despatologizar la psicologÍa clÍnica

Author: richard-guadalupe

Post on 30-Oct-2015

92 views

Category:

Documents


0 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

  • REVISTA DEL CONSEJO GENERAL DE COLEGIOS OFICIALES DE PSICLOGOS

    ISSN 0214 - 78233 VOL. 33 - 2012SEPTIEMBRE - DICIEMBRE

    PAPELES DEL

    PSICLOGO

    LA PSICOLOGA POSITIVA A DEBATE - RECLUTAMIENTO DE PERSONALEN EL CNI - ADOPCIONES ESPECIALES - COACHING EJETUTIVO

    DESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

  • PAPELESPAPELES DELDELPSICLOGOPSICLOGO

    EditaConsejo General de Colegios Oficiales de Psiclogos, Espaa

    DirectorSerafn Lemos Girldez

    Directores asociadosJos Ramn Fernndez Hermida, Manuel EnriqueMedina Tornero, Jos Carlos Nez Prez y Jos MaraPeir Silla

    Consejo EditorialFrancisco Santolaya OchandoFernando Chacn FuertesJosep Vilajoana i CelayaManuel Mariano Vera MartnezAlfredo Fernndez HerreroFrancisco Snchez EizaguirreManuel Berdullas TemesM Jos Cataln FriasJos Ramn Fernndez HermidaLorenzo Gil HernndezDolores Gmez Castillo

    M Isabel Martnez Daz de ZugazuaRodolfo Ramos lvarezRosa M Redondo GranadoFrancisco Javier Torres AilhaudRamn Jess Vilalta SurezRosa lvarez PradaAna M Snchez Alias

    Consejo AsesorIsaac Amigo, Pilar Arrnz Carrillo de Albornoz,Sabino Ayestarn, Francisco Bas, Elisardo Becoa,Carmen Bragado, Gualberto Buela, Fernando Calvo,Antonio Cano, Enrique Cantn, Amalia Caas,Antonio Capafons, Helio Carpintero, Jos AntonioCarrobles, Miguel Costa, Mara Crespo, Carmen delRio, Roco Fernndez Ballesteros, Jorge FernndezDel Valle, Concepcin Fernndez Rodrguez, MaraPaz Garca Vera, Jess Gmez Amor, Julio AntonioGonzlez Garca, Florencio Jimnez Burillo, FranciscoJavier Labrador, Araceli Maci, Emiliano Martn, JosJoaqun Mira, Luis Montoro, Jos Muiz, MarinoPrez lvarez, Ismael Quintanilla, Francisco Ramos,Rodolfo Ramos lvarez, Jess Rodrguez Marin,Miguel ngel Vallejo y Oscar Vallina Fernndez.Diseo y maquetacinCristina Garca y Juan Antonio Pez

    Administracin y publicidadSilvia Berdullas y Cristina Castilla

    Consejo General de Colegios Oficiales de PsiclogosC/ Conde de Pealver, 45-5 Izq.28006 Madrid - EspaaTels.: 91 444 90 20 - Fax: 91 309 56 15E-mail: [email protected]

    ImpresinVillena Artes GrficasAvda. Cardenal Herrera Oria, 242 Edif. B28035 Madrid

    Depsito LegalM-27453-1981 / ISSN 0214-7823

    De este nmero 3 del Vol. 33 de Papeles delPsiclogo se han editado 55.800 ejemplares.

    Este ejemplar se distribuye gratuitamente a todoslos colegiados pertenecientes a los diversos

    Colegios que forman parte del Consejo Generalde Colegios Oficiales de Psiclogos.

    Los editores no se hacen responsables de las opinionesvertidas en los artculos publicados.

    R E V I S T A D E L C O N S E J O G E N E R A L D E C O L E G I O S O F I C I A L E S D E P S I C L O G O S

    Artculos162. 162. Desvelar el secreto de los enigmas: Despatologizar la Psicologa Clnica

    Ernesto Lpez Mndez y Miguel Costa Cabanillas172. 172. Las races de la Psicologa Positiva

    Edgar Cabanas Daz y Jos Carlos Snchez Gonzlez183. 183. La Psicologa Positiva: Magia Simptica

    Marino Prez-lvarez202. 202. El reclutamiento de personal en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI)

    Juan Antonio Martnez Snchez211. 211. Adopciones especiales: Nios especiales para familias especiales?

    Ana Berstegui Pedro-Viejo221. 221. El anlisis de los resultados del coaching ejecutivo: una propuesta de

    clasificacinJos Manuel de Haro Garca

    Libros227. 227. Vivir con plena atencin: De la aceptacin a la presencia

    Vicente Simn. Bilbao: Descle de Brouwer, 2011 Agustn Moivas Lzaro

    230. 230. Proteccin a las personas en situacin de dependenciaJorge Fernndez del Valle

    232. 232. El psiclogo que buscaba la serenidad. Sobre la felicidad y el sufrimiento Ramn Bays (2010). Barcelona: Plataforma EditorialToms Caycho Rodrguez

    Articles162. 162. Revealing the secret of enigmas: Non-pathological clinical psychology

    Ernesto Lpez Mndez and Miguel Costa Cabanillas172. 172. The roots of positive psychology

    Edgar Cabanas Daz and Jos Carlos Snchez Gonzlez183. 183. Positive psychology: A nice magic

    Marino Prez-lvarez202. 202. Recruitment in the Spanish Intelligence National Center (CNI)

    Juan Antonio Martnez Snchez211. 211. Special adoptions: Special families for special children?

    Ana Berstegui Pedro-Viejo221. 221. Executive coaching results: A classification proposal

    Jos Manuel de Haro Garca

    Books227. 227. Vivir con plena atencin: De la aceptacin a la presencia [Living mindfulness]

    Vicente Simn. Bilbao: Descle de Brouwer, 2011Agustn Moivas Lzaro

    230. 230. Proteccin a las personas en situacin de dependencia [The protection of personswith social dependency]Djamil Tony Kahale Carrillo. Jan: Editorial Formacin Alcal, 2010Jorge Fernndez del Valle

    232. 232. El psiclogo que buscaba la serenidad. Sobre la felicidad y el sufrimiento [Howa psychologist looked for peace of mind]Ramn Bays (2010). Barcelona: Plataforma EditorialToms Caycho Rodrguez

    3SumarioContents

    V O L U M E N 3 3S e p t i e m b r e - D i c i e m b r e

    2 0 1 2

    Papeles del Psiclogo est incluida en las bases dedatos PsycINFO, Psicodoc y del ISOC (Psedisoc),del DOAJ (Directory of Open Access Journals),

    Elsevier Bibliographic Database: SCOPUS,Redalyc y en IBECS; y tambin se puede consultar

    en la pgina WEB del Consejo General deColegios Oficiales de Psiclogos:

    http://www.cop.es

  • NA REBELIN EPISTEMOLGICA Y TICA Y UNCAMBIO RADICAL DE PARADIGMAEs bien sabido que en el curso de la historia mu-

    chos problemas de la vida y problemas psicolgicos hansido patologizados y psicopatologizados, consideradoscomo enfermedades, en particular como enfermedadesmentales. La prctica profesional en el mbito de la de-nominada salud mental e incluso amplios sectores dela psicologa clnica estn fuertemente impregnados deesta perspectiva patolgica. Y esto resulta tanto ms sor-prendente, cuanto que el estudio sobre las causas de es-tos problemas tiene, desde la perspectiva psicolgica,tan abundante apoyo emprico, que hace insostenibleexplicarlos obre la base de causas nicas, como un pro-ceso mrbido, una emocin descontrolada o un pensa-miento desajustado.

    La psicopatologa torna enigmticos los problemaspsicolgicosExperiencias como or voces, lavarse las manos repeti-

    damente hasta producirse lceras, perder el control antesituaciones sociales inofensivas y no amenazantes, per-manecer encerrado sin salir de casa durante aos, de-

    primirse cuando las cosas parece que van bien, sentirseexcitado sexualmente por objetos inapropiados o poranimales, entre otros, se tornan enigmticos cuando sedice que son una enfermedad y, sobre todo, cuando esasupuesta enfermedad queda desmentida por no dejarrastro en cuantos tests y anlisis biolgicos se realizan.No es extrao, pues, que, as patologizados, hayan sidocontemplados como un enigma psicolgico, sin causaalguna adecuada (Krpelin, 1988:38), que las ideasdelirantes sean incomprensibles psicolgicamente y noderivan de otros sntomas ni sucesos de la vida del en-fermo (Vallejo-Ngera, 1971:44) y que la ciclotimia yla esquizofrenia sean para Kurt Schneider un misterioantropolgico (...) el escndalo de la psiquiatra huma-na (1997:35). Coincidimos con Thomas Szasz en queel hecho de clasificar a los individuos incapacitadospor problemas vitales con el rtulo de enfermos mentalesretard el reconocimiento de la naturaleza esencial delos fenmenos (Szasz, 1968:39).

    Un anlisis crtico de la ortodoxia psicopatolgicaEn un reciente libro (Lpez y Costa, 2012), titulado Ma-

    nual de Consejo Psicolgico. Una visin despatologiza-da de la Psicologa Clnica, salimos al paso de estaperversin psicopatolgica. Planteamos all la necesidadde un cambio radical de paradigma que implica reali-zar un anlisis crtico de la ortodoxia del modelo psico-patolgico, rescatar a los problemas psicolgicos delmundo de la patologa, despatologizarlos, emanciparlosde la vieja doctrina que dice de ellos esto es una enfer-

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASDESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

    Ernesto Lpez Mndez1 y Miguel Costa Cabanillas2

    Ayuntamiento de Madrid

    Los problemas psicolgicos han sido y siguen siendo patologizados, convertidos en psicopatologa. El artculo hace una breve refe-rencia histrica a este proceso y un anlisis crtico de sus insuficiencias lgicas y epistemolgicas y un anlisis de los inconvenientesque plantea para su comprensin y solucin. Desde los paradigmas de la psicologa cabe hacer un cambio de paradigma y ofreceruna alternativa no psicopatolgica que permita comprender el significado de los problemas.Palabras clave: Psicopatologa, Trastornos mentales, Neuromitologa, Problemas psicolgicos, Modelo biogrfico.

    Psychological problems have been and continue to be pathologized, converted to psychopathology. This article gives a brief histori-cal reference to this process and a critical analysis of its logical and epistemological inadequacies and an analysis of the problemsposed to their understanding and solution. From the paradigms of psychology, its posible make a paradigm shift and offer an nonpsychopathological alternative that allows understand the significance of the problems.Key words: Psychopathology, Mental disorders, Neuromythology, Psychological problems, Biographical model.

    A r t c u l o s

    162

    Papeles del Psiclogo, 2012. Vol. 33(3), pp. 162-171http://www.papelesdelpsicologo.es

    U

    Correspondencia: Ernesto Lpez Mndez. C/ Cobos de Segovia,17, bajo 2. 28005 Madrid. Espaa. Email: [email protected]

    1 mdico, psiclogo clnico y consultor.2 psiclogo clnico y director del Centro de Promocin de HbitosSaludables de Madrid Salud.

  • A r t c u l o s

    163

    medad, y que dictamina que algunas personas, por elhecho de experimentar un problema vital, estn enfer-mas, tienen una enfermedad que necesita ser curada, yque sus experiencias vitales son un fenmeno patolgicoo son indicios, sntomas y signos de una enfermedad.Desde hace muchos aos, nosotros mismos (Costa y L-pez, 1986, 2003, 2006, 2012) estamos firmementecomprometidos con esta rebelin epistemolgica y tica,despatologizadora, tratando de ir hasta la raz ms pro-funda de los problemas psicolgicos, de encontrar res-puestas en la herencia fecunda de los paradigmas de lapsicologa y de establecer sinergias con tantos otros quecomparten la misma bsqueda, tanto en Espaa (Bays,1977, 1980; Prez-lvarez, 1996, 2011; Vila y Fernn-dez-Santaella, 2009) como en el resto del mundo.

    Tratamos de resolver un problema, no tratamos unapsicopatologaCreemos en verdad que es necesario y posible restituir-

    les a los problemas psicolgicos su verdadera naturalezay su significado y desvelar sus enigmas si los miramos yreconocemos a la luz de los paradigmas bsicos de lapsicologa, los analizamos por el tamiz hermenutico delAnlisis Funcional de la Conducta y los abordamos conlas tcnicas y procedimientos psicolgicos orientados alcambio. Creemos que esta mirada sobre los problemaspsicolgicos demanda adems una regeneracin de lapsicologa clnica, en el sentido de emanciparla tambinde la ortodoxia psicopatolgica, de despatologizarla.As pues, en el Consejo Psicolgico, que nosotros consi-deramos como una psicologa clnica despatologizada(Lpez y Costa, 2012), tratamos de resolver un proble-ma, no tratamos una psicopatologa, ni una enfermedadmental, ni los sntomas de una enfermedad. En el presente artculo, nos detendremos especialmente

    en la desnaturalizacin que supone considerar a los pro-blemas psicolgicos desde la ptica de la psicopatologay en el anlisis crtico del modelo psicopatolgico.

    EL MODELO ANATOMOCLNICO Y FISIOPATOLGICO:LA SEDE Y LA CAUSA DE LA ENFERMEDADEs en las postrimeras del siglo XVIII cuando la sociedad

    delega formalmente en la medicina la facultad de explicarpor qu los alienados se comportan de una manera biza-rra, se muestran agresivos, angustiados, melanclicos, mu-tistas o catatnicos, deliran, o se automutilan, y de tomarmedidas para contener esos comportamientos. Para respon-der al encargo y confrontarse con estos comportamientos, lamedicina toma como marco de referencia, de anlisis y de

    intervencin los modelos de la patologa humana que le sonfamiliares en su praxis habitual. De hecho, se estn consoli-dando por entonces los modelos anatomoclnico, fisiopato-lgico y etiopatolgico, que tendrn en el siglo XX suprolongacin en los modelos bioqumico y molecular y quevan a permitir poner las bases cientficas de la patologa hu-mana frente a las concepciones demonolgicas e hipocrti-co-galnicas todava vigentes por entonces. De acuerdo conestos modelos, la sede y la causa de la enfermedad y las se-ales de la dolencia padecida hay que buscarlas dentro delcuerpo, y se hacen visibles en la necropsia, a travs del mi-croscopio, o mediante la utilizacin del laboratorio y de unaadecuada tecnologa.

    Esto es una enfermedad: una metamorfosisdeclarativaAl aplicarles estos modelos, aquellos comportamientos

    experimentan un cambio radical en su categorizacin so-cial y conceptual. Van a ser recategorizados, medianteuna metamorfosis declarativa, como una enfermedad o lamanifestacin sintomtica de una enfermedad. Lo que eraun comportamiento considerado anormal, perteneciente ala categora de los sucesos y procesos psicosociales, va aser declarado como comportamiento patolgico, pertene-ciente a la categora de los sucesos y procesos anatoma-patolgicos y fisiopatolgicos, como podra ser un hgadocirrtico o un tumor. Al estatus de loco o alienado se le su-perpone el estatus de enfermo y lo que era debido a estarposedo por el demonio es ahora debido a estar pose-do por entidades morbosas. Para Krpelin, la locura essencillamente la expresin de operaciones cerebrales pa-tolgicas (1988:134) y lo que determina ante todo lamorfologa de los trastornos psquicos es la extensin enel cerebro del proceso que los engendra (1988: 147).Por otra parte, esta aplicacin del modelo anatomoclnicoal comportamiento quedar pronto contaminada por eldualismo cuerpo-mente, y as la entidad patolgica seruna patologa de la mente, una enfermedad mental.

    UN GRAVE ERROR LGICO Y EPISTEMOLGICOPero, como tambin Szasz deca, el hecho de denomi-

    nar enfermedad a algunas experiencias vitales consti-tuye el ms grave error lgico de la psiquiatramoderna (Szasz, 1968:39).

    Una desalentadora falta de evidenciaBasta, en efecto, hacer un recorrido por los escritos de

    las figuras clave de la psiquiatra de los siglos XVIII, XIXy XX para constatar que no hay un solo lugar en el que

    ERNESTO LPEZ MNDEZ Y MIGUEL COSTA CABANILLAS

  • A r t c u l o s

    164

    se muestre evidencia alguna de que los comportamientosobservados sean, de acuerdo con el modelo anatomocl-nico, una enfermedad, una disfuncin biolgica o el sig-no o sntoma de una enfermedad, de que exista lacorrespondiente anatoma patolgica lesional, una rela-cin causa-efecto entre una hipottica lesin, disfuncino desequilibrio y el comportamiento, y la correspondien-te fisiopatologa y patogenia, del mismo modo que s lahay entre una hepatitis y la ictericia o entre un enfisemapulmonar y la disnea. Los relatos de Lasgue sobre delirios de persecucin y

    alucinaciones auditivas no son otra cosa que descripcio-nes de experiencias vitales hechas a partir de los relatosde las personas que las tienen. Y a pesar de que afirmaque ah hay algo ms que la exageracin de una ten-dencia natural (...), es un elemento patolgico nuevo in-troducido en el organismo moral (Lasgue, 1994:55),no aporta ninguna prueba de la existencia del tal ele-mento patolgico. Kahlbaum expresaba su extraezaante la falta de aclaraciones aportadas por la anato-ma patolgica del cerebro, debido tal vez, supona l, ano haber disecado y escudriado suficientes cadveresde locos (1995: 98). Fuera del enunciado, pues, lo psicopatolgico no

    existe, no est ah preexistente alojado en su sede ce-rebral a la espera de ser descubierto. Fuera del enun-ciado, el nico hallazgo consistente son loscomportamientos sobre los que se opera la metamorfosisdeclarativa. Y la nica evidencia de que esos comporta-mientos son una enfermedad es que algunas personasdeclaran que otras la padecen.

    Una logomaquia, una enfermedad inventadaSin fundamento emprico alguno, la metamorfosis que

    declara esto es una enfermedad, esta persona estenferma,tiene una enfermedad mental, queda, pues,reducida a una construccin socioverbal vaca de conte-nido referente, un espejismo de naturaleza verbal, puralogomaquia. Al mismo tiempo, la supuesta enfermedades ella misma una enfermedad inventada, creada en elpropio enunciado patolgico y que existe solo en l.Llamo a esto esquizofrenia, declara Kurt Schneider.Lan Entralgo llama a las neurosis experimentales undesorden patolgico de la conducta, y considera queel modo de enfermar propio de las neurosis humanas -y mutatis mutandis el de las psicosis- es el correspon-diente al de cualquier otra de las enfermedades que elhombre padece (1987:16), y ello a pesar de que en to-do el proceso por el que se instaura una neurosis experi-

    mental no hay nada que permita pensar en alteracioneslesionales morfolgicas y fisiolgicas en el organismo, si-no ms bien en una fisiologa en perfecto estado de fun-cionamiento. El mismo Leon Eisenberg, uno de losprincipales responsables de la invencin del Trastornopor Dficit de Atencin con Hiperactividad, que tan pin-ges beneficios sigue reportando a las compaas quecomercializan el metilfenidato, declaraba, en una confe-sin tarda que podra tildarse de cnica, que este tras-torno es un claro ejemplo de una enfermedad que se hainventado (citado en Blech, 2012:100).

    La Psicopatologa, una profesin de fePor todo ello, la metamorfosis declarativa no es una evi-

    dencia, es una creencia, una verdad revelada en la quehay que creer por la autoridad de quien la enuncia. Dehecho, Kurt Schneider reconoce que su postulado sobre laciclotimia y la esquizofrenia tiene que ser una profesinde fe (1997:35), puesto que nos son desconocidos losprocesos morbosos que subyacen a la ciclotimia y a la es-quizofrenia. Los nicos apoyos que Schneider puede adu-cir son los comportamientos que definen la ciclotimia y laesquizofrenia. A ellos superpone arbitrariamente la decla-racin patolgica, quedando, de esta manera, reinventa-dos como hechos psicopatolgicos, como sntomaspsicopatolgicos, lo cual modifica radicalmente la natura-leza de lo somatopatolgico definida por el modelo ana-tomoclnico al que, por otra parte, Schneider proclamaadherirse. Pero Schneider dar un paso ms decisivo to-dava en el camino de la patologizacin del comporta-miento humano. An cuando considera que laspersonalidades anormales y las reacciones vivencialesanormales no son enfermedades, sino ms bien varieda-des anormales del psiquismo, inviste, sin embargo, con ladenominacin de psico(pato)loga a un grupo de perso-nalidades anormales, las personalidades psicopticas.La invencin de lo psicopatolgico, adquiere as con KurtSchneider carta de naturaleza, como algo distinto de losomatopatolgico.

    Como el demonio metido en el cuerpo: el errorlgico de reificacinAn cuando la patologa mental, la psicopatologa es

    un enunciado vaco de contenido real referente, el apoyosocial e institucional que reciben la profesin de fe psi-copatolgica y los profesionales que la declaran le otor-ga al enunciado relevancia social y lo dota deequivalencias funcionales con las enfermedades reales.Ello permite que sea utilizado en la prctica de manera

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASDESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

  • A r t c u l o s

    165

    literal, como si la enfermedad declarada existiese real-mente. Lo psicopatolgico se hace funcionalmente equi-valente a lo anatomopatolgico y fisiopatolgico, aligual que la declaracin tiene el demonio metido en elcuerpo puede ser tomada literalmente como si se trata-ra de una verdadera posesin diablica, tan literalmen-te, que hasta se la combate con exorcismos. Esta equivalencia funcional permite dar el salto epistemo-

    lgico y lgico por el que la categora psicopatolgica(esto es una enfermedad, esta persona tiene una enfer-medad), que empez siendo tan slo un nombre paradesignar los comportamientos observados, se cosifica, sesustantiviza como una entidad realmente existente (enfer-medad mental, trastorno lmite de personalidad, tras-torno obsesivo-compulsivo, trastorno de ansiedadsocial), lo cual constituye el error lgico de la reificacinque ya William James denunciara. Se cree mgicamenteque la expresin es una enfermedad se corresponde conuna enfermedad realmente existente, como si el dar unnombre a algo dotara mgicamente de existencia a esealgo y como si las palabras fueran la prueba de laexistencia de lo que nombran.

    Una enfermedad de los sesosSegn el modelo de sede y causa, la ficticia entidad

    patolgica tendra su sede en el interior, dentro de lamente (tiene un trastorno de la personalidad, padeceun trastorno mental, padece un trastorno de estrspostraumtico, padece una fobia social, padece untrastorno de dficit de atencin con hiperactividad), rei-ficada tambin como una entidad realmente existente,como un lugar (Frith, 2008) en cuyo interior estara es-condida a la espera de ser descubierta con la tcnicadiagnstica adecuada (en los exmenes que se le hicie-ron, se le encontr un trastorno de...). Si la mente estdentro de los sesos, del cerebro, y es incluso el cerebromismo o una creacin del mismo, como proponen Frith(es el cerebro el que crea el mundo mental, 2008:201) o Damasio (el cerebro construye una mente,2010:23), los problemas seran adems problemas ce-rebrales, o, por prurito de pretendida precisin, dese-quilibrios bioqumicos o fisiopatologa molecular de lasneuronas de origen gentico (Insel, 2010).

    Los delirios como secrecinEn el colmo de la metamorfosis, la categora patolgica

    inventada se convierte en algo previo al comportamientoque nombraba y en agente causal patgeno (su com-portamiento est causado por el trastorno de personali-

    dad que padece, se lava compulsivamente las manosporque padece un trastorno obsesivo-compulsivo, sudelirio es debido a que padece una esquizofrenia). Delmismo modo que de la bronquitis brota la tos o el esputo,o de la filtracin glomerular la orina, de la enfermedadmental-cerebral brotaran los delirios y otras manifestacio-nes, a modo de una secrecin. Para Vallejo-Ngera, laidea delirante ha brotado directamente de la enferme-dad () no deriva de otros sntomas ni sucesos de la vidadel enfermo (Vallejo-Ngera, 1971:44-45).

    La retrica del sntoma y el desafo como sntomadel trastorno desafianteEl modelo psicopatolgico establece adems que, una

    vez diagnosticadas como enfermas, lo que estas perso-nas hagan o digan puede ser un indicador de que, enefecto, padecen la enfermedad diagnosticada. Sus com-portamientos perdern su carcter autnomo y su signifi-cacin biogrfica y sern recategorizados como signoso sntomas de la enfermedad que padecen, como la tosy el esputo lo podran ser de la bronquitis. Pero si la su-puesta enfermedad es una logomaquia, el sntoma, su-puesto indicador de la misma es tambin un enunciadovaco de contenido referente, un espejismo verbal al que,no obstante, se le otorgarn equivalencias funcionales li-terales con los sntomas de una enfermedad. En este sen-tido, confundir el comportamiento humano y losproblemas de comportamiento como un signo o unsntoma de una enfermedad constituye un fraude epis-temolgico y lgico, adems de una tautologa.Maudsley era consciente de esta tautologa: (...) esto

    conduce a argumentos en crculo vicioso (...), inferimosla falta de salud de la mente por las caractersticas delos actos; y, por otra parte, es porque pensamos quehay un trastorno de la mente que declaramos que esosactos son de loco (1991:194). Krpelin, sin embargo,pareca no ser tan consciente al atribuir la desgana de ladepresin a un supuesto impedimento de la volicin(Krpelin, 1988: 31-32). Si la timidez y el cortejo deconductas que la definen es recategorizada como tras-torno de ansiedad social o fobial social, como ocurreen DSM-IV, a partir de entonces podr ser descrita comocausada por el supuesto trastorno (rehuye el contactosocial porque padece un trastorno de ansiedad social).Otro tanto ocurre cuando decimos sabemos que noatiende en clase porque padece un trastorno de dficitde atencin con hiperactividad, o cuando decimos de-safa a los adultos o rehsa cumplir sus demandas por-que padece una trastorno negativista desafiante.

    ERNESTO LPEZ MNDEZ Y MIGUEL COSTA CABANILLAS

  • A r t c u l o s

    166

    EL IMPACTO DE LA ORTODOXIA PSICOPATOLGICATal como referimos en el citado libro (Lpez y Costa,

    2012), una vez concedida legitimidad social y poder ala invencin psicopatolgica y a sus equivalencias fun-cionales, el diagnstico psicopatolgico se convierte enuna tesis que no admite dudas ni discrepancias y que sehace inmune a toda posible refutacin, pues la nica evi-dencia de la declaracin nosolgica es ella misma.

    Un diagnstico que crea indefensinEste poder del diagnstico coloca a las personas diagnos-

    ticadas en una situacin de indefensin y de prdida depoder y de control sobre la propia vida, las convierte envctimas de la supuesta enfermedad, lo cual tiene efectosnegativos para la implicacin en los procesos de cambio(me ocurre algo debido a fuerzas ajenas a m, a la enfer-medad que me dicen que padezco, qu puedo hacer sisoy un esquizofrnico, si soy un bipolar). Es tan irrefutableel diagnstico de enfermedad, que uno de los sntomasde que esta persona la padece es su no aceptacin delmismo, su incapacidad para reconocerse y aceptarse co-mo enferma: ests demasiado enfermo como para dartecuenta de que lo ests. Si no lo acepta, ello prueba quesigue enferma, lo cual invalida su desacuerdo, reafirma eldiagnstico y puede aconsejar intensificar el tratamientoque, en su caso, se haya decidido aplicar.

    No soy yo, es el desequilibrio de misneurotransmisoresSi lo que uno hace est inducido por la enfermedad

    que padece, entonces queda reducida, anulada o ab-suelta la responsabilidad. No soy yo, es la enfermedadque obra en m, es mi desequilibrio dopaminrgico, po-dra decir la persona diagnosticada. La absolucin de res-ponsabilidad puede encubrir la responsabilidad criminal,como se puso de manifiesto histricamente en la polmicacrcel o manicomio. Refiere Szasz (2007a) el abuso se-xual cometido por un clrigo de Boston sobre ms de 100nios durante tres dcadas. En su defensa se adujo lapatologa de la enfermedad de la pedofilia y los actosenfermos. Si sus actos y sus impulsos son irresistibles,pues son diagnosticados como sntomas causados por laenfermedad de la pedofilia que supuestamente le com-pele a abusar de los nios, quedan absueltos de responsa-bilidad, cmo poder responsabilizarle e imputarle porellos?, habr que tratarlo de su enfermedad, aducan losperitos. Una vez ms se cumple la tautologa: son irresis-tibles porque son patolgicos y son patolgicos porqueson irresistibles. Si esos impulsos fueran normales seran

    resistibles, pero como son anormales y patolgicosporque el diagnstico as lo dictamina, entonces son irre-sistibles y eximen de responsabilidad.

    Una colonizacin patolgica de la vida Poner nombres diagnsticos a determinadas experien-

    cias vitales y a determinados comportamientos, y hacerver que se estn descubriendo nuevas entidades pato-lgicas, resulta una conducta fcil de realizar, en la me-dida en que puede eludir la necesidad de demostrar sucorrespondencia con los hechos. Desde la segunda mi-tad del siglo XVIII, y a lo largo de los siglos XIX y XX, elproceso de patologizacin, que tantos han denunciado(Moynihan, Heath y Henry 2002; Follette y Houts, 1996;Sazsz, 2007a; Blech, 2005; Gonzlez y Prez, 2007),ha ido colonizando sin control casi todas las reas de lavida, hasta el punto de que ya en tiempos del propioKrpelin se admita que no hay alienista a quien no sehaya acusado, ya en serio, ya en broma, de ver locosen todas partes (Krpelin, 1988:303). Esto ha ocasionado adems un caos en la nosologa

    psiquitrica (Szasz, 1968) y una proliferacin de cate-goras taxonmicas, una arbitrariedad enigmtica, yun afn de innovacin que recuerda el trabajo infructuo-so de Ssifo (Kahlbaum, 1995:38). Pudiera ocurrir que la prevista publicacin de la V edi-

    cin de la clasificacin nosolgica DSM ampliara toda-va ms esta fcil patologizacin de la vida y de losproblemas de la vida. Si en este proceso, promovidodesde mbitos profesionales, con el apoyo y la conni-vencia de empresas farmacuticas, la poblacin aceptael discurso psicopatolgico y se persuade de que los pro-blemas que le afligen son una enfermedad, ser msprobable que considere irrelevantes los acontecimientosy experiencias vitales que han conducido al problema yque le dan significado, que acepte e incluso reivindiquela condicin de enfermo, y que acepte e incluso recla-me la medicacin como supuesto tratamiento. De he-cho, el volumen de psiofrmacos prescri tos haaumentado exponencialmente (Sazsz, 2007a; Gonzlezy Prez, 2007; Bentall, 2009)

    Expulsar demonios, curar enfermedadesSi los problemas psicolgicos son declarados una en-

    fermedad, para resolverlos habr que aplicar una tera-putica capaz de curar y expulsar la enfermedadsubyacente, al igual que los exorcismos expulsan el de-monio del cuerpo en el que se ha metido. Si esta perso-na est enferma, padece una psicopatologa, habr de

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASDESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

  • A r t c u l o s

    167

    ser tratada y curada por su bien, y si es necesario por lafuerza (Szasz, 2007b, Bentall, 2009), incluso en aque-llos casos en que ella piense que no lo necesita, que nodesee ser tratada o que rechace el tratamiento, a menu-do enfrentndose a una cruzada a favor de la adheren-cia al tratamiento. Cuando la intervencin coercitivaqueda pretendidamente legitimada como acto terapu-tico, siempre se podr decir qu tiene de malo lo queestn haciendo, lo estn curando. Y si los tratamientostienen efectos colaterales claramente dainos e invali-dantes, qu se le va a hacer, son exigencias del trata-miento, se dir.Desde las sangras mediante sanguijuelas en la yugular

    contra la mana, hasta los ms modernos psicofrmacos,pasando por el coma insulnico, por la ciruga que sec-ciona fibras nerviosas (lobulotoma), o por las descargaselctricas en el cerebro (electrochoque, eufemsticamentedenominado hoy terapia electroconvulsiva) con las consi-guientes convulsiones y dao cerebral a menudo irrever-sible que ocasiona, han sido diversas la intervencionesconsideradas como terapias y curaciones de los pro-blemas que afligen a las personas. Pero, si el modelopsicopatolgico es una quimera y el diagnstico es unalogomaquia, la supuesta curacin no poda ser msque una quimera tambin, un simulacro de curacin.

    La quimera teraputica de los psicofrmacosEl simulacro se concreta en la actualidad de manera es-

    pecial en los psicofrmacos, declarados como supuestostratamientos indicados para el supuesto desequilibrioneuroqumico (dopaminrgico en la psicosis, serotoni-nrgico en la depresin, gabargico en los problemasde ansiedad), supuesta sede y causa de la psicopato-loga que se quiere curar. No cabe duda de que los psi-cofrmacos, al igual que el alcohol, la nicotina o lacocana, alteran los procesos bioqumicos que son co-partcipes en el comportamiento y en los problemas psi-colgicos, si bien lo hacen con indudables efectossecundarios a menudo graves e irreversibles (Gonzlez yPrez, 2007; Bentall, 2009). Pero los psicofrmacos, olas sangras de antao, o la lobulotoma, no equivalen auna terapia, no curan nada que pudiera estar all dondeellos actan, porque all no hay ninguna enfermedadmental, ningn trastorno molecular, ningn desequili-brio neuroqumico que pueda aducirse como sede y cau-sa del problema psicolgico que se tratara de curar,al contrario de lo que, sin embargo, s hace un antibiti-co que puede curar una meningitis o una encefalitis quetienen su sede en el encfalo.

    Decir, pues, que un psicofrmaco es un tratamientode una enfermedad es un simulacro de terapia, una qui-mera curativa. y decir que las alteraciones fisiolgicasque provoca son una prueba de la existencia de esaenfermedad, es una falacia del tipo post hoc, ergopropter hoc y una tautologa, como cuando los efectosde un frmaco sobre la dopamina se aducen comoprueba de que el problema se debera a un dficit dedopamina (Rose, 2008). La supuesta eficacia teraputi-ca de los psicofrmacos sobre una supuesta sede y cau-sa del problema no tiene ms valor epistemolgico quela supuesta eficacia teraputica de la sangra sobre lasupuesta congestin cerebral que Esquirol aduca comosede y causa de la mana. Las alteraciones fisiolgicasde la hipovolemia y de la grave anemia producidas porla sangra en todo el organismo y en la conducta supon-dran la curacin de la mana y probaran la exis-tencia de la congestin cerebral como su causa. Pero, del mismo modo que la quimera del modelo psi-

    copatolgico no ha impedido darle literalidad a la meta-morfosis declarativa de los diagnsticos, tampoco haimpedido que tenga lugar el simulacro de la curaciny la literalidad de las equivalencias funcionales de laspalabras tratamiento, curacin o terapia. De he-cho, la supuesta eficacia teraputica de los psicofr-macos est jugando un papel importante en lapatologizacin de los problemas psicolgicos, aportan-do un respaldo farmacolgico a la logomaquia psico-patolgica, Como denuncia Szasz (2007a), si seaprueba un frmaco como tratamiento de un proble-ma, diagnosticado por ejemplo como dficit de aten-cin con hiperactividad, eso determina que el problemapase a ser considerado como una enfermedad. De estemodo, tratar farmacolgicamente determinados proble-mas resulta una estrategia eficaz para patologizaresos problemas, y al mismo tiempo para promocionar elpreparado farmacolgico por parte de la industria far-macutica (Gonzlez y Prez, 2007; Moynihan, Heath yHenry, 2002).

    Tomar una pastilla y asunto resueltoLa supuesta eficacia teraputica de los psicofrmacos es-

    t tambin incidiendo en la simplificacin de la compleji-dad biogrfica de los problemas psicolgicos, en sucaricaturizacin como un asunto de molculas que no fun-cionan bien en el cerebro y en la reduccin de la interven-cin profesional a dar una pastilla sin ms. Si esto esuna enfermedad y esto (una sangra, un psicofrmaco) esun tratamiento que la cura, asunto resuelto. En este

    ERNESTO LPEZ MNDEZ Y MIGUEL COSTA CABANILLAS

  • A r t c u l o s

    168

    sentido, la quimera curativa de los psicofrmacos se ve asreforzada porque resulta funcional y confortable, tantopara los profesionales como para las personas tratadasfarmacolgicamente, para simplificar la explicacin, elafrontamiento y la solucin de los problemas vitales (tansimple como tomarse una pastilla). Por otra parte, losefectos farmacolgicos desactivadores y tranquilizantes(sedacin, somnolencia, retraso psicomotor, anhedonia,reduccin de la reaccin de atencin, inhibicin de lasconductas de evitacin) de los frmacos que bloquean laaccin dopaminrgica podran convertirse, al menos paralos profesionales, en un poderoso reforzador que potenciela probabilidad y la frecuencia de la prescripcin, la rea-firmacin de la hiptesis dopaminrgica y el enmascara-miento de los graves e irreversibles efectos colaterales delbloqueo neuroqumico.

    No te comprendoEl modelo psicopatolgico dificulta tambin la com-

    prensin de lo que ocurre en los encuentros de comuni-cacin interpersonal entre los profesionales y laspersonas psicopatologizadas, y a los que, por otra par-te, la psiquiatra y la psicologa clnica han hecho a lolargo de la historia incontables y valiosas aportaciones.Pero esa comunicacin se ve afectada cuando lo que enella ocurre es reinterpretado en clave psicopatolgica,cuando el significado dinmico de las experiencias vita-les de la narracin autobiogrfica queda congelado yocluido por la retrica del sntoma: Mi manera de com-prenderte es decirte que padeces una enfermedad, untrastorno, algo que tienes ah dentro, algn desequilibriode tus neurotransmisores. Aunque tal vez esto es tam-bin negarme a comprenderte.Las lecciones de clnica psiquitrica de Krpelin (1988)

    nos muestran cmo el modelo psicopatolgico impidetambin reconocer el impacto de la relacin interperso-nal y del comportamiento de los profesionales en loscomportamientos que son exhibidos en el aula de la lec-cin clnica como quien muestra la coloracin de la piel,una ictericia o una ascitis. Desde la perspectiva del mo-delo, estos comportamientos (protestas, intentos de huir,negativa a cooperara, mutismo) nada tendran que vercon las condiciones en las que esas personas son condu-cidas hasta el aula y con la coaccin y las maniobrashumillantes realizadas por Krpelin (pincharles con agu-jas, echarles agua fra, sujetarlas con fuerza para impe-dirles la deambulacin), sin que ellas puedan eludirlas ysin que sus protestas y su llanto sean tomados en consi-deracin. La profesin de fe psicopatolgica permite en-

    cubrirlas y eximirlas de responsabilidad. Yo no tengoninguna responsabilidad en esos comportamientos, po-dra decir Krpelin, son responsabilidad del estadomorboso, sntomas del trastorno que esa persona pade-ce, como lo podra ser la ictericia de un hgado cirrticoo el esputo de una bronquitis.

    La coartada ideolgica del modelo psicopatolgicoLa ortodoxias del modelo psicopatolgico, al situar en

    una factora cerebral o mental la supuesta entidad de laque brotara directamente el comportamiento patolgi-co, permite pasar por alto las circunstancias vitales queinciden en la aparicin de los problemas psicolgicos, yevitar el anlisis crtico de los procesos de control social yde los juicios de valor por los que algunos comportamien-tos son definidos como anormales, desviados o pato-lgicos. Pero para la teora del control social (Scheff,1999) un comportamiento no es problemtico, desvia-do, anormal o patolgico per se con independenciadel etiquetado que as las denomina. Por eso, cuando sedefine la conducta desviada como un asunto que tiene sucausa en el interior del individuo, se elude el anlisis crti-co del sistema de control social en relacin con el cual fuedefinida como desviada. Al enmascarar de este modo supropia prctica de control y etiquetado social, lo puedeejercer de una manera ms sutil y efectiva. En esa medida, el modelo psicopatolgico y el diag-

    nstico psicopatolgico se convierten en ideologa social(Ribes, 1990), en soporte ideolgico del encubrimientode aquellas circunstancias vitales, lo que le hace ser pre-ferido por el pensamiento poltico conservador y por elpoder establecido (Albee, 1996). Si existen problemaspsicolgicos, si algo no funciona bien, es debido a pro-cesos morbosos de la mente, a fallos bioqumicos del ce-rebro, a la mente enferma, a la psicopatologa. Lasolucin de esos problemas pasa, pues, por curar esapatologa mental, reparar el supuesto desequilibrio bio-qumico: encrguense ustedes de curarles la enferme-dad que padecen, de restablecer la salud mental. En lamedida en que las instituciones sociales invisten as deautoridad y recompensan el acto diagnstico, estn deci-diendo tambin que lo que le ocurre a esta persona esque padece una enfermedad que hay que curar. La quimera del modelo patolgico y del acto diagnsti-

    co, y el espejismo de estar curando enfermedades,aparecen entonces tambin como conductas de evitacinque son reforzadas porque permiten simplificar la arduatarea de comprender y de afrontar la complejidad de lasexperiencias vitales y de los problemas, reducen la an-

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASDESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

  • A r t c u l o s

    169

    siedad que produce la incertidumbre y, por aadidura,ofrecen a travs de la intervencin farmacolgica unasolucin tambin sencilla. Son otras tantas de las mu-chas razones por las que la logomaquia goza de granpoder y respaldo ideolgico, social, institucional y profe-sional, y por las que el cambio de paradigma y la rebe-lin epistemolgica, lgica y tica ha de estar a vecesanimada por un espritu heroico.

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASPara la psicologa, los comportamientos y los proble-

    mas psicolgicos no son un enigma. Son su objeto de es-tudio y sobre l recae todo el vigoroso potencialheurstico y hermenutico del acervo conceptual, meto-dolgico y tcnico de sus paradigmas, con el que anali-za y comprende en profundidad su naturaleza, sugnesis y su significado.

    Un modelo radical, biogrfico y transaccionalEn otros lugares (Costa y Lpez, 2003, 2006, Lpez y

    Costa, 2012), hemos propuesto y desarrollado el ModeloABC que incorpora y organiza en su arquitectura todo eseacervo de la psicologa, y que no vamos a desarrollar enel espacio de este artculo. Baste decir aqu que ABC es unmodelo radical porque va a la raz del comportamiento yde los problemas de comportamiento, y porque, en nues-tra opinin, puede sustentar el cambio radical de para-digma al que nos referamos al principio respecto almodelo psicopatolgico. Es adems un modelo biogrficoporque cada comportamiento y problema de comporta-miento se revela como un suceso biogrfico integral, comola obra de la persona entera que tiene adems una histo-ria biogrfica, nica e irrepetible. Para el Modelo ABC y para los paradigmas de la psi-

    cologa, los comportamientos y problemas de comporta-miento no son emanaciones cerebrales, sino que seengendran como tales en los procesos transaccionalesde influencia recproca entre biografa y contexto en losque cumplen una funcin y tienen un significado. En eseproceso transaccional la biografa personal se hace per-meable al poder activador del contexto y el contexto sehace permeable al poder operante de las acciones de labiografa personal.

    Los delirios no brotan del cerebro ni de unaenfermedadA la luz de esta perspectiva transaccional, el lugar de

    produccin y de origen de una fobia, de un delirio, deuna alucinacin, de una depresin, de una experiencia

    de ansiedad, y de sus significados, no est, pues, en unasede de la biografa. No son sucesos inherentes a la bio-grafa o intrnsecos a los circuitos sinpticos de su cere-bro, no son el efecto de la bilis en el cerebro comoquera Huarte de San Juan o de la congestin cerebralcomo queran Esquirol o Maudsley, ni un desequilibriode los neurotransmisores como quiere la nueva ortodo-xia psicopatolgica. No brotan de algn lugar, como lasangre de una herida, no son una secrecin encefli-ca, como tampoco lo es el lenguaje. Su modo de pro-duccin no es igual al que produce el cortisol en el ejehipotlamo hipofisiario o al que produce la orina en elglomrulo renal. Los delirios no brotan de la enferme-dad como quera Vallejo-Ngera. No son psicopatolo-ga, no pertenecen a la categora de los hechospatolgicos ni de los sntomas.

    Los problemas psicolgicos nacen de lasexperiencias transaccionalesLos problemas psicolgicos son experiencias vitales

    inherentes e intrnsecas a las transacciones entre labiografa y el contexto, brotan de ella, con la compleji-dad de los factores biogrficos y contextuales y de lahistoria biogrfica que las definen, y cuya naturalezaanalizan y explican los paradigmas de la psicologa.Asimilarlos a patologas y a supuestos desequilibriosbioqumicos, superponerles una categora nosolgicaque es tan slo una logomaquia tautolgica, secues-trarles las transacciones y experiencias vitales que sonsu raz, suplantar los circuitos contextuales y transac-cionales por circuitos patolgicos, es negarles su ver-dadera esencia, es desnaturalizarlos. Despojados delsignificado transaccional que los hace comprensibles,no es extrao que, como dijimos antes, a los ojos delmodelo psicopatolgico los problemas psicolgicos ca-rezcan de sentido, sean un enigma.Este carcter transaccional, y muy en particular inter-

    personal, de los problemas psicolgicos no pas desa-percibido para muchos de los representantes del modelopatolgico, entre los que podemos citar a Harry SnackSullivan y a Carlos Castilla del Pino, cuando trataron decomprender el sentido existencial de las experiencias vi-tales. Existen tambin sectores que desde la Psicologa in-

    vestigan y desarrollan su prctica clnica desde unaperspectiva transaccional especficamente psicolgicay que, no obstante, asumen parcialmente y a menudola retrica (sntomas, sndrome, trastorno men-tal,...) propia del modelo psicopatolgico (Vallejo,

    ERNESTO LPEZ MNDEZ Y MIGUEL COSTA CABANILLAS

  • A r t c u l o s

    170

    1998; Labrador, 2008; Caballo, Salazar y Carrobles,2011). Nos preguntamos si no sera preferible obviaresta terminologa para dejar ms ntido el enfoque es-pecficamente psicolgico y transaccional propio delos paradigmas de la psicologa y el planteamientocrtico que ellos mismos hacen del modelo psicopatol-gico.

    Las bases estructurales de la conducta y lasfantasas neuromitolgicasTambin a la luz de esta perspectiva transaccional,

    propia de la Psicologa, han de ser tamizadas las impor-tantes aportaciones actuales de las neurociencias. Losproblemas psicolgicos no son emanaciones del cerebro,pero, como es obvio, sin cerebro, y sin los sistemas neu-roendocrinos que lo vinculan con el resto del cuerpo, nohay comportamiento ni problema de comportamiento.Sin biologa no hay biografa. Negar que los delirios se-an secreciones cerebrales, como quera Vallejo-Nge-ra, no equivale a negar que los procesosneurofisiolgicos intervienen en los delirios. stos y otrosmuchos procesos fisiolgicos, bioqumicos, celulares ygenticos son la base estructural de la biografa perso-nal y estn siempre implicados, como condicin necesa-ria, como copartcipes que habilitan (Rose, 2008) lastransacciones. Las experiencias vitales son, pues, autnti-cas experiencias biogrficas psicofisiolgicas, biocon-ductuales, al tiempo que son tambin contextuales ytransaccionales. Pero, los fenmenos fisiolgicos no sonsuficientes para que se produzca un comportamiento. Labiologa no es la biografa. Para ello, es preciso que seproduzcan las transacciones que penetran la biologa yfecundan su plasticidad. La actual investigacin en el campo de las neurocien-

    cias y de la biologa molecular est haciendo aportacio-nes significativas al conocimiento de los fenmenosneurofisiolgicos, vasculares y moleculares que son co-rrelatos estructurales en los delirios, en las alucinaciones,en las experiencias de estrs, en la depresin, y en todocomportamiento humano. Pero esas investigaciones, pors solas, no aumentarn nuestro conocimiento acerca decmo se aprende el lenguaje o cmo se construyen lasexperiencias de estrs, las alucinaciones o los delirios.No encontrarn en los circuitos neuronales conductasprefabricadas, ni ningn homnculo que las produje-ra, ni ningn fantasma en la mquina (Ryle, 2005),porque no estn all su sede y su causa, porque la neu-rotransmisin y el flujo vascular cerebral no son la con-ducta ni la causa eficiente de la conducta, ni la causa

    de la experiencia problemtica, porque en el cerebrono hay ningn lugar donde la neurofisiologa se con-vierta misteriosamente en psicologa (Rose, 2008:186),

    IR HASTA LA RAZ, BEBER DE LAS FUENTESCreemos que la psicologa con sus paradigmas puede

    aportar una visin crtica de la ortodoxia psicopatolgi-ca y de sus insuficiencias y ofrecer un alternativa paracomprender el significado profundo de los problemaspsicolgicos, recogiendo la rica herencia acumulada porlas disciplinas que desde hace ms de dos siglos han tra-tado de hacer aportaciones a esa comprensin. Pero ir hasta la raz de los problemas supone beber tam-

    bin de la fuente de la copiosa herencia de los paradig-mas de la psicologa que siguen permanentementeabiertos a la luz de la investigacin bsica y aplicada yque reclama fidelidad epistemolgica, tica y profesional.Tal vez ahondar en las races de los paradigmas de la psi-cologa nos permita encontrarnos en un lugar comn, re-conocernos herederos de una larga tradicin en la que seha forjado el acervo conceptual, metodolgico y tecnol-gico de la psicologa y de sus cuatro paradigmas. En eselugar comn, podremos seguir deliberando entre nosotrosy con los profesionales de otras disciplinas acerca de lanaturaleza de las experiencias vitales de las que decimosque constituyen problemas psicolgicos y acerca del valorprctico que pudieran tener los sistemas de clasificacinen vigor de esos problemas, una vez desmontada la meta-morfosis declarativa, la logomaquia que los ha convertidoen patologa, escondida a menudo tras la denominacinpretendidamente neutral pero reificada de trastorno.Creemos que todo esto supone tambin despatologizar

    la psicologa clnica, decir sin ningn rubor que los pro-blemas psicolgicos no son psicopatologa, renunciar ala logomaquia, restituirles su verdadera naturaleza, sugnesis y su significado. Creemos que de este modo es-taremos en mejores condiciones para comprender esosproblemas y ofrecer estrategias de solucin en el seno dela alianza de trabajo de la relacin de ayuda. No obs-tante, despatologizar el comportamiento humano no esuna tarea fcil porque, como hemos visto ms arriba, elmodelo psicopatolgico cosecha beneficios a corto plazoque contribuyen a mantenerlo en vigor. Hemos de elegir,pues, entre estas consecuencias inmediatas ventajosasque se acompaan de los inconvenientes a los que noshemos referido a lo largo del artculo, y las ventajas acorto, a medio y a largo plazo que se pueden derivardel cambio de paradigma que proponemos. Nosotros,por nuestra parte, hemos optado por continuar con un

    DESVELAR EL SECRETO DE LOS ENIGMASDESPATOLOGIZAR LA PSICOLOGA CLNICA

  • A r t c u l o s

    171

    ERNESTO LPEZ MNDEZ Y MIGUEL COSTA CABANILLAS

    planteamiento crtico del modelo psicopatolgico, reivin-dicando el lugar que a la ciencia psicolgica le corres-ponde en la comprensin de los problemas vitales queafligen a tantas personas. Y en ello, vamos a seguir (L-pez y Costa, en preparacin). Este artculo es tambinuna invitacin a proseguir este camino y a continuar eldebate que est emergiendo.

    REFERENCIASAlbee, G.W. (1996). Introduction to the special issue on

    Social Darwinism. The Journal of Primary Prevention,17(1), 3-16.

    Bental, R.P. (2009). Doctoring the mind. Is our currenttreatment of mental illness really any good? NuevaYork: University Press.

    Blech, J. (2005). Los inventores de enfermedades. Cmonos convierten en pacientes. Barcelona: Destino.

    Bays, R (1977). Introduccin a la farmacologa delcomportamiento. Barcelona: Fontanella.

    Bays, R (1980). Una introduccin al mtodo cientficoen Psicologa. Barcelona: Fontanella.

    Caballo, V.E., Salazar, I.C. y Carrobles, J.A. (2011).Manual de psicopatologa y trastornos psicolgicos.Madrid: Pirmide.

    Costa, M. y Lpez, E. (1986). Salud Comunitaria. Barce-lona: Martnez Roca.

    Costa, M. y Lpez, E. (2003). Consejo psicolgico. Unaalianza estratgica para el apoyo, la potenciacin yel cambio. Madrid: Sntesis.

    Costa, M. y Lpez, E. (2006). Manual para la ayudapsicolgica. Dar poder para vivir. Ms all del coun-seling. Madrid: Pirmide.

    Damasio, A. (2010). Y el cerebro cre al hombre. Bar-celona: Destino.

    Follette, W.C. y Houts, A.C. (1996). Models of scientificprogress and the role of theory in taxonomy develop-ment: a case study of the DSM. Journal of Consultingand Clinical Psychology, 64, 1120-1132.

    Frith, Ch. (2008). Descubriendo el poder de la mente. C-mo el cerebro crea nuestro mundo mental. Barcelona:Ariel.

    Gonzlez, H. y Prez, M. (2007). La invencin de tras-tornos mentales. Escuchando al frmaco o al pacien-te? Madrid: Alianza.

    Insel, Th. R. (2010). Rethinking schizophrenia. Nature,11 noviembre, vol 468, 187-193.

    Kahlbaum, L. (1995). Clasificacin de las enfermedadespsquicas. Madrid: DOR, S.L. (Edicin original,1863).

    Krpelin, E. (1988). Introduccin a la cl nicapsiquitrica. Madrid: Nieva.

    Labrador, F.J. (2008). Tcnicas de modificacin de con-ducta. Madrid: Pirmide.

    Lan Entralgo, P. (1987). La enfermedad humana. En A.Albarracn (coord.). Historia de la enfermedad. Ma-drid: Saned.

    Lasgue, Ch. (1994). Del delirio de persecuciones. En F.Colina y J.M. lvarez. El delirio en la clnicafrancesa. Madrid: Dorsa. (pgs 49-77).

    Lpez, E. y Costa, M. (2012). Manual de Consejo Psico-lgico. Una visin despatologizada de la PsicologaClnica. Madrid: Sntesis.

    Lpez, E. y Costa, M. (en prensa). Los problemas psico-lgicos no son enfermedades. Un anlisis crtico de laretrica psicopatolgica. Madrid: Pirmide.

    Maudsley, H. (1991). Las causas de la locura. Madrid:Dorsa (Edicin original, Londres, 1868).

    Moynihan, R., Heath, I. y Henry, D. (2002). Selling sick-ness: the pharmaceutical industry and disease monge-ring. BMJ, 321, 886-891.

    Prez-lvarez, M. (1996). La psicoterapia desde el pun-to de vista conductista. Madrid: Biblioteca Nueva.

    Prez-lvares, M. (2011). El mito del cerebro creador.Cuerpo, conducta y cultura. Madrid: Alianza Edito-rial.

    Ribes, E. (1990). Psicologa General. Mxico: Trillas.Rose, S. (2008). Tu cerebro maana. Cmo ser la men-

    te del futuro. Barcelona: Paids.Ryle, G. (2005). El concepto de lo mental. Barcelona:

    Paids.Scheff, Th. J. (1999). Being mentally ill. A sociological

    theory. Nueva York: Aldine de Gruyter. Schneider, K. (1997). Psicopatologa clnica. Madrid:

    Fundacin Archivos de Neurobiologa. (1 edicin,1946).

    Szasz, Th. (1968). El mito de la enfermedad mental.Buenos Aires: Amorrortu.

    Szasz, Th. (2007a). The medicalization of everyday life.Nueva York: Syracuse University Press.

    Szasz, Th. (2007b). Coercion as cure. A critical historyof psichiatry. Londres: Transaction Publishers.

    Vallejo, M.A. (1998). Manual de terapia de conducta.Madrid: Dykinson, Vols I y II.

    Vallejo-Ngera, J.A. (1971). Introduccin a la psiquia-tra. Barcelona: Editorial Cientfico-Mdica.

    Vila, J. y Fernndez-Santaella, M.C. (2009). Tratamien-tos psicolgicos. La perspectiva experimental. Madrid:Pirmide.

  • os modos de concebirnos como individuos, y deserlo, se han transformado profundamente a lolargo de la historia, tanto como los modos de ver

    el mundo, y de hacerlo. En Occidente, en particular, loscambios se han acelerado desde el Renacimiento y laIlustracin. A partir de la Ilustracin la exigencia de au-tonoma y responsabilidad sobre los propios actos y, porextensin, sobre la vida como un todo, como un procesoen algn grado gobernable, y como una obra personal,no ha dejado de crecer. La subjetividad se ha hecho in-defectiblemente ms densa, por as decir. No ha sido unproceso especulativo sino una realidad prctica, liga-da a nuevas exigencias psicolgicas de organizacin deoperaciones productivas y de autorregulacin del propio

    operador, incluyendo las que tienen que ver con la orga-nizacin del tiempo de trabajo y ocio, con la definicinde la propia identidad con y frente a los otros, con lasmetas de felicidad o sentido vital, y con las pautas dejuicio moral cuando el laicismo ya aparece en el hori-zonte como posibilidad.No ha sido tampoco un proceso lineal ni uniforme. Ha

    habido muy diversos desarrollos a travs de prcticas einstituciones reguladoras de vida: religiosas (transforma-ciones del catolicismo y protestantismo, especialmentedel puritanismo, como aqu vamos a ver), polticas (repu-blicanismo, anarquismo, socialismo, comunitarismos,progresismos, movimientos obreros, etc.), estticas (mo-vimientos estticos en sentido amplio, como el Romanti-cismo), o cientfico-filosficas, especialmente lasrelacionadas con una visin evolucionista de la vida or-gnica y con una visin histrica de la condicin huma-

    LAS RACES DE LA PSICOLOGA POSITIVA

    Edgar Cabanas Daz1 y Jos Carlos Snchez Gonzlez21Universidad Autnoma de Madrid. 2Universidad de Oviedo

    La Psicologa Positiva se apoya en un peculiar modelo de individuo desarrollado en la cultura popular estadounidense desde finalesdel s. XVIII. Este modelo, al que hemos llamado individualismo positivo, arranca con el Trascendentalismo de Emerson y su defen-sa, contra el puritanismo, del individuo como una esencia capaz de autodeterminarse, autoconocerse y desarrollarse ilimitadamente,gracias a que forma parte de la Divinidad. A partir de aqu, nuevos movimientos ms prcticos, como el Nuevo Pensamiento, o elPensamiento Positivo, enfatizaron, a travs de cientos de manuales de autoayuda, el poder del pensamiento individual para impo-nerse a la materia y al mundo y curar directamente la enfermedad, atraer la riqueza y la salud y conseguir la felicidad. Enfoques al-ternativos, tambin genuinamente americanos, como el de John Dewey, criticaron en su momento ese modelo de individualidad yofrecieron alternativas tericas apoyadas en ciertos desarrollos del Funcionalismo y en una agenda poltica diferente. La PsicologaPositiva hoy trata de distanciarse de los aspectos metafsicos ms ostensibles del individualismo positivo, pero mantiene aquellaconcepcin ahistrica, asocial y subjetivista del individuo. Palabras clave: Psicologa positiva, Historia crtica, Individualismo, Individualismo positivo, Trascendentalismo, Nuevo pensamiento,Autoayuda.

    Positive Psychology is based on a particular model of the individual that was developed in the popular culture of the United Statesfrom the end of the eighteen century. This model, that we have called positive individualism, started with Emersons Trascendenta-lism by defending, against puritanism, that the individual, as a part of Divinity, is an essence capable of self-command, self-explora-tion and endless self-development. On this basis, but in a more practical vein and supported by hundreds of self-help manuals,movements like the New Thought or the Positive Thought emphasized the power of individuals thinking over the matter and the worldto mentally cure illness, to attract wealth and achievement, and to self-fulfill the promise of happiness. A critical examination and analternative to this model of individuality was already offered by genuine american academic psychology, such as John Deweys, ba-sed upon functionalist psychology and anti-essentialist principles and guided by an alternative political agenda. Current Positive Psy-chology moves away from the most striking metaphysics of positive individualism, but maintains its ahistorical, asocial andsubjectivist conception of the individual. Key words: Positive psychology, Critical history, Individualism, Positive individualism, trascendentalism, New thought, Self-help.

    Correspondencia: Jos Carlos Snchez Gonzlez. Universidadde Oviedo. Facultad de Psicologa. despacho 223. Plaza Feijoos/n. 33003 Oviedo. Espaa. E-mail: [email protected]

    A r t c u l o s

    172

    Papeles del Psiclogo, 2012. Vol. 33(3), pp. 172-182http://www.papelesdelpsicologo.es

    L

  • A r t c u l o s

    173

    na. La aparicin de las ciencias sociales a finales del S.XIX supone una suerte de materializacin institucionaldel proceso del que hablamos: las ciencias sociales for-mulan concepciones explcitas del individuo en la socie-dad y de su relacin con la evolucin y la historia, peroadems reelaboran las viejas tcnicas para nuevos finesy contextos (militares, laborales, educativos, teraputicos,etc.). Tanto las nuevas teoras como las nuevas tcnicasse propagan y se ejercen, de modo que las ciencias so-ciales comienzan a formar parte activa de ese proceso:las ciencias sociales, que estudian el yo y la sociedad,comienzan a ser transformadoras del yo y de lo social.Adems, las teoras en ciencias sociales, recordemos, noson tampoco unvocas, sino que presentan una dinmicade pelea de escuelas, en conexin ms o menos estre-cha con determinadas cosmovisiones e intereses polti-cos, filosficos, o incluso religiosos. La Psicologa Positiva, tal como vamos a tratar de mos-

    trar, es el ltimo episodio de uno de esos desarrollos his-tricos de la individualidad. Se trata de un desarrollomuy concreto, genuinamente estadounidense, cuyo mo-delo de individuo denominaremos individualismo positi-vo, siguiendo la propia tradicin estadounidense deutilizar el adjetivo positivo (positive thougth, porejemplo), y distancindonos de su pretensin semnticapor medio de unas comillas. El modelo de individualismopositivo no es estrictamente propio de nuestro mbitocultural (espaol, catlico, incluso europeo) pero se hapropagado en l rpidamente. Dos mecanismos cultura-les vertebrales de la modernidad ayudan a entender di-cha propagacin: a saber, una cultura teraputica cadavez ms presente en todos las esferas de la vida cotidia-na, y una nueva cultura empresarial, propia de las nue-vas formas del capitalismo, que impregnaprogresivamente el lenguaje y el imaginario popular(Illouz, 2007, 2010; Marzano, 2012), especialmente atravs de la literatura de autoayuda, de la creciente fu-sin entre el campo de la economa y el de la psicologa,y de la reciente, que no novedosa, propuesta de la Psi-cologa Positiva. La Psicologa Positiva se arropa en undiscurso cientificista como garanta de objetividad y ver-dad de una concepcin universal de lo que es el indivi-duo y los logros que, tambin universalmente, le daranla felicidad y que por tanto deben ser perseguidos. Pa-ra ello propone todo un conjunto de tcnicas psicolgi-cas destinadas a invertir tiempo y esfuerzo en unomismo con el fin de aumentar el propio capital huma-no: sacar partido de las capacidades personales, ges-

    tionar estratgicamente los pensamientos, las emocionesy los afectos positivos, y evitar desplegar los negativos,calificados como perjudiciales. Debido a su tendencia a conceptualizar la individuali-

    dad como algo derivado de una naturaleza humana,como algo que preexiste a su construccin social, la Psi-cologa Positiva defiende una nocin ahistrica y asocialdel uno mismo. La psicologa evolucionista, la socio-biologa, la psicologa cognitiva computacional y hastael psicoanlisis, ejercen tambin, en alguna medida, unaconcepcin ahistrica (ligada al peso que el innatismotiene en ellas, cada una a su modo). Pero lo especficode la Psicologa Positiva es su modo peculiar de planteary desarrollar una serie de rasgos caractersticos del indi-vidualismo positivo, que hemos cifrado en estos cinco: (1) Autocontrol. El individuo, es para s mismo objeto de

    control a travs del pensamiento, donde el pensa-miento se concibe, no tanto como un tipo de accinconectada con la transformacin efectiva de la reali-dad, sino ms bien como una interpretacin subjeti-va, mental, que el sujeto se forma de la realidad, ysobre la que debe operar (tcnicas psicolgicas me-diante) en busca de cambios que mejoren directa-mente su estado de bienestar.

    (2) Autodeterminacin. El individuo se concibe como unser dotado de un conjunto propio de necesidades,deseos e intereses que ha de satisfacer en el caminoa la felicidad y la consecucin del xito propio. El in-dividuo ha de escribir su propio destino, encontrar supropio camino, y recorrerlo a su manera con relativaindependencia del xito y la felicidad de los otros,pues la sociedad se concibe no tanto como el contex-to de sentido donde esto es posible (y se constituyecomo deseable), como el resultado sumativo del des-pliegue de los diferentes intereses de los individuosautnomos y autodeterminados.

    (3) Autoconocimiento. El individuo se entiende a s mis-mo como un objeto a explorar detalladamente y des-cubrir en su vasta riqueza. Ahora bien, en latradicin del individualismo positivo esta explora-cin es principalmente prctica: se trata de cono-cer aquellos modos de pensar y de sentir queconducen a la infelicidad para eliminarlos, y deidentificar y fomentar aquellos que conducen a la fe-licidad y a una vida sana y adaptada.

    (4) Autocultivo. El individuo se ve a s mismo como pro-yecto de mejora y crecimiento. En buena parte de latradicin del individualismo positivo ese desarrollo

    EDGAR CABANAS DAZ Y JOS CARLOS SNCHEZ GONZLEZ

  • A r t c u l o s

    174

    se nos presenta como potencialmente ilimitado. Nose trata de llegar a cambiar el propio modelo de seruno mismo, sino de ser ms y mejor dentro de di-cho modelo. Basta trabajar en uno mismo con cons-tancia y potenciar las propias virtudes y fortalezascon suficiente tesn para lograr un perfeccionamien-to interior incesante y una mejora significativa de laspropias condiciones de vida, y no tanto al revs, estoes, operar sobre las condiciones para que nuestrascapacidades adquieran relevancia y sentido. De nue-vo, en la tradicin del individualismo positivo, estamejora y crecimiento se refieren no tanto a un cono-cimiento desinteresado, universal, que pudiera porejemplo generar angustia, desnimo, perplejidad,conciencia de las limitaciones personales y colecti-vas, etc., como al desarrollo de nuevas prcticas quesigan contribuyendo al bienestar, la felicidad y elxito del uno mismo.

    (5) Auto-responsabilizacin. La bsqueda de la felicidad(salud, xito y bienestar) se convierte no slo en underecho natural, sino en un objetivo universal y,sobre todo, en un imperativo moral. El camino haciaella es exigente: implica una continua autovigilancia,auto-control y mejora del yo. Puesto que la realidady validez de esa felicidad se da por descontada ylas cualidades para lograrla tambin, el nico res-ponsable del xito o fracaso es el individuo.

    La exigencia creciente de autonoma y responsabilidad,ya lo hemos dicho, es algo genrico en Occidente a partirde la Ilustracin. Los rasgos que acabamos de presentarson rasgos que definen de forma peculiar y conjunta el in-dividualismo positivo; son los modos distintivos en queesta tradicin define y justifica el sentido de la autonoma,del autoconocimiento, la autodeterminacin y la responsa-bilidad, as como los modos que tiene de conectarlos conaspectos tales como la salud, el desarrollo personal, elrendimiento profesional, el xito social o la economa na-cional. Nuestra tarea principal en este trabajo ser mos-trar cmo se ha generado en una parte de la culturapopular norteamericana ese modo peculiar de caracteri-zar y ejercer la autonoma y la responsabilidad y cmo laPsicologa Positiva se inscribe en esa peculiar tradicin.

    LAS MLTIPLES CRTICAS A LA PSICOLOGA POSITIVA:SITUANDO EL PRESENTE TRABAJODesde su establecimiento como corriente acadmica de

    estudio de la felicidad, la Psicologa Positiva ha recibidonumerosas y variadas crticas. Ampliando la propuesta

    de Binkley (2011), podramos agrupar estas crticas entorno a cuatro bloques temticos estrechamente relacio-nados entre s. El primero de ellos hace nfasis en una crtica de tipo

    sociolgico e institucional. Bajo la idea de gubernamen-talidad de tradicin foucaultiana y comprometido con elanlisis del papel de la Psicologa Positiva en la produc-cin de subjetividades ligadas a los modos de produc-cin propios del libre mercado, este bloque crticoestudia cmo la interrelacin entre los diferentes agentessociales y culturales (desde las corporaciones, el gobier-no, la academia y las instituciones mentales y sanitarias,pasando por toda una industria de la felicidad, la lite-ratura de divulgacin y de autoayuda, y los programasde televisin, hasta los consumidores finales) configurany extienden determinadas nociones de felicidad y bienes-tar con diferentes propsitos (vanse, por ejemplo, Rim-ke, 2000; Ehrenreich, 2009; Ahmed, 2010; Binkley,2011, y los estudios genealgicos de Foucault ,1988;Loredo, 2005, o Loredo y Blanco, 2011).El segundo bloque de estudios crticos explora la histo-

    ria y estructura conceptual del modelo de sujeto que sub-yace a la Psicologa Positiva. Trata de esclarecer suconfiguracin a travs del sentido y utilidad efectivas quedicho modelo va adquiriendo en las prcticas culturalesnorteamericanas; desvela las influencias religiosas, filo-sficas, econmicas o cientficas con las que se teje y re-teje el modelo, e intenta explicar cmo y por qu laPsicologa Positiva emerge y es asimilada por la culturapopular y acadmica (vanse, por ejemplo, Christophery Hickinbottom, 2008; Becker y Marecek, 2008; Chris-topher, 1999; o Cabanas, 2011). Por un lado, estos es-tudios subrayan el acentuado carcter cultural de lacorriente, destacando su deuda con una tradicin occi-dental concreta (moderna, liberal y dualista), y con un ti-po de ideologa individualista predominantementeutilitarista. Estos mismos estudios rechazan la tesis de lospsiclogos positivos de que su corriente es novedosa,afirmando que lo que ofrece la Psicologa Positiva es vi-no viejo en odres nuevos (Krisjnson, 2012).El tercer bloque crtico con la Psicologa Positiva apunta

    hacia los problemas tericos del propio modelo (argu-mentos tautolgicos, poca claridad conceptual, simplifi-cacin terminolgica, divisin interna entre diferentesperspectivas, etc.) y hacia sus insuficiencias metodolgi-cas (errneas atribuciones de causalidad, falta de msestudios longitudinales, excesiva confianza en el mtodocorrelacional y en los auto-informes, dificultad de la me-

    LAS RACES DE LA PSICOLOGA POSITIVA

  • A r t c u l o s

    175

    dicin de las emociones, etc.), y hace nfasis en las difi-cultades no declaradas que se derivan de la aplicacinde la disciplina (vanse, por ejemplo, Miller, 2008; No-rem, 2001; Held, 2004; Fernndez-Ros y Novo, 2012).Tambin critica la taxativa diferenciacin entre emocio-nes positivas y negativas, as como las perspectivas evo-lucionistas sobre las emociones que adoptan lospsiclogos positivos. Sin tener en cuenta el carcter fun-cional y contextual de las emociones, dicen, los psiclo-gos positivos defienden una clasificacin discreta yesttica de las emociones, minimizando, adems, elcomplejo proceso psicolgico que subyace a la modifi-cacin de las mismas (Lazarus, 2003). Este esquemtico panorama de crticas a la Psicologa

    Positiva sirve para mostrar que, sin duda, las tiene, ydesde muy diversos mbitos de la psicologa acadmica,desde los ms generales (histricos, tericos) hasta losque implican la prctica clnica o la metodologa de in-vestigacin. Sirve tambin para ubicarnos. Si nuestrotrabajo puede contribuir a la clarificacin crtica de laPsicologa Positiva es fundamentalmente en el apartadohistrico y conceptual mostrando, como decimos, cmodesde finales del s. XVIII se ha configurado y propagadoy en qu consiste ese modelo peculiar de individualidadque subyace a la Psicologa Positiva. Respecto al resto delas crticas, Marino Prez desgrana de modo exhaustivolas que aqu slo de pasada apuntamos, y bastantesms, aadiendo consideraciones decisivas respecto a lamuy discutible originalidad, y a las flaquezas conceptua-les, metodolgicas y teraputicas de la Psicologa Positi-va (Prez lvarez, 2012).

    UN PALILLO QUE SE SOSTIENE A S MISMO: SOLOANTE DIOSEl Trascendentalismo de Ralph Waldo Emerson es el

    primer gran movimiento de esta historia. Recogi todoun siglo de agitacin poltica y de liberalizacin religio-sa frente a la visin calvinista del hombre y frente aldogma de la predestinacin (Weber, 2001). Fue tan de-cisivo en la configuracin del pensamiento norteamerica-no que algunos historiadores lo caracterizan como unanueva religin americana (West, 2008, pp.47).Para el Calvinismo, la religin ms caracterstica del s.

    XVIII en norteamrica, el interior, la individualidad,era algo depravado: no haba nada en lo que indagar,nada que mereciera la pena dentro; slo certificara-mos la existencia de la impureza y la tendencia al peca-do. La pauta de esta vida puritana consista ms bien en

    rechazar la tentacin a travs de una autovigilancia im-placable y en huir de ese interior por medio de la en-trega al trabajo. Aunque la laboriosidad puede producirbeneficios materiales, no es se su fin primario, y un dis-frute excesivo es tambin pecaminoso. El destino perso-nal no se creaba a travs del trabajo, ni siquiera selograba con seguridad a travs de una vida piadosa. Eldestino estaba ms all de los actos. Cada ser humanoestaba solo ante su propia angustia, entre los dems,contra s mismo, bajo un Dios riguroso, sin seguridad ensu salvacin.Emerson reformul por completo el dogma puritano y

    proclam que la primera mitad del s. XIX sera la erade la primera persona del singular (Mott, 2000). Noestaba solo en la revuelta. Walt Whitman o el resto deromnticos norteamericanos volvan tambin su miradaal individuo como un valor en s mismo. Emerson inte-gr un conjunto asombrosamente heterogneo de in-fluencias (neoplatonismo, las ideas de Swedenborg,pinceladas de hinduismo, romanticismo ingls, la ticade la laboriosidad de Benjamin Franklin, la religinunitarista...) entre las que se encuentra una lectura suigeneris de Kant, de quien tom el trmino trascenden-tal para nombrar a su movimiento. El Transcendenta-lismo hizo nfasis en el mundo espiritual que todohombre deba cultivar, precisamente porque vio al indi-viduo como una parte de la divinidad, no como algoajeno a ella. Pero la frrea tica puritana no desapare-ci. Emerson enfatiz ms que nunca la insistencia enel autocontrol y la autovigilancia tpicas del puritanis-mo y de la tica de Franklin, no ya frente al pecado ola pereza, sino al servicio de la imperiosa necesidadde realizar esa divinidad potencial que el individuocontiene por medio del crecimiento individual: la po-tencia espiritual y las virtudes de cada hombre se cons-truan mediante el constante cultivo de uno mismo(self-culture, en expresin de Emerson), el cual exigatanto el buen y racional conocimiento de s (self-ex-ploration) como del correcto y exhaustivo autodominio(self-command). Segn el Trascendentalismo el uno mismo era como

    un crculo en constante expansin que se desarrollaba atravs del control y la puesta en prctica de sus virtudespersonales. No hay virtud que sea final; todas son ini-ciales, adverta Emerson (citado en Robinson, 2000,pp.165), enfatizando el hecho de que el uno mismonunca estaba acabado, y avisndonos tanto del peligrode la autocomplacencia como del deber moral de crecer

    EDGAR CABANAS DAZ Y JOS CARLOS SNCHEZ GONZLEZ

  • A r t c u l o s

    176

    como individuos (op. cit.). Tener plena confianza en unomismo era requisito imprescindible para crecer (Mott,2000).Adems, para Emerson, al igual que para toda la tra-

    dicin utilitarista que l mismo adapt a su metafsica, elindividuo es un ser con capacidades naturales para au-todeterminarse con absoluta independencia de cualquierorden social. A principios del s. XIX esta idea de autono-ma impregnaba la cultura popular norteamericana. Me-nand (2001) la describe con una metforaesclarecedora: el individuo como un palillo que se sos-tiene a s mismo.

    SALUD Y FELICIDAD A TRAVS DEL PENSAMIENTOAl abrigo del romanticismo norteamericano y del Tras-

    dencentalismo de Emerson surgieron varios movimientos;muchos de ellos se agruparon bajo el trmino NuevoPensamiento (1875-1920). A pesar de sus diferencias(para un anlisis en profundidad vase Satter, 1999), to-dos ellos compartan posiciones anti-materialistas y espi-ritualistas, de base religiosa, as como un conjunto deprcticas en comn: el Nuevo Pensamiento defenda queel mundo mental o espiritual era una esfera con entidadreal, mientras que el mundo material, el de la vida dia-ria, era una creacin de la mente. Defenda, como Emer-son, que el individuo era un ser dotado de poderesdivinos y creativos con los que poda transformarse a smismo y al mundo que lo rodeaba. Y sostena que si laspersonas eran capaces de ignorar la informacin falsaque proceda de los sentidos y controlaban plenamentesus pensamientos a travs de su ejercitacin constante,seran capaces de curar sus males, controlar sus deseosy crecer espiritualmente. La metafsica del Nuevo Pensa-miento sigue siendo hoy en da enormemente popular,como se puede apreciar en influyentes best-sellers norte-americanos del gnero de la autoayuda, tales como ElSecreto, lder en las listas de ventas en pases comoEEUU, Argentina o Espaa; o en populares talk-showstelevisivos en EEUU como el de Oprah Winfrey.En sus comienzos el nacimiento del Nuevo Pensamiento

    fue motivado por la proclamacin de una nueva era delmujer desde la cual romper con la taxativa divisin degnero caracterstica de la era Victoriana (la cual, apo-yada por la ideologa del darwinismo social, atribua elintelecto y la racionalidad al hombre, y despreciaba laemocin y la irracionalidad atribuidas a la mujer) yconstruir un nuevo paradigma de la mente humana, laespiritualidad, y la liberalizacin del deseo. Pero a prin-

    cipios del s. XX este movimiento fue adquiriendo com-promisos crecientes con las ideas, ya tan populares en lacultura norteamericana, de la autodeterminacin, la mo-vilidad social y el xito personal. Sin duda el Nuevo Pen-samiento contribuy decisivamente a la crecienteemocionalizacin del individuo (clave en el desarrollode las nuevas subjetividades liberales, como se puedeconstatar en Illouz, 2007), y a la gestin de la delicadatransicin psicolgica desde un capitalismo industrial do-minado por la produccin, el ahorro y el sacrificio, hastaun capitalismo de consumo dominado por el nfasis enel gasto, la satisfaccin del deseo y la gratificacin per-sonal. Como muchos historiadores de la dcada de los60 y los 70 han sealado, esta ideologa termin convir-tindose en una religin del xito, del consumo y de lamovilidad social (Meyer, 1965).El Nuevo Pensamiento se afianz culturalmente gracias

    al rotundo xito que cosech como terapia alternativapara uno de los problemas ms graves y extendidos enla sociedad norteamericana de la poca: la neurastenia,una enfermedad del nimo (anhedonia, depresin)con correlatos somticos (agotamiento, cansancio, debi-lidad, alteraciones del sueo) que afliga severamente alas clases medias y altas. Al contrario que la medicinatradicional de la poca, el Nuevo Pensamiento proponatcnicas psicolgicas basadas en el poder curativo de lapalabra y en la idea de transferencia mental entre elsanador y el paciente. Ejercicios tales como (1) el escruti-nio del propio pensamiento en busca de creencias quefueran las causas de nuestro malestar, (2) el rechazomental de cualquier molestia o dolor procedente delcuerpo, (3) el entrenamiento de la imaginacin para ge-nerar sensaciones agradables y para explorar los pro-pios deseos; (4) la auto-repeticin de afirmacionespositivas para ahuyentar a la negativas, (5) el rezo; o(6) el ejercicio de la gratitud y el perdn, eran de usocomn entre los autores del Nuevo Pensamiento. Ms all del tratamiento de la enfermedad, el Nuevo

    Pensamiento tambin desarroll una particular visin deuno de los ideales centrales de la cultura estadouniden-se: la felicidad. Con una vena cada vez ms prctica yaplicada, conceba la gestin del conocimiento y delmundo afectivo y emocional como una herramienta des-tinada a la consecucin de aquello que fuera til parapotenciar el bienestar individual (Dresser, 1919). El Nue-vo Pensamiento, igual que el Trascendentalismo, defen-da que el verdadero intelecto es aquel que se dirigehacia uno mismo, hacia el crecimiento y el progreso

    LAS RACES DE LA PSICOLOGA POSITIVA

  • A r t c u l o s

    177

    del propio individuo. Para autores como Phineas Park-hurst Quimby la felicidad del hombre est en s mismo,no en el desarrollo de la nacin, el progreso social o elafianzamiento de la libertad: el hombre es el inventorde su propia miseria y su felicidad es el resultado desus propias creencias (Quimby, 2008). La salud y la fe-licidad dependan de uno mismo, y se lograban gestio-nando creencias, actitudes y deseos.

    NUEVO PENSAMIENTO Y CAPITALISMO DECONSUMO Como decamos, un aspecto crtico para el viraje del

    Nuevo Pensamiento fue la paulatina transicin desde elcapitalismo industrial al capitalismo de consumo. En laprimera dcada del s.XX, toda una nueva generacin delderes del movimiento comenzaron a liberalizar la cues-tin de la represin del deseo y a relacionar el mbitoafectivo y emocional con la adquisicin de riqueza. De-fendan que tanto hombres como mujeres eran seres do-minados por la satisfaccin de los propios deseos, y quela mujer deba aspirar a ser un individuo tan autnomoy tan autodeterminado como el hombre. El medio pararealizar ambas, decan, era sin duda la independenciaeconmica. Una de las pioneras de este cambio fue He-len Wilman (1831-1907), cuyo bestseller The Conquestof Poverty (1899), cre una corriente a la que se unie-ron posteriormente autores como Wallace Wattles(1860-1991), Elizabeth Towne (1865-1960), WilliamAtkinson (1862-1932), Orison Swett Marden (1850-1924) o Charles Fillmore (1854-1948). Todos ellos pen-saron que si la doctrina del poder mental habapodido ayudar en el restablecimiento de la salud, tam-bin poda hacerlo con la consecucin del xito, inte-grando en sus textos las ideas del Nuevo Pensamientocon el nuevo lenguaje de la psicologa y de la gestinempresarial.En las primeras dcadas del s. XX, muchos hombres de

    negocios comenzaron a ver que la expansin empresa-rial requera de una creciente clase media que dierarienda suelta al consumo y a la satisfaccin de los dese-os, algo hasta entonces principalmente relegado a un rolfemenino. Gracias a la entrada del lenguaje psicoanalti-co del subconsciente y de las pulsiones humanas, el f-rreo control de los aspectos afectivos y emocionalespoda ser visto ahora como represin, y por tanto comoalgo innecesario e insano. As, el individuo hidrulicofreudiano fue utilizado tanto por las nuevas necesidadesde consumo como por los nuevos autores del Nuevo Pen-

    samiento para justificar la necesidad de liberarse de vie-jos prejuicios y de realizar el deseo: era la forma mssaludable de vivir. No cabe duda de que la gestin emo-cional y afectiva, uno de los signos ms sobresalientes ysignificativos de la modernidad, ha jugado un importan-te papel en el avance del capitalismo de consumo. Comodice Eva Illouz, las prcticas y los discursos emocionalesy econmicos se configuran mutuamente produciendo unamplio movimiento en el que el afecto se convierte en unaspecto esencial del comportamiento econmico y en elque la vida emocional, sobre todo la de la clase media,sigue la lgica del intercambio y las relaciones econmi-cas (Illouz 2007, pp.19-20).En la dcadas de los aos treinta y cuarenta, un crtico

    observador de la sociedad americana, John Dewey, se-alaba que consumir todo lo posible se haba convertidoen una obligacin econmica tan acorde con aquellapoca como lo fue el ahorro en la etapa de Franklin. Dehecho, se defenda que quien gastaba sin demasiadosmiramientos no slo acrecentaba sus posibilidades dedesarrollo, sino que estaba cumpliendo con su obliga-cin para con la economa, transfiriendo sus plusvalaspersonales al rendimiento global en el que podran serreutilizados con el mximo nivel de efectividad (Dewey,2003, pp. 80). La demanda sobre la liberalizacin deldeseo, cuyo motivo era inicialmente emancipatorio, ter-min por desembocar en la principal fuerza ideolgica yproductiva de un sistema econmico cada vez ms des-regularizado (Honnneth, 2004, pp 475), en el cual laexperimentacin constante a travs del consumo, el im-perativo del desarrollo personal y el ejercicio de una vi-sin optimista sobre el mundo que nos rodea comomedio para alcanzar la felicidad individual adquierenvalores centrales. Como destaca R.Reich, el optimismose transfiere a nuestra economa, sien-

    do una de las razones por las que somos una nacin deinventores y pensadores, de innovadores y emprendedo-res [as como] tambin explica por qu nos gastamostanto y ahorramos tan poco: nuestra disposicin a en-deudarnos y seguir gastando est ntimamente relacio-nado con nuestro optimismo (citado en Ehrenreich,2009, pp. 181, traduccin nuestra).En 1936 Fillmore, uno de los autores ms destacados del

    viraje del Nuevo Pensamiento, pregonaba en sus libros ysermones que todo el mundo poda ser rico si crea en ellolo suficiente; si controlaba sus pensamientos y los encami-naba hacia ese fin. Para l los ricos haban llegado a serloporque sus ideas de abundancia estn tan arraigadas en

    EDGAR CABANAS DAZ Y JOS CARLOS SNCHEZ GONZLEZ

  • A r t c u l o s

    178

    sus pensamientos que son ya parte de ellos mismos. Parael aspirante a enriquecerse es necesario, pues, un escru-puloso proceso de indagacin en uno mismo (autoconoci-miento), una estricta reeducacin de las emociones, lasactitudes y las ideas (autocontrol) que conduzca a unatransformacin del yo profunda y estable pues, de otromodo, la gente que se hace rica de repente, sin construiruna mentalidad de prosperidad pronto pierde su dinero(Fillmore, 1936, citado en Meyer, 1965, pp. XX). TheOptimistic Life (1907), How to get what you want(1917); Ambition (1919) o Prosterity, how to attract it(1922), fueron ttulos caractersticos de estos autores y deeste nuevo gnero que ya no dejara de crecer a lo largodel s. XX. Su discurso promova la autoconfianza en el po-der personal y el optimismo, e invitaba a la inversin y elconsumo, claves de la prosperidad de aquel tiempo. As,con el crecimiento de la clase media se extendan estos va-lores de prosperidad y xito para un individuo que se in-terpretaba a s mismo desde las categoras propias delindividualismo positivo. Uno de los ms destacados personajes de esta saga fue

    el empresario republicano Norman Vincent Peale (1898-1993). Acu la expresin pensamiento positivo quepronto se populariz. Su libro El poder del pensamientopositivo (1956) , que fue el libro ms vendido de lapoca despus de la Biblia, era un manual de autoayu-da que defenda el poder del pensamiento y daba ins-trucciones para disciplinarlo y condicionarlo: laeliminacin de los pensamientos negativos y la repeticinconstante de los positivos acabara automatizndose detal modo que el comportamiento del individuo, su visinsobre s mismo, quedara transformada (Peale, 2006).En la obra de Peale puede apreciarse una mayor canti-dad de lenguaje cientfico, en busca de una respetabili-dad acorde con los nuevos tiempos. En realidad era unajerga eclctica. Peale mezclaba el lenguaje psicolgicodel subsconsciente, del condicionamiento, del aprendiza-je, de las atribuciones, de las actitudes y dems termino-loga dominante en la psicologa acadmica, todo ello alservicio de la metafsica del Nuevo Pensamiento. A estas alturas al norteamericano seguidor de estos

    manuales le haba quedado claro que el nico capaz decuidar de l y de conocerle era l mismo, y que el triunfoo el fracaso personales eran una cuestin exclusiva demrito o demrito individual. El creciente nmero de pre-dicadores, pseudopsiclogos, coachers y empresariosseguidores de estas ideas pregonaron sin tapujos que lariqueza, tanto como la pobreza, eran, en realidad,

    condiciones voluntarias: no eran las condiciones socia-les y polticas las que, estructuralmente, hacan ricas opobres a las personas, sino la buena o la mala gestinque cada cual haca de uno mismo, de sus pensamien-tos, conductas y actitudes. Quien no era feliz y prsperoera, bien porque no segua al pie de la letra los consejosque estos poseedores de la llave de la felicidad y el xitoles ofrecan, bien porque no quera. Un paralelismo lla-mativo lo encontramos en muchos psiclogos positivoscuando sostienen que la ciencia ha sido capaz de cons-truir los cristales correctores que nos pueden ayudar aencontrar...esa pequea isla denominada felicidad...:decidir usarlos depende slo de ti (Vzquez y Hervs,2009, pp. 252).Especialmente en el mundo empresarial, tal como expli-

    ca Michela Marzano, estas ideas acabaran conforman-do a final del s. XX el discurso dominante porexcelencia, estableciendo en la propia conciencia deltrabajador la principal instancia de control y vigilanciaempresarial, y logrando que el asalariado se adhiera deforma voluntaria a su propia servidumbre: es el indivi-duo (el trabajador, sea ejecutivo o empleado) el que, demodo autnomo y espontneo, debe sentirse totalmenteidentificado con los objetivos de la empresa, aunquecambien constantemente; el que debe mantener una sa-na competitividad con sus compaeros, limitando la con-fianza y la ayuda mutua; el que debe vivir la empresacomo un espacio de auto-realizacin y desarrollo de suscompetencias; el que debe reprimir todo pensamiento yactitud negativos, es decir, divergentes con los objeti-vos marcados; el que debe realizar su trabajo con origi-nalidad y autonoma, aunque los objetivos y calendariosfijados por la empresa no sean discutibles; el que debeestar dispuesto a la flexibilidad y al sacrificio en nombrede su propio xito; el que debe integrar el trabajo comoaspecto central de su proyecto vital, aunque est expues-to continuamente al despido; y, en tal caso, el que debetomar el despido como otra nueva oportunidad de desa-rrollo personal asumiendo su exclusiva responsabilidaden l (Marzano, 2011).

    PSICOLOGA POSITIVA: PRCTICAS SECULARIZADASDE LA FELICIDADA lo largo de este viaje por la formacin y desarrollo

    del individualismo positivo hemos visto aspectos quecambian radicalmente, adaptndose a las nuevas condi-ciones sociales, y otros, ms de fondo, que no cam-bian tanto. La sombra consideracin puritana

    LAS RACES DE LA PSICOLOGA POSITIVA

  • A r t c u l o s

    179

    ciertamente se invierte y se lleva al extremo opuesto,donde el uno mismo, a travs de su pensamiento, si-guiendo instrucciones sencillas, es capaz de todo, inclusode lograr su propia salvacin laica: conquistar la salud,el xito social y la riqueza. Sin embargo, la considera-cin de ese uno mismo como una entidad primaria,ajena e independiente de los dems, es decir, como unaesencia, permanece. En el caso del puritanismo la justifi-cacin es evidente: cada alma es un destino, y todo lodebe a dios, no a los otros. En el Trascendentalismo y enel Nuevo Pensamiento la justificacin es similar, perovuelta hacia su polo positivo: no somos esencias marca-das por el pecado, sino partes luminos