vuelos bajos

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Òscar Jordán

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A GG le pegaron una paliza en el portal de su casa cuando sala a pasear con su mujer y sus hijos un domingo. Cuatro tos grandes, con los brazos tatuados y camisetas sin mangas. Dos costillas, nariz y un brazo roto. Bastantes cardenales y la sangre suficiente como para que GG se desmayara. Aunque, por lo visto, lo que le hizo perder el conocimiento fue una terrible patada en el bazo propinada a sangre fra cuando ya estaba tendido en el suelo. Y digo por lo visto porque el asunto no estaba muy claro. Dos tipos trajeados hablaban en la cafetera del aeropuerto mientras yo tomaba una cerveza y lea el peridico. En un principio su cercana me haba molestado. Su conversacin del tipo la crisis de las hipotecas est provocando una fluctuacin del mercado y todo ese rollo econmico pronunciado con voz grave e interesante de eh, to, mi corbata es de serie limitada me tocaba la fibra. Estaba leyendo la crtica de un concierto de Wilco cuando se colocaron a mi lado y le pidieron a gritos dos cafs al camarero, que corra de un lado a otro tras la barra. No me gustaba la superioridad y el despotismo en ninguna de sus versiones. Y, sobre todo, no me gustaba que me molestaran cuando lea el peridico si no era por una buena causa. Pero despus de unas cuantas frases sobre el mercado de valores surgi la historia de GG. Una buena historia. Las iniciales de GG respondan al nombre de Gonzalo Garca. Supuse que el tal Gonzalo se haba encargado de que la gente le mentara de aquella manera. No era un apodo frecuente, responda a la exclusividad y, a la vez, otorgaba cercana. Era ridculo pero seguro que en algn libro de liderazgo e influencia se mencionaba esta tcnica. El caso es que GG era el fundador y director de una compaa para la que trabajaban aquellos dos tipos. No me fue necesaria una descripcin de su perfil para saber que era un padre de familia ejemplar, un gran profesional, un hombre respetado, admirado y forrado de dinero. Catlico, por supuesto. Licenciado de expediente inmaculado con varios masters y cursos, don de lenguas y estancias en el extranjero. Miembro de un club exclusivo y habitual en los crculos empresariales ms prestigiosos. Quizs varias intervenciones en los medios de comunicacin ms punteros del pas y comprometido con la poltica (de derechas, por supuesto), pero todo esto eran conclusiones mas. El problema es que GG tena un pito. Un pito y mucho poder. Ganaba el dinero suficiente para procurar a su familia una vida ostentosa y placentera. Ya se sabe: chalet con piscina, perros de raza, colegio privado para los chavales, ama de llaves, hobbys caros. Y robaba lo suficiente para que su mujer no se diera cuenta al repasar las cuentas de sus noches de Don Perignom, putas de lujo y una cocana de alta pureza que l, por supuesto, no probaba. Pero el ego de GG era grande. Los premios, las menciones especiales, los halagos y las palmaditas en la espalda de sus colegas y compaeros, no eran suficiente. De vez en cuando necesitaba conquistar y echar un polvo a la vieja usanza: sin pagar. Bueno, l no era tonto y saba que ya no habra ms polvos como aquellos de la universidad, cuando todava no era nadie. Pero era mejor impresionar a una chica con su elegante forma de vestir, con su deportivo azul o con una cena en un lujoso restaurante que poner 500 dlares en la mesita de noche de una suite del Waldorf Astoria de Nueva York para una seorita de alto standing Por eso se fij en aquella becaria de ojos verdes y pelo negro. Cuerpo turgente (natural) y 21 aos de pura dinamita. Inteligente, ambiciosa y sensible a la vez. As que pens que unas cuantas frases en francs, un par de visitas a su despacho de la ltima planta de un rascacielos, desde el que se divisaba el mar, para hablarle de los progresos de su trabajo y del futuro que podra aguardarle en su empresa, seran suficientes. Pero hasta los tipos con suerte se dan de vez en cuando en una esquina. Cuando GG ech mano al tirante de su vestido la jodi. Y la debi de joder bien jodida, a juzgar por los quince das de hospital que le haba recetado el novio de la becaria y tres colegas ms que no deban tener nada que hacer aquella maana. Joder, pens mientras escuchaba la historia de boca de los dos tipos en la cafetera del aeropuerto. La crtica de Wilco poda esperar as que ped otra cerveza con discrecin al camarero que pareca ms relajado y segu pegando el odo. Lo peor no fue la paliza, al parecer. Lo peor fue que mientras los tipos vapuleaban al gran GG le iban explicando por qu lo hacan y enumeraban cada hostia con una frase de lo acontecido en aquel despacho. As que su mujer y sus dos hijos, nia y nio, quince y diecisiete aos respectivamente, iban confirmando la sospecha de que aquel hombre con el que compartan su vida era un extrao para ellos. Cerr los ojos y me imagin el cuadro. Cuatro gorilas zumbando a un tipo en mitad de la calle de una urbanizacin de lujo ante dos chavales repeinados y asustados envueltos en lgrimas y una mujer entrada en carnes histrica chillando que alguien me ayude. Estaba dando las ltimas pinceladas a mi boceto mental hasta que escuch con lo buena que est la mujer de Garca ms de uno se va a alegrar. Buena? Alegrar? S, sobre todo Roge Me imagin una goma de borrar gigante y elimin a la seora mayor entrada en carnes de mi boceto. En su lugar coloqu a una rubia platino operada hasta las cejas pero no demasiado joven. Su hijo mayor tena diecisiete aos. Segu pegando oreja. La conversacin se activ de repente como si los dos tipos hubieran estado dando palos de ciego hasta ese momento para encontrar la senda. La senda era la seora Garca, que result no ser rubia, ni (aparentemente) operada, ni siquiera madre de los dos retoos de GG. La Seora en cuestin tena treinta y cinco aos, morena, de cuerpo estilizado y poderoso, ojos claros, educada pero distante en el trato y cuando uno de los interlocutores dijo que tena las piernas ms bellas que l haba visto jams, el otro asinti con la mirada perdida como si esa visin le atormentara. Cuanto ms hablaban ms jodido vea a GG. Ahora me enteraba de que su mujer haba asistido con una pasividad absoluta a los hechos acaecidos aquella maana de domingo. Las malas lenguas aseguraban que disfrut de aquel instante. En un principio yo no lo cre pero cuando me enter de que, adems de las escayolas y los puntos de sutura, GG tena una demanda de divorcio sobre la mesita de una cama de un hospital privado, me apunt a esa teora. Para ella habra sido mejor que su marido se hubiera quedado all. Un mal golpe, o un buen golpe, segn se mire. As hubiera obtenido un beneficio mayor y ms limpio. Pero los hechos ocurridos constituan una base importante para que un buen abogado pudiera desnudar un poco la fortuna de GG y vestir la de su ex esposa, liberndola de aquel ser altivo y de aquellos dos mocosos que no paraban de dar problemas. Ah entraba en juego el tal Roge. Un abogado argentino de la jet que, al parecer, se estaba tirando a la mujer de GG. Despus de un rato ms de conversacin salpicado con frases lascivas y comentarios obscenos sobre la seora de GG, los dos tipos volvieron al debate econmico de las hipotecas, las divisas y el mercado. Pens que en cualquier momento retomaran el tema, pero uno avis al otro de que faltaba media hora para que su avin despegara. Pidieron la cuenta de los cuatro cafs y dejaron diez euros. Observ cmo se alejaban entre risotadas, cedindose el paso a la salida y dndose palmaditas en la espalda. Tras la barra no haba nadie en ese momento. El camarero se haba perdido por la puerta de la cocina.

Tuve que caminar tres manzanas para llegar a la calle Columbia. A esa hora era imposible aparcar. Haca calor y todo el mundo estaba trabajando. Las dependientas de la frutera de la esquina se enfrentaban con dignidad a un montn de amas de casa inquietas y crticas con el precio de la fruta. La ms joven me salud con la cabeza cuando pas. Le devolv el saludo llevndome la mano a la cabeza como hacen los militares. Despus pas por la pastelera de Lili. Me detuve un instante y asom la cabeza. All estaba, trabajando sus bolas de masa. Llevaba una camiseta sin mangas y un pauelo negro en la cabeza. Los msculos de sus brazos se contraan y se relajaban a cada movimiento. Estaba en forma la pequea.- Cundo vas a dejar de pelearte con la harina? dije acercndome a ella.- Cundo t sepas diferenciar una pasta brisa de un hojaldre contest con su acento francs.- Est bien. Dame uno de esos maravillosos eclairs que fabrican tus manos.- No, Martn dijo sonriente.- No? Por qu? Te recuerdo que antes que amigo soy cliente. Y todava no estoy borracho.- Los tiras en la papelera que hay delante del bar de Fran.Bueno, tena razn. Yo no era de dulces. Pero pagaba. Y el negocio de Lili no iba demasiado bien.- Quin te ha dicho eso?- Lo he visto yo. Con estos respondi sealndose los ojos.- Saba que antes o despus te asomaras para verme el culo. A las mujeres os obsesiona el culo de los tos.- En realidad me asomo para asegurarme de que llegas vivo al Vesuvio apunt con una sonrisa.- Slo hay tres portales.- Suficiente para ti, Martn. - Vale, no me pongas ese eclair. Me conformo con un caf solo.- Eso est mejor dijo con satisfaccin.- Si te sientes sola, aburrida, incomprendida, olvidada, menospreciada por la sociedad y la vorgine del capitalismo moderno, puedes pasarte luego a tomar una cerveza conmigo. Hoy invito yo. Si ests alegre y tienes ganas de bailar ya sera la hostia. - Lo pensar. Pero sabes que cierro a las ocho y que cuando me paso por all no te acuerdas de mi nombre.- Ummm -murmur sabiendo que, en parte, tena razn. Cog mi caf y me sent en una de las mesas con mi peridico. Buscando las pginas de cultura para leer la crtica de Wilco, vi que esa noche ponan en la televisin una pelcula de Jarmusch que no haba visto. Tena la sana costumbre de empezar a leer el peridico por la contraportada, evitando as el aluvin de poltica y economa con el que saturaban la lucidez del lector en las primeras pginas, aunque sola pasar la seccin de televisin y radio. Le e