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<p>SALMO 138, I-IIDios est en todas partes y lo ve todo1 2</p> <p>Seor, t me sondeas y me conoces; me conoces cuando me siento o me levanto, de lejos penetras mis pensamientos; 3 distingues mi camino y mi descanso, todas mis sendas te son familiares. 4 No ha llegado la palabra a mi lengua, y ya, Seor, te la sabes toda. 5 Me estrechas detrs y delante, me cubres con tu palma. 6 Tanto saber me sobrepasa, es sublime, y no lo abarco. Adnde ir lejos de tu aliento, adnde escapar de tu mirada? 8 Si escalo el cielo, all ests t; si me acuesto en el abismo, all te encuentro; 9 si vuelo hasta el margen de la aurora, si emigro hasta el confn del mar, 10 all me alcanzar tu izquierda, me agarrar tu derecha. 11 Si digo: Que al menos la tiniebla me encubra, que la luz se haga noche en torno a m, 12 ni la tiniebla es oscura para ti, la noche es clara como el da. T has creado mis entraas, me has tejido en el seno materno. 14 Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente, porque son admirables tus obras; conocas hasta el fondo de mi alma, 15 no desconocas mis huesos. Cuando, en lo oculto, me iba formando, y entretejiendo en lo profundo de la tierra, 16 tus ojos vean mis acciones, se escriban todas en tu libro; calculados estaban mis das antes que llegase el primero.13 7</p> <p>Qu incomparables encuentro tus designios, Dios mo, qu inmenso es su conjunto! 18 Si me pongo a contarlos, son ms que arena; si los doy por terminados, an me quedas t. [19Dios mo, si matases al malvado, si se apartasen de m los asesinos 20 que hablan de ti prfidamente, y se rebelan en vano contra ti! 21 No aborrecer a los que te aborrecen, no me repugnarn los que se te rebelan? 22 Los odio con odio implacable, los tengo por enemigos.] Seor, sondame y conoce mi corazn, ponme a prueba y conoce mis sentimientos, 24 mira si mi camino se desva, guame por el camino eterno.23</p> <p>17</p> <p>COMENTARIO AL SALMO 138, I-II [La Liturgia de las Vsperas nos ofrece el salmo 138 dividido en dos partes, como si fueran dos salmos: el primero, los vv. 1-12, y el segundo, los vv. 13-18 y 23-24; omite, pues, en la segunda parte los vv. 19-22, que aqu incluimos, entre corchetes [ ], para la informacin privada del lector.- La Biblia de Jerusaln da a todo el salmo 138 el ttulo de Homenaje a Aquel que lo sabe todo. Comprese esta meditacin sobre la omnisciencia divina, llena de confianza en el Seor, con la que hace Job para expresar el temor del hombre bajo la mirada de Dios (Job 7,17-20).- Para Ncar-Colunga el ttulo del salmo es La omnisciencia y omnipresencia divina. Meditacin teolgica sobre esos atributos de Yahv, sobre los misteriosos designios divinos y sobre el problema del mal. Nada se oculta de la vista de Dios, ni los pensamientos ms recnditos de los hombres. Pretender engaar a Dios hacindole creer intenciones o actitudes profundas nuestras que no son reales, o encubrindole las que s lo son, es vana puerilidad del hombre, para quien lo nico cabal y sensato sera la total sinceridad ante el Seor.- Dios nos mira siempre con amor, para cumplir en nosotros sus designios providentes. l conoce todos los secretos de nuestro corazn y de nuestra existencia. No se le oculta nada a su mirada de Padre. Para l no hay lejana ni tinieblas. Dejarse mirar por l es ya una actitud filial de oracin confiada, como diciendo que no tenemos dnde refugiarnos, sino en l. Que podamos decirle de corazn con Pedro: "Seor, t lo sabes todo, t sabes que te amo" (Jn 21,17). (J. Esquerda Bifet).] *** La omnisciencia y omnipresencia divinas Este salmo tiene el aire de una meditacin teolgica sobre los atributos de la sabidura y omnipresencia de Yahv, sobre los misterios de los designios divinos y sobre el problema del mal. Dios conoce a fondo las interioridades del hombre: sus designios, sus intenciones, sus pensamientos ms secretos, porque le envuelve y penetra en todo su ser. Pero, al mismo tiempo, tiene especialsima solicitud de l. El salmista, ante este panorama, no comprende la actitud y conducta de los pecadores que hacen caso omiso de su Dios. Identificado con el sentir divino, llega a odiar a los enemigos de su Seor. Muchas ideas de este salmo 138 son muy similares a las expuestas en el libro de Job, y aun el lenguaje se asemeja a este libro didctico, en el que se plantea el problema de la permisin del mal en los planes divinos (cf. Job 10,9). El salmo es una meditacin sobre la Providencia divina en estilo potico: Los atributos divinos</p> <p>no son considerados en s mismos, ni en su relacin a la esencia divina, ni aun en sus relaciones con la humanidad en general, sino, como es natural en la plegaria meditada, en sus relaciones con la persona individual (Faulhaber). El desarrollo de los pensamientos se hace, no de una manera abstracta, sino por imgenes muy realistas, algunas veces demasiado brillantes. No se le lee, se le ve (J. Cals). Es uno de los salmos ms bellos del Salterio. Podemos distinguir cuatro estrofas: a) Yahv conoce los secretos del hombre (vv. 1-6); b) est presente en todas partes, y, por tanto, es intil querer escapar a sus dominios (vv. 7-12); c) este conocimiento ntimo del hombre se basa en el hecho de que lo ha formado (vv. 13-18); d) por qu Yahv tolera al pecador? (vv. 1924). La omnisciencia divina (vv. 1-6). El conocimiento divino sobre el hombre se extiende a todas sus ms ntimas manifestaciones. Nada se escapa a su admirable percepcin: cuando se sienta, cuando se levanta, cuando camina, cuando descansa, se halla siempre bajo la mirada escrutadora de Yahv. Sus mismas palabras estn ya medidas antes de que tomen expresin articulada. La razn de esta ciencia radica en el hecho de que Dios todo lo penetra con su Ser misterioso (v. 5). El salmista, sin acudir a las formulaciones escolsticas -Dios est en todas partes por esencia, presencia y potencia-, sabe que lo llena todo, y particularmente envuelve y estrecha al hombre en todo su ser corporal y racional. Esto es un misterio que excede a la humana inteligencia, y el salmista, como el Apstol de las gentes, declara que es incomprensible (Rm 11,33). La omnipresencia divina (vv. 7-12). Aunque el hombre tratara de salirse de la rbita de Dios, no encontrara lugar alguno en que no le envolvera su presencia. El espritu o aliento de Yahv -su energa y fuerza vivificante- lo domina todo, y su faz o mirada -manifestacin de la presencia divina a los hombres- tiene una visin panormica sobre todo lo creado. Es intil, pues, huir de su presencia escrutadora. Yahv est en la cima de los cielos, pero hasta el seol (abismo), o regin de los muertos, se extiende su mirada inquisidora. Y en la tierra domina todos los puntos cardinales. Intil, pues, trasladarse al otro extremo del mar -el occidente mediterrneo-, pues tambin all campea la presencia divina. Ni siquiera las tinieblas pueden encubrirle, pues a la mirada divina son lcidas y transparentes como el da, y, por otra parte, Yahv, como Creador, que ha modelado al hombre en el seno materno, conoce sus interioridades y reconditeces. Todo esto es misterioso, pero no por ello menos admirable; y el salmista proclama con nfasis la omnisciencia divina. El hombre, modelado por Dios (vv. 13-18). La razn de que Yahv conozca los secretos ms ntimos del hombre est en que lo ha modelado misteriosamente en el seno materno, tejindolo cuidadosamente en todos sus detalles. Yahv ha combinado maravillosamente, como en un bordado, sus diferentes partes, contando sus huesos, y todo en secreto -en el seno materno-, como si fuera en las mismas profundidades de la tierra. Pero, adems, de antemano prevea todos los actos y obras del hombre, que estn consignadas por escrito en un misterioso libro en el que Dios lleva la contabilidad de sus acciones. Los das estaban ya fijados cuando an no haba comenzado el primero de ellos. Todo esto es inexplicable para el hombre, pues los pensamientos o designios divinos son inescrutables y es intil intentar enumerarlos, pues cuando se cree que ha llegado al fin, no ha comenzado an, porque se encuentra con la inmensidad del misterio de Dios: an sera contigo o me quedas t. Por qu Dios tolera al pecador? (vv. 19-24). Pero hay otra cosa ms inexplicable para la sensibilidad religiosa del salmista: si Yahv es tan poderoso y lo sabe todo, por qu es tan tolerante con los que infringen su ley? El problema de la existencia del mal le deja perplejo como al autor del libro de Job (cf. 21,7s). En sus ansias de entrega a Dios, deseara que desaparecieran todos los que viven fuera de su ley. Para el salmista, el mal no es una idea abstracta, sino una realidad viviente en los pecadores que oprimen a los justos y derraman sangre inocente. Atacar a los justos es hacer frente a la voluntad divina; por eso siente odio contra los que se rebelan contra ella. Las expresiones de indignacin son fuertes en consonancia con la mentalidad del A. T., y reflejan su identificacin con lo que cree son los intereses de Yahv. No considera que, si Dios permite a los pecadores, es por su misericordia y para aquilatar la virtud de los justos. Deseando no apartarse de las sendas rectas, pide a su Dios que le examine a fondo para que le muestre sus fallos, de forma que no se aparte de ellas, pues conducen a l, y en ese sentido son sendas de eternidad, camino eterno. El cumplimiento de los preceptos divinos lleva a la vida y a la paz, mientras que los caminos del vicio conducen a la ruina y a la muerte. [Maximiliano Garca Cordero, en la Biblia comentada de la BAC]</p> <p>I. CATEQUESIS DE JUAN PABLO II Dios lo ve todo (Sal 138,1-12) 1. En dos etapas distintas, la Liturgia de las Vsperas -cuyos salmos y cnticos estamos meditando- nos propone la lectura de un himno sapiencial de gran belleza y fuerte impacto emotivo: el salmo 138. Hoy reflexionaremos sobre la primera parte de la composicin (cf. vv. 1-12), es decir, sobre las primeras dos estrofas, que exaltan respectivamente la omnisciencia de Dios (cf. vv. 1-6) y su omnipresencia en el espacio y en el tiempo (cf. vv. 7-12). El vigor de las imgenes y de las expresiones tiene como finalidad la celebracin del Creador: Si es notable la grandeza de las obras creadas -afirma Teodoreto de Ciro, escritor cristiano del siglo V-, cunto ms grande debe de ser su Creador! (Discursos sobre la Providencia, 4: Collana di Testi patristici, LXXV, Roma 1988, p. 115). Con su meditacin el salmista desea sobre todo penetrar en el misterio del Dios trascendente, pero cercano a nosotros.</p> <p>2. El mensaje fundamental que nos transmite es muy claro: Dios lo sabe todo y est presente al lado de sus criaturas, que no pueden sustraerse a l. Pero su presencia no es agobiante, como la de un inspector; ciertamente, su mirada sobre el mal es severa, pues no puede quedar indiferente ante l. Con todo, el elemento fundamental es una presencia salvfica, capaz de abarcar todo el ser y toda la historia. Es prcticamente el escenario espiritual al que alude san Pablo, hablando en el Arepago de Atenas, con la cita de un poeta griego: En l vivimos, nos movemos y existimos (Hch 17,28). 3. El primer pasaje (cf. Sal 138,1-6), como decamos, es la celebracin de la omnisciencia divina. En efecto, se repiten los verbos de conocimiento, como sondear, conocer, saber, penetrar, comprender, distinguir. Como es sabido, el conocimiento bblico supera el puro y simple aprender y comprender intelectivo; es una especie de comunin entre el que conoce y lo conocido: por consiguiente, el Seor tiene intimidad con nosotros, mientras pensamos y actuamos. El segundo pasaje de nuestro salmo (cf. vv. 7-12), en cambio, est dedicado a la omnipresencia divina. En l se describe de modo muy vivo la ilusoria voluntad del hombre de sustraerse a esa presencia. Ocupa todo el espacio: est ante todo el eje vertical cielo-abismo (cf. v. 8); luego viene la dimensin horizontal, que va desde la aurora, es decir, desde el oriente, y llega hasta el confn del mar Mediterrneo, o sea, hasta occidente (cf. v. 9). Todos los mbitos del espacio, incluso los ms secretos, contienen una presencia activa de Dios. El salmista, a continuacin, introduce tambin la otra realidad en la que estamos inmersos: el tiempo, representado simblicamente por la noche y la luz, las tinieblas y el da (cf. vv. 11-12). Incluso la oscuridad, en la que nos resulta difcil caminar y ver, est penetrada por la mirada y la epifana del Seor del ser y del tiempo. Su mano siempre est dispuesta a aferrar la nuestra para guiarnos en nuestro itinerario terreno (cf. v. 10). Por consiguiente, es una cercana no de juicio, que infundira temor, sino de apoyo y liberacin. As, podemos comprender cul es el contenido ltimo, el contenido esencial de este salmo: es un canto de confianza. Dios est siempre con nosotros. No nos abandona ni siquiera en las noches ms oscuras de nuestra vida. Est presente incluso en los momentos ms difciles. El Seor no nos abandona ni siquiera en la ltima noche, en la ltima soledad, en la que nadie puede acompaarnos, en la noche de la muerte. Nos acompaa incluso en esta ltima soledad de la noche de la muerte. Por eso, los cristianos podemos tener confianza: nunca estamos solos. La bondad de Dios est siempre con nosotros. 4. Comenzamos con una cita del escritor cristiano Teodoreto de Ciro. Concluyamos con una reflexin del mismo autor, en su IV Discurso sobre la Providencia divina, porque en definitiva este es el tema del Salmo. Comentando el versculo 6, en el que el orante exclama: Tanto saber me sobrepasa; es sublime y no lo abarco, Teodoreto explica el pasaje dirigindose a la interioridad de su conciencia y de su experiencia personal y afirma: Volvindome hacia m mismo, entrando hasta lo ms ntimo de m mismo y alejndome de los ruidos exteriores, quise sumergirme en la contemplacin de mi naturaleza... Reflexionando sobre estas cosas y pensando en la armona entre la naturaleza mortal y la inmortal, qued asombrado ante tan gran prodigio y, dado que no logr comprender este misterio, reconozco mi derrota; ms an, mientras proclamo la victoria de la sabidura del Creador y le canto himnos de alabanza, grito: "Tanto saber me sobrepasa; es sublime y no lo abarco" (Collana di Testi patristici, LXXV, Roma 1988, pp. 116-117). [Texto de la Audiencia general del Mircoles 14 de diciembre de 2005] *** II. CATEQUESIS DE JUAN PABLO II Seor, t me sondeas y me conoces! (Sal 138,13-24) 1. En esta audiencia general del mircoles de la octava de Navidad, fiesta litrgica de los Santos Inocentes, reanudamos nuestra meditacin sobre el salmo 138, cuya lectura orante nos propone la Liturgia de las Vsperas en dos etapas distintas. Despus de contemplar en la primera parte (cf. vv. 1-12) al Dios omnisciente y omnipotente, Seor del ser y de la historia, ahora este himno sapiencial de intensa belleza y pasin se fija en la realidad ms alta y admirable de todo el universo, el hombre, definido como el prodigio de Dios (cf. v. 14). En realidad, se trata de un tema en profunda sintona con el clima navideo que estamos viviendo en estos das, en los que celebramos el gran misterio del Hijo de Dios hecho hombre, ms an, hecho Nio por nuestra salvacin. Despus de co...</p>