Moby Dick. La atraccin del abismo

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Todo el mundo ha odo hablar de Moby Dick, desde que Herman Melville le dio vida, ha pasado a ser fuente de inspiracin para todos los gneros del arte a lo largo de las generaciones. Por primera vez, de la mano de los mejores autores e ilustradores del panorama nacional, se ha hecho un extenso estudio grfico y literario de una de las figuras ms temidas del ocano. La obra est divida en tres partes, siendo la primera concerniente al origen de la leyenda y su autor, y valiosos apuntes de su vida, para entender mejor su gnesis. La segunda parte profundiza ms en Moby Dick, interpretaciones, leviatanes marinos, enigmas del mar o misterios sin resolver. La ltima parte, pero no menos interesante, consta de todas las representaciones artsticas del gigante del mar, desde ilustraciones hasta adaptaciones cinematogrficas pasando por cmics o pinturas del siglo XIX. http://www.ilarionediciones.com/catalogo_serieEnsayo_mobyDick.html

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  • 12 CG moby dick

    simblicos son don Quijo-te y Sancho y los molinos de viento; universal no ya como personaje literario sino como tipo humano es Lolita, hasta el punto de haberse convertido en un nombre comn, lolita, del que Juan Carlos Onetti deri-v un delicioso adjetivo, lolitero. Ahab y Moby Dick son personajes que viven en la conciencia comn igual que Lolita o don Quijote o don Juan o Hamlet o Robinson Crusoe, pero van ms all en su poder sobre la imagina-cin porque tienen adems la fuerza aadida y nica de constituir los elementos de un relato que es mitolgico por su capacidad de resumir una categora profunda de la experiencia humana en el esquema de su peripecia. Los mitos son primitivos y annimos: que yo sepa, el nico mito creado por un escritor individual, al menos en los ltimos siglos, es el de Moby Dick.

    B orges deca aspirar a que al menos un verso suyo pasara al habla comn y fuese repetido por todo el mundo sin que a nadie se le ocu-rriera reparar en su origen. Esa inmortalidad hecha de malentendidos y de anonimato le cupo en suerte o en desgracia a Herman Melville. El mito que l invent nos es tan familiar que raramente sentimos la necesidad de acercarnos al libro en el que tuvo su origen. Moby Dick es una obra maestra tan evidente que a todos nos parece que la hemos ledo, incluso que la conocemos bastante bien, y que podramos disertar sin esfuerzo sobre ella, ms an porque nos sabemos su primera frase, lo cual nos autoriza a no seguir aven-turndonos en los cientos de pginas tupidas que vie-nen despus del primer punto. En eso se parece Moby Dick a The Waste Land. Uno dice Call me Ishmael o April is the cruellest month y ya tiene la satisfaccin de corroborar una cita prestigiosa, otorgndose a s

    mismo una vitola intelec-tual con el mismo esfuerzo que le costara recitar Ser o no ser, sa es la cuestin o Elemental, querido Watson. Hemos visto adems la pel-cula, o tenemos el recuerdo

    de haberla visto hace tiempo, aunque si nos paramos a pensarlo no estamos seguros de quin haca de capi-tn Ahab, Orson Welles o Gregory Peck. O era Orson Welles quien la diriga, y no John Huston? Algunos de nosotros, los que tenemos cierta edad, lemos de nios las adaptaciones que solan publicar las colecciones juveniles: incluso puede que leyramos un cmic de Moby Dick. El mar agitado por la cola de la ballena, los botes volcando sobre la espuma embravecida, el velero naufragando. Quin necesita leer esa novela cuando la historia que cuenta la sabe todo el mundo?

    La respuesta es muy simple: cualquiera que ame la literatura, y urgentemente. Hay que leer Moby Dick, Bartleby, Benito Cereno, Billy Budd para descubrir que detrs de la popularidad atolondrada, de la mone-da falsa de las vaguedades que circula tanto entre la gente ms o menos leda, hay un escritor de una gran-deza abrumadora, de una desconcertante novedad, de una rareza que lo turba y lo desasosiega a uno casi en cada lnea. Libros de los que creamos desganada-mente saberlo todo resultan tan sorprendentes que regresamos a ellos despus de terminar la lectura en un estado de fascinacin que no termina con la lti-ma pgina. Estn llenos de sombras, de sobresaltos, de quiebros extraos que pueden desalentar y que de vez en cuando irritan nuestra pereza, porque nunca nos dejan seguir por el camino conocido. Porque es la historia de un delirio, Moby Dick se va convirtien-do en un delirio, se contagia de su materia y encarna su desmesura volvindose desmesurada ella misma. Melville no es un Verne mucho ms severo o prolijo, un Conrad un poco ms desigual o brbaro: las histo-

    MoBy Dick es una obra maestra tan evidente que a todos nos parece que la hemos ledo, incluso que la conocemos

    bastante bien, y que podramos disertar sin esfuerzo sobre ella, ms an porque nos sabemos su primera frase...

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