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Crítica a la razón adultocéntrica

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    Crtica de la razn adultocntrica Apuntes iniciales desde Amrica Latina

    Jorge Daniel Vsquez

    FLACSO-Ecuador

    El presente trabajo integra algunos puntos de partida para la reflexin en torno al

    adultocentrismo como parte de una matriz moderna de dominacin que se ejerce desde

    una diferencia en base a la edad o a la generacin. Por este motivo se intenta presentar

    cmo la categora de adultocentrismo amerita una construccin terica a fin de poder

    nombrar representaciones que operan desde una colonialidad que emplea como recurso

    la infantilizacin. Con el fin de profundizar en la interseccin que adultocentrismo y

    racismo tienen dentro de la matriz moderna consideramos necesario plantear una

    relacin que permita analizar los argumentos histricos y sociolgicos desde los cuales

    se ha construido la diferencia racial en tanto contribuyen a la comprensin la diferencia

    generacional. Tal tarea es posible si se parte de que la modernidad occidental se

    encuentra constituida en base al establecimiento de diferencias que infantilizan a ciertos

    sujetos subalternos; pues reconocemos que tal infantilizacin est ligada a la diferencia

    racial puesto que desde la formacin del pensamiento ilustrado y su extensin hasta la

    actual colonialidad del ser, una forma de descalificacin ha sido atribuir a los indgenas

    y a los negros la condicin de nios. Precisamente nuestro inters es entrar por la

    problematizacin del concepto de infantilizacin pues, en cierta medida, evidencia el

    carcter adultocntrico de la matriz moderna que encuentra, en la formulacin kantiana

    sobre la Ilustracin, su fundamento filosfico.

    El argumento en relacin a lo expuesto lo presentamos en tres apartados. En el

    primer apartado planteamos la relacin entre infantilizacin y racismo como un

    problema que comparten tanto indgenas como afrodescendientes. A partir del

    testimonio de Rigoberta Mench en Me llamo Rigoberta Mench y as me naci la

    conciencia y del testimonio que analiza Franz Fanon en Piel negra, mscaras blancas

    entramos a problematizar sobre los alcances que la inferiorizacin/infantilizacin tiene

    dentro de las representaciones de sujetos subalternos (I). En el segundo apartado

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    recurrimos a la crtica de la formulacin kantiana de la Ilustracin para encontrar en ella

    la justificacin de la infantilizacin como forma de dominacin que el homo europeus

    ejerce sobre los otros. Para este propsito retomamos algunos elementos de la

    Antropologa en sentido pragmtico en los que la infantilizacin es aplicable a los no

    civilizados y analizamos conjuntamente el texto titulado Pedagoga (escrito por Kant

    entre 1776 y 1787) en el que se manifiesta la representacin de los no-adultos como

    salvajes y el rol adverso que stos juegan en relacin a las posibilidades de la

    civilizacin. Este anlisis invita a pensar que el raciocinio adultocntrico y racista de

    Kan no constituyen reflexiones marginales a su formulacin del sujeto moderno (II).

    Finalmente, ubicamos la interseccin entre adultocentrismo y racismo en la pregunta

    sobre la formas de representacin que son posibles sobre las personas jvenes

    indgenas. Valindonos del trabajo del antroplogo Johannes Fabian (1983) y su tesis de

    la negacin de la coetaneidad planteamos que la representacin de los y las jvenes

    indgenas se enmarca en una doble negacin de la coetaneidad que configura

    diferencias generacionales y diferencias raciales en una operacin que es adultocntrica

    y racista. A nuestro entender tales representaciones son parte del proyecto ilustrado y,

    en consecuencia, fundamento de representaciones que se instauraron y se reproducen en

    los territorios occidentalizados e histricamente poscoloniales (III).

    I Hace treinta aos, la joven indgena guatemalteca Rigoberta Mench relataba

    ante la antroploga Elizabeth Burgos Debray un testimonio de su vida que recogi para

    el mundo las experiencias de la guerra civil que inici desde la invasin estadounidense

    a Guatemala en 1954. Esta experiencia se intensific en la tortura y violencia que los

    gobiernos comprendidos entre 1978 y 1986 perpetraron contra su familia que, al igual

    que los campesinos mayas de su pas, sufrieron el asesinato dentro un genocidio que

    dej cerca de doscientas mil vctimas (Grandin, 2007).

    En uno de los tantos relatos incluidos en Me llamo Rigoberta Mench y as me

    naci la conciencia (Burgos Debray, 1983), la activista por los derechos indgenas, que

    al momento de hacer la narracin tiene 23 aos de edad, recuerda una visita realizada al

    pueblo de Uspatn en Guatemala:

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    [] una vez que estaba con las monjas, fuimos a una aldea del mismo pueblo de Uspatn. Slo que la pueblan ms ladinos. Entonces la monja pregunt a un niito que si eran pobres. Entonces el nio dijo: somos pobres pero no somos indios. Y yo me qued con todo eso. La monja no se dio cuenta. Sigui platicando. Ella era extranjera. (Burgos Debray, 1983, 204)

    El presente pasaje es analizado por Helio Gallardo (1993) en su texto

    Fenomenologa del ladino de mierda1 en el que inicalmente dialoga con Mench para

    comunicar cmo en Guatemala, el trmino ladino

    indica, inicialmente, a quien con independencia de su raz cultural, aspecto racial y situacin econmica, desprecia y rechaza los valores indgenas de origen maya. Ser ladino designa, por consiguiente, una actitud, ms que un carcter o una sustancializacin, (Gallardo, 1993:113)

    que, en la autorepresentacin de los ladinos, les permite a stos constituirse

    como diferentes a los indgenas a fin de crear una identidad social que los permita

    imaginarse personas. Esto ltimo es lo que Mench an no lograba diferenciar cundo

    se sorprenda al ver que, al interior de la situacin de pobreza compartida entre algunos

    ladinos y los indgenas, la diferencia racial operaba como un elemento clave en la

    reproduccin de la matriz de dominacin.

    Para Helio Gallardo las palabras pronunciadas por el nio somos pobres pero

    no somos indios en verdad dicen: No me confundan con un indio. Yo soy pobre pero

    pertenezco al sistema. As afirma que detrs de las palabras del nio se encuentra la

    posibilidad que los ladinos se adjudican a s mismos de formar parte de la historia. En

    tanto el nio del relato se acepta a s mismo como pobre ante la riqueza y la autoridad

    (representandas en la monja extranjera) reconoce que stas caractersticas son algo

    distinto de l pero no lo totalmente diferente. Lo propiamente otro sera el indio, los que

    no son historia sino naturaleza. El autor contina en su anlisis: Cuando el nio replica

    a la monja: no soy indio, est insinuando que podra llegar a ser general. O monja. O

    1 El texto constituye la segunda parte de su obra: Gallardo (1993). 500 aos: Fenomenologa del mestizo (violencia y resistencia). San Jos: DEI; en l, la expresin ladino de mierda es una traspolacin que Gallardo hace de la expresin mestizo de mierda empleada por Luis Cardoza y Aragn en su obra Los indios de Guatemala en la que afirma: A tal punto de negacin y de enajenaciones hemos conducido a los indios, que ellos no se reconocen sino a medias en ese pasado. Los hemos despojado an de su pasado, explotndolo como un pasado nuestro, y al terminar mi sentencia descubro que estoy hablando como un mestizo de mierda (Cardoza y Argan, cit. en Gallardo, 1993, p. 113).

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    adulto. O ltigo. O capataz. El indio ser, por su parte, siempre un nio. O, lo que es

    igual: una siempre-vctima2 (Gallardo, 1993, p. 118).

    En relacin al anlisis de Gallardo, hay dos cosas que se podran establecer

    como elementos que lo dotan de complejidad. El primero es la infantilizacin que

    Gallardo reconoce que se aplica sobre los indgenas (el indio ser siempre un nio) y

    que podra extenderse a los que sufren la diferencia racial, mientras el segundo es que

    Gallardo reconoce en el nio una actitud por lo cual ste se inscribe en el relato de la

    dominacin.

    El primer aspecto haba sido adelantado en el trabajo del psiquiatra martiniqus

    Franz Fanon en su obra Piel Negra, Mscaras Blancas aparecida originalmente en

    1952. En su obra, Fanon retoma la existencia de le ptit ngre y de la inferioridad

    otorgada al negro directamente en relacin con la infantilizacin cuando se trata de

    establecer diferencias de orden racial. Dice Fanon a modo de testimonio:

    [] hace poco hablaba con un martinicano que me inform, enojado, de que algunos guadalupeos se hacan pasar por nosotros. Pero, aada, enseguida uno se da cuenta del error, ellos son mucho ms salvajes que nosotros. Traduzcan de nuevo: estn ms alejados del blanco. Se dice que el negro ama la chchara; y cuando yo digo chchara veo un grupo de nios jubilosos, lanzando al mundo llamadas inexpresivas y raucas; nios en pleno juego, en la medida en que el juego puede concebirse como iniciacin a la vida. El negro ama la chchara y el camino que conduce a esta nueva proposicin no es largo: el negro no es sino un nio. (Fanon, 2009: 55)

    Ms adelante, Fanon demuestra que el negro es inferiorizado desde su traslado

    a un estado pre-moderno que se hace evidente en su incapacidad de hablar: el negro

    balbucea. Le ptit ngre es la forma de referirse a ese hablar del hombre blanco que se

    dirige al negro inferiorizndolo, y lleva a Fanon (2009:56-61) a expresar: Un blanco

    que se dirige a un negro se comparta exactamente como un adulto con un chiquillo, se

    acercan con mon