babylon days

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Novela.

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  • BABYLON DAYS

    Mikael Estarrona

  • 2

    Oscuridad. Cunto tiempo llevaba ah? Das, aos, siglos? Cmo poda saberlo? Acaso importaba? A veces le pareca que su existencia siempre haba sido as, que sus recuerdos

    de la luz (extrao concepto), de un mundo exterior, de cuerpos y de mentes como la suya no haban sido ms que vagos pero perturbadores sueos.

    Pero a veces recordaba con intensidad su vida antes de la oscuridad, y saba que haba sido autntica. Aquellos momentos eran horribles, y siempre le haban hecho tener ganas de gritar. Pero no conservaba las cuerdas vocales.

    Y sin embargo haba algo peor que eso cuando aquella extraa pero de algn modo familiar presencia (es la Madre, la Gran Madre) le visitaba, y se burlaba de l y de su fracaso. En sus burlas siempre haba desprecio.

    Le deca que sus intentos de dar la vida slo le haban ganado la muerte. Que ahora los dos estaban en la muerte, y

    (Haz que pare, haz que pare!) Muerte? Qu significaba aquello? (Ya lo sabes, muerte es dejar de existir. Una idea absurda. La oscuridad siempre

    ha existido, siempre existir. La muerte es una idea absurda, Madre). CALLA! CALLA! Slo senta algo parecido a la felicidad cuando aquella presencia callaba. Pero

    siempre volva. sta es la historia de una eternidad de oscuridad. Pero incluso la eternidad

    debe terminar. (Eso es luz! Luz! La recuerdo!) Llevaba tanto tiempo esperndola

    Abre los ojos, pequeo.

  • 3

    1

    Supongo que debera presentarme. Me llamo Mara. Tengo tena en aquel entonces 17 aos. Creo que era bastante normal.

    Mi padre muri cuando yo era un beb, as que nunca llegu a conocerlo. De nia echaba de menos tener un pap, como los que mis amigas decan tener. Pero una acaba madurando y olvidando esos anhelos. Uno no puede llorar realmente la prdida de alguien a quien nunca conoci. Lo de mi hermano mayor, un ao mayor, fue distinto, porque a l le conoc y le am. Porque pese a nuestras ocasionales discusiones, pese a que tenamos gustos y miras bastante distintos y no nos comprendamos del todo, era una de las personas ms queridas de mi vida, de las que ms me hicieron rer y ms me apoyaban cuando tena una crisis. An recuerdo lo mucho y muy felizmente que jugbamos juntos de nios, a juegos casi siempre inventados por l, como aquel de meter papelitos con diversos nombres de animales y objetos en una caja y dibujar en un folio los que furamos sacando al azar. Recuerdo que yo sola meterme con sus dibujos y l con los mos, siempre desde el ms juguetn cario.

    l no muri. Simplemente durmi. Coma irreversible por traumatismo craneoenceflico. Fue un accidente terrible, y la culpa del conductor.

    Aquello nos devast a ambas, sobre todo a mi pobre madre. Se neg a permitir que le desconectaran, pese a saber demasiado bien que nunca volvera. Al menos as poda seguir vindole, besndole, susurrndole al odo que todo ira bien. Se negaba a asumir otra prdida. Se negaba a dejar marchar a quien quera ms que a su propia vida.

    Yo saba que aquel cuerpo marchito ya no era mi hermano, y cada vez estaba ms segura de que no tena ningn sentido mantenerlo as, pero nunca me atrev a decirlo. As pues, casi da tras da, me vea obligada a franquear con mi madre las puertas del hospital y a cruzar las escaleras y pasillos de siempre (cmo podra describir lo que aquel recorrido me suscitaba odio, tedio, dolor desgarrador? Probablemente todo ello junto) hasta que entrbamos al fin en la habitacin en la que se hallaba mi hermano, un sepulcro en vida, con un cadver animado por mquinas. No s cmo pude resistir que aquel macabro espectculo se convirtiera en rutina. Lo peor eran los momentos de debilidad en los que la vana esperanza de mi madre lograba contagiarme un poco, haciendo que yo tambin le pidiera entre lgrimas que se despertase.

    Aquella muerte en vida dur un ao, hasta que despert. Bueno, en realidad no lo hizo. Es complicado, y es lo que me dispongo a contar.

    Estaba en la habitacin, al lado del cuerpo de mi hermano, acaricindole una mano. Mi madre haba ido al bao, as que no presenci el milagro.

    Imaginaos a un cadver abriendo los ojos. No fue como en las pelculas de terror, con prpados abrindose en menos de un segundo para revelar una mirada espantosa. Fue lento y gradual, retinas tratando de asimilar el regreso de una luz largamente ausente.

    Al principio qued completamente perpleja, sin saber como reaccionar. Era como si el mundo hubiese dejado de tener sentido.

    Unos segundos despus pude abrir la boca para gritar. -MAM! HA DESPERTADO! MATEO HA DESPERTADO!! Ni siquiera se molest en subirse los pantalones. Sali del bao como una

    exhalacin, cuando mi hermano ya haba conseguido abrir completamente los ojos. Comenz a llorar, y prcticamente a gritar, de pura alegra. Corri hacia l para abrazarle, pero se contuvo al darse cuenta de su fragilidad y aparente confusin.

  • 4

    Finalmente, el recin renacido pronunci sus primeras palabras con voz seca y rasposa.

    -Dnde estoy? Mi madre estaba demasiado conmovida como para poder responder. Incluso a

    m me cost hacerlo. -En el hospital. Ests en el hospital, Mateo. -Hospital? Pareci tardar unos momentos en asimilar la palabra. -Qu hago aqu? -Has estado un ao en coma. Sufriste un accidente. Creamos que nunca ibas a

    despertar Unas pocas lgrimas haban comenzado a rodar por mis mejillas. Le bes en la

    mejilla y sonre. Mi madre slo sollozaba. -T eres Mara, no? -Pues claro que s. -Y t eres mi madre. Mam -Mateo-dijo ella, y apoyo la cabeza sobre su hombro para seguir llorando. Los

    ltimos rastros de confusin desaparecieron del rostro de mi hermano. Sonri tambin, y la bes.

    -Estoy aqu. Estoy aqu. En aquellos momentos no percib que sucediera nada raro con Mateo. Acababa

    de vivir algo mgico, de esas cosas que uno jurara que slo suceden en las telenovelas. Nunca haba sido tan feliz.

    Los mdicos estaban casi tan perplejos como lo habamos estado nosotras. No se explicaban aquel repentino despertar, e insistieron en hacerle todo tipo de pruebas. Por lo visto los resultados fueron extraos a su manera, porque se encontraba sorprendentemente bien dada su condicin, sin las secuelas neurolgicas que suelen acompaar a un coma tan largo. No encontraron la explicacin, y sospecho que acabaron archivando el caso como una simple anomala estadstica.

    Pese a ello hicieron falta varias semanas de rehabilitacin muscular antes de que pudieran darle el alta, semanas en las que nuestra euforia apenas se apag y en las que le hicimos partcipe de cada pequea novedad y chismorreo que se haba dado en su ausencia.

    Al fin, lleg el da en el que sali del hospital. Mi madre y yo le habamos preparado una sorpresa.

    Nos subimos al coche, yo en un asiento delantero y Mateo en el trasero. Me volv hacia l.

    -Qu? Con ganas de volver a casa? -Sin duda. Fue entonces cuando not algo extrao por primera vez. Mi hermano sonrea,

    pero haba algo en su sonrisa que pareca ser extraamente falso. Como si un actor muy bueno sonriera por exigencias del guin. No tard en borrar aquel inquietante pensamiento de mi mente. Todo era maravilloso. Mateo volva a casa.

    Bajamos del coche, subimos las escaleras, abrimos la puerta. Y -SORPRESA!!! La pancarta en la que habamos escrito con grandes letras rojas Bienvenido

    Mateo colgaba del techo. Debajo, ms de una docena de amigos de mi hermano sonrean con los brazos abiertos.

    Uno de ellos se adelant y le estrech entre sus brazos. -Te hemos echado de menos, to.

  • 5

    -Gracias. Una chica de aspecto tmido llamada Ana (ms de una vez me haba confesado

    que senta algo por mi hermano) se enjug unas lgrimas de los ojos, carraspe y ley con voz entrecortada un discurso de bienvenida que haban preparado entre todos. Hablaba sobre la amistad, sobre los contratiempos que la vida nos obliga a afrontar, sobre el poder de la esperanza, sobre esa clase de cosas. Fue muy bonito. Pero por algn motivo me dio la impresin de que Mateo apenas prestaba atencin. Tampoco tard demasiado en desechar aquella extraa sensacin, porque mi hermano, profundamente conmovido, abraz a su amiga con todas sus fuerzas cuando sta termin de hablar. Despus abraz al resto, uno por uno. Hubo multitud de sonrisas y lagrimas. Fue una fiesta inolvidable.

    Pasadas unas horas Mateo dijo estar agotado. Sus amigos se fueron para dejarle descansar, y les despidi a todos. Cuando cerr la puerta le vi la cara, y haba en ella algo que me inquiet profundamente. Slo dur una centsima de segundo, pero fue algo inconfundible. No haba sido un producto de mi imaginacin.

    Haba visto un profundo alivio, como si se alegrar de haberse deshecho de ellos. Como si no hubiesen sido ms que unos vendedores a domicilio particularmente pesados. Mi hermano, tan profundamente amigo de sus amigos, jams habra reaccionado as.

    Intent atribuirlo a sus ganas de descansar, pero algo en mi interior saba que no era eso. Ya eran demasiadas impresiones extraas.

    -Mateo, ests bien? -Mejor que nunca!-contest, sonriendo- Ha sido una sorpresa maravillosa.

    Gracias. Aquella sonrisa era falsa. FALSA. -Mateo qu te ocurre? La sonrisa se borr de su cara. Ahora haba otra cosa en sus ojos. Temor. -Qu te ha parecido la sorpresa? Mi madre acababa de entrar. Haba pasado la fiesta en su habitacin para, segn

    sus propias palabras, dejar a solas a la juventud. -Genial, mam. -Me alegro mucho. Bueno, voy a preparar la cena. Con tu plato favorito, por

    supuesto. Y volvi a irse. Francamente, era mejor as. No quera hacerle partcipe de mis

    temores. -Mateo, no me engaes. Te pasa algo. Algo raro. -Eso es ridculo -No s cmo he podido tardar tanto en darme cuenta. Actas como si nada de

    esto fuera contigo. Como si slo representaras un papel. Hubo unos momentos de silencio que se hicieron eternos. Algo parec