transatlantico 9

Download Transatlantico 9

Post on 17-Mar-2016

216 views

Category:

Documents

2 download

Embed Size (px)

DESCRIPTION

Periódico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de España/AECID, Rosario, Argentina. Número 9, otoño de 2010.

TRANSCRIPT

  • Bienvenidos a la

    Peridico de arte, cultura y desarrollo del Centro Cultural Parque de Espaa, Rosario, Argentina. N 9, otoo de 2010

  • L2 Transatlntico

    Ignacio Martnez

    La conviccin del carcter trascendente del 25 de mayo es uno de los rasgos fundamentales que definen la identidad colectiva argentina. Por qu? Hay al menos dos grandes respuestas a esa pregunta. La primera, y la ms difundida, es que el 25 de mayo de 1810 y los sucesos que se desencadenaron desde esa fecha son el momento de la historia donde los componentes esenciales de la nacionalidad, del ser argen-tino, se manifestaron con toda su fuerza para dar inicio a un perodo donde la suerte de la nacin qued en sus propias manos. La segunda respuesta niega la existencia de la nacin argentina como sujeto his-trico en 1810, pero no por ello deja de aceptar la importancia de la revolucin en la identidad nacional. Desde esta segunda perspectiva, el reconocimiento unnime del 25 de mayo como fecha trascendente es una prueba del xito de la poltica cultural de invencin de nacin que se llev adelante desde el ltimo tercio del siglo XIX en adelante. Entre una postura y otra existe toda una gama de lecturas posibles que slo coinciden en un punto: la revolucin de mayo es uno de los epi-sodios histricos con mayor relevancia en la cultura cvica argentina. La importancia de la revolucin como mito fundante fue advertida y alimentada desde muy temprano. Durante la dcada de 1810, cuando las autoridades que haban desplazado al virrey en Buenos Aires se halla-ban sumidas en profundas disputas internas y sus ejrcitos intentaban infructuosamente conservar bajo la influencia de la capital todo el terri-torio de su virreinato, el gobierno central se esforz por difundir la idea de que el 25 de mayo haba sido un quiebre que estaba dando paso a una nueva poca denominada por esos das regeneracin poltica. Ao a ao a partir de 1811, se intent instalar esa imagen organizando fiestas conmemorativas en todas las ciudades donde se mezclaban elementos de alto impacto emotivo heredados de las fiestas coloniales con motivos discursivos novedosos que consagraban la revolucin como el fin de la opresin desptica y el comienzo a la vez de una nueva era de libertad e indudable bienestar general. Estos despliegues simblicos tenan la doble ventaja de llegar a sectores no letrados y de presentar una imagen de la revolucin sin fisuras. Se busc tambin por medio de estas fiestas crear una identidad colectiva que aglutinara a todos los pueblos que la revolucin haba venido a liberar, e incluso que desplazara smbolos tradicionales de identidad local como los de los santos patronos.

    Pero las fiestas, o los discursos y sermones que se pronunciaban en esas ocasiones, no aportaron la nica versin del 25 de mayo. Con el paso del tiempo comenzaron a sumarse interpretaciones escritas bajo la forma de memorias, biografas y autobiografas y, excepcionalmen-te, de crnicas o relatos histricos. La ms temprana de estas historias, el Ensayo de la historia civil del Paraguay, Buenos-Ayres y Tucumn, redactada en 1816 por el den Funes, fue acompaada por un breve

    artculo que llev por ttulo Bosquejo de nuestra revolucin, donde su autor saluda con alborozo la inesperada buena de

    la revolucin pero lamenta al mismo tiempo que sus beneficiarios encuentren tan arduo el modo de encauzarla sin malograr con sus disputas el glorioso futuro que promete. Esa figura oscurecida por las sombras de la incertidumbre con que el den esboza el cuadro de la revolucin se repite en otros relatos. Ello se debe en gran parte a que el proceso iniciado durante la semana de mayo estaba an abierto.

    El sentimiento nacional

    Pasaron los aos y los conflictos no mermaron. A lo largo de su exten-so gobierno, Rosas procur y consigui en gran medida aplacar esas disputas muchas veces, es cierto, crispndolas para luego cortarlas de raz. El Restaurador hizo del orden, del respeto a las leyes y de la obediencia a la autoridad argumentos centrales de su legitimidad y proyect hacia el mito de la revolucin de mayo esos valores. Para Rosas y sus asesores letrados, en mayo de 1810 no haba ocurrido un acto de sublevacin hacia la monarqua hispana sino, por el contrario, un movimiento poltico destinado a salvar para la Corona la lealtad de las tierras ms australes de su dominio frente a la disgregacin y anar-qua que haba introducido la invasin napolenica en la Pennsula. Con ello no se negaba el carcter trascendente de la revolucin: en 1810 el pueblo argentino haba manifestado libremente su lealtad hacia la autoridad legtima del rey y haba luchado para conservarla. Slo la obcecada negativa de las autoridades peninsulares en reconocer este gesto decidi a sus desengaados sbditos a declarar la independencia seis aos despus. No descuid Rosas tampoco la organizacin de las

    Aunque el cariz de su significado histrico ha sido fuente de masivas e intensas diputas, en el gran relato argentino, en el de unos y otros, la trascendencia del 25 mayo de 1810 nunca fue cuestionada. La fecha est unida de manera indefectible a todas las fbulas de la identidad colectiva, y marca, con precisin originaria, el comienzo de la ms perdurable invencin cultural: la nacionalidad.

    La suerte de la nacin

    Fiestas Mayas. Buenos Aires. Pellegrini, litografa coloreada, 1941. Monumenta Iconographica,Emec Editores, Buenos Aires, 1964.

    Img

    enes

    : gen

    tilez

    a de

    Val

    eria

    Pr

    ncip

    e,

    Bibl

    iote

    ca A

    rgen

    tina

    Dr.

    Jua

    n Al

    vare

    z, R

    osar

    io

    1. ms sobre este breve artculo

  • Arte, cultura & desarrollo 3

    fiestas en conmemoracin del 25 de mayo. En la meticulosa organi-zacin, su gobierno se propuso representar simblicamente el orden federal como legtimo heredero del movimiento iniciado en 1810.

    Tambin reivindicaban ese ttulo los opositores al rosismo. Entre ellos, los que con ms empeo elaboraron un discurso que pretenda explicar el pasado y a la vez otorgar las claves para gobernar a futuro fueron los miembros de la generacin romntica. En los escritos de Alberdi, Echeverra y otros que formaron parte de ese movimiento la revolucin conservaba el carcter inconcluso que le haban adjudicado sus predecesores, pero ya no se trataba de un acontecimiento ines-perado, provocado por la crisis monrquica, sino que era entendido ahora como el desborde necesario e inevitable del impulso hacia la libertad de un sujeto que apareca aqu por primera vez en los relatos histricos con contornos definidos: la nacin.

    Tras la cada de Rosas en 1852, esa nacin que los romnticos que-ran ya existente en 1810 comenz a cobrar forma institucional a paso lento y con serias dificultades. En la pluma de sus proyectistas, que eran esos mismos miembros de la generacin romntica, la labor pare-ca ser, si no menos trabajosa, s ms previsible que para sus antece-sores. La frmula liberal de una economa abierta a los mercados y capitales externos y un sistema poltico legitimado por la representa-cin del pueblo soberano era el modelo indiscutible para poner de una vez por todas a la Argentina en el camino del progreso. La biografa circunstanciada de Belgrano, escrita por Bartolom Mitre en sucesivas ediciones entre 1857 y 1887, fue la adaptacin ms exitosa del pasado a este nuevo presente pero, sobre todo, a la imagen del futuro ineludible de la nacin. En esta historia argentina no quedaban rastros del com-ponente imprevisto de la revolucin. En mayo de 1810, segn Mitre, se haba concretado una tendencia independentista que haba madurado durante aos entre los criollos, embargados de un sentimiento nacio-nal que las condiciones geogrficas e histricas haban hecho liberal y democrtico ya desde la colonia. Por ello no podan tolerar indefini-damente un gobierno desptico como el espaol, pero tampoco poda esa democracia inorgnica dejarse librada a sus impulsos, porque si tal cosa ocurra la nacin se vera condenada a oscilar entre la anarqua y la tirana. Para probarlo bastaba recordar el camino recorrido desde el caos del ao 1820 a la dictadura rosista. Era el deber de las lites letradas brindar a la nacin un sistema de ideas e instituciones que permitiera encauzar el torrente democrtico en el rumbo del progre-so. El modelo constitucional, republicano y liberal era el que mejor se adaptaba a esas condiciones. De esta manera, el camino iniciado en mayo recin haba sido retomado en Caseros, tras la derrota de Rosas y la sancin de la Constitucin Nacional. La imagen de la nacin como sujeto preexistente y trascendente, protagonista y dadora de sentido a los sucesos revolucionarios de mayo se instalar a partir de aqu como un rasgo incuestionable de la naciente historia argentina.

    Una representacin del poder

    As, hacia la dcada de 1880, los artfices de lo que se conoci como Argentina moderna tenan a su disposicin un relato histrico que volva su poltica al mismo tiempo necesaria y promisoria. Las con-memoraciones organizadas por el Estado no slo reprodujeron esta imagen sino que fueron perdiendo paulatinamente el carcter de fiesta popular que tenan antao, donde los concurrentes participaban en diversos juegos y competencias, para convertirse en una represen-tacin del poder y magnificencia de ese Estado por medio de desfiles militares y fastuosas escenografas, en la que los asistentes eran mero pblico pasivo. Para 1910 la exactitud del relato histrico forjado por Mitre era confirmada por la exitosa adaptacin del modelo productivo argentino a los requerimientos del sistema capitalista mundial, y por la vertiginosa expansin econmica, demogrfica y territorial que esa adaptacin haba provocado. Las celebraciones del centenario de la revolucin estuvieron a tono con esa imagen autocomplaciente que

    la dirigencia se haba formado de su labor al frente de los destinos nacionales.

    Pero el esplendor del centenar

Recommended

View more >