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  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

    EL PAISAJE Y LA PALABRA CREADORA: (H) OJEADA SOBRE LA POESA VENEZOLANA FUNDACIONAL

    Gregory Zambrano Universidad de Los Andes

    gregory@ula.ve

    LA PATRIA AUSENTE

    Los aos que sucedieron a la Guerra de Independencia (1810-1830), significaron un largo

    proceso de construccin institucional de la Repblica. Ya durante la guerra misma se produjo

    un importante registro de manifestaciones literarias que destacan ms por lo cuantitativo que

    por lo cualitativo. Particularmente, el cultivo de la poesa durante los aos de la guerra tiene

    como elemento caracterstico el testimonio del hecho histrico en proceso. No de lo que se va

    a escribir sobe la guerra sino desde la guerra misma. Los autores todava no se podran

    considerar escritores, segn el concepto moderno, por cuanto en su mayora fueron soldados

    quienes escribieron para dejar constancia del momento singular que vivieron.

    Las formas literarias, de por s variadas, se integran principalmente como piezas

    oratorias, cartas elocuentes, artculos periodsticos, y posteriormente, diarios y memorias. El

    contenido temtico estaba cargado de humor, irona, burlas, pero tambin posea un intento

    lrico grave cuando se trat el tema de la gesta heroica y de los hroes mismos. Cabe destacar

    la proliferacin de peridicos que desde distintas perspectivas polticas en disputa, se

    publicaron en el pas, a partir de la introduccin de la imprenta en 1808: la Gazeta de Caracas

    (1808), el Mercurio Venezolano (Caracas, 1811), El publicista de Venezuela (Caracas, 1811),

    El Patriota de Venezuela (Caracas, 1911), el Semanario de Caracas (1810), el Correo del

    Orinoco (Angostura, 1818). Este entramado se sintetiza en la opinin del historiador

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    Guillermo Morn: "Solamente la cancin guerrera, la meloda popular, el intento pico.

    Solamente el discurso con emocin revolucionaria, la carta poltica, el mensaje o la memoria

    tienen calidad objetiva. Esos fueron los gneros a que se atendi" (1971: 223).

    Las formas narrativas propiamente dichas, como cuentos y novelas, son de

    aparicin tarda. Lo que s abund fue la escritura potica, cuyas formas, amn de repetir los

    modelos cannicos, principalmente hispnicos, se redujeron a redondillas, romances,

    madrigales, dcimas, coplas, himnos, epigramas, todos impregnados de emocin poltica. Los

    que adoptaron posicin del lado patriota, revelan el sentimiento de independencia cuyo

    denominador comn lo constituye el sentido de libertad.

    Muchas de esas composiciones son annimas, aunque tambin se reconocen

    poemas de mayor aliento, firmados con seudnimos o que s llevan el nombre de sus autores,

    entre los cuales destacan: "Urreiztieta Chamuscado. Redondillas crtico-burlescas ilustradas

    con notas. Escritas en el Valle de Pedro Gonzlez, Isla de Margarita, en febrero de 1816, por

    Patricio Liberato (seud.); El encuentro del espaol Pablo Carrera con el patriota Francisco

    Machuca en las alturas de Matasiete, dilogo en verso escrito en 1817, y cuyo autor podra ser

    Jos de Jess Guevara [...], el Poema en que se refieren las acciones campales habidas en la

    Isla de Margarita cuando fue invadida por el general Morillo, por Gaspar Marcano". Cardozo

    (1994: 43-44).

    El peridico, como libro del pueblo, al decir de Cecilio Acosta, propici que

    las manifestaciones literarias llegaran de manera ms efectiva por lo menos a los sectores

    letrados de las lites polticas, y as como se convirti en un espacio privilegiado de difusin

    para la prdica ideolgica, tambin lo fue para las composiciones literarias en sus variadas

    formas: La imprenta, que slo se haba conocido en 1808, comenz a crujir en todas partes.

    No era ya el can de las batallas el que tronaba en los espacios, ni el dios Marte quien

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    inflamaba los espritus; eran las prensas, los peridicos, los folletos, las hojas volantes y las

    publicaciones de todo gnero que llenaban el mbito de Colombia, Rojas (1975: XIII).

    En ese sentido, la labor periodstica iba de la mano con la labor educativa,

    impulsada como una prioridad en el nuevo orden poltico: La arquitectura de la repblica,

    segn se dice en 1831, depende de una educacin cuyos resultados se vean en la prctica como

    sillares del experimento promovido por los repblicos de entonces, Pino Iturrieta (2001: 367).

    Luego de la Guerra Federal (1859-1864), comenzaron a manifestarse las

    primeras tendencias que obedecan a patrones formales provenientes de Europa. En muchos

    casos, sus contenidos estaban llenos de un aliento nostalgioso, que todava no se atrevan a

    incorporar los elementos de la geografa, del lxico, de la idiosincrasia nacional. Esto se va a

    notar como un cambio significativo hacia el ltimo tercio del siglo XIX, con la puesta en

    prctica de las categoras introducidas por el positivismo, lo cual se percibir de manera

    contundente en los distintos registros literarios.

    Otro elemento que debe tomarse en cuenta es la dinmica de mixturas que en el

    orden cultural, poltico y social se va a presentar sobre todo desde mediados del siglo XIX con

    un sentido antinmico: lo sentimental y metafsico, lo lrico y lo pico, lo nativo y lo extico

    lo criollo y lo europeo, lo histrico y lo ficticio, el bien y el mal, el orden y el caos, lo letrado y

    lo brbaro [lo cual hace que se perciba en el orden cultural y literario un panorama movido

    tambin por lo dicotmico]. La heterogeneidad de nuestra identidad cultural, parece admitir,

    para lo mejor y lo peor, que seamos romnticos y clsicos al mismo tiempo, liberales y

    conservadores, salvajes y letrados. Romero Len (2002: 19)

    Los escritores que intentan hacer poesa, despus del proceso blico

    independentista carecen prcticamente de una tradicin nacional. Van en busca de ella, tarea

    que se logra lentamente a lo largo de todo el siglo XIX. Antes, se imponen los modelos a

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    imitar: la poesa espaola, la francesa, la alemana, todo remozado con el barniz neoclsico. El

    hecho interesante radica en dos sentidos, el primero en la produccin de textos y el segundo en

    la formacin de lectores nuevos. Esto es importante pues permitira comprobar los niveles de

    circulacin de los textos escritos y ms an, el proceso de formacin de un pblico lector que

    iba a fijar los patrones de consumo, y por ende, de gusto y preferencias.

    EL PAISAJE: UN NUEVO ROSTRO PARA LA NUEVA NACIN

    En este entreacto, es de suma importancia destacar lo que signific la obra de

    Andrs Bello. Su poesa, desparramada en peridicos de Venezuela y Europa, y reunida aos

    despus de su muerte, fundara una impronta desde la cual algunos crticos e historiadores de

    la cultura hispanoamericana, fijaron el manifiesto de independencia intelectual (Emilio Carilla

    (1979), Pedro Henrquez Urea (1969), Jos Luis Martnez (1950), ngel Rama (1985), entre

    otros), basados principalmente en sus grandes silvas americanas: Alocucin a la poesa (1823)

    y La agricultura de la Zona Trrida (1826). Tambin fund una gran escuela literaria, la de

    sus seguidores, llamados "poetas bellistas", cuyas formas expresivas, al decir de Lubio

    Cardozo, se agrupan principalmente en tres tendencias, marcadas por el espectro temtico: la

    patria heroica, el lar nativo y el beatus ille. Cardozo (1981). Un importante esbozo sobre el

    tema del paisaje en la poesa de Bello y algunos de sus seguidores, como por ejemplo Fermn

    Toro (1807-1865), Rafael Mara Baralt (1810-1860) y Cecilio Acosta (1818-1881), puede

    leerse en el estudio de Julio Miranda, Poesa, paisaje y poltica (1992).

    Es importante sealar que la herencia de Bello, de estro clsico, sirve como

    modelo para analizar la incorporacin de formas poticas propias del neoclasicismo, cuyo

    impacto se ha reconocido en la obra de autores como Domingo Navas Spnola (17?-18?) y

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    Jos Luis Ramos (1785-1849), quienes actan y escriben durante el perodo histrico de la

    Gran Colombia (1819-1830). Navas Spnola es autor de Virginia (1824), tragedia versificada,

    en cinco actos, la cual, al decir de Pedro Grases, es "la obra original ms importante producida

    en Venezuela dentro del estilo neoclsico. Y la pieza dramtica de ms aliento que existe en la

    literatura venezolana". (1981: 269).

    Por su parte, Jos Luis Ramos, quien mantuvo una destacada labor al frente de

    publicaciones peridicas de la poca, pero tambin como traductor y difusor de literaturas

    extranjeras, escribi poesa dentro de los modelos neoclsicos, caracterizado por los temas

    alusivos a la libertad, la educacin, el ideal artstico, consignado en los moldes de la simetra

    expresiva y el acatamiento de la euritmia y la eufona cannicas. Son ejemplo de su arte

    potica sus composiciones: "Felicitacin al progreso", "El 8 de julio de 1835", "Epitafio a

    Girardot", "A las matemticas", entre otros.

    De las tendencias que continan en el tiempo el proceso de desarrollo de la

    poesa nacional, el romanticismo ocupa un espacio singular por cuanto representa, no slo

    numricamente sino desde el punto de vista cualitativo un avance de gran significacin, no

    obstante la relativa pobreza de imgenes que ocupan el imaginario general de esa poesa.

    Romero Len (2002: 12 y ss).

    En relacin con el paisaje, no se trata solamente de adaptar formas y recursos,

    es necesario algo ms, algo as como aclimatar la sensibilidad ante el entorno natural brumoso

    y luminoso, austero y frondoso de una Amrica nueva, en mucho, todava virgen. Un paisaje

    que era indito y que no soportaba, bajo ninguna licencia, ser slo una copia de lo europeo.

    Desde Bello, se impone entonces la presencia del paisaje como un programa poltico: Es as

    que todo, en el paisaje de las silvas, resulta poltico: desde el bosque enmaraado hasta las

    urnas de prpura del cacao, brillando bajo una luz que, no lo olvidemos, es tambin patritica

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    (De la Patria es la luz que miramos, escribe en El himno de Colombia). Y de este paisaje

    poltico se llega a una poltica del paisaje, cuyo programa parece reducirse a proponer el

    paisaje mismo como suficiente poltica, confiando en la agricultura cual si fuera una frmula

    mgica y remitiendo a la Roma republicana como modelo, pues ella: fio las riendas del

    estado/ a la mano robusta/ que tost el sol y encalleci el arado. Miranda (1992: 24-25).

    El problema radicaba en el lenguaje, pero tambin en las formas. Muchos de los

    poetas americanos, y especialmente los venezolanos se esforzaron por presentar, aun bajo una

    estricta austeridad, un paisaje propio y no un remedo y, ni en el peor de los casos, un paisaje

    deformado. El paisaje nacional incorpora as, tamizado, un ambiente, unas costumbres, una

    educacin, y lo que es ms importante porque hace posible la percepcin de lo anterior, un

    idioma. Con un aliento celebratorio, Jos Mara Rojas reconoca en 1875 que Como base para

    una buena literatura posee nuestro pas lo ms esencial, la perfeccin con que la gran mayora

    escribe el idioma castellano. Bello, cuya autoridad nadie puede disputar, opinaba en 1847

    (carta dirigida entonces a nuestro padre) que la juventud ilustrada de Caracas era la primera

    que tena Amrica y que los tres pases sur-americanos en que mejor se escriba la lengua

    castellana eran Venezuela, Nueva Granada y Chile (1975: XVII). El paisaje es tambin una

    lengua que lo nombra y al nombrarlo, lo crea. El paisaje se encuentra entre los grandes temas

    de la poesa, que junto a la valoracin de los hroes, de la gesta independentista, la

    sacralizacin de algunas fechas "patrias", representa en esta primera etapa el contenido civil

    que plena de recurrencias lo que se ha denominado la fundacin de la nacin.

    En ese marco, todo parece impregnado de la atmsfera romntica, con sus

    consabidos cultos (a la nocturnidad, a la soledad, a la afectividad exacerbada, lo cual engendra

    sentimientos de orfandad y motiva ciertas disociaciones producidas por el extraamiento).

    Esta sensibilidad, como tambin ha sido definido el romanticismo, incorporaron nuevos

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    elementos como la imaginacin, la conciencia de desdicha, pero tambin, la pasin del

    espritu. Una forma nueva de conocimiento, resumida por William Wordsworth en su

    prefacio a Lyrical Ballads, (1802): La poesa es el aliento y la fuerza superior de todo

    conocimiento; es la expresin apasionada que refleja la superficie de toda ciencia. [] el

    poeta une a travs de la pasin y el conocimiento el vasto imperio de la sociedad humana, tal y

    como se encuentra extendido por toda la tierra y en todas las pocas (1986: 13). Se ha

    afirmado que los peridicos sirvieron de vehculo para la difusin de este cambio de

    sensibilidad. Las pginas de El liberal de Caracas (a partir de 1842), y El Venezolano (a partir

    de 1843), estimularon la produccin de los dos poetas ms representativos de la tendencia

    romntica, Jos Antonio Maitn (1804-1874) y Abigal Lozano (1821-1866), respectivamente.

    Maitn y Lozano son los abanderados de la nueva sensibilidad, distanciados de

    los modelos predominantes del clasicismo bellista. La de Maitn es una propuesta aluvional

    que discurre desde la naturaleza hacia la introspeccin en el paisaje, pero de una manera tan

    libre y natural, que ha sido acusada de descuidada. Eso lo comprendieron tempranamente los

    lectores, acostumbrados a la frecuencia de los modelos escolares. La intimidad afectiva, el

    misterio de la noche, cierta emotividad, la duda ante la incertidumbre del devenir histrico,

    permean esta poesa, cuya principal orientacin temtica busca una confluencia entre la

    literatura -la poesa ms especficamente- y la vida. De Maitn se public en vida un solo libro,

    titulado Obras poticas (1851). La historiografa literaria venezolana subraya el hecho de que

    la muerte de la esposa del poeta motiva en l la escritura del "Canto fnebre" (1851), hecho

    que lo aleja de la vida pblica y lo recluye en Choron: Llegaron - !oh dolor!, las tristes

    horas/ de un pesar para m desconocido./ Ilusiones de paz encantadoras,/ contentos de mi

    hogar, os he perdido./ Perd el nico ser que ms me amaba,/ la compaera tierna de mi vida,/

    cuya mano de esposa me alargaba cargada/ de cario y beneficios,/ en cuyo corazn slo

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    encontraba/ amor, abnegacin y sacrificios./ Ella era mi universo, mi energa,/ mi porvenir, mi

    fuerza, mi conciencia;/ era ella a quien deba/ el sosiego feliz de mi existencia,/ de mis serenas

    horas la alegra,/ mi descanso, mi paz, mi independencia.

    Por su parte, Abigal Lozano, autor de una obra ms dilatada, que se rene en

    los ttulos: Tristeza del alma (1844), Horas de martirio (1847) y Coleccin de poesas

    originales (1864), intensific los elementos alusivos a la nocturnidad y los sueos: "Yo s tan

    slo, Oh noche! que es tu imperio/ la soledad augusta y religiosa;/ que eres la virgen pura y

    misteriosa/ que llora de la luz el cautiverio". Lozano (1954: 143).

    Un tercer nombre, reconocido como perteneciente a este primera generacin

    romntica, es el de Jos Ramn Yepes (1822-1881), quien llev al mximo de su expresin la

    elaboracin temtica de la nocturnidad, y leg un poema que es considerado como paradigma

    del romanticismo venezolano, "La media noche a la claridad de la luna": [...] Aqu Empieza el

    imperio/ de esas visiones sin color ni nombre/ que en inmortal misterio/ guardan las noches

    trridas;/ aqu no alcanza a comprender el hombre/ la cifra o la razn de cuanto mira/ o si

    despierto est, suea o delira". Yepes (1966: 81).

    Esta impronta es necesaria para delimitar entonces, el surgimiento de una

    tendencia que nos importa afianzar como recurrencia temtica en torno al paisaje. El

    romanticismo, como movimiento, como escuela y como "atmsfera" es importante para situar

    las bases que daran un especial nfasis a la temtica del paisaje. Lo que nos interesa es

    destacar cmo se fue abriendo la expectativa de dicho tema con los antecedentes que he

    mencionado, y que se sustentan en un cambio en el sentido de referencialidad de lo

    paisajstico, a partir del hecho histrico, de la ancdota vivida o del recuento imaginstico.

    Esto pasa por lo subjetivo, lo sensorial y emotivo hasta llegar ms plenamente a un alto grado

    de elaboracin del tema paisajstico que tuvo su impronta en Bello y adquiere resonancias

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    definitivas en el cierre del recorrido potico del siglo XIX. Me refiero a la obra de Juan

    Antonio Prez Bonalde (1846-1892).

    Prez Bonalde, considerado como la ms alta cima de la poesa romntica

    venezolana, se encuentra caracterizando la fase final de la tendencia y acusa tambin el

    surgimiento de un nuevo ritmo, de un nuevo lenguaje, de una nueva sensibilidad, que se

    concreta en el modernismo. Algunos crticos han encontrado en las peripecias existenciales de

    Prez Bonalde la razn de su hondura, y el nivel de su elaboracin artstica. El exilio, el

    conocimiento de tradiciones literarias de gran auge como la inglesa y la alemana; su dominio

    de varias lenguas modernas, daran, sin excluir su propio talento creativo, claro est, la

    caracterstica ms resaltante, que es la interiorizacin del paisaje, evidenciado, principalmente,

    en "Vuelta a la patria", poema que se incluye en su primer volumen orgnico de poesa,

    titulado Estrofas (1877).

    "Vuelta a la patria" representa un hito en la poesa venezolana por el modo

    como se interioriza el paisaje natural, as como se canaliza el desborde emotivo y el sentido de

    pertenencia a la tierra natal, como representacin del amor de la madre ausente (muerta

    durante su exilio); pero esto no sera algo extraordinario si no estuviera acompaado de un

    giro en el lenguaje, un sentido de naturalidad que se distancia de la pose, de la mscara, de la

    impostura que caracteriz a ciertas elaboraciones poticas del romanticismo. Se trata, en el

    caso de Prez Bonalde, de alcanzar un clmax en la representacin de la exuberancia natural,

    concentrada en un slo fenmeno natural que retrata por su fuerza la fortaleza del paisaje

    americano, con vocacin totalizadora. Sin embargo, su mayor logro potico, el poema de

    mayor "intensidad y altura" es si duda "El Poema del Nigara", incluido en su segundo

    volumen orgnico, Ritmos (1880), el cual ha sido considerado como el gran canto del hombre

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    frente al abismo: "impresin, choque, golpe de ala, obra genuina, rapto sbito". Mart (1978:

    240)

    Frente al torrente portentoso, el hombre, solo, ensaya sus dudas existenciales,

    solo frente a lo insondable, frente a s mismo, frente a Dios, solo con su eco y ante el vaco. El

    hombre ante lo indescifrable, frente a la muerte misma. Pero en el trnsito que busca la

    certeza, ms all del abismo, est la palabra que le permite intensificar su tremebundo sentido

    de orfandad. Slo la poesa le permite reconstruir para s lo que intuye y siente, lo que ve.

    Entonces el paisaje se convierte en respuesta. Es decir, el fluir del agua representa lo

    indetenible del tiempo, certeza metafsica que le sirve, paradjicamente, de asidero para

    percibirse a s mismo como un ser fuerte ante lo inconmensurable. Finalmente, todo ser

    engullido por el fluir. Como forma del tiempo le dar la certeza del continuum existencial:

    "Son oleadas ruidosas,/ Son roncos hervideros bullidores/ Que rugen, que se encrespan, que

    batallan,/ Y al chocarse entre s, raudas estallan/ En mil penachos de irritada espuma/ Que

    reflejan del iris los colores/ Y es en vano el luchar; la fuerza suma/ De un poder misterioso,

    oculto, interno,/ Sin cesar los sacude, los agita/ Y al fin los precipita/ En espumante remolino

    eterno./ Vrtice arrobador, bello, horroroso,/ Que hace olvidar, al contemplarlo, mudo,/ El

    trueno misterioso/ Que ya cerca retumba/ con mpetu saudo...". Prez Bonalde (1984: 18).

    El contraste entre campo y ciudad aparece frecuentemente en la poesa

    venezolana, tambin como una herencia recogida de manos de Andrs Bello. En su obra,

    convergen el saber y la exhuberancia, como una dinmica plena de resonancias. Esta herencia

    se intensifica en la obra de Prez Bonalde, quien da al verso una nueva significacin, que se

    distancia de la tradicin de la elocuencia. Al decir de Mariano Picn-Salas, en "Prez Bonalde

    culmina por excepcin y con ms marcado acento cosmopolita, una familia rara de poetas

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    nuestros a quienes se les puede llamar los hijos de la niebla; capaces del murmullo ms que

    del grito y cuyos antecesores fueron Yepes y Jos Antonio Calcao" (1984: VIII).

    Eso mismo lo haba percibido aos antes Jos Mart, cuando escribi el famoso

    prlogo para acompaar la segunda edicin, autnoma, del poema de Prez Bonalde (Nueva

    York, 1883). El prlogo al Poema del Nigara, podra ser comprendido como un pretexto

    para precisar toda una construccin simblica de lo que estaba pasando, como propuesta

    potica en el mbito hispanoamericano. Podra ser ledo como la configuracin de un discurso

    sobre el origen, sobre la valoracin de lo ancestral americano, fuente de una visin sincera

    de la realidad y del momento histrico: poca de tumulto y de dolores, en que los ruidos de

    la batalla apagan las melodiosas profecas de la buena ventura de tiempos venideros, y el

    trasegar de los combatientes deja sin rosas los rosales, y los vapores de la lucha opacan el

    brillo suave de las estrellas en el cielo. Mart (1978: 230).

    En el prlogo est presente un sentido de filiacin con la naturaleza, propia de

    una visin positiva y optimista. Ese prlogo es tambin pretexto para una larga y centelleante

    disquisicin sobre la esttica. Mart repara en los actos sencillos de la vida que dejan al

    descubierto toda una sensibilidad de poca: Partido as el espritu en amores contradictorios e

    intranquilos; alarmado a cada instante el concepto literario por un evangelio nuevo;

    desprestigiadas y desnudas todas las imgenes que antes se reverenciaban; desconocidas an

    las imgenes futuras, no parece posible, en este desconcierto de la mente, en esta revuelta vida

    sin va fija, carcter definido, ni trmino seguro (Id.). Luego, cuando se interna propiamente

    en el poema del venezolano, deja clara su filiacin simblica con el tema de la naturaleza: La

    batalla est en los talleres; la gloria, en la paz; el templo, en toda la tierra; el poema, en la

    naturaleza.

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    El portento de la cada del agua es para l metfora de fortaleza y abundancia. Susana Rotker

    considera tambin que el prlogo de Jos Mart al Poema del Nigara, es un texto fundador

    porque la temporalidad -entendida como la conciencia del tiempo en que se vive- es su

    propuesta esttica (1992: 151).

    En Amrica se contrastaban las realidades, se enfatizaba lo propio como una

    seal de autoctona, pero no apegada de manera servil al referente cosmopolita, sino conciente

    de que ste era el puente por el cual se acceda a lo universal: A travs del tamiz de la

    universalidad y la transculturacin pasa tambin la vocacin americanista de Jos Mart. Su

    predicamento acerca de la Naturaleza como marco de referencia hay que insistir en ello- no

    construye un razonamiento determinista/regionalista, en el sentido de aceptar moldes segn

    los cuales el hombre es producto de su medio. Rotker (1992: 175).

    EL PARNTESIS PARNASIANO

    En el nterin que transcurre entre la escuela romntica decadente y el modernismo floreciente

    se instala en nuestro pas la escuela parnasiana. De rebuscada perfeccin y mirada extraviada

    hacia el esplendor de la belleza clsica de la cultura grecolatina. Es necesario destacar por

    contraste que los parnasianos apostaban al orden, la pulcritud, la certeza, la vida, en fin, frente

    a los valores, a veces opuestos del romanticismo. La perspectiva de los parnasianos se alejaba

    de la realidad temtica nacional, en un momento en que se consideraba al pas transitando un

    perodo de aparente opulencia, pero tambin de vacuidad; se desatan las apetencias de una

    nueva burguesa y se intensifica la confrontacin poltica. Entonces asumieron con rigor un

    modelo que era expresin de otro tiempo y de un espacio ajeno, seguidores como fueron de la

    dcada que dur la edicin en Francia de Le Parnasse Cotemporain (1866-1876), publicacin

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    liderada por Charles Marie Leconte de Lisle (1818-1894), y donde los venezolanos pudieron

    leer y entusiasmarse con la obra de Thophile Gautier (1811-1872), Thodore de Banville

    (1823-1891) y Jos Mara de Heredia (1842-1905). A pesar de que se registra una nmina

    considerable de autores bajo esta tendencia, la historiografa siempre los asumi con extraeza

    ms que como simple exotismo. Un contemporneo de aquellos autores, Pedro Arismendi

    Brito, los califica de esta manera: Los Parnasianos, que an meten tanto ruido en el mundo,

    admiten, como suprema poesa los versos simplemente musicales, capaces de producir esa

    vagusima fruicin que he mencionado En esa escuela, pues, coloco desde ahora a los

    ruiseores y cisnes que se me rehacen y que por fortuna van hacindose raros, gracias a la

    oportunsima invasin del naturalismo tomado, por supuesto, en la propia y debida acepcin

    (1894: 496). No obstante, esta actitud tambin pudiera leerse como una forma de protesta, un

    llamado de atencin hacia los escritores, sobre todo a los poetas de la ltima promocin

    romntica cuya retrica desgastada no era ms que la simple repeticin de tcnicas y temas ya

    desasidos de emocin. Se destacan entre los autores parnasianos, los nombres de Miguel

    Snchez Pesquera (1851-1920), Jacinto Gutirrez Coll (1835-1901), Juan Manuel Fombona

    Palacio (1857-1903), Gabriel E. Muoz (1863-1908), Manuel Pimentel Coronel (1863-1905) y

    dos parnasianos tardos, Andrs Mata (1870-1931) y Jorge Schmidke (1890- ).

    Estas tendencias se relacionan cronolgicamente con el auge de la filosofa

    positivista en Venezuela que propugn por el sentido cientfico y la explicacin racional de los

    hechos. Pero, paradjicamente, mientras el positivismo brind a la narrativa venezolana las

    herramientas para despojarse del complejo de culpa frente a la nomenclatura del pas, que

    pudo ser interpretado ms bien como un complejo de inferioridad, al parnasismo lo dot

    quizs de un orden, de un clculo expresivo, pero no lo impregn de una simblica paisajstica

    y de una nominalizacin reivindicadora: "La misma vehemencia del alma criolla, siempre

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

    14

    remisa al concepto de un arte donde lo imposible constituye el rasgo fundamental, suele

    explicarnos la causa de que en nuestro medio no germinase con fuerza la simiente parnasiana".

    Arroyo lvarez (1988: 93-94). Es de entenderse, puesto que de haberse impregnado de

    aquellos elementos que s incorpor la narrativa, hubiera traicionado los prestigiosos

    principios nominales de la cultura griega, lo que en parte, tenda un puente desde el cual los

    lectores de entonces, confundan el horizonte de ese presente con el neoclasicismo, cuya

    esttica se encontraba ya adormecida en las glorias independentistas. Esto lo filia de manera

    parcial tambin a cierta tendencia romntica de la cual los parnasianos venezolanos no

    lograron desprenderse del todo: "En la poesa parnasiana nuestra se hallan rastros del

    romanticismo que esa misma poesa enfrentaba. Incluso, algunos poetas se inician en la

    reaccin parnasiana y luego regresan al romanticismo de galera que les vala el favor de los

    lectores". Arriz Lucca (2002: 57).

    MODERNIZACIN, LITERATURA Y CIUDADANA

    El ltimo tercio del siglo XIX se caracteriz por el proyecto de construccin de identidades

    colectivas, sustentadas en un orden poltico. ste fue auspiciado por la pacificacin, el

    disciplinamiento y el personalismo propiciados por un nuevo actor poltico: Antonio Guzmn

    Blanco (1829-1899). El orden jurdico, en el cual el estado-nacin otorgaba al individuo un

    estatus como ciudadano, lo pona frente a sus deberes y derechos reglamentados de manera

    unvoca. Esto, por supuesto, tuvo su repercusin en las formas de representacin discursiva.

    La literatura se convirti en un soporte de difusin de los cambios, y un espacio donde se

    llevaron a cabo las polmicas. Se confrontaron los puntos de vista, conformando una axiologa

    que dio un rostro distinto al mbito sociocultural de la Venezuela que entraba, con cierta

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    rapidez, a un proyecto de modernizacin. El nuevo ordenamiento poltico lo impuls Antonio

    Guzmn Blanco, a partir de su primer perodo gubernamental, en 1870. Daz Snchez (1968),

    Quintero (1994).

    La literatura mediante sus mltiples registros, abri nuevas formas de

    resignificacin de lo nacional, principalmente en los modos como se fue incorporando no

    slo de manera nominal, sino tambin, y con mayor nfasis, en lo temtico; esto es, resaltar las

    bellezas de la patria, la incorporacin de la naturaleza, que comenz a ser, sino un programa

    explcito, un principio identitario.

    Todo obedeci adems a un patrn que explcitamente se propuso

    problematizar el papel del intelectual como pieza fundamental, garante de esas

    transformaciones. El intelectual entra al escenario como un civilizador, puesto que su

    extraccin corresponde a un orden ilustrado, que presupone a un lector formado para afrontar

    las exigencias que le impondr el sentido de ciudadana. Esto desplaza el valor de lo popular y

    de sus representaciones, tal y como desde mediados del siglo lo proponan los cuadros de

    costumbres o los artculos de tradicin. El sentido de pueblo tiene diversas implicaciones que

    estn en otra esfera, no necesariamente vinculadas a la lite sino dirigidas a las masas

    annimas y marginadas. Se profundizan los contrastes entre la alabanza de la vida retirada en

    el campo, registrada como nostalgia y las nuevas responsabilidades del intelectual frente al

    nuevo orden urbano.

    OTRAS RESCRITURAS DEL PAISAJE

    Con la entrada del modernismo a comienzos de la dcada de 1880, se estableci una relativa

    ruptura con el pasado, con la prosapia de los hechos heroicos y las glorias patrias, con el culto

    a los hroes militares; por consiguiente, tambin se fractura en parte ese sentido del "espritu

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

    16

    nacional" atado a los modelos rgidos del neoclasicismo. Su perspectiva, digamos, desde los

    principales promotores, Mart y Daro, fue una apuesta hacia un nuevo sentido de libertad, una

    huida hacia adelante, sostenida sobre una conciencia de "progreso"; un apoyo abierto a los

    valores ticos y la conciencia de que no haba "fe segura": "Todo est hirviendo la sangre

    nueva. Aunque se despedacen las entraas, en su rincn ms callado estn airadas y

    hambrientas, la Intranquilidad, la Inseguridad, la Vaga Esperanza, la Visin Secreta". Mart

    (1978: 231).

    Por supuesto que sobre las disposiciones temticas y formales del modernismo

    hay suficientes estudios que muestran sus complejidades y contradicciones epocales. Lo

    importante, en el desplazamiento histrico, es el modo como desde un principio, afianzado en

    la reaccin contra el desgaste de las escuelas inmediatas (el romanticismo y el parnasismo), el

    modernismo va a un extremo autonomista, donde se sostiene su principal caracterstica, el

    exotismo. Esto vale tanto para los autores reconocidos como fundadores en Hispanoamrica

    (Mart, Daro, Julin del Casal, Manuel Gutirrez Njera) como para los continuadores, por

    cuanto se reinvierte en la segunda etapa y vuelca hacia lo propio el talante americano. Hay una

    nueva revelacin, quizs un golpe de conciencia, que los retrotrae a su paisaje natural,

    americano, con las evidentes particularidades nacionales, sin desprenderse del todo de su

    retrica inicial. Esto se produce en un trnsito realmente vertiginoso y coincide con el cierre

    de la primera dcada del siglo XX.

    En ese sentido, bien vale la pena anotar que el carcter del modernismo en la

    poesa venezolana es de tarda manifestacin puesto que tardas son las obras poticas que se

    registran, principalmente en los espacios periodsticos nuevos o renovados, que explicitan su

    complacencia ante los nuevos aires renovadores. Eso puede leerse, por ejemplo, en el

    Charloteo que sostienen los jvenes editores de Cosmpolis (1894-1895), Pedro Emilio

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

    17

    Coll, Luis Manuel Urbaneja Achelpohl y Pedro Csar Domnici. Todos narradores. En la

    poesa, como bien reconocen algunos crticos e historiadores de la literatura, valen como

    exponentes de este movimiento, entre otros, Rufino Blanco Fombona (1874-1944), Alfredo

    Arvelo Larriva (1883-1934), Elas David Curiel (1871-1824), principalmente, y los

    modernistas tardos, Jos Tadeo Arreaza Calatrava (1882-1979) y Carlos Borges (1867-1932).

    Sin duda, el modernismo, dada la proliferacin de nombres influyentes en el

    registro potico, posee ms estudios que los otros movimientos literarios venezolanos, que por

    distintas razones, han entrado en la discusin sobre los deslindes cronolgicos, los alcances

    temticos y hasta la demostracin denodada de la pureza estilstica. Para este estudio lo ms

    apremiante es establecer contrastes desde la percepcin del paisaje, y las variaciones que ste

    posee bajo el manto de las estticas vigentes en el ltimo tercio del siglo XIX y la primera

    dcada del siglo XX. Para estos fines, resulta mucho ms estimulante colocar bajo el tamiz de

    la observacin, los modos como se asume el paisaje, dentro de las formas constitutivas de lo

    nacional en los registros poticos, lo cual, sita al nativismo, de resonancias propias y

    contrastantes, frente a los devaneos y las asunciones frontales de la temtica exotizante que

    envolvi a nuestros primeros modernistas.

    En ese marco, se sita la obra de Francisco Lazo Mart (1869-1909), cuya Silva

    Criolla (1901), retoma una tradicin verncula que arranca con las silvas americanas de Bello,

    se tamiza en la esttica de sus seguidores y se extrema en la propuesta temtica del "lar

    nativo", no como simple nostalgia, sino como reafirmacin de un valor nacionalista que pasa

    por recuperar la nomenclatura y entender la geografa como valor yuxtapuesto de lo nacional.

    Antes que en la Silva (con sus reescrituras y variantes especficas), Lazo Mart ya haba dejado

    trazadas las lneas de este tipo de poesa en sus Crepusculares, dadas a conocer desde 1895:

    "Cielo azul, verde pampa, claro ro,/ que desde nio acostumbr a mirarlos/ tras el puro cristal

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    del amor mo./ Recuerdos de otra edad, que por mudarlos/ el tiempo se ha rendido a la fatiga/

    sin que llegue su aliento a columpiarlos". Lazo Mart (2001: 17).

    La epopeya agraria de Bello tiene su impronta en el espacio valorativo de la

    nueva repblica; la de Lazo Mart en la consubstanciacin con el paisaje nativo, con la

    recuperacin de los valores de sanidad corporal y espiritual que da el campo frente a los

    desmanes que lleva implcita la ciudad. Mientras que el mensaje de Bello tiene como

    intermediaria a la Poesa, en Lazo Mart es la confianza, modesta, en voz baja, con que le

    escribe "a un amigo", acaso la juventud distante del poeta, a quien se pretende conminar a que

    deje la ciudad y asuma el campo como espacio vital. Aqu hay una fuerte carga emocional, una

    identificacin psicolgica entre el sujeto y el paisaje. Quizs la perspectiva sea conservadora

    mientras asumimos que el plan del poema se sita muy bien entre la sombra de Bello y la

    herencia romntica, aferrado al molde neoclsico. Lejos est, en tanto conciencia afirmativa de

    lo nacional, del modernismo; y no digamos que como reaccin o rechazo sino ms bien como

    alternativa expresiva.

    La asuncin del paisaje del llano es una forma de preservarse, anmica y

    fsicamente contra la ciudad, pero tambin contra la montaa. La importancia de esta

    perspectiva radica en que el paisaje se internaliza para que se perciba como una emocin

    sostenida, no una simple visin personalista o exteriorista del llano, no una perspectiva

    enaltecedora de lo que se capta en su majestad, sino un apego, por la va subjetiva, del paisaje

    llanero: "VIII... Nueva decoracin y nuevo encanto/ lucen las atrayentes lejanas/ que tu

    espritu am con amor santo./ Grises tapiceras/ cubren el horizonte. La llanura/ tiene otra vez

    reverdecido manto./ Como en aquellos das/ del venturoso tiempo ya lejano,/ en pos de mis

    pasadas alegras/ vuelvo a tender la vista sobre el llano". Lazo Mart (2001: 11).

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    No slo un paisaje psicolgico que trasciende el sentido moralista con el cual

    engaosamente nos introduce en el poema, sino el trasiego hacia una noble simplicidad que

    convierte en grandeza, en elocuencia, en la medida que despliega el poder sugerente, abismado

    frente a ese mismo paisaje, del cual finalmente se apropia. Carlos Csar Rodrguez, al

    respecto, ha sealado enfticamente que la Silva de Lazo Mart por ese sentido de amplitud, de

    compromiso con un paisaje que abarca, ms all de lo geogrfico, no es una silva llanera: "la

    Silva (lo anuncia bien claro el ttulo) es criolla, no llanera. Llanera es la sustancia sensorial de

    las imgenes con que el poeta, que es llanero cerrado, hace la composicin. Llanera es la letra,

    pero la msica, el alma del canto, es venezolana. Llanero es el paisaje, con el sentido que tiene

    el Escudo Nacional, de palmas y olivos helnicos. Montaosas son, por su parte, las lneas

    torcidas y las formas brumosas que el vila inventa para que el poeta dibuje con fidelidad los

    pequeos seres de nuestro mundo palaciego" (2001: XX). Pero tambin hay en el poema una

    toma de posicin poltica frente al presente, que se traduce en versos de aguda intencin

    nacionalista, cuestionadora del caudillismo: "Por el bien de la raza que abandona/ el rincn sin

    azares/ de la vieja ciudad, y repartida/ sobre la ardiente, solitaria zona,/ lucha con el dolor y

    con la vida./ Por amor a tu raza en desventura;/ por esta pobre tierra/ que el malfico genio de

    la guerra/ convierte ya en enorme sepultura./ Por estos buenos seres y sencillos;/ por este

    pueblo amado/ que vive, -noble vctima-, entregado/ a la ciega ambicin de los caudillos".

    (2001: 10).

    Tambin, en ese sentido, pero con una perspectiva inversa, la poesa de Udn

    Prez (1871-1926), convierte al paisaje tropical, pero especialmente al lago de Maracaibo en

    un hito del arraigo nacional. Popular como fue su palabra y su reconocimiento en la comarca

    natal, la obra de Udn va ms por el lado de sacralizar el paisaje del lago, volcarlo sobre su

    propia majestuosidad, objetivando su belleza como un fresco, como una acuarela, pero quizs

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    no tan consciente de darle al paisaje la entonacin que permitira ms profundidad o una

    visin emotiva del mismo: "Del lago al sur, por extendido llano,/ entretejen los rboles

    bravos/ su copa secular, sobre cien ros/ que ruedan con rumores de oceano. (sic)/ Nunca en

    sus bosques el progreso humano/ abri senderos y form bohos,/ sin que se alzaran a menguar

    sus bros/ la humedad y la fiebre del pantano./ (1984: 119)

    EL PAISAJE: HITO FUNDACIONAL DE LA PATRIA

    La imagen del paisaje es en buena medida un hito fundacional de la patria. El

    paisaje se rescribe continuamente, se reinventa, y ofrece as una imagen de lo que requiere el

    perfil cvico de la nacin, pensado y animado por el sector letrado que tiene asumida la

    responsabilidad de establecer las pautas a la ciudadana, esto es, delinear formas identitarias

    que pudieran suscribirse tanto en el espacio privado como en el pblico.

    Pudiramos afirmar que obras como la de Bello, la de Prez Bonalde, la de

    Lazo Mart y Udn Prez, salvando las distancias cronolgicas, fundan un proyecto

    nacionalista exaltando las bondades del paisaje, pero en sentidos no tan coincidentes. En Bello

    se postula una visin ednica del paisaje, en Prez Bonalde el paisaje absorbe los sentidos al

    extremo de situar al sujeto frente a una experiencia abismal; en Lazo Mart pesan los

    elementos negativos como la sequa o las inundaciones, los incendios o las noches de pavor.

    En Udn Prez, hay un hito celebratorio desde la exhuberancia y la emotividad frente al

    paisaje lacustre. Las diversas propuestas, que son estticas, poseen un trasfondo tico y por

    supuesto poltico.

    Hay all una interesante opcin de lectura, donde el paisaje interiorizado se va

    convirtiendo, paulatinamente, en una posicin poltica cuya ideologa posee largo alcance: es

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    la asuncin ms que emotiva, ms que de sentido de pertenencia, de gratitud ante la herencia

    recibida. Por ello es patente una responsabilidad de visualizacin y axiologa del paisaje como

    trascendencia. De lo que trataban algunos poetas (Prez Bonalde, Lazo Mart, entre otros), es

    de adentrarse en el paisaje, quitarle el valor decorativo slo como teln de fondo y apuntalar

    ms bien el develamiento de su potencia individual, de sus misterios, modelando as una

    nocin de pertenencia distinta, un nuevo anclaje psicolgico que habra de sustentar una

    palabra renovadora, la cual, como en el caso de la Silva criolla, se escribi distanciada de los

    centros urbanos y se presenta como un oasis de vigor natural. Con Lazo Mart se evidenciaba

    no slo la fuerza de una palabra nueva sino un afn, un proyecto, una aspiracin de

    originalidad. Esto implicaba, por una parte, una conciencia de ruptura frente al lenguaje

    empobrecido, heredado de la tradicin hispnica, y por otra parte, impulsaba una renovadora

    nomenclatura que tena mayor adherencia al pas, a su tradicin cultural e histrica. La Silva

    de Lazo Mart rescribe, pero desde una perspectiva menos optimista, las silvas de Bello.

    Recupera esa tradicin pero la quiebra ante la conciencia de realidad menos prometedora del

    idilio bellista: "La Silva criolla prolonga, a su manera, y rescribe efectivamente -del nico

    modo en que podan rescribirse entonces- las silvas de Bello: aquellos valor y patriotismo que

    nos resultaron contradictorios con lo ednico encuentran ahora su lugar justo". Miranda (1992:

    79)

    La mayor parte de nuestros poetas decimonnicos -y la nmina es extensa,

    segn Rojas (1875), Calcao (1892), Tejera (1881) y Arismendi Brito (1894)-, optaron por

    elaborar visiones y sentimientos como metforas de su mundo intimista, mientras que no

    abundaron mucho en una reflexin propia sobre el lenguaje de la poesa, sobre su conciencia

    esttica y su propia filosofa. Por eso es un tanto extico, y por ello llama la atencin, la

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    profunda reflexin que subyace en el Poema del Nigara en torno al ser y al devenir, es decir,

    en torno a las dudas sobre el destino.

    El balance que ha hecho la historiografa de la literatura venezolana de finales

    del siglo XIX otorga mayor peso esttico a la prosa -sobre todo la narrativa- que a la poesa.

    Se destaca ms a los narradores y se subraya la falta de un poeta que tuviera la altura de Rubn

    Daro o Leopoldo Lugones. Incluso, al hacer el balance de obras concretas, la narrativa aporta

    nombres fundamentales que tuvieron amplia circulacin en el orbe internacional, como Pedro

    Csar Domnici y Manuel Daz Rodrguez, entre otros. Ya lo deca Picn-Salas en 1940: "En

    la historia literaria de Venezuela, la Poesa siempre march como a la zaga de la prosa. Acaso

    porque el alma del venezolano estaba cargada de tensiones y pasiones polticas, porque haba

    mucho que narrar y mucho que imprecar, hemos sido un pueblo de prosadores ms que de

    poetas" (1984: XIII).

    Las escuelas, movimientos o tendencias del siglo XIX se encabalgan, coexisten

    y se superponen. No es posible deslindar, salvo por caractersticas comunes que sirven como

    criterios de ubicacin, la pureza de las manifestaciones poticas. stas forman una especie de

    anarqua expresiva, como la llama Arismendi Brito: esa anarqua no ha sido oficiosamente

    inventada, es una consecuencia natural de la situacin a que hemos llegado. El

    republicanismo, cado en marasmo tiempo ha, reacciona por fin en la juventud, y un ansia

    implacable de libertad la excita a no aceptar yugo alguno ni en poltica, ni en religin ni en

    literatura. Para lo primero alega los esfuerzos de sus antepasados perdidos sin fruto hasta hoy;

    para lo segundo la invasin, creciente cada da, de las verdades cientficas y para lo tercero el

    talento que es prenda casi comn en ella (1894: 527).

    Esta tendencia anrquica habra de dejar sus repercusiones en los aos

    inmediatamente posteriores, en los cuales Venezuela transit por renovados estremecimientos

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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    polticos. Estos no slo atravesaron el perodo gubernamental de Cipriano Castro (1859-1924),

    cuyo rgimen se extendi desde 1899 hasta 1908, sino el que le sigui despus de 1908,

    cuando Juan Vicente Gmez (1857-1935), fue celebrado al llegar a la presidencia de manera

    ventajista y tramposa. El entusiasmo, ms temprano que tarde, se convirti tambin en

    desilusin. En el trasiego del poder y de los reajustes de las polticas culturales, se encontraron

    los jvenes optimistas que se agruparon en torno a la revista La Alborada (1909), animada

    principalmente por narradores y dramaturgos y un poeta que deslinda con fuerza y nuevos

    bros expresivos. Me refiero a Rmulo Gallegos (1884-1969), Enrique Soublette (1886-1912),

    Julio Rosales (1885-1970) y Julio Planchart (1885-1948), entre los primeros, y a Salustio

    Gonzlez Rincones (1886-1933), quien no obstante haberse destacado como dramaturgo,

    deslind su discurso creativo hacia una obra potica de singulares caractersticas: "La obra

    potica de Salustio Gonzlez Rincones representa una incgnita que plantea retos al lector,

    invita a desentraar el sentido ltimo del juego irnico y seduce en la medida en que devela

    una antirretrica en fractura de la tradicin. Inventa para crear un caos, un aparente salto al

    vaco que es donde reside su amplio espectro de sentidos y su singularidad". Zambrano (1995:

    78). Sus mritos an hoy, no son muy bien comprendidos ni menos an valorados. No

    obstante, las contadas lecturas que se pueden disponer sobre su obra, lo sitan a dos aguas

    entre el modernismo epigonal y la prevanguardia.

    Nuevos retos asumieron los poetas que heredan esta tradicin. Se reconocen en

    los cambios del signo potico que se registra con los primeros asomos de la vanguardia, por

    dems tardos en nuestro pas. Y se asumen en una de las experiencias poticas ms

    importantes del siglo XX, que precisamente arranca con la llamada generacin del 18, cuyos

    integrantes nacieron a fines del siglo XIX. Pero esto ya ser materia de otro recuento.

  • Gregory Zambrano. El paisaje y la palabra creadora: (h) ojeada sobre la poesa venezolana fundacional

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