Teologa y Poesa de La Palabra

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Donde no llega la teologa, lo expresa la poesa.

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  • Apuntes Verbum Domini

    http://www.apuntesverbumdomini.blogspot.mx/[05/09/2012 01:31:03 p.m.]

    Destinatarios: Para uso privado de los alumnos del curso de Introduccin a la Sagrada Escritura del InstitutoSuperior Salesiano Cristo Resucitado, Tlaquepaque, Jalisco, Curso 2012-2013.

    Apuntes Verbum Domini

    MARTES, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2012

    Nota 5. Teologa y poesa de la Palabra

    Nota 5. Teologa y poesa de la Palabra(El ms bello mensaje de un Snodo)

    Mensaje al Pueblo de Diosdel Snodo de los Obispos (2008) sobre la Palabra de Dios

    I. LA VOZ DE LA PALABRA: LA REVELACINII. EL ROSTRO DE LA PALABRA: JESUCRISTOIII. LA CASA DE LA PALABRA: LA IGLESIAIV. LOS CAMINOS DE LA PALABRA: LA MISIN

    El viernes 24 de octubre de 2008, a punto de concluir el Snodo de los Obispossobre la Palabra de Dios, los Obispos enviaron un Mensaje al Pueblo de Dios. Es elms bello mensaje que hasta la fecha ha enviado un Snodo. Se confi la redaccinprincipal al biblista y gran erudito cardenal Gianfranco Ravassi.

    Dos aos despus (san Jernimo 2010) vendra la redaccin del documento queestamos analizando.

    Insertamos aqu este singular documento bajo el epgrafe de Teologa y poesa de lapalabra, porque estamos en el mismo tono y vibracin de la teologa de la Palabra queel Papa Benedicto XVI ha trabajado en su Exhortacin Verbum Domini.

    Lase con atencin, con gusto, con devocin.

    * * *

    A los hermanos y hermanas paz ... y caridad con fe de parte de Dios Padre y delSeor Jesucristo. La gracia sea con todos los que aman a nuestro Seor Jesucristo enla vida incorruptible. Con este saludo tan intenso y apasionado san Pablo conclua suEpstola a los cristianos de feso (6, 23 24). Con estas mismas palabras nosotros, losPadres sinodales, reunidos en Roma para la XII Asamblea General Ordinaria delSnodo de los Obispos bajo la gua del Santo Padre Benedicto XVI, comenzamosnuestro mensaje dirigido al inmenso horizonte de todos aquellos que en las diferentesregiones del mundo siguen a Cristo como discpulos y continan amndolo con amorincorruptible.

    A ellos les propondremos de nuevo la voz y la luz de la Palabra de Dios, repitiendola antigua llamada: La palabra est muy cerca de ti, en tu boca y en tu corazn, paraque la pongas en prctica (Dt 30,14). Y Dios mismo le dir a cada uno: Hijo dehombre, todas las palabras que yo te dirija, gurdalas en tu corazn y escchalasatentamente (Ez 3,10). Ahora les propondremos a todos un viaje espiritual que sedesarrollar en cuatro etapas y desde lo eterno y lo infinito de Dios nos conducir hastanuestras casas y por las calles de nuestras ciudades.

    I. LA VOZ DE LA PALABRA: LA REVELACIN 1. El Seor les habl desde fuego, y ustedes escuchaban el sonido de sus palabras,

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    pero no perciban ninguna figura: slo se oa la voz (Dt 4,12). Es Moiss quien habla,evocando la experiencia vivida por Israel en la dura soledad del desierto del Sina. ElSeor se haba presentado, no como una imagen o una efigie o una estatua similar albecerro de oro, sino con "rumor de palabras". Es una voz que haba entrado en escenaen el preciso momento del comienzo de la creacin, cuando haba rasgado el silenciode la nada: En el principio... dijo Dios: "Haya luz", y hubo luz... En el principioexista la Palabra... y la Palabra era Dios ... Todo se hizo por ella y sin ella no se hizonada (Gn 1, 1.3; Jn 1, 1 3).

    Lo creado no nace de una lucha intradivina, como enseaba la antigua mitologamesopotmica, sino de una palabra que vence la nada y crea el ser. Canta el Salmista:Por la Palabra del Seor fueron hechos los cielos, por el aliento de su boca todos susejrcitos ... pues l habl y as fue, l lo mand y se hizo (Sal 33, 6.9). Y san Pablorepetir Dios que da la vida a los muertos y llama a las cosas que no son para quesean (Rm 4, 17). Tenemos de esta forma una primera revelacin "csmica" que haceque lo creado se asemeje a una especie de inmensa pgina abierta delante de toda lahumanidad, en la que se puede leer un mensaje del Creador: Los cielos cuentan lagloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos; el da al da comunica elmensaje, la noche a la noche le pasa la noticia. Sin hablar y sin palabras, y sin vozque pueda orse, por toda la tierra resuena su proclama, por los confines del orbe(Sal 19, 2 5).

    2. Pero la Palabra divina tambin se encuentra en la raz de la historia humana. Elhombre y la mujer, que son imagen y semejanza de Dios (Gn 1, 27) y que por tantollevan en s la huella divina, pueden entrar en dilogo con su Creador o pueden alejarsede l y rechazarlo por medio del pecado. As pues, la Palabra de Dios salva y juzga,penetra en la trama de la historia con su tejido de situaciones y acontecimientos: Hevisto la afliccin de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ... conozco sussufrimientos. He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para sacarlo deesta tierra a una tierra buena y espaciosa ... (Ex 3, 7 8). Hay, por tanto, unapresencia divina en las situaciones humanas que, mediante la accin del Seor de lahistoria, se insertan en un plan ms elevado de salvacin, para que todos los hombresse salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad (1 Tm 2,4).

    3. La Palabra divina eficaz, creadora y salvadora, est por tanto en el principio del

    ser y de la historia, de la creacin y la redencin. El Seor sale al encuentro de lahumanidad proclamando: Lo digo y lo hago (Ez 37,14). Sin embargo, hay una etapaposterior que la voz divina recorre: es la de la Palabra escrita, la Graph o las Graphai,las Escrituras sagradas, como se dice en el Nuevo Testamento. Ya Moiss habadescendido de la cima del Sina llevando las dos tablas del Testimonio en su mano,tablas escritas por ambos lados; por una y otra cara estaban escritas. Las tablas eranobra de Dios, y la escritura era escritura de Dios (Ex 32,15 16). Y el propio Moissprescribir a Israel que conserve y reescriba estas "tablas del Testimonio": Y escribirsen esas piedras todas las palabras de esta Ley. Grbalas bien (Dt 27, 8).

    Las Sagradas Escrituras son el "testimonio" en forma escrita de la Palabra divina,son el memorial cannico, histrico y literario que atestigua el evento de la Revelacincreadora y salvadora. Por tanto, la Palabra de Dios precede y excede la Biblia, si bienest "inspirada por Dios" y contiene la Palabra divina eficaz (cf. 2 Tm 3, 16). Por estemotivo nuestra fe no tiene en el centro slo un libro, sino una historia de salvacin y,como veremos, una persona, Jesucristo, Palabra de Dios hecha carne, hombre, historia.Precisamente porque el horizonte de la Palabra divina abraza y se extiende ms all dela Escritura, es necesaria la constante presencia del Espritu Santo que gua hasta laverdad completa (Jn 16, 13) a quien lee la Biblia. Es sta la gran Tradicin, presenciaeficaz del "Espritu de verdad" en la Iglesia, guardin de las Sagradas Escrituras,autnticamente interpretadas por el Magisterio eclesial. Con la Tradicin se llega a lacomprensin, la interpretacin, la comunicacin y el testimonio de la Palabra de Dios.El propio san Pablo, cuando proclam el primer Credo cristiano, reconocer que"transmiti" lo que l a su vez recibi de la Tradicin (1 Cor 15, 3 5).

    II. EL ROSTRO DE LA PALABRA: JESUCRISTO

    4. En el original griego son slo tres las palabras fundamentales: Lgos, sarx,

    eghneto, el Verbo/Palabra se hizo carne. Sin embargo, ste no es slo el pice deesa joya potica y teolgica que es el prlogo del Evangelio de san Juan (1, 14), sino elcorazn mismo de la fe cristiana. La Palabra eterna y divina entra en el espacio y en eltiempo y asume un rostro y una identidad humana, tan es as que es posible acercarse aella directamente pidiendo, como hizo aquel grupo de griegos presentes en Jerusaln:Queremos ver a Jess (Jn 12, 20 21). Las palabras sin un rostro no son perfectas,porque no cumplen plenamente el encuentro, como recordaba Job, cuando lleg al finalde su dramtico itinerario de bsqueda:Slo de odas te conoca, pero ahora te hanvisto mis ojos (42, 5).

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    Cristo es la Palabra que est junto a Dios y es Dios, es imagen de Diosinvisible, primognito de toda la creacin (Col 1, 15); pero tambin es Jess deNazaret, que camina por las calles de una provincia marginal del imperio romano, quehabla una lengua local, que presenta los rasgos de un pueblo, el judo, y de su cultura.El Jesucristo real es, por tanto, carne frgil y mortal, es historia y humanidad, perotambin es gloria, divinidad, misterio: Aquel que nos ha revelado el Dios que nadie havisto jams (cf. Jn 1, 18). El Hijo de Dios sigue siendo el mismo an en ese cadverdepositado en el sepulcro y la resurreccin es su testimonio vivo y eficaz.

    5. As pues, la tradicin cristiana ha puesto a menudo en paralelo la Palabra divina

    que se hace carne con la misma Palabra que se hace libro. Es lo que ya aparece en elCredo cuando se profesa que el Hijo de Dios por obra del Espritu Santo se encarnde Mara, la Virgen, pero tambin se confiesa la fe en el mismo Espritu Santo quehabl por los profetas. El Concilio Vaticano II recoge esta antigua tradicin segn lacual el cuerpo del Hijo es la Escritura que nos fue transmitida como afirma sanAmbrosio (In Lucam VI, 33) y declara lmpidamente: Las palabras de Diosexpresadas con lenguas humanas se han hecho semejantes al habla humana, como enotro tiempo el Verbo del Padre Eterno, tomada la carne de la debilidad humana, se hizosemejante a los hombres (DV 13).

    En efecto, la Biblia es tambin "carne", "letra", se expresa en lenguas particulares,en formas literarias e histricas, en concepciones ligadas a una cultura antigua, guardala memoria de hechos a menudo trgicos, sus pginas estn surcadas no pocas veces desangre y violencia, en su interior resuena la risa de la humanidad y fluyen las lgrimas,as como se eleva la splica de los infelices y la alegra de los enamorados. Debido aesta dimensin "carnal", exige un anlisis histrico y literario, que se lleva a cabo atravs de distintos mtodos y enfoques ofrecidos por la exgesis bblica. Cada lector delas Sagradas Escrituras, incluso el ms sencillo, debe tener un conocimientoproporcionado del texto sagrado recordando que la Palabra est revestida de palabrasconcretas a las que se pliega y adapta para ser audible y comprensible a la humanidad.

    ste es un compromiso necesario: si se lo excluye, se podra caer en elfundamentalismo que prcticamente niega la encarnacin de la Palabra divina en lahistoria, no reconoce que esa palabra se expresa en la Biblia segn un lenguajehumano, que tiene que ser descifrado, estudiado y comprendido, e ignora que lainspiracin divina no ha borrado la identidad histrica y la personalidad propia de losautores humanos. Sin embargo, la Biblia tambin es Verbo eterno y divino y por estemotivo exige otra comprensin, dada por el Espritu Santo que devela la dimensintrascendente de la Palabra divina, presente en las palabras humanas.

    6. He aqu, por tanto, la necesidad de la viva Tradicin de toda la Iglesia (DV 12)

    y de la fe para comprender de modo unitario y pleno las Sagradas Escrituras. Si nosdetenemos slo en la "letra", la Biblia entonces se reduce a un solemne documento delpasado, un noble testimonio tico y cultural. Pero si se excluye la encarnacin, se puedecaer en el equvoco fundamentalista o en un vago espiritualismo o psicologismo. Elconocimiento exegtico tiene, por tanto, que entrelazarse indisolublemente con latradicin espiritual y teolgica para que no se quiebre la unidad divina y humana deJesucristo, y de las Escrituras.

    En esta armona reencontrada, el rostro de Cristo brillar en su plenitud y nosayudar a descubrir otra unidad, la unidad profunda e ntima de las Sagradas Escrituras,el hecho de ser, en realidad 73 libros, que sin embargo se incluyen en un nico"Canon", en un nico dilogo entre Dios y la humanidad, en un nico designio desalvacin. Muchas veces y de muchas maneras habl Dios en el pasado a nuestrosPadres por medio de los Profetas. En estos ltimos tiempos nos ha hablado por mediodel Hijo (Hb 1, 1 2). Cristo proyecta de esta forma retrospectivamente su luz sobre laentera trama de la historia de la salvacin y revela su coherencia, su significado, sudireccin.

    l es el sello, "el Alfa y la Omega" (Ap 1, 8) de un dilogo entre Dios y suscriaturas repartido en el tiempo y atestiguado en la Biblia. Es a la luz de este sello finalcmo adquieren su "pleno sentido" las palabras de Moiss y de los profetas, comohaba indicado el mismo Jess aquella tarde de primavera, mientras l iba de Jerusalnhacia el pueblo de Emas, dialogando con Cleofs y su amigo, cuando les explic loque haba sobre l en todas las Escrituras (Lc 24, 27).

    Precisamente porque en el centro de la Revelacin est la Palabra divinatransformada en rostro, el fin ltimo del conocimiento de la Biblia no est en unadecisin tica o una gran idea, sino en el encuentro con un acontecimiento, con unaPersona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientacin decisiva(Deus caritas est, 1).

    III. LA CASA DE LA PALABRA: LA IGLESIA Como la sabidura divina en el Antiguo Testamento, haba edificado su casa en la

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    ciudad de los hombres y de las mujeres, sostenindola sobre sus siete columnas (cf. Pr9, 1), tambin la Palabra de Dios tiene una casa en el Nuevo Testamento: es la Iglesiaque posee su modelo en la comunidad madre de Jerusaln, la Iglesia, fundada sobrePedro y los apstoles y que hoy, a travs de los obispos en comunin con el sucesor dePedro, sigue siendo garante, animadora e intrprete de la Palabra (cf. LG 13). Lucas, enlos Hechos de los Apstoles (2, 42), esboza la arquitectura basada sobre cuatrocolumnas ideales, que an hoy dan testimonio de las diferentes formas de comunidadeclesial: Todos se reunan asiduamente para escuchar la enseanza de los apstoles yparticipar en la vida comn, en la fraccin del pan, y en las oraciones.

    7. En primer lugar, esto es la didach apostlica, es decir, la predicacin de la

    Palabra de Dios. El apstol Pablo, en efecto, nos reprende diciendo que la fe por lotanto, nace de la predicacin y la predicacin se realiza en virtud de la Palabra deCristo (Rm 10, 17). Desde la Iglesia sale la voz del mensajero que propone a todos elkrygma, o sea el anuncio primario y fundamental que el mismo Jess habaproclamado al comienzo de su ministerio pblico: el tiempo se ha cumplido, el reinode Dios est cerca. (Arrepentos! Y creed en el Evangelio (Mc 1, 15). Los apstolesanuncian la inauguracin del Reino de Dios y, por lo tanto, de la decisiva intervencindivina en la historia humana, proclamando la muerte y la resurreccin de Cristo: Enningn otro hay salvacin, ni existe bajo el cielo otro Nombre dado a los hombres, porel cual podamos salvarnos (Hch 4, 12). El cristiano da testimonio de su esperanza:hganlo con delicadeza y respeto, y con tranquilidad de conciencia, preparado sinembargo a ser tambin envuelto y tal vez arrollado por el torbellino del rechazo y de lapersecucin, consciente de que es mejor sufrir por hacer el bien, si sa es la voluntadde Dios, que por hacer el mal (1 Pe 3, 16 17).

    En la Iglesia resuena, despus, la catequesis que est destinada a profundizar en elcristiano el misterio de Cristo a la luz de la Palabra para que todo el hombre seairradiado por ella (Juan Pablo II, Catechesi tradendae, 20). Pero el apogeo de lapredicacin est en la homila que an hoy, para muchos cristianos, es el momentoculminante del encuentro con la Palabra de Dios. En este acto, el ministro deberatransformarse tambin en profeta. En efecto, l debe con un lenguaje ntido, incisivo ysustancial y no slo con autoridad anunciar las maravillosas obras de Dios en lahistoria de la salvacin (SC 35) ofrecidas anteriormente, a travs de una clara yviva lectura del texto bblico propuesto por la liturgia pero que tambin debeactualizarse segn los tiempos y momentos vividos por los oyentes, haciendo germinaren sus corazones la pregunta para la conversin y para el compromiso vital: qutenemos que hacer? (He 2, 37).

    El anuncio, la catequesis y la homila suponen, por lo tanto, la capacidad de leer yde comprender, de explicar e interpretar, implicando la mente y el corazn. En lapredicacin se cumple, de este modo, un doble movimiento. Con el primero se remontaa los orgenes de los textos sagrados, de los eventos, de las palabras generadoras de lahistoria de la salvacin para comprenderlas en su significado y en su mensaje. Con elsegundo movimiento se vuelve al presente, a la actualidad vivida por quien escucha ylee siempre a la luz del Cristo que es el hilo luminoso destinado a unir las Escrituras.Es lo que el mismo Jess haba hecho como ya dijimos en el itinerario deJerusaln a Emas, en compaa de sus dos discpulos. Esto es lo que har el diconoFelipe en el camino de Jerusaln a Gaza, cuando junto al funcionario etope instituirese dilogo emblemtico: Entiendes lo que ests leyendo? [...] )Cmo lo voy aentender si no tengo quien me lo explique? (Hch 8, 30 31). Y la meta ser elencuentro ntegro con Cristo en el sacramento. De esta manera se presenta la segundacolumna que sostiene la Iglesia, casa de la Palabra divina.

    8. Es la fraccin del pan. La escena de Emas (cf. Lc 24, 13 35) una vez ms es

    ejemplar y reproduce cuanto sucede cada da en nuestras iglesias: en la homila de Jesssobre Moiss y los profetas aparece, en la mesa, la fraccin del pan eucarstico. ste esel momento del dilogo ntimo de Dios con su pueblo, es el acto de la nueva alianzasellada con la sangre de Cristo (cf. Lc 22, 20), es la obra suprema del Verbo que seofrece como alimento en su cuerpo inmolado, es la fuente y la cumbre de la vida y de lamisin de la Iglesia. La narracin evanglica de la ltima cena, memorial del sacrificiode Cristo, cuando se proclama en la celebracin eucarstica, en la invocacin delEspritu Santo, se convierte en evento y sacramento. Por esta razn es que el ConcilioVaticano II, en un pasaje de gran intensidad, declaraba: La Iglesia ha veneradosiempre las Sagradas Escrituras al igual que el mismo Cuerpo del Seor, no dejando detomar de la mesa y de distribuir a los fieles el pan de vida, tanto de la Palabra de Dioscomo del Cuerpo de Cristo (DV 21). Por esto, se deber volver a poner en el centrode la vida cristiana la Liturgia de la Palabra y la Eucarstica que estn tan ntimamenteunidas de tal manera que constituyen un solo acto de culto (SC 56).

    9. La tercera columna del edificio espiritual de la Iglesia, la casa de la Palabra, est

    constituida por las oraciones, entrelazadas como recordaba san Pablo por salmos,himnos, alabanzas espontneas (Col 3, 16). Un lugar privilegiado lo ocupa

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    naturalmente la Liturgia de las horas, la oracin de la Iglesia por excelencia, destinadaa marcar el paso de los das y de los tiempos del ao cristiano que ofrece, sobre todocon el Salterio, el alimento espiritual cotidiano del fiel. Junto a sta y a lascelebraciones comunitarias de la Palabra, la tradicin ha introducido la prctica de laLectio divina, lectura orante en el Espritu Santo, capaz de abrir al fiel no slo el tesorode la Palabra de Dios sino tambin de crear el encuentro con Cristo, Palabra divina yviviente.

    sta se abre con la lectura (lectio) del texto que conduce a preguntarnos sobre elconocimiento autntico de su contenido prctico: qu dice el texto bblico en s? Siguela meditacin (meditatio) en la cual la pregunta es: qu nos dice el texto bblico? Deesta manera se llega a la oracin (oratio) que supone otra pregunta: qu le decimos alSeor como respuesta a su Palabra? Se concluye con la contemplacin (contemplatio)durante la cual asumimos como don de Dios la misma mirada para juzgar la realidad ynos preguntamos: qu conversin de la mente, del corazn y de la vida nos pide elSeor?

    Frente al lector orante de la Palabra de Dios se levanta idealmente el perfil deMara, la madre del Seor, que conservaba estas cosas y las meditaba en su corazn(Lc 2, 19; cf. 2, 51), como dice el texto original griego encontrando el vnculoprofundo que une eventos, actos y cosas, aparentemente desunidas, con el plan divino.Tambin se puede presentar a los ojos del fiel que lee la Biblia, la actitud de Mara,hermana de Marta, que se sienta a los pies del Seor a la escucha de su Palabra, nodejando que las agitaciones exteriores le absorban enteramente su alma, y ocupandotambin el espacio libre de la parte mejor que no nos debe abandonar (cf. Lc 10,38 42).

    10. Aqu estamos, finalmente, frente a la ltima columna que sostiene la Iglesia,

    casa de la Palabra: la koinona, la comunin fraterna, otro de los nombres del gape, esdecir, del amor cristiano. Como recordaba Jess, para convertirse en sus hermanos ohermanas se necesita ser los hermanos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen(Lc 8, 21). La escucha autntica es obedecer y actuar, es hacer florecer en la vida lajusticia y el amor, es ofrecer tanto en la existencia como en la sociedad un testimonioen la lnea del llamado de los profetas que constantemente una la Palabra de Dios y lavida, la fe y la rectitud, el culto y el compromiso social. Esto es lo que repetacontinuamente Jess, a partir de la clebre admonicin en el Sermn de la montaa:No todo el que me dice: Seor, Seor! Entrar en el reino de los cielos, sino el quehace la voluntad de mi Padre que est en los cielos (Mt 7, 21). En esta frase pareceresonar la Palabra divina propuesta por Isaas: Este pueblo se me acerca con su boca,y con sus labios me honra, pero su corazn est lejos de m (29, 13). Estasadvertencias son tambin para las iglesias que no son fieles a la escucha obediente de laPalabra de Dios.

    Por ello, sta debe ser visible y legible ya en el rostro mismo y en las manos delcreyente, como lo sugiri san Gregorio Magno que vea en san Benito, y en los otrosgrandes hombres de Dios, los testimonios de la comunin con Dios y sus hermanos,con la Palabra de Dios hecha vida. El hombre justo y fiel no slo "explica" lasEscrituras, sino que las "despliega" frente a todos como realidad viva y practicada. Poreso es que la viva lectio, vita bonorum o la vida de los buenos, es una lectura/leccinviviente de la Palabra divina. Ya san Juan Crisstomo haba observado que losapstoles descendieron del monte de Galilea, donde haban encontrado al Resucitado,sin ninguna tabla de piedra escrita como sucedi con Moiss, ya que desde aquelmomento, sus mismas vidas se convirtieron en el Evangelio viviente.

    En la casa de la Palabra Divina encontramos tambin a los hermanos y las hermanasde las otras Iglesias y comunidades eclesiales que, a pesar de la separacin que todavahoy existe, se reencuentran con nosotros en la veneracin y en el amor por la Palabrade Dios, principio y fuente de una primera y verdadera unidad, aunque, incompleta.Este vnculo siempre debe reforzarse por medio de las traducciones bblicas comunes, ladifusin del texto sagrado, la oracin bblica ecumnica, el dilogo exegtico, el estudioy la comparacin entre las diferentes interpretaciones de las Sagradas Escrituras, elintercambio de los valores propios de las diversas tradiciones espirituales, el anuncio yel testimonio comn de la Palabra de Dios en un mundo secularizado.

    IV. LOS CAMINOS DE LA PALABRA: LA MISIN Porque de Sin saldr la Ley y de Jerusaln la palabra del Seor (Is 2,3). La

    Palabra de Dios personificada "sale" de su casa, del templo, y se encamina a lo largo delos caminos del mundo para encontrar el gran peregrinacin que los pueblos de la tierrahan emprendido en la bsqueda de la verdad, de la justicia y de la paz. Existe, enefecto, tambin en la moderna ciudad secularizada, en sus plazas, y en sus calles donde parecen reinar la incredulidad y la indiferencia, donde el mal parece prevalecersobre el bien, creando la impresin de la victoria de Babilonia sobre Jerusaln undeseo escondido, una esperanza germinal, una conmocin de esperanza. Come se lee

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    en el libro del profeta Amos, vienen das dice Dios, el Seor en los cualesenviar hambre a la tierra. No de pan, ni sed de agua, sino de or la Palabra de Dios(8, 11). A este hambre quiere responder la misin evangelizadora de la Iglesia.

    Asimismo Cristo resucitado lanza el llamado a los apstoles, titubeantes para salirde las fronteras de su horizonte protegido: Por tanto, id a todas las naciones, haceddiscpulos [...] y enseadles a obedecer todo lo que os he mandado (Mt 28, 19 20).La Biblia est llena de llamadas a "no callar", a "gritar con fuerza", a "anunciar laPalabra en el momento oportuno e importuno" a ser guardianes que rompen el silenciode la indiferencia. Los caminos que se abren frente a nosotros, hoy, no son nicamentelos que recorri san Pablo o los primeros evangelizadores y, detrs de ellos, todos losmisioneros fueron al encuentro de la gente en tierras lejanas.

    11. La comunicacin extiende ahora una red que envuelve todo el mundo y elllamado de Cristo adquiere un nuevo significado: Lo que yo les digo en la oscuridad,reptanlo en pleno da, y lo que escuchen al odo, proclmenlo desde lo alto de lascasas (Mt 10, 27). Ciertamente, la Palabra sagrada debe tener una primeratransparencia y difusin por medio del texto impreso, con traducciones que respondan ala variedad de idiomas de nuestro planeta. Pero la voz de la Palabra divina deberesonar tambin a travs de la radio, las autopistas de la informacin de Internet, loscanales de difusin virtual on line, los CD, los DVD, los "ipods" (MP3) y otros; debeaparecer en las pantallas televisivas y cinematogrficas, en la prensa, en los eventosculturales y sociales.

    Esta nueva comunicacin, comparndola con la tradicional, ha asumido unagramtica expresiva especfica y es necesario, por lo tanto, estar preparados no slo enel plano tcnico, sino tambin cultural para dicha empresa. En un tiempo dominado porla imagen, propuesta especialmente desde el medio hegemnico de la comunicacinque es la televisin, es todava significativo y sugestivo el modelo privilegiado porCristo. l recurra al smbolo, a la narracin, al ejemplo, a la experiencia diaria, a laparbola: Todo esto lo deca Jess a la muchedumbre por medio de parbolas [...] yno les hablaba sin parbolas (Mt 13, 3.34). Jess en su anuncio del reino de Dios,nunca se diriga a sus interlocutores con un lenguaje vago, abstracto y etreo, sino queles conquistaba partiendo justamente de la tierra, donde apoyaban sus pies paraconducirlos de lo cotidiano, a la revelacin del reino de los cielos. Se vuelve entoncessignificativa la escena evocada por Juan: Algunos quisieron prenderlo, pero ningunole ech mano. Los guardias volvieron a los principales sacerdotes y a los fariseos. Yellos les preguntaron: )Por qu no lo trajiste? Los guardias respondieron: "Jamshombre alguno habl como este hombre" (7, 44 46).

    12. Cristo camina por las calles de nuestras ciudades y se detiene ante el umbral denuestras casas: Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y me abre lapuerta, entrar en su casa, cenar con l y l conmigo (Ap 3, 20). La familia,encerrada en su hogar, con sus alegras y sus dramas, es un espacio fundamental en elque debe entrar la Palabra de Dios. La Biblia est llena de pequeas y grandes historiasfamiliares y el Salmista imagina con vivacidad el cuadro sereno de un padre sentado ala mesa, rodeado de su esposa, como una vid fecunda, y de sus hijos, como brotes deolivo (Sal 128). Los primeros cristianos celebraban la liturgia en lo cotidiano de unacasa, as como Israel confiaba a la familia la celebracin de la Pascua (cf. Ex 12,21 27). La Palabra de Dios se transmite de una generacin a otra, por lo que lospadres se convierten en los primeros predicadores de la fe (LG 11). El Salmistatambin recordaba que lo que hemos odo y aprendido, lo que nuestros padres noscontaron, no queremos ocultarlo a nuestros hijos, lo narraremos a la prximageneracin: son las glorias del Seor y su poder, las maravillas que l realiz;... ypodrn contarlas a sus propios hijos (Sal 78, 3 4.6).

    Cada casa deber, pues, tener su Biblia y custodiarla de modo concreto y digno,leerla y rezar con ella, mientras que la familia deber proponer formas y modelos deeducacin orante, catequstica y didctica sobre el uso de las Escrituras, para quejvenes y doncellas tambin, los viejos junto con los nios (Sal 148, 12) escuchen,comprendan, alaben y vivan la Palabra de Dios. En especial, las nuevas generaciones,los nios, los jvenes, tendrn que ser los destinatarios de una pedagoga apropiada yespecfica, que los conduzca a experimentar el atractivo de la figura de Cristo, abriendola puerta de su inteligencia y su corazn, a travs del encuentro y el testimonioautntico del adulto, la influencia positiva de los amigos y la gran familia de lacomunidad eclesial.

    13. Jess, en la parbola del sembrador, nos recuerda que existen terrenos ridos,

    pedregosos y sofocados por los abrojos (cf. Mt 13, 3 7). Quien entra en las calles delmundo descubre tambin los bajos fondos donde anidan sufrimientos y pobreza,humillaciones y opresiones, marginacin y miserias, enfermedades fsicas, psquicas ysoledades. A menudo, las piedras de las calles estn ensangrentadas por guerras yviolencias, en los centros de poder la corrupcin se rene con la injusticia. Se alza elgrito de los perseguidos por la fidelidad a su conciencia y su fe. Algunos se ven

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    arrollados por la crisis existencial o su alma se ve privada de un significado que dsentido y valor a la vida misma. Como es mera sombra el humano que pasa, slo unsoplo las riquezas que amontona (Sal 39,7), muchos sienten cernirse sobre ellostambin el silencio de Dios, su aparente ausencia e indiferencia: Hasta cundo,Seor? Me olvidars para siempre? Hasta cundo me ocultars tu rostro? (Sal 13,2). Y al final, se yergue ante todos el misterio de la muerte.

    La Biblia, que propone precisamente una fe histrica y encarnada, representaincesantemente este inmenso grito de dolor que sube de la tierra hacia el cielo. Bastaraslo con pensar en las pginas marcadas por la violencia y la opresin, en el gritospero y continuado de Job, en las vehementes splicas de los salmos, en la sutil crisisinterior que recorre el alma del Eclesiasts, en las vigorosas denuncias profticas contralas injusticias sociales. Adems, se presenta sin atenuantes la condena del pecadoradical, que aparece en todo su poder devastador desde los exordios de la humanidaden un texto fundamental del Gnesis (c. 3). En efecto, el "misterio del pecado" estpresente y acta en la historia, pero es revelado por la Palabra de Dios que asegura enCristo la victoria del bien sobre el mal.

    Pero, sobre todo, en las Escrituras domina principalmente la figura de Cristo, quecomienza su ministerio pblico precisamente con un anuncio de esperanza para losltimos de la tierra: El Espritu del Seor est sobre m; porque me ha ungido paraanunciar a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado a proclamar la liberacin a loscautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un ao degracia del Seor (Lc 4, 18 19). Sus manos tocan repetidamente cuerpos enfermos oinfectados, sus palabras proclaman la justicia, infunden valor a los infelices, concedenel perdn a los pecadores. Al final, l mismo se acerca al nivel ms bajo, despojndosea s mismo de su gloria, tomando la condicin de esclavo, asumiendo la semejanzahumana y apareciendo en su porte como hombre ... se rebaj a s mismo, hacindoseobediente hasta la muerte y una muerte de cruz (Flp 2, 7 8).

    As, siente miedo de morir Padre, si es posible, aparta de m este cliz!,experimenta la soledad con el abandono y la traicin de los amigos, penetra en laoscuridad del dolor fsico ms cruel con la crucifixin e incluso en las tinieblas delsilencio del Padre (Dios mo, Dios mo, por qu me has abandonado?) y llega alprecipicio ltimo de cada hombre, el de la muerte (dando un fuerte grito, expir).Verdaderamente, a l se puede aplicar la definicin que Isaas reserva al Siervo delSeor: varn de dolores y que conoce el sufrimiento (cf. 53, 3).

    Y an as, tambin en ese momento extremo, no deja de ser el Hijo de Dios: en susolidaridad de amor y con el sacrificio de s mismo siembra en el lmite y en el mal dela humanidad una semilla de divinidad, o sea, un principio de liberacin y de salvacin;con su entrega a nosotros circunda de redencin el dolor y la muerte, que l asumi yvivi, y abre tambin para nosotros la aurora de la resurreccin. El cristiano tiene, pues,la misin de anunciar esta Palabra divina de esperanza, compartindola con los pobresy los que sufren, mediante el testimonio de su fe en el Reino de verdad y vida, desantidad y gracia, de justicia, de amor y paz, mediante la cercana amorosa que nojuzga ni condena, sino que sostiene, ilumina, conforta y perdona, siguiendo las palabrasde Cristo: Vengan a m, todos los que estn fatigados y agobiados, y yo les dardescanso (Mt 11, 28).

    14. Por los caminos del mundo la Palabra divina genera para nosotros, los cristianos,

    un encuentro intenso con el pueblo judo, al que estamos ntimamente unidos a travsdel reconocimiento comn y el amor por las Escrituras del Antiguo Testamento, yporque de Israel procede Cristo segn la carne (Rm 9, 5). Todas las sagradas pginasjudas iluminan el misterio de Dios y del hombre, revelan tesoros de reflexin y demoral, trazan el largo itinerario de la historia de la salvacin hasta su plenocumplimiento, ilustran con vigor la encarnacin de la Palabra divina en las vicisitudeshumanas. Nos permiten comprender plenamente la figura de Cristo, quien habadeclarado No pensis que he venido a abolir la Ley y los Profetas. No he venido aabolir, sino a dar cumplimiento (Mt 5, 17), son camino de dilogo con el puebloelegido que ha recibido de Dios la adopcin filial, la gloria, las alianzas, lalegislacin, el culto, las promesas (Rm 9, 4), y nos permiten enriquecer nuestrainterpretacin de las Sagradas Escrituras con los recursos fecundos de la tradicinexegtica judaica.

    Bendito sea mi pueblo Egipto, la obra de mis manos Asiria, y mi heredad Israel(Is 19, 25). El Seor extiende, por lo tanto, el manto de proteccin de su bendicinsobre todos los pueblos de la tierra, deseoso de que todos los hombres se salven ylleguen al conocimiento pleno de la verdad (1Tm 2, 4). Tambin nosotros, loscristianos, por los caminos del mundo, estamos invitados sin caer en el sincretismoque confunde y humilla la propia identidad espiritual a entrar con respeto en dilogocon los hombres y mujeres de otras religiones, que escuchan y practican fielmente lasindicaciones de sus libros sagrados, comenzando por el islamismo, que en su tradicinacoge innumerables figuras, smbolos y temas bblicos y nos ofrece el testimonio deuna fe sincera en el Dios nico, compasivo y misericordioso, Creador de todo el ser yJuez de la humanidad.

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    El cristiano encuentra, adems, sintonas comunes con las grandes tradicionesreligiosas de Oriente que nos ensean en sus Escrituras el respeto a la vida, lacontemplacin, el silencio, la sencillez, la renuncia, como sucede en el budismo. Obien, como en el hinduismo, exaltan el sentido de lo sagrado, el sacrificio, laperegrinacin, el ayuno, los smbolos sagrados. O, tambin, como en el confucionismo,ensean la sabidura y los valores familiares y sociales. Tambin queremos prestarnuestra cordial atencin a las religiones tradicionales, con sus valores espiritualesexpresados en los ritos y las culturas orales, y entablar con ellas un respetuoso dilogo;y con cuantos no creen en Dios, pero se esfuerzan por respetar el derecho, amar lalealtad, y proceder humildemente (Mi 6, 8), tenemos que trabajar por un mundo msjusto y en paz, y ofrecer en dilogo nuestro genuino testimonio de la Palabra de Dios,que puede revelarles nuevos y ms altos horizontes de verdad y de amor.

    15. En su Carta a los artistas (1999), Juan Pablo II recordaba que la Sagrada

    Escritura se ha convertido en una especie de inmenso vocabulario (P. Claudel) y deAtlas iconogrfico (M. Chagall) del que se han nutrido la cultura y el arte cristianos(n. 5). Goethe estaba convencido de que el Evangelio fuera la lengua materna deEuropa. La Biblia, como se suele decir, es el gran cdigo de la cultura universal: losartistas, idealmente, han impregnado sus pinceles en ese alfabeto teido de historias,smbolos, figuras que son las pginas bblicas; los msicos han tejido sus armonasalrededor de los textos sagrados, especialmente los salmos; los escritores durante sigloshan retomado esas antiguas narraciones que se convertan en parbolas existenciales;los poetas se han planteado preguntas sobre los misterios del espritu, el infinito, el mal,el amor, la muerte y la vida, recogiendo con frecuencia el clamor potico que animabalas pginas bblicas; los pensadores, los hombres de ciencia y la misma sociedad amenudo tenan como punto de referencia, aunque fuera por contraste, los conceptosespirituales y ticos (pensemos en el Declogo) de la Palabra de Dios. Aun cuando lafigura o la idea presente en las Escrituras se deformaba, se reconoca que eraimprescindible y constitutiva de nuestra civilizacin.

    Por esto, la Biblia que tambin ensea la via pulchritudinis, es decir, el caminode la belleza para comprender y llegar a Dios ((tocad para Dios con destreza!, nosinvita el Sal 47, 8) no slo es necesaria para el creyente, sino para todos, paradescubrir nuevamente los significados autnticos de las varias expresiones culturales y,sobre todo, para encontrar nuevamente nuestra identidad histrica, civil, humana yespiritual. En ella se encuentra la raz de nuestra grandeza y mediante ella podemospresentarnos con un noble patrimonio a las dems civilizaciones y culturas, sin ningncomplejo de inferioridad. Por lo tanto, todos deberan conocer y estudiar la Biblia, bajoeste extraordinario perfil de belleza y fecundidad humana y cultural.

    No obstante, la Palabra de Dios para usar una significativa imagen paulina noest encadenada (2Tm 2, 9) a una cultura; es ms, aspira a atravesar las fronteras y,precisamente el Apstol fue un artfice excepcional de inculturacin del mensajebblico dentro de nuevas coordenadas culturales. Es lo que la Iglesia est llamada ahacer tambin hoy, mediante un proceso delicado pero necesario, que ha recibido unfuerte impulso del magisterio del Papa Benedicto XVI. Tiene que hacer que la Palabrade Dios penetre en la multiplicidad de las culturas y expresarla segn sus lenguajes, susconcepciones, sus smbolos y sus tradiciones religiosas. Sin embargo, debe ser capaz decustodiar la sustancia de sus contenidos, vigilando y evitando el riesgo dedegeneracin.

    La Iglesia tiene que hacer brillar los valores que la Palabra de Dios ofrece a otrasculturas, de manera que puedan llegar a ser purificadas y fecundadas por ella. Comodijo Juan Pablo II al episcopado de Kenya durante su viaje a frica en 1980, lainculturacin ser realmente un reflejo de la encarnacin del Verbo, cuando unacultura, transformada y regenerada por el Evangelio, produce en su propia tradicinexpresiones originales de vida, de celebracin y de pensamiento cristiano.

    CONCLUSIN

    La voz de cielo que yo haba odo me habl otra vez y me dijo: "Toma el librito

    que est abierto en la mano del ngel ...". Y el ngel me dijo: "Toma, devralo; teamargar las entraas, pero en tu boca ser dulce como la miel". Tom el librito de lamano del ngel y lo devor; y fue en mi boca dulce como la miel; pero, cuando locom, se me amargaron las entraas (Ap 10, 8 11).

    Hermanos y hermanas de todo el mundo, acojamos tambin nosotros esta invitacin;acerqumonos a la mesa de la Palabra de Dios, para alimentarnos y vivir no slo depan, sino de toda palabra que sale de la boca del Seor (Dt 8, 3; Mt 4, 4). La SagradaEscritura como afirmaba una gran figura de la cultura cristiana tiene pasajesadecuados para consolar todas las condiciones humanas y pasajes adecuados paraatemorizar en todas las condiciones (B. Pascal, Pensieri, n. 532 ed. Brunschvicg).

    La Palabra de Dios, en efecto, es ms dulce que la miel, ms que el jugo depanales (Sal 19, 11), es antorcha para mis pasos, luz para mi sendero (Sal 119,105), pero tambin como el fuego y como un martillo que golpea la pea (Jr 23, 29).

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    Publicado por Fr. Rufino Ma. Grndez, OFMCap en 15:32 Sin comentarios:

    Es como una lluvia que empapa la tierra, la fecunda y la hace germinar, haciendoflorecer de este modo tambin la aridez de nuestros desiertos espirituales (cf. Is 55,10 11). Pero tambin es viva, eficaz y ms cortante que una espada de dos filos.Penetra hasta la divisin entre alma y espritu, articulaciones y mdulas; y disciernesentimientos y pensamientos del corazn (Hb 4, 12).

    Nuestra mirada se dirige con afecto a todos los estudiosos, a los catequistas y otrosservidores de la Palabra de Dios para expresarles nuestra gratitud ms intensa y cordialpor su precioso e importante ministerio. Nos dirigimos tambin a nuestros hermanos yhermanas perseguidos o asesinados a causa de la Palabra de Dios y el testimonio quedan al Seor Jess (cf. Ap 6, 9): como testigos y mrtires nos cuentan la fuerza de lapalabra (Rm 1, 16), origen de su fe, su esperanza y su amor por Dios y por loshombres.

    Hagamos ahora silencio para escuchar con eficacia la Palabra del Seor ymantengamos el silencio luego de la escucha porque seguir habitando, viviendo ennosotros y hablndonos. Hagmosla resonar al principio de nuestro da, para que Diostenga la primera palabra y dejmosla que resuene dentro de nosotros por la noche, paraque la ltima palabra sea de Dios.

    Queridos hermanos y hermanas, "Te saludan todos los que estn conmigo. Saluda alos que nos aman en la fe. La gracia con todos vosotros!" (Tt 3, 15).

    [Traduccin del original italiano distribuida por la secretara general del Snodo de

    los Obispos]

    Noticia bblica. Acaba de fallecer (31/VIII/2012), a los 85 aos, el cardenal CarloMaria Martini, profesor de Critica textus de quienes pasamos por el PontificioInstituto Bblico, hombre eminente en la Iglesia estos ltimos decenios. A su memoriatraemos dos citas para estmulo nuestro en el estudio de las santas Escrituras.

    Lmpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi sendero (Sal 119[118], 105):las palabras del Salmista pueden resumir toda la existencia de este Pastor generoso yfiel de la Iglesia. Fue un hombre de Dios, que no slo estudi la Sagrada Escritura, sinoque la am intensamente, e hizo de ella la luz de su vida, para que todo fuera admaiorem Dei gloriam, para la mayor gloria de Dios (Del mensaje de Benedicto XVIpara el funeral del cardenal Carlo Maria Martini).

    El cardenal Martini no ha dejado un testamento espiritual en el sentido explcito dela palabra. Su herencia est toda en su vida y en su magisterio, y nosotros debemoscontinuar para alcanzarla durante mucho tiempo. Entretanto, eligi una frase para poneren su tumba, tomada del salmo 119 [118]: Lmpara para mis pasos es tu palabra,luz en mi camino. De tal modo que l mismo nos ha dado la llave para interpretar suexistencia y su ministerio (Palabras del cardenal Angelo Scola, su sucesor en lactedra de san Ambrosio, en la misa funeral celebrada en la catedral de Miln, 3 deseptiembre de 2012, memoria de san Gregorio, de quien el cardenal Carlo MariaMartini haba tomado el lema: Pro veritate adversa diligere, por amor de la verdad,abrazar la adversidad (Regula pastoralis II, 3,3).

    DOMINGO, 2 DE SEPTIEMBRE DE 2012

    Nota 4. Cristologa de la Palabra

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