3. mujeres jefas de hogar: familia, pobreza y género por rosa n

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1 3. Mujeres jefas de hogar: familia, pobreza y género por Rosa N. Geldstein Esta publicación recoge los resultados de la labor de consultoría que la autora desarrolló para la Secretaría de Programación Económica en los años 1994-1995 y 1996 (Geldstein, 1995; Geldstein, 1996a y Geldstein, 1996b) y, en menor medida, incorpora también resultados de su tarea de inves- tigación en el CENEP (Geldstein, 1994). Rosa N. Geldstein es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Téc- nicas (CONICET) en el Centro de Estudios de Población (CENEP). ISBN 987-95490-8-2 © UNICEF Argentina, 1997 Diseño: Juan Pablo Fernández UNICEF Argentina Maipú 942 14º 1340 Buenos Aires Argentina Julio de 1997 Las opiniones expresadas en esta publicación pertenecen a los autores y no reflejan necesariamente los puntos de vista del UNICEF. Esta publicación puede ser reproducida parcialmente siempre que se haga referencia a la fuente.

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    3.Mujeres jefas de hogar:familia, pobreza y gneropor Rosa N. Geldstein

    Esta publicacin recoge los resultados de la labor de consultora que la autora desarroll para laS e c retara de Programacin Econmica en los aos 1994-1995 y 1996 (Geldstein, 1995; Geldstein,1996a y Geldstein, 1996b) y, en menor medida, incorpora tambin resultados de su tarea de inves-tigacin en el C E N E P (Geldstein, 1994).

    Rosa N. Geldstein es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Cientficas y Tc-nicas (CONICET) en el Centro de Estudios de Poblacin (C E N E P) .

    ISBN 987-95490-8-2

    UNICEF Argentina, 1997

    Diseo: Juan Pablo Fernndez

    UNICEF ArgentinaMaip 942 141340 Buenos AiresArgentinaJulio de 1997

    Las opiniones expresadas en esta publicacin pertenecen a los autores y no reflejan necesariamente lospuntos de vista del UNICEF.

    Esta publicacin puede ser reproducida parcialmente siempre que se haga referencia a la fuente.

  • 5 Presentacin7 Agradecimientos9 Introduccin

    11 1. Jefas, proveedoras econmicas y pobreza:ni estn todas las que son, ni son todas las que estn

    15 2. Especificidad de la pobreza en los hogares con jefa mujer

    21 3. Jefatura femenina y pobreza en el AMBA

    39 4. Existe una poltica social para las jefas pobres?

    59 5. Resumen, conclusiones y sugerencias para la accin

    73 Referencias bibliogrficas y fuentes consultadas79 Apndice de cuadros estadsticos

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    Indice

  • Du rante la dcada de 1980 el panorama social de la Argentina se vio fuer-temente afectado por un contexto econmico muy poco favorable. Crisis eco-nmica e inflacin significaron la prdida de expectativas de mejoras y laprofundizacin de las carencias para los sectores ms postergados, y el empo-brecimiento de las capas medias de esta sociedad.

    La dcada del noventa redefine el escenario econmico. Crecimiento y es-tabilidad son rasgos dominantes en la economa argentina de estos aos, pe-ro tambin lo es la dificultad del mercado de trabajo de crear empleo y, atravs de l, lograr que todas las familias participen de los beneficios de estanueva realidad. En consecuencia, nuevos problemas sociales devienen de lamayor inequidad ante el acceso a niveles adecuados de bienestar y en las pers-pectivas hacia el futuro, y una mayor concentracin de la riqueza entre quie-nes participan del sector ms moderno y creciente de la economa.

    Es necesario profundizar en el conocimiento de esta realidad, as como enla identificacin de nuevos modos de hacer frente a sus problemas. Por un la-do, conocer con mayor precisin las transformaciones que estn ocurriendoen la sociedad, identificar a los sectores ms desprotegidos y vulnerables, inda-gar sobre sus necesidades y capacidades, e identificar todas aquellas sealesque nos orienten respecto a nuestro futuro ms cercano.

    Por el otro, poner en discusin nuevas formas de hacer polticas sociales,que muestren capacidad de respuesta ante estos nuevos desafos, y que pro-muevan el desarrollo de un modelo de ciudadana que recupere la centralidadde los derechos,la solidaridad y, por sobre todo, la construccin de formas msinclusivas de organizacin social.

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    Presentacin

  • U N I C E F asumi ante la sociedad argentina el compromiso de aportar a un ma-yor conocimiento de la realidad y al debate de las polticas sociales, y en esecompromiso se enmarca la publicacin de este tra b a j o. Los hogares con jefamujer y nios confo rman uno de los grupos que con ms dificultad hacen fren-te a este nu e vo escenari o, y que deben constituirse en los principales benefi c i a-rios de las acciones que la sociedad promu e ve en pro del bienestar. Cul es larealidad que viven estas mujeres y sus hijos da a da, a travs de qu polticasse est dando respuesta a sus necesidades, y cules son las implicaciones teri-cas y metodolgicas al abordar estos temas son preguntas que constituyen eleje que organiza este trabajo de Rosa Geldstein y cuyas respuestas invitan apensar estrategias que permitan avanzar hacia una sociedad ms integra d a .

    Nstor Lpezrea Estudios e Investigaciones

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  • Aun a riesgo de algn olvido involuntario, queremos dejar constancia denuestro agradecimiento hacia las personas e instituciones que colabora-ron de manera desinteresada para que esta publicacin fuera posible:

    Lic. Enrique Amadasi, Direccin de Estudios sobre Niveles de Vida yPobreza, Secretara de Programacin Econmica.

    Sra. Diana Beltramo, Consejo Nacional del Menor y la Familia.

    Lic. Graciela Burghardt de Roitman, Instituto de la Mujer de la Gober-nacin de Mendoza; Universidad Nacional de Cuyo.

    Lic. Marta Coelho, coordinadora de Programas Institucionales y Socia-les, Consejo Nacional de la Mujer

    Arq. Daniel Damiani, Programa de Erradicacin de Villas, ComisinMunicipal de la Vivienda; proyecto VAMOS.

    Lic. Susana Gamba, Consejo de la Mujer, Municipalidad de la Ciudad deBuenos Aires.

    Srta. Alejandra Lapegna, Direccin de Estudios sobre Niveles de Vida yPobreza, Secretara de Programacin Econmica.

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    Agradecimientos

  • Lic. Pablo Lattes, Centro de Estudios de Poblacin (CENEP).

    Lic. Mara del Carmen Roggi, Consejo Nacional del Menor y la Familia.

    Lic. Lidia Schiavoni, investigadora del CONICET; Universidad Nacionalde Misiones.

    Lic. Marisa Segre, Consejo de la Mujer, Municipalidad de la Ciudad deBuenos Aires.

    Lic. Silvia Serra, Consejo Nacional de la Mujer.

    Lic. Norma Sanchs, Consejo Nacional de la Mujer.

    Ana Lourdes Surez, Direccin de Estudios sobre Niveles de Vida y Po-breza, Secretara de Programacin Econmica.

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  • El sostenido inters en las jefas de hogar, como sujetos de investigaciny como grupo objetivo de programas sociales focalizados, deviene tantode su peso creciente en la poblacin, interpretado como un emergente dela crisis del modelo tradicional de familia nuclear completa (Teppermany Jones, 1992; Wainerman y Geldstein, 1994a), como del hecho de serconsideradas habitualmente como las ms pobres entre los pobres(Buvinic et al., 1978). Esta afirmacin, generalmente poco cuestionada(Buvinic y Rao Gupta, 1994; McLanahan y Booth, 1988), ha determina-do que la doble condicin de gnero femenino y desempeo de la jefa-tura familiar sea utilizada como indicador de pobreza, a menudo demanera un tanto mecnica.

    Las mujeres jefas de familia y sus hogares constituyen sin duda ungrupo social y econmicamente vulnerable, que ha estado en crecimien-to durante las ltimas dcadas tanto en los pases industrializados comoen los de menor desarrollo relativo. Entre los ltimos, los pases latinoa-mericanos en general y la Argentina en particular no constituyen excep-cin (Coleman y Ganong, 1990; McLanahan y Booth, op. cit.; Camarenay Lerner, 1993; Goldani, 1993; Wainerman y Geldstein, op. cit.). La in-seguridad econmica de los hogares con jefa mujer ha sido atribuida atres factores causales bsicos: la baja capacidad de generacin de ingre-sos de la madre, la falta de asistencia econmica por parte del padreque no reside en el hogar y los magros beneficios provistos por el es-tado (McLanahan y Booth, op. cit.).

    Pero una cuestin previa al estudio de la pobreza en estos hogares,la definicin misma del sujeto jefa de hogar, plantea todava algunos

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    Introduccin

  • problemas de conceptualizacin, tanto de orden general como en rela-cin con la temtica especfica de la pobreza. Los criterios tericos y em-pricos con los que se recorta este universo en los diferentes estudios nosiempre son explcitos y, en todo caso, distan de ser homogneos. La cla-rificacin de estas cuestiones conceptuales reviste especial relevancia pa-ra las necesidades planteadas por el diseo de polticas y programassociales focalizados, as como por los estudios diagnsticos que debenservirles de base.

    El presente trabajo se propone contribuir a dicha clarificacin con-ceptual, as como ofrecer informacin fctica de utilidad para los fines depoltica social. Los dos primeros captulos se dedican a la discusin entorno a la seleccin adecuada del universo de las jefas y a las circunstan-cias especficas que determinan y califican a la pobreza en los hogares en-cabezados por mujeres. En el tercero, despus de discutir algunosaspectos de las formas usuales de medicin de la pobreza que pueden im-plicar un sesgo de gnero, se ofrecen evidencias estadsticas y cualitativassobre las caractersticas que asume la pobreza en los hogares con jefatu-ra femenina del rea metropolitana de Buenos Aires (AMBA). El cuartocaptulo presenta los resultados de un rastreo dirigido al anlisis crticode polticas existentes para este sector de la poblacin. Finalmente, seofrecen las principales conclusiones del trabajo, as como una serie de re-comendaciones y propuestas que se espera resulten de utilidad para losagentes y promotores encargados del diseo y la aplicacin de polticasy programas sociales focalizados en las jefas pobres y sus familias.

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  • Dos lneas de razonamiento, no siempre explicitadas, se encuentran pre-sentes en la literatura dedicada a la problemtica de jefatura femenina y po-b reza. Por una parte, la que lleva a decidir si llamaremos jefas a lasm u j e res que as aparecen registradas en las estadsticas oficiales o a las quedesempean el rol de principal sostn econmico del grupo familiar. La re-lacin entre ambos atributos, que se suele dar por supuesta, dista de ser uni-versal aun cuando ocurre con frecuencia; privilegiar uno u otro criterioimplica siempre los riesgos de sobreestimacin o de subcaptacin de la po-blacin objetivo. Por otra parte, se encuentra la cuestin de la relacin cau-sal entre jefatura femenina y pobreza. En este sentido, a menudo se suponeuna relacin necesaria entre ambas caractersticas, lo que suele llevar a iden-tificarlas, dando por supuesto que es la jefatura a cargo de una mujer la queconduce a la pobreza familiar. Con menor frecuencia, se ha sostenido laexistencia de una interaccin dinmica entre ambos tipos de fenmenos,por la cual los procesos econmicos y sociales que conducen al empobre-cimiento de algunos sectores de la poblacin crearan las condiciones paraun incremento en el nmero de hogares encabezados por mujeres; a su tur-no, los hogares pobres con jefatura femenina constituiran un import a n t emecanismo de re p roduccin intergeneracional de la pobre z a .

    De manera explcita o implcita, el criterio ms general que subyace ala determinacin de la identidad del jefe de hogar a los fines estadsticos esel desempeo del rol de sostn econmico. Los valores culturales pre v a l e-cientes en torno a la divisin de roles por gnero en la familia, y el hecho

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    1. Jefas, proveedoras econmicas y pobreza:ni estn todas las que son, ni son todaslas que estn

  • de que en la mayora de los casos el hombre es quien hace el mayor apor-te econmico al hogar, determinan que la mujer slo sea registrada comojefa por las estadsticas cuando no tiene cnyuge o, en general, cuandoen el hogar no hay un hombre adulto. Ello implicara subestimar el pesode los hogares econmicamente a cargo de una mujer muchas veces cn-yuge y no jefa. De manera especial, pero no nica, en las familias re-constituidas formadas por una segunda o sucesiva unin de la madre, esella quien suele mantener la responsabilidad por el sostn econmico desus hijos de uniones anteriore s .1 En otras palabras, la jefatura femenina re-gistrada podra ser slo una punta del iceberg (Bould, 1982).

    En sentido contrario, al no existir un criterio operacional explcitopara seleccionar como jefe de hogar al miembro que ejerza la responsa-bilidad econmica, en no pocos casos se registra como jefe a una perso-na que no aporta ingresos, pero a la cual los restantes miembrosconsideran as por razones de autoridad moral o de respeto, o por tratar-se del titular de la vivienda. Ello ocurre por ejemplo cuando se registracomo jefes a personas de edad avanzada, con frecuencia mujeres viudasque conviven con hijos casados. Un caso especial es el constituido porlos hogares unipersonales, en su mayora por mujeres mayores que vivensolas y no tienen, por lo tanto, hijos a su cargo en el hogar. Estos hechosconduciran a la sobreestimacin del universo objetivo.

    Como se seal, no existe unidad de criterio acerca de la dire c c i ncausal e intensidad de la relacin entre jefatura femenina y pobreza. Enlas mediciones de la pobreza a partir de la jefatura femenina pare c e r asubyacer la atribucin de un papel causal al gnero del jefe. Sin embarg o ,el incremento ms reciente de la participacin laboral y del aporte econ-mico al hogar de las mujeres casadas y madres de familia, que acompaal proceso de pauperizacin de algunos sectores sociales, ha impulsado unenfoque de la pobreza como generadora de hogares con jefatura femeni-na. Ello se debe al papel disruptor que los cambios de roles parecen pro-ducir en las uniones conyugales, bajo la presin de condiciones sociales yeconmicas que, en tanto mantienen la expectativa del cumplimiento delrol de proveedor por parte del varn, impiden a muchos hombres sudesempeo (Smith, 1978; Bould, 1982; Geiger, 1986; Geldstein, 1994a;

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    1 Y que en las estadsticas argentinas son captadas como hogares nucleares completos en los que, sin duda,el padrastro es re-gistrado como jefe en la mayora de los casos,sea o no el principal sostn econmico del hogar (Geldstein,1994b).

  • Geldstein y Delpino, 1994). Estos hechos tambin llevaron a poner enduda la utilidad de la jefatura femenina como criterio nico para laidentificacin del universo que contiene a los hogares pobre s .

    Los hechos expuestos determ i n a ron, entre otras consideraciones,2 q u e ,ms recientemente, se enfatizara la caracterizacin de los hogares con je-fatura femenina como un universo heterogneo, que se cuestionara lautilidad de la jefatura femenina como criterio nico para la identificacindel universo que contiene a los hogares pobres y que se sugiriera ampliarel concepto al de hogares mantenidos por mujeres (Garca Castro,1987; Rosenhouse, 1988; Buvinic, 1991 y 1994a; Geldstein, 1994a).

    No obstante el peso de aquellos argumentos, este documento se cen-tra en los hogares pobres con jefatura femenina registrada. En primer lu-g a r, porque en la Argentina no hay hasta ahora estudios disponibles quehayan tenido como objetivo principal la produccin de conocimientos o b re este universo. En segundo lugar, porque un estudio focalizado enlas principales proveedoras econmicas de hogares del A M B A m o s t r que, dentro de este universo, los hogares de las jefas de hogar paradigm-ticas madres sin cnyuge y con hijos menores a su cargo son los msvulnerables, y que su frecuencia es despro p o rcionadamente alta en los de-ciles ms bajos del ingreso per cpita familiar (Geldstein, 1994a). Sin em-b a rgo, y debido a la existencia de otros hogares vulnerables sostenidospor una mujer que no necesariamente es una jefa visible a las estadsti-cas, la medicin de la pobreza en los hogares con jefatura femenina visi-ble debera ser considerada como una estimacin de mnima.Finalmente, puesto que el inters se focaliza en una problemtica f a m i l i a rque implica la responsabilidad de una mujer por la suerte y el bienestarde otras personas, especialmente de sus hijos menores, este documentoexcluye a los hogares u n i p e r s o n a l e s3 para ocuparse exclusivamente de losm u l t i p e r s o n a l e s (la mayora de ellos, f a m i l i a s) (Wa i n e rman y Geldstein,op. cit.), a los que, en beneficio de la fluidez del texto, en adelante se de-nomina hogares o familias de manera indistinta.

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    2 Como, por ejemplo, la frecuencia creciente de separaciones y divorcios de mujeres de sectores de ingresos medios y altos,quelas convierten en jefas de familias o en nuevas cnyuges en hogares reconstituidos,pero no necesariamente en pobres.Asimis-mo, la tambin creciente frecuencia de hogares unipersonales,en su mayora de mujeres de edad avanzada que viven solas y queno tienen familia a su cargo.3 La exclusin de las mujeres pobres que viven solas no significa en modo alguno que ellas pueden ser excluidas de la atencin delos formuladores de poltica social.Slo implica que la suya es una problemtica diferente de la que afecta a las jefas de familia,pues en su enorme mayora pertenecen al universo de la pobreza en la tercera edad.

  • En este captulo se discuten brevemente dos aspectos fundamentales parala conceptualizacin de la pobreza en los hogares con jefatura femenina.Uno de ellos se re f i e re a la pregunta acerca de las razones, si hay alguna,que justifiquen el estudio de la vulnerabilidad o la pobreza de estos hoga-res como un fenmeno cuantitativa o cualitativamente diferente de los queafectan a los hogares con jefe varn. Este interrogante tiene que ver con lanecesidad de disear indicadores de pobreza especficos para los hogare scon jefa mujer, as como con la posibilidad de fijar un umbral de ingre s o sd i f e rente para incluirlos entre los grupos en situacin de pobre z a .

    El otro aspecto se refiere a la doble necesidad de responder a la pre-gunta acerca de si la pobreza en los hogares con jefa mujer es homog-nea o heterognea, tanto en trminos del nmero de factores causalesque se asocian a su ocurrencia, cuanto a la posible diversidad de tipos dehogares afectados. Estas cuestiones revisten relevancia para dos tipos denecesidades relativas al diagnstico y al diseo de polticas y programassociales. Por una parte, determinar el nmero y tipo de indicadores a di-sear para medir y describir la pobreza en los hogares con jefa mujer.Por la otra, la posible necesidad de disear polticas flexibles que inclu-yan programas alternativos adecuados para beneficiar a familias con di-ferentes estructuras y composicin y que atraviesan diferentes etapas delciclo de desarrollo de la vida familiar.

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    2. Especificidad de lapobreza en los hogares con jefa mujer

  • 2.1. Acerca de lo especfico

    Tanto la baja capacidad de generacin de ingresos de la madre como lafalta de aporte econmico del padre aluden a una caracterstica que mar-ca la diferencia bsica y fundamental entre los hogares pobres encabeza-dos por mujeres y los hogares pobres encabezados por hombres. Se tratade la frecuente presencia de un nico perceptor de ingresos real y poten -cial entre los primeros, lo que torna clave el problema del nivel de ingre-sos personales de la jefa, quien se constituye as en el determinanteprincipal o nico del nivel de ingresos totales del hogar y en uno, funda-mental, de los ingresos per cpita.

    Los hogares con jefe varn cuentan, en su enorme mayora, al me-nos potencialmente y crecientemente, de manera real con al menos unperceptor adicional: la cnyuge.4 Si sta no desempea un trabajo para elmercado, la familia puede optimizar sus posibilidades de divisin del tra-bajo dentro del hogar y as el jefe trabajador puede, en caso de encontraroportunidades, maximizar su dedicacin al desempeo de un puesto re-munerado con la finalidad de acrecentar los ingresos familiares. Estasposibilidades le estn, por definicin, negadas a la gran mayora de loshogares con jefa mujer.

    La circunstancia de ser el principal o el nico perceptor de ingresosdel hogar obliga a muchas de estas mujeres a aceptar ocupaciones o em-pleos mal remunerados y en no pocas ocasiones bajo condiciones preca-rias de trabajo y empleo, que tal vez rechazaran las madres-esposas quepueden elegir vivir en un similar nivel de pobreza con los ingresos apor-tados por el jefe varn. Esto quiere decir que si en un hogar con jefe va-rn se toma la decisin de no movilizar hacia el mercado un re c u r s ohumano potencialmente disponible para la generacin de ingresos adicio-n a l e s ,5 este hogar podra ser considerado menos pobre que otro en el cualtal clculo de costo-beneficio es sencillamente imposible, aun cuando pe-se sobre la madre una similar configuracin de demandas domsticas.

    El hecho de que los ingresos totales del hogar dependan principal-mente de la remuneracin que una mujer pueda obtener por su trabajo

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    4 La incorporacin creciente de mujeres casadas y de hijos jvenes al mercado de trabajo se ha constituido en estrategia familiarante el elevado desempleo y la cada de los ingresos reales de los varones jefes de hogar.5 Por ejemplo, porque la pareja prefiere ajustarse un poco el cinturn a cambio de que la madre pueda dedicar todo su tiempoal cuidado de los hijos y a la atencin de la casa y el marido.

  • significa, en promedio, que ese hogar tendr menores ingresos que aque-llos de los que puede disponer una familia que depende del trabajo de unhombre, puesto que, en promedio, los ingresos que percibe una princi-pal perceptora mujer son menores que los que percibe un principal per-ceptor varn que trabaja la misma cantidad de horas (Geldstein, 1994a).A ello se aade el hecho de que si la jefa tiene a su cargo hijos de cortaedad y no puede disponer de la ayuda solidaria o remunerada de otroadulto, los nios se convierten en un factor que disminuye el tiempo po-sible de dedicacin laboral de la madre, disminuyendo tambin el nivelde ingresos que ella puede obtener en el mercado.

    Los magros ingresos de la madre no slo comprometen la calidad devida actual de todos los miembros del grupo familiar. Tienen tambinefectos de mediano y largo plazo, como la escasa capacidad de generarahorros que permitan acceder a la propiedad o al alquiler de una vivien-da digna,6 y la reproduccin de las condiciones de pobreza estructural, atravs de la transmisin intergeneracional de la pobreza a los hijos (cf.Buvinic, 1991 y 1994a y b).

    La frecuente ausencia de otro adulto en el hogar empobrece an msla calidad de vida de la familia femenina, pues disminuye las horas deatencin brindada a los nios por un adulto custodial y representa unasobrecarga fsica y psicolgica para la madre, que debe asumir sola lasresponsabilidades y trabajos domsticos y extradomsticos. A la cargapsicolgica contribuyen tambin la estigmatizacin social que enfrentala madre sola por transgredir el modelo biparental prescripto, y unamayor exposicin de la jefa y su prole a la agresividad y la violencia deun entorno inseguro.

    Los argumentos que acabamos de exponer abonaran la tesis de lanecesidad de pensar en indicadores especficos para la caracterizacin dela pobreza en los hogares con jefa mujer, que implica condiciones de vi-da cotidiana diferentes a las que enfrentan los hogares pobres con jefe va-rn. Creemos que tambin sealan la necesidad de fijar un lmite deingresos ms altos para considerar pobre a un hogar con jefatura fe-menina, puesto que stos, con mayor frecuencia, deben remunerar bie-

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    6 En las familias nucleares completas,cuando el ingreso del jefe varn es suficiente para asegurar la subsistencia familiar, el ingre-so adicional contribuido por la cnyuge constituye el mecanismo usual de acumulacin para la adquisicin o mejora de la vivien-da y su equipamiento (Geldstein,1994a y Kaztman,1991).

  • nes y servicios que los otros hogares pobres pueden obtener mediante ladivisin del trabajo entre sus miembros. Entre otros: obtencin de la vi-vienda por autoconstruccin (ms difcil si no imposible para una mujersola), cuidado de los nios, produccin para el autoconsumo, manteni-miento y reparacin de la vivienda y de los electrodomsticos.

    No nos extenderemos sobre el aporte magro o inexistente del padreno residente, sobre lo cual existen evidencias en la literatura y testimo-nios que hemos recogido personalmente en entrevistas en profundidad amadres jefas de hogar y a adolescentes de sectores populares (Geldstein,1994a y b y Pantelides et al., 1995). Slo diremos que si muchas ruptu-ras conyugales se produjeron por los conflictos derivados de la imposi-bilidad del hombre de proveer ingresos suficientes al grupo familiar,sera poco realista esperar que, de no mediar cambios importantes en loeconmico y en lo cultural, estos hombres, tambin pobres, cumplancon esta funcin una vez excluidos del hogar.

    Adicionalmente pero no menos importante existe el problema deque los indicadores de pobreza basados en los ingresos per cpita y demanera especial la lnea de pobreza (LP) segn el mtodo del adulto equi-valente tienden a subestimar (ceteris paribus) la pobreza en los hogaresque tienen nios y, de manera especial, en aqullos con jefa mujer. Estacuestin se desarrolla ms adelante.

    2.2. Acerca de la heterogeneidad

    Si la categora hogares con jefa mujer es heterognea, la categora ho-gares pobres con jefa mujer suma su propia cuota de heterogeneidad,porque en ella la pobreza reconoce mltiples causas no siempre concu-rrentes, que se combinan e inciden de diferentes maneras.

    La medicin de la pobreza por ingresos tiene bsicamente dos com-ponentes: el nivel de ingresos totales del hogar y el nmero, sexo y eda-des de los miembros. Es as que los bajos ingresos totales o los bajosingresos de la jefa incidirn en la calidad de vida (y en su medicin) demanera diferente en hogares pequeos que en hogares numerosos, y enhogares con hijos chicos que en hogares con hijos en edad de aportar in-gresos o de ayudar con las tareas domsticas. A su vez, el tamao y com-posicin del hogar incidirn en el clculo de los ingresos per cpita de

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  • manera diferente en hogares con mayores y menores ingresos totales.Hay hogares que son pobres con ingresos personales de la jefa relativa-mente altos, porque ella es la nica perceptora y la familia es numerosa,o porque tiene hijos adolescentes varones desocupados que no aportaningresos pero que pesan ms en el clculo del gasto segn adulto equiva-lente. Y hay hogares pobres porque los hijos de corta edad impiden quela jefa trabaje un suficiente nmero de horas.

    Hay tambin hogares pobres porque la jefa tiene baja educacin ypobres oportunidades laborales y/o hijos en edad de trabajar que noconsiguen empleo. Y hay jefas menos pobres (las menos) porque, eniguales condiciones que las otras, reciben alguna transferencia de ingre-sos del padre de los hijos, de otro familiar o del estado. Muchas de ellasson pobres por sus ingresos insuficientes, pero no tienen carencias detec-tadas por los indicadores clsicos de necesidades bsicas insatisfechas(NBI) porque, por ejemplo, accedieron a una buena vivienda por auto-construccin antes de la separacin conyugal. Y hay familias con jefamujer pobres por carecer de una vivienda adecuada, cuyos ingresos lassitan por encima de la LP, pero son insuficientes para permitir el nivelde ahorro necesario para acceder a la compra o al alquiler de una vivien-da. Y hay muchos ms ejemplos posibles de cmo se construye la po-breza en hogares con jefa mujer. Al cerrar el prximo captulo se ilustranalgunas situaciones paradigmticas con la informacin recogida en entre-vistas en profundidad a distintos tipos de jefas de hogares pobres en elaglomerado del Gran Buenos Aires en el curso del ao 1992.

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  • 3.1. La pobreza se construye dos veces: en la desigualdad social y en las estadsticas

    La pobreza, una realidad social observable, ha de ser reconstruida apartir de indicadores que faciliten la medicin de su incidencia en diver-sos grupos vulnerables. Esta reconstruccin operacional entraa tam-bin el riesgo de inequidad.

    A nuestro entender, el mtodo del adulto equivalente (L P) indi-cador de pobreza basado en los ingresos per cpita familiares y en losrequerimientos nutricionales estimados para cada estructura familiar8

    tiende a subestimar la pobreza en los hogares que tienen una alta pro-p o rcin de nios y/o de mujeres y, de manera especial, en aquellos ho-g a res que tienen jefa mujer. Esta subestimacin reconoce como fuentesdos supuestos cuestionables: el de un menor gasto en alimentacin pa-

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    7 Las cifras contenidas en los cuadros del Apndice estadstico y comentadas en esta seccin provienen de tabulaciones especia -les de la informacin de la Encuesta Permanente de Hogares relevada por el INDEC. Los datos correspondientes a la onda de oc-tubre de 1992 provienen de Geldstein (1995) y los correspondientes a octubre de 1994,de Geldstein (1996b).Se advierte sobrela escasa representatividad estadstica de las cifras,debida:a) al tamao de la muestra de la EPH, b) a que algunos indicadores slocontienen informacin para los hogares del aglomerado que declaran ingresos completos,y c) a que el universo de este estudioes una subpoblacin muy pequea. Debido a ello, las cifras absolutas slo deben ser interpretadas como indicativas de rdenes demagnitud y no es aconsejable la comparacin entre aos. Por estos motivo s , slo se analizan las relaciones internas que surgen del o s datos de una sola o n d a , y las conclusiones se extraen del comportamiento de las mayo res fre c u e n c i a s , de la consistencia de losresultados y de los patrones que agregan credibilidad lgica a las cifras.8 Donde los requerimientos de cada miembro se definen como proporciones variables (de acuerdo al sexo y la edad) de los re-querimientos de un varn adulto. El mtodo supone menores necesidades nutricionales para los nios y las mujeres respecto delos adolescentes y adultos y de los varones, respectivamente.

    3. Jefatura femenina ypobreza en el AMBA7

  • ra estos hogares y el de una relacin universal entre gasto en alimentosy gasto total.9

    En primer lugar, los hogares con jefatura femenina tienen en generalmenor nmero de miembros adultos sobre todo, varones, lo que deter-mina que el mtodo de adulto equivalente estime para ellos menore s re-querimientos nutricionales y, por lo tanto, menores gastos en alimentos(cf. Argentina, CEPA, 1993a, p. 30). Sin embargo, existen bastantes evi-dencias empricas de que estas familias tienen una estructura de consu-mo y de gasto diferente a la supuesta por dicho mtodo. De acuerdo a lasmismas, las jefas destinaran al bienestar de los nios en general y al ru-bro alimentacin en particular una mayor proporcin de sus ingresosque las familias en las que el hombre ejerce el control de los recursos (cf.Lloyd y Brandon, 1991; Barrig, 1992; Buvinic, 1994a). Por otra parte,tambin destinaran a los alimentos una proporcin del gasto mayor quela supuesta por el coeficiente de Engel: ste arroja una proporcin del45% para septiembre de 1992, pero jefas de hogares pobres entrevistadasese mismo ao estimaban la incidencia de ese rubro en no menos del60% de su presupuesto (Geldstein, 1994a). De lo dicho puede concluir-se que si las jefas dedican una proporcin mayor de su ingreso al gastoen alimentacin ya sea porque su canasta de bienes incluye mayor pro-porcin de alimentos o porque su ingreso total es menor sus familias de-beran ser consideradas ms pobres que las encabezadas por varones, enlo que respecta a su necesidad de sacrificar otros consumos.

    En segundo lugar, no parece cierto que la composicin del hogarafecta el consumo de los restantes bienes y servicios de igual manera quela supuesta por el mtodo del adulto equivalente para los alimentos (Bec-caria y Minujin, 1991, y Minujin y Scharf, 1988, en CEPA, 1993a). Cier-tamente, las jefas tienen iguales gastos que los jefes varones en algunosrubros (como el transporte) y aun mayores en otros, puesto que, conmayor frecuencia, deben remunerar bienes y servicios que los otros ho-gares pobres pueden obtener mediante la divisin del trabajo entre susmiembros. Entre otros, la obtencin de la vivienda por autoconstruc-cin, el cuidado de los nios mientras la madre trabaja, la produccin pa-ra el autoconsumo, el mantenimiento y reparacin de la vivienda y de los

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    9 Dicha relacin,utilizada para estimar el costo total de una canasta familiar de bienes y servicios a partir del costo de la canastade alimentos,se expresa en el coeficiente de Engel (vase Argentina, CEPA, 1993a).

  • electrodomsticos, y el pago de servicios privados de salud por inadecua-cin de los horarios de los servicios pblicos. Por lo tanto, bajo el su-puesto implcito de que los coeficientes de adulto equivalente estimadospara la canasta CBA (canasta bsica de alimentos) se mantienen para elresto de los bienes (Argentina, op. cit., p. 30), y al ignorar las diferen-cias genricas e idiosincrsicas en los hbitos de consumo (Sen, 1992), setraslada aquella subestimacin al resto de los gastos. Es evidente enton-ces que, de la misma manera que la gran variabilidad (en el tiempo) delos precios relativos entre bienes y servicios hace necesario introducirmodificaciones en el coeficiente de Engel (a) de manera tal de reflejar di-chos cambios (Argentina, CEPA, op. cit., p. 30), sera necesario conside-rar ajustes a las medidas de pobreza que reflejen la gran variabilidad enla estructura del gasto entre hogares encabezados por varones y hogaresencabezados por mujeres.

    Los argumentos expuestos tambin haran aconsejable la conside-racin de un umbral de ingresos t o t a l e s, en adicin a la medicin percpita, para la determinacin de la pobreza en hogares con jefatura fe-m e n i n a .

    En la prxima seccin se comparan resultados de la aplicacin demedidas alternativas de la pobreza: la L P (que acabamos de discutir),los ingresos familiares per cpita sin aplicacin del mtodo de adultoequivalente (P C), y el mtodo de las necesidades bsicas insatisfechas(N B I). En tanto los dos primeros detectan la pobreza por ingresos yen ese sentido parecen captar una pro p o rcin mayor de nuevos po-b res (Minujin, 1992), el terc e ro detecta mejor ciertas carencias que,asociadas al hbitat, a la vivienda y a determinadas caractersticas delhogar y de sus miembros, definen mejor a los pobres estru c t u r a l e s y, a nuestro entender, al grupo peor posicionado de los hogares con je-fatura femenina.

    3.2. La pobreza tiene sesgo de gnero? Las mediciones no proporcionan evidencias concluyentes

    Los hogares multipersonales con jefatura femenina representan entre un14% y un 15% de todos los hogares, pobres y no pobres. Las cifras quese presentan en el Cuadro 1 del Apndice estadstico permiten formarse

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  • una idea de la incidencia de la pobreza en estos hogares y de su nmeroaproximado en el AMBA en aos recientes. De acuerdo con diversos indi-cadores para los aos 1992 y 1994, la proporcin de familias pobres fluc-ta entre un 14% y un 23% del total de las encabezadas por mujeres, ysu nmero vara entre poco ms de 45 mil y alrededor de 90 mil hogares,segn la definicin operacional que se utilice. Segn el criterio que se uti-lice para su identificacin, el nmero de familias que constituiran el ob-jetivo de polticas focalizadas vara desde un mnimo de alrededor de 40mil hasta un mximo de ms de 250 mil en 1992. La primera cifra corres-ponde al criterio ms restrictivo: focalizar slo en aquellas que, pobresactuales segn LP, renen la doble caracterstica de jefa y principalperceptora;10 en estos hogares viven unas 200 mil personas, ms de lamitad nios y adolescentes (87 mil entre 0 y 14 y 24 mil entre 15 y 19aos de edad). La segunda corresponde al criterio ms amplio de pobla-cin vulnerable que las incluye: el de las principales perceptoras (jefaso no) con ingresos familiares entre los deciles 1 y 4.11

    La comparacin entre los resultados de la medicin de la pobrezapor LP y por PC lleva a dos conclusiones. Por una parte, el nmero de ho-gares que queda entre ambas medidas y que constituye un grupo vul-nerable en el corto plazo alcanza a algo ms de la mitad del nmero delos hogares pobres por LP (55,4% con jefa mujer y 56,9% con jefe va-rn). En el caso de las jefas mujeres, su inclusin en el grupo objetivo s-lo significara aumentar el nmero de los beneficiarios de programassociales en unos 25 mil hogares. Por otra parte, estas cifras sealan otravez que ampliar el lmite de la pobreza por ingresos implica captar enmayor medida a los hogares con jefatura masculina.

    El indicador de N B I que individualmente incluye ms hogares po-b res, tanto entre los de jefatura femenina (10,9%) como entre los de jefa-tura masculina (9,6%) es el de condiciones sanitarias (hogares envivienda sin inodoro con descarga de agua), muy relacionado con el tipo

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    10 La incidencia ms alta de la pobreza se encuentra en los hogares en los que jefatura familiar y principal aporte econmico coin-ciden en una misma mujer: 16,5% por el mtodo de adulto equivalente (LP) y 24,2% por ingreso per cpita sin ponderar por adul-to equivalente (PC) (vase Geldstein,1995).11 En tanto la medicin de la pobreza por los mtodos basados en los ingresos familiares per cpita coincide por lo general conlos dos primeros deciles de la distribucin de hogares segn esta variable, los deciles 3 y 4 incluyen un grupo de hogares vulne-rables,puesto que en condiciones de hiperinflacin (como las vigentes en 1989) la LP prcticamente coincide con el lmite supe-rior del cuarto decil (Geldstein,1994a).

  • y calidad de la vivienda. La pro p o rcin de hogares con vivienda inade-cuada que surge de los datos censales1 2 para el A M B A en 1991 es de18,5% para hogares con jefe varn y de 18,4% para hogares con jefa mu-j e r. Si se excluye del clculo la vivienda tipo B,1 3 la pro p o rcin de vi-vienda inadecuada es entonces del 7,5% para los hogares encabezados porh o m b res y del 8,5% para los encabezados por mujeres, lo que implica unaincidencia de la pobreza por vivienda superior en un 13,3% en el caso dela jefatura femenina. Las diferencias son an ms importantes en los ho-g a res nucleares, los ms numerosos entre los de jefatura masculina y fe-menina: en la Capital Federal la pro p o rcin de hogares con jefa mujer eninquilinatos y pensiones (2,9%) supera en un 52,6% a la pro p o rcin deh o g a res con jefe varn en las mismas condiciones (1,9%); en el Gran Bue-nos Aires el 10,6% de los hogares nucleares con jefa mujer viven en unrancho o casilla, una pro p o rcin que excede en un 26,2% a los hogare sn u c l e a res con jefe varn en iguales condiciones (8,4%). El indicador deN B I por hacinamiento (ms de tres personas por cuarto de uso exclusivodel hogar) incluye al 4,6 y al 4,5% de los hogares con jefa mujer y con je-fe varn, respectivamente. Puesto que los hogares encabezados por mu-j e res tienen, en promedio, menor nmero de miembros que los hogare sencabezados por varones, la similar incidencia del hacinamiento estaraindicando, en el caso de las mujeres, una menor disponibilidad total dec u a rtos; tpicamente, familias hacinadas en un ambiente nico.

    P e ro segn sealan los indicadores de pobreza por ingresos y el deN B I total, la pro p o rcin de hogares en situacin de pobreza no vara demanera significativa de acuerdo con el gnero de los jefes. Para 1992, entanto los indicadores basados en los ingresos indicaran una incidenciaapenas mayor de la pobreza entre los jefes varones, el indicador de N B Idetecta un porcentaje apenas mayor de pobres entre las mujeres, peroesta relacin se invierte si consideramos la informacin disponible para

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    12 La medicin de la pobreza por el mtodo de las necesidades bsicas insatisfechas (NBI) presenta problemas para su aplicacina la informacin de la Encuesta Permanente de Hogares.El indicador de vivienda combina el tipo de vivienda con su forma de te-nencia:la vivienda es considerada inadecuada si se asienta en terreno fiscal, y casa si el ter reno es propio o sus habitantes loestn pagando, aunque se trate de una vivienda precaria en una villa.Agradecemos a la Lic.Andrea Cardinale habernos alertadoal respecto (vase cuestionarios e instructivos de la EPH).13 Como se hace en Argentina,CEPA, 1993 b. Casa tipo B es la que cumple por lo menos una de las siguientes condiciones:no tie -ne provisin de agua por caera dentro de la vivienda;no dispone de retrete con descarga de agua;tiene piso de tierra u otromaterial que no sea cermica,baldosa,mosaico, madera,alfombra,plstico, cemento o ladrillo fijo(INDEC, Censo 91.Censo Na-cional de Poblacin y Vivienda 1991.Resultados Definitivos.Caractersticas Seleccionadas.Serie B N 25,Total del Pas, p. 19).

  • 1994. Con la debida cautela impuesta por las restricciones de la muestraque ya fueran sealadas, esta observacin merece dos comentarios in-t e r p retativos. En primer lugar, la incidencia de la pobreza por N B I h adescendido en los ltimos aos en el Gran Buenos Aires (no as en laCapital Federal), debido a la mejora de la infraestructura urbana, de ma-nera especial, la provisin de agua de red. Puesto que los hogares con je-fa mujer de menor tamao que los encabezados por hombres seencuentran menos afectados que stos por los restantes indicadores quecomponen las N B I,1 4 la mejora sealada se traducira en un mayor im-pacto positivo entre los primeros. En segundo lugar, la cada en los in-g resos reales de los hogares que acompa al deterioro reciente delm e rcado de trabajo parecera haber afectado en mayor medida a las fa-milias encabezadas por mujeres. Ello se debera a cierta saturacin de laso p o rtunidades de empleo femenino ante el incremento constante de lap a rticipacin laboral de las mujeres, lo que se expresa en sus altas tasasde desocupacin; stas afectan de manera especial a las jefas, como semuestra un poco ms adelante.

    La similitud encontrada entre jefes y jefas en los niveles de pobre-za estadsticamente construida seguramente decepcionar a muchosl e c t o res sinceramente convencidos de que las segundas son las ms po-b res entre los pobres. Al respecto, debemos aclarar que lo que se mideaqu es la i n c i d e n c i a global de la pobreza y no su i n t e n s i d a d, la que sepondr mejor de manifiesto a travs de las caractersticas de las jefas ysus hogares, que se analizan en las pginas que siguen. Por otra part e ,aunque los indicadores usuales de pobreza no estn deliberadamentec o n s t ruidos para discriminar en contra de las familias encabezadas porm u j e res, tampoco han sido diseados para captar la especificidad de sucondicin. Si (como creemos) estas medidas subestiman el nmero defamilias pobres con jefatura femenina p o rque en su construccin se hatomado en cuenta slo el modelo de familia tradicional con jefe varn,entonces la similitud de los porcentajes de hogares pobres con jefes deuno y otro sexo oculta probablemente una mayor incidencia de la po-b reza entre las mujeres.

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    14 Las carencias por hacinamiento y por capacidad de subsistencia dependen en gran medida del nmero de miembros del ho-gar, siendo ms sensibles en el caso de hogares numerosos,ms frecuentes entre los de jefatura masculina.

  • 3.3. Cmo son las familias pobres con jefa mujer?

    Las familias pobres encabezadas por mujeres cumplen o han cumplidofunciones de procreacin y de crianza: ms del 90% incluyen nios; msde seis de cada diez tienen nios menores de 15 aos y ms de cuatro decada diez tienen nios menores de 7 una frecuencia 3,5 veces mayor quela de las jefas no pobres.

    En estas familias, la frecuencia de la pobreza se incrementa de ma-nera inversamente pro p o rcional a la edad de los nios y dire c t a m e n t ep ro p o rcional a su nmero: alcanza a cerca del 60% de los hogares mo-n o p a rentales con hijos menores de 7 aos y supera el 80% de los quetienen 4 o ms hijos menores de 20. Estos dos aspectos nmero y eda-des de los hijos se encuentran relacionados: debido a que la elevada fe-cundidad de las mujeres ms pobres se prolonga a lo largo de su ciclore p roductivo, los hogares numerosos en este sector social se caracteri-zan por la presencia de hijos de diversas edades, desde lactantes hastaadolescentes. En efecto, las familias pobres que tienen slo hijos mayo-res son una minora, contrariamente a lo que ocurre entre las no pobre s .Es as que lo que determina la mayor incidencia de la pobreza en las fa-milias con nios pequeos no es simplemente la corta edad de los mis-mos, sino su elevado nmero. Ello encuentra confirmacin en el hecho,que destacamos ms adelante, de que las jefas pobres son en general mu-j e res maduras. Si, como suele ocurr i r, han comenzado tempranamentesu ciclo re p roductivo, la presencia a la vez de hijos pequeos y de unap role numerosa estara indicando tambin la presencia de hijos adoles-centes o jvenes.

    En la estructura de los hogares con jefatura femenina se evidenciaclaramente la frecuente ausencia de un cnyuge varn y, en general, deuna pareja conyugal. En su enorme mayora son familias monoparen-tales (nucleares o extendidas), que carecen de la presencia de un maridoo padre, situacin que comparten los hogares no pobres con jefatura fe-menina. La diferencia significativa entre ambos grupos reside en la mayorproporcin de familias extendidas entre las que enfrentan condiciones depobreza (43 y 37%, pobres y no pobres respectivamente). La frecuenciade hogares extendidos entre los de jefatura femenina se suele explicar co-mo una estrategia asociativa de supervivencia; hay que tener en cuenta,sin embargo, que si el nmero total de miembros de un hogar aumenta

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  • sin un incremento correlativo de aquellos que aporten ingresos, la inci-dencia estadstica de la pobreza ser mayor.

    El tamao medio de los hogares pobres difiere muy poco segn elsexo del jefe (4,2 y 4,5 personas por hogar, mujeres y varones respectiva-mente); ambos son significativamente mayores que los hogares no po-bres y esta diferencia es ms notable entre los encabezados por mujeres(3,0 y 3,7 miembros por hogar entre los no pobres con jefatura femeni-na y masculina respectivamente). Puesto que los hogares con jefa mujerson en general ms pequeos y tienen menos hijos que los hogares conjefe varn, los indicadores basados en el ingreso per cpita incluyen en-tre los pobres slo a las jefas que tienen tantos o ms hijos que los jefesvarones y, por lo tanto, una mayor relacin de dependencia potencial(1,9 en el caso de las jefas y 1,6 en el caso de los jefes). El nmero mediode nios y jvenes de 0 a 19 aos es de 2,32 por hogar entre las jefas y de2,27 entre los jefes pobres, el doble que en los hogares no pobres.

    En tanto las jefas no alcanzan a contar, en promedio, con otro adultoe n t re 20 y 59 aos de edad en el hogar con quien compartir sus re s p o n s a-bilidades familiares, los hogares pobres con jefe varn tienen un pro m e d i ode 1,01 adulto adems del jefe tpicamente, la cnyuge. Estos mtodosexigen entonces a las jefas condiciones ms rigurosas que las exigidas alos jefes para reconocerlas como pobres: un mayor nmero de dependien-tes y un nmero menor de adultos para ayudar en el hogar, ya sea en el tra-bajo domstico o en el extradomstico. Ello significa, indudablemente,una mayor carga de trabajo y responsabilidad para una mujer que, trm i-no medio, dispone de menores recursos econmicos que un hombre en si-m i l a res circunstancias (vanse cuadros 2 a 5 del Apndice).

    Como se indic en un punto anterior, una causa principal de la po-breza es la dependencia del grupo familiar respecto de los ingresos de lajefa. La consideracin del nmero de perceptores de ingresos por hogarpone claramente en evidencia que la incorporacin de un perceptor adi-cional constituye una estrategia que permite a algunas jefas escapar a lapobreza. En efecto, ms de las tres cuartas partes de los hogares pobresdel AMBA tienen un solo perceptor de ingresos tpicamente, la jefa,contrastando con la situacin de los hogares no pobres, ms de dos ter-cios de los cuales tienen al menos dos perceptores. Es as que cuando losingresos dependen de una nica perceptora, la incidencia de la pobrezasupera el 43%.

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  • 3.4. Cmo son las jefas de las familias pobres?

    Cmo son y qu hacen las jefas pobres para proveer al sustento de sufamilia? La respuesta a este interrogante es de la mayor relevancia parael diseo de polticas sociales focalizadas. En esta seccin tratamos deabordarla atendiendo a la edad, el estado conyugal, la educacin y lasfuentes de ingreso de las jefas.

    Excepto una pequea proporcin de mujeres casadas o unidas, laenorme mayora de las jefas pobres que sostienen familias del AMBA sonmujeres sin compaero: separadas o divorciadas (38%), viudas (36%) osolteras (21%). Casi todas tienen ms de 30 aos de edad, pero la mitadtodava se encuentra en edades reproductivas (50% entre 30 y 49 aos);un grupo importante (45,7%) ha pasado los 50 aos. Las ms numero-sas, en fin, son las separadas o divorciadas entre los 30 y los 49 aos deedad y las viudas mayores de 50 (Cuadro 6).

    El anlisis del nivel de educacin alcanzado por las jefas confirma lapresuncin de que los indicadores de pobreza por ingresos o por NBIcaptan poblaciones bastante diferentes. De acuerdo con los primeros, lasjefas pobres del AMBA tendran en general mayor educacin que sus con-gneres masculinos: el 21% no concluy estudios primarios, en compa-racin al 27,3% de los varones, en tanto el 20% han completado elsecundario o continuado estudios superiores, nivel alcanzado por slo el8,8% de los hombres. De acuerdo con estos datos, el bajo nivel de edu-cacin sera un predictor de pobreza de escasa calidad para las jefas: la in-cidencia de la pobreza, aunque mayor entre las de educacin ms baja(24,5%), alcanza en igual medida a las que completaron estudios prima-rios y en una medida no despreciable a las que tienen alta educacin(14,4%) (PC). Este hallazgo indicara que los ingresos insuficientes demuchas jefas obedecen ms a las pobres remuneraciones de las ocupacio-nes tpicamente femeninas o al desempeo de una jornada reducida, quea su escaso capital humano. Si consideramos ahora la educacin de lasjefas pobres por NBI el panorama cambia llamativamente: este indicadorduplica la presencia de las jefas menos educadas entre las pobres (43,1%)y minimiza el peso de las que cuentan con mayor educacin (5%), lasdescribe como mucho menos educadas que los jefes pobres y las discri-mina de manera mucho ms significativa de las mujeres sin NBI, un 33%de las cuales ha completado o superado el nivel secundario. La inciden-

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  • cia de la pobreza por NBI entre las jefas con menor educacin asciende al39,3% y slo alcanza al 2,5 % de las ms educadas (Cuadro 7).

    La participacin laboral de las jefas de familia est sin duda motiva-da por la necesidad: casi 6 de cada 10 de las que tienen NBI son econmi-camente activas, una pro p o rcin significativamente mayor que laencontrada entre las que no tienen necesidades bsicas insatisfechas(49,6%) (Cuadro 8).

    Cerca de la mitad de las pobres tienen ingresos provenientes de suactividad econmica (incluyendo un 14% con ingresos de ms de unafuente); el 30% tiene ingresos por jubilacin o pensin, en tanto un 22%declara no tener ingresos personales durante el mes de referencia de laencuesta. La presencia de hijos menores de 20 aos en el hogar impulsaa las jefas pobres a trabajar y a buscar fuentes adicionales de ingreso: el92% de las madres de familia numerosa (4 y ms hijos) sostiene a su pro-le con el producto de su trabajo, la tercera parte de ellas obtiene ingresosde ms de una fuente. La eficiencia de estos recursos, sin embargo, dis-minuye a medida que aumenta el nmero de hijos dependientes: la inci-dencia de la pobreza, mnima entre las jefas trabajadoras con un solo hijo(11%) y muy alta entre las jefas jubiladas o pensionadas (45% de las quetienen 2 o 3 hijos), alcanza su mximo entre las trabajadoras con 4 o mshijos (81%) (datos de Geldstein, 1995).

    Cules son las condiciones de empleo de las jefas pobres que trabajan?Su ocupacin tpica es, sin lugar a dudas, el servicio domstico, que

    ocupa a ms de la mitad de las pobres por N B I ( p e ro a poco ms de una decada diez de las no pobres). Las ventajas relativas de esta ocupacin sonbien conocidas: facilidad de acceso, remuneracin diaria, flexibilidad dehorarios y, en muchos casos, transferencias no monetarias en forma decomidas en el lugar de trabajo y bienes reciclables. Esta insercin laboralimplica sin embargo una alta desproteccin: la mitad de las trabajadorasp o b res no cuentan en su empleo con ningn beneficio social, en tanto dost e rceras partes de las no pobres cuentan con todos los beneficios.

    Ms recientemente, la cada en los ingresos de las familias de secto-res medios parece haber afectado directamente su capacidad de dar em-pleo a trabajadoras domsticas,15 lo que sin duda influye en la altsima

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    1 5 Tal lo sealado por el diario C l a r n ( m a rtes 21 de enero de 1997), a partir de informacin de la Encuesta Permanente de Hogare s .

  • tasa de desempleo de las jefas pobres, que en 1994 alcanzaba casi al 28%(Geldstein, 1996b).

    La mayor informalidad y la precariedad laboral de las jefas con NBIlas diferencia de sus congneres no pobres y de los jefes varones: con ma-yor frecuencia ellas se desempean como cuentapropistas (32,3% y25%, jefas y jefes pobres respectivamente) o, en general, en estableci-mientos de menor tamao (83,7% y 48,4% respectivamente, de jefas yjefes con NBI en establecimientos con hasta 5 trabajadores). Es que el tra-bajo por cuenta propia o en su domicilio permite a las madres de familiauna mejor compatibilizacin entre la necesidad de obtener recursos eco-nmicos y la exigencia de atender a los nios y desempear las tareas delhogar. Las que eligen empleos asalariados y formales afrontan condicio-nes de trabajo ms duras, pero algunas los prefieren para acceder al sis-tema de seguridad social, cuando logran insertarse en empresas quecumplen con la legislacin laboral (Geldstein, 1994a). Evidentemente,una mayor autoexplotacin de su capacidad de trabajo es la nica va po-sible para escapar de la pobreza: la proporcin de las jefas con doble em-pleo es del 5% entre las pobres y del 10% entre las que no tienen NBI; unrecurso al que no pueden apelar la mayora de las que tienen una alta car-ga de responsabilidad domstica.

    3.5. Los hijos de las jefas: mecanismos de reproduccin de la pobreza16

    En 1994 alrededor de 150 mil nios y adolescentes vivan en hogares po-bres con jefatura femenina en el AMBA. Dos quintas partes tienen entre 7y 14 aos, cerca de un tercio son adolescentes de entre 15 y 19 aos y al-go ms de la cuarta parte son nios de hasta 6 aos. En conjunto, los me-nores de 20 aos en hogares pobres con jefatura femenina representanaproximadamente un 4% de toda la poblacin de entre 0 y 19 aos deedad en el aglomerado, pero tienen un peso importante en el total de ni-os y adolescentes que viven en condiciones de pobreza (13 y 15% porNBI y por LP respectivamente), y un peso mayor an en el conjunto de

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    16 Este acpite ha sido extractado de Geldstein (1996b).

  • los que viven en hogares con jefatura femenina, pobres y no pobres (al-rededor de la tercera parte son pobres) (Cuadro 9).

    Como muestra el cuadro que sigue, para una persona menor de 20aos, la probabilidad de ser pobre por N B I o por ingresos es, re s p e c t i-vamente, un 4,2% o un 25,4% mayor si vive en un hogar a cargo de unam u j e r :

    Porcentaje de pobres sobre total 0-19

    En hogares En hogares Diferenciacon jefa mujer con jefe varn %

    Segn LP (AE) 34,1 27,2 25,4Segn NBI 31,9 30,6 4,2

    En tanto los nios de corta edad limitan las posibilidades de una madresola de trabajar ms horas para acrecentar los ingresos del hogar, los ado-lescentes tienen mayores necesidades de consumo (no slo de alimentossino de ropa, viticos, materiales escolares, recreacin, etc.) que los pe-queos y que los adultos. Este hecho plantea una problemtica especialpara las jefas pobres, ms an si se tiene en cuenta que, al tener una fe-cundidad temprana, alta y prolongada en el tiempo, muchas de estas mu-jeres tienen a su cargo hijos de diferentes edades, desde nios en edadpreescolar y de escolaridad primaria, hasta adolescentes en edad de con-currir al colegio secundario.17 Como se discute a continuacin, las ma-yores restricciones vigentes en los hogares de las jefas pobres se traducenen menores oportunidades para sus hijos, a travs de cuyas experienciasvitales habr de repetirse el ciclo de transmisin intergeneracional de lapobreza.18

    La educacin de los hijos fue tradicionalmente en la Argentina unameta principal a la que dirigieron sus esfuerzos los inmigrantes que po-blaron el pas y, en general, los trabajadores de los sectores populares. El

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    17 Como se ha podido comprobar durante el trabajo de campo correspondiente a investigaciones de carcter cualitativo (Gelds-tein,1994a y b;Geldstein,1996).18 Este trmino ha sido tomado de Buvinic (1991).

  • logro educacional de las generaciones ms jvenes proporcionaba a lasfamilias de los obreros una importante va de movilidad social ascenden-te. En un contexto social de aumento general de los niveles de educacinformal alcanzados por la poblacin y de restricciones en la demanda la-boral, un aceptable nivel de educacin constituye, para los nuevos traba-jadores, un requisito imprescindible para posicionarse competitivamenteen el mercado de trabajo. Segn sugiere la informacin contenida en elCuadro 10, los hijos de las familias pobres y, de manera especial, los queexperimentan la pobreza en un hogar con jefatura femenina, se encuen-tran lejos de alcanzar dicho requisito.

    Las dos terceras partes de los adolescentes de entre 15 y 19 aos deedad que viven en hogares pobres con jefa mujer no asisten al colegio:una proporcin que casi duplica a la de los hijos de los jefes no pobres,varones y mujeres, y que supera significativamente al 50% de los hijosde los varones pobres que no continan sus estudios. Ms grave an re-sulta el hecho de que ms de la cuarta parte de estos jvenes que dejaronla educacin formal lo hicieron sin haber completado la escolaridad pri-maria; en los hogares pobres con jefatura masculina la proporcin co-rrespondiente no alcanza al 10%, y similar a la observada en los hogaresno pobres.

    Algo menos de la mitad de los adolescentes en hogares pobres conjefa mujer dejaron sus estudios una vez completado el colegio primario,una proporcin algo inferior a la de los hijos de familias pobres con jefevarn. La proporcin de los que, entre los pobres, alcanzaron a cursarparte del secundario (alrededor de la cuarta parte) no difiere significati-vamente por el gnero del jefe, una variable que s establece una diferen-cia importante en la posibilidad de continuar estudios hasta terminar estenivel: cerca del 10% de los adolescentes de hogares pobres (segn LP)con jefe varn dejaron los estudios una vez completado el secundario,nivel que no fue alcanzado por ninguno de los hijos de las jefas pobresque no continan estudiando. La importancia fundamental de la restric-cin econmica en las posibilidades de logro educativo de los hijos y enespecial de los hijos de las mujeres solas se pone de manifiesto cuandose observa que entre los no pobres que ya no continan estudiando, elgnero del jefe no establece diferencia en la proporcin de adolescentesque terminaron el secundario (ms del 10% de los que estn por encimade la LP y ms del 17% de los que no tienen NBI).

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  • I n t e resante informacin adicional surge si (con los recaudos debidosal muy corto nmero de casos en la muestra) se observa el nivel educati-vo alcanzado por los adolescentes que continan asistiendo al colegio.Debido a las edades que se estn considerando, resulta casi obvio consta-tar que la enorme mayora asiste al nivel secundario, independientemen-te de la condicin de pobreza y del sexo del jefe. Algo menos obvio, peroexplicable en trminos de las condiciones de la pobreza estructural, es elhecho de que ms del 20% de los adolescentes pobres por N B I en hogare scon jefa mujer an asisten al nivel primario. Para nada obvio, y en apoyode la presuncin de que el bajo rendimiento escolar de los nios en hoga-res monoparentales n o se debera a la particular estructura familiar sino ala pobre z a, que impacta ms intensamente en las familias con jefa mujer,es el hecho de que la asistencia al nivel terciario o superior entre los ado-lescentes no pobres es doblemente ms frecuente si ellos viven en familiasencabezadas por mujeres. En el mismo sentido, la condicin de pobre z am a rca una diferencia mucho mayor en la probabilidad de asistir a este ni-vel para los hijos de las jefas (6 y 25% entre los que estn por debajo ypor encima de la L P respectivamente) que para los hijos de los jefes (11 y13%, pobres y no pobres por lnea re s p e c t i v a m e n t e ) .

    La necesidad de las jefas pobres de incrementar los ingresos del ho-gar para asegurar a sus miembros un nivel de supervivencia y su imposi-bilidad de contar con otro perceptor adulto determinan que en estoshogares, con frecuencia, los hijos adolescentes dejen de estudiar para sa-lir a trabajar (en especial los varones) o para cuidar a los hermanitos a finde que la madre trabaje ms horas (en especial las mujeres). Qu impli-caciones tienen estos hallazgos para la transmisin intergeneracional dela pobreza en los hogares con jefa mujer?

    Si se considera el mximo nivel de educacin alcanzado por el con-junto de todos los adolescentes (los que asisten al colegio y los que ya nolo hacen) y se lo compara con el alcanzado por los jefes,19 se encuentraque los que viven en hogares no pobres ya superaron el logro educativode sus padres hasta el nivel medio, puesto que una proporcin mayor dejvenes que de adultos llegaron al menos hasta el nivel secundario in-completo. Si se tiene en cuenta la baja desercin de los adolescentes no

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    19 A quienes en lo que sigue de este anlisis,y en beneficio de la fluidez del discurso, se denomina madres (jefas mujeres) y pa-dres (jefes varones).

  • pobres y la proporcin de los que ya asisten al nivel terciario, se podrapredecir que ellos habrn de superar tambin la frecuencia con que susmadres o sus padres alcanzaron o superaron el nivel secundario.

    El panorama es bien diferente entre los pobres. Los que viven en ho-g a res con jefe varn bajo la L P ya alcanzaron la pro p o rcin de padres quel l e g a ron al nivel educativo ms alto, en tanto los que tienen N B I los alcan-z a ron hasta el nivel de secundario incompleto y es probable que los igua-len en su acceso al nivel ms alto. En los hogares con jefa mujer, encambio, ya sea que stos se encuentren por debajo de la L P o que tenganN B I, los adolescentes slo alcanzaron a sus madres hasta el nivel de pri-mario completo o secundario incompleto y todo parece indicar que no al-canzarn la pro p o rcin en que las jefas completaron o superaron el nivelsecundario. Estos datos indicaran que transcurrir la infancia y la adoles-cencia en condiciones de pobreza compromete ms el futuro cuando elhogar est a cargo de una mujer sola y, ms an, que esta situacin impli-ca el riesgo de experimentar una movilidad social descendente.

    3.6. Cmo se vive la pobreza en hogares con jefa mujer

    En esta seccin ilustramos las relaciones entre los distintos factores queconfluyen en la determinacin de la pobreza, a travs de la realidad co-tidiana de algunas de las familias que constituyeron casos paradigmti-cos entre las mujeres ms pobres entrevistadas en 1992, en el curso deuna investigacin sobre las principales perceptoras del A M B A ( G e l d s t e i n ,1994a).

    La mayora de estas familias experimentan una gran consistencia en-tre la pobreza por ingresos y por NBI, especialmente los relativos a lascondiciones de hbitat y vivienda. Las jefas desempean ocupaciones debaja calificacin y su ingreso personal tambin el nico ingreso fami-liar es muy bajo. Sus hogares son en general numerosos. Pocos de sushijos estn en edad de trabajar y, si lo estn, no consiguen empleo. A losbajos ingresos se suma la desproteccin laboral de las madres, que se de-sempean en servicio domstico o como costurera a destajo, franque-ra de geritrico u operaria de fbrica en negro, lo que implica quetampoco tienen acceso a una obra social. Atender la salud de los hijospues en general se ocupan poco de la propia les implica afrontar lar-

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  • gos traslados hasta un hospital que ofrezca buena atencin y largas ho-ras de espera, con la consiguiente prdida del jornal.

    Esta situacin determin que Iris madre de dos nios de 6 y 7aos de edad, que vive en una casa tomada de la Capital Federal, ori-ginalmente no destinada a vivienda, y que trabaja a jornada completade lunes a sbados no pudiera seguir concurriendo al hospital en quese atendan ella y su hija. La pequea segua un imprescindible trata-miento odontolgico y madre e hija reciban asistencia psicolgica porla depresin originada en el abandono paterno. Esta situacin familiarimplica adems otros serios inconvenientes. El padre, un migrante li-m t rofe, re t o rn a su pas, donde no es posible ubicarlo. l no cumplecon su obligacin alimentaria hacia los hijos e Iris enfrenta pro b l e m a sde orden legal para el ejercicio de una patria potestad que, compart i d aen la letra de la ley pero no en los hechos, requerira de la firma del pa-d re para la realizacin de diversos trmites relacionados con el bienes-tar de los nios.

    En otros casos, el esfuerzo econmico de las jefas que no es poco,pues la mayora trabaja ms de 40 o 45 horas semanales se ve diluidopor una alta relacin de dependencia, que en promedio alcanza a 3,7 de-pendientes por cada perceptor y que, segn los hogares, flucta entre unmnimo de dos y un mximo de siete. Nati, que tiene cuatro hijos, debiaceptar el ofrecimiento de una hermana en mejor situacin econmica decriar a su hija mujer de 12 aos a quien la madre teme dejar sola en unbarrio inseguro mientras ella trabaja, a veces en guardias nocturnas, enun geritrico. En su casa, si hay que comprar zapatillas para alguno delos chicos durante un tiempo no se cena, e igual estrategia de reduccindel consumo deben implementar para comprar los materiales necesariospara arreglar el techo, que se llueve, o las puertas y ventanas que estnrotas y carecen de seguridad. El lavarropas se descompuso y Nati nopuede afrontar el gasto que demandara su reparacin, de modo que aho-ra debe lavar toda la ropa a mano. Si tenemos en cuenta que a veces lle-ga a trabajar 16 horas diarias, cuando hace horas extras, nos podremosformar una idea de la catstrofe domstica que puede significar este tipode contratiempos cuando recaen sobre los hombros de la jefa y nicaproveedora del hogar. ste es un caso paradigmtico, pero de ningunamanera aislado, de la fragilidad de la organizacin domstica en los ho-gares pobres con jefa mujer, donde no es posible desarrollar una divisin

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  • del trabajo domstico entre adultos, elemento crucial de supervivenciaen un contexto de escasez de recursos.

    Anala, con tres hijos varones de entre 5 y 14 aos (los mayores yad e j a ron el hogar materno), se las arregla para compatibilizar sus horariosde trabajo (doble empleo, en servicio domstico algunos das a la semanay costurera en un taller el resto del tiempo) y los horarios escolares de sushijos, pero tiene conciencia de la precariedad de su equilibrio domstico:

    Pablo (14) lo tiene que organizar a Emanuel (9). Es el que le dice lo que tiene quehacer para ayudarlo[...] los sbados, todos trabajamos; hasta Juan (5) agarra la es-coba[...] A Juan lo llevo al colegio y lo va a buscar Emanuel. Pablo al medioda es-t en la escuela. Cuando empiece a ir todo el da al colegio (tiene que comenzar eltaller en el industrial al que asiste) no s qu voy a hacer con los ms chicos.

    La relativa independencia de los hijos que no estudian tambin es unafuente de preocupacin para las madres que, como Mara (6 hijos de en-tre 6 y 19 aos), pasan muchas horas fuera del hogar:

    [...] solos, solos. En una palabra, estn abandonados, porque ellos solos qupueden hacer? y al no estar nadie con ellos piensan muchas cosas, les vienen mu-chas cosas a la mente.

    Mara trabaja 35 horas semanales, pero tiene 4 horas diarias de traslado yle preocupan fundamentalmente sus hijos varones adolescentes, que noconsiguen trabajo y que parecen estar generando resentimiento por lafalta de dinero para sus gastos.

    Otras, como Rina, repiten de alguna manera su propio modelo fa-miliar, reservando a la hija mayor a quien no hacen seguir estudiossecundarios para reemplazarla en las tareas de la casa y el cuidado de loshermanitos, y as ella (una adolescente de 16 aos) es como la mam.La familia de Rina (de seis miembros) vive hacinada en un cuarto de unacasa de inquilinato, sumamente deteriorada y con peligro de derrumbes,en la zona de la Manzana de las Luces de la Capital Federal. Casi no re-sulta necesario advertir que muchas adolescentes en similar situacinbuscan inconscientemente un embarazo como medio de escapar a lascondiciones oprimentes del hogar. Tal como, a su turno, tambin lo hi-zo su madre. Este cuadro forma parte de lo que se ha dado en llamar latransmisin intergeneracional de la pobreza.

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  • En fin, para ser verdaderamente pobre, un hogar puede pero no ne-cesita tener muchos miembros. Slo necesita tener un nico perceptor deingresos bajos. El punto es, sufre ms o representa una situacin de ma-yor injusticia una familia muy numerosa con ingresos totales relativa-mente bajos pero que permiten, por ejemplo, acceder a un techo dignopero alimentarse pobremente o vestirse mal, que una corta familia cuyosingresos totales son insuficientes para pagar una cuota mnima que ase-gure el alquiler o la compra de una vivienda digna o el equipamiento queposibilite vivir con un mnimo de confort? Si son hogares con jefa mu-jer, ambos son pobres y merecen ser atendidos por programas socialesflexibles, que contemplen las situaciones especficas que plantea la po-breza a hogares con diversas estructuras y tamaos y en distintos mo-mentos de su ciclo de desarrollo vital, encabezados por mujeres ms omenos fuertes como para cumplir con eficiencia ambos roles parentalesy mejor o peor equipadas para obtener el sustento familiar. En lo que si-gue se analiza la respuesta institucional a esta problemtica.

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  • Este captulo est dedicado a las respuestas sociales a los problemas ynecesidades de las familias pobres con jefatura femenina. En las dos pri-meras partes se pasa revista al estado de desarrollo y a las caractersticasde las polticas y de los programas sociales vigentes en el mbito nacio-nal; en la tercera se comentan algunas iniciativas llevadas a cabo en m-bitos de jurisdiccin provincial o privados; la cuarta y ltima cierra elcaptulo con algunos comentarios crticos.

    4.1. El marco poltico legislativo

    La revisin del captulo sobre Los derechos reconocidos de la mujeren un informe oficial actualizado (Consejo Nacional de la Mujer, 1994a),de un libro reciente sobre Mujer, estado y polticas sociales (Novick,1993), as como una bsqueda computarizada en la Oficina de Informa-cin Parlamentaria del Congreso de la Nacin, centrada en el perodo1990-1995, permiten afirmar que prcticamente no existe legislacin na-

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    20 El contenido de esta seccin se basa en dos tipos de fuentes. Por una parte, material bibliogrfico y documental acerca de la le-gislacin y las polticas vigentes sobre la mujer, los menores y la familia:Biblioteca del Congreso (1994); Boletn Oficial (nmeros va-rios); Cmara de Diputados de la Nacin (varios, 1993 y 1994); Consejo de la Mujer de la MCBA (s.f.); Consejo Federal deProteccin del Menor y la Familia (1992);Consejo Nacional de la Mujer (1994a y b y s.f.a y b);Consejo Nacional del Menor y laFamilia (1993);Grosman (1994);Gobierno de la pcia.de Mendoza (s.f.);Novick (1993). Por otra parte, una serie de entrevistas ainformantes calificados en los mbitos institucionales de mayor inclusin e incumbencia especfica a nivel nacional y municipal(Consejo Nacional de la Mujer, Consejo de la Mujer de la MCBA, Consejo Nacional del Menor y la Familia),y de algunos mbitosprovinciales y organizaciones no gubernamentales ( ONGs).

    4. Existe una poltica social para lasjefas pobres?20

  • cional vigente que contemple de manera especfica la situacin social delas mujeres jefas de hogar en situacin de pobreza. S existe, en cambio,normativa sobre mujer, familia e infancia y sobre los mbitos institucio-nales de aplicacin, en los cuales ser posible encuadrar polticas socialesfocalizadas en aquella poblacin. En este apartado haremos breve refe-rencia a la legislacin vigente en materia de mujer y familia en general ya algunos pocos trmites parlamentarios dirigidos de manera ms espe-cfica a proteger a las madres solas.

    Los convenios internacionales aprobados y sancionados por el estadonacional pro p o rcionan un marco ideolgico-filosfico para el posteriord e s a rrollo de legislacin y poltica social. Tres convenios intern a c i o n a l e srecientes tienen relevancia para el tema de este documento: la Convencins o b re la Eliminacin de Todas las Formas de Discriminacin contra laM u j e r, de Naciones Unidas (sancionada por el Congreso Nacional en1985); el Convenio sobre la Igualdad de Oportunidades y de trato entreTr a b a j a d o res y Trabajadoras con responsabilidades familiares, adoptadopor la O I T en 1981 y promulgado como ley nacional en 1987; la Conven-cin Internacional sobre los Derechos del Nio, ratificada por ley en 1991.

    En 1992 se crea por decreto presidencial el Consejo Nacional de laMujer,21 como mbito gubernamental encargado de aplicar la Conven-cin sobre Eliminacin de todas las Formas de Discriminacin contra laMujer. En este sentido, son funciones de su Directorio coordinar, pla-nificar y evaluar los resultados de las polticas, programas y acciones es-pecficamente relacionados con la problemtica de la mujer que sedesarrollen en los distintos ministerios (art. 9, inciso b). Otro decreto,de 1993, crea el Gabinete de Consejeras Presidenciales, que asesora alPresidente de la Nacin sobre las polticas globales que aseguren a lasmujeres los mismos derechos y oportunidades, y acuerda con las mxi-mas autoridades del Estado Nacional las lneas de accin sectoriales queles darn cumplimiento (Consejo Nacional de la Mujer, 1994a, p. 19).

    La legislacin argentina vigente en materia de Derecho de Familiarefleja la influencia de la citada Convencin de Naciones Unidas y se an-ticipa a la Convencin sobre los Derechos del Nio. La ley modificato-ria del rgimen de Patria Potestad y filiacin, que establece en 1985 el

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    2 1 El Consejo reemplaza a la Subsecretara de la Mujer, c reada tambin por decreto presidencial en 1987 en el mbito de la Secre-tara de Desarrollo Humano y Familia, y al Consejo Coordinador de Polticas Pblicas para la Mujer, que funcion a partir de 1991.

  • ejercicio compartido de la patria potestad, equipara los derechos de loshijos extramatrimoniales y establece la obligatoriedad del Registro Civilde comunicar al Ministerio Pblico de Menores la inscripcin de hijos depadre desconocido, para facilitar el trmite de reconocimiento del me-nor. Esta ltima disposicin constituye una norma de avanzada, de vi-gencia en uno o dos estados en los Estados Unidos de Norteamrica yque forma parte de recomendaciones en materia de poltica social dirigi-da a la proteccin de madres solteras y sus hijos (Buvinic et al., 1994;Cordtz, 1994). Su aplicacin efectiva en la Argentina requerira que seinforme y esclarezca a la madre sobre los alcances de la gestin, los de-rechos del nio y los beneficios del reconocimiento paterno, pues lamadre, con frecuencia, no informa el nombre del padre y no quiere quese inicie la accin de filiacin (Grosman, 1994, p. 82). Similares dificul-tades, por lo general motivadas por la incapacidad econmica o la eva-sin de sus responsabilidades por parte del progenitor no conviviente(por lo general, el padre), se aplican al cumplimiento de la obligatoriedadde la pensin alimentaria, cuya obtencin por va judicial se ve obstacu-lizada por la frecuencia de la percepcin de ingresos en negro.22

    La ley 23.746, promulgada en 1989 y reglamentada en 1990, estable-ce una pensin mensual, inembargable y vitalicia para madres que tuvie-sen 7 o ms hijos, cualquiera fuese su edad y estado civil. Sera de justiciamodificar esta ley para asegurar este beneficio a las madres realmente ne-cesitadas de un subsidio econmico, as como para disminuir el nmerode hijos requeridos para obtener el beneficio en el caso de madres a car-go del sostn familiar (jefas de familia) que no reciban apoyo econmi-co del padre de los hijos.

    Una bsqueda por computadora en la Oficina de Informacin Par-lamentaria dio como resultado la identificacin de varios proyectos deley y proyectos de comunicacin focalizados en la asistencia a madressolteras, en su mayora iniciados en Diputados, y un nico proyecto fo-calizado en las jefas de familia, iniciado en el Senado.23 Los primeros

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    22 Una ley sancionada y promulgada en 1991 establece la represin al incumplimiento de deberes de asistencia familiares;desco-nocemos su grado de aplicacin efectiva,aunque la suponemos escasa,de acuerdo con los comentarios generales sobre el sus-tento del hijo de padres divorciados y separados vertidos por Grosman (op.cit., pp. 97 y ss.).23 Las comisiones parlamentarias que trataron estos trmites son las de Trabajo y Previsin Social,Familia y Minoridad e Interiory Justicia,del Senado, y las de Previsin y Seguridad Social,Familia,Mujer y Minoridad,Presupuesto y Hacienda y Educacin,de laCmara de Diputados.

  • proponen subsidios especiales para madres solteras cuyos hijos meno-res de edad no hubiesen sido reconocidos legalmente por el padre desangre, ni gozaren de algn beneficio previsional o graciable o entradasresultantes de actividades remuneradas []; un rgimen de beneficiosde pensin para madres solteras con cobertura a travs del PAMI y mon-to igual al haber mnimo jubilatorio; rgimen de ayuda escolar para ma-dres solteras con hijos en escolaridad primaria y tambin un proyectode comunicacin del Senado, que Vera con agrado que el Poder Ejecu-tivo Nacional por intermedio del Ministerio de Salud y Accin Social,implemente polticas y planes tendientes a la proteccin de madres sol-teras que se encuentren en estado de marginalidad y pobreza (su funda-mentacin alude a la prevencin del abandono y de la comercializacinde recin nacidos).

    El nico proyecto especfico para jefas de hogar fue presentado ent res ocasiones por la senadora por Tucumn Olijela del Valle Rivas.2 4 E lp royecto se fundamenta en la justicia de auxiliar a las madres que cum-plen el doble rol de criar a sus hijos y de proveer a sus necesidades, con elobjeto de que puedan trabajar menos horas y dedicar ms tiempo al cui-dado de la prole, y prevenir as el incremento de los llamados chicos dela calle, aunque no especifica su focalizacin en hogares pobres. Ta m-bin en sus Fundamentos, se asegura que la magnitud de la asignacinp ropuesta puede ser realmente satisfecha con los recursos existentes en lascajas de subsidios y asignaciones familiares o sea con recursos genuinos,y que contemplan los intereses fundamentales que se tuvieron en cuentacuando tales cajas fueron creadas. En su artculo 1 propone que To d amujer de estado civil soltera, viuda, separada o divorciada, que convivecon uno o ms hijos menores y que tenga a su cargo la tenencia de losmismos, tendr derecho a percibir la asignacin que se crea por la pre s e n-te ley, que consistir en una suma mensual equivalente a cinco asigna-ciones por hijo actualmente vigentes [] (art. 2). Sin embargo, en sua rt. 3 establece que Perder el derecho a esta asignacin cuando la mu-jer jefa de familia contrajera nuevo matrimonio; pero renacer en caso deque este vnculo se rompa, ya sea por muerte del cnyuge o por separa-cin o divorcio, y siempre que la mujer contine teniendo a su cargo la

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    2 4 En su segunda pre s e n t a c i n ,en 1990, lleg a tener media sancin; los trmites pierden estado parlamentario despus de dos aos.

  • tenencia de uno o ms hijos, sean de esa unin o de alguna pre c e d e n t e .P e ro, como ha sido sealado, Slo cuando la nueva unin se formaliza atravs del matrimonio, se genera un lazo de parentesco entre el nuevocnyuge y los hijos del otro provenientes de una unin anterior (art. 363del Cdigo Civil) que da lugar al derecho de alimentos. Sin embargo, e s -ta responsabilidad de sustento entre padrastro/madrastra e hijastro/a sloes subsidiaria, es decir, si los parientes de sangre no la pueden satisfacerG rosman (op. cit., p. 102).2 5 Esto implica que la primera parte del citadoa rtculo puede excluir del beneficio a madres que se encuentren a carg odel sostn de los hijos (cuyo padre rehya o no pueda cumplir la obliga-cin alimentaria), y cuyo nuevo cnyuge (legal o consensual) a su vez nopueda o no desee asumir esta responsabilidad econmica. De acuerdo connuestra experiencia, sta parece ser la situacin ms frecuente que enfre n-tan las jefas de familias pobres (Geldstein, 1994b).

    En el citado Informe del Consejo Nacional de la Mujer (1994a) sepuede encontrar un relevamiento bastante exhaustivo de las leyes vigen-tes en materia laboral. Es de especial inters mencionar aqu dos de ellas,cuya aplicacin tiene pertinencia para el desempeo laboral de las jefaspobres. En primer lugar, la derogacin de la prohibicin del trabajo noc-turno de las mujeres (modificacin introducida por la ley de Empleo delao 1991) y la ya citada sobre la Igualdad de Oportunidades y de tratoentre Trabajadores y Trabajadoras con responsabilidades familiares, queen su artculo 5 establece la obligatoriedad de servicios comunitarios,pblicos o privados tales como servicios y medios de asistencia a la in-fancia y de asistencia familiar. Ello incluye el funcionamiento de guarde-ras zonales, que facilitaran el desempeo laboral de las madres, y queactualmente no se encuentra en vigencia efectiva; hasta donde llega nues-tro conocimiento, por falta de reglamentacin. Al respecto, Novickapunta: Padadoja incomprensible resulta el hecho de que el Estado con-tine reconociendo y reafirmando como fundamental el rol reproducti-vo de las mujeres, y no haya podido an concretar la antigua aspiracinde crear guarderas maternales (op. cit., p. 74).

    Algunos avances importantes que abriran el camino al desarrollo delegislacin social para las jefas de familia han sido garantizados por la

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    25 La cursiva es nuestra.

  • nueva Constitucin Nacional, sancionada en 1994. Entre ellos, el otor-gamiento de rango constitucional al Convenio sobre la Eliminacin deTodas las Formas de Discriminacin contra la Mujer; la facultad delCongreso Nacional de promover medidas de Accin Positiva en relacina las mujeres que garanticen [...] el pleno goce de los derechos reconoci-dos por la Constitucin y los tratados internacionales y, dentro de estafacultad, el dictado de un rgimen de seguridad social especial e integralde proteccin del nio en situacin de desamparo, desde el embarazohasta la finalizacin del perodo de enseanza elemental, y de la madredurante el embarazo y tiempo de lactancia [...]26 (Consejo Nacional dela Mujer, op. cit., p. 40).

    4.2. Polticas, planes y programas existentes en los rganosdel Poder Ejecutivo Nacional27

    Una revisin extensa aunque no exhaustiva llevada a cabo entre finesde 1994 y comienzos de 1995 proporcion informacin acerca de losmbitos institucionales de mayor inclusin e incumbencia especfica anivel nacional. De manera principal, el Consejo Nacional de la Mujer, elConsejo Nacional del Menor y la Familia de la Secretara de Estado deAccin Social (Ministerio de Salud y Accin Social), y el Consejo de laMujer de la Secretara de Gobierno de la Municipalidad de la Ciudad deBuenos Aires. De este rastreo surge la inexistencia de polticas, planes oprogramas sociales globales dirigidos de manera explcita y especfica alas mujeres jefas de hogar o a los hogares con jefatura femenina en el m-bito de aplicacin nacional; los sujetos ms prximos (e inclusivos de es-ta problemtica), reconocidos por la normativa y por los mbitosinstitucionales de aplicacin, son la familia en general o la familia en ries-go, la mujer y los menores. Con focalizacin en estos universos, existeuna diversidad de programas y proyectos con diferente grado de vigen-cia y cobertura en distintos niveles jurisdiccionales, los que podran

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    26 La cursiva es nuestra.27 El contenido de esta seccin proviene del anlisis de la informacin obtenida en el curso de entrevistas con informantes califi-cados principalmente funcionarios de los organismos pblicos relevados y de documentos producidos en dichos organismos.Los materiales consultados se consignan en la seccin de Referencias bibliogrficas y Fuentes.

  • adaptarse para servir a las necesidades de las jefas pobres y sus familias;los mismos pueden pues ser considerados como un avance en direccina la atencin de las necesidades de estos grupos objetivo.

    En muchos casos, existen tambin los mecanismos interinstitucio-nales apropiados para su implementacin. Para citar un ejemplo, elConsejo Nacional del Menor y la Familia ha proyectado diversos pro-gramas, como el de prevencin del abandono, becas para guarderas,subsidios de emergencia por problemas de vivienda. Se trata, ahora, deplasmar estas intenciones en apoyos tangibles.28

    En este sentido, varias instancias pueden constituirse en interesantespuntos de partida y de acumulacin de experiencias instrumentables.Por ejemplo: mbitos institucionales gubernamentales de diferentes ni-veles y organizaciones no gubernamentales; conciencia de la pertinenciade la jefatura femenina de hogares pobres como objetivo de polticas fo-calizadas, en las mentes y acciones de las y los funcionarias/os involucra-das/os; convenios y experiencias intersectoriales y entre organismosgubernamentales y ONGs; programas especficos de corto alcance geo-grfico, temtico o temporal, de cobertura de subpoblaciones especfi-cas. Una limitacin re c u rrente fue sealada, sin embargo, para laconcrecin del diseo y puesta en marcha de acciones concretas, soste-nidas y especficas: la limitacin de los recursos disponibles. A continua-cin se resea el contenido de algunos de los programas, planes yproyectos de vigencia actual o reciente en los organismos de los que seobtuvo informacin.

    4.2.1. Consejo Nacional de la Mujer

    El modelo de gestin del Consejo se basa en tres ejes fundamentales: laintersectorialidad, la federalizacin y la concertacin. Es as que el Con-sejo coordina la planificacin estatal de planes y proyectos con recursosde diferentes organismos, a travs de convenios marco con los distintosministerios y secretaras de estado, y mediante la creacin, fortalecimien-

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    28 Grosman, op.cit., p. 107,a propsito de los necesarios auxilios (del estado) de carcter supletorio para ayudar a las familias ymadres desamparadas (ibid.).

  • to e insercin institucional de las reas Mujer provinciales, que funcio-nan en 16 jurisdicciones (Consejo Nacional de la Mujer, op. cit., pp. 20 yss.). El Consejo tambin brinda asistencia tcnica a la tarea legislativa enlos temas de su incumbencia.

    Los programas del Consejo ms pertinentes a la problemtica de lajefatura femenina pertenecen al rea de capacitacin laboral y empleo yse llevan a cabo mediante convenios con el Ministerio de Trabajo: Pro-grama de Igualdad de Oportunidades en el Empleo (PIOME); FormacinProfesional, para la capacitacin a mujeres en oficios no tradicionales,con la colaboracin del CONET y de organizaciones gremiales; Desarro-llo de servicios de orientacin laboral y Vivero de microempresas.

    El Programa Intensivo de Trabajo, financiado por el Fondo Nacio-nal del Empleo y dirigido a desocupados de escasos recursos, estaba ori-ginalmente dirigido a hombres, para su empleo en la realizacin de obraspblicas de utilidad. El mismo atendi un total de 53 mil beneficiarios deambos sexos en todo el pas, con una participacin femenina promediodel 8,5% en 1993. Se estima que esta participacin, impulsada desde elConsejo, alcanzara al 15% en 1994.

    El Vivero de microempresas financia durante seis meses (con re-cursos PIT) a mujeres de bajos ingresos (sean o no jefas de familia) quetienen proyectos productivos de autoempleo, brindndoles capacitaciny seguimiento en la formulacin del proyecto productivo. Se ofrece a lasmujeres un panorama de las fuentes de crdito, capacitacin en gestinempresarial y anlisis de factibilidad del proyecto productivo; el dineronecesario para ponerlo en marcha lo tienen que obtener a partir de fuen-tes de crdito existentes. En 1994 estaban funcionando dos programaspilotos: uno en Capital Federal y otro en San Martn (Gran Buenos Ai-res), con aproximadamente 30 beneficiarias en cada uno.29

    A travs de la creacin de programas para la mujer, se capacita a pro-motoras de salud y agentes contra la violencia; tambin se brinda capa-citacin de mujeres en ocupaciones tradicionalmente masculinas, comola de electricista. Los proyectos de formacin profesional se desarrollanen forma conjunta con la Subsecretara de Formacin Profesional delMinisterio de Trabajo. Durante 1993 el Ministerio invirti ms de 300

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    29 El Consejo slo puede financiar experiencias pilotos.Para extender el programa a otras provincias,se necesitaran fondos adi-cionales.

  • mil pesos en proyectos de formacin profesional dirigidos a mujeres y seestima llegar a 500 mil pesos en 1994. El perfil est dirigido a oficios t-picamente masculinos, a partir del CONET. Desde el Consejo, se est tra-tando desde 1993 de promover proyectos de formacin profesional enlas provincias. Existen guas para la presentacin de proyectos de forma-cin profesional de todo tipo: desde agroindustriales, para el mbito ru-ral, hasta elaboracin de elementos de cotilln. Un programa dereconversin laboral est destinado a la capacitacin de un total de 700obreras grficas y esposas e hijas de obreros, a lo largo de 3 aos. En laetapa preliminar de un programa de capacitacin para el desarro