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El Mito de Apolonio de Tiana

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Ren Girard

Segunda parte

La solucin al enigma de los mitos

IV. EL HORRIBLE MILAGRO DE APOLONIO DE TIANAApolonio de Tiana era un clebre gur del siglo II. En los medios paganos sus milagros se consideraban muy superiores a los de Jess. El ms espectacular fue, sin duda, la erradicacin de una epidemia de peste en la ciudad de feso. Gracias a Flavio Filstrato, escritor griego del siglo siguiente y autor de una Vida de Apolonio de Tiana, contamos con un relato de este episodio.Los efesios no podan librarse de la epidemia. Tras intentar intilmente muchos remedios, se dirigieron a Apolonio, quien, por medios sobrenaturales, se plant en un abrir y cerrar de ojos en feso y Es anunci la inmediata desaparicin de la epidemia:

Hoy mismo pondr fin a esa epidemia que os abruma. Tras pronunciar estas palabras, condujo al pueblo al teatro, donde se alzaba una imagen del dios protector de la ciudad. Vio all a una especie de mendigo que parpadeaba como si estuviera ciego y llevaba una bolsa con un mendrugo de pan. Iba cubierto de harapos, y su aspecto tena algo que repela.

Tras colocar a los efesios en crculo en torno al mendigo. Apolonio les dijo: Coged tantas piedras como podis y arrojadlas sobre este enemigo de los dioses. Los efesios se preguntaron adnde quera ir a parar Apolonio. Los escandalizaba la idea de matar a un desconocido manifiestamente miserable que les peda suplicante que tuvieran piedad de el. Insista Apolonio e instaba a los efesios a lanzarse contra l, a impedirle que escapara.

A partir del momento en que algunos de ellos, obedeciendo sus indicaciones, empezaron a arrojarle piedras, el mendigo, que por el parpadeo de sus ojos pareca ciego, les lanz sbitamente una mirada penetrante que mostr unos ojos llenos de fuego. Y los efesios, convencidos entonces de que tenan que habrselas con un demonio, lo lapidaron con tanto ahnco, que las piedras arrojadas formaron un gran tmulo alrededor de su cuerpo.

Pasado un momento, Apolonio los invit a retirar las piedras y contemplar el cadver del animal salvaje al que acababan de matar. Una vez liberada la criatura del tmulo de proyectiles, comprobaron que no era un mendigo. En su lugar vieron una bestia que se asemejaba a un enorme perro de presa, tan grande como el mayor de los leones. All estaba, ante ellos, reducido a una masa sanguinolenta por sus pedradas y vomitando espuma como un perro rabioso. En vista de lo cual se alz una estatua a Heracles, el dios protector de feso, en el lugar en que se haba expulsado al espritu maligno..

I. Doy las ms sinceras gracias al profesor Eduardo Gomales por haberme dado a conocer este texto.

Tal fue el horrible milagro. Si su autor hubiera sido cristiano, se le habra acusado, sin duda, de calumniar al paganismo. Pero Filstrato era un pagano militante, decidido a defender la religin de sus antepasados. El asesinato del mendigo le pareca apropiado para reforzar la moral de sus correligionarios y su resistencia al cristianismo. En el plano que hoy llamaramos meditico, no se equivocaba. Su libro tuvo un xito tal que en el siglo iv Juliano el Apstata volvi a ponerlo en circulacin, en el marco de su tentativa, la ltima, para salvar al paganismo.

Por fantstica que parezca la conclusin, el relato de Filstrato es demasiado rico en detalles concretos para ser pura invencin.

El milagro consiste en desencadenar un contagio mimtico tan intenso que acaba polarizando a toda la poblacin de la ciudad contra el infortunado mendigo. La negativa inicial de los efesios es el nico rayo de luz en este tenebroso texto, pero Apolonio hace todo lo que puede para apagarlo, y lo logra. Los efesios se ponen a lapidar a su vctima con tal rabia, que acaban por ver en ella lo que Apolonio les pide que vean: el culpable de todos sus males, el demonio de la peste, ese demonio del que primero han de librarse si quieren curar a la ciudad.

Para describir el comportamiento de los efesios tras el inicio de la lapidacin, se siente la tentacin de recurrir a una expresin moderna, muy manida, sin duda, quizs debido a su exactitud: la de liberacin. Cuanto ms obedecen los efesios a su gur, ms se transforman en una multitud histrica y ms logran liberarse a costa del desgraciado mendigo.

Otra frmula clsica viene enseguida a la mente, tan manida como la primera, y tan exacta tambin: absceso de fijacin, una expresin muy utilizada en los buenos tiempos del comparatismo religioso.

Al canalizar hacia un blanco universalmente aceptado el contagio violento que ha desencadenado entre los efesios, Apolonio satisface un apetito de violencia que tarda algn tiempo en despertarse, pero que, cuando lo hace, slo puede aplacarse a base de pedradas contra la vctima designada por el gur. Una vez liberados, despus de que el absceso de fijacin haya desempeado su papel, los efesios descubren que ha terminado la epidemia.

Pero hay una tercera metfora, esta vez no moderna, sino antigua, la de la catarsis o purificacin, empleada por Aristteles para describir el efecto de las tragedias sobre los espectadores. Y que designa, en primer lugar, el efecto sobre los participantes de los sacrificios rituales, las sangrientas inmolaciones...

El milagro est preado de una enseanza propiamente religiosa que se nos escapara si lo considerramos imaginario. Lejos de ser un fenmeno aberrante, ajeno a todo lo que sabemos respecto al mundo griego, la lapidacin del mendigo recuerda ciertos antecedentes religiosos muy clsicos, los sacrificios de pharmaki, por ejemplo, verdaderos asesinatos colectivos de individuos semejantes al mendigo de feso. Volveremos enseguida sobre esto.

El prestigio de Apolonio es tanto mayor porque no es consecuencia de una simple superchera. La lapidacin se considera milagrosa porque pone fin a las quejas de los efesios. Pero de lo que aqu se trata, dir el lector, es de la peste. Cmo el asesinato de un mendigo, por muy unnimemente que se haya realizado, puede terminar con una epidemia semejante?

Estamos en un mundo, el antiguo, en el que la palabra peste se emplea a menudo en un sentido que no es el estrictamente mdico. Casi siempre el trmino implica una dimensin social. Hasta el Renacimiento, all donde surgen las verdaderas epidemias, stas perturban las relaciones sociales. Y all donde las relaciones sociales se ven perturbadas, la idea de epidemia puede surgir. La confusin es tanto ms fcil porque ambas pestes son igual de contagiosas.

Si Apolonio hubiera intervenido en un contexto de peste bacteriana, la lapidacin no habra tenido ningn resultado frente a la