la critica de la razon economica y la razon .economica y la razon de la critica social josé félix

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  • LA CRITICA DE LA RAZON

    ECONOMICA Y LA RAZON

    DE LA CRITICA SOCIAL

    Jos Flix Tezanos

    Posiblemente los dos elementos de identidad

    ms importantes del socialismo desde sus orgenes

    han sido la reivindicacin de una esfera pblica en

    la economa, como reflejo de la conviccin de que

    el bien comn -lo pblico- debe prevalecer so

    bre el inters particular, y el despliegue de un

    componente de anlisis crtico contra los supues

    tos y las manifestaciones sociales injustas del orden

    econmico establecido. En definitiva, el elemento

    comn ms importante en las diferentes concep

    ciones del socialismo se ha basado histricamente en una afirmacin de la razn social y del impul

    so solidario y cooperativo, frente al individualismo insolidario y la competitividad a ultranza.

    El socialismo se ha definido en oposicin a la

    teora econmica clsica, que en buena parte no

    ha sido sino un esfuerzo intelectual impresionante

    por justificar la lgica de la desigualdad social, en aras de una eficiencia entendida en trminos de rendimiento material y de funcionalidad eco

    nmica. La cultura del socialismo se ha fundado

    en la defensa de la racionalidad social, y no de la

    mera racionalidad econmica.

    Frente a los que han intentado establecer una

    ecuacin de identidad entre eficiencia econmi

    ca, racionalidad y mercados sin lmites, intentando preservar de cuestionamiento la lgica

    del capitalismo, el socialismo ha puesto nfasis en

    sostener que el funcionamiento del conjunto social no puede valorarse slo de acuerdo a criterios de optimacin en la produccin de mercancas.

    Contra la pretendida falacia cientifista de algunos tericos del capitalismo, el socialismo ha desplegado histricamente un esfuerzo de refutacin permanente de cualquier intento de absolutizar el principio de prevalencia del criterio econmico, al margen de consideraciones polticas y sociales, en tanto en cuanto dicho principio constitua -y constituye- una verdadera inversin analtica aberrante de la lgica real. Por tanto, el socialismo parte de la conviccin de que cualquier orden social y econmico conocido es superable y perfectible y que es necesario someter a una serie crtica a todos los esfuerzos de sacralizacin y fetichizacin social.

    En nuestros das slo algunos divulgadores simplistas han tenido la sinceridad suficiente como para sostener con ciertas pretensiones tericas la tesis del fin de la historia, de la sacralizacin supuestamente cientifista del orden liberal-capitalista establecido.

    Sin embargo, aunque en los crculos intelectuales ms reputados se coincide en reconocer que la economa no existe aparte de la poltica, como la propia historia de la economa demuestra 1, lo cierto es que la dinmica de los acontecimientos histricos recientes est dando lugar a la

    1 John K. Galbraith, Historia de la economa, Ariel, Barcelona, 1989, pg. 326.

    EL SOCIALISMO DEL FUTURO N2 3, 1991 61

  • Jos Flix Tezanos

    difusin de no pocas interpretaciones mixtificadoras y simplistas, en las que el derrumbe de los sistemas comunistas se intenta elevar a categora general y universal, como demostracin de la propia disfuncionalidad e inviabilidad del modelo socialista de economa, de cualquier aproximacin socialista a un modelo alternativo y distinto de organizar la produccin y distribucin de bienes y servicios en una sociedad econmicamente desarrollada.

    Ciertamente el debate actual -y futuro- sobre el socialismo no debe quedar encerrado, y limitado, en un anlisis exhaustivo y reiterativo de las razones y causas que puedan explicar el fracaso del llamado socialismo real, como est ocurriendo en determinados crculos de la izquierda actualmente, bajo el lgico influjo inmediato de acontecimientos histricos de extraordinaria importancia. Por tanto, los socialistas debemos evitar obsesionarnos en un debate cerrado de meras explicaciones y racionalizaciones a posteriori de hechos y acontecimientos que ya son historia pasada y en cuyo anlisis sera enormemente negativo -y estril- cualquier esfuerzo por intentar justificar lo injustificable. Tenemos, pues, que tener la valenta para afrontar los hechos tal como son y para constatar con frialdad el clima de opinin que existe actualmente en crculos importantes de las sociedades ms desarrolladas, reconociendo la parte de responsabilidad que nos corresponde en la crisis de inoperancia de ciertos modelos tradicionales de crtica a la razn econmica capitalista.

    La verdad es que la crtica de la razn econmica, tal como ha venido siendo formulada hasta ahora desde diversos enfoques tericos de la izquierda, ha sido una crtica insuficiente, que ni desde la perspectiva de algunas demostraciones prcticas (regmenes comunistas), ni desde el punto de vista de la dinmica poltica concreta del mundo industrializado ( con sus carencias y en ocasiones con la falta de apoyos suficientes a las polticas socialdemcratas), ha sido capaz de someter en la prctica el imperio de la razn econmica a la razn de la crtica social. Y dicha crtica debe ser juzgada tambin por sus resultados.

    En gran parte, Marx y muchos de sus epgonos se acabaron situando en la misma estela de influencias ideologistas y de reduccionismo economicista que pretendan -y deban- combatir. La fetichizacin y absolutizacin ingenua del marxismo como doctrina acab dando lugar a un notorio descuido en el esfuerzo por desarrollar la crtica de la razn econmica y a una asun-

    cin prctica de la concepcin del hamo oeconomicus. De esta forma en el terreno del contraste

    de opiniones muchos debates en la izquierda han acabado siendo en buena medida meros debates de principios generales, poco ceidos a las realidades concretas. Durante muchos aos generaciones enteras de marxistas aplicaron un mtodo inductivo ( el mismo que en gran parte utiliz Marx para refutar las ideas de otros grandes tericos, como Ricardo). De esta manera los argumentos crticos determinados por la razn social se acabaron aplicando de manera muy pobre y parcial en la refutacin de la lgica de la razn econmica, en tanto que el desarrollo de las experiencias concretas de socialismo real no tardaron en convertir en papel mojado muchas de las brillantes teorizaciones desarrolladas a partir de aquellos enfoques.

    Por tanto, si se quiere rectificar el grado de inoperatividad crtica a que se ha llegado por esta va y si se quiere superar la tendencia actual de unilateral economizacin virtual de la reflexin terica y de la accin poltica, es preciso empezar por asumir, y superar, las insuficiencias de la crtica hasta ahora formulada a la absolutizacin de la razn econmica.

    l. INSUFICIENCIAS DE LA CRITICAHISTORICA A LA RAZON ECONOMICA

    En un escrito de esta naturaleza no es posible detenerse en un anlisis detallado de las insuficiencias y limitaciones del marxismo como crtica de la razn econmica capitalista.

    No se trata solamente de cuestionar la propia validez del mtodo que Marx utiliz, sino que hay que ser conscientes tambin de las propias posibilidades del contexto en que Marx desarroll sus teoras. La cuestin que habra que plantearse legtimamente, en este sentido, es en qu medida el marxismo no fue acaso sino un intento prematuro de formular una teora de transicin al socialismo, formulada en el siglo XIX, a partir de sociedades que an no haban evolucionado plenamente del agrarismo al propio industrialismo. Y, por tanto, a partir de un conocimiento emprico insuficiente de la realidad -y de las contradicciones e insuficiencias- del nuevo modelo de sociedad industrial.

    Actualmente, cuando ya disponemos de un conocimiento detallado de la dinmica del capitalismo, tiene poco sentido continuar formulando la crtica a la razn econmica del capitalismo a par-

    62 N2 3, 1991 EL SOCIALISMO DEL FUTURO

  • La crtica de la razn econmica y la razn de la crtica social

    tir de los anlisis heredados de Marx, en la medida en que dichos anlisis constituyen en gran parte una crtica de base no emprica a fantasmas del pasado, referida a problemas y contextos sociales en buena parte superados. De ah su inoperancia.

    Sin embargo, no por ello debemos desconocer que desde un punto de vista histrico los trabajos de Marx constituyeron un esfuerzo intelectual de un valor erudito impresionante y de una virtualidad precisa en cuanto a la intencin que constituye, sin duda, su aportacin bsica: el intento de someter a crtica la razn econmica de los economistas clsicos, precisamente en unos momentos histricos en los que alcanzaba un mayor significado el componente autnticamente innovador y rupturista de sus teoras.

    Tras muchos aos de funcionamiento de un modo de organizacin econmico-social agrario, basado en unas concepciones poco innovadoras y alteradoras de los modelos de relaciones hombre-naturaleza, y a partir de las coordenadas de un orden social y cultural bastante estable, lo cierto es que los adalides de la Revolucin industrial supieron introducir en la teora y en la prctica unas nuevas y revolucionarias concepciones sobre las relaciones sociedad-hombre-naturaleza, basadas en la conviccin de que a partir de la naturaleza dada se poda obtener mucha ms riqueza y nuevas y mayores posibilidades que las que nos ofreca originaria y espontneamente.

    Conceptos como los de capital y los de trabajo productivo implicaban enfoques e ideas profundamentes innovadoras que suponan una autntica ruptura con el orden preindustrial. Ideas que lgicamente vinieron precedidas por experiencias econmicas y sociales de transicin y que fueron impulsadas por vigorosos movimientos culturales e ideolgicos postuladores del cambio. Por ello, es en este preciso contexto de cambios, y a la luz de las nuevas experiencias histricas -y de sus primeros resultados y conmociones-, en el que deben entenderse las primeras formulacio