del álbum de un cazador - ies ordoÑo...

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Author: lyphuc

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  • Del lbum de un cazador recogeimpresiones de la vida rural cazadasal vuelo por un autor que en susandanzas por los campos y lasaldeas de Rusia supo plasmar susobservaciones de primera mano conhumor y poesa. Las ancdotas,retratos e impresiones lricas quecomponen este retablo de la vidacampestre muestran la vida de loscampesinos y los siervos sineufemismos y con total inmediatez.Cuando estas prosas se publicaronpor primera vez en un volumen, en1852, provocaron tanta controversia

  • que Turguniev fue detenido yconfinado en arresto domiciliariodurante meses en su hacienda deSpasskoie. Estos esbozos ocupanhoy un lugar especial en la literaturadel siglo XIX: ms all de su valordocumental y la influencia decisivaque tuvieron en la subsiguiente ydefinitiva emancipacin de lossiervos, las prosas reunidas en Dellbum de un cazador se leen comorelatos, las primeras joyas de unescritor que ms tarde dejara parala Historia obras maestras comoPrimer amor y Padres e hijos.

  • Ivan Turguniev

    Del lbum de uncazador

    ePub r1.0Daruma 26.09.14

  • Ttulo original: Zapiski OkhotnikaIvan Turguniev, 1852Traduccin: James y Marian WomackDiseo de cubierta: Daruma

    Editor digital: DarumaePub base r1.1

  • NOTA DEL EDITOR

    Del lbum de un cazador fue publicadopor primera vez por entregas en larevista Sovremnnik (Elcontemporneo) entre 1847 y 1851. Lapresente traduccin sigue el texto de laprimera edicin amalgamada de dichostextos publicada en 1852. En 1872 y en1874 Turgunev public otros tres textosque fueron incluidos en ediciones

  • posteriores de Del lbum de uncazador. Sin embargo, estos textosfueron escritos por encargo con motivode ocasiones especficas, como es elcaso de Zhivye Moschi (Costal dehuesos), que lejos de pertenecer a lacoleccin fue concebido para obtenerbeneficios para la causa de las vctimasdel hambre. Aunque no desmerecen asus antecesores, no acaban de encajarcomo parte del todo orgnico que elpropio Turgunev concibi cuandoreuni los textos en su primera edicinde 1852. Los traductores han utilizado laedicin de la Academia de las CienciasRusa de esta primera y fresca versin de

  • Del lbum de un cazador.

  • EL TURN YKALNICH

    Quien haya viajado desde el distrito deBoljov hasta la regin de Zhizdra sinduda se habr asombrado por lasmarcadas diferencias de carcter entrelas gentes de la provincia de Oriol y lasde Kaluga. El campesino de Oriol es unhombre de corta estatura, encorvado,cabizbajo, acostumbrado a mirarte por

  • debajo de las cejas y a vivir en cabaasmiserables de madera de lamo, cobrapor faena, no se inmiscuye en locomercial, come mal y luce lapti[1];mientras que el campesino de Kaluga,que paga su renta en especies, estacostumbrado a espaciosas cabaas demadera de pino, es alto, de complexinrobusta, sus ojos son vivarachos y mirade frente, con aspecto limpio y plido,comercia en grasas y brea y calza botaslos das de fiesta. Una aldea de Oriol(me refiero a las partes ms orientalesde la provincia de Oriol), sueleencontrarse entre campos sembrados ycerca de algn barranco que, de una

  • forma u otra, se ha transformado en unestanque sucio. Aparte de algn sauceque se tenga a mano, o un par deesculidos abedules, no habr un solorbol visible en muchas verstas[2]; lascabaas se sucedern unas a otras, sustejados cosidos con paja podrida Unaaldea de Kaluga, por otra parte, estarrodeada en su mayor parte por bosques;las cabaas sern ms independientesunas de otras, estarn mejor alineadas,adems de poseer tejados de tabla; lasverjas cierran bien, los cercados debarro que rodean el patio no se hancado hacia dentro, ofreciendo paso alprimer cerdo vagabundo Y para el

  • cazador la provincia de Kaluga ofrecemuchas ventajas. En la provincia deOriol, las ltimas zonas de bosque y deplazas[3] desaparecern en unos cincoaos y no existen zonas pantanosas;mientras que en la provincia de Kalugalas zonas de bosque se extienden porcentenares, y las cinagas por docenasde verstas, y ese noble pjaro, elurogallo, no ha desaparecido todava;abunda la becada bondadosa, as comola ruidosa perdiz, que con su revoloteoestrepitoso causa tanto alborozo comoterror al cazador y a su perro.

    Cazando en la regin de Zhizdra mehice amigo de un pequeo terrateniente

  • de Kaluga, Polutikin, apasionadocazador y, por consiguiente, excelentepersona. Hay que admitir que habaadquirido un par de debilidades: porejemplo, cortejaba a todas las jvenesricas de la provincia y, cuando se ledenegaban tanto sus manos como laadmisin a sus casas, confesaba suinmensa desdicha a todos sus amigos yconocidos sin dejar por ello de enviarpresentes a los padres de las muchachas,melocotones amargos y otros manjaresde su jardn; le gustaba repetir la mismaancdota, la cual, a pesar de la altaopinin que el seor Polutikin poseasobre ella, no lograba arrancar risas de

  • nadie; elogiaba los trabajos de AkimNajmov y la novela corta Pinna[4];tartamudeaba; llamaba Astrnomo a superro; en lugar de decir pero deca noobstante, e introdujo la cocina francesaen su casa, el secreto de la cual, deacuerdo con las ideas de su cocinero,consista en alterar por completo elsabor natural de cada plato. En lasmanos de este maestro la carne parecapescado, el pescado setas, y losmacarrones polvo; es ms, no sepermita la inclusin de ningunazanahoria en sus sopas si antes no habaasumido una figura de rombo o trapecio.Pero dejando a un lado aquellos

  • defectos parcos e insignificantes, elseor Polutikin era, como he dicho, untipo excelente.

    El da de nuestro encuentro Polutikinme invit a pasar la noche en su casa.

    Estamos a unas cinco verstas aadi, un largo camino a pie, as queacerqumonos antes a ver al Turn. (Ellector me permitir que no reproduzcasu tartamudeo).

    Y quin es ese Turn?Uno de mis campesinos No

    vive lejos de aqu.Nos pusimos en marcha. La aislada

    cabaa del Turn se encontraba en mitadde un bosque, en un claro destinado a la

  • labranza. Eran varias construcciones demadera de pino unidas por verjas; unatechumbre sobre el conjunto, sostenidopor finos pilares, recorra el frontal dela cabaa principal. Entramos. Nosrecibi un joven de unos veinte aos deedad, alto y apuesto.

    Ah, Fedia! Est el Turn encasa? le pregunt Polutikin.

    No, el Turn ha ido a la ciudad respondi el joven, sonriendo ymostrando una hilera de dientes blancoscomo la nieve. Desea que leenganche el carro?

    S, hijo, engnchalo. Y trenosalgo de kvas[5].

  • Entramos en la cabaa. Las paredeslimpias recorridas por travesaos noestaban cubiertas de pinturas baratascomo las que se realizan en Suzdal. Enuna esquina, ante el pesado icono metidoen su marco de plata, arda unalamparita; la mesa, de madera de tilo,haba sido limpiada recientemente, yentre los travesaos y los marcos de lasventanas no haba ni escarabajoscorreteando ni cucarachas mediodormidas. El muchacho no tard enaparecer con una enorme jarra blancallena de un kvas riqusimo, una rebanadade pan de trigo y una docena depepinillos salados en un cuenco de

  • madera. Coloc las viandas sobre lamesa, se apoy contra el marco de lapuerta y se dedic a observarnossonriendo mientras comamos. Salimos.Un muchacho de unos quince aos, depelo rizado y mejillas sonrosadas,estaba sentado en el pescante ycontrolando con dificultad al caballo poy juguetn. Rodeaban el carromato unosseis jvenes gigantescos, todos muysimilares entre s y al propio Fedia.

    Son todos muchachos del Turncoment Polutikin.

    Somos los chicos del Turn repiti Fedia, que nos haba seguidohasta el porche y no estamos todos

  • aqu. Potap est en el bosque, y Sdor haacompaado al viejo Jor a la ciudadDespacio, Vasia continu,dirigindose al joven cochero,recuerda que llevas al seor! Cuidadocon los socavones o rompers el carro ymarears al seor!

    El resto de los hermanos del Turnfestejaron con amplias sonrisas la graciade Fedia.

    Dejemos que se siente Astrnomoexclam Polutikin con aire solemne.

    Fedia levant en el aire al perro, quesonrea nervioso, no sin cierto regocijo,y lo deposit en el suelo del carro. Vasiaaplic el ltigo a los caballos. Nos

  • pusimos en marcha.Y esa de ah es mi oficina dijo

    de repente Polutikin, sealando unacasita diminuta de paredes bajas. Legustara verla por dentro?

    Por supuesto.Ahora no la uso mucho explic,

    descendiendo del carro, pero merecela pena echarle un vistazo.

    La oficina consista en doshabitaciones vacas. Desde el patiotrasero, el guarda, un anciano enjuto,corri a recibirnos.

    Buenos das, Miniich dijo elseor Polutikin, tienes por ah algode esa agua?

  • El anciano guarda se alej y regresde inmediato con una botella y dosvasos.

    Bebimos cada uno un vaso llenohasta arriba, mientras el anciano nosobsequiaba con profundas reverencias.

    Bueno, ya es hora, o eso creo, deque nos vayamos coment mi nuevoamigo. En esta oficina consegu abuen precio cuatro desiatinas[6] deforesta del comerciante Alliliev.

    Tomamos nuestros asientos en elcarruaje y en media hora entrbamos enel patio delantero de la mansin dePolutikin.

    Dime, te lo ruego le pregunt

  • durante la cena, por qu razn elTurn vive apartado del resto de tuscampesinos?

    Vive apartado porque es el mslisto que tengo. Har unos veinticincoaos su cabaa se quem, y vino a ver ami difunto padre y le dijo: Se lo ruego,Nikoli Kzmich, permtame vivir enalguna zona cenagosa del bosque. Lepagar un alquiler sustancioso. Y porqu quieres irte a vivir a una cinaga?.Pues ver, seor, Nikoli Kzmich; lonico que le pido, seor, es que no meexija que la trabaje, sino que fije unalquiler apropiado. Cincuenta rublosal ao!. Gracias, seor. Pero ten

  • cuidado de no retrasarte en ningnpago!. Por supuesto, seor, no meretrasar. As que se asent en mitadde la cinaga. Y desde entonces se leconoce como el Turn.

    Y es de suponer que se ha hechorico? pregunt.

    As es. Ahora me paga cien rublosal ao de alquiler, y es probable que selo suba pronto. Muchas veces le hedicho: Cmprate, Turn, compra tulibertad!. Pero el muy bestia siempreme asegura que no tiene nada con quhacerlo, ni dinero ni nada Porsupuesto que no!

  • Al da siguiente, justo despus del t dela maana, marchamos a una excursinde caza. Al pasar por la aldea mi amigoPolutikin orden al cochero que sedetuviese en una cabaita insignificantey achaparrada, y grit a todo pulmn:

    Kalnich!En seguida, seor! respondi

    una voz desde el patio. Me estoyponiendo el lapot.

    Continuamos al paso, y acabbamosde salir de la aldea cuando nos alcanzun hombre de unos cuarenta aos, alto,delgado, de cabeza pequea y enjuta. Setrataba de Kalnich. A primera vista me

  • agrad su rostro generoso, colorado ycon marcas de viruela. Kalnich (comome enterara ms tarde) acostumbraba asalir todos los das de cacera con suseor, y cargaba el morral, en ocasionesla escopeta, observaba dnde habancado los pjaros, ejerca de aguador,recoga fresas salvajes, erigaconstrucciones en las que guarecerse ycorra detrs del droshki[7]; sin lPolutikin no poda dar ni un paso.Kalnich era el hombre ms alegre ydispuesto que pueda imaginarse; sepasaba el rato canturreando, mirando asu alrededor con aire resuelto ymascullando en su voz nasal, sonriente y

  • entrecerrando sus ojillos azules, ymesndose con frecuencia la barbaescasa y bien recortada. Caminabadespacio pero a largas zancadas,apoyndose levemente en un bastnlargo y fino. En el curso del daintercambi algunas palabras conmigo,sin actitud servil hacia mi persona; sinembargo, cuidaba de su seor como sifuera un nio. Cuando el calorinsoportable del medioda nos oblig acobijarnos, nos condujo hacia lo msprofundo del bosque, al lugar en el queguardaba sus abejas. Kalnich nos invita entrar en su pequea cabaa, adornadacon manojos de hierbas aromticas

  • secas, prepar heno fresco, y acontinuacin se coloc una especie desaco sobre la cabeza, cogi un cuchillo,un tarro y un tizn, y se dirigi hacia susabejas para cortarnos un panal. Nosbebimos la miel, transparente y clidacomo el agua de un manantial, y nosadormilamos acunados por el montonozumbido de las abejas y el parloteosusurrante de las hojas.

    Me despert una delicada brisa.Abr mis ojos y vi a Kalnich. Estabasentado en el umbral de la puerta medioabierta tallando una cuchara de madera.Pas largo rato admirando su rostrodulce y puro como el cielo de la tarde.

  • El seor Polutikin tambin se despert.No nos incorporamos de inmediato.Despus de una larga caminata y unsueo profundo es muy agradablequedarse tranquilamente tumbado sobreel heno: el cuerpo se relaja, lnguido, undbil calor inunda el rostro y una dulceholgazanera mantiene los ojos cerrados.Al cabo nos levantamos y volvimos aponernos en marcha, hasta el anochecer.Durante la cena dirig una vez ms lacharla hacia el Turn y Kalnich.

    Kalnich es un buen hombre medijo el seor Polutikin, diligente,servicial, buen campesino. No logramantener sus tierras en orden porque

  • siempre me lo estoy llevando comoacompaante. Sale conmigo de cazatodos los das Juzgue usted mismo loque le ocurre a su tierra.

    Me mostr de acuerdo con l, y nosfuimos a la cama.

    Al da siguiente, Polutikin tena que ir ala ciudad por asuntos relacionados consu vecino, Pichkov. Pichkov habaarado parte de la propiedad dePolutikin, y en este terreno arado hastahaba administrado una tunda a una delas siervas de Polutikin. Sal de cazasolo, y poco antes del crepsculo meencontr en la propiedad del Turn. En

  • el umbral de su casa me recibi unanciano calvo, de pequea estatura,fornido y de hombros anchos: se tratabadel propio Turn. Lo mir con grancuriosidad. Sus rasgos me recordaban aScrates: tena la misma frente alta yprotuberante, los mismos ojos pequeos,la misma nariz respingona. Entramosjuntos en la cabaa. De nuevo Fediatrajo algo de leche y pan negro. El Turnse sent en un banco y, masajendose labarba rizada con la mayor calma quepueda imaginarse, inici unaconversacin conmigo. Era conscientede su posicin, sus movimientos ypalabras eran pausados, y solo de

  • cuando en cuando se le escapaba unarisilla entre sus considerables bigotes.

    Conversamos sobre la siembra, lacosecha, la vida del campesinado engeneral Pareca coincidir conmigo enla mayora de las cosas; al cabocomenc a sentirme algo incmodo,como si no estuviera diciendo locorrecto Todo cuanto sala de mi bocacomenz a parecerme extrao. El Turnde vez en cuando se expresaba de unaforma algo enrevesada y cautelosaReproduzco un ejemplo de nuestraconversacin:

    Escucha, Turn le deca yo,por qu no le compras tu libertad a tu

  • amo?Y por qu debera hacerlo?

    Conozco bien a mi amo y s cunto debopagarle por arrendar las tierras. Mi amoes un buen hombre.

    Pero ser un hombre libre debe sermejor coment.

    El Turn me mir de soslayo.Eso es bien cierto murmur.Entonces, por qu no hacerlo?El Turn gir un tanto la cabeza.Y con qu, seor mo, podra

    comprar m libertad?Venga ya, ancianoSi el Turn se encontrara entre la

    gente libre continu en un susurro,

  • como si hablara consigo mismo,entonces cualquier imberbe sera msimportante que l.

    Pues afitate la barba.Y de qu sirve una barba? Un

    barba es como la hierba, la puedescortar.

    Y entonces a qu te refieres?Mira, la cosa es as: el Turn se

    encontrara de buenas a primeras entrecomerciantes; los comerciantes vivenbien, eso no lo niego, y tienen barbas.

    Pero no te dedicas ya alcomercio? le pregunt.

    Un poquito, algo de aceite por ah,algo de brea por all Qu me dices,

  • seor, pido que te preparen el carro?Ests muy seguro de tus propias

    opiniones, y sabes controlar la lengua,me dije.

    No dije en voz alta. Nonecesito el carro. Pienso continuarcazando por esta zona maana, y, si melo permites, me gustara pasar la nocheen tu granero.

    Encantado. Ests seguro de queestars bien en el granero? Le dir a lasmujeres que te preparen una sbana yuna almohada. Eh, muchachas, venid!grit, ponindose de pie. Y t,Fedia, ve con ellas. Las mujeres sontontas.

  • Un cuarto de hora ms tarde, Fediame mostraba con su farol el camino algranero. Me ech sobre el henoaromtico, y mi perro se enrosc a mispies; Fedia me dese buenas noches, lapuerta cruji y se cerr de golpe. Tarden dormirme. Una vaca se acerc hastala puerta y resopl una o dos veces; elperro emiti un quejido de heridadignidad; un cerdo se pase por lasinmediaciones, gruendo a su manerapreocupado; un caballo que estaba cercacomenz a mascar heno y a resoplarAl cabo me dorm.

    Fedia me despert con el alba.Senta mucho cario por el joven y

  • animoso muchacho y, por lo que mepareca, tambin se trataba del favoritodel Turn. Se gastaban bromas el uno alotro continuamente. El anciano sali ami encuentro. Ya fuera porque habapasado la noche bajo su techo, o porcualquier otra razn, el caso es que elTurn me trat con mayor amabilidadque el da anterior.

    Tienen el samovar listo en tuhonor dijo sonriendo. Vamos atomar t.

    Ocupamos nuestros lugaresalrededor de la mesa. Una joven rolliza,una de sus nueras, trajo un cuenco deleche. Uno a uno todos sus hijos entraron

  • en la cabaa.Qu estupendo grupo de

    muchachotes tienes! coment.As es murmur,

    mordisqueando un terroncito de azcar. No creo que tengan muchas quejascontra m o la vieja.

    Y todos viven contigo?Todos. Ellos lo quieren as.Y estn todos casados?Uno de ellos an no lo est

    contest, sealando a Fedia, que comode costumbre estaba apoyado contra lapuerta. Vaska es joven todava, y anpuede esperar.

    Y para qu quiero casarme?

  • protest Fedia. Estoy bien comoestoy. De qu sirve una esposa? Parapelearse a gritos, no es eso?

    Ah lo tiene Conozco a los detu clase! Tienes todos esos anillos deplata en los dedos Te pasas todo eltiempo olisqueando a las chicas en elpatio. Djame, deberasavergonzarte! continu el anciano,imitando a las criadas. Te conozco,con las manos tan blancas!

    Pero qu tiene una esposa debueno?

    Una esposa es una trabajadora sentenci el Turn. Una mujer cuidade un hombre.

  • Y para qu necesito yo unatrabajadora?

    T eres de los que esperan que tesaquen siempre las castaas del fuego,conozco a los de tu calaa!

    Muy bien, entonces csame, deacuerdo? No dices nada?

    Ya basta! Eres un bromista, esoes lo que eres. Mira cmo preocupamosal seor. Ya te casar Y ahora, seor,te ruego que no te molestes: comopuedes ver, no es ms que un nio, ytodava no tiene sentido comn.

    Fedia sacudi la cabezaEst el Turn en casa? se oy

    una voz familiar proveniente del otro

  • lado de la puerta, y Kalnich entr en lacabaa con un manojo de fresas salvajesque haba recogido para su amigo, elTurn. El anciano le dio una calurosabienvenida. Lo contempl atnito,porque confieso que no haba esperadotales delicadezas de un campesino.

    Aquel da sal a cazar cuatro horasms tarde que de costumbre, y pas lossiguientes tres das en la casa del Turn.Me interesaban mis nuevos conocidos.No s cmo me haba hecho merecedorde su confianza, pero me hablaban sinningn tipo de azoro. Yo disfrutabaescuchndolos y observndolos.

    Los dos amigos no se parecan en

  • nada. El Turn era un hombre positivo,prctico, un administrador, unracionalista; Kalnich, por su parte,perteneca al grupo de los idealistas yromnticos, los hombres de sueos eideas elevadas. El Turn entenda larealidad; con esto quiero decir que sehaba construido un hogar para smismo, haba logrado ahorrar algo dedinero, y lo haba dispuesto todo de lamanera ms satisfactoria tanto con suamo como con el resto de autoridades;Kalnich iba por ah calzando lapti ypasando los das como buenamentepoda. El Turn haba formado unafamilia extensa, obediente y unida;

  • Kalnich tuvo una esposa que loaterrorizaba, y no tena hijos. El Turnentenda al seor Polutikin; Kalnichadoraba a su amo. El Turn amaba aKalnich, y siempre le ofrecera suproteccin; Kalnich amaba y respetabaal Turn. El Turn era parco enpalabras, se guardaba sus ideas para smismo; Kalnich se expresabaapasionadamente, aunque no tena elpico de oro de los vivarachostrabajadores de las fbricas Sinembargo, posea ciertas habilidadesinnatas que el mismo Turn reconoca;era capaz de detener con encantamientosel correr de la sangre, ahuyentar los

  • terrores y los accesos de furia, y tena lahabilidad de curar las lombrices; lasabejas lo obedecan, tena buena manoen su trabajo. Mientras estuve all elTurn le pidi que condujera a un nuevocaballo a los establos, y Kalnich fuecapaz de llevar a cabo, con orgullo yeficacia, la peticin del escpticoanciano. Kalnich estaba ms cerca de lanaturaleza; el Turn, de las personas yde la sociedad; a Kalnich no le gustabatener que plantearse las cosas, y creacon fe ciega en cuanto le decan,mientras que el Turn haba alcanzadouna concepcin irnica frente a la vida.Haba visto muchas cosas, conoca

  • muchas cosas, y yo aprend mucho de l.Por ejemplo, por las historias que

    contaba me enter de que todos losveranos, antes de la cosecha, unpequeo carro hace su aparicin en lasaldeas. En l va sentado un hombre concaftn que va vendiendo guadaas. Si sele paga en efectivo, pide un rublo yveinticinco kpeks en monedas de plata,y un rublo y cincuenta kpeks en dineroen billetes; si se le paga a crdito pidetres billetes de rublo y un rublo de plata.Todos los campesinos, como es lgico,compran a crdito. Al cabo de dos o tressemanas el hombre regresa y reclama sudinero. Para entonces el campesino ha

  • cosechado su avena, y tiene el dineronecesario para pagarle; acompaa alcomerciante hasta la taberna, dondesellan el negocio. A algunos de losterratenientes se les meti en la cabezacomprar sus propias guadaas enefectivo y distribuirlas a crdito entresus campesinos por el mismo precio;pero los campesinos parecandescontentos con el arreglo, y hastamelanclicos; se les haba privado delgoce de elegir entre las guadaas,escucharlas, calibrarlas en las manos yespetarle al granuja del vendedor unaveintena de veces: Vaya, es casi unrobo, no te parece?. Algo parecido

  • ocurre cuando se compran las hoces, conla nica diferencia de que en ese casoson las mujeres las que se veninvolucradas, y en ocasiones obligan alcomerciante a que las abofetee, y lohace por el propio bien de ellas.

    Sin embargo, el asunto con el quesufren ms las mujeres es otro. Losresponsables de proporcionar materialesa las fbricas de papel encargan lacompra de harapos a un tipo especficode persona, conocido en ciertos distritoscomo guilas. Un guila recibedoscientos billetes de rublo de manos deun comerciante, y a continuacin se alejaen busca de su presa. Sin embargo, a

  • diferencia del noble animal cuyo nombrerecibe, no se lanza de forma impetuosacontra sus vctimas; al contrario, estaguila utiliza formas astutas y algosospechosas. Deja su carro en algnlugar entre los arbustos a las afueras dela aldea y, a continuacin, pretendiendoque es alguien que pasa por all porcasualidad, se aproxima cruzando lospatios traseros de las cabaas. Lasmujeres intuyen su proximidad y salen asu encuentro. El negocio entre ambaspartes se resuelve con rapidez. Por unaspocas monedas de cobre, las mujeresentregan a estas guilas no solo losharapos ms indecibles, sino con

  • frecuencia la camisa de su marido o supropia falda de diario. Recientemente,las mujeres han descubierto que lescompensa robarse las unas a las otras ydescargarse del camo obtenido porestos mtodos poco ortodoxos, o tela desaco, en los guilas, lo cual hasupuesto un importante crecimiento en elnegocio. Los campesinos, por su parte,erizan las orejas a la mnima seal, almnimo indicio de la proximidad de unguila, y promueven de formaenrgica medidas preventivas ycorrectoras de su actuacin. En efecto,resulta insultante, no es cierto?Depende de ellas vender el camo, y

  • as lo hacen, pero no en la ciudad,puesto que tendran que desplazarse;prefieren hacerlo a comerciantesitinerantes, los cuales, al no poseerformas apropiadas de medicin,consideran que cuarenta manojos soniguales a un pud[8], y ya se sabe eltamao que puede darle un ruso a unmanojo de su mano cuando tiene ganasde conseguir algo!

    Yo, al no tener mucha experiencia enestas cuestiones y no ser un hombre decampo (como decimos en el distrito deOriol), haba escuchado incontableshistorias parecidas. Pero el Turn no fueel nico que habl; tambin me hizo

  • numerosas preguntas. Saba que habaestado en el extranjero, y ello despertsu curiosidad El inters de Kalnichno era menor, pero se encontraba msafectado por las descripciones depaisajes campestres, montaas,cascadas, edificios poco usuales ygrandes ciudades. Al Turn leinteresaban las cuestiones relativas a laadministracin y la forma de gobierno.Preguntaba las cosas una por una:Funcionan las cosas all como aqu, ode forma distinta? Vaya, caballero, qutiene que decir sobre eso?. Mientrasque durante el curso de mi exposicinKalnich exclamaba: Ah, Seor mo!

  • Se har tu voluntad!. El Turn semantena en silencio, apretando sushirsutas cejas y solo de vez en cuandocomentaba: Eso no funcionara aqu,pero para otros es la forma apropiada dehacer las cosas, y eso est bien.

    No sabra reproducir todas suspreguntas, y tampoco es necesario; denuestras conversaciones extraje unaconviccin que mis lectores no habrnesperado: la de que Pedro el Grande eraun monarca predominantemente ruso ensu carcter y en las reformas queimplant. Un ruso se halla tanconvencido de su fuerza y de sucomplexin robusta que no tiene miedo

  • de sobrecargarse de trabajo, le importapoco su pasado, y mira de frente alfuturo. Si algo es bueno, le gustar; sialgo es terrible, lo rechazar, pero no leimportar de dnde haya venido. Susentido comn y su lgica se burlarndel racionalismo superficial de losalemanes; sin embargo los alemanes, enpalabras del Turn, eran un pueblo losuficientemente interesante como paraaprender algo de l. Debido a lanaturaleza peculiar de su estatus social,su virtual independencia, el Turnmencion muchas cosas al charlarconmigo que otros no habran sidocapaces de sacarle ni con una palanca,

  • o, como decan los campesinos, nohabra podido moler un grano tan fino nicon la muela del molino. l, por suparte, comprenda perfectamente susituacin. Charlando con el Turnescuch por vez primera el dialectosimple e inteligente del campesino ruso.Su conocimiento era extenso, al menos asu manera, pero no saba leer, mientrasque Kalnich s.

    Ese granuja ha aprendido a leer ya escribir coment el Turn, y no sele ha muerto una abeja desde que naci.

    Y han aprendido tus hijos a leer ya escribir?

    Tras una pausa el Turn dijo:

  • Fedia sabe leer y escribir.Y los otros?Los otros no.Por qu no?El anciano no respondi a mi

    pregunta y cambi de conversacin. Dehecho, a pesar de toda su inteligencia, seagarraba a muchos prejuicios e ideaspreconcebidas. Por ejemplo, desde loms profundo de su alma despreciaba alas mujeres, y cuando estaba de buenhumor se burlaba de ellas. Su mujer, unaanciana quejumbrosa, se pasaba el dasubida al horno sin dejar de protestar.Sus hijos no le prestaban ningunaatencin, pero ella mantena

  • aterrorizadas a sus nueras. No essorprendente que en la cancin rusa lasuegra cante:

    Qu clase de hijo eres,qu clase de padre de

    familia?No pegas a tu esposa,ni a los pequeos de la

    casa

    En una ocasin se me pas por lacabeza defender a las nueras, y trat deencontrar en el Turn un aliado; pero lse limit a responder:

    Tal vez sera mejor si no te

  • molestases con esas tonteras Dejaque las mujeres se peleen entre ellasSolo logrars ms problemas si intentassepararlas, y el asunto no merece que teensucies las manos.

    En ocasiones la anciana de malcarcter se bajaba a rastras del horno yllamaba al perro para que entrara delpatio, atrayndolo con frases como:Vamos, vamos, perrito!, para luegoapalearle el espinazo con una pala, obien se situaba en el zagun y ladraba,como deca el Turn, a todo el quepasaba. Sin embargo, a su marido letema, y en cuanto escuchaba susrdenes volva a subirse a su lugar

  • sobre el horno. Lo que resultabaespecialmente curioso era escuchar aKalnich y el Turn expresar susdistintas opiniones sobre Polutikin.

    Oye, Turn, no digas nada en sucontra en mi presencia decaKalnich.

    Entonces, por qu no se preocupade que tengas un par de botas? objetaba el otro.

    Al diablo con las botas! Paraqu quiero botas? No soy ms que uncampesino

    Yo tambin lo soy, pero fjatey Khor levantaba la pierna y lemostraba a Kalnich una bota que

  • pareca haber sido confeccionada con lapiel de un mamut.

    Oh, pero t no eres de losnuestros! responda Kalnich.

    Pero l tendra que darte al menosel dinero para que compraras lapti:despus de todo vas de caza con ltodos los das, y necesitas un par nuevo.

    Me da para que compre lapti.Es cierto, el ao pasado te regal

    diez kpeks.Kalnich se volva enojado y el

    Turn rompa a carcajadas, haciendocasi desaparecer sus ojillos.

    Kalnich cantaba de forma bastanteagradable y tocaba un poco la balalaika.

  • El Turn lo escuchaba embelesado, y alcabo echaba a un lado la cabeza einiciaba su acompaamiento en una vozquejumbrosa. Le gustaba sobre todo lacancin: Qu duro es mi destino!.

    Fedia nunca dejaba escapar unaoportunidad de rerse de su padre,diciendo:

    Dgame, anciano, y de qu tieneusted que quejarse?

    Pero el Turn apoyaba la mejilla ensu mano, cerraba los ojos y continuabaquejndose sobre su dura existenciaSin embargo, en otras ocasiones nadieera ms activo que el viejo: siempreestaba ocupado con algo, reparando el

  • carro, construyendo nuevos cercados, orevisando los arneses. No obstante, noinsista en que las cosas estuvieranexcesivamente limpias, y en respuesta amis comentarios una vez sentenci queuna cabaa deba poseer el olor de servivida.

    Pero apunt yo a modo derespuesta, mira lo limpio que es elcolmenar de Kalnich.

    Las abejas no viviran all, seormo, si el lugar no estuviera limpio dijo suspirando.

    En otra ocasin me pregunt:Posee usted su propia finca?As es.

  • Y est lejos de aqu?A unas cien verstas.Y bien, seor mo, vive usted en

    su finca?As es.Pero lo que ms le gusta, o eso me

    parece, es salir y divertirse con laescopeta.

    S, debo admitir que eso es cierto.Y hace usted bien. Mate usted

    tantos urogallos como desee, peroasegrese de que cambia aladministrador de su finca a menudo.

    En la noche del cuarto da el seorPolutikin mand a buscarme. Sentdespedirme del anciano, pero me mont

  • al carromato con Kalnich.Pues, adis, Khor, te deseo lo

    mejor dije. Adis, Fedia.Adis, seor, adis. No se olvide

    de nosotros.Nos alejamos. El alba enrojeca el

    cielo.El tiempo ser excelente maana

    dije, mirando al cielo brillante.En absoluto; va a llover me

    contradijo Kalnich. Mire cmorevolotean los patos, y el olor de lahierba.

    Avanzamos sobre la espesura.Kalnich comenz a cantar en falseto,brincando arriba y abajo sobre el

  • pescante delantero, sin dejar de admirarla amanecida.

    Al da siguiente me march de lahospitalaria morada de Polutikin.

  • YERMOLI Y LAMOLINERA

    Al crepsculo, el cazador Yermoli y yosalimos en busca de vuelo bajoPero tal vez sea el caso de que no todosmis lectores sepan lo que vuelo bajosignifica. Les ruego que escuchen,caballeros.

    Un cuarto de hora antes de queanochezca, durante la primavera, entras

  • en un bosquejuelo, pertrechado con tuescopeta pero sin tu perro. Hallas algnescondrijo cercano al linde, miras a tualrededor, revisas los pistones,intercambias guios con tu compaero.Transcurre un cuarto de hora. El sol seha puesto, pero una luz tenue ilumina elbosque; el aire es lmpido, translcido;los pjaros parlotean con animacin; lahierba joven resplandece comobrillantes esmeraldas Esperas. Elinterior del bosque va oscurecindosepoco a poco; la luz carmes delcrepsculo se desplaza con parsimonia atravs de las races y los troncos de losrboles, elevndose ms y ms,

  • ascendiendo desde las ramas bajas, casidesnudas todava, hacia las copasdetenidas de los rboles adormecidosA continuacin son las copas de losrboles las que inician su fuga; el cielorosado se oscurece de azul. Los aromasdel bosque se intensifican, dulcementetransportados por rfagas de humedadclida; la brisa que ha descendidoexpira a tu alrededor.

    Los pjaros se adormecen, no todosal mismo tiempo, sino de familia enfamilia; primero se amodorran lospinzones, unos instantes despus lospetirrojos, y tras ellos los verderones.El bosque se llena de sombras. Los

  • rboles se funden en manchasennegrecidas; las primeras estrellasdiminutas emergen tmidamente en elcielo azulado y oscuro. Todos lospjaros se adormecen. Los colirrojos ylos pequeos carpinteros son los nicosque emiten algn silbido mediodespiertos Tampoco ellos tardan enenmudecer. La voz de tintineo delmosquitero resuena sobre nuestrascabezas una ltima vez; en algn rincnuna oropndola emite un gemidolastimero, y el ruiseor ha iniciado sugorgojeo cantarn. El corazn pesa deanticipacin en el pecho cuando, deforma inesperada Pero solo los

  • cazadores entendern mis palabras: conprecipitacin rompe en mitad de laquietud densa un graznido y un bisbiseoconcreto, reconoces el batir monocordede unas alas flexibles, y unachochaperdiz, su largo pico bellamenteinclinado, alza el vuelo desde un abeduloscurecido, encontrndose con tudisparo.

    Y eso es lo que significa esperarvuelo bajo.

    Con tal propsito salimos Yermoliy yo por vuelo bajo; perodisclpenme, caballeros: antes debofamiliarizarlos con Yermoli.

  • Imagnense a un hombre de unoscuarenta y cinco aos, alto y enjuto, conuna larga y delicada nariz, una frenteestrecha, ojillos grises, cabelloenrevesado y unos labios hinchados ysarcsticos. Este individuo sola vestirun caftn de nankeen amarillo de estiloalemn lo mismo en invierno que enverano, atado con un fajn; unosbombachos azul oscuro y una gorrarematada de astracn, que unterrateniente arruinado le habaobsequiado durante alguna celebracin.Llevaba dos bolsas enganchadas al fajn,una en la parte delantera, doblada sobre

  • s misma con maestra para transportaren una mirad la plvora y losperdigones, y otra a la espalda, para laspresas; los trocitos de algodn quenecesitaba Yermoli sola extraerlos desu propia gorra, que pareca contenercantidades infinitas. Con el dinero queganaba vendiendo sus presas no habratenido dificultad en comprarse unacartuchera y una bolsa, pero realizar unacompra de ese tipo no se le ocurri niuna vez, y nunca dej de cargar su armacomo acostumbraba, despertando laadmiracin de los testigos por lahabilidad con la que evitaba echar msplvora de la necesaria, o bien

  • mezclarla con los perdigones. Sumosquete tena un solo can con unpedernal, y por lo tanto posea lacostumbre terrible de dar culatazos, yesta era la razn por la cual la mejilladerecha de Yermoli siempre estaba mshinchada que la izquierda. Una personaobsequiada con elevadas capacidadesmentales no podra imaginarse cmoYermoli llegaba a acertar con estaarma, pero as era.

    Tambin posea un perro llamadoValetka, una criatura de lo ms increble.Yermoli jams lo alimentaba. Comosi yo pudiera darle de comer a unperro!, deca. Un perro es listo y

  • puede encontrar sus propias vituallas.Y en realidad as ocurra: aunqueValetka sorprenda a los transentes consu asombrosa delgadez, vivo estaba, yvivo permaneci durante un tiempo muylargo. As mismo, a pesar de su posicinpauprrima, nunca se perdi ni tampocodemostr deseo alguno de abandonar asu dueo. En una ocasin, en sujuventud, se haba escapado durante dosdas a causa de un enamoramiento; perodicha estupidez no tard en abandonarlo.La caracterstica ms notable de Valetkaera su indiferencia inescrutable haciatodo aquello que lo rodeaba Si yo noestuviera hablando de un perro,

  • utilizara la palabra desencanto. Sesentara sin moverse, con su colitaenroscada debajo del cuerpo, el ceofruncido, con un temblor involuntario ysin sonrer nunca. (Es bien sabido quelos perros son capaces de sonrer, yhasta de sonrer con dulzura). Eraincreblemente feo, y no haba un solosirviente ocioso en la casa quedesperdiciara la oportunidad de burlarsecon crueldad de su apariencia, perotodas estas bromas despiadadas, ascomo los golpes que reciba, Valetka lossoportaba con una composturaasombrosa. Los cocineros eran quienesdisfrutaban ms de este orden de cosas,

  • puesto que de inmediato abandonaban sutrabajo y, con todo tipo de gritos eimproperios, lo perseguan siempre queel animal, por una debilidad que no solodebe aplicarse a los perros, meta sumorro hambriento por la puerta medioabierta de la cocina, tentadoramenteclida y repleta de los ms suavesaromas. Cuando estaba cazando sedistingua por su entusiasmo, y tena unsentido del olfato perfectamenteapropiado; pero si por casualidadconsegua hacerse con una liebre malherida, de inmediato se la coma confruicin sin dejar un solo huesecillo,apostado en algn lugar a la sombra

  • bajo un matorral a una distanciarespetable de Yermoli, que lo insultaraen todos los dialectos conocidos ydesconocidos.

    Yermoli perteneca a uno de misvecinos, un terrateniente de la antiguaescuela. A los terratenientes de laantigua escuela no les gustaban las avesde presa, y preferan las aves de corral.nicamente en situaciones especiales,como por ejemplo los nacimientos, lasonomsticas y durante las elecciones,sus cocineros prefieren aves de picolargo, y proceden a cocinarlas decualquier manera, que es lo que hace unruso cuando no sabe cmo hacer algo,

  • inventndose tales acompaamientosque la mayora de los invitados miran elplato que se les ha puesto delante concuriosidad y atencin, pero sin animarsea probar bocado. Yermoli tenainstrucciones de proveer la cocina de suamo una vez al mes con dos pares deurogallos o perdices, pero durante elresto del tiempo se le permita hacer loque quisiera. Lo juzgaban incapacitadopara cualquier clase de trabajo, unmequetrefe, como los llaman aqu en laregin de Oriol. Por supuesto, no se leentregaba plvora y perdigones por lamisma razn por la que l no le daba asu perro ninguna comida.

  • Yermoli era una persona de lo mscuriosa: tan despreocupado como unpjaro, bastante hablador, torpe ydespistado en apariencia; le gustabamucho beber, era incapaz de echarraces en ningn sitio, cuando caminabaarrastraba los pies por el suelo y semova de un lado a otro; pero aunarrastrndose y tambalendoseconsegua andar sesenta verstas cadada. Haba vivido las peripecias msinslitas: haba dormido en pantanos,subido a rboles, sobre tejados, debajode puentes. En ms de una ocasin habasido encerrado en un tico o en unabodega o en un granero; se le haba

  • confiscado su escopeta, su perro, susvestimentas ms necesarias, lo habanapaleado con saa, y siempre, tras algntiempo prudencial, regresaba a la casaperfectamente vestido, con su arma yacompaado por su perro. Seraimposible llamarlo un hombre alegre,aunque casi siempre se encontraba en unestado mental de lo ms predispuesto; engeneral puede decirse que tena ciertareputacin de estrafalario.

    A Yermoli le gustaba charlar congente agradable, especialmente sicompartan una bebida, pero nuncamucho tiempo. Se levantaba y sedispona a salir: Adnde demonios

  • vas? Ya ha cado la noche. Voy aChaplino. Y qu hay en Chaplino,que est a diez verstas?. Voy a pasarla noche con el campesino Sofron.Pues pasa la noche aqu. No, eso noes posible. Y Yermoli se alejaba consu Valetka hacia la noche oscuraatravesando matorrales y socavones; elcampesino Sofron probablemente lepermitira quedarse en su patio y tal vez,quin sabe, le dara un pequea tunda:no se viene a molestar a los individuoshonestos.

    Pero nadie se comparaba conYermoli en su habilidad para cazarpeces en la primavera, durante las

  • crecidas, o en atrapar cangrejos con lasmanos desnudas, intuir las presas, atraercodornices, amaestrar halcones, capturarruiseores con el caramillo o elvuelo del cuclillo[9]. Solo de una cosaera completamente incapaz: amaestrarperros. No tena la paciencia necesaria.

    Tambin tena una esposa. Lavisitaba una vez por semana. Viva enuna cabaa medio derruida y miserable,ms o menos se apaaba de una forma uotra, nunca saba de un da para otro sitendra algo de comer y, en general,llevaba una vida bastante amarga.Yermoli, aquel tipo despreocupado yde buen corazn, la trataba con crudeza;

  • en su casa adoptaba un aire amenazantey severo, y su pobre mujer no tena niidea de qu hacer para que fuera msamable con ella. En su presencia seechaba a temblar, le compraba la bebidacon el ltimo kpek y lo cubra con supropio abrigo de piel de cordero cuandol se desplomaba majestuosamentesobre el horno y caa en el sueo de losjustos. Yo mismo tuve ms de unaocasin de observar sealesinvoluntarias en l de cierta ferocidadlatente: no me agradaba la expresin desu rostro cuando mataba a mordiscosalgn pjaro que alcanzbamos connuestros disparos. Pero Yermoli nunca

  • se quedaba en su casa ms de unajornada, y una vez fuera de su territoriohabitual de nuevo se volva Yermolka,el mote por el que se le conoca a unascien verstas ms o menos y que lmismo utilizaba en ocasiones. El siervoms inferior se crea superior a estevagabundo, y tal vez precisamente poreso siempre lo trataban de formaamigable; aunque al principio loscampesinos gustaban de echarlo y dedarle caza como si fuera una liebre decampo, al cabo siempre lo despedancon un trozo de pan y una bendicin y,una vez que llegaban a conocer a estetipo excntrico, no lo tocaban

  • As era el personaje que yo habaelegido como compaero, y en sucompaa me dirig a apostarme aesperar bajo vuelo en un ampliobosque de abedules a orillas del Ista.

    Multitud de ros rusos, al igual que elVolga, poseen una orilla empinada comouna colina y otra cenagosa; tal es el casodel Ista. Este ro pequeo se tuerce deuna forma excesivamente caprichosa,arrastrndose como una serpiente, sinseguir nunca un fluir rectilneo durantemedia versta, y en un lugar concreto,apostado sobre una colina, pueden versediez verstas de embalses, estanques,

  • molinos y huertas rodeadas por sauces ybandadas de gansos. Es un roinfinitamente rico en peces, sobre todolos bagres (en el tiempo caluroso loscampesinos los sacan con las manos dedetrs de los arbustos que acaban en elagua). Pequeos andarros silban yrevolotean de un lado a otro a lo largode las orillas arenosas, salpicadas dehelados manantiales de agua cristalina;los patos salvajes se alejan hacia elcentro de los estanques oteandoprecavidos cuanto les rodea; las garzasse estiran hierticas en la sombra, en losremansos del agua, bajo las lindes delro

  • Permanecimos en bajo vuelodurante una hora ms o menos,disparamos a dos pares de perdices y,deseando probar fortuna una vez msantes del amanecer (ya que es posiblesalir por bajo vuelo tambin a lamaana), decidimos pasar la noche en elmolino ms cercano. Salimos del bosquecolina abajo. El ro marchaba con susondas grises y azules; el aire secondens inundado por la humedad de lanoche. Llamamos a la puerta del molino.Algunos perros aullaron en el patio.

    Quin anda ah? exclam unavoz profunda y adormilada.

    Cazadores. Permtanos entrar a

  • guarecernos.No hubo respuesta.Pagaremos.Ir a decrselo al amo Quietos,

    perros endemoniados! Nadie os estmaltratando!

    Escuchamos al empleado entrar en lacasa; no tard en regresar a la cancela.

    El amo dice que no, ha mandadoque no se os deje entrar.

    Y eso por qu?Tiene miedo. Son cazadores: tan

    pronto como entren seguro que prendenfuego al molino; solo hay que ver lasescopetas que llevan encima.

    Eso es una tontera!

  • Hace dos aos perdimos unmolino. Unos vaqueros que pasaron lanoche y, de alguna forma, vaya usted asaber cmo, acabaron por incendiarlo.

    Pero, amigo mo, no podemospasar la noche al raso!

    Pueden pasarla donde les vengamejor

    El hombre se alej y sus botasresonaron sobre el suelo.

    Yermoli solt una variedad decoloridas expresiones de desconcierto.

    Vayamos a la aldea dijo al cabocon un suspiro. Pero hasta la aldea mscercana haba dos verstas.

    Pasaremos la noche aqu mismo

  • dije. No hace fro, y el molineronos traer algo de heno si le pagamos.

    Yermoli accedi sin decir nadams. Volvimos a golpear la cancela.

    Qu quieren ahora? volvi aorse la misma voz. Ya se lo he dicho,no pueden entrar.

    Le explicamos lo que queramos.Fue a consultar a su amo y regres.Chirri la cancela y apareci elmolinero, un hombre de gran estaturacon la cara redondeada, el cuello de untoro, y una barriga protuberante.Accedi a mi sugerencia. A unos cienpasos del molino se alzaba unaestructura con un tejado, aunque careca

  • de paredes. Se nos trajo paja, heno; unempleado del molinero prepar unsamovar sobre la hierba cercana al ro y,ponindose en cuclillas, comenz aafanarse soplando por el tubo Alencenderse, el carboncillo ilumin surostro juvenil. El molinero corri adespertar a su mujer y lleg sugerir alcabo que yo debera pasar la nochedentro de la casa; sin embargo, preferquedarme al aire libre. La molinera nostrajo leche, huevos, patatas, pan. Elsamovar no tard en hervir y nosdispusimos a tomar el t. La humedad sedispersaba desde el ro, no haba viento;los rascones se llamaban los unos a los

  • otros en los alrededores; desde lasruedas del molino llegaban ruidos vagoscomo el gotear de las palas y el filtrardel lquido a travs de los troncos de lapresa. Encendimos un pequeo fuego.Mientras Yermoli asaba unas patatassobre las cenizas, conseguadormilarme

    Me despert el contenido murmurar deuna vocecilla. Levant la cabeza: frenteal fuego estaba sentada la molinerasobre una tina volcada, conversando conmi compaero de caza. Desde elprincipio me haba dado cuenta, tantopor su forma de vestir, sus movimientos

  • y su forma de hablar, que se trataba deuna antigua sierva domstica, ni unacampesina ni una burguesa; pero soloahora me era posible echarle un buenvistazo a sus rasgos. Pareca tener unostreinta aos de edad; su rostro plido yfino an conservaba rasgos de unadescomunal belleza; sobre todo measombraron sus ojos, enormes ymelanclicos. Estaba sentada con loscodos apoyados sobre las rodillas, y conla cara apoyada en las manos. Yermoliestaba sentado dndome la espalda,ocupado en avivar el fuego.

    La epidemia ha regresado aZholtjina deca la molinera. Las

  • dos vacas del padre de Ivn se hanmuerto El Seor tenga misericordiade nosotros!

    Y qu hay de los cerdos? pregunt Yermoli tras un corto silencio.

    Todos viven.Deberas regalarme un cochinillo.La molinera no dijo nada, y tras un

    rato dej escapar un suspiro.Quin te acompaa? pregunt.El amo De Kostomrov.Yermoli ech unas pinas de abeto

    en el fuego; de inmediato rompieron enun amigable crujido y un humo blanco leinund la cara.

    Por qu no nos dej entrar tu

  • marido?Tiene miedo.El barrign! Arina

    Timofievna, se lo ruego, trigame unvaso de algo de verdad!

    La molinera se levant ydesapareci en la oscuridad. Yermolicomenz a cantar en voz queda:

    De camino hasta miamada

    Se desgastaban misbotas

    Arina regres con una jarra pequea yun vaso. Yermoli se incorpor, se

  • santigu y se zamp la bebida de untrago.

    Esto me encanta! aadi.La molinera volvi a sentarse sobre

    la tina.Dime, Arina Timofievna,

    todava sigue enferma?As es.Y qu le ocurre?Toso por las noches.Parece que el amo se ha dormido

    aadi Yermoli tras un brevesilencio. No se le ocurra ir a ningnmdico, Arina, o se pondr peor.

    No pensaba ir de todos modos.Ven a verme a m de todas formas.

  • Arina baj la mirada.A la ma, a mi mujer, quiero

    decir la echar de la casa para laocasin continu Yermoli. Vayasi lo har!

    Lo que deberas hacer esdespertar a tu amo, Yermoli Petrvich.Mira, las patatas ya estn hechas.

    Que se quemen dijo mi fielsirviente, est agotado, es mejor quedescanse.

    Me revolv en la paja. Yermoli sepuso de pie y se acerc hasta m.

    Las patatas estn preparadas,seor, venga a comer.

    Sal de debajo de la estructura

  • techada, y la molinera se levant conintencin de marcharse. Comenc ahablar con ella.

    Llevas mucho tiempo en estemolino?

    En Pentecosts har dos aos.Y de dnde es tu esposo?Arina no entendi mi pregunta.De qu parte viene tu marido?

    repiti Yermoli, elevando la voz.De Blev. Es de la ciudad de

    Blev.Y t tambin eres de Blev?No, yo soy una sierva Quiero

    decir que lo era.A quin pertenecas?

  • A Zvrkov. Ahora soy libre.Qu Zvrkov?Alexnder Slich.Por casualidad eras la doncella

    de su mujer?Cmo sabe usted eso? S, lo era.Mi curiosidad y simpata por Arina

    aumentaron.Conozco a tu amo continu.Lo conoce? contest en voz

    baja, bajando los ojos.

    Debera explicarle al lector por qusent simpata por Arina. Durante miestancia en San Petersburgo conoc alseor Zvrkov. Ocupaba una posicin

  • relevante, y se le tena por ser unhombre capaz y bien informado. Tenauna esposa oronda, sentimental, dada alas lgrimas y de mal carcter, uncriatura vulgar y problemtica; luegoestaba el canalla del hijo, todo unpequeo milord, mimado y tonto. Laapariencia de Zvrkov no lorecomendaba en exceso: desde un rostroancho y casi cuadrado, espiaban conastucia unos pequeos ojillos de ratn, ysobresala una nariz, alargada y afiladacon enormes orificios; el cabello canosoy muy corto se erizaba sobre su frentearrugada, y sus labios finos no cesabande moverse y de formar sonrisas poco

  • sinceras. Normalmente se quedaba depie con las piernecillas separadas y susgruesas manos metidas en los bolsillos.En una ocasin acab compartiendo uncarruaje con l en un viaje fuera de laciudad. Iniciamos una conversacin.Como hombre de experiencia yperspicaz en los negocios, Zvrkovcomenz a darme lecciones sobre elcamino de la verdad.

    Permtame que le indique llega decir con voz aflautada, que todosustedes, los jvenes, juzgan y explicantodas y cada una de las cuestiones de laforma ms absurda que puedaimaginarse. No saben nada sobre su

  • propio pas; Rusia, mi buen seor, es unlibro cerrado para ustedes. Eso es loque es! Todos leen libros alemanes. Porejemplo, acaba de decirme usted esto yaquello sobre este asunto, hablo de lacuestin de los siervos En fin, noestoy en desacuerdo, todo est muy bien;pero usted no los conoce, no tiene niidea de la clase de gente que son.

    El seor Zvrkov se son la narizruidosamente y aspir una pizca de rap.

    Permtame contarle, por ejemplo,solo una pequea ancdota que tal vezsea de su inters. Zvrkov carraspe ytosi. Usted debe de saber la clase deesposa que tengo. Sera imposible

  • encontrar una ms bondadosa, estoyseguro de que se mostrar de acuerdoconmigo. Sus doncellas no solo tienencomida y un techo que las guarezca,tambin gozan de un autntico paraso enla Tierra Pero mi esposa haestablecido una nica regla en suparaso: no consiente en empleardoncellas casadas. Eso simplemente nopuede hacerse; luego vienen los nios y,en fin. Una doncella en ese caso no escapaz de cuidar de su ama comodebera, no es capaz de cumplir contodos sus cometidos; no tiene ladisposicin adecuada, su mentevagabundea por otros asuntos. Debemos

  • tener en cuenta la naturaleza humana.Pues bien, mi querido seor, un da

    salamos de nuestra aldea, sera digamosque hace unos quince aos. Vimos unanciano que tena una niita, su hija, queera de una hermosura sin igual, ytambin con cierta natural elegancia. Medice mi mujer: Coco. Entiendeusted que esa era en fin, as es comoella me llama. Nos llevaremos a estaniita a San Petersburgo. Me gusta,Coco. Con mucho gusto loharemos, respondo. El anciano, comoes natural, se echa a nuestros pies; talalegra, entiende usted, era demasiadopara lo que esperaba Y la nia, claro,

  • rompe a llorar como una idiota. Debe deser muy duro para ellos al principio,quiero decir, abandonar la casa en laque han nacido, pero es comprensible.Sin embargo, no tarda en acostumbrarsea nosotros. Para empezar la ponemos enla habitacin de las doncellas; leensean lo que tiene que hacer, porsupuesto. Y qu cree que ocurre? Lamuchacha progresa de forma admirable;mi esposa la adora y al fin, saltndose amuchas otras, la convierte en una de suspropias doncellas personales Fjese!Y hay que ser justos: mi esposa nunca hatenido una doncella, absolutamenteninguna, como aquella muchacha:

  • servicial, modesta, obediente Sin irms lejos todo lo que pueda desearse.Como resultado, debo admitirlo, mimujer hasta comenz a mimarla unpoquito: la vesta muy bien, laalimentaba con la misma comida quetomaba ella, le daba t En fin, yapuede imaginarse cmo fue la cosa! Asse pas diez aos al servicio de miesposa. De repente, una maana, fjese,Arina Arina era su nombre entrsin ser anunciada en mi gabinete y seech a mis pies Le dir con todasinceridad que no soporto ese tipo decosas. Un hombre nunca deberaolvidarse de su dignidad, no es cierto?

  • Qu es lo que quieres?. Buen amo,Alexnder Slich, le ruego que seaclemente. Sobre qu?. Permtamecasarme. Le confieso que estabaaturdido. Acaso no sabes, tonta, queeres la nica doncella de mi esposa?.Continuar sirviendo a la seora comolo he hecho hasta ahora. Bobadas!Bobadas! La seora no empleadoncellas casadas. Malania puedeocupar mi sitio. Te ruego que teguardes tus ideas para ti misma.Como desee. Confieso que mequed de piedra. Le confesar que soyde la clase de hombre que no encuentranada tan insultante, incluso afirmar que

  • es lo que encuentro ms insultante en elmundo, como la ingratitud Nonecesito explicarle nada, usted ya sabeque mi esposa es un ngel encarnado, deuna bondad inexplicable El canallams terrible, estoy convencido, seramisericordioso con ella. Ech a Arinadel gabinete. Pens que entrara enrazn; no soy el tipo de persona al quele gusta creer que exista la ingratitud enel ser humano, o la naturaleza malvada.Pues qu cree que ocurri? Seis mesesms tarde, vuelve a honrarme con unavisita y me hace la misma peticin. Estavez, he de admitirlo, la echo con rudeza,y le aseguro que se lo contar todo a mi

  • esposa. No poda creerlo Peroimagine mi asombro cuando, pocotiempo despus, mi esposa viene averme con lgrimas en los ojos y en unestado de agitacin de tal calibre quellegu a preocuparme por su estado desalud. Qu ha ocurrido?. EsArina. Entender que mi delicadezame avergence decirlo en voz alta. Nopuede ser! Quin es el responsable?.Petrushka, el lacayo. Explot de furia.Soy de esa clase de hombre No megusta quedarme en medias tintas!Petrushka No era responsable.Podamos castigarlo, pero en mi opininno era responsable. Arina En fin, lo

  • que quiero decir es Necesito deciralgo ms? No tengo que explicarle quede inmediato orden que le cortaran elcabello, la vistieran de harapos y laenviasen al campo. Mi esposa perdiuna doncella excelente, pero no tuveopcin: no se puede tolerar este tipo decomportamiento en la propia casa. Lomejor que puede hacerse es cortar deraz la extremidad enferma En fin,ahora juzgue usted mismo, porque lo quequiero decirle es que mi esposa, ella es,es, es Es un ngel, despus de todo!Al fin y al cabo, estaba muy unida aArina, y Arina lo saba y se comport deuna forma bochornosa Lo ve? No,

  • diga usted lo que quiera No tienesentido discutirlo! De cualquier forma,no tuve otra opcin. La ingratitud de estamuchacha me hiri a m,personalmente As es, a m Y eldolor dur un tiempo considerable. Nome importa lo que usted diga, pero noencontrar ni corazn, ni sentimientos enestas personas! No importa lo bien quese alimente a un lobo, siempre estarpendiente del bosque Que avance laciencia cuanto guste! Pero querademostrrselo

    Y el seor Zvrkov, sin terminar sufrase, gir su cabeza y se enterr deforma ms cmoda en su abrigo,

  • evitando con hombra cualquier tipo deexpresin emotiva.

    El lector entender, sin duda, porqu ahora miraba con simpata a Arina.

    Hace mucho que ests casadacon el molinero? le pregunt al cabo.

    Dos aos.Quieres decir que al final tu amo

    consinti en que te casaras?Alguien compr mi libertad.Quin?Saveli Aleksievich.Quin es?Mi marido.Yermoli sonri.Pero le habl mi amo a usted

  • sobre m? aadi Arina tras una cortapausa.

    No tena ni idea de cmo debaresponder su pregunta.

    Arina! grit el molinero a lolejos. Ella se levant y se alejcaminando.

    Es su esposo un buen hombre? le pregunt a Yermoli.

    No es malo.Tienen hijos?Tenan uno, pero se muri.El molinero debe de haberla

    querido mucho, verdad? Tuvo quepagar mucho dinero para comprarla?

    No lo s. Sabe leer y escribir. En

  • su negocio eso vale mucho Es algobueno. Supongo que debe de haberlaquerido.

    Y t la conoces hace mucho?Pues s. Sola ir a casa de su

    antiguo amo. Tienen la finca por aqu.Y conociste a Petrushka el

    lacayo?Piotr Vaslievich? Claro que lo

    conoca.Y dnde est ahora?Se alist.Ambos guardamos silencio.Parece que ella no tiene buena

    salud, estoy en lo cierto? le preguntal fin.

  • Tiene una salud que! Maana,ya lo ver, estarn todos volando por lobajo. Sera buena idea si durmiera unpoco.

    Una bandada de patos salvajes passilbando sobre nuestras cabezas, y losomos aterrizar sobre el ro cercano.Estaba bastante oscuro y comenzaba ahacer fro; en el bosque un ruiseorcantaba con ganas. Nos metimos entre elheno y nos dispusimos a dormir.

  • AGUA DEFRAMBUESAS

    A principios de agosto, las olas de calorsuelen ser intolerables. En esa poca delao, desde las doce hasta las tres, elhombre ms determinado y cabezota nose halla en condiciones de cazar, y elperro ms devoto comienza a lamer lasespuelas del cazador, es decir, que sequeda pegado a sus tacones, apretando

  • los ojos con dolor y con la lenguacolgando de forma exagerada. Comorespuesta a los reproches de su amo bajala cola desanimado y adopta unaexpresin confundida, pero por nada delmundo se atreve a avanzar. Me hallabacazando en un da como aquel. Resistadesde haca un buen rato la tentacin deecharme en algn lugar a la sombra,aunque fuera un momento; mi incansableperra se haba alejado a investigar entrelos arbustos haca rato, aunque eraevidente que no esperaba nada quemereciera la pena de aquella frenticaactividad. El calor sofocante me habaobligado al fin a pensar en reservar las

  • ltimas energas que nos quedaban aambos. De alguna forma llegu hasta elro Ista, con el que ya son familiares mistolerantes lectores, baj hasta la orillacenagosa y camin sobre la arenaamarilla y mojada en direccin alfamoso manantial conocido en toda laregin por su nombre, Agua deframbuesas. El manantial brota de unahendidura en la orilla que poco a pocose ha vuelto un barranco pequeo peroprofundo, y a veinte pasos ms o menosdel mismo regresa, con un alegreparloteo, de vuelta al ro. Los robles seextienden a lo largo del riachuelo, ycerca del nacimiento del propio

  • manantial hay una zona de hierbarecortada, reverdecida y aterciopelada;los rayos del sol casi nunca atraviesansu humedad plateada y fra. Alcanc elmanantial y encontr tirado sobre lahierba un cuenco de madera de abedul,abandonado por algn campesino depaso para quien quisiera beber. Tom untrago, me ech en la sombra y observcuanto me rodeaba. Cerca de laensenada que formaba la cada delmanantial en el ro, y por lo tantosiempre cubierta por pequeas ondas,dos ancianos estaban sentados dndomela espalda. Uno de ellos, bastante alto yrobusto, vestido con un caftn verde

  • oscuro y en buen estado y con una gorrade lana, pescaba. El otro, delgado ybajito, ataviado con una levitadesgarbada y corta de diversosmateriales y sin gorro, sostena sobresus rodillas un tarro de gusanos y de vezen cuando, como tratando de protegersedel sol, sostena una mano sobre sucalva. Lo observ algo ms de cerca ylo reconoc como Stpushka, deShumjino. Ruego al lector que mepermita presentarle a este hombre.

    A unas cuantas verstas de mi propiaaldea se encuentra Shumjino, unasentamiento de grandes proporciones

  • con una iglesia de piedra erigida enhonor de los santos Cosme y Damin.Frente a la iglesia sola haberimponentes residencias rodeadas devarias estructuras como graneros,talleres, establos, invernaderos, ascomo cocheras, baos y cocinas decampaa, columpios para el disfrute delos campesinos y otros edificios ms omenos tiles. En las residencias solanvivir ricos terratenientes a los que todoles iba a las mil maravillas, hasta que,una maana cualquiera, todo el benditolugar ardi hasta quedar reducido acenizas. Los terratenientes se marcharona otras residencias, y la finca cay en

  • desuso. La extensa zona quemada seconvirti en una huerta rodeada aqu yall por pilas de ladrillos abandonadosde los antiguos cimientos. Las maderasque haban sobrevivido se utilizaronpara construir de cualquier manera unapequea cabaa campesina techada contablazones de cubierta de barco quehaban sido adquiridos unos diez aosantes con el objetivo de construir unpabelln de estilo gtico. Un jardinerollamado Mitrofn, su mujer Aksinia ysus siete hijos residan en esa cabaa. Eltrabajo de Mitrofn consista en proveerde ensaladas y legumbres la mesaseorial, situada a ciento cincuenta

  • verstas; Aksinia estaba al cargo de unavaca tirolesa comprada en Mosc poruna suma considerable, pero,desgraciadamente, desprovista decualquier forma de reproducirse y, porlo tanto, tan seca de leche como elmismo da de su compra; tambin se leconfiaba el cuidado de un pato concresta y ahumado, el nico supervivientede todas las aves de los viejos tiemposde la finca. A los nios no se lesasignaban tareas debido a su tiernaedad, la cual, sin embargo, no evitabaque se comportasen como completosharaganes.

    En un par de ocasiones haba

  • pernoctado en la cabaa de estejardinero, y en ambas haba obtenido del unos pepinos que, el Seor sabr porqu, hasta en lo ms caluroso del veranoposean un tamao asombroso, un sabordesagradable y aguado, y cortezasgruesas y amarillas. Haba sido en aquellugar donde haba visto a Stpushka porvez primera. Aparte de Mitrofn y de sufamilia, y de un capillero viejo y sordollamado Gerasim, que viva por puracaridad en una habitacin diminuta encasa de una viuda de soldado tuerta, noquedaba ni uno solo de los sirvientesoriginarios en Shumjino, puesto queStpushka, con quien pretendo

  • familiarizar al lector, no poda sertomado como un hombre en el sentidogeneral de la palabra, ni tampoco comoun sirviente al uso de la finca. Todos loshombres poseen un lugar concreto en lasociedad, o al menos algn tipo derelaciones personales. Cada sirviente deuna finca recibe, si no una paga, almenos algo que se llamamantenimiento: Stpushka no recibaningn tipo de ayuda financiera, no tenatipo alguno de relacin con nadie, ynadie saba nada de su vida. No tena nisiquiera pasado; nadie hablaba de l ynunca haba sido incluido en un censo.Existan algunos turbios rumores de que,

  • en algn momento, haba sido el ayudade cmara de alguien, pero quin era, dednde vena, quin era su padre, cmohaba llegado a ser residente deShumjino, de qu forma haba dado conaquella levita de telas inciertas quellevaba puesta desde tiemposinmemoriales, dnde viva y de quhaba vivido; sobre todas estascuestiones nadie tena la ms mnimaidea, y, para ser sincero, no lesimportaba nada.

    El abuelo Trofmich, que se saba elrbol genealgico de cada siervo de lafinca en lnea ascendente hasta la cuartageneracin, en una ocasin haba

  • llegado a afirmar que l pensaba, o esose deca, que Stepn haba sido parientede una mujer turca a la que el anterioramo, el Brigadier Aleksi Romnich,haba trado con l en un carro desde laguerra. Durante las vacaciones y losdas de fiesta, jornadas de celebracionesy de visitas, de pasteles de trigo, y vinoverde, siguiendo la tradicin rusa, nisiquiera en aquellas ocasionesStpushka se acercaba a las mesasrepletas y a los barriles llenos hastaarriba, no haca reverencias, no besabala mano del amo, no se beba de un tragoun vaso entero en presencia de este y asu salud, un vaso que habra sido

  • rellenado por la mano regordeta de unmayordomo de la finca; sin embargo,siempre haba algn alma caritativa que,al pasar a su lado, le ofreca al pobrediablo un trozo medio comido de pastel.Cada domingo de Pascua se le daba elsaludo de Cristo, pero l nunca serecoga la grasienta manga para meter lamano en el bolsillo trasero y extraer suhuevo pintado y entregarlo, cantando yguiando un ojo, al joven amo o ama, ohasta a la propia esposa del hacendado.Durante el verano viva en un almacndetrs de la casa, y en invierno en laentrada de los baos; los das deheladas severas pasaba la noche en el

  • granero. La gente estaba acostumbrada atenerlo por all; algunas veces llegaba agolpearle, pero nadie sola dirigirle lapalabra y l, o eso pareca, se habaacostumbrado a mantener la bocacerrada desde su propio nacimiento.

    Despus del incendio, este hombreabandonado encontr refugio en (o,como dicen los campesinos de Oriol,se apoy contra) la casa del jardineroMitrofn. El jardinero no le dijo nada, nile invit a quedarse ni lo ech.Stpushka no viva en realidad en lacabaa. Viva, o ms bien se refugiaba,en la propia huerta. Se mova ycaminaba por all sin emitir un sonido, y

  • estornudaba y tosa tapndose con lamano, no sin cierta aprensin,continuamente preocupado con algo y ensilencio, como una hormiga, siemprebuscando comida, solo comida. Y si nohubiera pasado de la maana a la nochepreocupndose por encontrar comida, miStpushka se habra muerto de hambre!Est muy mal no saber por la maanacon qu vas a llenarte el buche cuandollegue la noche! As que Stpushka sepasaba todo el tiempo sentado debajo dela verja comindose un rbano ochupando una zanahoria o rompiendo ensu regazo un sucio repollo; o bien loveas gruir bajo el peso de un cubo de

  • agua que cargaba a alguna parte; o bienencenda un fueguecillo debajo de uncaldero y echaba algunos trocitos dealgo negro que se sacaba de la bolsa quecargaba en su pecho; o bien tallaba unpedazo de madera en su pequeaguarida, clavaba una puntilla y sefabricaba un balde pequeo paracolocar sus mendrugos. Y todo lo hacasin articular palabra, como si tuvieraque pasarse la vida al acecho y a puntode esconderse. Luego desaparecadurante un par de das, pero nadie sepercataba de su ausencia Volvas amirar y all estaba, sentado debajo de laverja y alimentando furtivamente un

  • fuego esculido.Tena la cara pequea, diminutos

    ojos amarillentos, el pelo le cubra lascejas, una pequea y afilada nariz,orejones grandes y translcidos, comoun murcilago, y una barba rasuradajustamente hace dos semanas, nunca mslarga ni ms corta. Este era el Stpushkacon el que me encontr a orillas de Istaen la compaa del otro anciano.

    Me acerqu a ellos, intercambi saludosy me sent. En el compaero deStpushka reconoc a otro personaje. Setrataba de Mijailo Saveliov, conocidocomo Niebla, uno de los siervos

  • liberados del Conde Piotr Ilych***.Viva en casa de un hombre tsico deBoljov, el propietario de una posada enla que me haba alojado muy a menudo.Incluso hoy da, oficiales jvenes yotros ociosos (comerciantes condescomunales cargamentos de plumasrayadas que les eran del todoindiferentes) que viajaban por lacarretera principal de Oriol pueden ver,a poca distancia de la aldea de Trotski,una enorme cabaa de madera de dosplantas pegada al camino completamenteabandonada, con el tejado derrumbado ylas ventanas cubiertas con tablones. Amedioda, cuando hace buen tiempo, es

  • difcil imaginar nada ms triste que estaruina. Aqu sola vivir el Conde PiotrIlych***, y era famoso por suhospitalidad, un rico magnate del ltimosiglo. Toda la provincia sola visitarle yse dedicaban a bailar y a divertirse,acompaados por la ensordecedoramsica producida por los habitantes dela casa, y el estallido de los fuegosartificiales y de las tracas. Y esprobable que ms de una anciana damaque hoy da pase al lado de la mansinabandonada, suspire y recuerde tiempospasados hace mucho. El Conde pasabaun tiempo considerable en festines,paseando con sonrisas de bienvenida

  • entre la multitud de obsequiososinvitados; pero, desgraciadamente, sufortuna no le dur toda la vida. Trashaberse arruinado completamente,march a San Petersburgo para hacerseun hueco de algn tipo, y muri en unahabitacin de hotel sin haber decididonada. Niebla haba sido empleado comomayordomo en su casa, y haba obtenidosu libertad en vida del Conde. Era unhombre de unos setenta aos de edad,con rasgos agradables y regulares.Sonrea durante casi todo el tiempo,como hoy da solo estn acostumbradosa sonrer los de la poca de Catalina laGrande, de forma amable y digna;

  • cuando se hablaba con l, siempreapretaba y echaba sus labios haciadelante, mientras entrecerraba sus ojosgraciosamente, y pronunciaba suspalabras con una ligera entonacinnasal. Se sonaba la nariz y aspirabatabaco sin apresurarse, como si fuerauna importante ocupacin.

    Y bien, Mijailo Svelich comenc, has atrapado algo?

    Echa un vistazo a la cesta. Un parde percas y unos cinco bagres.Ensaselos, Stepn.

    Stpushka me tendi la cesta.Cmo ests, Stepn? le

  • pregunt.M m m me me las

    apao, seor respondi Stepn,tartamudeando como si un enorme pesole detuviera la lengua.

    Cmo se encuentra Mitrofn?Bi bien, seor.El pobre diablo se dio la vuelta.No est picando, qu va dijo

    Niebla. Hace demasiado calor. Lospeces estn escondidos debajo de losramajes, todos dormidos Psame otrogusano, Stepn. (Stpushka sac otrogusano, lo coloc en la palma de lamano, le dio un par de golpes, lo colgdel gancho, escupi sobre l, y se lo

  • pas a Niebla). Gracias, Stepn Yusted, seor continu, volvindose enmi direccin, de caza?

    Como podis ver.Ya veo, seor Y qu perro

    lleva, seor, ingls o friulano?El anciano quera aprovechar la

    oportunidad de demostrar que era unhombre de mundo y saba una o doscosas.

    No s de qu raza es, pero es unbuen perro.

    Ya veo, seor Sale a cabalgarcon jaura?

    Tengo un par de manadas.Niebla sonri y mene la cabeza.

  • Lo cierto es que los hay que amanlos perros, y los hay que no estninteresados. Lo que yo pienso es que,segn mi propia forma de pensar, losperros deberan reservarse para laexhibicin, como quien dice Y astodo estara donde tiene que estar, losperros en su sitio, los caballos en susitio, y los hombres cuidando de losperros y todo eso. El Conde, que en pazdescanse!, no era mucho de caceras, adecir verdad, pero tena sus perros y unao dos veces al ao sala con ellos y conlos caballos. Los cazadores seagrupaban en el patio con sus caftanesrojos con brocados dorados y tocaban el

  • cuerno. Entonces su excelencia sala y leacercaban el caballo, luego se montabaen el caballo, y el guardin de los perrosle ayudaba con los estribos, y se sacabael sombrero y le acercaba las riendas.Entonces su excelencia chasqueaba lafusta y los cazadores comenzaban aazuzar a los perros, y todos salan delpatio. Un lacayo iba justo detrs delConde, con dos de sus perros favoritosatados en correas de seda mirando a sualrededor, vigilando todo, ya sabe Yeste lacayo iba sentado muy alto sobreuna montura cosaca, todo enrojecido,atento a todo En fin, haba algunosinvitados, ya sabe, en una cosa como

  • esa. Todo era muy agradable de verse,pero haba que observar el decoroOh, se ha escapado, maldita sea! aadi de pronto, tirando de su caa.

    Dicen por ah, o eso creo, que elConde viva por todo lo alto, no escierto? pregunt.

    El viejo escupi sobre un gusano yvolvi a lanzar la caa.

    Un ricachn, eso es lo que era, sihe de decirle la verdad. Las personasms relevantes de San Petersburgosolan visitarle. Se sentaban a comertodos cubiertos de lacitos azules comoel cielo. Y l era muy generoso comoanfitrin. Me haca llamar y me deca:

  • Niebla, para maana quiero esturionesvivos. Manda que traigan, me hasodo?. S, su excelencia. Se hacatraer caftanes bordados, pelucas,bastones, ungentos, odecoln, lo mejorque haba, cajitas de rap y cuadros asde grandes desde Pars. Y cuando dabaun banquete, oh, Dios mo! Qu tracashaba, qu excursiones! Hasta disparosde caones. Tena cuarenta msicos opor ah, y un director alemn, y esealemn se daba unos aires; fjese, quequera comer en la misma mesa que losinvitados. As que su excelencia lo echde su casa, diciendo: En mi casa losmsicos tienen que saber el lugar que

  • les corresponde. Ese era su derechocomo amo, y no hay ms que decir. Seponan a bailar, y bailaban hasta elamanecer, sobre todo bailes escoceses yde esa clase E e e tengo uno!(El viejo tir y sac una pequea percadel agua). Cgelo, Stepn. El amo era unamo como deberan ser todos los amoscontinu, volviendo a lanzar la caa, y tena un corazn muy generoso. Tedaba un sopapo, y al rato ya se habaolvidado de todo el asunto. Solo tena undefecto, le gustaba mantener a mujerescaras. Oh, mi buen Seor, qu mujeres!Ellas fueron las que lo arruinaron. Y lamayora las sacaba de entre las gentes

  • ms bajas. Uno se pregunta qu mspodran querer! Oh, pero queran lomejor que se pudiera conseguir en todaEuropa, eso es lo que queran! Y dirusted que por qu no iba a vivir comoquera, que para eso era el amo Peroarruinarse por ello, eso no est bien.Haba una sobre todo: se llamabaAkulina, ahora est muerta, que en pazdescanse! Era de lo ms comn, la hijade un polica de Stov, pero qu perraera! Lleg a darle una bofetada. Lo tenaembrujado. Hizo que raparan y enviaranal ejrcito a uno de mis parientes porquederram shocolat sobre su vestido Yno fue el nico, tampoco. Y a pesar

  • de todo, eran buenos tiempos aquellos,s que lo eran! aadi el viejo con unprofundo suspiro, agach la cabeza y yano dijo nada ms.

    Tu amo, por lo que puedoentender, era un hombre severo, no? comenc a decir despus de un brevesilencio.

    Era lo que se llevaba, seor contest el anciano, meneando lacabeza.

    Ahora no se comportan de esamanera coment, sin dejar de mirarlo.

    l me observ de soslayo.Ahora las cosas son mejores, o

    eso dicen murmur, lanzando la caa

  • a lo lejos.

    Estbamos sentados a la sombra, perotambin all el calor era sofocante. Elviento pesado y caluroso se habadespejado; los rostros ardientesbuscaban cualquier tipo de brisa, perono la haba. El sol nos golpeaba desdeun cielo azul oscuro; justo frente anosotros, en la otra orilla del ro, uncampo de avena refulga amarillo, conramajes de ajenjo que crecan aqu yall. Un poco ms lejos el caballo de uncampesino estaba de pie en el ro, con elagua hasta las rodillas, y meneaba convagancia su cola mojada. De vez en

  • cuando, un pescado enorme suba hastala zona de la superficie protegida poralgn arbusto que creca hasta el agua,burbujeaba y a continuacin volva ahundirse lentamente hasta el fondo,dejando detrs de s una onda suave enla superficie. Los grillos chirriaban enla hierba que arda bajo del sol; unaperdiz emiti un grito desganado; loshalcones flotaban con suavidad sobrelos caminos, se detenan a menudo sobreun punto, batan con rapidez sus alas ydesplegaban las plumas de sus colas.Estbamos sentados sin movernos,agobiados por el calor. De pronto,detrs de nosotros, lleg un ruido desde

  • el barranco: alguien se acercaba. Mirhacia atrs y vi a un campesino de unoscincuenta aos, cubierto de polvo, conuna camisa de campesino y lapti, unacesta y un abrigo rudo echado sobre suhombro. Se acerc al manantial, bebicon ansia y luego se incorpor.

    Eh, Vlas? grit Niebla,mirando hacia l. Hola, hermano. Dednde te trae el Seor?

    Hola, Mijailo Savlich dijo elcampesino, acercndose a nosotros.De muy lejos.

    Y dnde es eso? le preguntNiebla.

    He ido a Mosc a ver al amo.

  • Y eso por qu?Para preguntarle una cosa.Para preguntarle el qu?Para preguntarle si pago menos

    alquiler, o le pago trabajando, ya sabes,o me manda a otro sitio Mi hijomuri, sabes? As que es duro para marreglrmelas solo.

    Tu hijo ha muerto?Ha muerto. Mi hijo aadi el

    campesino tras una pausa era cocheroen Mosc; sola pagar mi alquiler,sabes?

    Entonces pagas en especie?As es.Y qu te dijo el amo?

  • Que qu me dijo? Me ech, esoes lo que hizo. Dijo que cmo meatreva a ir a verlo a l, que tena unintendente y que tena que verlo a lprimero, eso me dijo. Y adnde voy amandarte de todas formas? Antes tienesque pagarme lo que me debes, me dijo.Se puso furioso, eso es lo que hizo.

    As que has vuelto aqu?He vuelto aqu. Quera saber si mi

    hijo dej algo al morirse, pero no pudeentenderme con ellos. Le dije al amo:Soy el padre de Filipp, y l me dice:Y cmo s yo que eso es verdad? Detodas formas, tu hijo no ha dejado nadasuyo; y me deba dinero. As que he

  • regresado.El campesino relat todo esto con un

    ligero tono irnico, como si nada tuvieraque ver con l, pero le asomabanlgrimas en los pequeos y apretadosojillos y le temblaban los labios.

    As que ahora vas para casa, no?Adnde si no? Claro que voy a

    casa. Mi mujer estar royndose losnudillos de hambre, seguro.

    Pero t Deberas comenzde pronto a decir Stpushka, pero se lio,dej de hablar y comenz a rebuscaralgo en el tarro.

    Entonces vas a ir a ver alintendente? continu Niebla, mirando

  • a Stepn sorprendido.Y para qu? Les debo dinero, eso

    es cierto. Antes de que mi hijo murierase haba pasado enfermo un ao entero,y no pag ni su propio alquiler Eso nome preocupa, porque no tiene nada quever conmigo de todas formas Noimporta lo listo que seas, hermano, nadade lo que se te ocurra servir. Tengo laconciencia tranquila! el campesino sepuso a rer. No importa lo que se leocurra a ese Kintilian Seminich yVlas volvi a rerse de nuevo.

    Qu has dicho? Eso est muymal, Vlas, hermano anunci Niebla,haciendo una pausa despus de cada

  • palabra.Qu hay de malo en ello? No

    es Pero la voz de Vlas se quebr eneste punto. Oh, hace un calor continu, secndose la cara con lamanga.

    Quin es tu amo? pregunt.El Conde, Valerian Petrvich.El hijo de Piotr lich?El hijo de Piotr lich dijo

    Niebla. Piotr lich, el Conde anterior,le regal la aldea de Vlas cuandotodava viva.

    Y tiene buena salud?Pues s, gracias a Dios

    respondi Vlas. Se ha puesto todo

  • rojo, con la cara gorda.Ya ve, seor continu Niebla,

    volvindose en mi direccin, todo sesolucionara si estuviera a las afueras deMosc; pero es aqu donde debealquiler.

    Cunto?Noventa y cinco rublos

    murmur Vlas.Ya ve usted cmo es, no hay ms

    que un poquito de tierra, y todo lo demsson los bosques del amo.

    Y eso lo han vendido, o eso dicencoment el campesino.

    Bueno, pues ya ve ustedPsame un gusano, Stepn Eh, Stepn,

  • te has dormido?Stpushka se despert. El campesino

    se sent con nosotros. Todos guardamossilencio. En la orilla opuesta una vozinici una tonada, pero era triste ydemasiado larga Mi pobre Vlas diorienda suelta a su desesperacin

    Media hora ms tarde, cada unosigui su camino.

  • EL MDICO DELDISTRITO

    Una vez, en otoo, de regreso de unlugar lejano, cog un resfriado y tuve queguardar cama. Por suerte la fiebre medio en una ciudad de provincias, en unhotel; mand buscar a un mdico. Elmdico del distrito apareci en mediahora, un hombre no muy alto, delgaduchoy de cabello oscuro.

  • Escribi la receta habitual para algoque me provocara sudores, orden laaplicacin de una cataplasma y conmucho tacto desliz mi pago de cincorublos en los puos de su abrigo sindejar de emitir una tos seca y mirar dereojo. Estaba a punto de marcharsecuando iniciamos una charla y se qued.La fiebre me atormentaba; anticip unanoche en vela y la charla con un hombreamable me alegr. Sirvieron t. Mi buendoctor comenz a hablar. No era tonto,se expresaba animadamente y de formabastante entretenida. Cosas extraasocurren sobre esta tierra: uno puedevivir durante mucho tiempo con alguien

  • en los trminos ms amigables, y aun asno mantener ni una sola conversacinsincera con l, desde el fondo del alma;mientras que con otra persona a la queuno acaba de conocer, en un momentouno le suelta entera la historia de lapropia vida. Ignoro qu me hizo dignode las confidencias de mi nuevo amigo,a no ser que desarrollase una simpatainstantnea por mi persona, pero debuenas a primeras me relat un episodiobastante increble. Es su historia la queahora deseo relatar al bien dispuestolector. Tratar de expresarme con lasmismas palabras que utiliz l.

  • No conocer usted comenz, convoz dbil y temblorosa (resultado delrap de abedul sin adulterar) noconocer usted por casualidad al juezlocal, Milov, Pvel Lkich? No loconoce Bueno, no importa. Tosidurante un rato y se sec los ojos.Ver, fue as, como suele decirse, porno mentir; fue durante la Cuaresma, enpleno deshielo. Estaba sentado con l,nos encontrbamos en su casa, yjugbamos al prfrence. Este juez es unbuen hombre y le encanta jugar alprfrence. De pronto mi mdicopareca afecto a esta expresin, de

  • pronto me dicen que hay alguien que mebusca. Pregunto qu es lo que quiere. Lapersona en cuestin trae una nota, debede ser de un paciente. Djeme verla,digo. S, es de un paciente Muy bien,est bien, ya sabe, es nuestro pan decada da La cosa es como sigue: lanota es de una dama, la viuda de unterrateniente que dice que su hija semuere, venga por el amor de Dios, heenviado caballos a recogerlo. Bueno,hasta aqu la cosa es normal, exceptoque vive a veinte verstas, afuera estoscuro y el camino es deplorable! Y loque es ms, ella misma no posee unagran fortuna, es posible que solo me

  • signifique un par de monedas de plata, oni eso, probablemente tendr queconformarme con un trozo de tela y unoscuantos mendrugos, o algo por el estilo.Pero el deber es lo primero, ya sabe,cuando alguien se est muriendo. Depronto le paso mis cartas a un miembrodel grupo de siempre, Kalliopn, y salgoen direccin a mi casa. Veo un pequeocarro frente a mi porche, enganchadocon caballos de campesinos, con laspanzas que les cuelgan, panzas enormes,y con unas mantas de lana gruesas comofieltro echadas por encima, y un cocherosentado en el pescante con la cabezadescubierta en seal de respeto

  • Bueno, me digo, est claro como elagua, mi querido amigo, tus amos nocomen de un plato de oro Puedererse, pero le dir una cosa, los quesomos pobres nos damos cuenta decosas as Si el cochero est ahsentado como un prncipe, por ejemplo,si no se descubre la cabeza y hastasonre bajo la barba, y hace floriturascon el ltigo, puede apostar que sellevar usted un par de billetes gordos!Pero me huelo que no va a haber nada deesto en este caso. De todas formas, medigo, no puedes hacer nada sobre ello,el deber es lo primero. Cojo losmedicamentos ms habituales y me

  • pongo en marcha. Lo crea o no, apenasconsigo llegar hasta a mi destino. Elcamino es un infierno: riachuelos, nieve,barro, rfagas de viento de repentehuracanadas; un desastre! Aun as,logro llegar. La casa es pequea, contecho de paja. Hay luz en las ventanas,an me esperan. Entro. Me encuentrocon una anciana muy digna, con unacofia. Por favor, aydenos, me dice,se muere. Yo le digo: No sepreocupe. Dnde est la paciente?.Por aqu, por favor. Echo un vistazo ala limpia habitacin, con una lmpara enla esquina y una muchacha de unosveinte aos echada sobre la cama,

  • inconsciente. Est ardiendo y respiracon dificultad febril. Hay dos muchachasms, sus hermanas, asustadas ysollozantes. Ayer por la noche, meexplican, estaba perfectamente y tenabuen apetito; esta maana se ha quejadode un dolor de cabeza, pero hacia elcrepsculo se ha puesto as, depronto. Yo les repito: No sepreocupen, es el deber de un mdico,ya sabe; as que me pongo a trabajar. Lasangro, pido cataplasmas, escribo unareceta. Entretanto la miro, no puedodejar de mirar, ya sabe; en fin, Dios mo,nunca he visto un rostro como el suyoen una palabra, una hermosura! Mi

  • compasin por la joven me estmatando. Unos rasgos tan delicados,unos ojos Entonces, gracias a Dios,comenz a mejorar, a sudar la fiebre, sedio cuenta de dnde se encontraba, mira su alrededor, sonri, se pas la manopor la cara Sus hermanas se echaronsobre ella y le preguntaron: Cmo teencuentras?. Estoy bien, dijo y sedio la vuelta Veo que se ha quedadodormida. Muy bien, digo, debemosdejarla descansar. As que todos salimosde puntillas de la habitacin; solo sequeda una criada para vigilarla. En lasalita el samovar est listo, y tambinuna botella de ron jamaicano En mi

  • negocio son cosas inevitables. Meofrecen t y me ruegan que me quede apasar la noche Digo que s: adndevoy a irme a esas horas? La anciana nodeja de gemir y de suspirar. Por qususpira?, le digo. Va a salir de esta,no se preocupe. Sera mejor si ustedtambin descansara. Son las dos de lamaana. Pero me despertar usted sipasa algo?. Har que la despierten, nose preocupe. La anciana se retira a suhabitacin y las hermanas a las suyas.Me prepararon una cama en la salita. Meech, pero no lograba dormirme, todoera tan inslito! Cualquiera habrapensado que estara destrozado por el

  • viaje. Pero no poda quitarme de lacabeza a la paciente. Al cabo no pudeaguantarlo ms y de pronto me levant,con la idea de ir a ver cmo seencontraba. Su habitacin era contigua ala salita. Pues bien, me levant y abr supuerta con cuidado, el corazn me lataintensamente. Veo que la criada estdormida, la maldita tiene la bocaabierta y est roncando! Pero la enfermaest echada con el rostro vuelto hacia my con los brazos cados de cualquiermanera, pobrecilla. En cuanto me acercoabre los ojos de pronto y los clava enm. Quin es? Quin es?. Me entrel pnico. Muy bien, no te asustes,

  • querida, le digo. Soy el mdico, y hevenido a ver cmo ests. Usted es elmdico?. El mdico, s, el mdicoTu madre envi por m a la ciudad. Tehe sangrado, querida, y ahora debesdescansar y en un par de das, si Diosquiere, estars andando. Oh, s,doctor, no debe usted dejarme morirSe lo ruego. No digas esas cosas, queel Seor te guarde!. Pero le habavuelto la fiebre, o eso me pareca; letom el pulso: s, la fiebre. Me mirfijamente y, de pronto, me agarr de lamano. Le contar por qu no quieromorirme, se lo contar todo Ahoraque estamos a solas. Solo le pido que no

  • se lo diga A nadie Esccheme. Meagach hasta ella y con esfuerzo mehabl al odo, y su cabello me roz lamejilla; entonces comenz a murmurarNo entenda nada de lo que decaObviamente, deliraba Susurr,susurr, tan rpido que no pareca ruso,y entonces, estremecindose, dej dehablar, volvi a dejar caer la cabezasobre la almohada y me amenaz con eldedo: Tenga cuidado de no contrselo anadie, doctor. Logr calmarla dealguna forma, le di algo de beber,despert a la criada y sal de all.

    En aquel momento, suspirando conamargura, el mdico del distrito tom un

  • poco de rap y por un minuto ces dehablar.

    Sin embargo continu, al dasiguiente, la enferma, al contrario de loque esperaba, no mejor. Pens y pensqu poda hacerse, y de pronto tom ladecisin de quedarme con ella, aunqueme esperaban otros pacientes Y, yasabe, uno no debe abandonar a lospacientes: una consulta puede sufrircuando se hacen esas cosas. Pero, enprimer lugar, la enferma estaba en unestado desesperado; y, en segundo lugar,para serle sincero, me senta muyatrado por ella. Lo que es ms, toda lafamilia me gustaba. Aunque no tenan

  • muchas posesiones materiales, eranextraordinariamente bien educados,podra decirse. Su padre haba sido unhombre de gran cultura, un escritor; porsupuesto, haba muerto en la pobreza,pero haba logrado dar a sus hijos unaformacin excelente, y tambin les habaproporcionado una excelente biblioteca.Por haber cuidado de la enferma contanta devocin, o por la razn que fuera,en la casa me tomaron mucho cario, metrataban como uno ms de la familiaMientras tanto, el estado de lascarreteras se haba vuelto muypreocupante. Todas las comunicacionesestaban cortadas. Los medicamentos

  • solo podan obtenerse en la ciudad, condificultad La enferma no mejorabaPasaba un da y otro da Bueno, ver,seor mo El doctor guardsilencio. No s muy bien cmoexplicarlo, seor Volvi a tomaralgo de rap, estornud y bebi algo det. Se lo dir sin rodeos, mipaciente Cmo explicarlo? En fin,se enamor de m O no, no seenamor tanto como En fin, a pesar detodo No puedo estar seguro del todo,seor El mdico dej caer lacabeza y enrojeci.

    No! continu con animacin,no era amor! Al fin y al cabo uno debe

  • conocer su propia vala. Ella era unamuchacha educada, inteligente, culta,que haba ledo ampliamente, mientrasque yo me haba olvidado, podradecirse, de todo el latn que habaestudiado. En lo que se refiere a miaspecto el mdico se ech un vistazocon una sonrisa, no tena nada de quenorgullecerme. Pero el buen Seor nome haba convertido en un autnticoidiota; no llamar al negro blanco, y soycapaz de entender las cosas. Porejemplo, entend muy bien queAlexandra Andrievna, se llamaba as,no senta tanto amor como ms bien loque podra llamarse una disposicin

  • amigable, una suerte de respeto. Aunquees posible que pudiera tener la actituderrnea, su estado era, bueno, pued