David R. Olson. "Cultura Escrita y Objetividad: El Surgimiento De La Ciencia Moderna"

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1. DAVID R. OLSON. CULTURA ESCRITA Y OBJETIVIDAD: EL SURGIMIENTO DE LA CIENCIA MODERNA.En: David R. Olson y Nancy Torrance (comps.): Cultura escrita y oralidad, Barcelona, Gedisa, Coleccin Lea,1998, captulo 9, pp. 203-222.Ttulo original: Literacy and orality, Cambridge University Press, 1991 Mientras que desde hace tiempo existe la conviccin de que la Reforma protestante est dealgn modo relacionada con el surgimiento de la ciencia moderna (Merton, 1970; Rousseau, 1966;Weber, 1930), la hiptesis que vincula estos movimientos sociales con el desarrollo y expansin de lacultura escrita es relativamente nueva y se puede encontrar en los escritos de Innis (1951), McLuhan(1962), Havelock (1963), Goody y Watt (1968), Eisenstein (1979) y Stock (1983). Todos estos autores,entre otros, han reconocido que los cambios en las formas de comunicacin han tenido el efecto dealterar las actividades humanas y las formas culturales. Las explicaciones de estos cambios en generalhan tomado una de dos direcciones.Un grupo de autores atribuye los cambios culturales asociados con cambios en las formas decomunicacin a una transformacin de las prcticas sociales e institucionales, presuponiendo que losprocesos cognitivos de los individuos siguen siendo prcticamente los mismos. En este campo, incluiraautores como Scribner (1977), Scribner y Cole (1981), Leach (1966), Douglas (1980), Eisenstein (1979) yStreet (1984). El otro grupo vincula estos mismos cambios culturales con cambios psicolgicos, con unaalteracin en las formas de representacin y las formas de conciencia. En este campo estaran McLuhan(1962, 1964), Havelock (1963), Goody (1977), Breenfiel (1972), Ong (1982), Stock (1983) y yo mismo(Olson, 1977).No hay que darle demasiada importancia a esta diferencia, pero se la puede ilustrar comparandola obra de Eisenstein (1979), quien examin la influencia de la imprenta en el auge del protestantismo yen el auge de la ciencia moderna, con la de Stock (1983), quien explor el papel que cumpli la culturaescrita en cuanto a preparar el terreno para los cambios mencionados por Eisenstein. En el primer caso,el acento est puesto en los cambios en las tecnologas y sus usos; en el segundo, en las nuevas formasde competencia escrita. Eisenstein (1979) se interes principalmente en el rol de la imprenta como agente de cambio.Dado que el planteo de esta autora es sumamente rico, resulta difcil exponer brevemente su teora.Pero un aspecto central del planteo es su demostracin del rol de la imprenta tanto en la Reforma comoen el surgimiento de la ciencia moderna. Eisenstein hace la siguiente sntesis: La vida intelectual y lavida espiritual sufrieron una profunda transformacin como consecuencia de la multiplicacin de nuevasherramientas para copiar libros en la Europa del siglo XV. El cambio en las comunicaciones alter lavisin que tenan los cristianos occidentales de su libro sagrado y del mundo natural (pg. 704). Enprimer lugar, para la teologa de la Reforma, la imprenta permita poner una copia de la Biblia en manosde cada lector, con lo que soslayaba el rol de la Iglesia. Un individuo poda encontrar a Dios a travs de lasimple prctica de leer por s solo, sin la mediacin del sacerdote. Una analoga de esto es el modo enque los presidentes de los Estados Unidos pueden dirigirse al pblico directamente a travs de la radio yla televisin, en vez de hacerlo por intermedio de los representantes electos al Congreso. En segundolugar, la imprenta suministr un importante medio para difundir los Evangelios a un pblico rpidamentecreciente de lectores.1 2. Con respecto a la ciencia moderna, Eisenstein sostiene que la imprenta tuvo el primordial efectode poner una copia original de un texto, libre de errores del copista, en manos de cientos deestudiosos que pudieron entonces estudiar, comparar, criticar y actualizar esos textos. Los nuevosdescubrimientos se podan incorporar a nuevas ediciones. De este modo, la imprenta contribuy aldesarrollo de una tradicin de investigacin acumulativa. As, los desarrollos que tuvieron tanto laciencia como la religin fueron producidos ms por la explotacin de las nuevas oportunidades ofrecidaspor los materiales escritos, ya sean libros, diagramas, cuadros o mapas, que por cualquier alteracinconcreta en las modalidades o formas de pensamiento. Pero al concentrar su atencin en la imprenta y en los diferentes efectos que sta tuvo sobre laciencia y la religin, Eisenstein pasa por alto un importante aspecto de la relacin entre la Reforma y elsurgimiento de la ciencia moderna. La relacin que pasa por alto, a m entender, puede ser crucial paradetectar el modo en que el cambio en el medio de comunicacin podra producir un autntico cambio enla estructura de la cognicin. La autora argumenta que hasta el advenimiento dela Reforma, la ciencia yla religin estaban estrechamente vinculadas, mientras que tras el surgimiento de la ciencia moderna,tomaron caminos separados. Esto fue as debido a que el efecto de la imprenta sobre el estudio de laBiblia estaba enmarcado contraste con su efecto sobre el estudio de la naturaleza (pg. 701). La ciencia,afirma Eisenstein, utiliz la imprenta para la validacin consensual de las observaciones, para laconsolidacin de la objetividad, mientras que la religin la us principalmente para difundir las buenasnuevas. En virtud de sus distintos usos, los cambios introducidos por la imprenta suministran el puntode partida ms verosmil para explicar cmo se desplaz la confianza desde la revelacin divina hacia elrazonamiento matemtico y los mapas confeccionados por el hombre (pg.701).De hecho, la diferencia en el modo en que la tradicin religiosa y la cientfica se vieron afectadaspor la revolucin de las comunicaciones le sugiere a Eisenstein (1979, pg. 701) la futilidad de tratar deencapsular sus consecuencias en una nica frmula, cualquiera que sea. La imprenta no condujo de laspalabras a las imgenes la frmula de McLuhan el ojo por el odo, ni de las imgenes a laspalabras. Los efectos requieren una explicacin con mltiples variables, aun cuando se destaque laimportancia de la innovacin especfica (pg. 702). Sin duda, Eisenstein proporciona abundantes pruebas de que la imprenta (y la escritura)efectivamente cumplieron objetivos distintos en el mbito de la religin y en el de la ciencia, pero unasegunda mirada revela una relacin ms profunda entre ambas que la que esta autora reconoce. Paraver esa relacin, debemos distinguir la capacidad de usar el medio de la escritura, es decir la culturaescrita, de la tecnologa de la imprenta (Postman, 1985). La imprenta, en efecto, puede haber sidoutilizada de modos muy diferentes por la ciencia y por la religin, como sostiene Eisenstein. Pero laescritura como medio de comunicacin y la competencia requerida para usar ese medio la culturaescrita cumplieron en gran medida el mismo rol fundamental en la Reforma protestante que en elsurgimiento de la ciencia moderna. En ambos casos, a mi entender, la escritura posibilit la claradiferenciacin entre lo dado y lo interpretado. La cultura escrita en general y la imprenta enparticular fijaron el registro escrito como lo dado, como el punto de referencia concreto para lasinterpretaciones. La escritura cre un texto fijo original y objetivo; la imprenta puso ese texto enmillones de manos.2 3. Eisenstein cita lo que al respecto expres Sprat en su defensa conjunta de la Iglesia de Inglaterra,de la que era obispo, y la Real Sociedad de Londres, de la que era historiador. Ambas, sostena Sprat,haban realizado una Reforma:Ambas han tomado el mismo camino para concretarla (la Reforma); cada una de ellas la haefectuado haciendo a un lado las copias distorsionadas y remitindose a los originales correctos: una, a lasSagradas Escrituras, y la otra, al gran Volumen de Criaturas. Las dos son injustamente acusadas por susenemigos de los mismos crmenes, de haber abandonado las Antiguas Tradiciones y haberse aventurado enlas Novedades. Ambas suponen por igual que sus Antecesores podan cometer errores; pero les siguenguardando la debida reverencia. (Sprat, 1966) A qu se debe esta bsqueda de los originales perfectos? A que el original sera lo dado enfuncin de lo cual podra cotejarse cualquier interpretacin. En la religin, lo dado era la palabra de Dios;en la naturaleza, lo dado era la obra de Dios, como dira Bacon (1857-64). Esta fue la distincin que sirvide base tanto a la hermenutica de la Reforma como al surgimiento de la epistemologa cientfica.Ambas se centraban en la distincin conceptual entre lo dado por Dios, ya sea en la Biblia o en lanaturaleza, y las interpretaciones efectuadas por seres humanos, entre las que slo algunas concordabanestrictamente con lo dado. Los cambios en los medios de comunicacin, la escritura y la imprenta,acompaados por el desarrollo de las capacidades de leer y escribir, podan entonces tomarse como unanica explicacin de las transformaciones operadas en dos tradiciones al parecer diferentes: la religin yla ciencia. Este rol en comn de los textos escritos es el que Eisenstein, a mi modo de ver, pasa por alto.Los cambios en las creencias y los conceptos que acompaaron el auge de la cultura escrita es elfoco de inters del segundo grupo de autores antes mencionado, de los cuales el ms importante aefectos del presente comentario es Stock (1983). En su obra, Stock muestra cmo cambiaron lossistemas legales cuando los tribunales comenzaron a usar registros escritos en lugar del testimonio oralcomo prueba, cmo cambi la teologa cuando pas a centrarse en el texto ms que en la iglesia, y cmoestos cambios prepararon el terreno para las grandes reformas modernas: la Reforma protestante y elsurgimiento de la ciencia moderna. El cambio que introdujeron los textos escritos en la administracin de justicia es muyrepresentativo. Hasta el siglo XII, las demandas se presentaban en forma oral: se denunciaba unaviolacin de la ley y se reclamaba una compensacin. El demandado responda al cargo y el juezindicaba el tipo de verificacin que se aplicara para decidir el caso. Esta decisin no implicaba evaluar laspruebas a los efectos de llegar a una verdad abstracta. Se trataba, en cambio, de lograr una equidad,de permitir que alguna clave indicara la inocencia o la culpabilidad del demandado. El mtodo, desdeluego, era el de la ordala. Se supona que si el acusado era inocente, podra sobrevivir a las duraspruebas a que era sometido; si era culpable, morira como consecuencia de la prueba, sera derrotado enel duelo o lo que fuera. Una seal fsica, como la de ser derrotado en un duelo, era un indicio deculpabilidad. En los siglos XII y XIII, los documentos escritos comenzaron a reemplazar la memoria oral yel testimonio oral. Stock (1983), y tambin Clanchy (1979), explicaron cmo el examen de documentos yregistros escritos pas a constituir la base probatoria que permita a jueces legalmente competentespronunciarse sobre la inocencia o culpabilidad del acusado. Stock muestra que los cambios en la formade entender las Sagradas Escrituras, los sacramentos y la naturaleza experimentaron una transformacincomo efecto de la cultura escrita. El principio fundamental de la baja Edad Media, segn seala Stock3 4. (1984-5, pg. 24), era la identificacin de la objetividad con el texto. Como consecuencia tambin seempez a cuestionar la validez del testimonio de odas, los informes familiares orales y la memoriacolectiva.Aqu, a mi entender, encontramos el vnculo entre la cultura escrita y la modernidad: en lasistemtica distincin entre algo que se toma como dado, fijo, autnomo y objetivo, y algo que puedeconsiderarse interpretativo, inferencial y subjetivo. Mi hiptesis es que el contraste entre los textos y susinterpretaciones suministr el modelo, y aun ms que eso, las precisas categoras cognitivas o conceptosnecesarios para describir e interpretar la naturaleza, es decir, para la construccin de la ciencia moderna.Para decirlo en trminos un poco solemnes, la hermenutica, o sea, la interpretacin de textos,proporcion las categoras conceptuales necesarias para la epistemologa cientfica, para lo que llam lainterpretacin de la naturaleza. Permtanme explicarla relacin y ofrecer algunas pruebas paracorroborar mi hiptesis.LA OBJETIVIDAD DE LOS TEXTOSLa Reforma, el surgimiento de la ciencia moderna y la psicologa mentalista son, por supuesto,movimientos sociales, pero todos ellos se basaron, segn sostengo, en una nueva distincin conceptual.Cul es esa distincin y cmo se deriv de la cultura escrita? Un texto escrito preserva slo parte dellenguaje, la forma, mientras que el significado debe ser recreado por el lector a partir de esa forma. Nosreferiremos a la parte preservada como dada, fija y permanente; a la parte reconstruida puedellamrsele, en trminos generales, el significado, la intencin, la interpretacin. Esta distincin estimplcita en el habla, pero la relacin entre un texto y una interpretacin se vuelve especialmenteproblemtica en la cultura escrita. En el lenguaje oral, la forma y el significado configuran un parindisoluble. Cuando no comprendemos una emisin, normalmente preguntamos Qu quieres decir?,en lugar de Qu quiere decir eso?, centrndonos en la persona que se est comunicando, y no en laoracin. Por otra parte, nos basamos en muchas otras cosas adems de la forma lingstica para captarlas intenciones de una persona, con el resultado de que es virtualmente imposible distinguir lo que sedijo, o sea, la forma, y lo que se quiso decir, o sea, el significado. En el habla, por consiguiente, losoyentes perciben la forma y el significado como indisolublemente unidos. La escritura tiene el efecto desepararlos por va de fijar la forma en un texto. Escribir implica preservar una parte del lenguaje: lo que efectivamente se dijo, lo dado, quepuede cotejarse con las interpretaciones que se le asignen y con las intenciones que haya detrs. En unasociedad oral existen, desde luego, textos, es decir, cuerpos fijos de rituales y poesa, junto conintenciones e interpretaciones, como ha sealado Feldman (vase el captulo 3 de este libro). Todolenguaje contiene necesariamente todos estos elementos. Pero la escritura suministra los medios dedividir y separar esos elementos, fijando parte de su significado como texto y permitiendo que lasinterpretaciones se vean, por primera vez, como interpretaciones. Goody (1986) ha mostrado que losmovimientos de reforma religiosa se apoyan justamente en esta distincin, exhortando a dejar de ladolas interpretaciones y volver al libro. El cambio en la comprensin de la interpretacin que ha sido ms cuidadosamente estudiado esel cambio de interpretacin asociado con la Reforma y la Contrarreforma. Como seal Stock, elproblema de la hereja en la Edad Media fue asociado casi exclusivamente con la escritura: Los herejes4 5. tenan un estilo de racionalidad altamente desarrollado, si bien un tanto personal, que dependa de lainterpretacin individual de los textos teolgicos (pgs. 110-20). Los herejes consideraban que lasenseanzas de la Iglesia eran meras interpretaciones, cuando no invenciones. Pero si bien reconocan lasinterpretaciones de la Iglesia como tales, como una creacin humana, los herejes no reconocan suspropias interpretaciones como meras interpretaciones. Al igual que la iglesia medieval, los herejesconsideraban que sus interpretaciones reflejaban exactamente la intencin de Dios, por lo que moran,al parecer alegremente, por defenderlas. Antes de la Reforma, la visin de la Iglesia respecto de la interpretacin, segn la expone, porejemplo, Santo Toms de Aquino en la Summa Theologia (escrito en 1267-73 / 1968-70), era que lasEscrituras tenan varios niveles de significado, incluyendo el significado literal, el significado espiritual y elsignificado moral. Todos los niveles de significado estaban dados en el texto. La teologa de la Reforma,tal como la ejemplifica Lutero, neg que todos esos significados estuvieran en el texto: slo el significadoliteral e histrico estaba en el texto, y todo lo dems era tradicin y dogma. La teologa de laReforma, en suma, contena una marcada distincin entre lo que estaba dado por el texto y lasinterpretaciones que se podan hacer de un texto. Estas ltimas de pronto se vieron como subjetivas,fantsticas y como producto de la imaginacin. As, una parte del significado dej de considerarse dadapor el texto y pas a ser vista como inventada por el lector. El principio interpretativo de la Reforma,segn se expresa, por ejemplo, en la actitud de Lutero hacia las Sagradas Escrituras, era que la Biblia esautnoma: no hay que interpretarla, sino leerla; significa lo que dice. Todo lo dems es inventado, esproducto de la fantasa o la tradicin. Esta distincin entre lo dado y lo interpretado fue la que precipitla Reforma y, un siglo ms tarde, abri el libro de la naturaleza a los cientficos modernos, hacindololegible para cualquiera con un ojo fiel, como dijo Robert Hooke (1665/1961), uno de los primerosempricos britnicos del siglo XVII.LA OBJETIVIDAD DE LA NATURALEZALa hiptesis sobre la vinculacin de la hermenutica con la epistemologa cientfica es que lahermenutica suministr la distincin conceptual entre algo tomado como fijo o dado y algo tomadocomo interpretacin. El texto bblico y su interpretacin se vieron como exactamente paralelos al mundonatural y la interpretacin de ste. En la Edad Media, era comn hablar de la naturaleza como del libro de Dios. Pero la metforaadquiri un nuevo significado en el siglo XVII. Francis Bacon (1620/1965) habl de el libro de la palabrade Dios y el libro de la obra de Dios. Thomas Browne, un clrigo britnico del siglo XVII, se refiri a losdos grandes libros de Dios, la Biblia y la naturaleza (Aarsleff, 1982). Galileo (1638/1974) complic lahistoria al sostener que el libro de la naturaleza estaba escrito en el lenguaje de las matemticas. En unprincipio, podramos sentirnos tentados a creer que sta es una mera metfora. Sin embargo, puedeargumentarse que la ciencia moderna fue el producto de aplicar las distinciones efectuadas paracomprender el libro de las Sagradas Escrituras, especficamente la distincin entre lo dado y lointerpretado, al libro de la naturaleza. Para la ciencia moderna, lo dado era el mundo de los hechosobservados; todo lo dems, hiptesis, causas finales, interpretaciones e inferencias, era inventado,creado por el hombre. Estas distinciones son fundamentales para la epistemologa cientfica. La cienciamoderna se basa en la distincin entre la observacin y la inferencia, siendo las observaciones confiables5 6. y objetivas, mientras que las inferencias son interpretaciones tericas de esas observaciones. En la pocamoderna, la distincin ha sido objeto de considerables revisiones, pero no ha sido abandonada. Volversobre este problema ms adelante.Los cientficos modernos Galileo, William Harvey, Robert Hooke, Robert Boyle, Isaac Newton yFrancis Bacon distinguieron sistemticamente los hechos y las hiptesis. La ciencia, dijo Bacon,consista en la afirmacin de hechos observados. No inclua ninguna interpretacin. William Harveyagreg: Pues en toda Ciencia... se requiere una observacin diligente (1653, pg. l). Bacon (1620/1965)lo expres en forma especialmente categrica: No permita Dios que tomemos un sueo de nuestraimaginacin por un fenmeno existente en el mundo (pg. 323). La divisin era total. La observacinbrindaba acceso directo a lo dado; la teora y la interpretacin eran productos de la imaginacin.Bacon tambin dijo: Todo depende de mantener el ojo fijo en los hechos de la naturaleza para recibirsus imgenes tales como son (pg. 323). Hooke (1665/1961) expres: Hace demasiado tiempo que laCiencia de la Naturaleza ha sido convertida en un mero producto de la Mente y la Fantasa: ya es hora deque vuelva a la llaneza y la solidez de la Observacin de cosas materiales y evidentes (Prefacio b). Y noslo lo dijeron, sino que actuaron en consecuencia. Galileo y Newton negaron reiteradamente laimportancia de los propsitos, las metas y las causas para la explicacin del movimiento y las mquinas;buscaban la descripcin fctica, y no interpretaciones tericas. As, la lectura del libro de la naturaleza es decir, la ciencia era simplemente hermenuticaaplicada. Las distinciones establecidas para leer e interpretar la Biblia podan aplicarse, casi sin revisin, ala lectura e interpretacin del libro de la naturaleza. Recurdese el ruego de Bacon: No permita Diosque tomemos un sueo de nuestra imaginacin por un fenmeno existente en el mundo. En el mbitode la ciencia, la distincin asume la forma de la observacin contra la inferencia, del hecho contra lateora, de la prueba contra el alegato y una serie de conceptos afines como los de hiptesis, conclusin,conjetura, aseveracin, presuncin e inferencia, conceptos que son cruciales para el pensamientocientfico moderno. Adems, dado que los procedimientos interpretativos utilizados al leer textos sufren un cambio,tambin cambian las formas del discurso escrito. Es decir, al empezar los lectores a hacer una marcadadistincin entre lo dado y la interpretacin, comienzan a escribir textos de un modo diferente. Elhistoriador de la Real Sociedad de Londres, Thomas Sprat (1667/1966), describe cmo las formasdiscursivas pasaron a reflejar las actitudes de la sociedad hacia la Biblia y la naturaleza. La sociedadestaba interesada en el avance de la ciencia y en el perfeccionamiento del idioma ingls como vehculopara la prosa. La sociedad exiga una sencillez matemtica de estilo, libre de toda amplificacin,digresin y ampulosidad estilstica (pg. 56). Godzich y Kittay (1987) rastrearon los inicios dela prosa enFrancia en el siglo XII, cuando la prosa escrita se convirti en una prctica significativa que podasustituir la poesa oral. Citan a Franz Boas, quien sostuvo: La forma de la prosa moderna est en granmedida determinada por el hecho de que es leda, no hablada, mientras que la prosa primitiva se basaen el arte de la transmisin oral y, en consecuencia, est ms estrechamente relacionada con la oratoriamoderna que con el estilo literario escrito (pg. 194). Ese estilo literario escrito, a mi juicio, secaracteriza por el intento de distinguir claramente lo dado de la interpretacin y hacer textos que,aunque no se compusieran primordialmente de afirmaciones de hechos observados, marcaran las6 7. observaciones de modo tal de distinguirlas de la inferencia y las interpretaciones (vase tambinHutchins, 1980).Hay otro punto en el argumento que aqu slo tratar al pasar. Es el siguiente: si lasinterpretaciones no estn en el texto, de dnde provienen? Las interpretaciones empezaron aconsiderarse subjetivas, es decir, elaboradas por el lector de textos o el observador de la naturaleza. Estanueva subjetividad, segn pienso, suministr las bases del planteo de Descartes de la dualidad mente-cuerpo y la prioridad de lo mental: Cogito, ergo sum (Pienso, luego existo). La nueva teora de lavisin del obispo Berkeley identificaba la realidad con las operaciones de la mente existir es serpercibido, dando prioridad a lo mental. Descartes, Locke y Berkeley, segn sospecho, eran tanto unproducto de la hermenutica luterana como lo fueron Bacon y Galileo. Saenger (1982; captulo 12 deeste libro) vincula el surgimiento de los conceptos de la conciencia y la reflexin privadas con eldesarrollo de la lectura en silencio entre los siglos X y XIII, una idea que encaja bien en el presentecomentario. En los ltimos aos, mis colaboradores y yo (Olson y Astington, 1987; Olson y Torrance, 1987)hemos trabajado en un programa de investigacin dirigido a examinar la distincin entre lo dado y lainterpretacin y su desarrollo en una diversidad de contextos. Si la distincin es propia de la culturaescrita, inventada para interpretar textos escritos, lo que caba prever que habramos de comprobar eraque los miembros de las sociedades tradicionales y grafas tienden a fusionar lo que se dice con lo quese quiere decir, o sea, que no distinguen lo dado de la interpretacin. Lemos la bibliografaantropolgica y realizamos nuestros propios experimentos con nios que an no haban aprendido a leerni escribir. Desde luego, es peligroso comparar esas dos fuentes, por dos razones. En primer lugar, losnios no slo son pre alfabetos, sino tambin inmaduros. En segundo lugar, al comparar a adultosanalfabetos con nios pequeos, tal vez estemos alentando involuntariamente el mito de que lospueblos que no conocen la escritura son infantiles. Pero si el factor crtico es el conjunto de supuestosreferentes al lenguaje y los textos, podemos tratar como similares los datos sobre adultos analfabetos ynios prealfabetos. Lo que encontramos vara de una sociedad tradicional a otra en algunos aspectos, pero diversosinvestigadores han corroborado la hiptesis. Evans-Pritchard (1937) se sorprendi al comprobar que loque intentaba expresar con su discurso un hombre sospechoso de ser brujo no tena ninguna influenciaen sus acusadores, quienes lo interpretaban de acuerdo con sus propios fines. No haba una marcadadistincin entre el texto, lo que se deca, y la interpretacin. Anlogamente, Duranti (1985), en unestudio reciente de las estrategias interpretativas de los samoanos, comprob que no existe ningunadistincin evidente, y quiz ni siquiera detectable, entre lo que se dice, lo dado, y la interpretacin quese le asigna: Cierto significado es posible porque otras personas lo aceptan dentro de un contextodeterminado (pg. 47). As, un hablante de Samoa no rectifica el significado de sus palabras diciendo:no quise decir eso (pg. 49). Generalizando estas conclusiones, podemos afirmar que hay escasosindicios de una distincin entre lo dado y la interpretacin. Sorprendentemente, no slo no haydistincin respecto del significado, sino que tampoco hay modos de referirse a las intenciones ni detratar a las intenciones y los significados como hechos mentales internos. En consecuencia, lossamoanos, como tal vez todos los miembros de las culturas polinesias en general, no parecen tener elconcepto occidental del yo (pg. 48; vase tambin Levy, 1983). El estudio de Rosaldo (1982, 1984) de7 8. los actos de habla entre los ilongot, una sociedad filipina tradicional, revel una correspondienteausencia de conceptos de intencionalidad y del yo. Tambin McKellin (1986) menciona que los hablantespapes, al hacer ofrecimientos y plantear quejas, permiten que lo que se enuncia signifique tan slo loque el hablante asume que significa; el texto hablado no tiene un significado separado del modo enque es recibido por el oyente. McCormick (1989), quien examin la influencia del espaol sobre elquechua, una lengua peruana, informa que el quechua es bastante impreciso en el campo de los actosde habla y los estados mentales. Los hablantes bilinges utilizan abundantes prstamos del espaol paraexpresar lo que no sea decir, saber y contar. Trminos como creer, pensar, y dems, comnmenteson (expresados) en espaol en nuestra zona. Otras inferencias ms complejas parecen ser raramenteusadas. Cuando traducen del espaol al quechua, por ejemplo, nuestros amigos quechuas al parecer nodisponen de frases precisas para expresar estados mentales: negar se traduce como decir que no esverdad o (el trmino usado es) espaol.Pero McCormick se apresura a sealar que no debemos interpretar estos hechos comprobadoscomo carencias, sino como indicios de diferencias culturales (Luria, 1976). Segn demuestra Feldman(vase el captulo 3 de este libro), muchas culturas orales de hecho fijan textos a travs de mediosorales y someten esos textos a comentarios e interpretaciones. Lo que no queda claro es si se consideraque esas interpretaciones estn en el texto, es decir, que estn dadas, o en la mente del intrprete, locual es un punto crucial para la hiptesis que estamos exponiendo.Todos los grupos lingsticos hablan, bromean, mienten, cuentan secretos y parecen teneralgunos mecanismos para referirse al habla (Heath, 1983; Schieffelin y Cochrane-Smith, 1982), y todostienen ciertos modos de denotar el status de los tem de conocimiento mediante el uso de indicativos(Chafe, 1985). Estos mecanismos son en alguna medida equivalentes a los trminos denotativos de actosde habla en ingls, o sea, a verbos de decir, y a los trminos que denotan estados mentales, o sea,verbos de pensar. Por lo tanto, las sociedades grafas al parecer no carecen de conceptos para referirsea lo que se dijo y lo que se quiso decir con ello; lo que vara es la extensin y la precisin de estosconceptos. La cultura escrita, en mi opinin, confiere un status conceptual a estas distinciones implcitasy las convierte en categoras bsicas de pensamiento (Havelock, 1982, pg. 209).En nuestros estudios empricos con nios pequeos, podemos detectar los inicios de sureconocimiento de estos estados intencionales y su adquisicin de los verbos metalingsticos y metacognitivos que marcan esos estados. As, podemos observar ms directamente las consecuencias de lapresencia o la ausencia de estos conceptos. En un estudio habitual, mi colega Nancy Torrance leacuentos o representaba episodios en los que un oyente interpretaba errneamente una emisinambigua. Nancy observaba cmo respondan los nios al malentendido. Veamos un ejemplo al respecto:Un sbado por la noche, Lucy y Charlie Brown iban a asistir a una fiesta. Lucy ya estaba vestida con unnuevo traje de fiesta rojo, pero no se haba puesto los zapatos. Quera usar sus nuevos zapatos rojos paraacompaar su vestido de fiesta. Linus estaba en el piso de arriba, as que Lucy lo llam y le dijo: Linus, treme miszapatos rojos. Linus fue al ropero en el que Lucy guardaba sus zapatos. Tom los viejos zapatos rojos de Lucy y losllev al piso de abajo. Le dijo a Lucy: Aqu estn tus zapatos rojos, y se los dio. Por todos los cielos!, exclamLucy, cmo puedes ser tan tonto? y le dio un golpe en la cabeza.8 9. A este tipo de cuento le sigue una serie de preguntas. Estas son las respuestas tpicas de un niode cinco aos: Entrevistador: Linus llev los zapatos que quera Lucy? Nio: No. E: Hizo lo que Lucy le dijo que hiciera? N: No. E: Qu le dijo Lucy que le trajera? N: Los zapatos de fiesta rojos. E: Cules fueron las palabras exactas que dijo Lucy? Dijo: Linus, treme... N: Mis nuevos zapatos rojos.Desde luego, los nuevos zapatos rojos es lo que Lucy quiso decir, pero no lo que dijo. Lo nicoque dijo fue zapatos rojos. El nio fusion lo dado con la interpretacin, de modo que cuando se lepregunt qu se haba dicho, refiri, en cambio, la interpretacin. Hacia los ocho aos de edad, lamayora de los nios establece esta distincin espontneamente, y todos pueden establecerla cuando seles seala. Otros estudios posteriores indican que incluso nios de cuatro o cinco aos puedenestablecer estas distinciones bajo circunstancias ptimas (Ruffman, Torrance y Olson, 1989; vasetambin Beal y Flavell, 1984; Robinson y Robinson,1977, 1980).Aproximadamente al mismo tiempo en que empiezan a percibir la diferencia entre un texto y suinterpretacin, los nios tambin comienzan a captar la diferencia entre lo que est en su mente, entresus conocimientos y creencias anteriores, y lo que est presente y visible en el mundo. Janet Astington yyo (Olson y Astington, 1987) formulamos una serie de preguntas a diversos nios acerca de lo que vencuando miran ciertas imgenes ambiguas y lo que ven otras personas, que tienen distintas creencias, almirar las mismas imgenes. Los nios de corta edad, por ejemplo, presuponen que si ellos saben que laimagen de un gato es roja y si perciben que una mancha roja que ven por la ventana es el gato, entoncescualquier otra persona, aunque no sepa que el gato es rojo, tambin vera que la mancha roja es el gato.Un hecho llamativo es que hasta alrededor de los cinco aos, los nios tienden a no reconocer lainfluencia de las creencias, de una vida mental privada que difiere de una persona a otras, en supercepcin. Esto se relaciona con lo que Piaget denomin el ego-centrismo. Slo a los seis o siete aoscomienzan a reconocer que otra persona, con distintas creencias, vera las cosas de manera diferenteque ellos. Aproximadamente a esta edad los nios comienzan a marcar la diferencia con verbosdenotativos de estados mentales, en oraciones como l no sabe que el gato es rojo o ella cree que esotra cosa. Recientemente han aparecido muchas publicaciones interesantes sobre el desarrollo de lacomprensin de estos conceptos por parte de los nios (vase Wimmer y Perner, 1983; Chandler yHelm,1984; Astington, Harris y Olson, 1988, Taylor, 1988). Estas formas de distincin entre lo dado y la interpretacin podran existir de maneraembrionaria tanto en los nios prealfabetos como en los adultos analfabetos. Debemos explorar estaposibilidad ms exhaustivamente. Pero lo que est claro es que estas categoras interpretativas pasan aser objeto de considerable elaboracin y desarrollo en una sociedad con cultura escrita durante los aosescolares intermedios. Para ilustrar esto, Astington y yo tomamos una muestra de alrededor de treintade los principales verbos, tcnicamente denominados verbos de actos de habla y verbos de estadomental, que marcan y concretan las distinciones en cuestin. Hay tres puntos a tomar en cuenta acercade estos verbos. Primero, son verbos que integran la lengua bsica culta; no forman parte del lxico demuchos hablantes que dominan el ingls corriente. Segundo, en su mayor parte son prstamos del latnde los siglos XV y XVI, cuando el ingls pas a ser la lengua oficial de la religin y el gobierno (vaseTraugott, 1987; Olson y Astington, 1990). Tercero, y pienso que ste es el aspecto ms prometedor de9 10. este trabajo, estos verbos no estn totalmente desconectados de los simples verbos de decir y de hacerque adquieren los nios a los dos o tres aos de edad; as, el verbo interpretar puede analizarseaproximadamente como creer que significa; comprender se puede analizar como saber que algosignifica. La evolucin de una tradicin escrita, por consiguiente, implica algo ms que la acumulacin deconocimientos o el desarrollo de una tradicin de investigacin acumulativa. Implica un nuevo modo declasificar y organizar el conocimiento. En primer lugar, implica la distincin sistemtica entre lo que diceun texto y lo que quiere decir, o sea, entre un texto y su interpretacin, y por lo tanto, entre hechos yteoras, entre observaciones e inferencias. Pero en segundo lugar, crea la posibilidad de recoger losprimeros y organizarlos en complejos sistemas de conocimientos. Esto es lo que aspiran a ser los textosautorizados: compilaciones de lo dado. El conocimiento se aprende como un texto ideal, como algoque, en lo que concierne a quienes lo aprenden, es dado y no creado (Hoskin, 1982). En tanto son vistoscomo depositarios del conocimiento objetivo y vlido de una sociedad, los libros se toman como algoque est ms all de las crticas (De Castell, Luke y Luke, 1989).CONCLUSIN Comenzamos planteando la bien fundada hiptesis que relaciona la cultura escrita con loscambios sociales y psicolgicos ocurridos con la invencin de la escritura alfabtica en Grecia y, enparticular, con el auge de la cultura escrita en la Baja Edad Media y a comienzos del Renacimiento.Sostuve que mientras que la relacin es muy conocida, no haba ninguna teora que vinculara la Reformacon el surgimiento de la ciencia moderna ni con el mentalismo cartesiano. Propuse la idea de que los treseran subproductos de la cultura escrita y postul, como mecanismo del cambio, la nueva distincinconceptual entre lo que era dado en un texto y las interpretaciones aportadas o asignadas al texto por ellector. La denomin la distincin entre lo dado y la interpretacin. Tambin podra haberla llamado ladistincin entre lectura e interpretacin (vase Havelock, 1976) o entre forma y significado (McLuhan,1988). Era la hiptesis de que algo en el texto era dado, invariable y autnomo, y que esa cualidad deestar dado poda ponerse en contraste con las interpretaciones de ese texto, que eran subjetivas, faliblesy producto de la imaginacin. Digo que esa distincin fue propiciada por la cultura escrita porque laescritura, de hecho, dividi el proceso de comprensin en dos partes: la que es preservada por el texto, osea, la que est dada, y la que aporta el lector, o sea, la interpretacin. La imprenta no hizo sino agudizaresta distincin. Con la posibilidad de reproducir exactamente el texto original, libre de errores delcopista, lo que estaba dado en el texto se pudo distinguir ms fcilmente de la interpretacin asignada altexto por el lector. Con una sola movida, los niveles de significado de la Biblia que segn Santo Toms deAquino estaban en el texto fueron reducidos por Lutero a la condicin de meros agregados, incrementose interpolaciones. Galileo sigui estos mismos pasos al tomar el concepto aristotlico de las causasfinales como una mera interpretacin del movimiento, totalmente independiente de las propias leyesdel movimiento. La distincin entre lo dado y lo interpretado, luego, inventada para leer e interpretartextos, fue simplemente tomada en prstamo para leer el libro de la naturaleza. El resultado fue laciencia moderna, basada en la idea de una discontinuidad entre la observacin y la inferencia, entre loshechos y la teora, entre las pretensiones y las pruebas. La epistemologa cientfica moderna, porconsiguiente, fue un subproducto de la hermenutica de la Reforma, y la objetividad fue un subproductode la cultura escrita.10