serna ontologias alternativas aperturas de mundo desde el giro linguistico

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Serna Ontologias Alternativas Aperturas de Mundo Desde El Giro Linguistico

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  • AUTORES, TEXTOS Y TEMAS F I L O S O F A

    Julin Sema Arango

    Ontologas alternativas Aperturas de mundo desde

    el giro lingstico

    jmmos

  • O N T O L O G A S A L T E R N A T I V A S

  • AUTORES, TEXTOS Y TEMAS F I L O S O F A

    62

  • Julin Sema Arango

    ONTOLOGAS ALTERNATIVAS

    Aperturas de mundo desde el giro lingstico

    ^ANTMROPO^

  • Ontologas alternativas : Aperturas de mundo desde el giro lingstico / Julin Sema Arango. Rub (Barcelona) : Anthropos Editorial ; Pereira (Colombia) : Universidad Tecnolgica, 2007

    126 p. ; 20 cm. (Autores, Textos y Temas. Filosofa ; 62) Bibliografa p. 117-122. ndice ISBN 978-84-7658-809-3

    1. Ontologia I. Universidad Tecnolgica de Pereira (Colombia) II. Ttulo III. Coleccin

    111

    Primera edicin: 2007

    Julin Sema Arango, 2007 Anthropos Editorial, 2007 Edita: Anthropos EditoriJ. Rub (Barcelona)

    www.anthropos-editorial.com En coedicin con la Universidad Tecnolgica de Pereira (Colombia) ISBN: 978-84-7658-809-3 Depsito legal: B. 2.873-2007 Diseo, realizacin y coordinacin: Anthropos Editorial

    (Nario, S.L.), Rub. Tel.: 93 697 22 96 - Fax: 93 587 26 61 Impresin: Novagrfk. Vivaldi, 5. Monteada i Reixac

    Impreso en Espaa - Pnted in Spain

    Todos los derechos reservados. Esta publicacin no puede ser reproducida, ni en todo ni en parte, ni registrada en, o transmitida por, un sistema de recuperacin de informacin, en ninguna forma ni por ningn medio, sea mecnico, fotoqumico, electrnico, magntico, electroptico, por foto-copia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito de la editorial.

  • Para Vicky

  • I N T R O D U C C I N

    En tomo al interrogante acerca de lo que hay, al interro-gante ontolgico por excelencia, abundan las respuestas: sus-tancias, esencias, eventos, relaciones, percepciones, estados de nimo, haecceidades, memes, materia en movimiento, cam-pos de fuerza, para citar algunas. Explicacin no falta. El mundo se abre de muchas maneras. Si preguntamos: cmo acontece?, las cosas adquieren su identidad para nosotros de modo diferente a como lo haran si preguntamos: qu es? Taxonomas y tropologas, tratados y relatos, simetras y hierofanas, silogismos y paradojas aportaran sus propios nfasis a la hora de abrir mundo, de gestar sentido.

    Y aunque nos ocupemos a diario de los ms variados fren-tes, desde el imperio de los sentidos hasta el atajo de la imagi-nacin, pasando por el afn de reconocimiento, el laberinto de la burocracia, la racionalidad cientfica-tecnolgica, la lgica (o la ilgica) del mercado, la magia del amor, para citar algu-nos, cada uno con sus propios nfasis, la tradicin acadmica en sus lneas ms gruesas ha padecido, en cambio, un cierto confinamiento ontolgico, cuyo eje de coordenadas lo consti-tuyen el objetivismo y el universalismo. No es asunto de me-nor cuanta. Que el mundo se abra de cierta manera y no de otra condiciona, cuando no determina, el curso de nuestras investigaciones. A esto se refiere Heidegger en El ser y el tiem-po, cucindo dice: [...] la interpretacin tiene en cada caso ya que moverse dentro de lo comprendido y alimentarse de ello (Heidegger, 1974, p. 171). El fenmeno no sera tan sencillo como a primera vista parece. En funcin de los gneros litera-

  • nos y las tecnologas de la palabra, del lxico, adems, de la gramtica, inclusive, operara la precomprensin de mundo. No obstante, el protagonismo de la subjetividad, como tam-bin la no neutralidad del lenguaje, fue solapada durante si-glos. Aunque no faltan las heterodoxias a travs de la historia ^bastara citar algunos nombres: Gorgias, Abelardo, Pascal, la puesta en cuestin de la ontologia euclidiina alcanza un punto muy alto en el siglo pasado. Es cuando se debaten una serie de hbitos intelectuales arraigados en las capas ms pro-fundas de nuestra mentalidad. Algunos ejemplos:

    Heidegger llama la atencin sobre el ser, verbo que utili-zamos a diario en las frases atributivas, es decir, en frases de la forma A es B, sin ocupamos de su sentido, como si nada ms fuera una palabra relacional. As lo seala el pensador alemn en El ser y el tiempo: En todo conocer, enunciar [...] se hace uso del trmino "ser", y el trmino es comprensible "sin ms". Todo el mundo comprende esto: "el cielo es azul", "yo soy una persona de buen humor", etc. (Heidegger, 1974, p. 13). Se tratara, no obstante, de una impresin engaosa. A pesar de su condicin gramatical, el verbo ser en su uso atributivo se sustraera del devenir, cuando operara, en cambio, como per-manente presencia, accin cuyos antecedentes se remontan al poema Sobre la Naturaleza de Parmnides, quien disocia el ser del devenir, cuando advierte: Pues, si se gener no "es" (Eggers Lan, 1978-1980, v. 1, p. 479). En lo sucesivo, se sustantivan ver-bos y adjetivos. Al verbo se lo hara anteceder de un artculo, cuando el entender releva a entender, o se aplica, en cambio, el mecanismo de derivacin morfolgica, cuando se pasa del amar al amor. Algo similar acontece con el adjetivo, cuando palabras como beUo y bueno se sustantivizan como lo beUo y lo bueno, o como bondad y belleza. Aunque el protagonismo del sustantivo constituya una contingencia histrica, no faltan las teorizaciones que la asumen como si fuera un fenmeno natural. Leemos en Issacharoff y Madrid: Lo que distingue al nombre comn de las otras partes del discurso es la jerarqua [...] adjetivos, verbos, artculos, etc., estn subordinados semn-ticamente a los nombres comunes (Issacharoff y Madrid, 1994,

  • pp. 77-78). Heidegger, quien advierte la historicidad de la con-cepcin del ser como permanente presencia, su contingencia, no reconoce como natural la primaca del sustantivo promovi-da por l. Leemos en El Oriente de Heidegger de Saviani, cuan-do destaca cmo el pensador alemn:

    [...] de-sustancializa Wesen y verbaliza Sein en Seyn, Welt, en weiten, Zeit en zeitigen y zeiten, Ding en dingen. Rum en rumen, Spiel en spielen, Sprache ansprachen, Stille enstillen, Ereignis an ereignen, convirtindolos as en actividades ori-ginarias, no predicables, de un acontecer sin sujeto ni obje-to expresadas con aparentes tautologas (la cosa cosea, el mundo mundea, etc.) que fuerzan la distincin occidental sujeto-predicado [Saviani, 2004, pp. 46-47].

    Poetas como Borges han transgredido algunos de los ms acreditados dualismos de la tradicin metafsica, como seran los de narracin-ensayo, filosofa-literatura, forma-con-tenido, autor-lector, razn-imaginacin; han sido cmplices del pensamiento transversal en detrimento de aejas taxonomas laboriosamente construidas por la academia; abundan en sin-gularidades. Leemos en Beatriz Sarlo: Borges trabaja bsica-mente con la paradoja, los escndalos lgicos y los dilemas, presentados ensittMcirifilosfico-narrativa>> (Sarlo, 2003, p. 116). A partir de sus licencias poticas, sin necesidad de abonar el peaje de la argumentacin, las audacias intelectuales de Borges no tienen lmite. Que la filosofa sea un pretexto para hacer literatura, que as lo haya dicho y repetido el escritor argentino en diversas entrevistas; que las pginas suyas ms fatigadas por la crtica correspondan a poemas como Evemess y a re-latos como Tln, Uqbar, Orbis Tertius, que ms all de sus virtudes literarias dan que pensar, no son aseveraciones que se excluyan, cuando la obra de Borges transgrede las prohibicio-nes de la academia, cuando invita a recuperar la unidad perdi-da entre poetizar y pensar, entre saber y placer, cuando no en-tre conocimiento y accin.

    Con el giro lingstico operado en filosofa en las lti-mas dcadas, no en su primera acepcin limitada a registrar el inters de los filsofos por el lenguaje lgico como el lti-

  • mo reducto de la metafsica, sino en la ltima, cuando se ocupa del lenguaje ordinario, abundan las implicaciones. La palabra, en primer lugar, condiciona el pensamiento, si no es que en casos puntuales lo determina. No es posible, en segundo lugar, tender un abismo entre lenguaje y sociedad, como antao, cuando es menester reconocer, en cambio, una relacin dialctica entre ellos. En el marco de los actos de habla (Austin), por ltimo, no slo la palabra es accin a tra-vs de los efectos perlocucionarios, sino que, adems, la re-flexin sera contaminada por los estados anmicos. De all que los efectos perlocucionarios (Austin) constituyan el esla-bn perdido entre la emocin y la reflexin.

    Con la conciencia del multiculturalismo conquistada en el ltimo siglo, despus del proceso de descolonizacin que sigui a la Segunda Guerra Mundial, se hace evidente que no slo miramos el mundo desde diferentes perspectivas, sino que, adems, lo construimos, lo creamos, inclusive, con diferentes nfasis, y cuyo ejemplo paradigmtico lo constituye la cultura china, cuya palabra se diferencia de la nuestra en un sentido todava ms radical en comparacin a lo acontecido con otras culturas. Leemos en Un sabio no tiene ideas de Jullien:

    [...] esa otra palabra no la encontraremos en la India: puesto que estamos vinculados a ella a travs de la lengua indo-europea y en ella hay muchas categoras de pensamiento emparentadas [...] Tampoco en el mundo rabe: tambin bebi de la fuente griega y su Oriente siempre ha estado ligado a nuestro Occidente [...] Otras palabras del origen aparecidas en poca remota, en un pensamiento elaborado y sin relacin histrica con nosotros [...] slo se encuentran en China [Jullien, 2001, p. 62],

    En la China hay otra forma de leer, de construir el mundo para nosotros, como quiera que los nfasis no son los mis-mos como se podra ejemplificar Lejos de clasificarse como un accidente de la lgica, de asumirse como un callejn sin salida, como una patologa del pensamiento, la paradoja se-ra un ariete de nuestra vida intelectual; actuar en el momen-to justo y en el lugar indicado, estar atentos a la oportunidad

    10

  • (el kairos