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El otro hist³rico .Tzvetan Todorov, La conquista de Am©rica. La cuesti³n del otro, Siglo XXI eds.,
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sujeto de la historia: la transfor-macin por el hombre-de su medio natural y social.

Otro comentario crtico es en relacin al proyecto de estudio que supone la definicin tan am-biciosa que hace la autora de la "modernizacin". Al desarrollar los diversos aspectos de la situa-cin regional se privilegia a las claras el aspecto econmico. La cuestin cultural es abordada de manera tangencial y no sistemti-ca. Por tanto queda por desarrollar esa parte de la "modernizacin" que afecta las costumbres, la fa-milia, la ideologa y la poltica locales. En s mismo el concepto de "modernizacin" es ambiguo y poco preciso. As, el hilo con-ductor de la obra se pierde en la multiplicidad de aspectos que de-bera contener el texto y se diluye el problema central.

Todos los estudios regionales tienen el riesgo de caer en prejui-cios regionalistas. El rechazo a personas y grupos procedentes del extranjero o de otraszonasesfuen-te permanente de conflictos pol-cos y discriminacin. Por el carc-

El "otro" histrico

Esteban Snchez de Tagle

Tzvetan Todorov, La conquista de Amrica. La cuestin del otro, Siglo XXI eds., 1987,277 pp.

El reconocimiento del "otro" (a la manera de los etnlogos fren-te a los pueblos llamados primiti-vos) es indudablemente una nueva posicin asumida por la ms re-

ter de su trabajo el historiador se ve en la necesidad de empapar-se en el ambiente social y cultural que pretende investigar. Debe con-siderar ese tipo de prejuicios pero adoptando una posicin crtica frente a ellos: tiene la obligacin de explicarlos sin asumirlos. Jane-Dale Lloyd llega a contaminarse de la xenofobia regional en varios momentos. Por ejemplo: coloca en el mismo plano a los capitalis-tas norteamericanos que invirtie-ron en minas y tierras en la regin y a la colonia de los mormones. Es indudable que unos y otros vinieron a desplazar a los habitan-tes originarios de la explotacin de recursos naturales, pero no de la misma manera. El lector se que-da con la duda sobre el tipo de organizacin econmica, poltica o religiosa que permiti a esa co-lonia incorporarse a la "moderni-zacin' de manera ms eficiente que el resto de los habitantes de Chihuahua.

As, se parte de un juicio impl-cito de que slo importa estudiar a los actores polticos oriundos del lugar y se adopta una actitud

ciente historiografa. La acep-tacin de la otredad del sujeto histrico ha sido ltimamente consideracin deliberada de los historiadores de la cultura. Si no, qu otra cosa hace Darton cuando levanta a la abatida Caperucita del divn de los psicoanalistas, cuan-do la deja hablamos del mundo que la imagin en la libertad de

regionalista frente a los mormones y los peones procedentes de otras partes del pas (que tampoco me-recen un anlisis a fondo). Se concluye muy rpidamente que los rancheros y medieros constitu-yen el grupo social polticamente dirigente, sin que se haga un se-guimiento de cmo vivieron y su-frieron el proceso modernizador.

Finalmente hay que decir que, a pesar de sus limitaciones, lo de-finitivamente rescatable del libro es el enfoque metodolgico, que resulta sugerente para estudios en otras regiones. El enfoque regio-nal presenta dificultades particu-lares: requiere una definicin cla-ra de la problemtica a estudiar, que ayuda a delinear los lmites de la regin; requiere de un segui-miento sistemtico de los actores sociales envueltos en la trama, y al mismo tiempo, no pueden desembarazarse de las minucias de las historias locales, ni del con-texto nacional o mundial. En tr-minos generales el libro de Jane-Dale Lloyd se ubica en una pers-pectiva adecuada, slo le faltan pginas.

su "contexto". O Le Goff con el usurero, a quien respeta hasta creerle sus miedos, sus obsesio-nes. y tantos otros cuyos temas y mtodos nos maravillan siempre 'menos que sus acercamientos al "otro" histrico.

As las cosas, irrumpe Tzvetan Todorov con un ensayo de difcil ubicacin: "La conquista de Am-

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rica. La cuestin del otro". Difcil de ubicar, porque no obstante el ttulo, no se trata de un trabajo de metodologa. Estrictamente, ni siquiera tiene el propsito de ser un libro de historia. Se trata, el autor nos previene, de una histo-ria ejemplar. Si alude a la conquis-ta de Amrica es para mostrarnos lo que no se debe hacer: la nega-cin del "otro".

Al proponer como ejemplar la zaga de la Conquista (de hecho contempla tambin al Descubri-miento) hace uso de un nada desdeable conocimiento de sus cronistas. Lingista de profesin, propone al lenguaje como instru-mento cuyas limitaciones expli-can el fracaso de los indgenas frente al embate de la cultura occidental. El lenguaje -nos dice Todorov- en tanto que tcnica de comunicacin es susceptible de comparacin, justamente en su mayor o menor capacidad de co-municar. De esa manera, nuestro autor se sirve del lenguaje para contrastar las dos culturas que se encuentran, para ponderar sus di-ferencias y hasta para ubicarlas en

La va nacionalista

Esther Acevedo

Daniel Schavelzon, La polmica del arte naciona~ 1850-1910, Fon-do de Cultura Econmica, Mxi-ca, 1988.

El tema del nacionalismo en el arte mexicano requiere de la con-sideracin de ciertos lmites; ser nacional, ser mexicano ha estado

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un orden jerrquico. En efecto, la comunicacin, la eficacia del len-guaje, es progresiva y acompaa al desarrollo de la sociedad. Por en-de, a una mejor comunicacin corresponde una sociedad en una etapa posterior de desarrollo. Si en algunos aspectos las culturas en cuestin estaban en estadios equi-valentes de desarrollo, en trmi-nos del lenguaje los europeos lle-vaban la ventaja. Esta ventaja fue la decisiva.

El ensayo, riguroso, organizado y documentado aporta una expli-cacin singular a la inquietante pregunta, sin resolucin cabal, de cmo result posible que una par-tida de aventureros derrotara a un imperio. Con seriedad y cono-cimiento sopesa los esfuerzos de comunicacin de Coln, Mocte-zuma, Corts y de varios de los ms sobresalientes cronistas, para explicar la destruccin de la cul-tura prehispnica como un fracaso de comunicacin.

Este esfuerzo cientfico tiene un explcito propsito tico: avi-sar. Tenemos que, por ello, sufrir viendo a Las Casas o a Sahagn

sealado en distintos momentos por las definiciones propuestas y buscadas por cada uno de los sec-tores. Y en ms de una ocasin, a la cultura se la ha entendido como una autoafirmacin que contribu-ye a vertebrar un proceso de co-hesin en todas las clases. El tema del nacionalismo, aun en el terre-no de la interpretacin y el co-

en el banquillo de los acusados e incapaces de defenderse: no acep-taron plenamente al "otro" ame-ricano y terminaron negndolo. Paradjicamente, un libro que quiere prevenimos del peligro del desconocimiento del "otro", no toma en cuenta al sujeto histrico de su propio ejemplo. En todo el tiempo de la lectura, quisiramos poder decirle al autor que la otre-dad, su percepcin, es tambin histrica y que Las Casas no pudo ser etnlogo.

y sin embargo se nos dijo