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J U A N A P A R I C I O

ANIVERSARIODE LA

CONQUISTA DEL ESTADO

PUBLICACIONES ESPAOLAS

MADRID1 9 5 1

ANIVERSARIO DE LA

CONQUISTA DEL ESTADO

Conferencia pronunciadaen el Ateneo de Madridel da 21 de abril de 1951

J U A N A P A R I C I O

ANIVERSARIODE LA

CONQUISTA DEL ESTADO

PUBLICACIONES ESPAOLAS

MADRID1 9 5 1

Imp. SAMARAN.Mallorca, 4.MadridTelf. 27 08 06

LA ltima y la nica vez que he estadoen el Ateneo antes de nuestra guerrafu el 2 de abril de 1932, cuando porquegrit Viva Espaa! delante de los antece-sores de ustedes considerndola una excla-macin subversiva, hubo bronca, salierona relucir los vergajos y con una porra degoma Luis Batlls sacudi las espaldas deun energmeno en medio del pblico. Car-mina, la fiel funcionaria de la Secretaradel Ateneo, se hubiera desmayado si enton-ces asistiese a este saln donde tales triful-cas haban roto el ritmo contemporizador,neutralista, equidistante del Ateneo, utili-

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zado as por Cnovas y que ha rehecho conla misma intencin y con resultado perfectodon Pedro Rocamora. Al poner en marchael artilugio de la Restauracin como una no-ria cuyos cangilones dan vueltas, pero re-huyen el agua y el fango del fondo del pozopopular, aunque viril o zarrapastroso de Es-paa, don Antonio Cnovas del Castillo ne-cesitaba que las luchas fratricidas de la callese traspasaran a las polmicas acadmicasdel Ateneo, ya que ni siquiera aqu se rele-gaba la friccin, siquiera fuese como el to-reo de saln dentro de este saln, sino quese pretenda obtener en todo momento laconvivencia, la conllevancia, por la atrac-cin de tribus y de guerrilleros montaraces.

Este clima de autoclave fu maltrechodesde el instante en que el Ateneo, trans-formando la convivencia en beligerancia, seconvirti en Club terrorista, en jarka. Si elatenesta se haba trasmutado en un nio te-rrible, hubo un atenesta radical que se en-car con el Ateneo de dos maneras sucesi-vas. Cansado de pegarse panzadas de lectura

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en la Biblioteca, Ramiro Ledesma Ramostuvo un primer movimiento de disgusto y derepulsin. La cultura moderna que habaaprendido en los libros del piso de arribano la encontraba en los modales y en lospensamientos de los hombres del piso deabajo. Aunque presumieran de progresistas,eran, con esta denominacin que sugiere laespelunca del tiempo remoto, pretritamen-te pasado, unos caverncolas cabales. As lostach Ramiro en el primer nmero de LaConquista del Estado, inaugurando con supluma una seccin bajo la rbrica de LaEspaa que deshace, mientras que otro co-laborador redactaba en las columnas de allado la seccin gemela y contrapuesta: LaEspaa que hace. La primera postura delatenesta Ledesma Ramos fu la actitud deincluir al Ateneo bajo el titular de La Es-paa que deshace ; en tanto que su segun-da actitud consisti en meterse en la bocadel lobo, para comprobar si el nio terribletena dientes y no se limitaba slo a berrear.As anunci una conferencia en el Ateneo

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para el 2 de abril de 1932 con el tema deFascismo frente a marxismo, dispuesto acorrer el albur de los insultos y de las agre-siones, mediante la accin directa y el darla cara. Ramiro ha descrito despus en unlibro con una concisin de parte militar,cual si relatase empresas ajenas, aquellaconferencia de hace diecinueve aos del si-guiente modo : Una conferencia en el Ate-neo a cargo de Ramiro Ledesma, y con elttulo de Fascismo frente a marxismo;. Lacosa era de una audacia inslita. Consid-rese lo que es y representa el Ateneo. ElCentro ms calificadamente enemigo de lasideas que iban a ser defendidas por el con-ferenciante. Y por si era poco la oposicinradical de la mayora de los socios, se con-greg en el saln una representacin nutri-dsima del partido comunista con la inten-cin que es de suponer. Ramiro Ledesma sepresent en el Ateneo con sus veinticincocamaradas. El saln estaba completamentelleno de enemigos. Ramiro llevaba, params gravedad, una camisa negra y una cor-

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bata roja, prendas que por entonces pensa-ban adoptar sus correligionarios. El actofu, naturalmente, resonante. El pblicoorganizado y preparado para eso, interrum-pa al orador a cada segundo, y ste, renun-ciando a la exposicin razonada y discursivadel tema, se dedic exclusivamente a com-batir con las frases ms crudas las ideasmarxistas del auditorio. Era, pues, una lu-cha de uno contra dos mil y que dur, sinembargo, ms de media hora. La Prensa co-ment ampliamente el suceso. Aparte losgritos y las protestas verbales, los comunis-tas no desarrollaron otro gnero de violen-cias. No obstante, hubo algunos golpes. Elestudiante nacionalsindicalista Luis Batllsdi un fuerte porrazo a un comunista, pre-cisamente el que ms se distingua en suvocero, y que, por cierto, se afili aosms tarde a Falange. Luis Batlls al huirse di con la cabeza contra los cristales dela puerta, hirindose y detenindolo losguardias. No hubo ms incidentes.

No hubo ms incidentes el 2 de abril

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de 1932, detrs de la experiencia atenesta,a lo vivo, de Ramiro Ledesma Ramos; perocomo conviene contar la historia completade todos los personajes, aadir que tantoel narrador, como el agresor, como el voci-ferante agredido, que era nada menos quenuestro camarada Manuel Mateo, murie-ron los tres asesinados por el comunismoen 1936. He dicho que Ramiro era un ate-nesta y as lo fu a travs de sus metamor-fosis intelectuales y de indumentaria. Cuan-do se cubra con un sombrero hongo ydejaba en su cara la majeza del mechn hit-leriano, del bigotito irreverente y de las pa-tillas. Cuando se visti con la camiseta delana amarilla, donde le haban bordado lagarra hispnica. Cuando apareci con la ca-misa negra y la corbata roja. Cuando en elPenal de Ocaa tuvo la libertad de dejarsecrecer una barba pequea, con lo que JosBergamn le bautiz sarcsticamente con elnombre de Balbo raqudeo. Con esta fachao con aquella apostura suba y bajaba lasescaleras del Ateneo, entraba y sala por la

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cacharrera, por la Biblioteca, por los pa-sillos con retratos y seoritas atenestas unpoco aburridas, por los dems salones. Enun corro invectivaba con una helada ironaintelectual frente a cualquiera. En otro co-rro haba abierto su bandern de enganche.En la Biblioteca le detuvo la polica en elmes de julio de 1933 estando redactandoun ensayo sobre la insurreccin armada.Desde el Ateneo me escribi comunicndo-me que acababa de asaltarse la sede de losAmigos de la Unin Sovitica. Quizs en-cima de ese mismo pupitre perge en elinvierno de 1931 el manifiesto preliminarde La Conquista del Estado. Grandes fe-chas germinativas la de 1921, 1931, 1941y, por qu no?, de 1951 tambin. La dca-da es un instrumento, ms que una medidacronolgica; es un motor de la historia. Lajuventud espaola de 1921 se dispar ha-cia Africa. Nuestra juventud de 1931 fula juventud de la Revolucin Nacional. Lajuventud de 1941 fu la juventud expedi-cionaria de la Divisin Azul en Rusia, cu-

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yas consecuencias aun permanecen inditas.Del 1921 interventor ha salido Franco, Cau-dillo de los espaoles y de los africanos.De 1931 naci a la vida pblica Jos Anto-nio Primo de Rivera y la generacin de laFalange. Las promociones desde 1941 has-ta aqu son las que tal vez sientan curiosi-dad por conocer cmo se fund La Con-quista del Estado. Cmo era Espaa en1931, hace veinte aos, o por mejor decir,cmo ramos los espaoles con veinte aosmenos? Cuando Ramiro Ledesma me leyel borrador para el manifiesto de La Con-quista del Estado, las cuartillas manuscri-tas yacan dentro de un ejemplar de lasLecciones sobre la Filosofa de la HistoriaUniversal, de Jorge Guillermo FedericoHegel. Le visitaba por primera vez en sudomicilio de Santa Juliana, 3, ms all delCinema Europa y antes de llegar a la esta-cin de Metro de Estrecho, y en aquella ba-rriada popular, operaria, proletaria, tenadelante, con ademn suasorio, aunque sinprodigarme concesiones, ms que un capi-

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tan de la juventud, un gil metafsico deveinticinco aos: sarcstico, acerado, terco,reticente, agresivo, audaz, pero cuya intimi-dad era pura y candorosa. Ramiro se pei-naba ya con el mechn de pelo cado sobrela sien izquierda, enmarcando su fisono-ma, donde los ojos zarcos y el mentn vo-luntarioso, eran dos sntomas de su integ-rrima tenacidad, con una insolencia entreautoritaria y despectiva, como si no le im-portase el asentimiento de los otros, el con-sentimiento ajeno. Esta dureza ingnita deRamiro proceda de su raza campesina, desu testaruda ascendencia sayaguesa, ms quede un hbito o de un orgullo intelectual.

Sobre este nieto de labriegos haba inci-dido el idealismo alemn; pero a la postrefueron Federico Nietzsche y Carlos Maurrasquienes catalizaron su meollo para la ac-cin poltica, para la enorme aventura quedesembocara axiomticamente en la muer-te. Un par de influjos vivos, un par de per-sonas amigas, lo empujaron tambin con lafascinacin de su conocimiento de Italia y

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Alemania a que redactase las palabras pro-fticas y peligrosas de la proclama de LaConquista del Estado. Ernesto GimnezCaballero, desde su circuito imperial de1928 por tierras occidentales, haba descu-bierto el secreto de Roma y consigo el mitouniversal del Fascismo. Jos Francisco Pas-tor tuberculoso, tmido, intransigente,hijo de un santero valenciano, para sucum-bir despus casi desterrado en el hogar deun hispanfilo comunista de Holanda ha-ba enviado a La Gaceta Literaria de Er-nesto, una sntesis del alma alemana bajola impresin quiritaria del profesor Gun-dolf y la camarilla hermtica de los poetasen torno a Esteban George.

Ledesma estaba al tanto de su tiempo ycomprenda las reacciones de la juventuditaliana y germnica en pos de un Est