immanuel kant: critica de la razon practica

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Immanuel Kant: Critica de la razon practica PROLOGO ¿Por qué esta crítica no lleva el título de Crítica de la razón práctica pura, sino simplemente de la razón práctica, a pesar de que el primero parece exigido por el paralelismo de esta razón con la especulativa? Lo explica suficientemente este estudio. Su, propósito es exponer que existe una razón práctica pura, y con este designio critica toda su facultad práctica. Si lo logra, no necesita criticar la facultad pura con el objeto de ver si la razón no va con esa facultad más allá de una mera presunción (como seguramente sucede con la especulativa), pues si como razón pura es realmente práctica, demuestra su realidad y la de sus conceptos mediante hechos, y en vano será todo sutilizar contra la posibilidad de que sea real. A la vez que esta facultad, consta también en lo sucesivo la libertad trascendental, y por cierto que tomada en aquella acepción absoluta en que la razón especulativa la necesita en el uso del concepto de causalidad para salvarse contra la antinomia en que cae inevitablemente cuando quiere pensar lo absoluto en la serie del enlace causal, concepto que sólo podía formular problemáticamente -como no imposible de pensar-, pero sin asegurar su realidad objetiva, antes bien únicamente para no ser impugnada en su esencia y precipitada en un abismo de escepticismo porque se pretendiera que es imposible lo que por lo menos debe considerarse como concebible.

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  • 1. CRITICA DE LA RAZN PRACTICAIMMANUEL KANTLibera los Libros

2. Traduccin de J. Rovira ArmengolEdicin cuidada por Ansgar KleinTtulo del original alemn: Kritik der reinen Vernunft 2003, Editorial La Pgina S.A.Editorial Losada S.A. Buenos Aires Todos los derechos reservados. ISBN: 987-503-349-9Queda hecho el depsito que marca la ley 11.723 3. IndicePROLOGO..........................................................................................................................................4INTRODUCCIN...........................................................................................................................14ANALTICA DE LA RAZN PRACTICA PURA .....................................................................16DE LOS PRINCIPIOS DE LA RAZN PRACTICA PURA........................................................16DEL CONCEPTO DE UN OBJETO DE LA RAZN PRACTICA PURA..................................51DE LOS MVILES DE LA RAZN PRACTICA PURA............................................................64DIALCTICA DE LA RAZN PRACTICA PURA ...................................................................94DE UNA DIALCTICA DE LA RAZN PRACTICA PURA ....................................................94DE LA DIALCTICA DE LA RAZN PURA EN LA DETERMINACIN DEL CONCEPTODE BIEN SUPREMO.....................................................................................................................97METODOLOGA DE LA RAZN PRACTICA PURA ...........................................................129CONCLUSIN..............................................................................................................................138 4. PROLOGOPor qu esta crtica no lleva el ttulo de Crtica de la razn prctica pura, sinosimplemente de la razn prctica, a pesar de que el primero parece exigidopor el paralelismo de esta razn con la especulativa? Lo explicasuficientemente este estudio. Su, propsito es exponer que existe una raznprctica pura, y con este designio critica toda su facultad prctica. Si lo logra,no necesita criticar la facultad pura con el objeto de ver si la razn no va conesa facultad ms all de una mera presuncin (como seguramente sucede conla especulativa), pues si como razn pura es realmente prctica, demuestra surealidad y la de sus conceptos mediante hechos, y en vano ser todo sutilizarcontra la posibilidad de que sea real.A la vez que esta facultad, consta tambin en lo sucesivo la libertadtrascendental, y por cierto que tomada en aquella acepcin absoluta en que larazn especulativa la necesita en el uso del concepto de causalidad parasalvarse contra la antinomia en que cae inevitablemente cuando quierepensar lo absoluto en la serie del enlace causal, concepto que slo podaformular problemticamente -como no imposible de pensar-, pero sinasegurar su realidad objetiva, antes bien nicamente para no ser impugnadaen su esencia y precipitada en un abismo de escepticismo porque sepretendiera que es imposible lo que por lo menos debe considerarse comoconcebible.El concepto de libertad, en la medida en que su realidad pueda demostrarsemediante una ley apodctica de la razn prctica, constituye la coronacin detodo el edificio de un sistema de la razn pura, aun de la especulativa, ytodos los dems conceptos (Dios y la inmortalidad) que en sta carecen deapoyo como meras ideas, se enlazan con este concepto, y con l y gracias a ladquieren existencia y realidad objetiva, es decir, que su posibilidad sedemuestra por el hecho de que la libertad es real, pues esta idea se revelamediante la ley moral.Pero, adems, de todas las ideas de la razn especulativa, la libertad es lanica de la cual sabemos a priori la posibilidad, aunque sin inteligirla, porquees la condicin1 de la ley moral que sabemos. Pero las ideas de Dios e1Para que en esto no se pretenda ver inconsecuencias considerando que ahora denominoa la libertad condicin de la ley moral y luego sostengo en este estudio que la ley moral esla condicin bajo la cual adquirimos por vez primera conciencia de la libertad, me limitara recordar que la libertad es en todo caso la ratio essendi de la ley moral y la ley moral laratio cognoscendi de la libertad. En efecto, si no pensramos previamente la ley moral en 5. inmortalidad no son condiciones de la ley moral, sino solamente condicionesdel objeto necesario de una voluntad determinada por esta ley; es decir, deluso meramente prctico de nuestra razn pura; por lo tanto, tampoco de esasideas podemos sostener que conocemos e inteligimos, no dir solamente larealidad, sino ni siquiera la posibilidad. Y, no obstante, son las condiciones dela aplicacin de la voluntad moralmente determinada a su objeto que le esdado a priori (el bien supremo). Por consiguiente, en este aspecto prcticopuede y debe suponerse su posibilidad, aunque no conocerla ni inteligirlatericamente. Para el ltimo requisito es suficiente, en el aspecto prctico, queno contengan ninguna imposibilidad intrnseca (contradiccin). Aqu haysolamente un motivo para el asentimiento, motivo que es meramentesubjetivo en comparacin con la razn especulativa y, sin embargo,igualmente vlido objetivamente para una razn pura pero prctica; por locual se proporciona realidad objetiva y competencia a las ideas de Dios einmortalidad gracias al concepto de libertad, y aun necesidad subjetiva(requerimiento de la razn pura) de suponerlas, aunque no por eso se amplala razn en el conocimiento terico, sino que solamente se da la posibilidadque antes era slo problema y aqu se convierte en asercin, y as el usoprctico de la razn se enlaza con los elementos del uso terico. Y estanecesidad no es por cierto hipottica, propia de una intencin arbitraria de laespeculacin, en el sentido de que sea preciso admitir algo si se quiere llegar ala perfeccin del uso de la razn en la especulacin, sino una necesidad legalde suponer algo sin lo cual no puede suceder lo que cada uno debe ponerseineluctablemente como intencin del hacer y dejar de hacer.En todo caso, para nuestra razn especulativa sera ms satisfactorio resolverde suyo esos problemas sin ese rodeo y conservarlos como inteleccin para eluso prctico; pero nuestra facultad de la especulacin no ha sido tan bientratada. Quienes se precian de tan elevados conocimientos no deberan tenerreserva con ellos, antes bien exponerlos pblicamente a examen yapreciacin. Pretenden demostrar -muy bien! demuestren pues- y la crticapondr toda su argumentacin a sus pies considerndolos vencedores. Quidstatis? Nolunt. Atqui licet esse beatis. Mas como en realidad no quieren -es desuponer que porque no pueden-, tenemos que abordar nosotros de nuevoesos problemas para buscar y fundar en el uso moral de la razn losconceptos de Dios, libertad e inmortalidad, para los cuales no halla la es-peculacin garanta suficiente de su posibilidad.nuestra razn con claridad, nunca tendramos derecho a suponer algo que fuera libertad(aunque sta no se contradiga). Pero si no hubiera libertad, no cabra hallar en nosotros laley moral. 6. Aqu es donde se explica tambin por vez primera el enigma de la crtica:cmo es posible negar la realidad objetiva al uso suprasensible de lascategoras en la especulacin y concederles, no obstante, esta realidadrespecto de los objetos de la razn prctica pura? Pues eso debe tener elaspecto de inconsecuente mientras slo se conozca de nombre ese usoprctico. Pero si ahora, mediante un anlisis completo de ste se advierte quela realidad concebida en este caso no aspira a llegar a una determinacinterica de las categoras ni a una ampliacin del conocimiento hacia losuprasensible, sino que lo nico que se pretende en este caso es que en esteaspecto les corresponda siempre un objeto -porque o bien estn contenidas apriori en la necesaria determinacin de la voluntad o inseparablementeenlazadas con su objeto-, aquella inconsecuencia desaparece porque se hacede aquellos conceptos otro uso que el que la razn especulativa necesita. Encambio, se obtiene entonces una confirmacin -muy satisfactoria y que antesdifcilmente caba esperar- del modo de pensamiento consecuente de la crticaespeculativa por el hecho de que sta slo acepte como fenmenos los objetosde la experiencia como tales y entre ellos nuestro propio sujeto, perorecomiende poner como fundamento cosas en s, o sea no considerar que todolo suprasensible es invento y su concepto vaco de contenido: la raznprctica proporciona ahora realidad por s misma -y sin haberse puesto deacuerdo con la especulativa- a un objeto suprasensible de la categora decausalidad: a la libertad (aunque, como concepto prctico, slo para el usoprctico), confirmado pues con un hecho aquello que all slo poda pensarse.Con ello adquiere tambin su cabal confirmacin en la crtica de la raznprctica la afirmacin, asombrosa aunque indiscutible, de la crticaespeculativa de que an el sujeto pensante es mero fenmeno para l mismoen la intuicin interna, hasta el punto de que es preciso venir a ella aunque laprimera no hubiese podido demostrar esta proposicin2.Con esto entiendo tambin por qu las objeciones ms considerables quehasta ahora se me han hecho contra la Crtica, giran precisamente en torno aestos dos polos: por una parte, la realidad objetiva de las categoras aplicadasa noumena, negada en el conocimiento terico y afirmada en el prctico, y porotra, la paradjica exigencia de hacerse a s mismo noumenon, como sujeto dela libertad, pero al propio tiempo tambin fenmeno, respecto de la2La unin de la causalidad como libertad con ella como mecanismo natural, la primeramediante la ley moral y la segunda mediante la ley natural -y precisamente en un mismosujeto: el hombre es imposible sin representar ste en relacin con la primera como enteen s y en la segunda como fenmeno, lo primero en la conciencia pura, lo ltimo en laemprica. Sin esto es inevitable la contradiccin de la razn consigo misma. 7. naturaleza, en su propia conciencia emprica. En efecto, mientras no se lleg aconceptos determinados de moralidad y libertad, no era posible adivinar, poruna parte, qu