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Elementos Ficcionales en La Sátira de Las Ciudades

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  • Elementos ficcionales en la stira de las ciudades

    Felipe GONZLEZ ALCZARUniversidad Complutense de Madridclaudiofelipegonzalez@filol.ucm.es

    RESUMEN

    La stira de las ciudades es tan antigua como los discursos retricos, muchos previamente deli-mitados, que las alababan por diversas causas. La naturaleza de la stira precisa de un referen-te real para que presente una verdadera efectividad su pretensin de censura moral. Acerca dela invectiva contra las ciudades ms que sobre conductas, veremos cmo alternativamente esposible transferir valores de realidad o invencin entre el contexto y el mensaje literario.

    Palabras clave: stira, gneros literarios, ciudades, ficcin, crtica literaria.

    ABSTRACT

    The satire of cities has its own elements of fiction. Not only because satire has an unstable natu-re but also this literary genre was a traditional kind of text and moreover, a traditional class ofrhetorical genre: demonstrative. I will mainly attend in this work to the situation of the context:if theres a relationship between the reality and the invention or the satire needs, to be perfectand useful, only a real context.

    Keywords: satire, literary genres, cities, fiction, literary criticism.

    Tanto si en una obra literaria una ciudad vejada o satirizada es real o no, quiero decirsi tiene un referente concreto o, por el contrario, inventado, debe de producir en ellector una sensacin de verdad que complete y convierta a esta stira en un acto nofallido. La stira, al pretender crear una ilusin de efectividad y no parecer simple-mente un modo irnico de expresin, tambin debe de atenerse a un principio bsi-co: no retraerse sobre s misma y orientarse hacia un contexto concreto. De tal modoque el juego perenne de la literatura con lo contextual, salvando el artificio necesa-rio del pacto ficcional, llega a sus extremos en este tipo de composiciones que bor-

    Revista de Filologa Romnica ISBN: 978-84-669-3068-02008, anejo VI, 97-107

  • dean la comunicacin literaria. La naturaleza del texto potico requiere, en boca deAristteles, que lo que se narra o se dramatiza se ajuste a las leyes de la causalidadque rigen el funcionamiento de la realidad (Asensi Prez 2003: 72). Tomado ade-ms en dos aspectos: en la lgica argumental de la fbula y en relacin con esa rea-lidad antes aludida. Expresado de otra manera: lo verosmil externo e interno (Aris-tteles 1974)1. Sin embargo, la ilusin de verdad que proponen los textos en mayoro menor medida se ve confrontada con tensiones de todo tipo. En el caso de las com-posiciones satricas, ya lo hemos dicho, con el imperativo de que un cierto tipo deseduccin invectiva provoque en nosotros una ilusin de realidad superior a la ilu-sin de lo ficticio. En abierta tensin con lo contextual-referencial que desmorona,en principio, la superioridad del elemento puramente creativo. De alguna manera, laobjetividad y el consenso que pide el satirgrafo viene determinado por la visuali-zacin y la concrecin de su ataque en algo presente y aceptado por toda la comu-nidad. El consenso satrico depende en gran medida de que se llegue a tocar direc-tamente, a afectar a aquello que se pretende combatir: ya sea el vicio de la gula, lamentira, la fealdad de una estatua o de un acto moral, para provocar una reaccinsolidaria con el sistema de valores utilizado. Lo que diferencia a un autor satrico deuno irnico o solamente crtico radica en la manera en que somos conducidos a verel mundo con los ojos del primero, sin dudarlo, sin apreciar el constructivismo fic-cional. Apela, por tanto, a que ese referente se identifique tan claramente con sumensaje que no podamos evadirnos de su presencia. Si dudamos del autor satrico,y esa inmoralidad o esa estatua de poca inspiracin que pusimos a modo de ejemplonos parecen justo lo contrario, la duda que nos asalta puede considerarse doble:dudamos del autor y dudamos del contexto. Las implicaciones que esto presenta sonvarias, entre ellas, la tendencia a la desestabilizacin de las condiciones de lo real ylo irreal. Por ello, el romanticismo alemn, a travs del culminativo Hegel, pudo con-cluir que en la stira siempre se presentaba un dilema entre el espacio ideal y el espa-cio real (Hegel 1988: 202-204)2. Pretendan afirmar claramente que el autor de estascomposiciones apelaba a un mundo ideal que contrastaba con el aborrecimiento delmundo real, siempre minusvalorado, como consecuencia de la contrariedad entre laobjetividad y el espritu subjetivo del artista. De la comparacin entre un estado deperfeccin y otro de inestabilizacin y negatividad naca la actitud de queja y lamen-to del escritor. Por eso lo satrico comprenda siempre un mensaje moral y consistaen desvelar la impostura, en descubrir la verdad a travs de las apariencias. La rea-lidad, suponiendo aqu claramente que el escritor en verdad la reproduce, por tanto,sin poder todava eliminar el elemento mimtico, concebida como objetividad posi-ble y plasmada en la obra potica en relacin con la subjetividad del autor y de loslectores. La impresin de realidad satrica deviene un elemento necesario del siste-

    Felipe Gonzlez Alczar Elementos ficcionales en la stira de las ciudades

    1 Sobre lo verosmil, que nutre toda la obra, vid. la edicin de la Potica de Garca Yebra (1974: 222-223,227-232).2 Acerca de la situacin de la stira en Espaa como influencia del Romanticismo alemn remito a mi art-culo, El lugar de la stira en la potica: los tratados espaoles del siglo XIX, en Revista de Literatura, LXX,140, julio-diciembre, Madrid, CSIC, 2008 (en prensa).

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  • ma de complejidades que adornan la comunicacin literaria y sta remite a la irre-solucin de los lmites entre ficcin y no ficcin que ha contribuido tan extensa-mente a argumentar a favor de la deconstruccin3.

    Lo que en esta ocasin nos compete, la ciudad, respecto de la stira, ofrece ejem-plos insospechadamente ntidos de lo que acabo de escribir. En un primer momen-to, el ataque o la presentacin, segn el modo satrico, de una ciudad suele tener quever ms con el referente, con el lugar en el cual suceder o tendr lugar aquello quedebe ser reformado, que con el objeto interno de la crtica. El ataque virulento a unaciudad, en principio, se concentra ms en las personas que la habitan que en su natu-raleza especfica. Hace ya tiempo que la stira ciudadana, no simplemente urbana,forma parte de elementos estructurales de muchos relatos. La Biblia, sin ahondar enotras tradiciones, alude directamente a este modelo de presentacin de lo ideal y delo ficticio no lo confundamos frente a lo real. En sus libros suelen aparecer invec-tivas directas contra las ciudades capitales de otras civilizaciones que dominaron alpueblo judo y con el que se vio envuelto en luchas de poder constantes. El caso mscomn de Babilonia, segn Northrop Frye, se presume trasunto seguro en los Evan-gelios de la Roma triunfante que acababa de saquear Jerusaln poco antes de escri-birse el Apocalipsis (Frye 1988). An antes, en el Viejo Testamento, abundaban losejemplos de simbolizacin de una Jerusaln real-ideal, en tanto ciudad concreta ylugar sin pecado, frente a las conocidas Babilonia (la gran ramera), Sodoma, Gomo-rra, Tiro... La Jerusaln bblica, situada como el Edn en lo ms alto del mundo, seconfronta con otros pares que como ella son a la vez lugares concretos y espaciossimblicos. Con Babilonia se presenta un antisosias (con todo lo que supone de per-sonificacin mtica e histrica) ficcional que esconde todo aquello que se opone yoprime al pueblo judo, casi siempre presentado desde el exterior o invasivamente:primero la misma Babilonia que fue, luego otras, y finalmente Roma, la urbe porexcelencia del mundo antiguo. Lo que Frye llama parodia demonaca es tambinun referente que lucha contra otro y contra s mismo. Jerusaln, en su ntimo cora-zn, el Templo, debe de ser limpiada moral y fsicamente por Cristo. Tenemos aqu,plasmado en diversos momentos bblicos, el fundamento de la stira ciudadana: unataque objetivado en un espacio urbano existente y en otro imaginado, pero ste lti-mo ficcionalmente construido como si fuera un reflejo fiel del primero. Una ciudadcon sus calles, murallas y su ro, poblada de seres amenazadores y de pecado, y cuyadestruccin se pide como un ruego a Dios y se profetiza como veraz. El juego afec-ta incluso al tiempo, pues el derribo de sus muros, caso de Jeric, o su devastacintotal, habiendo sido en el pasado volver a ser en el futuro tanto para la ciudad real,Roma, como para ese clima inmoral o demonaco metaforizado. Adems, otra de lasideas-claves que afectarn a la formacin de un motivo emocional proclive a la sti-ra ciudadana, nace con la actitud antiurbana de la Biblia. Ya fuera como reaccin a

    3 Algunos aspectos tericos de la stira han sido tratados, junto con una bibliografa aproximativa, ms porextenso en un texto mo, Algunas consideraciones acerca de la stira, al que remito y que se encuentra encurso de publicacin en estos momentos por la Universidad Complutense de Madrid, dentro del volumencolectivo Claudio Guilln. Lecciones de un maestro.

    Felipe Gonzlez Alczar Elementos ficcionales en la stira de las ciudades

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  • las mltiples invasiones de otras ciudades-estado o como oposicin de otros al cen-trismo jerosolimitano, la actitud antiurbana emerge como pronta apelacin a unavida rural mostrada en tanto otro trasunto paradisaco frente al lugar de vicio y corrup-cin por excelencia. La convivencia, en espacios por lo comn limitados y acotadospor murallas y fosos, de los hombres en mayor cercana y cantidad junta a las cla-ses sociales, a los buenos y los malos, permite el asilo del criminal, mezcla a indi-viduos y tambin favorece, con el hacinamiento y la falta de higiene, las enferme-dades. Aqu se organiza el vituperio en el modelo clsico del discurso mostrativo yagudiza an ms el extremo mod