Libro Alicia

Download Libro Alicia

Post on 15-Jul-2015

367 views

Category:

Documents

2 download

Embed Size (px)

TRANSCRIPT

<p>Somos Nuestra MemoriaReminiscencias de Alicia Duran de Koppel Koppel</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>3</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>PrlogoTodo libro que se respete debe tener un buen comienzo que apasione al lector. S que algunas personas que al leer el manuscrito de este libro, una vez que pasaron las primeras pginas desearon conocer ms detalles o solicitaron que se extendieran varios de los relatos, no sin antes escurrir una lgrima o entrar a un triste llanto, como encontr una maana a mi hija Cristina con el cmulo de hojas del original sobre su cama. Por medio de sus cuentos, Alicia hace un seductor recorrido por lugares y eventos de Bogot durante ocho dcadas del siglo veinte. Nos muestra tambin las regiones de Colombia y la posicin del pas ante el mundo. Todo sto, visto por una mente gil y curiosa por lo que pasa a su alrededor. Poco a poco, con sus historias personales nos descubre una nacin que pasa de la mula al jet. Mucho nos dice Alicia sobre la educacin en Bogot y la vida de la pequea gran ciudad, centro del pas, con costumbres de pueblo grande. De la tranquilidad de la vida bogotana, donde su hermano Julio de nio se pierde en un desfile y felizmente es entregado ms tarde en su casa por una buena alma. Tristemente, la muerte de personas queridas y cercanas aparece una y otra vez a lo largo del libro; an cuando todas se presentan por causas naturales, no dejan de ser episodios menos trgicos. Ayudan estos sucesos a mostrar la importancia de la familia: parientes cercanos y an lejanos, convierten los traumas de la vida en eventos ms soportables y en oportunidades de vivir y conocer profundamente a personas de cualidades extraordinarias, como las de Pitita.5</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>5</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>Los familiares de Alicia se deleitarn al leer sobre personas apreciadas por ellos, de otros cuyos nombres han odo, que aparecern cada vez ms lejanos y legendarios, desde Jos Hilario Lpez hasta Jaime el querido hermano, el General Durn Pombo. Este es un hermoso legado para toda la familia, sus parientes y amigos; me atrevera a decir que en el futuro va a ser una obra de referencia para muchos. He hablado del libro, es natural que un trabajo as no sea fruto de una persona cualquiera. Su extraordinaria memoria, su manejo del idioma, su facilidad de expresin, hacen que una tarea como sta sea posible pasados los ochenta aos. Su capacidad intelectual y de aprender cosas nuevas se muestra en su habilidad para usar el computador, el correo electrnico y el procesador de palabra cuyo estudio empez a los 76 aos. Esto fue algo que Alicia hizo de forma simple y natural. Pero no es suficiente, lo que verdaderamente muestra este libro es la persona de generosidad inagotable, de cario por todos, especialmente por sus pobres. Esta es tambin la persona recta, de slidos valores, de mujer catlica. Las buenas lecciones de sus padres y de otros que se responsabilizaron por su educacin, han sido la permanente gua de su vida y aqu Alicia las comparte con nosotros. Sobra decir que como hijo, al igual que todos mis hermanos Patricia, Alejo y Olga, nos sentimos extraordinariamente privilegiados de tener una mam como ella, de quien no slo nos sentimos en deuda por el amor que nos ha dado, sino a quien admiramos y queremos imitar. Mam siempre ha estado incondicionalmente dispuesta a ayudar a otros de la manera ms rpida y eficiente, sin esperar absolutamente nada a cambio. De mam y pap hemos aprendido los principios fundamentales para vivir una vida recta y de concordia con nuestros semejantes. Cualidades stas que queremos pasar a nuestros hijos. Sabemos que nuestra admiracin es compartida por los que la conocen y la quieren, razn por la cual, su tercera edad es la que deseamos para todos nosotros. Alicia no slo tiene una energa inagotable, sino que esta rodeada de afecto y cario de todos sus parientes y amigos, de todas las edades, para quienes este libro ser un regalo muy especial. HARRY KOPPEL DURN 30 de Abril 20056</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>6</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>Introduccin IntroduccinEs frecuente que la gente joven demande de las personas mayores, datos o ancdotas de los aos pasados y s que muchas memorias se han escrito por alguna peticin parecida; en mi caso, se debe a la solicitud que mi hijo Harry me hizo en 2001 para que yo le diera el regalo de mis recuerdos con motivo de mi llegada a los 80 aos, que estoy prxima a cumplir. Qu son 80 aos? muchos o pocos?. Depende, diran algunos, demasiados, creern otros, suficientes pensarn los dems; yo jams me imagin llegar a esta edad, estar viva al comienzo del siglo XXI me pareca imposible y aqu me hallo, pasando ya ese umbral, deseando encontrar a los que se han ido y entristecida por dejar a los que quedan. Tambin me anim a comenzar esta tarea, el recuerdo de mi esposo Alex, fallecido en 1983, quien en varias ocasiones me lo haba sugerido y la imagen permanente de mi querida hija mayor, Patricia, presente en todas estas pginas, quien ya no est con nosotros para leerlas y comentarlas. En estos momentos tengo presentes a mis padres, a mis parientes cercanos, a mis amigos y amigas de infancia, mi colegio, mi juventud, mi matrimonio, mi esposo Alex, nuestros hijos queridos: Patricia, Alex, Harry y Olga, sus cnyuges: Claudia, Amparo y Santiago, tambin queridos, mis nietos Alexander, Juan Esteban, Andrs, Cristina, Harry, Gustavo y Mara; para ellos escribo estos recuerdos y espero que en ellos vean solamente el cario con que lo he escrito. Ante todo doy gracias a Dios y a mis padres por el don de la vida, por las experiencias hermosas que he tenido en mi existencia. Mi agradecimiento7</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>7</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>especial a Harry, quien con su cario y afecto me ha animado para llevar a cabo este proyecto. Todos queremos contar nuestras memorias y que alguien nos escuche; a los viejos nos gusta relatar cmo fue nuestra infancia, nuestra juventud, la cual juzgada ms feliz de la que hoy viven los jvenes. Reconozco y quiero mencionarlo aqu, que la vida moderna que tambin he vivido y disfrutado, tiene muchas cosas buenas y valiosas que en mi niez no existan. Dicen que para saber si una persona est vieja, basta con preguntarle si se lamenta de la vida actual: yo no me quejo, solamente comparo y al hacerlo ninguna de las dos sale gananciosa, ambas son hermosas, mi juventud fue linda y la de los jvenes de ahora, ellos la considerarn as cuando ya estn viejos. No s muy bien cmo desarrollar esta tarea. He pensado dividirla en dos partes: primero mis recuerdos personales de la infancia y de la adolescencia y luego algo que siempre he querido hacer: relatar cmo eran las costumbres y la forma de vida en la Bogot de esos aos y cmo ha sido la transformacin de la cuasi-aldea donde nac, para verla convertida en la urbe de ms de 7 millones de habitantes que recibi el milenio. Me ayudar para ello el maravilloso invento del computador, que an cuando no domino, ser mi ayudante en este empeo y le tomar el cario que merece quien pacientemente escucha nuestras confidencias. Y aqu comienza la historia:</p> <p>Alicia Durn Pombo 1.9418</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>8</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>Primero Captulo Primero</p> <p>Primera InfanciaFui la cuarta hija del hogar de mis padres, Julio Durn Lpez y Jesusita Pombo Arroyo; ellos nacieron en Bogot, pero sus familias provenan del Huila y del Cauca, los una un lejano parentesco; se casaron en el ao 1917 y en el 18 naci Jaime el mayor; en el 19 Mara (Maruja), en el 22 llegu yo, en el 25, Julio el menor. Nac el 13 de enero y me bautizaron el 22 del mismo mes en la Parroquia colonial de Santa Brbara. No conocimos a los abuelos. Mis padres fueron los menores de sus numerosas familias, tan frecuentes en la poca y eran ms cercanos a sus sobrinos mayores que a sus propios hermanos. Los recuerdos de mi infancia son tan intensos y marcados en mi mente, que yo misma me sorprendo que hayan permanecido tantos aos en ese maravilloso e incgnito lugar que llamamos memoria. Somos lo que es nuestra memoria me dijo Harry un da. Con increble claridad veo cosas que sucedieron cuando tena dos aos y medio o tres, lo cual no es frecuente para muchas personas. A mediados del ao 25 mis padres viajaron a Tunja en donde vivimos cerca de tres aos. Fuimos all porque a pap le ofrecieron un empleo en la Gobernacin de Boyac. Del viaje tengo imgenes muy precisas de tiempo y espacio que hoy me sorprenden. Por ejemplo, el automvil en que viajamos era grande y negro y tena unos asientos pequeos que se sacaban del espaldar de la silla delantera y ah11</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>11</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>nos acomodaban a los nios, tambin recuerdo cuando pap dijo estas son las vueltas del diablo cuando pasamos por unas curvas muy forzadas, que todava se conocen con ese nombre, antes de llegar a Tunja. En esa ciudad se inicia mi pelcula: viva y era feliz, me relacion con los que me rodeaban, conoc el sol, la luz, la luna y la noche, tuve miedos, afectos e ilusiones, jugu y llor como todo nio, aprend mis primeras letras, all pude escribir mi nombre, lo que me caus una gran alegra. Tambin retengo lo que pap y mam me decan, lo que me enseaban, las oraciones y la bendicin antes de ir a la cama, cmo eran mis vestidos, los paseos, la casa, las amistades. Es curiosa la fijacin de la memoria en esos primeros aos; hoy los psiclogos la valoran y se sabe que ella fija derroteros definitivos para la vida del adulto. Es raro que en esos recuerdos casi no estn muy presentes mis hermanos, todo lo relacionado conmigo, ese Yo que amamos tanto, el nuevo actor ante ese mundo maravilloso y desconocido que ser el escenario donde le tocar actuar. Alicia y sus padres, feliz infancia, tan corta! En esos primeros aos cuando el nio aprende tantas cosas de la vida que permanecern para siempre en su mente. Fui a un colegito vecino de nuestra casa, me dieron cabida all las queridas seoritas Otloras porque me quedaba triste cuando mi hermana Maruja se iba con cuaderno, pizarra y jis, tuve amiguitas cuyos nombres recuerdo, lo mismo que las representaciones infantiles, las fiestas y paseos, las calles, las iglesias, toda esa poca qued en mi memoria con impresionante claridad. No s por que en mi memoria quedaron recuerdos de hechos aislados que no tendran importancia y preferira conservar con claridad otros que, sin saber por qu, se han ido. Por ejemplo una tarde mam corra afanada por la visita que nos hara el Obispo y quera tener todo bien preparado. Calculo que yo tendra cuatro aos y Julio dos. Lleg el visitante llevado en silla de manos por cuatro cargueros, era un anciano achacoso, de largas barbas blancas y qued retratado en mi mente para siempre; todos en la casa lo recibimos con gran respeto y veneracin. Los nios mirbamos todo con curiosidad y los cargueros, sin que su amo lo supiera, para tranquilizarnos, nos pasearon a Julio y a mi en la famosa silla, como si fusemos pequeos virreyes. Aos despus, mirando retratos de obispos, reconoc al amigo de mis padres: era el muy bogotano12</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>12</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>Monseor Eduardo Maldonado Calvo, quin se tena como el seguro sucesor del famoso Monseor Bernardo Herrera Restrepo y para consolarlo fue nombrado Obispo de Tunja. Muchos aos despus volv a Tunja con mi hermano Jaime y cuando l me mostr la casa donde vivamos, sent como si el tiempo no hubiese transcurrido, reconoc la plaza, las calles, la capilla del Topo donde bamos con mam, las Piedras del Cacique, donde pap me arrodill en las huellas dejadas por los indgenas y me dijo que as adoraban el sol. Ese da cre que regresaba a la infancia al lado de mis padres! Al volver a Bogot cumpl seis aos, me preparaba para recibir mi Primera Comunin al lado de Maruja, ramos dos nias felices, con la ilusin de llegar a ese da tan especial, pero sentamos una preocupacin inconsciente: vena el mdico a casa, pap estaba enfermo, no debamos molestarlo, no podamos hacer ruido. Sufra del corazn, pero yo no entenda qu era sto. La preparacin para la Primera Comunin fue dulce y bella, me seal caminos y enseanzas que me han servido para toda mi vida. As lleg el da feliz. Pap, mam y mis hermanos nos llevaron al colegio y en medio de cirios y azucenas recibimos al Seor en la Iglesia de la Veracruz de manos de Monseor Pablo Giobbi, Nuncio Apostlico. Imposible olvidar la entrada a la Iglesia, el canto de Ya lleg la fecha dulce y bendecida ..., las luces del Altar, el olor de los lirios, los cantos, la emocin, todo lo de ese da inolvidable. Pap segua enfermo y a las dos semanas de nuestra Comunin, falleci a la edad de 36 aos, el 29 de septiembre de 1928. Ni con el paso de los aos, ni con las alegras y tristezas, ilusiones y penas que trae una vida de 80 aos, he podido olvidar ese da. Todo cambi: Qu era la muerte? yo no lo entenda bien, mam lloraba y nos besaba, nos vistieron de negro, era esa la costumbre absurda y obligatoria de la poca, llor por no poder usar el vestido rosado, tan lindo, que me haba regalado mi madrina. Cada da esper que pap regresara, no comprenda por qu no volva, lo extraaba, me haca falta, quera volver a verlo y en el cementerio un da le di golpes a la lpida y dije: salga pap; no entend por qu mam contaba esa historia a mis tas y se pona a llorar. Y ese sufrimiento a los 6 aos!13</p> <p>Libro real2.p65</p> <p>13</p> <p>29/06/2005, 16:49</p> <p>Me sent muy triste al verme siempre de negro, por eso odi el luto; hoy da me alegro de que esa absurda usanza haya desaparecido. Pap le haba enseado a Maruja a poner discos en la vitrola y cuando ella trat de poner uno, Jaime le dijo que ahora no se poda or msica. Pap tena muchos discos y no nos dejaba tocar los de Sello rojo y me gustaba escucharlos, ms tarde supe que eran de las primeras grabaciones de Carusso que hoy son muy apreciadas. Pap me cantaba Cielito Lindo y Un viejo amor, y cuando escucho esas canciones pienso que l las est oyendo. Nuestros vecinos eran Los Dixon Simmonds, payaneses; su hija Elsa reciba clases de piano y practicaba sus lecciones que se escuchaban en nuestra casa; en seal de amistad y solidaridad con nuestro duelo, pasaron el piano a otro lugar para no molestarnos. Esa vida feliz se haba acabado! No olvido lo que yo senta al darme cuenta de cmo nos miraban en la calle, en la iglesia, en el colegio, pues ver a una mam tan linda y tan joven, toda de negro, con sus 4 hijos enlutados era conmovedor; pero como dice la Biblia que el Seor protege a las viudas y a los hurfanos, en nosotros se cumpli cabalmente esa promesa. La viudez de mam fue sumamente dura y triste, ella batall como una herona, como tantas mujeres valientes lo han hecho: era bella en sus 33 aos y se enfrent sola a un medio hostil muy diferente del actual, cuando no era comn que las mujeres trabajasen y lo hizo con entereza y nimo para sacar adelante a sus hijos. Por fortuna cont con la admiracin, el cario y la simpata de cuantos la conocieron y s que debo agradecimiento a personas cuyos nombres desconozco, que ayudaron a mam en su lucha tenaz. Se iniciaba la crisis del ao 29, en ese momento la palabra que ms se oa era crisis y todo lo...</p>