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  • AntonioAlatorre

    Antes de explicar lo que yo entiendo por crtica de la literatura,tendr que decir unas palabras acerca de la literatura, o, ms con-cretamente, acerca de las obras literarias.

    Una obra literaria se puede definir de muchas maneras. A mme gusta, por econmica, esta defmicin: una obra literaria es laconcrecin lingstica (concrecin en fonna de lenguaje) de unaemocin, de una experiencia, de una imaginacin, de una actitudante el mundo, ante los hombres. Un cuento, un poema, una no-vela, etctera, son obras literarias: convierten en lenguaje, digamos, laadoracin de la belleza, la indignacin por la injusticia individual osocial, la fascinacin por el nsterio de la vida o por el misterio dela muerte, el sentimiento de serenidad o de terror o de melancoladejado por cierta noche ... (y esta enumeracin podra seguir hastael infinito).

    Pues bien: as como el cuento, el poema, la novela, han conver-tido en lenguaje la experiencia del autor, as la crtica de ese cuen-to, de ese poema, de esa novela, convierte en lenguaje la experien-cia dejada por su lectura. La crtica es la formulacin de la expe-riencia del lector. Pone en palabras lo que se ha experimentadocon la lectura. As de simple? S, slo que esa simplicidad puedeser dificultossima. Como la experiencia de la lectura es a vecessumamente complicada, hecha de elementos enormemente variadosy complejos, ese poner en palabras se puede complicar hasta llegara ser algo tan tcnico o tan exigente como una filosofa o comoun sistema cientfico. Y, de hecho, los grandes crticos literariosson tan raros como los grandes creadores literarios. Ms raros an,tal vez. La razn puede ser sta: los medios de que se vale el crea-dor literario son fundamentalmente irracionales, intuitivos, casi"fatales" (a veces se habla de "dones divinos"), mientras que losmedios de que se vale el crtico son fundamentalmente racionales,discursivos, y por lo tanto se consigue ms por las vas del esfuer-zo, de la disciplina y del estudio que por las vas gratuitas de laintuicin.

    Por eso el crtico puede "formarse". Por eso hay incluso cte-dras para la mejor preparacin de los crticos literarios. (No sesabe, en cambio, de ningn verdadero creador literario que hayallegado a serlo a causa de que "se form" siguiendo cursos de crea-cin). Tal vez nunca lleguemos a ser "grandes" crticos. Pero es unhecho que todos los lectores podemos hacernos crticos, y quetodos los crticos podemos hacemos mejores crticos. Son metasque estn a nuestro alcance.

    Digamos que hemos ledo ese cuento, ese poema, esa novela...Ono: hagamos otra cosa mejor: leamos una obra determinada. SeaU/I cuento de Juan Rulfo, digamos el cuento intitulado "Diles queno me maten", de su libro El llano en llamas.

    (Para entender mejor lo que va a seguir, sera efectivamentemuy bueno leer ese cuento de Rulfo, o releerlo si su lectura no esmuy reciente. Perdn si esto causa alguna incomodidad: pero lo

    Qu es la, .criticaliteraria?

    que va a seguir puede decirse lo mismo en un lenguaje general yabstracto que en un lenguaje particular y concreto, y yo prefierodecididamente la segunda manera. Si tomara una novela de JuanCarlos Onetti, o un poema de Toms Segovia, los rasgos que desta-cara seran naturalmente otros, pero mis conclusiones, e.n cuantoa lo que es la crtica, seran las mismas.)

    Elijo "Diles que no me maten" por una razn de comodidad:conozco a muchsimos lectores de ese cuento, sobre todo lectoresjvenes, y puedo asegurar (observacin de hecho) que a ningunolo ha dejado indiferente. As se hace ms cmoda la tarea de enten-derse. Pero muy bien puede ser que entre los que me estn leyen-do haya alguno que sienta que ese cuento "no le dice nada". Esbien posible: est en el orden de las cosas, y no hay que alarmarseexcesivamente. Desde luego, una cosa que nunca hay que hacer esfingir que nos interesa una obra que nos ha dejado indiferentes. (Aese lector que ha encontrado hueco y vaco en el cuento de Rulfo,mero sonido de palabras, le suplico yo que ponga en su lugar algoque a l le interese, y que en lugar de los rasgos que yo destaco,destaque l los rasgos pertinentes de esa obra que l ama.)

    Pero antes de entrar en materia no estar de ms decir unas pa-labras acerca de la crtica "adversa", porque despus no vaya ha-blar ms que de la crtica que ms me importa (aunque sta tam-bin, ocasionalmente, pueda ser adversa).

    1] Muchas personas piensan que hacer crtica de un libro o deun autor, criticarlos, es lo mismo que censurarlos, "meterse conellos", "ponerlos como trapo". Yo no le doy ese significado a lapalabra. Para m, crtica significa 'apreciacin, valoracin, juicio,entendimiento de alguna cosa', en este caso una obra literaria. Talapreciacin podria traducirse en una condena, pero eso ya sera porculpa de la que se pretenda creacin literaria, sin serlo, y no por cul-pa de una determinada actitud crtica, porque la crtica, segn ndefinicin, no estaba de ninguna manera predispuesta a un re-chazo.

    2] Claro que la crtica "adversa" -cuando es crtica, se entien-de- puede ser tan iluminadora como la crtica "favorable" o "en-tusiasta". El crtico que niega categora esttica, categora de crea-ciones literarias a tales o cuales productos, aunque en otro te"enosean algo (reportajes, por ejemplo, o incluso ejercicios de gramti-ca), les est negando en el te"eno literario su ser mismo, las estdeclarando "no-seres", y por consiguiente est afinnando sus idea-les del verdadero "ser", de la verdadera obra literaria.

    3] Sin embargo, el fraude total, el completo no ser, el ceroabsoluto, son fenmenos muy raros, y quiz puramente hipotti-cos, entes imaginarios. Baste pensar esto: la peor novela tiene lec-tores. A m, por ejemplo, las novelas de Corn Tellado me parecen(porque se es n esquema mental, lo reconozco, o sea mi actitudcrtica) la negacin misma de la creacin literaria; y sin embrgo mees forzoso reconocer que Cofn Tellado tiene infmitas lectoras, y

  • que esas lectoras, que por supuesto son tan seres humanos comoyo, experimentan en su esfera las mismas emociones que el lectorde Marcel Proust en la suya. (Las mismas? No estar exageran-do? No, porque son emociones hechas de idntica sustancia, porms que, muy probablemente, las lectoras de Corn Tellado tende-rn a pensar que la esfera de ellas, la esfera corintelladesca, esmucho ms amable y placentera, mucho ms clida y grata que laesfera enrarecida del lector de Proust, mientras que ste, natural-mente, ni siquiera se dignar asomarse a la otra esfera, sintindolabarata e idiota.)

    4] Por lo tanto, el hipottico condenador absoluto del cuentode Juan Rulfo, si es un crtico informado, tiene que saber, forzosa-mente, que existen acerca de l muchas valoraciones "favorables"y aun "entusiastas". Y, si procede verdaderamente como crtico,no me cabe duda de que eso lo estimular a hacer.de su condenaun verdadero juicio o entendimiento, una verdadera crtica litera-ria.

    SJ La conclusin de todo esto es muy clara. En un cuadro to-tal, quc abarque todos los aspectos y todas las repercusiones deuna obra determinada, es normal encontrar dosis de aceptacin ydosis dc rechazo. No hay aqu nada cien pcir ciento "negro" nicicn por cicnto "blanco". Nuestra reaccin personal, si es honrada,rara vcz es as de in transigen te. Y si leemos una historia de la cr-tica no tardaremos en encontramos con que nadie (ni Homero, ni

    hakcspearc, ni Dante, ni Cervantes, ni Goethe) se ha visto libre de"lunares", de "debilidades" y aun de "estupideces", al pasar por eljuicio honrado de generaciones de lectores. De ah que las buenascrticas, en la prctica, no usen la "censura" sin algunos granos de"elogio" (y viceversa). Las crticas cien por ciento negras, las cr-ticas implacablemente aniquiladoras, tienen siempre, en mi opinin,una dosis ms o menos fuerte de ignorancia (o de "mala leche",que no s si es peor).

    Hemos ledo, pues, "Diles que no me maten" y nos ha impresio-nado de una u otra manera. No de la misma manera a todos, desdeluego. Algn lector vivir el cuento como evocacin o recreacinde un ambien te rural mexicano; otro tendr la impresin de queRulfo transcribi en estas pginas una escena muy concreta y muypattica, presenciada por l; otro se sumergir sin ms en ese pate-tismo, y a fuerza de identificarse con J uvencio Nava sentir en sesa misma urgencia de vivir, y unir su voz a la del pobre viejo(probablemente con el corazn palpitndole) para gritar con l laabyecta splica: "Diles que tengan tantita lstima de m", y al de-cirla sentir la esperanza (remota, s, pero esperanza) de que elcoronel, el hijo de don Lupe Terreros, se compadezca; pero otrose identificar ms bien, quiz, con el justiciero coronel; otro seconmover por la eficacia del lenguaje, por su desnudez (que puedese r desolacin, que puede ser precisin); otro, a lo mejor, ni

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  • Slqwera se fijar en el lenguaje (o creer, con desdn, que eso escosa de "eruditos" o de "fillogos") y se atendr slo al drama, alimpacto; algunos sentirn que el cuento es una obra maestra declculo, con sus porciones bien equilibradas de tensin y disten-sin, de irona y de drama; otros rechazarn, aun con indignacin,cualquier idea de clculo y de artificio, y dirn que el cuento es laespontaneidad misma...

    He enumerado algunas de las pOSlbles reacciones, pero stas sonprcticamente ilimitadas, por la misma razn de que son prctica-mente ilimitadas las sensibilidades humanas. Pensemos (por va deejemplo) que la experiencia de un lector fmlands sencillamente nopuede ser idntica a la de un lector mexicano. Pero, en fm, bastecon esa enumeracin. (Cada cual podr en