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  • La sociedad carnvoraHerbert Marcuse

    Ilustracin de Herbert MarcusePaul Scheruebel | mail@paulscheruebel-art.com

    TraduccinMiguel Grinberg

    CorreccinGimena Riveros

    Diseo de tapa e interioresVctor Malumin

    Ediciones GodotColeccin Exhumacioneswww.edicionesgodot.com.arinfo@edicionesgodot.comFacebook.com/EdicionesGodotTwitter.com/EdicionesGodotBuenos Aires, Argentina, 2011

    Marcuse, Herbert, La sociedad carnvora - 1a ed. - Buenos Aires : Ediciones Godot Argentina, 2011. 96 p. : il. ; 20x13 cm. Traducido por: Miguel Grinberg ISBN 978-987-1489-22-0 1. Sociologa. 2. Sociedad. I. Miguel Grinberg, trad. II. Ttulo. CDD 306

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    La SociedadcarnvoraHerbert Marcuse

    PrLoGoLa nueva izquierda Miguel Grinberg

    edicioneS Godot coleccin exhumaciones

    reconociMientoS:Institute of Phenomenological Studies (Londres) por Liberndose de la sociedad opulenta, Liberation News Service por La rebelin de Pars, Guardian (Nueva York) por Perspectivas de la Nueva Izquierda Radical y Georgia Straight (Vancouver) por Exijamos lo imposible.

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    La nueva izquierda Miguel Grinberg

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    La Nueva Izquierda no es otra cosa -todava- que el embrin de un pensamiento radical, de un credo revolucionario que al plasmarse en realidad barrer la guerra de las ideologas e inaugurar un definitorio captulo en las luchas por la liberacin dentro de las sociedades llagadas por el colonialismo. La Nueva Izquierda es -por el momento- un difuso conglomerado de jvenes insatisfechos, de hijos de la clase media con complejos de culpa, de estudiantes agitados por pasiones nacionalistas burguesas, de adolescentes rebeldes y de genuinos revolucionarios en proceso de clarificacin. La Nueva Izquierda no es -hasta aqu- una organizacin revolucionaria, pero en gran medida se siente heredera natural de la Revolucin. Una revolucin que quiebra todos los esquemas conocidos, inclusive los de los pases hoy llamados socialistas. La Nueva Izquierda es un cuerpo ideolgico en gestacin, un signo de salud en el cuerpo de una sociedad trastornada.

    2Herbert Marcuse habla a esta Nueva Izquierda.

    Reflexiona en voz alta. No ofrece una doctrina

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    salvadora ni se erige en profeta revolucionario. Define con modestia una serie de fenmenos sociales. Expone un diagnstico de la enfermedad que nos aqueja. Esta sociedad nuestra de cada da -flor carnvora- a medida que nos sita en la opulencia tambin nos esteriliza y anula nuestra necesidad biolgica de cambio con todas las perturbaciones psicolgicas que ello implica. Marcuse no incita a la violencia. Simplemente seala una situacin, segn la cual la violencia ya existe y se manifiesta mediante todos los ritos represivos de esa sociedad descompuesta que insiste en perpetuarse y -al mismo tiempo- pretende arrastrar a los jvenes en su cada. All donde Marcuse se detiene, all comienza un desafo a la imaginacin de esos jvenes para que pongan en marcha ceremonias reveladoras. Para que encarnen la Revolucin. Para que en el momento de la verdad, teora y prctica, pensamiento y accin, determinen de modo unificado la trasmutacin radical del Sistema (Aparato o Establecimiento) insocial que ahoga y persigue toda vez que uno resiste a la asfixia.

    3 Marcuse habla a los jvenes intelectuales. Les

    pide que abandonen sus complejos de inferioridad. Les confirma que su rol es limitado, pero que igualmente deben actuar. No es posible esperar que otros hagan. Hay que proponer una alternativa. Y si no la tienen, crearla. Desarrollar potencialidades ocultas del hombre. Resistir la mutilacin de la entidad humana por parte del Sistema. Debe tomarse la vida como

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    un fin en s misma. Estimular el cambio cualitativo, alentar el crecimiento de un nuevo tipo de hombre -que ya late en nosotros- biolgicamente impulsado hacia la liberacin. Dinamizar la dimensin profunda de la existencia humana. Soltar todos los lastres. No en abstracto sino en concreto. Iluminar, educar. Desenvolver una conciencia revolucionaria.

    4 Los sistemas represivos en boga sofocan la

    necesidad biolgica de cambio. La sociedad de la abundancia sacia los estmagos pero aniquila los espritus. El intelectual consciente de la podredumbre del orden reinante debe abandonar las poses exquisitas y consolidar una negacin positiva, un rechazo germinador. Ello requiere una estricta preparacin ideolgica (cultural) que arranca de una conviccin: no quiere ser parte del sistema imperante. Y de inmediato ser marcado por los reguladores del Aparato. Los burcratas, los parsitos y los mediocres que forman la infraestructura del Establecimiento paternalista autoritario vern en l a un elemento disolvente. Los custodios de la estructura totalitaria le pegarn la etiqueta de monstruo. Los encargados de abolir las disensiones y de fabricar mentes condicionadas lo calificarn de subversivo, de idiota til de credos forneos, de aventurero al servicio del caos, de portador de ideas extraas al sentir de la mayora, etc. El pensador radical ha hecho su opcin. Anhela una forma superior del socialismo

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    que dista enormemente de eso que en otros lugares suele llamarse de la misma manera. Y llevar su misin hasta las ltimas consecuencias. La Revolucin no es un entretenimiento, es un apostolado. La sociedad represora no escatima esfuerzos para amordazar al inconforme. El activista radical no escatima esfuerzos en la lucha para la erradicacin de todas las mordazas.

    5 Por una parte, el opresor se coloca una mscara

    de Revolucin, identifica su supervivencia con el destino de la nacin, y trata de barrer a todo lo que ponga en tela de juicio su legitimidad. Por otra parte, disfrazados de activistas radicales mltiples provocadores -algunos, meros agentes de pulpos que aspiran reemplazar a los ya enquistados en el cuerpo del pas; otros, simples agentes de la misma sociedad represora- se infiltran en las filas de la Nueva Izquierda para sembrar semillas de autodestruccin, para estimular guerras civiles, para distorsionar los verdaderos mviles de la lucha revolucionaria. Clama Marcuse: Todos ustedes saben que sus filas estn infiltradas por agentes, por imbciles y por irresponsables. Estos buscan establecer un crculo vicioso, estabilizar la cadena frustracin-violencia-represin, a fin de crear contra-condiciones propicias para la neutralizacin de la Revolucin que importa. Nunca como ahora se ha hecho tan importante estar alerta ante tales maquinaciones.

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    6 El activista revolucionario revisa los

    conceptos clsicos de la toma del poder y del rol mesinico de la clase obrera. Aspira a fundamentar la creacin de nuevas instituciones y a resistir toda forma de totalitarismo. Su nfasis en las cualidades receptivas del ser humano y su cautela al no postular panaceas de carcter universal despiertan desconfianza a aquellos que viven enquistados en esquemas ideolgicos infecundos. El intelectual revolucionario tiene una misin preparatoria que es educar. No se trata de politizar un cuerpo social ya politizado sino de contagiar una conciencia poltica a minoras creadoras. En principio no contar con apoyo masivo, pero igual debe llevar a cabo su labor difusora. Debe COMUNICAR, expresar todo un universo revolucionario que bulle en su mente y busca encarnarse en entidades humanas reales que lo conviertan en realidad mediante el propio ejercicio del raciocinio emancipador. Debe TRABAJAR dentro de pequeos grupos autnomos y flexibles que acten desde la periferia de la sociedad hacia su centro. Aunque alguno de sus grupos sea copado por elementos nocivos, ello no pone en peligro el proyecto total.

    No existe el partido revolucionario, hay que crearlo. Su finalidad no es capitanear a las masas y solidificar una estructura burocrtica, sino en ltima instancia coordinar las acciones de los grupos activos, asociar la informacin general, compaginarla

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    y ponerla al alcance de las mayoras. Mientras, en reas regionales, en su propia comunidad, el activista organiza y el grupo autnomo emprende el anlisis de la problemtica local sin perder de vista el cuadro general con perspectiva revolucionaria. S, se trata de una minora marginal. Los condicionados son los otros, los alienados son los dems. Tanto los super-revolucionarios de izquierda que creen resolverlo todo con la agitacin y la propaganda (importantes pero limitadas tareas) como los adaptados a las reglas de la Sociedad Carnvora. Aqu, el Aparato primero embota a las mayoras y luego acusa a las minoras disidentes de anormales. La insubordinacin frente a reflejos condicionados que conducen a la impotencia y a la claudicacin es entonces reprimida, censurada, distorsionada u omitida. Los problemas bsicos son escamoteados por los represores, que mediante maquinarias publicitarias astutamente montadas buscan distraer la atencin de las masas, prohben la poltica y procuran silenciar a las minoras insumisas.

    7 Dentro de este contexto, los administradores

    de la represin continan auto-postulndose como revolucionarios e insisten en distorsionar las motivaciones de la rebelin estudiantil. El estudiante sabe que no participa en las decisiones que afectan su futuro; que la Universidad es una simple fbrica de peones culturales, de engranajes para la prolongacin de la sociedad represora existente, de

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    materia prima para la perpetuacin del Sistema. Es por ello que toda vez que el estudiante manifiesta su descontento, aparecen voces sensatas que desde los temblequeantes pilares del Establecimiento piden represin y proclaman que la misin del estudiante es estudiar y no agitar. De qu se quejan si tienen todo servido gracias al sudor del pueblo argumentan las marionetas.

    Al produ