Un Hombre Muy Miserable Llamado Gonzalo

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Cortes de Tolosa Juan

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  • Un hombre muy miserable llamado Gonzalo Juan Corts de Tolosa

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    [Nota preliminar: edicin digital a partir de la edicin de Lazarillo de Manzanares, con

    otras cinco novelas, Madrid, Viuda de Alonso Martn, 1620, y cotejada con la edicin crtica de Guiseppe E. Sansone, El Lazarillo de Manzanares con otras cinco novelas, Madrid, Espasa- Calpe, 1974, II, p. 197-235, cuya consulta recomendamos. Hemos seguido los criterios de actualizacin empleados en esta ltima edicin.]

    ***

    Naci Gonalo en la ciudad de los Camaleones. Fue hijo de otro Gonalo, presidente en este gnero de animales, y de doa Aldona, a quien su marido convirti en camaleona. Cuyo padre de nuestro Gonalo meritssimamente ocup el primer lugar de miserable, tanto que hizo verdad la opinin de Aristteles cerca de los que son avisados, afirmando no engendrar stos hijos que lo sean, porque, divertidos en sus negocios o en cosas de ingenio, estn en aquel acto tan ocupada la imaginativa que no tiene la materia de que se forman suficiente capacidad para que el hijo sea otro ellos, porque estuvo tan en s como del efecto se puede entender, pues sac a luz el inventor de la hambre, que, si en algo no le pareci, fue en ser ms miserable que l.

    Muri este tal padre de ahto como los estreidos de cmaras, hazindose para ello del ojo la muerte y el tiempo, cansados los dos de un hombre para nada bueno, muy flemtico y de aqullos que aun no responden, encargndoles algn negocio, harlo, que es camino de mi casa; cuyo instrumento, en solos quatro das, fue un hartazgo en un combite que un amigo, rezin venido de las Indias, le hizo, porque era cnico en su casa y Epicuro en la agena. Por cuyo medio qued hurfano Gonalo de padre y madre, viudo y con quatro hijos que al presente tena; porque la madre vivi tassadamente el tiempo que en el mundo estuvo. Un criado que sus padres tuvieron, del qual se pudo dezir que si l ava comido su pan que tambin ella comi el suyo, pues sirviendo en otra parte de escudero la traa la mitad de su racin, con que haza llevaderos tantos trabajos como de la casa de un avariento se puede entender. La pobre moa se vio en religin tan estrecha, que ni la calavan ni davan de comer: rindise haziendo lugar a una Mara, muger segunda de nuestro Gonalo, a quien yo conoc.

    Fue tan avariento que pudo gozar la preeminencia de la ley ad bestias, porque, determinndose por ella que los hombres excelentes en sus oficios no puedan padecer pena de muerte salvo en ciertos casos, siendo el ms aventajado de todos, era fuera hablar en su

  • favor. Quin duda sino que avr quien diga: est bien esso, pero la miseria no es oficio? S, es, respondo yo, pues della coma, vesta y calava l y su casa. ste fue el inventor de atar el aafrn en un paito y ponerlo un momento en la olla, el que galopeava el tozino en el hervor della, el que at los gatos a la hora del comer.

    Y porque el retrato de hombre tan insigne es muy justo est estendido por el mundo, digo que era alto, blanco, muy flaco, los ojos aules y hundidos, y hundidas las sienes, la frente preada, las narizes grandes con un poyo en medio para los antojos, calvo y macilento, ao: hombre que no es menester para provocar los desganados de comer ms que ponrsele delante, con lo qual se ahorravan vinos de agenjos y otras cosas que a tales enfermedades se aplican, porque Gonalo era hambre, sed y, por su mucha imprudencia, cansancio, no aprovechndose de muchas cosas que saba acompaadas de buenas letras.

    Esto es lo que toca a la persona, y si el vestido del criado dize quien es el seor, el propio que el seor trae encima mejor dir quien es, particularmente sabiendo no es pobre. O, si acertasse a pintarle! Usava ms ordinariamente de una sotanilla por mitad como tierras de pan llevar, los quartos delanteros de vayeta, traseros autem de bocac, cuyo herreruelo jams tuvo conformidad con su esposa la sotanilla por ser ocho dedos ms larga que l, de que no poco corrida estuvo vindose los pies de fuera, porque era una vieja honesta. Vestido pareci echo en la dotrina. No se quex el herreruelo que no se le trat con justicia, pues una semana anduvo el un lado sobre el un hombro y otra sobre el otro, pareciendo yzquierdo todo aquel tiempo. Los cuellos destas dos buenas pieas no permitieron gozassen del ayre las abrigadas orejas. El que a la garganta traa, que era o de run o de olanda de aroca, dava otros nudos a este enredo: tena poquitos anchos abiertos con los dedos, que pareca cuello de figura de piedra.

    El sombrero era alto, dos o tres dedos de falda, tan ancho de arriba como de abaxo y quebrado de esquinas. Los calones fueron agora sesenta aos de pao de mezcla: ya por su mucha antigedad no se rompan, como gregescos de bien, antes, como hebras de bien cozida cezina, se dexavan caer. El jubn fue de tafetn en tiempo de los Reyes Catlicos: ste no tena de jubn ms que el fomes peccati, con unos pedazitos de tafetn, que, visto de lexos, por descubrirse los forros blancos, pareca de chicha y navo. De los estremos de apato y media pondere el piadoso letor: como en razn de la liberalidad de su dueo, considere estremo.

    ste fue el trage de los das de trabajo. El de los de fiesta era mucho ms apetitoso para olvidar una melancola. Gozava entonces de la claridad del da la de terciopelo con quatro dedos de faldilla, ms rada que una muger deshonesta, a quien acompaavan unas calas atacadas que el conde don Peranules hizo para cierto desposorio. stas estavan empapeladas todo el tiempo que no se usava dellas. Tenan delante siete o ocho fajas y, en lugar de las que detrs ava de aver, cosida una faldriquera que pareca luna en creciente; largas adems, tan sentidas de la sinrazn de tenerlas tanto tiempo en tan trabajoso mundillo que a qualquier ocasionzita se despedan. Como moas gallegas dexvanse caer, que digamos, y tan como moas gallegas se despedan que, ans como ellas no se van con las manos en el seno, ans stas se llevavan parte de las entretelas. Bien pudieran los muslos, a tener con que dezir loro y otras cosas que los papagayos dizen, pues estavan enxaulados y se podan ver sin que los pocos o a trechos aforros lo tuviessen por mal. El herreruelo, en tiempo que los traemos tan largos que ms parecen manteos, aun no los cubra. Las mangas eran de tafetn que doze aos antes le vendieron de lance: stas se pona con calador.

    El que en casa usava an era ms gracioso que stos, porque una ropa cachera aul que le sacavan se compr quando la prdida de Espaa; sta tena tantos remiendos echados de cosa vieja de la misma color (porque deza s fuessen de nuevo se llevaran tras s lo restante de la

  • ropa, y ans, en lugar de tapar uno, descubriran muchos) que, si pusiessen en un corral al dueo y a ella, era certssimo llegar en breve tiempo gran cantidad de dinero.

    El vestido de los muchachos bien se podr entender qual fuesse. Slo dir que, como les comprava calones y ropillas de lance, y les venan grandes, por no gastar se lo pona como lo huvo, de manera que parecan muchachos de ciegos, que siempre van con unas ropillas que pueden servirles de herreruelos. La pobre de la muger tena una ropa ceida casi como la de su marido: fue muger de gran memoria, pues se acord por donde se ava de poner la basquia. No he visto yo chapines como los suyos, pues por su gran antigedad, tenan dentro del mismo corcho cascabeles, cuyo color era el de unos guadameces ranciosssimos. En entrando en casa, ans l como los dems, se ponan unos bonetes colorados que les cubran las orejas: todo lo qual, y lo dems que refiriere, vi por un agujerillo que en un desvn hize.

    Puestos en esta forma salan luego hijos y muger: ellos davan cuenta de lo estudiado y ella all delante haza labor. No pecava Gonalo ms que en el modo de disponer las cosas, llevando siempre delante la miseria, cosa que tanto dao le hizo, que lo dems, ans se huviessen en otras partes, por su persona. Enseava y dotrinava sus hijos, y el ms traviesso con mayor cuydado. Rease mucho de los padres que, no pudindolo sufrir ellos que los engendraron, queran que los sufriesse otro: de a deza muchas vezes nacer la perdicin de tantos.

    Ellos sacavan sus libros y l o unas ciruelas o otra qualquier cosa, con lo qual eran premiados si davan buena cuenta o en la nueva lecin repetan bien. Deza ser el premio el anuelo de la virtud y que tena por sin duda no passar adelante en ella si l faltasse. Deza muy bien, pecador de m! Si, despus de cansados, los muchachos no vean algn galardn, otro da se descuydaran: es menester que al trabajo se siga el premio. Muy bueno fuera que, cansados los rapacejos en madrugar y trasnochar, les metiera luego a pleyto el tan devido almuero. No seor, con justicia procedi en esso Gonalo: el que saba bien llevava almuero y de presente alguna cosilla de lo que all estava, y el que no, aunque todos eran sus hijos, no por favor se le dava lo que no mereca.

    Bien pudiera escusar su persona del bonete, mas deza que lo propio que enseava ava de obrar; y, ans l como los dems, si ava de mudar un vidro o un plato de una parte a otra, yvan diziendo, en alta voz: No se me cayga, no se me cayga. Deza padecer pocas vezes el dao el temeroso dl y que, cubiertas las orejas de los muchachos porque no se divirtiessen, era sin duda no quebrar lo que en las manos llevassen. Est esso muy bien, pero vuestra muger, por qu ha de ser comprehendida debaxo de esse precepto? Porque, seor, yo os lo dir: qu nos faltava a los maridos si nos cupiessen en suerte mugeres sin necessidad de ser enseadas? Antes tenemos mayor trabajo, porque hemos de trabajar en que olviden lo que saben y luego ensearlas de nuevo.

    Leales gramtica, y yo tambin la oa desde mi agujero, que pocas vezes sala de casa, porque en ella tena entrems con lo que en el quarto de Gonalo passava, y comedia con su msica con otras dos vezinas que dentro de casa vivan, de quien tambin brevemente he de hablar. O, qu tales preceptos les dava de camino! Tal vez sucedi tratar de la amistad, sobre aquello que Cicern dize: Mi amigo es otro yo, que les dixo:

    -Pues, cmo haremos, hijos, que mi amigo otro yo sea? Mirando primero quien es este amigo o quien ha de ser, advirtiendo que no sea mucho ms que vosotros, porque entonces os pondrys una carga a cuestas; serys feudatarios y nunca cobrarys, sern vuestros amigos estando solos o mientras os ayan menester, y, despus, conocidos. De manera que, para que mi amigo sea otro yo, es menester aya ygualdad, que crece entre ellos el amor. Y aunque esto se haga, no luego les avys de descubrir el pecho, porque el amigo y el vino han de ser anejos.

  • Otra vez le vino a la mano aquello que Cicern respondi a un hombre que le traa a la memoria la humildad de su linage, que fue dezir: Yo con mi virtud he dado honra a mis mayores, mas t la que adquirieron cubriste con tinieblas.

    -O, qu bien dixo! -repiti algunas vezes-. Mucho mayor es la honra que una persona adquiere por sus partes, que la que por sus padres le dan. Acurdome que, siendo moo, estuve presente a ciertas pesadumbres que un hombre a otro deza, entre las quales una dellas fue: Que aya sabido este hombrezillo de nada averse hecho algo. Respondile l con mucha flema: Que aya sabido este prncipe de algo averse echo nada. O, qu bien le dixo! Bueno es que los padres dexen a sus hijos todo lo que ellos honestamente pudieren, pero gran gloria es averlo ganado con su virtud y diligencia, sabiendo despus guardarlo, que es ms que adquirirlo.

    Mientras esto se deza uno de los muchachos llamado Gilillo, el ms traviesso y el ms necessitado de comer, por tener mayor calor hizo del ojo a una de las ciruelas de tomo y lomo que junto a su padre estavan. Dezala con los ojos tantas ternezas que, condolida y obligada, por su propia virtud, sin ayuda alguna, se fue llegando a Gil; y, como no pudiesse echarla la mano, la mir con tal efecto y tanta fuera hizo en meter la respiracin adentro que la traxo a s. Apenas la tuvo en sagrado, quando se le mand repitiesse los dos lugares que dicho les ava. Gil quiso dissimular su golosina fingiendo un desmayo, mas el cauteloso padre, antes de tomarle el pulso, cont las ciruelas, porque deza que, para acertar, se avan de echar las cosas a la peor parte, particularmente las de semejante gente: y, como lo averiguasse, fue aotado crudamente Gil.

    Preguntava Gonalo a su muger:

    -Qu os parece, seora, del traviesso diablillo? No le condenava ella de voluntad, porque era tal su hambre que, a trueco de comerse otra, llevara otros tantos aotes. Gil no los sinti, porque el suavssimo almvar de la ciruela le olvidava del dolor dellos. sta fue consumida sin poner de su parte las muelas el acostumbrado trabajo, que el calor que del estmago suba era suficiente a ello, aun en cosas de mayor consideracin; ni el hueso quiso escupir, por tragar algo ms.

    En esto se hizo hora de comer y pusieron la mesa, acudiendo cada uno al oficio que se le ava encargado. Sentronse a ella y pareca la tabla de monos que de Flandes viene: todos con sus bonetes y el padre dellos con antojos. No fue oda ni vista la comida. l sac un jarro en que tena un poco de vino tapado con un pao a manera de bola, que, por averlo tenido algunas vezes tinto y participado dl, pareca bola de jaspe. Pona nuestro Gonalo la mano debaxo de la barba para que las migajitas no se le escapassen (no hablavan quando coman), destapava su jarro y beva lamiendo despus la gotilla que en la boca dl hava quedado.

    Ya yo estava cayndome de hambre de ver lo que all passava. Baxme a mi quarto, a cuyo pie de escalera estavan dos vezinas que otros ocupavan, la una baylando sin son, slo con su sombra y la otra hablando con la que baylava sin que la oyesse nada de lo que la deza. Luego que dellas fuy visto, me cogieron del brao: la una me pidi la ayudasse y la otra me cont un sucesso de una su amiga. Por cortesa estuve un poco con ellas, mas, como la necessidad que yo llevava fuesse inclinada no a baylar ni a or qentos, las ped licencia. Fuyme y ellas tras m, baylando la una y hablando la otra.

    Yo era recin entrado en aquella casa y, como tal, me admir de lo que en ella ava, porque, si dixe era comedia y entrems, dixe bien, conocida la casa de Gonalo y la de mis vezinas. La una traa feria de hablar, hablando en unas partes y llevando de aqullas que hablar en otra: relatava todo quanto en el mundo ava sucedido desde el principio dl,

  • sabiendo quantos platos coma el gran Turco y como es servido el Preste Juan; la otra taa y baylava con una harpa. Entrme en mi aposento, mas no por esso me dexaron, ni me dexaran s sus maridos no vinieran.

    Furonse con ellos y yo, acabada la comida, me sal a la puerta de la calle, donde fuy acompaado de un buen viejo, escudero de la que baylava. ste me pregunt cmo me yva en la casa, ofrecindoseme en todo lo que le quisiesse mandar, y, con poco pie que le di, me c...