyBrandon,duquesadeLangeais,condesa de Kergarouët, señora de Sérizy, duquesa de Cariliano, condesaFerraud,señoradeLanty,marquesadeAiglemont,señoraFirmiani,marquesadeListomèreymarquesad'Espard,duquesadeMaufrigneuseylasGrandlieu.Afortunadamente, pues, el ingenuo estudiante fue a dar con el marqués deMontriveau,amantedeladuquesadeLangeais,ungeneralinocentecomounniño,elcualledijoquelacondesadeRestaudvivíaenlacalledeHelder.Serjoven,tenerseddemundo,hambredeunamujeryverqueseleabríanaunodoscasas;ponerelpieenelbarriodeSanGermán,encasadelavizcondesadeBeauséant, y la rodilla en laChaussée d'Antin, en casa de la condesa deRestaud;penetrarconunamiradaenlossalonesdeParísycreerseunjovenlobastante apuesto como para encontrar en ellos ayuda y protección en uncorazónfemenino;sentirselosuficientementeambiciosoparadarunsoberbiopuntapié a la cuerda sobre la cual es preciso caminar con la seguridad delsaltadorquenocaerá,yhaberencontradoenunamujerencantadoraelmejorde los balancines. Con tales pensamientos y delante de esta mujer que seerguíasublimejuntoaunalumbredeconglomeradosdeturba,entreelCódigoylamiseria,¿quién,comoEugenio,nohabríasondeadoelporvenirpormediodeunameditación,quiénnolohabríaadornadoconeléxito?Supensamientovagabundomeditabaensus futurosgoces,y secreíaal ladode la señoradeRestaud, cuando un suspiro turbó el silencio de la noche y resonó en elcorazóndel joven,desuertequeéstecreyóquese tratabadelestertordeunmoribundo.Abriósuavementelapuerta,ycuandoestuvoenelpasilloviounalíneadeluzdebajodelapuertadepapáGoriot.

    Eugeniotemióquesuvecinosehallara indispuesto,acercósealojodelacerradura, miró al interior de la habitación y vio al anciano ocupado entrabajos,queleparecieroncriminalesparaquenocreyeraprestarunservicioala sociedad examinando bien lo que por la noche maquinaba el supuestofabricantedefideos.PapáGoriot,quesindudahabíaatadoalabarradeunamesapuestaal revésunplatoyunaespeciede soperadeplata sobredorada,hacía girar una especie de alfiler alrededor de estos objetos ricamenteesculpidos,apretándoloscontantafuerzaquelosretorcíaprobablementepara

  • convertirlosenlingotes.«¡Demonio,quéhombre!»,sedijoRastignacviendoelnervudobrazodelancianoque,conayudadeaquellacuerda,amasabasinhacerruidolaplatadorada,comounapasta.¿Perosetrataríadeunladrónodeun encubridor que, para entregarse con mayor seguridad a su comercio, sehacía pasar por tonto y vivía como un mendigo?, díjose Eugenio,incorporándoseuninstante.Elestudianteaplicódenuevoelojoalacerradura.PapáGoriot,quehabíadesenrolladosucable,tomólamasadeplata,lapusoencimadelamesadespuésdehaberextendidosobreellasucolchaylahizorodarparaconvertirlaenbarra,operaciónquerealizóconfacilidadasombrosa.PapáGoriotmirócontristezasuobra,susojossellenarondelágrimas,apagóelestadalacuyaluzhabíaretorcidolaplatasobredorada,yEugeniooyócómoseacostabadandounsuspiro.«Estáloco»,pensóelestudiante.

    —¡Pobrecriatura!—dijoenvozaltapapáGoriot.

    Aloírestaspalabras,Rastignacjuzgóprudenteguardarsilenciosobreesteacontecimientoynocondenar inconsideradamenteasuvecino.Disponíaseavolverasuhabitación,cuandoadvirtiódeprontounruidobastantedifícildeexpresaryquedebíaserproducidoporunoshombrescalzadosconescarpinesquesubíanlaescalera.Eugenioprestóoídoyreconoció,enefecto,elsonidoalternativodelarespiracióndedoshombres.

    Sinhaberoídoelchirridodelapuertanilospasosdeloshombres,viodeprontounadébilclaridadenelsegundopiso,encasadelseñorVautrin.«¡Heahímuchosmisteriosenunapensión!»,sedijo.Bajóunospeldaños,sepusoaescuchar y el sonidodel orohirió suoído.Pronto se apagó la luzy las dosrespiraciones se dejaron oír sin que la puerta hubiese chirriado. Luego, amedidaquelosdoshombresdescendieron,elruidofuedebilitándose.

    — ¿Quién va? —gritó la señora Vauquer abriendo la ventana de suhabitación.

    —Soyyo,quevuelvo,mamáVauquer—dijoVautrinconsuvozgruesa.

    «Es curioso —pensó Eugenio al entrar de nuevo en su aposento—:Cristóbalhabíaechadoloscerrojos».Hayqueestardespiertoparaobservarloque sucede alrededor de uno en París. Desviado por estos pequeñosacontecimientosdesumeditaciónambiciosamenteamorosa,púsoseatrabajar.DistraídoporlassospechasquecruzabanporsumenteacercadepapáGoriot,másdistraído aúnpor la figurade la señoraRestaud, quedevez en cuandoaparecíaanteélcomolamensajeradeunbrillantedestino,acabóacostándoseydurmiendoapiernasuelta.Decadadieznochesprometidasaltrabajoporlosjóvenes, dan siete de ellas al sueño.Hayque tenermásdeveinte añosparavelar.

    EldíasiguienteporlamañanareinabaenParísunadeesasnieblasespesas

  • queenvuelven laciudaddeunmodoqueaún laspersonasmáspuntuales seequivocanconrelaciónalahora.Lagentefaltaasuscitasdenegocios.Todoelmundocreequeson lasochocuandodan lasdocedelmediodía.Eran lasnueve ymedia y la señora Vauquer no se había levantado aún de la cama.Cristóbal y la gruesa Silvia, que también se habían atrasado, tomabantranquilamente su café, preparado con las capas superiores de la lechedestinadaaloshuéspedes,yqueSilviahacíahervirmuchorato,conobjetodequelaseñoraVauquernosedieracuentadeestediezmoilegalmentecobrado.

    —Silvia—dijoCristóbalmojandosuprimeratostada—,elseñorVautrin,queesunbuenhombre,tambiénhavistodospersonasestanoche.Silaseñoraseinquietaraporello,nohabríaquedecirlenada.

    —¿OshadadoalgoVautrin?

    —Mehadadociensueldos,comodiciéndome:«Calla».

    —SalvoélylaseñoraCouture,losotrosquisieranquitarnosconlamanoizquierdaloquenosdanconladerecha—dijoSilvia.

    — ¡Y lo que dan!—dijoCristóbal—.He aquí que desde hace dos añospapáGoriotselimpiaélmismoloszapatos.Poiretprescindedellustre,yanteslobeberíaqueponerloensuszapatos.Encuantoalestudiante,medacuarentasueldos.Cuarentasueldosnopaganmiscepillos.

    — ¡Bah!—dijo Silvia, bebiendo a pequeños sorbos su café—.Nuestrospuestossontodavíalosmejoresdelbarrio.Vivimosbien.Pero,apropósitodeVautrin,Cristóbal,¿oshadichoalguienalgodeél?

    —Sí,encontréhaceunosdíasaunseñorenlacalleymepreguntó:«¿Novive en vuestra casa un señor grueso que lleva las patillas teñidas?».Yo lecontesté:«No,señor,noselastiñe.Unhombrecomoélnotienetiempoparaeso».Lehedicho,pues,estoalseñorVautrin,elcualmehacontestado:«Hashecho muy bien, muchacho. Responde siempre así. Nada hay másdesagradable que dejar que conozcan nuestros defectos. Esto puede hacerleperderaunolaoportunidaddeunabuenaboda».

    —Puesamí,enelmercado,hanqueridoengatusarmeparahacermedecirsileveíaponerselacamisa.Bueno—dijointerrumpiéndose—,heaquíqueenVal-de-Grâcedanlasdiezmenoscuartoynadiesemueve.

    —¡Bah!, todoshansalido.LaseñoraCoutureysujovencompañerahanidoacomulgaraSanEsteban,desdelasocho.PapáGoriothasalidoconunpaquete.Elestudiantenovolveráhastadespuésdelasclases,alasdiez.Leshevistosalirmientrasestabahaciendomisescaleras;porciertoquepapáGoriotme ha dado un golpe con lo que llevaba, y era duro como el hierro. ¿Quéestaráhaciendoesebuenhombre?Losotroslehacengirarcomounapeonza,

  • peroesunabuenapersonaquevalemásquetodosellos.Noesmucholoqueme da; pero las damas a las que élmemanda, a vecesme danmagníficaspropinas.

    —Lasdamasalasqueélllamasushijas,¿no?Hayunadocenadeellas.

    —Yosóloheidoalacasadedosdeellas,lasmismasquevinieronaquí.

    —Heaquíquelaseñorasemueveyvaahacersuacostumbradoescándalo;tengoqueir.Vigiladlaleche,Cristóbal;cuidadoconelgato.

    Silviasubióalapartamentodesudueña.

    — ¡Cómo, Silvia! He aquí que son las diezmenos cuarto, yme habéisdejadodormircomounamarmota.Nuncamehabíasucedidonadaparecido.

    —Eslaniebla,quepuedecortarseconcuchillo.

    —Pero¿yeldesayuno?

    —Vuestroshuéspedesyahandesayunado.LaMichonneauyelPoiretnosehanmovido.Nohaymásqueellosenlacasa,yduermencomoleños,queesloqueson.

    —Pero,Silvia,túlosponesalosdosjuntoscomosi…

    — ¿Cómo si qué? —repuso Silvia con una risotada—. Los dos hacenbuenapareja.

    —Es curioso, Silvia, que haya podido entrar el señorVautrin esta nochedespuésdequeCristóbalhubieraechadoloscerrojos.

    —EsquehaoídoalseñorVautrinyhabajadoaabrirlelapuerta.Yheaquíloquevoshabéiscreído…

    —Damemicamisolayveenseguidaavereldesayuno.Arreglaelrestodelcordero con patatas y dales peras cocidas, de las que cuestan dos centavoscadauna.

    Unosinstantesmástarde,laseñoraVauquerdescendióenelmomentoenquesugatoacababadederribarconlapataunplatoquetapabaunboldelecheylaestabalamiendoatodaprisa.

    —¡Mistigris!—exclamó.Elgatohuyó;luegofueafrotarsucuerpocontralaspiernasdeladueña—.¡Sí,sí,cobarde!¡Silvia,Silvia!

    —Bien,¿quéocurre,señora?

    —Miradloquehabebidoelgato.

    —La culpa es de ese animal de Cristóbal, al que le dije que lo tapara.¿Dónde ha ocurrido? No os preocupéis, señora; será el desayuno de papá

  • Goriot.Añadiréagua,ynosedarácuenta.Nosefijaennada,nisiquieraenloquecome.

    — ¿Dónde ha ido ese imbécil? —dijo la señora Vauquer poniendo losplatosenlamesa.

    —¿Quiénlosabe?Hacenegociosdemildemonios.

    —Hedormidodemasiado—dijolaseñoraVauquer.

    —Perotambiénlaseñoraestáfrescacomounarosa…

    En aquel momento se oyó la campanilla y entró Vautrin en el salóncantando.

    —¡Oh,oh!Buenosdías, señoraVauquer—dijoalver a lapatrona, a laquetomógalantementeensusbrazos.

    —Vamos,acabad.

    —Voy a ayudaros a servir lamesa. Soy amable, ¿verdad?Acabo de veralgocuriosoporcasualidad.

    —¿Quées?—dijolaviuda.

    —PapáGoriotseencontrabaalasochoymediaenlacalleDauphine,encasa del orfebre que compra viejos cubiertos.Le ha vendido por una buenasumaunutensiliorielhogarenplatasobredorada,bastantebienretorcidoparanoserdeloficio.

    —¿Deveras?

    —Sí. Yo volvía para acá después de haber acompañado a uno de misamigosqueseexpatriaa lasMensajeríasreales;heaguardadoapapáGoriotparaverquésucedía:unahistoriaderisa.Havueltoasubiraestebarrio,alacalle de Grès, donde entró en la casa de un usurero conocido, llamadoGobseck, un sujeto capaz de hacer piezas de dominó con los huesos de supadre; un judío, un árabe, un griego, un bohemio, un hombre al que seríadifícildesvalijarporqueponesusescudosenelBanco.

    —¿Quées,pues,loquehacepapáGoriot?

    —No hace nada—dijo Vautrin—; deshace. Es lo bastante imbécil paraarruinarseconsushijas,que…

    —¡Ahíestá!—dijoSilvia.

    —Cristóbal—gritópapáGoriot—,subeconmigo.

    CristóbalsiguióapapáGoriotyvolvióabajarenseguida.

    —¿Adóndevas?—dijolaseñoraVauquerasucriado.

  • —AhacerunrecadoparaelseñorGoriot.

    —¿Quéeseso?—dijoVautrinarrancandodelasmanosdeCristóbalunacartaenlaqueleyó:AlaseñoracondesaAnastasiadeRestaud—.¿Ycuálessonlasseñas?—añadiódevolviendolacartaaCristóbal.

    —CalledeHelder.Tengoórdenesdenoentregarestomásquealaseñoracondesaenpersona.

    —¿Quéhayahídentro?—dijoVautrinponiendolacartaaltrasluz—.¿Unbilletedebanco?No.—Entreabrióelsobre.—Unaletrapagada—exclamó—.¡Caramba, qué galante es el hombre! Vamos, bribón —dijo poniendo sumanazasobrelacabezadeCristóbal,alquehizogirarsobresímismocomoundado—,quetendrásunabuenapropina.

    La mesa estaba puesta. Silvia hacía hervir la leche. La señora Vauquerencendíalaestufa,ayudadaporVautrin,queseguíacanturreando.

    Cuando todo estuvo a punto, entraron la señora Couture y la señoritaTaillefer.

    — ¿De dónde venís tan temprano, mi hermosa dama?—dijo la señoraVauqueralaseñoraCouture.

    —VenimosdehacernuestrasdevocionesaSanEstebandelMonte,porquehoyhemosdeiralacasadelseñorTaillefer.Pobrecilla,tiemblacomohojaenelárbol—repusolaseñoraCouture,sentándoseantelaestufa,alabocadelacualpresentósuszapatos,queecharonhumo.

    —Calentaos,pues,Victorina—dijolaseñoraVauquer.

    —Estábien,señorita,esoderezaraDiosparaqueablandeelcorazóndevuestropadre—dijoVautrinacercandounasillaalahuérfana—.Peroesonoessuficiente.Osharíafaltaunamigoqueseencargasedecantarlelascuarentaaesebárbaroque,segúndicen,tienetresmillonesynoosdadote.Unajovenbellatienenecesidaddedoteenestostiempos.

    —Pobreniña—dijolaseñoraVauquer—;vamos,guapa,queelmonstruodevuestropadreseráalgúndíacastigadoporloqueestáhaciendoconvos.

    Al oír estas palabras, los ojos deVictorina se llenaron de lágrimas, y laviudasedetuvoanteunaseñaquelehizolaseñoraCouture.

    —Sipudiera tansóloverle,sipudierahablarle,entregarle laúltimacartadesumujer—repusolaviudadelcomisario-ordenador—.Nomeheatrevidoaenviárselaporcorreo;conocemiletra…

    —¡Ohmujeres inocentes,desgraciadasyperseguidas—exclamóVautrininterrumpiendoalaseñoraCouture—,yaveiscómoosencontráis!Dentrodeunosdías,yomeocuparédevuestrosasuntos,ytodoirábien.

  • —¡Oh!, señor—dijoVictorina lanzandounamirada a la vez húmedayardienteaVautrin,elcualnoseemocionó—,sisupieseis,dealgúnmedioparallegaramipadre,decidlequesuafectoyelhonordemimadresonparamímás preciosos que todas las riquezas del mundo. Si obtuvieseis algunamitigación a su rigor, rezaría a Dios por vos. Estad seguro de miagradecimiento…

    —Mucho tiempo he recorrido el mundo —cantó Vautrin con acentoirónico.

    En aquel momento, Goriot, la señorita Michonneau y Poiret bajaron,atraídosquizáporelolordesalsaconmantecaqueestabahaciendoSilviaparaarreglar los restos del cordero. En el momento en que los huéspedes sesentaronalamesadiciendobuenosdías,dieronlasdiez,yoyéronseenlacallelospasosdelestudiante.

    —Bien,señorEugenio—dijoSilvia—,hoyvaisadesayunarencompañíadetodoelmundo.

    El estudiante saludó a los huéspedes y fue a sentarse al lado de papáGoriot.

    —Acabadeocurrirmeunasingularaventura—dijo,sirviéndosecorderoenabundanciaycortandountrozodepanquelaseñoraVauquermedíasiempreconlosojos.

    —¡Unaaventura!—dijoPoiret.

    —Bien,¿porquéhabríaisdeasombrarosporello?—dijoVautrinaPoiret—.Elseñoresmuyguapoyesnaturalquetengaaventuras.

    La señorita Taillefer deslizó tímidamente una mirada hacia el jovenestudiante.

    —Contadnosvuestraaventura—dijolaseñoraVauquer.

    —Ayer me encontraba yo en el baile en casa de la vizcondesa deBeauséant,unaprimamía,queposeeunacasamagnífica,apartamentosmuybellos,enfin,quenosdiounafiestasoberbia,enlaquemedivertícomounrey…

    —Ezuelo—dijoVautrininterrumpiendo.

    —Caballero—repusovivamenteEugenio—,¿quéqueréisdecir?

    —Digoezuelo,porquelosreyezuelossedivertíanmásquelosreyes.

    —Es verdad; yo preferiría ser ese pajarillo sin preocupaciones a ser rey,porque…—dijoPoiret.

    —Enfin—dijoelestudiantecortándolelapalabra—,quehebailadocon

  • unadelasmujeresmásbellasquehabíaenelbaile,unacondesaencantadora,la criaturamás deliciosa quehe visto jamás.Llevaba en la cabeza flores demelocotonero, en el costado el más hermoso ramillete de flores, de floresnaturales,queembalsamabanelaire;pero¡bah!,seríaprecisoquelahubieraisvisto;resultaimposibledescribiraunamujeranimadaporladanza.Puesbien,estamañanaheencontradoaesadivinacondesa,sobrelasnueve,apie,porlacalle de Grès. ¡Oh!, el corazón me ha palpitado aceleradamente, meimaginaba…

    —Que venía hacia acá—dijo Vautrin lanzando una profunda mirada alestudiante—.SindudaibaacasadepapáGobseck,unusurero.Sialgunavezhurgáis en los corazones de las mujeres de París, encontraréis en ellos alusureroantesquealamante.VuestracondesasellamaAnastasiadeRestaudyviveenlacalledeHelder.

    Al oír este nombre, el estudiante miró fijamente a Vautrin. Papá Goriotlevantórápidamentelacabezayresplandecióensusojosunamiradaluminosayllenadeinquietudquesorprendióaloshuéspedes.

    —Cristóballlegarádemasiadotarde,yaque,porlovisto,habráidoallá—exclamóconacentodoloridoGoriot.

    —He adivinado —dijo Vautrin inclinándose hacia el oído de la señoraVauquer.

    Goriot comíamaquinalmentey sin saber loqueestabacomiendo.Nuncahabíaparecidomásestúpidoydistraídoqueenaquelmomento.

    —¿Quédemoniohapodidodecirossunombre,señorVautrin?—preguntóEugenio.

    — ¡Ah, ah! —respondió Vautrin—. Papá Goriot lo sabía. ¿Por qué nohabríadesaberloyo?

    —SeñorGoriot—dijoelestudiante.

    —¡Qué!—dijoelpobreanciano—.¿Estabaayermuyhermosa?

    —¿Quién?

    —LaseñoradeRestaud.

    —Mirad al gato viejo—dijo la señoraVauquer aVautrin—, cómo se leencandilanlosojos.

    —¿Acaso él lamantiene?—dijo envozbaja la señoritaMichonneaualestudiante.

    — ¡Ah, sí! estaba formidablemente hermosa—repuso Eugenio, a quienpapá Goriot miraba con avidez—. De no haber estado allí la señora de

  • Beauséant,midivinacondesahabríasido la reinadelbaile; los jóvenessóloteníanojosparaella;yoeraeldoceavoinscritoenlalista;ellabailabatodaslascontradanzas.Todaslasotrasmujeressemoríanderabia.Sihuboayerunacriaturafeliz, fueella.Tienenrazónendecirquenohaynadamásbelloquefragatadevela,caballoagalopeymujerquebaila.

    —Ayer arriba, en casa de una duquesa —dijo Vautrin—; esta mañanaabajo, en casa de un prestamista: he aquí las parisienses. Si susmaridos nopueden mantener su lujo desenfrenado, se venden. Si no saben venderse,seríancapacesdeabrirlasentrañasasumadreparabuscarallídentroalgoquebrillase.Enfin,quehacenlasmilyuna.

    El rostro de papá Goriot, que se había iluminado como el sol de unhermosodíaaloíralestudiante,púsosesombríoanteestacruelobservacióndeVautrin.

    —Bien—dijo la señoraVauquer—,¿dóndeestá,pues,vuestra aventura?¿Lehabéishablado?¿Lehabéispreguntadosiveníaaestudiarderecho?

    —No me ha visto —dijo Eugenio—. Pero encontrar a una de las másbellasmujeresdeParísenlacalledeGrès,alasnueve,unamujerquedebióregresar del baile a las dos de la madrugada, ¿no es curioso? Sólo puedenencontrarseenParístalesaventuras.

    —¡Bah!,lashaymuchomásdivertidas—exclamóVautrin.

    LaseñoritaTailleferapenashabíaescuchado,tanpreocupadaestabaporlatentativaquesedisponíaarealizar.LaseñoraCouturelehizoseñadequeselevantaraparavestirse.Cuandosalieronlasdosmujeres,papáGoriotlesimitó.

    — ¡Bien!, ¿le habéis visto?—dijo la señora Vauquer a Vautrin y a susotroshuéspedes—.Esevidentequesehaarruinadoconesasmujeres.

    —Nuncahabránadiequemehagacreerque labellacondesadeRestaudpertenezcaapapáGoriot—exclamóelestudiante.

    —Pero—interrumpióleVautrin—nosotrosno tenemos interésalgunoenhacerque locreáis.Soisaúndemasiado jovenparaconocerParís;más tardesabréis que en esta ciudad se encuentran lo que llamamos hombres deuniones…—Aloírestaspalabras,laseñoritaMichonneaumiróaVautrinconaireinteligente.Habríaisdichopieerauncaballoderegimientoaloírelsondela trompeta.— ¡Ah, ah! —dijo Vautrin interrumpiéndose para dirigirle unaprofunda mirada—, también hemos tenido vuestras pasiones, ¿eh? —Lasolterona bajó los ojos cono una religiosa que ve unas estatuas.—Bien—prosiguió—, esas personas sólo tienen sed de cierta agua tonada dedeterminada fuente, y a menudo corrompida; para poder beber de ellavenderían a susmujeres, a sus hijos; venderían su alma al diablo. Para los

  • unos,estafuenteeseljuego,laBolsa,unacoleccióndecuadrosodeinsectos,la música; para otros es unamujer que sabe cocinarles platos delicados. Aaquélloslesofreceríaistodaslasmujeresdelatierrayseburlaríandeello;noquierenmásqueaaquellaquesatisfacesupasión.Amenudoestamujernolesama en absoluto, les vende bien caras sus caricias; pero ellos no cejan, yllevaríanelúltimodesuscubiertosalMontedePiedadparapoderofrecerlessuúltimoescudo.PapáGoriotesunadeesaspersonas.Lacondesaleexplotaporqueesdiscreto,esoes todo.Elpobrehombrenopiensamásqueenella.Fueradesupasión,yaloveis,esunabestiabruta.Habladledeestetema,ysurostrobrillarácomoundiamante.Noresultadifíciladivinaresesecreto.EstamañanahallevadoplatasobrecortadaafundirylehevistoentrarencasadepapáGobseck,enlacalleGrès.¡Seguidle!AlregresarhaenviadoalacasadelacondesadeRestaudaesetontodeCristóbal,élnoshaenseñadoladireccióndelacarta,enlaquehabíaunaletrapagada.Esevidentequesilacondesaibatambién a la casa del viejo prestamista, la cosa era urgente. PapáGoriot hafinanciadogalantementeporella.Lacosaestábienclara.Estoosdemuestra,mi joven estudiante, que mientras vuestra condesa reía, bailaba, hacía milmonadas,hacíabalancearsusfloresdemelocotonero,estabapensandoensusletrasdecambioprotestadasoenlasdesuamante.

    —Medaisunasganaslocasdesaberlaverdad.MañanairéalacasadelaseñoradeRestaud—exclamóEugenio.

    —Sí—dijoPoiret—,mañanahayqueiralacasadelaseñoradeRestaud.

    —QuizásencontraréisallíapapáGoriot,quevendráacobrarseelimportedesusgalanterías.

    —Pero—dijoEugenioconairededisgusto—,vuestroParís,es,pues,uncenagal.

    —Esverdad—repusoVautrin—.Losqueseensucianenélyvanencochesongentehonrada;losquevanapiesonunosbribones.Sitenéisladesgraciade sacar a alguien de él, se os exhibe en el Palacio de Justicia como unacuriosidad.Sirobáisunmillón,seosseñalaenlossalonescomounavirtud.Pagáis treinta millones a la Gendarmería y a la Justicia para mantener esamoral.¡Muybonito!

    — ¡Cómo!—exclamó la señoraVauquer—. ¿Demodo que papáGoriothabríafundidosuserviciodedesayunoenplatasobredorada?

    —¿Nohabíadostortolillosenlatapa?—dijoEugenio.

    —Exacto.

    —Apreciabamuchoeseservicio,yllorócuandohuboamasadolatazayelplato.Lohevistoporcasualidad.

  • —Loapreciabacomoasupropiavida—respondiólaviuda.

    —Yaveiscuánapasionadoeselhombre—exclamóVautrin—.Esamujersabemuybienhacercosquillasalalma.

    El estudiante volvió a subir a su casa.Vautrin salió.Unos instantesmástarde,laseñoraCoutureyVictorinasubieronauncochedealquilerqueSilviafue a buscarles. Poiret ofreció el brazo a la señorita Michonneau y ambosfueronapasearaljardínBotánicodurantedoshermosashorasdeldía.

    ¡Bien!Helosahícomounmatrimonio—dijolaobesaSilvia—.Hoysalenjuntosporprimeravez.Estántandelgados,quesifrotanunocontraotroharánsaltarchispas.

    —CuidadoconelchaldelaseñoritaMichonneau—dijoriendolaseñoraVauquer—,porqueprenderácomolayesca.

    A las cuatro de la tarde, cuando regresó Goriot, vio, a la luz de doslámparashumeantes,aVictorina,cuyosojosestabanrojos.LaseñoraVauquerescuchabaelrelatodelavisitainfructuosahechaalseñorTailleferdurantelamañana.Fastidiadoaltenerquerecibirasuhijayaaquellavieja,Tailleferlashabíadejadollegarhastaélparacaerunaexplicaciónconellas.

    —Querida señoramía—decía la señoraCouture a la señoraVauquer—,figuraos que ni siquiera ha hecho sentarse aVictorina, que ha permanecidoconstantementedepie.Amímehadicho,sinencolerizarse,fríamente,quenosahorrásemoseltrabajodeirasucasa;quelaseñorita,sindecirsuhija,perdíaeltiempoalmolestarle(unavezalaño,¡elmonstruo!);quehabiéndosecasadoconéllamadredeVictorinasinfortuna,noteníaderechoareclamarnada;enfin, las cosasmás duras, que han hecho derramar unmar de lágrimas a esapobrepequeña.Lapequeñasearrojóentoncesalospiesdesupadreyledijoconvalentíaquesóloinsistíaacausadesumadre,queobedeceríasuvoluntadsin murmurar; pero que le suplicaba que leyese el testamento de la pobredifunta;entonceshatomadolacartayselahapresentado,diciendolascosasmásbellasdelmundoylasmejorsentidas;nosédedondelashatomado;Diosse lasdictaba,porqueyo,deescucharla, llorabacomounabestia.¿Sabéis loqueestabahaciendoesemonstruodehombre?Puessecortabalasuñas,cogiólacartaquelapobreseñoraTailleferhabíamojadoconsuslágrimasylaarrojóalachimenea,diciendo:«¡Estábien!».Quisolevantarasuhija,quelecogíalasmanosparabesárselas,peroéllasretiró.¿Noesestouncrimen?Elimbécildesuhijoentrósinsaludarasuhermana.

    —Entonces,¡sonunosmonstruos!—dijopapáGoriot.

    —Yademás—dijolaseñoraCouturesinhacercasodelaexclamacióndelbuen hombre—, el padre y el hijo se fueron saludándome y rogándome lesdisculpara,porqueteníanasuntosurgentes.Heahínuestravisita.Porlomenos

  • havistoasuhija.Nosécómopuederenegardeella,porqueseparecencomodosgotasdeagua.

    Loshuéspedes, internosyexternos, llegaron losunosdetrásde losotros,deseándose mutuamente buenos días, y diciéndose esas naderías queconstituyen, enciertas clasesparisienses,unespíritupicaresco, enel cual latonteríaentracomoelementoprincipal,ycuyoméritoconsisteparticularmenteenelgestooenlapronunciación.Estaespeciedeargotvaríacontinuamente.Labromaqueconstituyesuprincipionotienenuncaunmesdeexistencia.Unacontecimientopolítico,unprocesoenlaaudiencia,unacancióndelascalles,las farsas de un actor, todo sirve para mantener ese juego del ingenio queconsiste sobre todo en tomar las ideas y las palabras como pelotas yenviárselas unos a otros. El reciente invento del Diorama, que llevaba lailusión de la óptica a un gradomuchomás elevado que en los Panoramas,habíaintroducidoenalgunosestudiosdepinturalamaníadehablarenrama.

    —Bien, señor Poiret —dijo el empleado del Museo—, ¿cómo va esasaludrama?—Yluego,sinesperarlarespuesta:—Señoras,estáismuytristes—dijoalaseñoraCoutureyaVictorina.

    — ¿Vamos a comer? —exclamó Horacio Bianchon, estudiante demedicina, amigo de Rastignac—. Mi pequeño estómago se me ha bajadousqueadtalones.

    — ¡Hace hoy un gran friorama!—dijo Vautrin—.Haceos un pocomásallá,papáGoriot.¡Quédemonio!Oslleváistodoelcalordelaestufa.

    —He aquí su excelencia el marqués de Rastignac, doctor en derechotorcido—exclamóBianchoncogiendoaEugenioporelcuelloyestrechándoledemaneraqueleahogaba.

    LaseñoritaMichonneauentrósuavemente,saludóalosinvitadossindecirnadayfueacolocarsejuntoalastresmujeres.

    —Eseviejomurciélagomehaceestremecersiempredefrío—dijoenvozbajaBianchonaVautrin,señalandoalaseñoritaMichonneau.

    —¿Elseñorlahaconocido?—preguntóVautrin.

    — ¿Quién no la ha encontrado? —respondió Bianchon—. Palabra dehonor, esa solterona pálida me hace el efecto de esos largos gusanos queacabanroyendounaviga.

    —Esloquees,joven—dijoelcuarentónpeinandosuspatillas,ycanturreó—:Yrosa,havividoloquevivenlasrosas.Elespaciodeunamañana.

    — ¡Ah, ah! He aquí una magnífica soparama —dijo Poiret viendo aCristóbalqueentrabateniendoenlamanorespetuosamentelasopa.

  • —Perdonadme,señor—dijolaseñoraVauquer—,esunasopadecoles.

    Todoslosjóvenesseecharonareír.

    —¿Alguienhavistolaniebladeestamañana?—preguntóelempleado.

    —Era—dijoBianchon— una niebla frenética y sin ejemplo, una nieblalúgubre,melancólica,verde,unanieblaGoriot.

    —Goriorama—dijoelpintor—,porquenoseveíanada.

    Sentadoenelextremodelamesa,cercadelapuertaporlacualseservíalacomida,papáGoriotlevantólacabezaoliendountrozodepanqueteníabajosuservilleta,porunaviejacostumbrecomercialquereaparecíaalgunasveces.

    —Bueno—ledijoentonoagriolaseñoraVauquerconvozquedominóelruidode lascucharas,de losplatosyde lasvoces—.¿Esquenoencontráisbuenoelpan?

    —Alcontrario,señora—respondió—,estáhechoconharinadeÉtampes,deprimeracalidad.

    —¿Cómoloconocéis?—interrogóEugenio.

    —Porlablancura,porelsabor.

    —Por el sabor de la nariz, puesto que lo estáis oliendo—dijo la señoraVauquer—.Osvolvéistanahorrativo,queacabaréisencontrandoelmediodealimentarosoliendoelairedelacocina.

    —Tomad entonces una patente de invención—exclamó el empleado delMuseo—;haréisunabuenafortuna.

    —Dejadle,pues;haceestoparapersuadirnosdequehasidofabricantedefideos—dijoelpintor.

    El pobre papá Goriot, al ver que todos se reían de él, miraba a loshuéspedes con aire estúpido. Cristóbal llevóse el plato del buen hombre,creyendoquehabía terminadolasopa;desuertequecuandoGoriot,despuésdehaberlevantadosusombrero,cogiólacucharaydioungolpeencimadelamesa,todosloscomensalesseecharonareír.

    —Bien,señorita—dijoVautrinaVictorina—,vosnocoméisnada.

    —La señorita—dijo Rastignac, que se encontraba cerca de Bianchon—podría intentarunproceso sobre lacuestiónde losalimentos,puestoquenocome.¡Eh,eh!,miradcómoexaminapapáGoriotalaseñoritaVictorina.

    Elancianoolvidábasedecomerparacontemplara lapobre joven,en losrasgos de la cual veíase un dolor verdadero, el dolor de la hija que ama alpadrequenoquierereconocerla.

  • —Querido—dijoEugenioenvozbaja—,noshemosequivocadoacercadepapáGoriot.Noesniunimbécilniunhombresinnervios.Estanochelehevisto retorcer un plato de plata sobredorada, como si fuera cera, y en estemomentoelaspectodesurostrorevelasentimientosextraordinarios.Suvidame parece demasiadomisteriosa para no valer la pena de ser estudiada. Sí,Bianchon,noestoybromeando.

    —Esehombreesuncasoclínico—dijoBianchon—,deacuerdo;siquiere,lodiseco.

    Aldíasiguiente,Rastignacsevistiómuyelegantemente,yhacialastresdelatardefuealacasadelaseñoraRestaud,entregándoseduranteelcaminoaesasesperanzasaturdidamentelocasquehacenquelavidadelosjóvenesestétan repleta de emociones; no calculan entonces ni los obstáculos ni lospeligros,venentodoeléxito,poetizansuexistenciaporelúnicojuegodesuimaginación,ysehacendesgraciadosotristesporlafrustracióndeproyectosque no vivían aún más que en sus deseos desenfrenados; si no fueranignorantesytímidos,elmundosocialseríaimposible.Eugeniocaminabaconmilprecaucionesparanoensuciarsedebarro,perocaminabapensandoenloque diría a la señora de Restaud, hacía acopio de ingenio, inventaba lasrespuestasdeunaconversaciónimaginaria,preparabasuspalabras,susfrasesa lo Talleyrand, suponiendo pequeñas circunstancias favorables a ladeclaración sobre la cual fundaba su porvenir. El estudiante se manchó debarroyvioseobligadoahacerselimpiarlasbotasycepillarelpantalónenelPalacio Real. «Si yo fuera rico —díjose cambiando una pieza de treintasueldosquehabía tomadoparauncasodedesgracia—,habría idoencoche,habría podido pensar cómodamente». En fin, llegó a la calle de Helder ypreguntópor lacondesadeRestaud.Con la sangre fríadelhombrequeestásegurodetriunfarundía,recibiólamiradadespectivadelaspersonasquelehabíanvistocruzarelpatioapie,sinhaberoídoelruidodeuncarruajejuntoalapuerta.

    Estamiradafueparaéltantomássensiblecuantoquehabíacomprendidoyasuinferioridadalentrarenaquelpatio,dondepiafabaunhermosocaballoricamenteenganchadoaunodeaquelloscabriolésquedanfedellujodeunaexistenciadisipadorayrevelanladetodoslosplaceresparisienses.Sepusodemal humor. Los cajones abiertos de su cerebro, que contaba con encontrarllenos de inteligencia, se cerraron y volvióse estúpido. Aguardando larespuestadelacondesa,alacualunayudadecámaraibaadarelnombredelvisitante,Eugeniodirigiósehaciaunaventanadelaantecámara,apoyóelcodoen una espa�