romancero gitano (1924-1927) federico garcía lorca

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  • ROMANCERO GITANO (1924-1927)

    Federico Garca Lorca

    Edicin:

    Julio Pollino Tamayo

    cinelacion@yahoo.es

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    ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

    A Conchita Garca Lorca

    Conchita, su hermana, en el centro de la foto

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    ROMANCE DE LA LUNA, LUNA

    La luna vino a la fragua con su polisn de nardos. El nio la mira mira. El nio la est mirando. En el aire conmovido mueve la luna sus brazos y ensea, lbrica y pura, sus senos de duro estao. Huye luna, luna, luna. Si vinieran los gitanos, haran con tu corazn collares y anillos blancos. Nio, djame que baile. Cuando vengan los gitanos, te encontrarn sobre el yunque con los ojillos cerrados. Huye luna, luna, luna, que ya siento sus caballos. Nio, djame, no pises mi blancor almidonado. El jinete se acercaba tocando el tambor del llano. Dentro de la fragua el nio, tiene los ojos cerrados. Por el olivar venan, bronce y sueo, los gitanos. Las cabezas levantadas y los ojos entornados. Cmo canta la zumaya, ay cmo canta en el rbol! Por el cielo va la luna con un nio de la mano. Dentro de la fragua lloran, dando gritos, los gitanos. El aire la vela, vela. El aire la est velando.

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    PRECIOSA Y EL AIRE

    A Dmaso Alonso.

    Dmaso Alonso el primero por la izquierda

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    PRECIOSA Y EL AIRE

    Su luna de pergamino Preciosa tocando viene, por un anfibio sendero de cristales y laureles. El silencio sin estrellas, huyendo del sonsonete, cae donde el mar bate y canta su noche llena de peces. En los picos de la sierra los carabineros duermen guardando las blancas torres donde viven los ingleses. Y los gitanos del agua levantan por distraerse, glorietas de caracolas y ramas de pino verde. Su luna de pergamino Preciosa tocando viene. Al verla se ha levantado el viento, que nunca duerme. San Cristobaln desnudo, lleno de lenguas celestes, mira a la nia tocando una dulce gaita ausente. Nia, deja que levante tu vestido para verte. Abre en mis dedos antiguos la rosa azul de tu vientre.

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    Preciosa tira el pandero y corre sin detenerse. El viento-hombrn la persigue con una espada caliente. Frunce su rumor el mar. Los olivos palidecen. Cantan las flautas de umbra y el liso gong de la nieve. Preciosa, corre, Preciosa, que te coge el viento verde! Preciosa, corre, Preciosa! Mralo por dnde viene! Stiro de estrellas bajas con sus lenguas relucientes. Preciosa, llena de miedo, entra en la casa que tiene ms arriba de los pinos, el cnsul de los ingleses. Asustados por los gritos tres carabineros vienen, sus negras capas ceidas y los gorros en las sienes. El ingls da a la gitana un vaso de tibia leche, y una copa de ginebra que Preciosa no se bebe. Y mientras cuenta, llorando, su aventura a aquella gente, en las tejas de pizarra el viento, furioso, muerde.

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    REYERTA

    A Rafael Mndez.

    El Doctor Rafael Mndez a la izquierda

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    REYERTA

    En la mitad del barranco las navajas de Albacete bellas de sangre contraria, relucen como los peces. Una dura luz de naipe recorta en el agrio verde, caballos enfurecidos y perfiles de jinetes. En la copa de un olivo lloran dos viejas mujeres. El toro de la reyerta se sube por las paredes. ngeles negros traan pauelos y agua de nieve. ngeles con grandes alas de navajas de Albacete. Juan Antonio el de Montilla rueda muerto la pendiente, su cuerpo lleno de lirios y una granada en las sienes. Ahora monta cruz de fuego carretera de la muerte. El juez, con guardia civil, por los olivares viene. Sangre resbalada gime muda cancin de serpiente. Seores guardias civiles: aqu pas lo de siempre. Han muerto cuatro romanos y cinco cartagineses. La tarde loca de higueras y de rumores calientes, cae desmayada en los muslos heridos de los jinetes. Y ngeles negros volaban por el aire del poniente. ngeles de largas trenzas y corazones de aceite.

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    ROMANCE SONMBULO

    A Gloria Giner y a Fernando de los Ros.

    La divulgadora Gloria y su esposo Fernando al fondo

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    ROMANCE SONMBULO

    Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaa. Con la sombra en la cintura, ella suena en su baranda verde carne, pelo verde, con ojos de fra plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas la estn mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduo, eriza sus pitas agrias. Pero quin vendr? Y por dnde?... Ella sigue en su baranda verde carne, pelo verde, sonando en la mar amarga.

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    Compadre, quiero cambiar, mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los puertos de Cabra. Si yo pudiera, mocito, este trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa Compadre, quiero morir decentemente en mi cama De acero, si puede ser, con las sbanas de holanda. No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo. Ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir!, dejadme hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.

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    Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lgrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, heran la madrugada. Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. Compadre! Dnde est, dime? Dnde est tu nia amarga? Cuntas veces te esper! Cuntas veces te esperar cara fresca, negro pelo, en esta verde baranda! Sobre el rostro del aljibe, se meca la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fra plata. Un carmbano de luna, la sostiene sobre el agua. La noche se puso ntima como una pequea plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaa.

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    LA MONJA GITANA

    A los Moreno Villa.

    El poeta Jos Moreno Villa sentado

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    LA MONJA GITANA

    Silencio de cal y mirto. Malvas en las hierbas finas. La monja borda alheles sobre una tela pajiza. Vuelan en la araa gris, siete pjaros del prisma. La iglesia grue a lo lejos como un oso panza arriba. Qu bien borda! Con qu gracia! Sobre la tela pajiza, ella quisiera bordar llores de su fantasa. Qu girasol! Qu magnolia de lentejuelas y cintas! Qu azafranes y qu lunas, en el mantel de la misa! Cinco toronjas se endulzan en la cercana cocina. Las cinco llagas de Cristo cortadas en Almera. Por los ojos de la monja galopan dos caballistas. Un rumor ltimo y sordo le despega la camisa, y al mirar nubes y montes en las yertas lejanas, se quiebra su corazn de azcar y yerbaluisa, Oh!, qu llanura empinada con veinte soles arriba. Qu ros puestos de pie vislumbra su fantasa! Pero sigue con sus flores, mientras que de pie, en la brisa, la luz juega el ajedrez alto de la celosa.

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    LA CASADA INFIEL

    A Lydia Cabrera y a su negrita.

    La narradora Lydia Cabrera y sus negras.

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    LA CASADA INFIEL

    Y que yo me la llev al ro creyendo que era mozuela, pero tena marido. Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las ltimas esquinas toqu sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidn de su enagua me sonaba en el odo, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los rboles han crecido y un horizonte de perros ladra muy lejos del ro.

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    Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quit la corbata. Ella se quit el vestido. Yo el cinturn con revlver. Ella sus cuatro corpios. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de fro. Aquella noche corr el mejor de los caminos, montado en potra de ncar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llev del ro. Con el aire se batan las espadas de los lirios. Me port como quien soy. Como un gitano legtimo. La regal un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido me dijo que era mozuela cuando la llevaba al ro.

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    ROMANCE DE LA PENA NEGRA

    A Jos Navarro Pardo.

    Arabista amigo de Lorca

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    ROMANCE DE LA PENA NEGRA

    Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad: por quin preguntas sin compaa y a estas horas? Pregunte por q

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