la sociología histórica

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sociologia

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  • Revista trimestral publicada por la Organizacin de las Naciones Unidas para la Educacin, la Ciencia y la Cultura con la colaboracin de la Comisin Espaola de Cooperacin con la U N E S C O y del Centre U N E S C O de Catalunya. Vol. XLIV, nm. 3, 1992 Condiciones de abono en contraportada interior.

    Director: Ali Kazancigil Redactor jefe: David Makinson Maquetista: Jacques Carrasco Ilustraciones: Florence Bonjean Realizacin: Jaume Huch

    Corresponsales Bangkok: Yogesh Atal Beijing: Li Xuekun Belgrado: Balsa Spadijer Berln: Oscar Vogel Budapest: Gyrgy Enyedi Buenos Aires: Norberto Rodrguez

    Bustamante Canberra: Geoffroy Caldwell Caracas: Gonzalo Abad-Ortiz Colonia: Alphons Silbermann Dakar: T. Ngakoutou Delhi: Andr Bteille Estados Unidos de Amrica: Gene M . Lyons Florencia: Francesco Margiotta Broglio Harare: Chen Chimutengwende Hong Kong: Peter Chen Londres: Chris Caswill Madrid: Jos E. Rodrguez-Ibez Mxico: Pablo Gonzalez Casanova Mosc: Marien Gapotchka Nigeria: Akinsola Akiwowo Ottawa: Paul Lamy Sel: Chang Dal-joong Singapur: S. H . Alatas Tokyo: Hiroshi Ohta Tnez: A. Bouhdiba

    T e m a s de los prximos nmeros Amrica: 1492-1992 L a innovacin

    ilustraciones: Portada: On Touch of Nature Makes the Whole World Kin, cuadro de N . R . Omell, 1867. (DR.. coleccin particular). A la derecha: Guillermo de Normandia (a la izquierda) agradece a Harold de Inglaterra los servicios prestados y le da las armas que le convertirn en su vasallo. Detalle del tapiz de la reina Matilde, Bayeux. (D.R.)

  • REVISTA INTERNACIONAL DE CIENCIAS SOCIALES

    Septiembre 1992

    L a sociologa histrica 133

    Bertrand Badie

    Charles Tilly

    G u y Hermet

    Philip McMichael

    Michael Hechter

    Pierre Birnbaum

    S . N . Eisenstadt

    Jean Leca

    Editorial

    Anlisis comparado y sociologa histrica

    Prisioneros del Estado

    Sobre la obstinacin histrica

    Repensar el anlisis comparado en un contexto posdesarrollista

    La teora de la opcin racional y la sociologa histrica

    Nacionalismos: la comparacin Francia-Alemania

    El marco de las grandes revoluciones: cultura, estructura social, historia e intervencin humana

    Eplogo: la sociologa histrica /regresa a la

    339

    341

    351

    367

    375

    391

    399

    411

    infancia? O cuando la sociologa claudica ante la historia 429

    Paul Ghils

    Li Peilin

    Tribuna Libre

    La sociedad civil internacional: las organizaciones internacionales no gubernamentales en el sistema internacional

    China en un perodo de transformacin social

    443

    459

    Servicios profesionales y documentales

    Calendario de reuniones internacionales Libros recibidos

    Publicaciones recientes de la U N E S C O Nmero aparecidos

    471

    475 477

    479

    RICS 133/Septiembre 1992

  • Editorial

    Hace alrededor de veinticinco aos, la sociolo-ga y las ciencias polticas redescubrieron la historia, recuperando as una de las mayores tradiciones de su pasado, aquella que recrea-ron antao M a x Weber y Otto Hintze. Ante-riormente, bajo la influencia del funcionalis-m o y del behaviorismo, esas disciplinas ha-ban desatendido su vocacin m s importante: analizar el cambio social y la transformacin histrica de las sociedades. Georges Balandier, en Francia, o Robert Nisbet, en Estados Uni-dos, fueron de los primeros en llamar la aten-cin sobre el empobrecimiento terico induci-do por tal ahistoricidad. Paulatinamente, dife-rentes corrientes de la sociologa y de las ciencias polticas, desde los partidarios del funcionalismo como S . N . Eisenstadt, hasta los neomarxistas como B . Moore, P. Anderson, M . Hechter, T . Skocpol e I. Wallerstein, pa-sando por los weberianos y durkhemianos c o m o R . Bendix y C h . Tilly, restituyeron la historia a un lugar de honor en el marco de sus respectivos mbitos tericos.

    Este nmero de la RICS, si bien quisiera subrayar la importancia del reencuentro entre las aproximaciones histrica y comparada, no pretende presentar la situacin pormenoriza-da, ni un balance de esta cuestin. En cambio, quiere esbozar las grandes lneas de un debate sobre el mtodo de la sociologa histrica, lo que nos parece necesario para que esa discipli-na, despus de veinticinco aos de madurez y habiendo aportado investigaciones de gran va-lor, pueda dotarse de los medios para progre-sar hacia una mayor operatividad y establecer sus reglas metodolgicas; de esta manera, re-ducir la distancia entre el anlisis de procesos concretos, protagonista de las investigaciones fundamentales de la historia, y el anlisis c o m -parado, que pretende poner de relieve las pro-posiciones generales.

    Este nmero de la RICS tiene su origen en una sesin sobre La sociologa comparada: teora, mtodo y contenido, organizada por quien firma este editorial, en el marco del XII Congreso Mundial de Sociologa, que tuvo lu-gar en julio de 1990, en Madrid. Bertrand Badie, en la comunicacin que present en el Congreso, y que ha sido reproducida en pri-mer lugar de este volumen de la RICS, sin dejar de subrayar que la perspectiva sociohis-trica no puede ser sustituida en el campo de las ciencias sociales, plante el problema de la debilidad metodolgica de la disciplina y la-ment la ausencia, con algunas excepciones, de una reflexin en profundidad sobre esta cuestin. E n aquella ocasin, acept la pro-puesta de la RICS de dedicar un nmero a la cuestin y envi su texto a algunos de los principales representantes de la sociologa his-trica, con el fin de suscitar sus respuestas y comprometerles as a un debate sobre metodo-loga. P. Birnbaum, S . N . Eisenstadt, M . Hech-ter, G . Hermet, Ph. McMichael y C h . Tilly aceptaron la propuesta y vertieron sus refle-xiones en los artculos que publicamos a conti-nuacin. Finalmente, Jean Leca tuvo la a m a -bilidad de redactar, en el corto espacio de tiempo entre la recepcin de los trabajos y las exigencias del calendario de edicin, un eplo-go en donde comenta estos textos y nos ofrece sus propias reflexiones.

    La Redaccin de la RICS da las gracias a todos los autores que tuvieron a bien partici-par en este nmero, empezando por Bertrand Badie, cuyas reflexiones metodolgicas han sido el origen de este nmero y que tambin ha participado activamente en su preparacin. Formulamos votos para que el debate iniciado aqu encuentre eco entre los especialistas de la sociologa histrica y que stos lo continen.

    A . K .

    RICS 133/Septiembre 1992

  • Anlisis comparado y sociologa histrica

    Bertrand Badie

    El hecho de que las ciencias sociales en gene-ral, y la ciencia poltica en particular, vuelvan a descubrir la historia es ya en s una paradoja: puede sorprender la exclusin de la duracin en una ciencia que, por definicin, reflexiona sobre el cambio social. Por ello, debemos tra-tar de distinguir las ideologas que hasta hace poco justificaban tal exclusin. Estas pueden clasificarse en tres categoras que ponen de manifiesto la ambigedad y la conciencia poco tranquila de los socilogos que arremeten contra Clo.

    La primera de esas ideologas pertenece a lo que se ha dado en llamar comnmente el historicis-m o : la historia queda mar-ginada en nombre de la Historia. C o m o esta lti-m a tiene un sentido cono-cido de antemano y que es-capa al control de los h o m -bres y al efecto de sus prc-ticas sociales, el historia-dor no tiene gran cosa que ensearle al socilogo y puede incluso extraviarlo en el conocimiento de lo detallado y lo accesorio que, en su opi-nin, no pueden m s que crear interferencias molestas. Esta es la actitud de un socilogo marxista, en su versin ms rudimentaria, pero tambin la comparten los paradigmas evolucionistas y desarrollistas: conocido de antemano, el polo de la modernidad orienta la dinmica de las estructuras sociales y polti-cas, pero tambin de las culturas y las creen-cias. En este caso, la historia no introduce un efecto de interferencia, sino que designa, de

    Betrand Badie es profesor en el Institu-to de Estudios Polticos, 27 rue Saint-Guillaume, 75341 Pars Cedex 07, Francia, y autor de varias obras sobre poltica comparada, entre ellas Sociolo-gie de l'Etat (con P. Birnbaum, 1979), Culture et politique (1986), Les deux Etats ( 1987) y Politique compare (con Guy Hermet, 1990).

    hecho, unas supervivencias tradicionales des-tinadas a desaparecer. Paradjicamente, esta construccin aparece tambin en las sociolo-gas hiperculturalistas, en las que cada cul-tura es portadora de una historia, que tambin se conoce de antemano y escapa al control de los hombres: la representacin islamista de la historia o, en general, la que se desprende de todo mesianismo, supone a priori una reali-zacin cuya nica incgnita es la determina-

    cin de su advenimiento. La segunda de esas

    ideologas de exclusin asume la postura contra-ria: la sociologa y la histo-ria ocupan mbitos distin-tos y estn separadas por fronteras perfectamente delimitadas. La funcin del socilogo es asimilable a la del fotgrafo que fija un orden social en un m o m e n t o determinado del tiempo que, por consi-guiente, queda excluido en su propia dinmica. La

    ideologa subyacente es claramente identifica-ble y corresponde a un supuesto ya aplicado por los crticos del behaviorismo: es legtimo analizar el orden tal c o m o es y, por lo tanto, mostrar su capacidad de persistencia y reducir sus posibilidades de descomposicin conflicti-va y de transformacin.

    La tercera de esas ideologas es de factura ms reciente y parece m s desconcertante an, ya que proclama sencillamente el final de la historia'. El contexto de estos ltimos aos, en particular las transformaciones ocurridas en

    RICS 133/Septiembre 1992

  • 342 Bertrand Badie

    Europa oriental, ha contribuido a reactivar el mito de una cultura occidental portadora de univers

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