Twain.el forastero misterioso

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<ul><li> 1. El forastero misterioso Mark Twain </li></ul><p> 2. NDICE NOTA PRELIMINAR...................................................................3 CAPTULO PRIMERO.................................................................4 CAPTULO II............................................................................7 CAPTULO III.........................................................................14 CAPTULO IV.........................................................................22 CAPITULO V..........................................................................25 CAPITULO VI.........................................................................35 CAPITULO VII........................................................................45 CAPITULO VIII.......................................................................59 CAPITULO IX.........................................................................75 CAPITULO X..........................................................................79 CAPITULO XI.........................................................................89 2 3. NOTA PRELIMINAR Esta novela de tipo filosfico, no se public hasta aos despus de la muerte de Mark Twain. Fue escrita cuando, despus de perder a su esposa y a sus dos hijos, no haba llegado an a la serenidad que caracteriz sus ltimos aos. El humorismo, tal como yo lo entiendo, es decir, como un producto sano, propio de la efervescente euforia de un alma nia y juguetona, cede aqu el paso a la irona y al escepticismo. Qu distancia de este Mark Twain, al de La rana saltarina! Mejor escritor y estilista que entonces, pensador mucho ms profundo, hizo en El forastero misterioso una obra notable; supo exponer en forma novelesca una filosofa que, si no es original, resulta muy sugestiva; como toda teora filosfica que se expone con belleza y sentimiento. Quiz esta clase de obras sirvieron para que el espritu afligido de Mark Twain echase fuera el aguijn que llevaba clavado, y recobrase la tranquilidad de que hablaba Martnez de la Rosa: Y en ella absorta, embebecida el alma, se recoge en s misma silenciosa El hecho es que la pluma de Mark Twain volvi a purificarse de hieles. 3 4. CAPTULO PRIMERO Fue el ao 1590. Invierno. Austria quedaba muy lejos del mundo y dorma; para Austria era todava el Medioevo, y prometa seguir sindolo siempre. Ciertas personas retrocedan incluso siglos y siglos, asegurando que en el reloj de la inteligencia y del espritu se hallaba Austria todava en la Edad de la Fe. Pero lo decan como un elogio, no como un menosprecio, y en este sentido lo tomaban los dems, sintindose muy orgullosos del mismo. Lo recuerdo perfectamente, a pesar de que yo solo era un muchacho, y recuerdo tambin el placer que me produca. S, Austria quedaba lejos del mundo y dorma; y nuestra aldea se hallaba en el centro mismo de aquel sueo, puesto que caa en el centro mismo de Austria. Viva adormilada y pacfica en el hondo recato de una soledad montaosa y boscosa, a la que nunca, o muy rara vez, llegaban noticias del mundo a perturbar sus sueos, y viva infinitamente satisfecha. Delante de la aldea se deslizaba un ro tranquilo, en cuya superficie se dibujaban las nubes y los reflejos de los pontones arrastrados por la corriente y las lanchas que transportaban piedra; detrs de la aldea se alzaba una ladera llena de arbolado, hasta el pie mismo de un altsimo precipicio; en lo alto del precipicio se alzaba ceudo un enorme castillo, con su larga hilera de torres y de baluartes revestidos de hiedras; al otro lado del ro, a una legua hacia la izquierda, se extenda una ondulante confusin de colinas revestidas de bosque, y rasgadas por serpenteantes caadas en las que jams penetraba el sol; hacia la derecha, el terreno estaba cortado a pico sobre el ro, y entre ese precipicio y las colinas de que acabamos de hablar, se extenda en la lejana una llanura moteada de casitas pequeas que se arrebujaban entre huertos y rboles umbrosos. La regin toda, en muchas leguas a la redonda, era una propiedad hereditaria de cierto prncipe, cuyos servidores mantenan perpetuamente el castillo en perfecta condicin para ser ocupado, a pesar de que ni l, ni su familia aparecan por all ms de una vez cada cinco aos. Cuando llegaban es como si hubiese llegado el seor del universo, aportando con l todas las magnificencias de los reinos del mismo; y cuando se marchaban, dejaban tras ellos un sosiego que se pareca mucho al sueo profundo que se produce despus de una orga. Para nosotros, los nios, era Eseldorf un paraso. No resultaba la escuela para nosotros una carga excesiva; en ella nos enseaban principalmente a ser buenos cristianos, a reverenciar a la Virgen, a la 4 5. Iglesia, y a los santos, por encima de todo. Fuera de esos temas no se nos exiga que aprendisemos mucho, a decir verdad no se nos permita. El saber no era bueno para las gentes vulgares y quiz poda descontentarles con la suerte de Dios les haba sealado en este mundo, y Dios no tolera que nadie est descontento de sus planes. Tenamos dos sacerdotes. Uno de ellos era un clrigo muy celoso y enrgico; se llamaba padre Adolfo y era muy apreciado. Quiz en ciertos aspectos puedan haber existido sacerdotes mejores que el padre Adolfo, pero no hubo jams en nuestra comunidad otro por el que sintiesen todos un respeto ms solemne y reverente. Este respeto naca de que l no experimentaba miedo alguno del diablo. Era el nico cristiano de cuantos yo he conocido del que pudiera afirmarse eso con verdad. Por esa razn la gente senta profundo temor del padre Adolfo; pensaban que aquel hombre posea alguna cualidad sobrenatural, pues de otro modo no se habra mostrado tan audaz y seguro. Todo el mundo habla del demonio con dura antipata, pero lo hacen de un modo reverente, no en tono de guasa; aplicaba al demonio todos los calificativos que le acudan a la lengua; y al orlo sus oyentes se escalofriaban; con mucha frecuencia se refera al diablo en tono de mofa y de burla; al orle las gentes se santiguaba, y se alejaban rpidamente de su presencia, temerosos de que fuese a ocurrir algo terrible. El padre Adolfo se haba encontrado ms de una vez cara a cara con Satans y lo haba desafiado. Se saba que esto era verdad. El mismo padre Adolfo lo deca. Jams hizo de ello un secreto, sino que lo pregonaba en todas las ocasiones. Y de que lo que deca era verdad, por lo menos en una ocasin, exista la prueba, porque en esa ocasin se pele con el enemigo malo y le tir con intrepidez una botella; all, en la pared de su cuarto de estudio, poda verse el rojo manchn donde la botella haba golpeado quebrndose. Pero al que todos nosotros queramos ms, y por el que sentamos una pena mayor era por el otro sacerdote, el padre Pedro. Haba gentes que lo censuraban con que si en sus conversaciones se expresaba diciendo que Dios era todo bondad y que hallara modo de salvar a todas sus pobres criaturas humanas. Decir eso resultaba una cosa horrible, pero nunca se pudo disponer de prueba terminante que atestiguase que el padre Pedro hubiera dicho cosa semejante; adems, no pareca responder a su propia manera de ser el decirlo, porque era en todo momento un hombre bueno, carioso y sincero. No se le acusaba de que lo hubiese dicho desde el plpito, donde toda la congregacin hubiera podido orle y dar testimonio, sino nicamente fuera, en conversacin; naturalmente result tarea sencilla para algn enemigo suyo el inventarlo. El padre Pedro tena un enemigo, un enemigo muy poderoso, a saber: el astrlogo que viva, all en el fondo del valle, en una vieja torre derruida, y que pasaba las noches estudiado las estrellas. Todos saban que ese hombre era capaz de anunciar por adelantado guerras y hambres, cosa que, despus de todo, no era muy difcil, porque por lo general haba siempre una guerra o reinaba el hambre en alguna parte. Pero saba 5 6. tambin leer por medio de las estrellas, y en un grueso libraco que tena la vida de cada persona, y descubra los objetos de valor perdidos; todo el mundo en la aldea, con excepcin del padre Pedro, senta por aquel hombre un gran temor. Incluso el padre Adolfo, el mismo que haba desafiado al demonio, experimentaba un sano respeto por el astrlogo cuando cruzaba por nuestra aldea luciendo su sombrero alto y puntiagudo y su tnica larga y flotante adornada de estrellas, con su libraco a cuestas y con un callado, del que se saba que estaba dotado de un poder mgico. El obispo mismo, segn la voz corriente, escuchaba en ocasiones al astrlogo, porque adems de estudiar las estrellas y profetizar, daba grandes muestras de devocin, y stas, como es natural, causaron impresin al obispo. Pero el padre Pedro no fue de los compraron acciones al astrlogo. Lo denunci abiertamente como a un charlatn, como a un falsario que verdaderamente no tena conocimientos de nada, no otros poderes superiores a los de cualquier ser humano de categora ordinaria y condicin bastante inferior. Como es natural esto hizo que el astrlogo odiase al padre Pedro, y desease acabar con l. Todos cremos que haba sido el astrlogo el que puso en circulacin la historia de aquel chocante comentario del padre Pedro, y quien la haba hecho llegar hasta el obispo. Se deca que el padre Pedro haba dirigido aquel comentario a su sobrina Margarita, aunque Margarita lo neg y suplic al obispo que la creyese y que librase a su anciano to de la pobreza y del deshonor. Pero el obispo no quiso escuchar nada. Suspendi indefinidamente al padre Pedro, aunque no llev la cosa hasta excomulgarlo con solo la declaracin de un testigo; nuestro padre Pedro llevaba ya un par de aos fuera, y el otro sacerdote nuestro, el padre Adolfo, estaba al cargo de su rebao. Aquellos haban sido aos duros para el anciano sacerdote y para Margarita. Ambos haban sido muy queridos, pero eso cambi, como es natural, cuando cayeron bajo la sombra del ceo obispal. Muchos de sus amigos se apartaron de ellos por completo y los dems se mostraron fros y alejados. Margarita era, al ocurrir el doloroso suceso, una encantadora muchacha de dieciocho aos; tena la cabeza mejor de la aldea, y en esa cabeza ms cosas que nadie. Enseaba el arpa y se ganaba, gracias a sus propias habilidades, lo que necesitaba para vestir y para dinero de bolsillo. Pero sus alumnos la fueron abandonando uno tras otro; cuando se celebraban bailes y reuniones entre los jvenes de la aldea, la olvidaban; los mozos se abstuvieron de ir a su casa, todos menos uno, Guillermo Meidling, y este bien poda haber dejado de ir; Ella y su to se sintieron tristes y desorientados por aquel abandono y deshonor, desapareciendo de sus vidas el resplandor del sol. Las cosas fueron empeorando cada vez ms durante los dos aos. Las ropas se iban ajando, el pan resultaba cada vez mas duro de ganar. Y haba llegado ya el fin de todo. Salomn Isaacs les haba prestado el dinero que crey conveniente con la garanta de la casa, y en este momento les haba avisado que al da siguiente se quedara con la propiedad. 6 7. CAPTULO II ramos tres los muchachos que andbamos siempre juntos; habamos andado as desde la cuna, porque nos tomamos mutuamente cario desde el principio, y ese afecto se fue haciendo ms profundo, a medida que pasaban los aos: Nicols Barman, hijo del juez principal del pueblo; Seppi Wohlmeyer, hijo del dueo de la hostera principal, la del Ciervo de Oro, que dispona de un bello jardn, con rboles umbrosos que llegaban hasta la orilla del ro, teniendo adems lanchas de placer para alquilar; el tercero era yo, Teodoro Fischer, hijo del organista de la iglesia, director tambin de los msicos de la aldea, profesor de violn, compositor, cobrador de tasas del Ayuntamiento, sacristn, y un ciudadano til de varias maneras y respetado por todos. Nosotros nos sabamos las colinas y los bosques tan bien, como pudieran sabrselas los pjaros; porque, siempre que disponamos de tiempo, andbamos vagando por ellos, o por lo menos, siempre que no estbamos nadando, paseando en lancha o pescando, o jugando sobre el hielo, o deslizndonos colina abajo. Adems, tenamos libertad para correr por el parque del castillo, cosa que tenan muy pocos. Ello se deba a que ramos los nios mimados del ms viejo servidor que haba en el castillo: de Flix Brandt; con frecuencia bamos all por las noches para orle hablar de los viejos tiempos y de cosas extraas, para fumar con l porque el nos ense a fumar y para tomar caf; aquel hombre haba servido en las guerras, y se encontr en el asedio de Viena; all, cuando los turcos fueron derrotados y puestos en fuga, encontraron entre el botn sacos de caf, y los prisioneros turcos explicaron sus cualidades y la manera de hacer con ese producto una bebida agradable; desde entonces siempre tena caf consigo, para beberlo l y tambin para dejar atnitos a los ignorantes. Cuando haba tormenta, nos guardaba a su lado toda la noche; y mientras en el exterior tronaba y relampagueaba, l nos contaba historias de fantasmas y de toda clase de horrores, de batallas, asesinatos, mutilaciones y cosas por el estilo, de manera que encontrbamos en el interior del castillo un refugio agradable y acogedor; las cosas que nos contaba eran casi todas ellas producto de su propia experiencia. l haba visto en otro tiempo muchos fantasmas, brujas y encantadores; en cierta ocasin se perdi en medio de una furiosa tormenta, a medianoche y entre montaas; a la luz de los relmpagos haba visto bramar con el trueno al Cazador Salvaje, seguido de sus perros fantasmales por entre la 7 8. masa de nubes arrastrada por el viento. Vio tambin en cierta ocasin un ncubo, y varias veces al gran vampiro que chupa la sangre del cuello de las personas mientras estn dormidas, abanicndolas suavemente con sus alas, a fin de mantenerlas amodorradas hasta que se mueren. Nos animaba a que no sintisemos temor de ciertas cosas sobrenaturales como son los fantasmas, asegurndonos que no hacan dao a nadie, limitndose a vagar de una parte a otra porque se encontraban solos y afligidos y sentan necesidad de que los mirasen con cario y compasin; andando el tiempo aprendimos a no sentir temor, y llegamos incluso a bajar con l, durante la noche, a la cmara embrujada que haba en las mazamorras del castillo. El fantasma se nos apareci slo una vez, cruz por delante de nosotros en forma muy mortecina para la vista, y flot sin hacer ruido por los aires; luego desapareci; Flix nos tena tan bien adiestrados que casi ni temblamos. Nos dijo que en ocasiones se le acercaba el fantasma durante la noche, y le despertaba pindole su mano fra y viscosa por la cara, pero no le causaba dao alguno; lo nico que buscaba es simpata, y que supiesen que estaba all. Pero lo ms extrao de todo resultaba que Flix haba visto ngeles ngeles autnticos bajados del cielo y que haba conversado con ellos. Esos ngeles no tenan alas, iban vestidos y hablaban, miraban y accionaban exactamente igual que una persona corriente, y no los habra tomado usted por ngeles, a no ser por las cosas asombrosas que ellos hacan y que un ser mortal no hubiera podido hacer, y por el modo sbito que tenan de desaparecer mient...</p>