elías. arturo pink

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LA DRAMTICA APARICIN DE ELIAS

ELAS

Arturo W. Pink

NDICE

Introduccin

La dramtica aparicin de ElasEl cielo cerradoEl arroyo de Querit

La prueba de la fe

El arroyo seco

Elas en SareptaLos apuros de una viudaEl Seor proveer

Una Providencia oscura

Las mujeres recibieron sus muertos por resurreccin

Frente al peligroFrente a Acab

El alborotador de Israel

La llamada al Carmelo

El reto de ElasOdos que no oyen

La confianza de la fe

La oracin eficaz

La respuesta por fuego

El sonido de una grande lluviaPerseverancia en la oracin

La huida

En el desierto

Abatido

Fortalecido

La cueva de Orbe

El silbo apacible y delicadoLa restauracin de Elas

La via de NabotEl pecador descubiertoUn mensaje aterradorLa ltima misin de Elas

Un instrumento de juicioLa partida de Elas

El carro de fuego

INTRODUCCIN

Generacin tras generacin, los siervos del Seor han buscado la edificacin de los creyentes en el estudio del relato del Antiguo Testamento. En estos casos, los comentarios a la vida de Elas han ocupado siempre lugar prominente. Su aparicin repentina de la oscuridad ms completa, sus intervenciones dramticas en la historia, nacional de Israel, sus milagros, su partida de la tierra en un carro de fuego, sirven para cautivar el pensamiento tanto del predicador como del escritor. El Nuevo Testamento apoya este inters. Si Jesucristo es el Profeta "como Moiss", tambin Elas tiene su paralelo en el Nuevo Testamento: Juan, el ms grande de los profetas. Y, lo que es todava ms notable, Elas mismo reaparece de forma visible cuando con Moiss, en el monte de "la magnfica gloria", "habla de la contienda que gan nuestra vida con el Hijo de Dios encarnado". Qu sublime honor fue ste! Moiss y Elas son los nombres que no slo brillan con pareja grandeza en los captulos finales del Antiguo Testamento, sino que aparecen tambin como representantes vivientes de la hueste redimida del Seor los resucitados y los traspuestos en el "monte santo", donde conversan de la salida que su Seor y Salvador haba de cumplir en el tiempo designado por el Padre.Es el representante "transpuesto", la segunda de las maravillosas excepciones en el Antiguo Testamento del reino universal de la muerte, cuyo retrato se traza en las pginas que siguen. Aparece, como la tempestad, desaparece como el torbellino dijo el Obispo Hall en el siglo XVII; "lo primero que omos de l es un juramento y una amenaza". Sus palabras, como rayos, parecen rasgar el firmamento de Israel. En una ocasin famosa, el Dios de Abraham, Isaac y Jacob respondi a stas con fuego sobre el altar del holocausto. A lo largo de la carrera sorprendente de Elas el juicio y la misericordia estn entremezclados. Desde el momento en que aparece, "sin padre, sin madre", "como si fuera el hijo de la tierra"', hasta el da, cuando cay su manto y cruz el ro de la muerte sin gustarla, ejerci un ministerio slo comparable al de Moiss, su compaero en el monte. "Era", dice el Obispo Hall, "el profeta ms eminente reservado para la poca ms corrupta".Es conveniente, por lo tanto, que las lecciones que puedan derivarse legtimamente del ministerio de Elas sean presentadas de nuevo a nuestra propia generacin. El hecho de que la profeca no tenga edad es un testimonio notable de su origen divino. Los profetas desaparecen, pero sus mensajes iluminan todas las edades posteriores. La historia se repite. La impiedad e idolatra desenfrenadas del reinado de Acab viven todava en las profanaciones y corrupciones groseras de nuestro siglo XX. La mundanalidad y la infidelidad de una Jezabel, con toda su terrible fealdad, no slo se han introducido en la escena del da de hoy, sino que han penetrado en nuestros hogares y se han acomodado en nuestra vida pblica.

A. W. Pink (1886-1952), autor de la presente vida de Elas, tuvo una amplia experiencia de las condiciones reinantes en el mundo de habla inglesa. Antes de fijar su residencia en la Gran Bretaa, alrededor del ao mil novecientos treinta, haba ejercido su ministerio en Australia y en los Estados Unidos de Amrica. Despus se dedic a la exposicin bblica, especialmente por medio de la revista que fund. Su estudio de Elas es particularmente apropiado a las necesidades de la hora presente. Nos toca vivir das en los que el alejamiento de los antiguos hitos del pueblo del Seor es vasto y profundo. Las verdades que eran preciosas a nuestros antepasados ahora son pisoteadas como fango de la calle. Muchos, ciertamente, pretenden predicar y promulgar otra vez la verdad con nuevo atavo, pero ste ha resultado ser la mortaja de la misma en vez de las "vestiduras hermosas" que los profetas conocan.A. W. Pink se sinti llamado claramente a la obra de combatir la impiedad reinante con la vara del furor de Dios. Con este objeto acometi la exposicin del ministerio de Elas, aplicndolo a la situacin contempornea. Tiene un mensaje para su propia nacin, y tambin para el pueblo de Dios. Nos muestra que el reto antiguo: "Dnde est Jehov, el Dios de Elas?" no es una mera pregunta retrica. Dnde?, ciertamente. Hemos perdido nuestra fe en l? La oracin ferviente y eficaz, no tiene lugar en nuestros corazones? No podemos aprender de la vida de un hombre sujeto a semejantes pasiones que nosotros? Si poseemos la sabidura que viene de lo alto diremos con Josas Conder:

"Nuestro corazn, Seor, con esta gracia inspira:

Responde a nuestro sacrificio con el juego,

y declara por tus obras poderosas

Que eres T el Dios que escucha el ruego."

Si tal es nuestro anhelo, la vida de Elas aventar la sagrada llama. Si carecemos del tal, que el Seor use esta obra para traer conviccin a nuestros espritus indolentes, y para convencernos de que la prueba del Carmelo es todava absolutamente vlida: "El Dios que respondiere por fuego, se sea Dios".

S. M. HOUGHTON.

Enero, 1963.

LA DRAMTICA APARICIN DE ELIAS

Elas apareci en la escena de la accin pblica durante una de las horas mis oscuras de la triste historia de Israel. Se nos presenta al principio de I Reyes 17, y no tenemos que hacer mas que leer los captulos precedentes para descubrir el estado deplorable en que se hallaba entonces el pueblo de Dios. Israel se haba apartado flagrante y dolorosamente de Jehov, y aquello que ms se le opona estaba establecido de modo pblico. Nunca haba caldo tan bajo la nacin favorecida. Haban pasado cincuenta y ocho aos desde que el reino fue partido en dos, a la muerte de Salomn. Durante ese breve periodo, nada menos que siete reyes reinaron sobre las diez tribus, y todos ellos, sin excepcin, eran hombres malvados. Es en verdad doloroso trazar sus tristes carreras, y aun ms trgico ver cmo ha habido una repeticin de las mismas en la historia de la Cristiandad.

El primero de esos siete reyes era Jeroboam. Acerca de l leemos que hizo, dos becerros de oro, y dijo al pueblo: "Harto habis subido a Jerusaln; he aqu tus dioses, oh Israel, que te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso el uno en Betel, y el otro puso en Dan. Y esto fue ocasi6n de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante del uno, hasta Dan. Hizo tambin casa de altos, e hizo sacerdotes de la clase del pueblo, que no eran de los hijos de Lev. Entonces instituy Jeroboam solemnidad en el mes octavo, a los quince del mes, conforme a la solemnidad que se celebraba en Jud; y sacrific sobre el altar. As hizo en Betel, sacrificando a los becerros que haba hecho. Orden tambin en Betel sacerdotes de los altos que l haba fabricado (I Reyes 12:28-32). Quede debidamente claro que la apostasa comenz con la corrupcin del sacerdocio, al instalar en el servicio divino hombres que nunca haban sido llamados y aparejados por el Seor!

Del siguiente rey, Nadab, se dice que "hizo lo malo ante los ojos de Jehov, andando en el camino de su padre, y en sus pecados con que hizo pecar a Israel (I Reyes 15:26). Le sucedi en el trono el mismo hombre que le haba asesinado, Baasa (I Reyes 15:27). Sigui despus Ela, un borracho, quien a su vez fue asesinado (I Reyes 16:8-10). Su sucesor, Zimri, fue culpable de traicin" (I Reyes 16:20). Le sucedi un aventurero militar llamado Omri, del cual se nos dice que "hizo lo malo a los ojos de Jehov, e hizo peor que todos los que haban sido antes de l, pues anduvo en todos los caminos de Jeroboam hijo de Nabat, y en su pecado con que hizo pecar a Israel, provocando a ira a Jehov Dios de Israel con sus dolo? (I Reyes 16:25,26). El ciclo maligno fue completado con el hijo de Omri, ya que era aun ms vil que todos los que le haban precedido.

"Y Acab hijo de Omri hizo lo malo a los ojos de Jehov sobre todos los que fueron antes de l; porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam hijo de Nabat, y tom por mujer a Jezabel hija de Etbaal rey de los sidonios, y fue y sirvi a Baal, y lo ador (I Reyes 16:30,31). Esta unin de Acab con una princesa pagana trajo consigo, como bien poda esperarse (pues no podemos pisotear la ley de Dios impunemente), las ms terribles consecuencias. Toda traza de adoracin pura a Jehov desapareci en breve espacio de tiempo y, en su lugar, la ms .rosera idolatra apareci en forma desenfrenada. Se adoraban los becerros de oro en Dan y en Betel, se edific un templo a Baal en Samaria, los bosques de Baal se multiplicaron, y sus sacerdotes se hicieron cargo por completo de la vida religiosa de Israel.

Se declaraba llanamente que Baal viva y que Jehov haba cesado de existir. Cun vergonzoso era el estado de cosas se ve claramente en las palabras que siguen: Hizo tambin Acab un bosque; y aadi Acab haciendo provocar a ira a Jehov Dios de Israel, ms que todos los reyes de Israel que antes de l haban sido (I Reyes 16:33). El desprecio a Jehov Dios, y la impiedad ms descarada haban alcanzado su punto culminante. Esto se hace ms