intuicion y razon

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es solo la racon y la intuicion segun la filosofia

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  • 240 Reflexiones para una Filosofia de la Historia

    VIII. Entre la intuicin y la razn 27

    1. Consideracin preliminar Hablaremos ahora del ser latinoamericano a partir

    de la visin intuitiva y espontnea del mundo en rela-cin a la visin racional de la civilizacin occidental, tomando como eje de la exposicin los opuestos, Intui-cin y Razn.

    Cierto es que hemos asumido como punto de partida lo que debera ser el punto de arribo de una serie de consideraciones y determinaciones, pero la naturaleza de este trabajo que es la de un ensayo nos permite asu-mir a priori lo que a nuestro juicio constituye un rasgo esencial en la caracterizacin individual y colectiva de nuestros pueblos. Pero este apriorismo lo es solo en lo que respecta a la metodologa expositiva, pues en rea-lidad es conclusin de una serie de observaciones y re-flexiones sobre nuestros pueblos.

    Pues bien, usando el sentido y etimologa que daban los griegos a las formas de conocimiento, estas reflexio-nes deben tomarse como una apreciacin doxolgica y no como una constatacin epistemolgica de la realidad que queremos presentar.

  • Alejandro Serrano Caldera 241

    2. Hiptesis de trabAjo Las sociedades indgenas fueron predominantemen-

    te intuitivas y teognicas y aunque hubo civilizaciones como la maya, en la que se dio un considerable desarro-llo cientfico, la ciencia no tuvo una divulgacin genera-lizada y pervivi como rito de sectas privilegiadas y de sacerdotes que oficiaban con sentido religioso el manejo de los conocimientos.

    En cambio, la ciencia occidental nace en estrecha conexin con las grandes transformaciones econmicas y sociales producidas en Europa en el siglo XVII y se desarrolla con el advenimiento de la sociedad industrial en el siglo XVIII.

    Esta insercin en la estructura social permiti la contradiccin ente el carcter elitista de su produc-cin y el carcter masivo y mecnico de su divulgacin ideolgica y al servicio de los intereses de la sociedad industrial y de la sociedad de consumo, creando acti-tudes acrticas y por ello, paradjicamente, anticien-tficas.

    Esto no se dio con la ciencia maya la cual, tanto en sus comprobaciones empricas, como en sus ritos, qued li-mitada a las logias cientficas y a sus propios sacerdotes que la ejercan en cenculos exclusivos sin que trascen-diera a la comunidad transformada en valor social.

    Cabe sealar que la desaparicin de la civilizacin maya obedeci a causas todava no bien determinadas, pero que excluyen, ciertamente, el factor externo de la conquista por los espaoles, pues al momento de la lle-

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    gada de stos, los mayas no existan ya como pueblos. La destruccin cultural, que fue una caracterstica de la conquista, no pudo, por razones histricas, aplicarse al caso de los Mayas.

    La regla general de las sociedades indgenas, sin em-bargo, no fue el caso maya, sino ms bien su encuentro con las fuerzas espaolas que las sometieron e impusie-ron lengua, religin, organizacin social y valores cultu-rales, a la vez que utilizaban a los naturales americanos como fuerza de trabAjo que pasaba en un mismo tiempo y lugar por todas las formas histricas de explotacin: esclavitud, servidumbre, repartimiento, encomienda y asalariado.

    Por otra parte, las sociedades indgenas no represen-taban el esplendor cientfico de los mayas, guerrero de los aztecas y de organizacin sociopoltica de los incas, pues, sus niveles culturales no alcanzaban, ciertamen-te, tales cumbres, a la vez que se expresaban en formas tan heterogneas que recorran la ruta entre la barbarie y la civilizacin, lo que no permite, sin desnaturalizar la realidad, hablar de las sociedades indgenas como una unidad cultural, o un todo homogneo.

    Un rasgo comn, sin embargo, excepcin hecha de los sectores ilustrados de las grandes civilizaciones in-dgenas, lo fue la visin mgica del mundo y la deifica-cin de la naturaleza. Su teogona naturalista conlleva-ba no slo una visin intuitiva, que puede llegar a ser un grado altamente desarrollado de percepcin de la reali-dad, sino una visin mtica y simblica del mundo y de la vida de carcter ms bien primitivo, de la que esta-

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    ba excluida, y no es necesario explicarlo, una intuicin desarrollada y una conducta racional y crtica.

    A la llegada de los espaoles las tierras de Amrica estaban habitadas por distintos tiempos histricos, po-blada por culturas en diferentes estadios de su desarro-llo y por hombres cultural y psicolgicamente diversos a los que aproximaban, no slo una cierta caracterstica tnica, sino tambin, ya lo dijimos, una primara visin religiosa y mgica del mundo.

    La conquista impidi la continuidad en las fases as-cendentes y descendentes de la historia, en las etapas de desarrollo y las de decadencia, imposibilitando que las sociedades indgenas se movieran obedeciendo a la dialctica de sus contradicciones, y determinando, en cambio, su dinmica, a partir de una fuerza exterior que aboli la potencia generatriz interna e impuso su ritmo y concepcin de acuerdo con los intereses coloniales.

    Esto produjo una alteracin en el proceso histrico en la sociedad precolombina que incidi en la formacin y desarrollo de las sociedades coloniales y nacionales.

    La alteracin del desarrollo sea biolgico, psicolgi-co o social no se produce sin consecuencias. La alte-racin de las sociedades indgenas por la conquista y la colonia produjo atrofia e hipertrofia. Por una parte, posibilidades histricas que no llegaron a realizarse, y por la otra, expresiones desmesuradas que no guardan armona con lo que exige la realidad ni con el futuro posible. La profundizacin y transmisin de una cultura indgena que histricamente la hiciera expresarse como

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    vivencia y no como folklore o arqueologa no se dio por la ruptura que ocasion la colonia. Tampoco se produjo, y no se ha producido an, la sntesis histrica.

    La mala retrica, y la brutalidad poltica, cauces dis-tintos, pero no distante de una misma demagogia, son la expresin desmesurada de nuestro crecimiento. La bsqueda de la sntesis y de la armona es el esfuerzo enorme de amoldar para el tiempo y el espacio nuestra exuberante naturaleza histrica. Amrica Latina ha pa-decido hasta hoy la ausencia de un pasado integrado en qu fundar el presente y ha sufrido la nostalgia de los momentos no vividos y de los hechos no acaecidos.

    La fractura histrica que produjo la colonia super-puso un tipo de sociedad, la dominante espaola, a otra, la dominada indgena: pervivi, sin embargo, de lo ind-gena (por debajo de las nuevas creencias, idiomas, for-mas sociales y plexo de valores) la concepcin mtica del mundo. Una captacin mgica que emergi desde el subsuelo de la historia vino a dominar la psicologa individual y colectiva de nuestros hombres y pueblos. Junto a esto, una percepcin intuitiva primaria y una captacin espontnea de la realidad parecieran con-formar nuestra relacin con la vida natural y social. Circunstancias histricas particulares y determinado modo de produccin tanto en Espaa como en las socie-dades coloniales, primero, y en las sociedades naciona-les, despus, dejaron a nuestros pueblos y sus formas de organizacin social al margen de la Revolucin Indus-trial que habra de transformar a Europa y con ella al mundo dominante.

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    En cuanto a Espaa, las seculares guerras contra los moros y los esfuerzos de reunificacin nacional por la poca de su llegada a las costas americanas, la dejaron a la zaga en el primer proceso de mecanizacin de la produccin que se produjo mediante la incorporacin a la actividad econmica de mquinas movidas por la fuerza del hombre.

    En las colonias se instalaron diferentes formaciones sociales sobre una estructura predominantemente feu-dal, aunque la fuerza que impuls a los espaoles a la conquista respondi en forma significativa a la expan-sin mercantilista.

    En el resto de Europa en cambio, y desde mediados del siglo XV, se inici el proceso de mecanizacin ma-nual que habra de terminar con el sistema corporati-vo y de sentar las bases de la sociedad industrial que irrumpira despus con la invencin de la mquina a vapor y su aplicacin a la economa y a la produccin. Nos estamos refiriendo a las condiciones materiales de aparicin del capitalismo.

    Mientras tanto la tradicin racionalista que en Euro-pa encontr su ms alta expresin en el pensamiento de Descartes, es heredera del racionalismo griego, de la filosofa tica, aunque la razn llevada desde sus prime-ras races hasta sus ltimas consecuencias oper una transformacin cualitativa que dio origen, se generaliz y devino forma comn de la vida. En el cartesianismo la razn es esencia y existencia y define al hombre y a la vida.

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    Aunque sera excesivo e inexacto, hacer del carte-sianismo slo una consecuencia de las condiciones ma-teriales de su tiempo, en una relacin de casualidad, es pertinente hacer notar que surgi al momento en que una voluntad de dominio sobre la naturaleza, los cono-cimientos y la economa se instalaban en la vida social, y un sentido pragmtico y utilitario e la existencia se erigi en signo dominante a partir del siglo XVII.

    La razn y el mtodo fundaron la ciencia moderna que a su vez estar a la base de una tcnica aplicada a las necesidades materiales y a la produccin. Los in-tereses econmicos de la nueva sociedad exigan una tcnica en constante renovacin y una ciencia al ser-vicio del desarrollo tecnolgico. Pero tambin contri-buiran a desarrollar en una relacin dialctica todo ese universo denominado superestructura en el cual se instalarn los nuevos valores hegemnicos y entre ellos una racionalidad que ahora es reflejo de los intereses econmicos, del lucro