maurice blanchot - thomas el oscuro

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Nueva versión de Thomas El oscuro, nueva porque, aunque hubo una primera, Blanchot no la llama segunda, ya que es esencialmente otra novela como le escribiera a Bataille en una carta -de hecho la primera versión no se volverá a reeditar nunca, y si conserva el título y la anécdota central es porque Blanchot, siguiendo un proceso de depuración que, tal vez, inaugura con esta novela, ha prescindido de todos los elementos superfluos que no le añadían nada-. Es, además, una novela clave dentro de toda la obra de ficción de Blanchot. Pero no solamente porque cierre o abra un ciclo como se ha dicho con razón; sino porque viene a confirmar un principio narrativo que Blanchot sólo abandonará ya por el silencio, y que es también, en cierto modo, su clausura. Principio narrativo que podría ilustrarse quizás con la frase: Todo pasa como si cuanto más se alejaba de sí mismo, más presente estaba. El relato de ficción pone, en el interior de aquel que escribe, una distancia, un intervalo, sin los cuales no podría expresarse, con la que Blanchot trata de explicar esa cualidad extrema de los relatos de Kafka, cualidad que, a nuestro juicio, comparte. Las páginas de Thomas El oscuro sobrecogen como sobrecoge la fábula de Orfeo y Eurídice, a la que alude la novela, de un destino inmerecido. Una novela clave también porque, como todas las de Blanchot, la clave de su interpretación, o de su lectura si se prefiere, no hay que ir a buscarla fuera -ni a la psicología, ni al psicoanálisis- sino que está contenida en ella misma: la novela se rige por sus propias leyes que transgrede y acata al mismo tiempo o alternativamente y, así, los acontecimientos más inverosímiles -y la muerte es el acontecimiento más inverosímil que pueda imaginarse- se suceden de la forma más natural, y los acontecimientos más naturales -también la muerte es el acontecimiento más natural que pueda imaginarse- tienen en cambio un aire de inverosimilitud que delata su irrealidad.

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MAURICE BLANCHOTTHOMAS EL OSCURO

TRADUCCIN DE MANUEL ARRANZNARRATIVA CONTEMPORNEAEDITORIAL PRE-TEXTOSThomas se sent y contempl el mar. Durante algn tiempo permaneci inmvil, como si hubiese ido all para seguir los movimientos de los otros nadadores y, aunque la bruma le impidiese ver muy lejos, mantuvo obstinadamente los ojos lijos en aquellos cuerpos que otaban con dificultad. Luego, atrado por una ola ms fuerte, descendi a su vez por la pendiente de arena y se desliz entre los remolinos que le sumergieron rpidamente. El mar estaba tranquilo y Thomas tena costumbre de nadar largo rato sin cansarse. Pero hoy haba elegido un itinerario nuevo. La bruma ocultaba la orilla. Una nube haba descendido sobre el mar y la superficie se perda en un resplandor que pareca la nica cosa verdaderamente real. Los remolinos le sacudan, y sin embargo no tena la sensacin de estar en medio de las olas y de moverse entre elementos conocidos. La impresin de que faltaba el agua imprima a su esfuerzo por nadar el carcter de un ejercicio frvolo que no consegua ms que desalentarle. Quiz le hubiera bastado dominarse para escapar a tales pensamientos, pero no viendo nada a lo que aferrarse, tena la impresin de contemplar el vaco en busca de algn apoyo. Fue entonces cuando el mar, soliviantado por el viento, se desencaden. La tempestad lo agitaba, lo dispersaba en regiones inaccesibles, las rfagasalborotaban el cielo y, al mismo tiempo, reinaban un silencio y una calma tales que hacan pensar que todo haba terminado. Thomas trat de liberarse del incmodo oleaje que le invada. Un fro intenso le paralizaba los brazos. El agua giraba en torbellinos. Era aquello realmente agua? Unas veces la espuma revoloteaba ante sus ojos como copos blanquecinos, otras la ausencia de agua absorba su cuerpo y lo arrastraba violentamente. Respir ms despacio; durante algunos instantes conserv en la boca el lquido que las rfagas le arrojaban contra la cara: dulzura tibia, brebaje extrao de un hombre privado del gusto. Luego, ya fuera a causa del cansancio o por alguna otra razn desconocida, sus miembros le produjeron la misma sensacin de extraeza que el agua en que se movan. Al principio encontr esta sensacin casi agradable. Mientras nadaba, se abandonaba a una especie de ensueo en el que se confunda con el mar. La embriaguez de salir de s, de deslizarse en el vaco, de dispersarse en el pensamiento del agua, le haca olvidar toda inquietud. E incluso cuando aquel mar ideal con el que se funda cada vez ms ntimamente se convirti a su vez en el verdadero mar en que l estaba como ahogado, no se sobresalt todo lo que debera: haba sin duda algo de insoportable en nadar as, a la aventura, con un cuerpo que le serva nicamente para pensar que nadaba; pero experimentaba tambin un alivio, como si por fin hubiese descubierto la clave de la situacin y no tuviese ms que continuar, con una ausencia de organismo en una ausencia de mar, su interminable viaje. La ilusin no dur. No tuvo ms remedio que balancearse de un lado a otro, como un barco a la deriva, en el agua que le conceda un cuerpo para nadar. Qu hacer? Luchar para no ser arrastrado por la ola que era su brazo? Dejarse sumergir? Ahogarse amargamente? Aqul pudo ser, en efecto, el momento de detenerse; pero todava le quedaba una esperanza y nad comoI ni el corazn de su restablecida intimidad hubiese des- t uhlrrlo una posibilidad nueva. Nadaba, monstruo privado de iiti Intorias. Bajo el microscopio gigante se haca un amasi- |h decidido de pestaas y vibraciones. La tentacin tom un i til tii ler completamente inslito cuando trat de deslizarse de Iti gola de agua a una regin vaga y sin embargo infinitamente precisa, algo as como un lugar sagrado, tan apropiado (til ti l que le bastaba con estar all para existir; aquello era i orno un hueco imaginario donde se hunda porque ya antes de haber estado all llevaba su huella. As es que hizo un ltimo esfuerzo para introducirse totalmente. La cosa fue fcil; no htihlii ningn obstculo. Y en tanto se instalaba en aquel lugar til que nadie ms que l poda acceder, se reencontraba a s mismo.Por fin tuvo que regresar. Encontr sin dificultad el camino de vuelta apoyndose en un lugar que utilizaban algunos nadadores para zambullirse. El cansancio haba desaparecido. Conservaba en los odos algo as como el recuerdo de un zumbido y los ojos le escocan como era de esperar despus de una larga permanencia en el agua salada. Se dio cuenta de ello cuando al volverse hacia la superficie infinita sobre la que se reflejaba el sol, trat de reconocer en qu direccin se haba alejado. Una autntica niebla le nublaba la vista y distingua cualquier cosa en aquel vaco turbio que sus miradas atravesaban febrilmente. A fuerza de mirar, descubri un hombre que nadaba a lo lejos, medio perdido bajo el horizonte. A semejante distancia el nadador se le perda continuamente de vista. Lo vea, dejaba de verlo, y sin embargo tena la sensacin de seguir todas sus evoluciones: no slo de percibirlo perfectamente en todo momento, sino incluso de sentirse cerca de l de un modo particularmente ntimo y como no hubiera podido estarlo por ningn otro contacto. Permaneci largo rato observando y esperando. Haba ennaquella contemplacin algo doloroso, algo que era como la manifestacin de una libertad obtenida por la ruptura de todos los lazos. Su semblante se turb y adquiri una expresin inusitada.Finalmente se decidi a volver la espalda al mar y se intern en un bosquecillo donde, al cabo de algunos pasos, se tendi. El da estaba a punto de terminar; apenas quedaba luz, aunque todava podan distinguirse ciertos detalles del paisaje y, en particular, la colina que recortaba el horizonte y brillaba, desdeosa y libre. Lo que inquietaba a Thomas era el estar recostado en la hierba y desear continuar all largo rato, a pesar de estarle prohibida esa postura. En vista de que caa la noche trat de Incorporarse y, con las dos manos apoyadas en el suelo, puso una rodilla en tierra, mientras su otra pierna se balanceaba; luego, hizo un brusco movimiento y consigui mantenerse erguido. Estaba, por lo tanto, de pie. A decir verdad haba en su manera de ser una indecisin que abrigaba algunas dudas sobre todo lo que haca. As, aunque tuviera los ojos cerrados, no pareca que hubiese renunciado a ver en las tinieblas; era ms bien lo contrario. Del mismo modo, cuando se puso a andar, daba la impresin de que no eran sus piernas, sino su deseo de no andar lo que le haca avanzar. Descendi a una especie de gruta que, en un principio, haba credo suficientemente ancha, pero que muy pronto le pareci de una exigidad exagerada: delante, detrs, por encima de l, no importa donde dirigiera las manos, chocaba brutalmente con una paredtan slida como un muro de cemento; en todas direcciones se le cortaba el camino; un muro infranqueable le rodeaba, y el muro no era el mayor obstculo, haba que contar tambin con su voluntad firmemente decidida a dejarle dormir all, en una pasividad semejante a la muerte. Locura, pues; en esa incertidumbre, buscando a tientas los lmites de la abovedada fosa, apoy todo su cuerpo contra la pared y esper. Le dominaba la sensacin de estar siendo empujado hacia adelante por su renuncia a avanzar. Tampoco se sorprendi demasiado, con tanta fuerza su ansiedad le mostraba claramente el futuro, cuando poco ms tarde se vio transportado algunos pasos ms lejos. Algunos pasos, pareca increble. Sin duda su avance era ms aparente que real, ya que, al no distinguirse el nuevo lugar del antiguo, tropezaba con las mismas dificultades; era, en cierta manera, el mismo lugar del que se alejaba por miedo a alejarse. En aquel momento, Thomas cometi la imprudencia de echar una mirada a su alrededor. La noche era ms sombra y ms triste de lo que poda esperarse. La oscuridad lo cubra todo, no haba ninguna esperanza de atravesar las sombras, pero se palpaba la realidad en una relacin de una intimidad perturbadora. Su primera observacin fue que todava poda servirse de su cuerpo, particularmente de sus ojos; y no era que viese algo, sino que lo que miraba, a la larga le pona en relacin con una masa nocturna que perciba vagamente como si formase parte de l mismo, una masa en la que se encontraba inmerso. Naturalmente, slo formul esta observacin a ttulo de hiptesis, como un punto de vista cmodo al que recurra slo ante la necesidad de desenmaraar las circunstancias nuevas. Como no haba forma de medir el tiempo, esper probablemente horas, antes de aceptar esta manera de ver; pero fue como si el miedo hubiera hecho presa en l de repente y, avergonzado, levant la cabeza albergando una idea que le haba estado rondando: fuera de l se encontraba algo parecido a su propio pensamiento que su mirada o su mano podra tocar. Fantasa repugnante. Pronto la noche le pareci ms sombra, ms terrible que cualquier otra noche, como si brotara realmente de una herida del pensamiento que ya no poda pensarse, del pensamiento tomado irnicamente como objeto por algo distinto al pensamiento. Era la noche misma. Las imgenes ilc su oscuridad le anegaban. No vea nada, pero lejos de preocuparse por ello, haca de esta ausencia de visin el punto culminante de su mirada. Su ojo, intil para ver, adquira proporciones extraordinarias, se desarrollaba de una manera desmesurada y, extendindose sobre el horizonte, dejaba que la noche penetrara en su centro para recibir al da. En medio de este vaco se mezclaban la mirada y el objeto de la mirada. Y no slo ese ojo, que no vea nada, recelaba algo, sino que incluso recelaba la causa de su visin. Vea como objeto aquello que le impeda ver. Su propia mirada le penetraba en forma de imagen, en el momento en que esa mirada era considerada como la muerte ile toda imagen. Esto depar a Thomas nuevas preocupaciones. Su soledad no le pareci tan completa y tuvo incluso la sensacin de que haba tropezado con algo real que trataba de deslizarse dentro de l. Quiz habra podido interpretar esta sensacin de modo distinto, pero no poda resistir la tentacin de lo peor. Su excusa era que