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  • Aristteles y la Retrica

    Aristteles, Retrico (Introduccin, traduccin y notas por Quintn Racionero)Biblioteca Clsica Gredos, Madrid. 1990, 626 pp.

    FERNANDO OREJA(Madrid)

    A primera vista, podra pensarse que esta recin aparecida edicin de la Retrica deAristteles a cargo del profesor Quintn Racionero est, simplemente, de ms. No vie-ne, en efecto, a colmar ningn vaco, pues hace ya tiempo que disponemos de otrasediciones, aunque slo una de ellas, la bilinge de A. Tovar, estuviera debidamenteacreditada. Podra pensarse. pues, que su publicacin responde, ms que a cualquierotro tipo de consideraciones, al afn loable, por otra parte de la BCO. porofrecercompletas sus colecciones. No hace falta, sin embargo, demasiado tiempo frente a laobra para darse cuenta de cun erradas son y cun fuera de lugar estn esas posiblesprimeras aprec~acones. Y este juicio sera el mismo si nos atuviramos tan slo al es-mero y cuidado con que ha sido vertido el texto y a la inusitada calidad, precisin ypertinencia del amplio y completo estudio introductorio de 150 densas pginas, quepor si mismo es ya toda una monografa, donde se abordan tanto los problemas filol-gicos atinentes a la composicin y datacin del texto, como los problemas filosficosvinculados a su interpretacin.

    Muy posiblemente, la interpretacin y la lectura que se ofrece en ese estudio repre-sente, por varios motivos, una contribucin definitiva. Pero el enjuiciamiento de enqu medida han sido atendidos los problemas especficos que suscita la Retrica deAristteles requiere una detallada ponderacin, y a ello me referir enseguida. Antesquisiera mencionar, brevemente, un aspecto formal concreto, en cuya importancia.cuando se trata de editar versiones no bilingoes de antiguos textos clsicos, rara vez serepara. Toda traduccin es un mero sucedneo cuya nica funcin es facilitar el acce-so a determinadas obras a todos aquellos cuyo conocimiento de la lengua original esdeficiente. La responsabilidad del traductor es, entonces, enorme: como el lector nopuede cotejar inmediatamente, ante cualquier problema. el texto vertido con el origi-nal, cualquier sesgo no advertido dc la traduccin puede dar lugar a graves errores in-terpretativos. Se trata entonces dc suplir esa carencia y de paliar ese peligro mediantecuantos recursos formales sea posible, y en este sentido el trabajo del profesor Racio-nero es. ciertamente, modlico. No slo ha acotado el texto con un profuso que nosuperfluo aparato crtico, sino que adems ha sealizado convenientemente losaadidos de cuya necesidad es consciente todo el que haya ledo en griego aAristteles, ha fijado en una extensa tabla de correspondencias la traduccin y dis-tribucin de todos los trminos tericamente relevantes pues la regularidad y siste-maticidad de su uso es indispensable en todo constructo terico, y ha hecho explci-tos, por fin, con sensato acopio de razones, los criterios de su traduccin, lo cual esuna prctica tan poco comn como deseable. El resultado de todo ello, y de lo que enlo sucesivo se dir, ha sido tal, que sin duda ninguna esta edicin supera en un largo

    Revista de Fllarofta. 3. poca, vol. y (1992). nOn,. 8, pgs. 419-427. Editorial Complutense. Madrid

  • 420 Femando Orejatrecho a todas las anteriores y est destinada a convertirse, por tanto, en la edicin dela Retrica de Aristteles.

    La Retrica se compone de tres libros. El primero se ocupa de la estructura de la re-trica, de la concepcin de los argumentos, y de las especies de retrica (deliberativa,epidctica. judicial) que resultan de la adaptacin a las tres clases de pblico. Puestoque la retrica se dirige al pblico no slo, como la dialctica, en cuanto que es capazde razonar, sino tambin en cuanto que es sujeto de pasiones y tiene un determinadomodo de ser, una parte del libro II est dedicada a lo que podriamos llamar un estudioemprico de las pasiones y del carcter, que proporciona un catlogo de enunciadosplausibles susceptibles de ser usados como premisas en los razonamientos. Otra partedel mismo libro se ocupa de las pruebas por persuasin que son comunes a los tres g-neros oratorios, y ofrece el canon de la prueba lgica. El libro III estudia la forma msadecuada de los discursos con vistas a la persuasin: las virtudes esenciales de la ex-presin (las figuras> de la lscis), y la divisin y disposicin (r.xis), ms convenientede las partes del discurso. Tras esta apariencia de simplicidad confluyen, sin embargo.una serie de circunstancias que hacen de la Retrica una de las ms peculiares obrasdel Corpus, lo cual da origen, adems de a los ya comunes, a ciertos problemas espec-ficos. Es con respecto aestos problemas, a si han sido abordados y de qu modo, comohay que enjuiciar la lectura que nos ofrece Quintn Racionero.

    La peculiaridad de la retrica viene dada. principalmente, porque su estatuto teri-co es indeterminado, y, sobre todo, su lugar dentro de las clasificaciones de los saberesy las ciencias es extraamente variable segn las distintas interpretaciones histrica-mente realizadas. Esto quiere decir que. en los textos de que disponemos, Aristtelesno nos ha dado indicaciones claras y unvocas acerca del tipo de saber quees la retri-ca, ni de cul es su objeto propio, ni, por consiguiente, del tipo de relaciones quecabeestablecer entre ella y el resto de la filosofa. Esto no seria tan grave si, a falta de indi-caciones unvocas y efectivas, nos fuera posible deducir su estatuto a partir de otrasinstancias igualmente fiables. Pero todo parece apuntar a que la ausencia de una clari-ficacin explcita del estatuto de la retrica no responde a circunstancias accidentales.sino que ya para Aristteles ese estatuto era, cuando menos, complejo, y no siempreuniforme. Podra suponerse, tambin, que esa indefinicin no responde al estado de-fectuoso de nuestro conocimiento, carente de suficientes elementos de juicio, sino quetal vez sea epistemolgicamente constitutiva de la retrica misma: y si esto es as, elasunto requiere en cualquier caso una aclaracin.

    Ahora bien. el intento de aclarar esta cuestin de modo aislado connotada una graningenuidad. Seda en exceso ingenuo, en efecto, el creer que textos de los que nos sepa-ra ya el espesor de tantos siglos puedn ser abordados y asumidos en la inmediatez deuna lectura franca y confiada. Por el contrario, e problema de la dilucidacin del esta-tuto de la retrica se vincula esencialmente con otros dos mbitos mayores de proble-mas, con los cuales se interrelaciona de tal manera que ste y tos otros slo son nomi-nalmente discernibles. Se trata de lo que podriamos denominar los dos mbitos me-diticos con los que toda pretendida interpretacin de la Retrica ha de verse necesa-riamente comprometida.

    El primero de estos mbitos mediticos tiene que ver con las sucesivas interpre-taciones con que siglos de exgesis han recubierto los textos, condicionando as nues-tra propia percepcin de los mismos. La cuestin del estatuto epistemolgico de la re-trica no puede ser independiente de este primer mbito meditico. toda vez que eseestatuto ha sido definido de modos divergentes e incluso opuestos en diversas tradicio-nes. En la asuncin histrica de las conceptualizaciones aristotlicas esta es lacuestin esas mismas conceptualizaciones han sido reelaboradas una y otra vez, ad-quiriendo as toda una serie de pregnancias que no tenan en sus origenes y con lasque luego, cuando las utilizamos para volver a los textos, operamos una suerte de pro-

  • Aristteles y la Retrica 421

    yeccin retrospectiva que no hace sino falsear el fenmeno originario. Por ello es me-todolgicamente necesario distinguir entre elfenmeno histrico, el objeto pretendidode nuestro estudio, la retrica aristotlica en este caso, por un lado, y las figuras o con-

    figuraciones historiogrficas, por otro, que no son sino las sucesivas elaboraciones hist-ricas del fenmeno, que lo transforman y recubren con toda la serie de sentidos adqui-ridos a raz de su necesaria recepcin de un rgimen de saber distinto de aqul en quetuvo su origen.

    El segundo mbito meditico remite a la ya famosa cuestin de las sucesivas re-visiones a que, a lo largo del tiempo, Aristteles someta sus obras de escuela. Segnesto, seria posible distinguir en todas ellas sucesivos estratos, correspondientes a suce-sivos momentos en la evolucin filosfica de Aristteles. La estructura de la Retricaha de ser entonces bastante ms compleja de lo que una desprevenida lectura del ndi-ce podda sugerir. Si hayestratos en la Retrica ha de ser posible datarIos de algn mo-do para poder relacionarlos despus convenientemente con las distintas etapas del de-sarrollo en el tiempo del pensamiento aristotlico. Pero esto, como se sabe, no estexento de problemas. Desde que Jaeger aplicara en 1923 el mtodo gentico a la gene-ralidad del Corpus, con dicho mtodo se ha podido demostrar todo y lo contrario detodo, y tan slo en el campo concreto de la psicologia ha podido ser descrito con fun-damento un desarrollo diacrnico coherente.

    El problema del estatuto terico de la retrica se relaciona tambin de forma claracon este segundo mbito meditico. Si el espacio de tiempo que va desde la primeraredaccin de la Retrica supuesto que sean discernibles estratos diversos en ella ala ltima de sus reelaboraciones es suficientemente dilatado, es preciso mantener lahiptesis de que la concepcin de su estatuto epistemolgico ha debido variar conco-mitantemente acomo han variado los intereses tericos de Aristteles. Y mantener es-to reclama, entonces, una toma de postura explicita con respecto ala conocida polmi-ca entre las lecturas sistemticas tradicionales, las genticas de Jaeger y sus sucesores,y las aporticas. paradigma de las cuales es la justamente famosa interpretacin de laMetafisica por parte de Aubenque.

    El estudio con que el profesor Racionero presenta su edicin de la Retrica no elu-de ninguno de estos problemas, sino que ms bien parece que fuera precisamente laconsciencia de los mismos la que de algn