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  • CRITICÓN, 128, 2016, pp. 129-152.

    RECEPCIÓN: 29/10/2016 ACEPTACIÓN DEFINITIVA: 16/11/2016

    Noticias sobre el teatro en la ciudad de Gibraltar en el siglo xvii

    José María Lázaro Bruña I. E. S. Virgen de la Esperanza

    La Línea (Cádiz)

    I n t r o d u c c i ó n

    El extraño destino que la historia ha deparado a la ciudad de Gibraltar nos lleva a olvidar a menudo que, hasta el año de 1713 en que su entera propiedad fue cedida a Gran Bretaña por el artículo X del Tratado de Utrecht, esta era una ciudad española, igual en todos los aspectos a las del resto del país. Debido a estos imprevistos azares de la historia europea, es difícil hoy volver a pensar en Gibraltar como una ciudad española del siglo xvii o principios del xviii: el Gibraltar español quedó, en cierto modo, varado en la historia y hemos de recurrir a la escasa documentación que ha sobrevivido para poder imaginar cómo era la vida en aquella pequeña ciudad. Pocos años antes de su pérdida, en 1690, los embajadores árabes enviados a la corte española de Carlos II por Muley Ismael la describían de este modo:

    C’est une ville de moyenne grandeur, plutôt petite; elle n’est habitée que par les soldats et les gens se rattachant à l’administration militaire. Sa situation à une extrémité (de la péninsule) et en face (du pays) de l’islamisme fait qu’il n'y a ni grands commerçants, ni habitants, comme on en trouve dans les villes civilisées1. La pintura que hacen los embajadores árabes de Gibraltar nos hace pensar en una

    ciudad pequeña y aburrida, perdida y aislada en el sur de España. Sin embargo esta ciudad mediana también tenía su cara amable y se divertía como las demás ciudades españolas; el derrotero de sus fiestas religiosas seguía el curso del año: en invierno desde

    1 Sauvaire, 1884, pp. 7-8.

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    Adviento a Semana Santa y en verano desde la Resurrección hasta alcanzar de nuevo Adviento; y al calendario religioso se le unía un calendario festivo dinástico2, político y civil que era celebrado por el cabildo de la ciudad con propiedad, gastando sus buenos dineros por todos ellos:

    […] ansy para fiestas de príncipes e infantes y funeral de la reyna nuestra señora que está en el cielo, como en recivimiento del rey Muley jeque como del príncipe gran prior, y generales de su majestad […]3. A este calendario festivo nacional hay que añadir las festividades propias de la

    ciudad que celebraba principalmente la toma de la plaza por las tropas cristianas el 20 de agosto, día del glorioso San Bernardo:

    Tiene [v]otado esta ciudad çelebrar esta fiesta y assí lo cumple todos los años en lo espiritual y temporal. En lo uno con officio que se reça con octava y con procesión general en que llevan [a san Bernardo] y el pendón de la ciudad con sus armas, con sermón y missa solemne en presencia del cabildo pleno a que asisten todos los cavalleros, justicia y regidores, jurados y otros oficiales y ministros [con sus velas] y en lo temporal con fiestas de toros, juego de cañas y otras invençiones y regozijos que suele venir a ver la gente de la comarca4. Y entre todas estas invenciones y regocijos que se hacían en la ciudad se hallaban,

    por supuesto, las comedias.

    A c t i v i d a d t e a t r a l e n G i b r a l t a r

    De los tres tipos principales del teatro de la época —el teatro cortesano en los palacios reales, el teatro popular en los corrales de comedias y el teatro religioso durante el día y la octava de la fiesta de Corpus— encontramos ejemplos de los dos últimos en la ciudad de Gibraltar durante el transcurso del siglo xvii.

    Sobre el teatro religioso en la ciudad sólo hay dos noticias: una escueta mención en 1614 a que la ciudad gastaba unos mil maravedíes cada año para celebrar las fiestas del Corpus5, dinero que probablemente se destinaría a alguna representación en la ciudad; y una referencia indirecta a la representación de un coloquio religioso en la ciudad que conocemos por una pendencia que se produjo entre varios clérigos y el corregidor de la ciudad, Garcilaso de la Vega, en 1605: por el informe6 que se incoó sobre este incidente

    2 De estas fiestas hechas en honor de natalicios o casamientos de príncipes o reyes sólo conocemos las

    realizadas por la proclamación de Carlos V como emperador en 1520 o las celebradas en honor del príncipe Felipe Próspero a través de un curioso opúsculo titulado Relación de las Fiestas que la Noble y más leal Ciudad de Gibraltar hizo por el Nacimiento del Serenísssimo Príncipe don Phelipe Próspero Nuestro Señor escrito por el capitán Alonso de Molina León y que describe detenidamente las fiestas que se celebraron en enero de 1658 para festejar el nacimiento del heredero (Alenda, 1903, p. 336).

    3 Pérez Paredes, 2003, p. 197. 4 Tomás de Portillo, Historia de Gibraltar, ff. 146r-146v. 5 Pérez Paredes, 2003, p. 195. 6 Archivo Histórico Diocesano de Cádiz, Sección Gibraltar, Serie 6ª, Autos criminales, 2194-15: Gibraltar,

    1 junio 1605, 4 ff.

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    sabemos que el coloquio7 iba a representarse durante la octava del Santísimo Sacramento en la iglesia mayor de la ciudad, Santa María la Coronada, y que Nicolás Daza, mayordomo de la cofradía del Santísimo Sacramento, estaba presente supervisando el ensayo y la presentación de la obra desde las tres de la tarde; la obra iba a ser representada por los monacillos de la iglesia probablemente del mismo modo que Fernán González de Eslava describe en su Coloquio X titulado De la esgrima espiritual cuando hace decir a la Presunción «voy à ver a los monacillos / que recitan El Esgrima»8. A las nueve de la noche los clérigos salieron de la iglesia y tuvieron un encontronazo con el corregidor que acabó con los huesos de los clérigos en la cárcel de la ciudad. Y esto es todo en cuanto al teatro religioso.

    Sobre el teatro comercial afortunadamente tenemos algunas noticias más pero también con muchas lagunas. En el primer cuarto de siglo la plaza tuvo una vida bastante activa: los primeros datos que poseemos sobre autores, actores o compañías de comedias que pasaron por Gibraltar están fechados entre los años 1613 y 1629; a partir de aquí no tenemos ninguna noticia más sobre la presencia de comediantes en la ciudad hasta los años 1657 y 1662: este largo lapso de tiempo puede ser explicado por el declive de la ciudad que en una fecha como 1646 declaraba tener 1.105 vecinos y que unos años después, en 1660, se quejaba de la carga del sostenimiento de su guarnición y de que sus 1.246 vecinos habían quedado reducidos a sólo 400; es probable que la disminución tan drástica de la población sea debida al impacto que provocó la peste de 1649 en la plaza, junto con otros factores como el peligro de las razzias berberisca — que se traducían en el éxodo de los gibraltareños a zonas más seguras del interior— y la situación económica y política de la nación9. Sea como fuere, vuelve a haber otro largo lapso de tiempo sin noticias hasta fines del siglo xvii: en 1690 el autor Verdugo de la Cuesta aparece con su compañía en la plaza, en 1691 llega la compañía de Francisco de Mendoza y es posible que en 1692 Verdugo pasara de nuevo con su compañía por la ciudad de Gibraltar ya que sabemos por la Genealogía que Verdugo de la Cuesta muere ese año en la vecina ciudad de Tarifa10.

    Tampoco tenemos constancia de que la temporada teatral en el corral de comedias fuese continua. Los datos que tenemos nos sugieren que, al menos a final de siglo, la presencia de compañías era algo común: la compañía de Verdugo había llegado a principios de noviembre de 1690 desde Alcalá de los Gazules y a finales de diciembre todavía permanecía allí y Mendoza parece haber representado durante un mes antes de marchar a la vecina villa de Jimena de la Frontera por lo que parece que Gibraltar estaba en la ruta habitual de las compañías que recorrían el sur de Andalucía a final de siglo y las compañías se sucedían durante la temporada.

    7 El coloquio debía de estar aprobado por el provisor del obispado ya que las constituciones sinodales

    prohibían cualquier representación en la iglesia: «REPVGNA tambien à la santidad y religion de las yglesias, bayles, juegos, danças ò cantares deshonestos y representaciones de cosas profanas, por lo que mandamos no se hagan, y que las representaciones para el dia de Corpus Christi, de Navidad, ò otros solemnes, sean primero examinadas por nro Provisor o vicario del lugar donde se hizieren, y que no se permitan historias, ò invenciones lascivas, ò mezcla de cosas profanas con divinas» (Constituciones Synodales, p. 30).

    8 García Icazbalceta, 1877, p. 128. 9 Domínguez Ortiz, 1992, p. 329. 10 Genealogía, p. 199.

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    Por lo demás, los aspectos de la vida teatral discurrían de una manera similar a la del resto de España con sus mismas rutinas y problemas; valga como ejemplo el altercado que hay en septiembre de 1629 en la puerta del corral de las comedias entre el clérigo Rodrigo de Pas y el alguacil Diego Hernández a las tres de la tarde11: el clérigo Andrés Ximénez Terrero tuvo más que unas palabras con uno de los comediantes en la puerta (¿con el cobrador de la compañía?) y cuando el altercado se hubo calmado, el alguacil Diego Hern