las contribuciones de humberto maturana a las ciencias de la complejidad y a la psicología

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LAS CONTRIBUCIONES DE HUMBERTO MATURANA A LAS CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD Y A LA PSICOLOGÍA Alfredo B. Ruiz (1) Instituto de Terapia Cognitiva INTECO. Santiago de Chile. Traducido por: Fernando González (1a) Universidad Autónoma de Sinaloa Culiacán, Sin. MÉXICO Rupert riedl Biología del conocimiento ( funadamentos de la razón) Carl sagan “ los dragones del eden” Enero de 1997. SÍNTESIS Este trabajo intenta presentar las más importantes contribuciones de Humberto Maturana R. al campo de la psicología, en un esfuerzo de revelarlas directamente. La principal conclusión es que Maturana expande el entendimiento de lo humano y la terapia a través de revelar la biología del observador. Palabras clave: sistémico, autopoiesis, determinismo estructural, lenguaje, emocionar.

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LAS CONTRIBUCIONES DE HUMBERTO MATURANA A LAS CIENCIAS DE LA COMPLEJIDAD Y A LA PSICOLOGÍA

Alfredo B. Ruiz (1)Instituto de Terapia Cognitiva INTECO.

Santiago de Chile.

Traducido por:Fernando González (1a)

Universidad Autónoma de SinaloaCuliacán, Sin. MÉXICO

Rupert riedl

Biología del conocimiento ( funadamentos de la razón)

Carl sagan “ los dragones del eden”

Enero de 1997.

SÍNTESIS

Este trabajo intenta presentar las más importantes contribuciones de Humberto Maturana R. al campo de la psicología, en un esfuerzo de revelarlas directamente. La principal conclusión es que Maturana expande el entendimiento de lo humano y la terapia a través de revelar la biología del observador.

Palabras clave: sistémico, autopoiesis, determinismo estructural, lenguaje, emocionar.

NOTAS INTRODUCTORIAS

La psicología contemporánea aún parece estar muy influenciada por los paradigmas empiristas que aceptan una realidad única y universal que es igual para todos y cada uno, y que existe independientemente del observar del observador. De acuerdo a esta manera de pensar, las habilidades cognoscitivas de un organismo son esencialmente pasivas, respondiendo a un orden externo en el que el significado de las cosas ha sido previa y

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objetivamente definido. En esta mirada, la mente humana evoluciona como un receptor pasivo del orden externo, que la determinará casi en su totalidad (Guidano, 1991 a; Ruiz, 1992). La rígida simplicidad de esta posición, sin embargo, ha entrado a un profunda crisis en los últimos 20 años. Como resultado del quiebre de este paradigma empirista, estamos actualmente atestiguando la convergencia interdisciplinaria desde la cual se está abriendo un espacio hacia una perspectiva completamente diferente: la de las ciencias de la complejidad (Guidano, 1991a; Mahoney, 1991) por un lado, y la biología del conocimiento(Maturana, 1987), por el otro.

En la medida que estas perspectivas alternativas consideran a los organismos vivos en términos de su complejidad, podemos notar desde el mero comienzo un énfasis tanto en su autodeterminación, como en su curso abierto y plástico de evolución y desarrollo (Guidano, 1991a). El elemento básico en esta perspectiva es un cambio en las nociones de realidad y del observador. Esto a llevado a un cambio radical en el ver a la relación observador/observado, en la que el tener acceso a una realidad única e independiente aparte del observador ya no es aceptada, mientras que se adopta la posición contraria de aceptar tantas realidades como formas de vivir emerjan de cada ser (Guidano, 1991b; Ruiz, 1992), o tantas realidades como dominios de explicaciones el observador pueda proponer (Maturana, 1987).

La contribución de Humberto Maturana R. a las ciencias de la complejidad es reconocida asicomo también su influencia en el pensamiento y la investigación de muchos científicos relacionados con ellas (Mahoney, 1991).

Cuando hacia el final de su vida le preguntaron a Bateson sobre quién más podría continuar el estudio de la ‘Creatura’, él contestó que "el centro para este estudio está ahora en Santiago, Chile, bajo un hombre llamado Maturana" (citado en Dell, 1985, p. 5). En la misma vena, teóricos y psicoterapeutas tales como Guidano (1991b) y Arciero (1989), al referirse a la visión de Maturana, hablan de la "Escuela Chilena". La contribución de la teoría de Maturana a la psicoterapia es completamente reconocida. De hecho, él es frecuentemente invitado a las conferencias de psicoterapia en Chile y en el extranjero. Además, su contribución es llevada a la práctica directamente a través de sus enseñanzas en los programas de entrenamiento para psicoterapeutas en varias instituciones en Chile. El propósito de este artículo es el de discutir algunos de los aspectos más importantes de la contribución de Maturana en relación con la psicología y la psicoterapia.

LA TEORÍA BIOLÓGICA DEL CONOCIMIENTO COMO UN SISTEMA UNITARIO EXPLICATIVO DE LA VIDA

Tal y como lo mencionamos antes, una convergencia interdisciplinaria ha llevado a cambios epistemológicos en la relación observador/observado.

La contribución de Maturana a esta nueva proposición epistemológica es fundamental. El es, junto con Lorenz (1973), uno de los primeros científicos de la biología que propusieron que el conocer es un fenómeno biológico que puede solamente ser estudiado y conocido como tal, y que ha desarrollado una completa teoría biológica consistente con esta mirada.

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Además, él propone que la misma vida debe ser entendida como un proceso de conocimiento, en la realización del vivir en congruencia con el medio. El trabajo de Maturana puede ser, por lo tanto, caracterizado como un sistema explicativo ontológico unitario de la vida y de la experiencia humana. Es ontológico porque visualiza a la experiencia humana desde un punto de vista situado dentro de las condiciones de constitución de lo humano y no desde una posición externa, y es explicativo porque propone una mirada de la dinámica de relaciones que genera los fenómenos del conocimiento.

En la medida que su entendimiento de los sistemas biológicos va emergiendo, el enfoque de Maturana nos lleva a reflexionar sobre la condiciones que nos permiten el explicar todo lo que ocurre en la vida como fenómeno del vivir. Desde este punto de vista, la psicología es parte de la biología ya que los fenómenos que ella estudia ocurren en el proceso del vivir de los seres humanos. Al mismo tiempo, Maturana reconoce que la psicología tiene su propio dominio, como el dominio de estudio de la dinámica de relaciones e interacciones que ocurren entre organismos completos, y él no intenta un enfoque reduccionista. (Maturana, 1995). En el pensamiento de Maturana, la mente es un fenómeno que pertenece a la dinámica relacional del organismo. En su mirada, la mente, como un fenómeno relacional, surge en la relación entre organismos y el medio de la misma manera que el caminar surge desde un movimiento de las piernas en relación con el suelo o como un desplazamiento del cuerpo. Maturana también sostiene que debido a que el sistema nervioso cambia a lo largo del crecimiento del niño (y durante toda la vida de la persona) en una manera contingente a su vivir en el lenguaje, la conducta lenguajeante es generada aún y cuando estamos solos. El también sostiene que es posible y así es como pasa, que en nuestra soledad humana podemos tener experiencias que podemos distinguir como experiencias mentales porque ellas tienen sentido en nuestro dominio de relaciones como seres lenguajeantes.

Esta forma de ver a la mente, y la manera general de pensar de Maturana, tiene consecuencias incalculables para la psicoterapia. Para empezar, cualquier cambio que surja en los sistemas humanos por la intervención de un psicoterapeuta tiene que ser siempre entendido como una reorganización de la experiencia del paciente determinada por el mismo paciente, y no por el terapeuta. Así, el terapeuta, puede sólo generar perturbaciones en el paciente que pueden gatillar su reorganización mental, pero nunca especificarla. Dicho directamente, el terapeuta sólo puede gatillar, pero o especificar lo que pasa en el paciente.

CONSIDERACIONES EPISTEMOLÓGICAS

Sugerí anteriormente que Maturana propone una teoría explicativa de la experiencia humana. Por esta razón deberé ahora analizar cómo él trata los siguientes problemas epistemológicos: explicación científica, determinismo estructural, y sistemas vivientes como sistemas determinados estructuralmente.

Explicaciones científicas

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De acuerdo a Maturana (1987 y 1990), una explicación científica consiste en la proposición de un mecanismo o proceso generativo que, si se le deja operar, dará origen en el dominio de las experiencias del observador a la experiencia que él o ella quiere explicar en una manera que satisface lo que Maturana llama el criterio de validación de las explicaciones científicas. Este criterio de validación consiste en la satisfacción de las cuatro condiciones siguientes:

i. Descripción de lo que un observador tiene que hacer para vivir la experiencia a explicar.

ii. Proposición de un mecanismo generativo que si se le deja operar genera en el observador la experiencia a explicar.

iii. Deducción de todas las coherencias operacionales implicadas en (ii), o de otras experiencias posibles, y de lo que el observador tiene que hacer para vivirlas.

iv. Realización de lo deducido en (iii), y si pasa, entonces, el punto (ii), se convierte en una explicación científica.

La aplicación del criterio de validación de las explicaciones científicas tiene dos consecuencias básicas:

1. La experiencia del fenómeno a ser experienciado y el mecanismo generativo pertenecen a dos dominios fenoménicos no intersectables; y

2. Las explicaciones científicas no constituyen una reducción fenoménica y son constitutivamente no reduccionistas.

Concordantemente, si nuestro propósito fuera el de proveer una explicación científica de cómo la psicoterapia trabaja, tendríamos que proponer un mecanismo generativo para los efectos terapéuticos en el contexto del criterio de validación de las explicaciones científicas.

De acuerdo a Maturana, todo argumento explicativo está fundado en una aceptación implícita o explícita de la noción del determinismo estructural. Esto es, están fundadas en el entendimiento de que la operación de todo sistema, tanto en su dinámica interna como en su dinámica relacional, depende de su estructura. La noción de determinismo estructural es una abstracción descriptiva de las coherencias de las experiencias del observador en su operación como ser viviente, y de lo que él o ella hace cuando él o ella reflexiona sobre las regularidades de lo que él o ella experiencia en el vivir en tanto que él o ella tratan de explicarlas. Aún la noción de probabilidad tiene valor solamente en la aceptación implícita o explícita de que un observador opera en un dominio de determinismo estructural como trasfondo que es directamente inobservable. Las nociones de sistema y de mecanismo implican en sí mismas las nociones de determinismo estructural. Las explicaciones científicas están fundadas en el determinismo estructural, debido a que ellas consisten en la proposición de mecanismos generativos que si se les deja operar dan lugar a las experiencias a ser explicadas (Maturana, 1990). Todo sistema opera de acuerdo a su

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estructura, esto es, de acuerdo a cómo está hecho, en el interjuego de las propiedades de sus componentes. Un sistema que opera de esta manera es un sistema determinado estructuralmente. La estructura de tal sistema determina todo lo que ocurre en él o a él en términos de sus cambios internos así como en términos de lo que él puede encontrar en una interacción (Maturana y Mpodozis, 1992).

Sistemas vivientes como sistemas autopoiéticos determinados estructuralmente

Sistemas vivientes y fisiología

De acuerdo a Maturana, desde una perspectiva biológica, los sistemas vivientes son sistemas determinados estructuralmente. Por lo tanto todo lo que ocurre en ellos, ocurre en cada instante como parte de su dinámica estructural de ese momento, y esta determinado por ese momento. Esto implica que todos los cambios estructurales que un sistema viviente sufre como consecuencia de sus interacciones con su ambiente no están determinados por los agentes externos que el observador ve como actuando sobre él, sino que están determinados por la dinámica estructural del ser vivo (ver Maturana, 1975).

Por lo tanto, en su dinámica de interacciones un sistema viviente es tocado solamente por aquellos agentes externos que su estructura admite y que así especifica. Por lo tanto, el cambio estructural del ser vivo sigue un curso que es indiferente a la caracterización que un observador hace de su ambiente, pero de una manera contingente al curso de sus encuentros estructurales con el medio en el cual vive (Maturana y Mpodozis, 1992).

De acuerdo a Maturana, los sistemas vivientes como todos los sistemas son entidades compuestas estructuralmente determinadas que existen en dos dominios fenoménicos que no se intersectan, a saber:

a) el domino de la operación de sus componentes, esto es, el dominio de su dinámica estructural; y

b) el domino en el que ellos son totalidades y operan como tales.

Como estos dos dominios fenoménicos no se intersectan, no es posible hacer reducción fenoménica entre ellos. En el caso particular de un sistema viviente, estos dos dominios fenoménicos son los dominios de su anatomía y fisiología, y el dominio de la conducta, respectivamente (Maturana, 1995). Esta mirada invalida la intención de reducir la conducta a la fisiología que la hace posible.

Maturana dijo que la historia de vida individual de un sistema viviente sigue un curso en el que tanto el sistema viviente como el medio sufren cambios estructurales congruentes hasta que el sistema viviente muere (Maturana, 1995). El dominio fenoménico de la dinámica estructural de un sistema es operacionalmente auto-contenido en el sentido de que todo lo que pasa en él, toma lugar como cambios estructurales en él, y ocurre en él, en cada instante determinado en su estructura en ese instante. En contraste, el dominio fenoménico en el que un sistema existe como totalidad no es operacionalmente auto-contenido porque los

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fenómenos en él surgen en el encuentro del sistema con el medio que también opera como un sistema independiente determinado estructuralmente. Pero, y aunque estos dos dominios fenoménicos no se intersecta, y por lo tanto, no pueden ser reducidos el uno al otro, los cambios de uno afectan lo que pasa en el otro. Esto es así porque hay un relación mutuamente generativa entre ellos a través de las interacciones estructurales actuales del sistema viviente y el medio. De acuerdo a Maturana, y aunque la totalidad de un sistema es operacionalmente constituida por su organización (la relaciones entre sus componentes que especifican su identidad de clase), su actual operación como un todo, como existe como totalidad, es realizada en y a través de la operación de su estructura (los componentes más las relaciones entre ellos que realizan al sistema particular como una caso particular de una clase particular), de modo que como sistema interactúa como totalidad, lo hace a través de la operación de sus componentes (Maturana, 1987). Concordantemente, aún y cuando el dominio de interacciones y relaciones de un sistema como totalidad está determinado por su organización, sus interacciones actuales y relaciones como tal toman lugar a través de la operación de sus componentes. El resultado de esta situación es doble: por un lado, como sistema interactuando como totalidad, su estructura sufre cambios gatillados por esas interacciones pero no especificadas por ellas. Por otro lado, cuando la estructura del sistema cambia, ya como resultado de su propia dinámica o como resultado de las interacciones del sistema como totalidad, el dominio de las interacciones y relaciones del sistema como totalidad, cambia también. O, puesto en otros términos, hay dos consecuencias básicas de esta dinámica de generación recíproca de cambios entre los dos dominios fenoménicos:

primero, los cambios estructurales que un sistema sufre en su historia individual, necesariamente siguen un curso contingente a la secuencia de interacciones del sistema cuando opera como totalidad en su dominio de existencia, y

segundo, las interacciones actuales que un sistema sufre, y de ahí, los cambios estructurales gatillados en él, siguen un curso contingente a los cambios estructurales del medio cuando este cambia en una manera operacionalmente independiente del sistema que contiene (Maturana, 1987)

Maturana indica que el curso que siguen los continuos cambios estructurales que un sistema viviente sufre durante toda su vida, es contingente tanto al curso de su dinámica interna como al curso de sus interacciones, y que el curso seguido por las interacciones de un sistema viviente durante toda su vida es contingente al curso de sus cambios estructurales y al curso de cambios estructurales que toman lugar en el medio. En estas circunstancias, el observador puede entender a un sistema viviente solamente si él o ella se mantiene conscientes de que los sistemas vivientes existen en dos dominios fenoménicos que no se intersectan y mantiene esta doble mirada que no los confunde, y si él o ella, asimismo, se mantiene consciente de la manera de modulación mutua de los fenómenos de esos dos dominios.

Maturana además sostiene que lo que un observador ve como conducta es una dinámica de cambios que involucra a dos sistemas operacionalmente independientes: el sistema viviente y el medio. La conducta, por lo tanto, pertenece al dominio de las relaciones del organismo, no al organismo.

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La conducta como la relación entre un sistema viviente operando como totalidad y el medio operando como una entidad independiente, no toma lugar en el dominio anatomo/fisiológico del organismo, pero depende de él. En otras palabras, los fenómenos anatomo/fisiológicos son necesarios para que la conducta pase, pero no la determinan porque ellos están involucrados en la operación de sólo uno de los participantes en la dinámica de relaciones que constituye la conducta, o sea, el sistema viviente. Es solamente el observador que conserva la doble mirada al atender simultáneamente o en sucesión, a la dinámica estructural de un sistema y a su relación como un todo, quien puede hablar de una relación generativa entre los procesos de la dinámica estructural de un sistema viviente y los fenómenos de su dominio de conducta. Lo que un observador ve es que cada una de las diferentes conductas que un sistema viviente puede exhibir como fenómenos de su dominio de relaciones e interacciones, surge en cada caso solamente cuando hay una coincidencia entre un dinámica estructural particular en el organismo, y una configuración estructural particular en el medio (Maturana, 1995, p. 151),

Concordantemente, la conducta que un sistema exhibe no es ni determinada por él ni por el medio solamente, aún y cuando un cambio estructural particular en un sistema viviente pueda específicamente interferir con su habilidad para generar una conducta en particular. La conducta surge y toma lugar en el fluir de las interacciones de un organismo y el medio; y es una relación dinámica entre los dos.

Sistema viviente y medio

De acuerdo a Maturana, el vivir de un sistema viviente es un proceso de interacciones recursivas entre el sistema viviente y el medio que cursa como un fluir de cambios estructurales congruentes y recíprocos. Este proceso toma lugar como un curso, sin esfuerzo o dirección externa, como un resultado sistémico de sus interacciones recurrentes como sistemas estructuralmente determinados independientes (Maturana, 1987). En otras palabras, los sistemas vivientes y el medio cambian juntos en una dinámica de congruencia estructural a través de su mutuo gatilleo recursivo de cambios estructurales, mientras que el sistema viviente conserva su organización viviente (autopoiesis) y su adaptación al medio (congruencia estructural dinámica operacional con él). El observador que ve tanto al sistema viviente como al medio, ve que el sistema viviente se desliza en el medio a través de sus continuos cambios estructurales siguiendo un curso en el que conserva su organización viviente (autopoiesis) y su congruencia estructural dinámica con el medio (adaptación), o se desintegra. Debido a esta relación sistémica entre un sistema viviente y el medio, la dinámica estructural de un sistema viviente está siempre, mientras viva, en una congruencia estructural adecuada con el medio para la realización de su vida. Cuando tal coincidencia desaparece, el sistema viviente muere (Maturana y Mpodozis, 1992).

Maturana propone que un sistema viviente existe tanto en el dominio de su dinámica estructural como en el dominio de sus acciones e interacciones como totalidad, y que estos dos dominio no pueden ser reducidos uno al otro. En este sentido, el dominio de la conducta no puede ser reducido al dominio de la fisiología.

Las teorías biológicas de la depresión lo hacen al mantener que este fenómeno se debe a una deficiencia bioquímica en el cerebro. Ciertamente, esto último hace posible al

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fenómeno pera la depresión en sí pertenece solamente a la relación. Por ejemplo, un "ser deprimido" que está protegido y alimentado en el útero no está "deprimido", y lo que parece ser la restricción de su actividad, es su modo normal de ser como feto. Por lo tanto, la depresión no está localizada en la situación bioquímica sino en la relación entre organismo y medio. Además, Maturana mantiene que la no intersección de los dominios fisiológico y conductual, no permite el determinismo genético de la conducta, y que el entender esto, abre un espacio para aceptar la posibilidad de cambio en el sistema, y así, para la psicoterapia. En otras palabras, desde la perspectiva de Maturana, no podemos hablar de determinismo genético de la conducta debido a que la constitución del ser del organismo, como una entidad conductual total, es sistémica. Así, la identidad de un sistema viviente como una clase particular de sistema viviente, es un fenómeno sistémico que surge y es conservado cuando su realización participa en la creación y conservación de las condiciones que lo hacen posible.

En el mismo sentido, si los cambios estructurales de un sistema viviente no están determinados por el medio, sino que el sistema viviente y el medio sufren cambios estructurales congruentes, la conducta de una persona no puede ser afirmado que está determinada por el sistema social al que él o ella pertenece, como está implícito en las teorías que enfatizan determinismo ambiental. Tampoco podría ningún terapeuta o psicoterapeuta determinar los cambios que toman lugar en el sistema del paciente. La psicoterapia merece un comentario adicional en relación con la identidad sistémica. Una dinámica sistémica –como ya se dijo– es una dinámica relacional que mantiene cierta identidad en un sistema. Pero ninguna persona es unidimensional debido a que hay muchas dimensiones de interacción para cualquier sistema vivo.

Desde un punto de vista psicoterapéutico, la dificultad frente a un cliente que pide ayuda está en encontrar una dimensión de interacción que no pertenezca al dominio de conservación de la identidad no deseada, a través del cual el terapeuta pueda gatillar cambios estructurales internos en el cliente que resulten en una interferencia con la dinámica de conservación de esa identidad no deseada.

El concepto de autopoiesis

De acuerdo a Maturana y Varela (1972), un ser vivo es un sistema autopoiético organizado como una red cerrada de producciones moleculares, en la que las moléculas producidas generan la misma red que las produjo, y especifican su extensión. La autopoiesis es la manera de existir de un sistema viviente y su manera de ser una entidad autónoma. Como tal, los sistemas vivientes viven tanto como conserven su organización, y todos sus cambios estructurales ocurren con la conservación de su adaptación al medio en el cual ellos existen. Para un observador, esta organización aparece como auto-referida. En estas circunstancias, yo creo que Guidano está en lo correcto cuando afirma:

"El ser temporal de todo sistema conocedor individual debe ser entendido como un proceso de auto-organización en desdoblamiento que, a través de su desarrollo de maduración de habilidades cognitivas más altas, construye progresivamente un sentido de auto-identidad dotado con rasgos únicos inherentes y con una historia de

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continuidad, cuyo mantenimiento es tan importante como la vida misma" (Guidano, 1991b, pp. 9.)

"El mantenimiento de un sentido de individualidad y de personal unicidad a través de lo largo de la vida, resulta de la actividad autopoiética del individuo". (Guidano, 1991a, pp. 52).

Pero Maturana piensa que la existencia y la conservación de la auto-identidad humana es un fenómeno social derivado de la existencia humana en el lenguaje. Y también piensa él que es debido que el sí-mismo (self) es una manera de existir en el lenguaje, es posible cambiar al sí-mismo a través del lenguaje, y de ahí que la terapia es posible. Por supuesto que todo esto toma lugar dentro de los límites de la conservación de la autopoiesis, porque si no, el ser vivo se muere. De acuerdo a Maturana, para un observador la dependencia final del ser humano viviente en la conservación de su autopoiesis, puede obscurecer el darse cuenta de que el sí-mismo humano y su conservación son rasgos de la existencia humana en el lenguaje. Además, de acuerdo a Maturana, los principales aportes en relación con la noción de autopoiesis son, por un lado, la respuesta a la pregunta ¿qué es un ser vivo?, y por el otro lado, un cambio en la manera de ver a los seres vivos de manera que el determinismo estructural aparece como fundamental para entenderlos en todas sus dimensiones. Una vez que esto se hace, la referencia a la autopoiesis deja de ser necesaria, ya que queda implícita al hablar de los sistemas vivientes, y la biología del conocimiento puede ser desarrollada completamente como una explicación biológica de la cognición al respetar el determinismo estructural de los seres vivos. Si los sistemas vivientes no pudieran ser entendidos como sistemas determinados estructuralmente, la cognición no pudiera ser explicada como fenómeno biológico. De acuerdo a Maturana, el determinismo estructural, como una abstracción de las coherencias de la experiencia del observador, es anterior a la noción de autopoiesis porque es necesario aceptarla para entender a los sistemas vivientes como sistemas autopoiéticos. Una vez que tenemos al ser vivo como sistema autopoiético, pueden ser manejados todos los dominios de su existencia. Cuando Maturana habla de un sistema viviente como un sistema determinado estructuralmente, él ya está implicando la autopoiesis. En otras palabras, Maturana habla de determinismo estructural cuando él habla de los seres vivos como sistemas autopoiéticos, y una vez que el considera al ser vivo como un sistema autopoiético, él habla de sus dos dominios de existencia. Cuando el considera los dos dominios de existencia, él habla del espacio de las relaciones. Y cuando él considera este último, y la fisiología, el puede hablar de la identidad de un sistema viviente como un fenómenos sistémico, y ya no necesita apelar a la autopoiesis.

En la psicoterapia, esta mirada de Maturana nos permite ver que los cambios que un cliente puede experienciar están ligados a su identidad sistémica. En otras palabras, el paciente cambiará solamente hasta el punto que la realización de su organización como sistema viviente no esté en riesgo. De esta manera, la efectividad de la psicoterapia siempre tiene un límite, y los bordes son puestos por el paciente, no por el terapeuta o el sistema terapéutico.

CONSIDERACIONES BIOLÓGICAS

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Recursividad

De acuerdo a Maturana (1995), hay una recursión siempre que el observador puede afirmar que la reaplicación de una operación ocurre como consecuencia de su aplicación previa. Hay una repetición siempre que un observador pueda afirmar que una operación dada es realizada de nuevo independientemente de las consecuencias de su previa realización. Por lo tanto, lo que hace recursión o repetición a una operación recurrente dada, es su manera de asociación con algunos otros procesos. Una consecuencia de esta condición es que cualquier proceso circular puede ser recursivo o repetitivo de acuerdo a su asociación con otro proceso en el mismo o en otro domino diferente. Otra consecuencia es que siempre que el observador vea una repetición, él o ella ve que todo permanece igual, y siempre que el observador ve una recursión, él o ella ve la aparición de un nuevo dominio fenoménico. Maturana clarifica estas distinciones por medio de un ejemplo:

Si las ruedas de una carro giran patinando, el carro no se mueve, se mantiene en el mismo lugar, y el observador ve el giro de la ruedas como repetitivo. Sin embargo, si las ruedas de una carro giran de tal manera que su punto de contacto con el suelo cambia, y en cada nuevo giro las ruedas empiezan de una posición diferente que la anterior como resultado de tal cambio, el observador ve un nuevo fenómeno, el movimiento del carro, y considera que al girar de las ruedas como recursivo.

Otro ejemplo es lo que pasa en un campo con los nutrientes del suelo cuando se planta el mismo cultivo año tras año. Cuando esto se hace, la siembra recurrente se hace recursiva porque da lugar a un nuevo fenómeno, es decir, al depletamiento de los nutrientes del campo mencionado (Maturana, 1995, pp. 53.)

Otro ejemplo de recursividad en psicoterapia. En psicoterapia el encuentro del terapeuta con el cliente ocurre cada vez en un nuevo estado alcanzado por el cliente y el terapeuta después de su cita previa. Esto es obvio, pero lo que es interesante es que cuando esto pasa, un nuevo fenómeno aparece que es un cambio en la manera en que el cliente se ve a sí mismo y el mundo que él o ella vive. Dependiendo de la naturaleza de este cambio, la terapia es exitosa o no.

La noción del lenguaje

Otra de las más importantes contribuciones de la mirada de Maturana a la psicología contemporánea es su teoría del lenguaje. Para Maturana, el lenguaje como fenómeno de la vida pertenece a la historia evolutiva de los seres humanos. Maturana (1988) muestra cómo el lenguaje ocurre en el fluir de coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de conducta. Concordantemente, cada palabra (como sonido o gesto) no indica nada externo a nosotros, sino que es un elemento en el flujo de coordinaciones de coordinaciones de haceres y emociones que toman lugar en el vivir juntos en el lenguaje. De hecho, son precisamente estas coordinaciones del hacer y el emocionar que toma lugar en la coexistencia en el lenguaje lo que constituye el significado de las palabras. Maturana usa la palabra lenguajear para enfatizar el carácter dinámico relacional del lenguaje. Pero Maturana va aún más lejos y usa el término conversación para referirse al entrelazamiento

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de las coordinaciones de coordinaciones conductuales consensuales y las emociones que ocurre al vivir juntos en el lenguaje.

La posición de Maturana revierte el punto de vista clásico empirista que ve al lenguaje como una simple transmisión de información de un individuo a otro. La teoría del lenguaje de Maturana explica las condiciones de constitución del fenómeno del lenguaje. Las perspectivas empiristas del presente no son explicativas porque ellas no describen las condiciones de constitución del lenguaje, y sólo describen las regularidades de su operación. Las coordinaciones consensuales de coordinaciones de conducta consensuales es la operacionalidad que constituye al lenguaje y lo que toma lugar en él. La mirada de Maturana de que toda la vida humana ocurre en conversaciones tiene dos implicaciones básicas con respecto a la temporalidad. Una es que explica a la existencia humana como tomando lugar en un continuo fluir de lenguajeo y emocionamiento (NT: en un continuo fluir de lenguajear y emocionar); y la otra es que la vida humana es vivida en el presente, en el aquí y ahora. De acuerdo a él, la temporalidad es una manera de explicar la experiencia del flujo de eventos, y no una dimensión del universo. Parte de nuestro problema existencia surge de no darnos cuenta de esto.

El lenguaje y el lenguajear

Maturana ha propuesto en otros artículos (Maturana, 1978 y 1990) que las operaciones que constituyen eso que nosotros los seres humanos vivimos como lenguaje y lenguajear en el proceso de nuestro vivir, toma lugar en nuestro dominio relacional como una manera de vivir en interacciones recurrentes en lo que un observador ve como coordinaciones consensuales recursivas de coordinaciones consensuales de conducta. En otras palabras, él afirma que el lenguaje y el lenguajear no son fenómenos fisiológicos o estructurales del organismos o de su sistema nervioso, y que lo que pasas en el lenguaje y el lenguajear no puede ser explicado o entendido como rasgos estructurales, funcionales o dinámicos de la dinámica estructural del organismo y de su sistema nervioso, porque ellos son fenómenos del dominio de operación del organismo como totalidad en el medio. Además, él afirma que lo que él ha dicho con relación al lenguaje y el lenguajear se aplica a todos los fenómenos que surgen en la expansión recursiva histórica de la operación en el lenguaje de una comunidad lenguajeante.

Maturana sostiene que como seres lenguajeantes vivimos en un mundo de objetos que surgen en el lenguajear. De hecho, él afirma (ver Maturana, 1995, los objetos surgen en el lenguajeo en la primera recursión del fluir en coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de conducta que el lenguaje es. Cada recursión, en el fluir de coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de conducta en el que nosotros estamos cuando lenguajeamos, genera un objeto, y cada recursión produce una clase diferente de objeto de acuerdo a las circunstancias relacionales en las que toma lugar. En esta dinámica, cuando un objeto surge en la primera recursión en las coordinaciones consensuales de conducta, la distinción del objeto surge en la segunda recursión. A medida de que los objetos son distinguidos, otra recursión en el fluir de coordinaciones consensuales de conducta (una tercera recursión) distingue la relación entre objetos, y la posibilidad está abierta para la constitución de un domino de relaciones cuando las relaciones de relaciones son distinguidas en una siguiente recursión. En términos más

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generales, debido a que en cualquier nivel de recursión las conductas consensuales coordinadas se convierten en objetos, y así en fundamento para distinciones recursivas adicionales, cualquier nivel de recursión puede recursivamente convertirse en un domino de objetos que opera como nivel de base para recursiones adicionales.

De acuerdo a Maturana, cuando el lenguajear se expande como una manera de vivir juntos en las interacciones recurrentes del vivir juntos como miembros de una comunidad lenguajeante, el lenguajear sigue las complejidades cambiantes del vivir juntos y se convierte en una fuente de complejidades adicionales, constituyendo una red de entrecruzamientos de coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de conducta que generan toda la complejidad de vivir en el lenguaje. En relación al observar, el dijo: el observar surge como una operación en una segunda recursión que distingue el distinguir; esto es, en la distinción del observar, el observador aparece; y la auto-consciencia aparece en una recursión de cuarto orden en la que el observar al observador toma lugar. En términos más generales, la operación en cualquier dominio de objetos puede llegar a ser el fundamento para la generación de un dominio de consciencia y auto-consciencia (Maturana, 1995, pp. 154)

De acuerdo a esto, el terapeuta opera al guiar a su cliente a que opere en la auto-consciencia que toma lugar como una cuarta recursión.

La emoción y el emocionar

De acuerdo a Maturana, lo que está implícito cuando hablamos de emociones son disposiciones dinámicas corporales que especifican el dominio de acciones en la que el organismo se mueve. Para Maturana la emoción define la acción. Es la emoción la que define cuándo un gesto dado es una agresión o una caricia. De acuerdo a Maturana nosotros siempre estamos en una dinámica emocional, en un fluir de un dominio de acciones a otro en la historia de interacciones recurrentes en la que vivimos.

De hecho, el afirma que nosotros aprendemos nuestro emocionar mientras vivimos con otros desde el útero (Maturana y Verden-Zöller, 1993). De acuerdo a Maturana, cuando lenguajeamos, nuestro lenguajear y emocionar están entrelazados, de tal manera que nuestro fluir emocional es afectado por nuestro lenguajear, y nuestro lenguajear en afectado por nuestro fluir emocional. Nuestras emociones, tanto las de los otros, cambian como resultado de nuestras palabras; y nuestras palabras cambian como resultado de el cambio en nuestras emociones. En mi opinión, esto es lo que pasa en la psicoterapia en la interacción entre el psicoterapeuta y el cliente, cuando el emocionar y las palabras de ambos, el cliente y el psicoterapeuta, cambia como resultado de su interacción. De acuerdo con Maturana, hay una interrelación integral entre el emocionar y el lenguajear desde la niñez, de modo que lo que es conocido como fenómeno cognitivo es desde el comienzo una unidad entre el emocionar y el intelecto (Maturana y Verden-Zöller, en prensa)

El rol del sistema nervioso en la conservación del acoplamiento estructural entre el sistema viviente y el medio

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El sistema viviente como sistema determinado estructuralmente opera en un acoplamiento estructural dinámico con el medio (Maturana, 1978 y 1987). Si ese acoplamiento estructural dinámico se pierde, el sistema viviente se muere. La conducta de un sistema viviente en la realización de su vivir que toma lugar en las relaciones e interacciones del sistema viviente y el medio, ocurre a través de los cambios estructurales del sistema viviente en la conservación de su acoplamiento estructural.

Maturana (1995) propone que el sistema nervioso opera como una red neuronal cerrada y que participa en la conservación del acoplamiento estructural entre el sistema viviente y el medio a través de cambios estructurales que sufre contingentes al fluir del vivir del sistema viviente. Además, Maturana afirma que el sistema nervioso participa en la realización del vivir del sistema viviente a través de correlaciones senso/efectoras que él genera, dando lugar a los cambios estructurales en el sistema viviente que se adecuan a los cambios estructurales del medio porque su estructura ha cambiado contingentemente al fluir de las interacciones del sistema viviente cuando realiza su vivir en ese medio. Además, Maturana mantiene que el sistema nervioso no opera con representaciones del medio, y que él opera generando correlaciones senso/efectoras internas y externas en el organismo que son operacionalmente efectivas en relación con la realización de su manera de vivir.

Para un observador de un organismo en el fluir de sus interacciones en la realización de su manera de vivir, parece como si el sistema nervioso estuviese haciendo computaciones para acomodar la conducta del organismo a los rasgos que él o ella ve en el medio, pero no hace eso. El organismo y el sistema nervioso en él, operan como sistemas determinados estructuralmente que se deslizan en congruencia estructural con el medio en la realización del vivir del sistema viviente, porque sus estructuras respectivas cambian en el acoplamiento estructural del uno con el otro y el medio a través de la realización de la manera de vivir del organismo, y ambos, el organismo y el sistema nervioso, se desintegran cuando este acoplamiento estructural se pierde (Maturana, 1995, p. 162)

Noción de auto-consciencia

Como ya lo dije anteriormente, Maturana propone que la auto-consciencia es una operación en el lenguaje que toma lugar como una cuarta recursión en el fluir de las coordinaciones consensuales de coordinaciones consensuales de conducta. La auto-consciencia como una operación relacional en el lenguaje, por lo tanto, no toma lugar en el cerebro, y no es un fenómeno neurofisiológico, ni un producto de la operación del sistema nervioso, aún y cuando la operación del sistema nervioso es necesaria para que ella ocurra. En nuestra experiencia, sin embargo, cuando nosotros nos distinguimos a nosotros mismos distinguiéndonos a nosotros mismos, la consciencia aparece como propiedad o habilidad del sí-mismo (self) que aparece como una entidad que requiere localización. Es debido a la manera de operar del sistema nervioso en nosotros como sistema nervioso lenguajeante, y hasta el grado que ha llegado a ser así en cada uno de nosotros en nuestras historias particulares de seres lenguajeantes, que permite que nosotros vivamos las experiencias de auto-consciencia en la soledad, y, como consecuencia, el experienciar el sí-mismo y la consciencia como localizados en nuestro cuerpo.

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Maturana (1995) mantiene que la auto-identidad surge como objeto en una mirada reflexiva, y que es el lenguaje la que la hace posible. Lo que él dice es que la auto-consciencia es la distinción de una identidad relacional que surge en el lenguaje tratado como objeto en una reflexión en el lenguaje. Esto es, la auto-consciencia es una operación en el lenguaje en el que tanto la corporalidad como la dinámica del ser lenguajeante aparecen como objetos. Para que esto pase, la distinción del objeto debe ya de haber surgido en el observar, de modo que las relaciones pueden ser objetos también.

Percepción e ilusión

Otra contribución básica de Maturana para el entendimiento de la existencia humana es que la experiencia humana (auto-distinción) es una condición primaria para explicar la cognición como fenómeno biológico. Esto significa que nosotros explicamos nuestras experiencias con nuestras experiencias. En este nivel de experiencia no es posible distinguir entre ilusión y percepción. Debido a que es solamente a través del lenguaje que los seres humanos pueden explicar sus experiencia y asimilarlas en su praxis del vivir, entender es el ver una experiencia en un contexto más grande de experiencias en el dominio de las conversaciones. Todo el reordenamiento racional cognitivo que podemos elaborar está basado en premisas tácitas que han sido provistas por experiencias inmediatas cuando ellas aparecen en el lenguajear y el emocionar. En palabras de Maturana: "Todo sistema racional está fundado en premisas básicas aceptadas a priori a través de las preferencias(emociones) de uno, y es por esto que no es posible convencer a nadie con un argumento lógico si no hay una aceptación común a priori de esas premisas básicas" (Maturana, 1988, p. 17). Desde la perspectiva de la terapia, esta afirmación invalida la mirada racionalista que sostiene que a través de la práctica de la lógica humana es posible cambiar las emociones de los pacientes (Ellis, 1985; Beck, 1976). Tal cambio es posible solamente si el paciente cambia sus premisas aceptadas emocionalmente a través del emocionar implícito en las interacciones con el terapeuta durante la conversación lógica y racional.

El multiverso

Si, como Maturana apunta, el observador no puede tener acceso a una realidad objetiva independiente, y si, como el establece en su "Ontología del observar" (1987), el observador es constitutivamente participante de lo que él o ella observa, entonces lo que el propone es evidentemente radical: el pasaje de un Universo, esto es, de una realidad objetiva única que es la misma para todos, a un Multiverso, en el que hay tantos dominios de realidades como hay dominios de coherencias de la experiencia del observador que son vividos como dominios de explicaciones de las experiencias con coherencias de la experiencia. Tal y como Maturana apunta, en la mirada del Universo como un único (single, solo) dominio de realidad, la validez de una afirmación se apoya en sus conexiones con la realidad objetiva del Universo. En contraste, en la mirada del Multiverso, la validez de una afirmación se apoya en sus conexiones con las coherencias experienciales del dominio de realidad al cual pertenece. En estas circunstancias, desde el punto de vista de la terapia, la existencia de estas dos manera de encarar la pregunta por la realidad (y, por lo tanto, la existencia de dos diferentes visiones de lo que pasa en la vida diaria de quienes nos consultan, de dos diferentes concepciones de lo que ocurre en las transformaciones que toman lugar como resultado de la terapia) implican dos diferentes maneras de hacer terapia. En el primer caso,

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cuando el terapeuta cree que existe ahí un universo al que él o ella tiene un acceso privilegiado, él o ella actúa como el portador de la verdad que puede ser directamente transmitida al paciente. En el otro caso, el terapeuta no se ve a sí mismo como el portador de la verdad, y pasará a considerar que el mundo generado por el paciente es el único mundo posible para él o ella bajo sus circunstancias presentes. En este último caso, la tarea del terapeuta será la de ayudar al paciente a entender el mundo que él o ella genera como una apertura para la disolución de su sufrimiento. El primer caso corresponde al enfoque racionalista (Ellis, 1985; Beck, 1976), y el segundo al enfoque constructivista evolucionario o postracionalista de la psicoterapia (Guidano, 1991b; Mahoney, 1991; Ruiz, 1992).

El concepto de cultura

Para Maturana y Verden-Zöller (1993) la existencia humana toma lugar en el espacio relacional del conversar. Esto significa que, aún y cuando desde una perspectiva biológica nosotros somos Homo sapiens sapiens, nuestra manera de vivir, es decir, nuestra condición humana, toma lugar en nuestra forma de relacionarnos unos con otros y el mundo que generamos en nuestra vida diaria a través del conversar. El mantiene que una cultura es una red cerrada de conversaciones, y que un cambio cultural toma lugar en una comunidad humana cuando la red de conversaciones que la define como tal, cambia. Una cultura como una red de conversaciones (coordinaciones de lenguajear y emocionar) es conservada cuando los miembros de la cultura se hacen miembros de ella y la realizan al vivirla. Como tal, la identidad de los miembros de una cultura surge continuamente de nuevo cuando ellos viven la cultura que ellos integran. Tal identidad puede cambiar si las personas cambian la red de conversaciones en las que ellos participan. Su identidad (emocional y conductual) no preexiste como un rasgo de la cultura, sino que surge momento a momento cuando ellos generan con su conducta la cultura a la cual pertenecen.

La Biología del Amor

Maturana (y Verden-Zöller, 1993) es el primer científico que explica el amor. En su proposición, el amor no es una cualidad, o regalo o virtud, sino que es un fenómeno biológico relacional. De acuerdo a él (Maturana, 1993), el amor consiste en una conducta o clase de conductas a través de las cuales el otro aparece como un legítimo otro en coexistencia con uno en circunstancias que el otro puede ser uno mismo. De acuerdo con él, no es un asunto de legitimar al otro, o de hacer cosas intencionalmente para legitimar al otro, es un asunto de la conducta a través de la cual la legitimidad del otro no es negada, aún en el desacuerdo. De acuerdo con él, el amor es un fenómeno biológico básico, y es la emoción que constituye la existencia social. Maturana cree que nos enfermamos al vivir una manera de vivir que sistemáticamente niega al amor. Maturana afirma que el proceso terapéutico es siempre el mismo, cualquiera que sea la forma de psicoterapia, y que es lograda cuando el terapeuta tiene éxito, a través de la interacción con el paciente, en guiarlo a él o ella, consciente o inconscientemente, a abandonar la negación sistemática de sí mismo y de otros a través de recobrar la biología del amor como el hilo central de su vivir (en Ruiz, 1994, pp. 13).

RESUMEN

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La contribución de Humberto Maturana Romesín a las ciencias de la complejidad y al entendimiento de la experiencia humana, se deriva de su explicación del observador a través de lo que él llama el dominio de las ontologías constitutivas. Este dominio aparece cuando él responde a la pregunta sobre qué es lo que los humanos hacen como observadores. En su mirada, el observador es revelado como alguien que opera en el lenguaje como participante constitutivo en todo lo que él o ella hace como ser humano. La mirada recursiva, circular y sistémica de Maturana está presente en sus reflexiones y en toda su argumentación explicativa. Si mantenemos esto en mente, podemos ver que sus contribuciones pueden sumarizarse como sigue:

1. Una mirada sistémica, circular, no linear de los sistemas vivientes que nos lleva al entendimiento de la vida como un proceso de conocimiento en la realización del vivir en congruencia con un medio.

2. El carácter ontológico no trascendental (su carácter de ontología constitutiva, en términos de Maturana), y la potencia explicativa de su propuesta en relación con el entendimiento de la experiencia humana.

3. Su descripción de la relación entre el observador y lo observado que lo guía a considerar al observador como un participante activo y constitutivo en todo lo que él o ella observa. Aquí el tanto el observador como la realidad emergen como explicaciones de las experiencias del observador y no como entidades trascendentales.

4. Sus explicaciones terminan con la separación de la mente y el cuerpo y con la suposición de que la mente tiene una localización en el cerebro. En sus proposiciones la mente es entendida como un fenómeno relacional que pertenece a la dinámica de relaciones del organismo.

5. Su entendimiento completamente consistente y no reduccionista. 6. Sus explicaciones del sistema nervioso como una red neuronal cerrada que no opera

con representaciones del medio ni con símbolos. 7. Su mirar al conocimiento como acción efectiva y no como representación de una

realidad independiente. 8. Su propuesta de una teoría de emociones y un lenguaje. 9. Finalmente, su mirar a la cognición como un fenómeno biológico que pone fin a la

creencia en el conocimiento objetivo.

Hay una contribución adicional significativa de Maturana; que es un resultado de su teoría de la cognición y su entendimiento de los seres humanos como seres lenguajeantes, y es lo que él llama la biología del amor.

En el fondo, la mirada sistémica de Maturana de la experiencia humana conduce a un cambio en el entendimiento de lo humano. Yo pienso que una de la principales consecuencias de esto es una re-evaluación de las emociones como el fundamento de la vida humana y hasta de la racionalidad. Además, en estas circunstancias el acto terapéutico aparece obviamente como un acto en las emociones del paciente. En otras palabras, de acuerdo a Guidano (1991b) el terapeuta tiene que ser reconocido como un perturbador estratégicamente orientado de las emociones de sus clientes.

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Más tiempo tendrá que pasar antes de que podamos evaluar la enorme contribución de Maturana al entendimiento de la experiencia humana en el campo de la psicología. Este trabajo intenta presentar sus más importantes contribuciones en un esfuerzo de hacerlas más entendibles. Yo estoy consciente de que mi inclinación para escoger estas contribuciones también representa mis prejuicios personales, o mis "premisas a priori", en términos de Maturana.

REFERENCIAS

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Ruiz, A. B. (1994). Que nos pasa cuando estamos deprimidos. Instituto de Terapia Cognitiva. Santiago de Chile.

NOTAS:

(1) Dirección para correspondencia a Alfredo B. Ruiz, Instituto de Terapia Cognitiva, Casilla 16045, Correo 9, Santiago, Chile. Request for reprints of the original paper: e-mail: a r u i z @ i n t e c o . c l .Nota del autor: Estoy muy agradecido a Humberto Maturana R. por su ayuda y apoyo para escribir este artículo.

(1b) Dirección para correspondencia a Fernando González, Luis de la Torre 77 Ote., Col. Chapultepec, CP 80040 Culiacán, Sin. MÉXICO. Tel (67) 16-4185. E-mail: [email protected]

This article has been published in the Journal of Constructivist Psychology, 9: 4 (oct.- nov. 1996) pp.283-302. This article would be freely quoted according with the APA form in the following way:

Ruiz, A.B. (1996). The constributions of Humberto Maturana to the sciences of complexity and psychology. Journal of Constructivist Psychology, 9, 4 pp. 283-302.

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Biología del conocer, biología del amor

Conferencia del Dr. HUMBERTO MATURANA ROMESIN en la apertura de las JORNADAS DEL AMOR EN LA TERAPIA Barcelona, España.

Nosotros pertenecemos a una cultura, a una tradición de pensamiento filosófico en la cual la pregunta fundamental ha sido la pregunta por el ser, la búsqueda de la identidad del ser, la búsqueda de su esencia.

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Es fundador y colaborador del Instituto Matríztico de Santiago de Chile. Profesor del Departamento de Biología de la universidad de Chile. Ha creado, desde su estudio de la percepción, el campo de la comprensión ontológica del fenómeno del conocer como fenómeno biológico, que él denomina “Biología del conocer, biología del amor”. Estudió medicina en Chile y Biología en Inglaterra y Estados Unidos, doctorándose en Biología en la universidad de Harvard. Premio nacional de la ciencias de Santiago de Chile de 1994. Actualmente trabaja con Ximena Dávila en el desarrollo de la dinámica de la Matriz biológica de la existencia humana.

Muchas gracias. Me siento muy honrado con esta invitación, y con que me hayan invitado con mi colaboradora Ximena Dávila, con quien mañana vamos a desarrollar un aspecto importante de la temática que nos reúne, sobre el amor en la terapia. Yo me voy a parar pues quiero usar el pizarrón para hacer algunas reflexiones biológicas que nos conecten con este tema.

Yo soy biólogo, y pienso que es biológico todo suceder que implique la realización del vivir de por lo menos un ser vivo. De modo que cuando hablo de biología hago biología, y con ello no estoy necesariamente pretendiendo reducirlo todo a moléculas, o metabolismo. Sino que lo que hago es una invitación a mirar los procesos que tienen lugar en cualquier hacer humano como realización del vivir. Y en esto quiero usar el pizarrón para darle forma visible a lo que voy a decir. Además, lo que quiero decir lo voy a decir lo diré de manera sucinta porque mañana con Ximena lo expandiremos en el taller que vamos a hacer. Ahora sólo quiero evocar en Uds. un cambio de pregunta.Nosotros pertenecemos a una cultura, a una tradición de pensamiento filosófico en la cual la pregunta fundamental ha sido la pregunta por el ser, la búsqueda de la identidad del ser, la búsqueda de su esencia. En otras palabras, lo que propongo es cambiar pregunta por el ser. por la pregunta por el hacer, y preguntar: ¿Cómo hacemos lo que hacemos?. O mejor, por dos preguntas relacionadas: ¿Cómo es que conocemos? y ¿cómo es que amamos?. En esta última pregunta aparece el amor. ¿Cómo es que amamos? y también, ¿cómo es que podemos no amar? Si

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Y como el castellano o el español es maravilloso, y permite transformar un sustantivo en verbo, ahí escribo, lenguajear.

Yo decía emocionar, pero emocionear es el proceso, la dinámica del fluir de las emociones, como lenguajear es el fluir del lenguaje.

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cambiamos la pregunta por el ser por la pregunta ¿cómo hacemos lo que hacemos? en el fondo lo que hacemos es preguntarnos por nosotros mismos. Y esto lo voy a expresar aún de otra manera, con una pregunta, por supuesto, y la pregunta que quiero hacer es por el observador y el observar. ¿Quién es el observador? cualquiera de nosotros, y como somos seres vivos y operamos en la realización del vivir, la pregunta es ¿cómo operamos como observadores en la realización de nuestro vivir?. Si dejamos de vivir, no hay pregunta de ninguna clase, no hay reflexión filosófica, no hay reflexión científica, no hay cocinar, no se hacen edificios, no pasa nada. El vivir es esencial para realización de todo lo que hacemos como seres humanos. Y todo lo que hacemos los seres humanos ocurre en la realización del vivir, en la praxis del vivir. Pero además el vivir nos sucede, no lo hacemos nosotros, nos encontramos viviendo en el momento en que nos preguntamos por el vivir, igual que el burgués gentilhombre de Moliere que se encuentra hablando en prosa cuando reflexiona sobre cómo habla, y descubre que habla en prosa. Nos encontramos ya en el “suceder del vivir” cuando nos preguntamos por el vivir. Al mismo tiempo la experiencia es lo que distinguimos que nos pasa preguntándonos por lo que nos pasa. Voy a escribir aquí, al dibujar en el pizarrón el diagrama de la ontología del observar, la palabra “experiencia”, siendo la experiencia lo que distinguimos que nos pasa, distinción que hacemos en el lenguaje. Así que voy a anotar aquí todo esto en “lenguajear”. Y como el castellano o el español es maravilloso, y permite transformar un sustantivo en verbo, ahí escribo, len guajear. Y como la pregunta es ¿cómo hacemos lo que hacemos?, indico la pregunta a ambos lados del diagrama, porque es una igualdad, y porque quiero invitarlos a aceptar la pregunta. Si no aceptamos esta pregunta no pasa absolutamente nada. Si no nos preguntamos cómo hacemos lo que hacemos, no pasa nada, seguimos haciendo lo que hacemos como si tuviésemos la capacidad de hacer lo que hacemos como una propiedad intrínseca. Pero si nos preguntamos ¿cómo hacemos lo que hacemos? abrimos un espacio de reflexión. Y la pregunta, por supuesto, lo que está pidiendo es una explicación por respuesta. ¿Cómo hacemos lo que hacemos? Si aceptamos la pregunta nos comprometemos o a proponer o a escuchar la proposición, ¿de qué? bueno, de una explicación, y ¿qué es lo que queremos escuchar?, la proposición de un proceso tal que si tuviese lugar el resultado sería lo que queremos explicar. Piensen, cuando Uds. piden una explicación, qué es lo que quieren oír?. Cuando se dice a alguien, “Ud. llegó tarde”, lo que esperamos oír es un relato de un suceder tal que si hubiese tenido lugar, el resultado sería el haber llegado tarde. Ese relato se transforma en explicación en el momento en que lo aceptamos, porque si no lo

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O sea, la mentira ocurre en el momento en que ocurre. Uno miente cuando miente..

El error es diferente, y es muy interesante. El error ocurre después. “Discúlpenme, ayer me equivoqué. Cometí un error”.

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“Lo siento, pero me equivoque, no lo vi”. La disculpa no deshace lo hecho, pero pide reconocimiento de honestidad.

aceptamos no es explicación. Y esto lo aprendemos en nuestra casa, con nuestra mamá, con nuestro papá, con los hermanos, con los profesores, cuando somos pequeños... Un niño de 7 años, una niña de 7 o 6 años, sabe perfectamente bien el tipo de respuesta que tiene que escuchar cuando quiere una explicación. “Mama, ¿cómo es que yo nací?” Hija mía, tu eres preciosas, tienes unos ojitos negros, unos rulitos negros... ”No mama, yo quiero saber cómo nací. Yo sé que soy linda”. Lo que quiere oír de respuesta es un relato de un proceso tal que si tiene lugar el resultado es la experiencia explicada. Si ese relato es aceptado es una explicación. De modo que a lo que uno se compromete si acepta la pregunta ¿cómo hacemos lo que hacemos?, es a proponer como respuesta un relato que muestre como lo que hacemos seria el resultado del proceso indicado por ese relato. Si no aceptamos la pregunta, no pasa nada. Pero si una vez que aceptamos la pregunta, nos preguntamos qué estaríamos aceptando al no aceptar la pregunta, aparece algo muy interesante. Se hace evidente que al no aceptar la pregunta por cómo hacemos lo que hacemos, estamos aceptando implícitamente que tenemos la habilidad intrínseca de hacer referencia a un mundo independiente de nosotros. Hablamos de las cosas que están ahí, fuera de nosotros: “¡El florero está sobre la mesa¡ decimos. ¿Cómo sabes que el florero está sobre la mesa?, “Lo veo, ¿no ves que está ahí”. Y el que aceptamos que las cosas están ahí con independencia de nosotros se nota en los argumentos que damos al otro: “pero si está ahí, míralo, todo el mundo lo puede ver”, y todo el mundo lo puede ver porque está ahí con independencia de lo que yo digo; yo no soy responsable de lo que esté ahí, pero yo lo puedo decir que está ahí porque veo que está ahí. ¡Ah¡, esa es la actitud cotidiana, es así como vivimos cuando no nos preguntamos como hacemos lo que hacemos. Y para este modo de estar tenemos una expresión cotidiana, esa expresión es objetividad. Somos objetivos. El ser objetivo indica que cuando uno dice que es objetivo está diciendo que lo que él dice se fundamenta externamente. Los fundamentos que van dando validez a lo que yo digo son externos a mi. Cuando a uno le dicen, eres subjetivo, lo que le están diciendo es: los fundamentos de lo que tu dices no son externos a ti, sino que están en ti. Y en esta actitud, por supuesto, desvalorizamos lo subjetivo. Y esto lo voy a indicar en el diagrama con la palabra “objetividad”. La objetividad, en último término, tiene su fundamento en el supuesto de que hay una realidad independiente de uno desde donde se valida lo que uno dice.Pero, si hemos aceptado la pregunta y queremos una respuesta explicativa, si queremos una explicación por respuesta, lo que hacemos es estudiar cómo hacemos lo que hacemos. Y una de las formas que uno tiene para estudiar como pasa algo es interfiriendo con aquello, y la primera forma de interferir con el hacer de un ser humano

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En la disculpa ante una mentira uno hace otra cosa que en la disculpa ante un error. Uno por una parte reconoce la propia deshonestidad, y por otra, en el mejor de los casos, promete no mentir más.

es con un golpe en la cabeza; paf, me cae un meteorito, se acaba la conferencia,.. Es decir, el vivir es necesario para hacer lo que se hace como ser humano. Por lo tanto para entender como hacemos lo que hacemos, tenemos que entender el vivir y que hacemos en el vivir en el acto de conocer, y que pasa que nos equivocamos. ¿Cómo nos equivocamos?. Si miramos el vivir nos encontramos con dos situaciones cotidianas para las cuales tenemos dos palabras maravillosas en castellano, que son “ilusión” y “percepción”. Cuando hablamos de percepción hablamos como si aquello que decimos que vemos, que distinguimos, fuese independiente de nosotros; pero cuando hablamos de haber tenido una ilusión, lo que estamos diciendo es que tuvimos una experiencia que vivimos en el momento de vivirla como una percepción, pero que después comparándola con otra experiencia nos dimos cuenta de que no era válida. Piensen en las situaciones corrientes de ilusión. Uno va por la calle, se encuentra con un amigo, y saluda diciendo “Hola Juan, ... hola ... “ Y un momento después nos disculpamos. “Disculpe, me equivoqué. Fue una ilusión”. Pero mientras uno está saludando a Juan, está saludando a Juan, vive el encuentro con Juan. En Santiago, años atrás, yo iba por una acera, y al otro lado de la calle por la otra acera pasa alguien y me grita: “Hola Pérez, cómo te va?” y yo le contesto: “Muy bien, Jiménez, cómo estás tu?” Más tarde yo pensé que la persona que me saludó se habría preguntado ¿con quien me confundiría Pérez?. Yo no era Pérez, seguramente el no era Jiménez. Pero cuando él saludó a Pérez tuvo gesto de alegría, vivió el encanto de encontrarse con Pérez. Lo interesante de la ilusión es que cuando uno vive una ilusión uno la vive como una experiencia de percepción en el momento en que la vive, y es sólo después que la descalifica como ilusión. En la experiencia misma uno no sabe si lo que está viviendo después lo va a descalificar o no como una ilusión en relación a otra experiencia.Además en castellano tenemos otro par de palabras hermosas que son: mentira y error. La palabra “mentira” hace referencia a situaciones en las cuales uno dice algo en circunstancia de que uno sabe, en el momento en que lo dice, que lo que está diciendo no es válido. “Ud. miente”, quiere decir que en el momento en que Ud. dice lo que dice, sabe que tiene todos los argumentos necesarios para afirmar que lo que está diciendo no es válido. “Yo mentí”, quiere decir que en el momento en que dije lo que dije tenía todos los argumentos necesarios para afirmar que no era válido, aunque yo decía que era válido. O sea, la mentira ocurre en el momento en que ocurre. Uno miente cuando miente. El error es diferente, y es muy interesante. El error ocurre después. “Discúlpenme, ayer me equivoqué. Cometí un error”. “En el momento en que dije lo que dije, yo pensaba que era válido, pero ahora me doy cuenta por tales o cuales circunstancias, que no, me equivoqué”. Uno no se equivoca en el momento en que se equivoca, se equivoca

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después. Uno vive la experiencia que vive como válido en el momento de vivirla, y es solamente después, en relación con otra experiencia que puede descalificarla como un error. Esto es potente, ¿no? Cuando uno se disculpa por un error, lo que pide es reconocimiento de honestidad. Uno no puede deshacer lo que ya ha hecho. “- Discúlpeme, ayer me equivoque.- Si, pero aplastó a mi coche”. - “Lo siento, pero me equivoque, no lo vi”. La disculpa no deshace lo hecho, pero pide reconocimiento de honestidad. La mentira es, como dice Ximena Dávila, es una afirmación hecha en el intento de manipular a otro. En la disculpa ante una mentira uno hace otra cosa que en la disculpa ante un error. Uno por una parte reconoce la propia deshonestidad, y por otra, en el mejor de los casos, promete no mentir más. La ilusión y el error o la equivocación nos muestran que no podemos validar lo que decimos a través de una pretendida referencia a una realidad independiente de nosotros. No tenemos como hacerlo. Yo no puedo asegurarles a Uds. que mañana no voy a decirles que todo lo que he dicho hoy en día fue un error. Digo lo que digo, por supuesto pensando que no voy a decir mañana “me equivoqué ayer”. Pero si lo hago porque pienso que puedo validar lo que afirmo haciendo referencia a una realidad independiente de mi, quiere decir que para mi el error es una falla fundamental, que resulta de mi ceguera al no ver aquello que está allí, que existe con independencia de mi. Esa ceguera, el que yo no vea adecuadamente, es una falla mía. Pero si me hago cargo de que intrínsecamente no tengo cómo validar lo que digo con una referencia a una realidad externa y objetiva, el error tiene un carácter completamente distinto. El error es una situación del encuentro de mi vivir con mi circunstancia, en la cual yo vivo una circunstancia como si tuviese un valor, una validez que después invalido en relación a otra circunstancia. Los seres vivos, como un aspecto intrínseco de nuestro ser seres vivos, no podemos distinguir en la experiencia misma entre lo que después diremos que fue una ilusión o que fue una percepción. Vivimos lo que vivimos siempre cómo válido.Podríamos argumentar de muchas maneras para mostrar que esto es así, pero Uds. pueden reconocerlo en sus propias vidas. Todo momento del vivir se vive como válido en el momento en que se vive. Pero tenemos un problema. Decimos que aprendemos de los errores, pero los castigamos. En vez de felicitar a quién dice “me equivoque”, diciéndole “Te felicito, qué cosa más buena”. ¿cómo no va a ser magnífico el que alguien reconozca que se equivocó? Si uno no se da cuenta de que se equivocó va a seguir cometiendo el mismo error. Así que, por favor, de ahora en adelante, cuando alguien diga que se equivocó, felicítenlo. Es una oportunidad para ampliar la reflexión y salir de la trampa de la ceguera de creer que uno sabe lo que dice que sabe. Pero si no podemos pretender referirnos, o sustentarnos más bien, en la referencia a algo externo a

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nosotros, que llamamos lo real, para validar nuestro quehacer y nuestro explicar, ¿con qué validamos nuestro quehacer y nuestro explicar? Lo que es interesante es que en el momento en que uno se detiene a hacer la reflexión que estamos haciendo, descubre que explicamos nuestras experiencias con nuestras experiencias. Explicamos nuestro vivir con las coherencias de nuestro vivir, y no importa que nos equivoquemos o que tengamos ilusiones, porque en verdad, lo central es que el vivir se va transformando en la convivencia en una dinámica en la cual, eso no importa. Y no importa porque el mundo que vivimos se constituye en la coordinación del convivir, no en la referencia a alguna realidad trascendente. Esto lo indico yo en el diagrama ontológico poniendo la palabra “objetividad” entre paréntesis en el camino explicativo que surge de aceptar la pregunta por cómo hacemos lo que hacemos. En estas circunstancias el paréntesis hace referencia a un estado de conciencia, e indica que: me doy cuenta de que no tengo cómo pretender validar lo que digo, mis afirmaciones, o mis explicaciones con una referencia a una realidad externa independiente de mi, y me doy cuenta también de que valido mis explicaciones con mi vivir, y de que explico mi vivir con coherencia de mi vivir. Explicamos nuestras experiencias con las coherencias de nuestras experiencias, incluso en el explicar científico, aunque no voy entrar en eso en este momento. El resultado es que al poner la objetividad entre paréntesis nos damos cuenta de que vivimos muchos, muchos dominios de realidad, muchas realidades distintas. Pero para darme cuenta de esto, yo tengo que aceptar la legitimidad de la ilusión y por otro lado la legitimidad del error como un aspecto del vivir que no puede desdeñar. Tengo que aceptar que no tengo acceso a una realidad independiente para validar mi explicar; tengo que aceptar que no puedo exigirle al otro que vea lo que yo veo; tengo que aceptar que cuando hay una discrepancia con otro, el otro se encuentra moviéndose en un espacio de coherencia experiencial tan válido como el mío, aunque sea diferente. Tengo que aceptar que un error es una afirmación hecha en un dominio y escuchada desde otro. Lo mismo es el caso de la ilusión: una ilusión es una experiencia vivida en un dominio que es considerada desde otro.

En este diagrama ontológico lo que indico los dos camino explicativos que el observador puede adoptar según acepte o no la pregunta ¿cómo hacemos lo que hacemos? O, como yo prefiero decir. Según acepte o no la pregunta por el observador y el observar. Si el observador no acepta preguntarse cómo hace lo que hace, explica su experiencia buscando alguna referencia a lo objetivo, a lo que él o ella llama la realidad, y opera en el supuesto implícito de que él o ella tiene un acceso privilegiado a ver las cosas como son, ya sea directamente o según algún procedimiento racional. Yo llamo a este camino explicativo el camino explicativo de la

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objetividad sin paréntesis. También lo llamo el camino 1. Si el observador acepta la pregunta la pregunta por el observador y el observar, se hace cargo de que en la experiencia misma no puede distinguir entre ilusión y percepción, y se da cuenta de explica su experiencia con coherencias de su experiencia. En este camino explicativo el observador es consciente de que no puede pretender explicar su experiencia haciendo alguna referencia a una realidad independiente de su operar, cosa que yo expreso escribiendo (objetividad). Yo llamo a este camino explicativo, el camino explicativo de la (objetividad), esto es, de la objetividad en paréntesis, o camino 2.

En la vida cotidiana transitamos de un camino explicativo al otro a través de nuestras emociones, en el curso de nuestro emocionear. Ésta palabra si me la dijo un español. Yo decía emocionar, pero emocionear es el proceso, la dinámica del fluir de las emociones, como lenguajear es el fluir del lenguaje. En fin, nos movemos en un camino explicativo o en el otro según nuestras emociones. Cuando queremos que el otro haga lo que nosotros queremos que haga, somos objetivos y realistas. Por ejemplo, si digo, “Por favor, Sres. y Sras., sean realistas”, ¿qué les estoy diciendo? lo que digo es hagan lo que yo quiero. “Sres. y Sras., yo soy objetivo”, hagan lo que yo quiero. Pero cuando nos interesa la compañía del otro, cuando lo que nos interesa es el otro, uno nunca es objetivo o realista. Uno nunca es objetivo o realista con sus amigos. Y cuando uno se vuelves objetivo y realista con los amigos a amigas, se acaba la amistad. Esto es de la vida cotidiana, ¡por favor!, no les estoy diciendo nada nuevo. Pero sí, lo que quiero destacar es el tema que vamos a desarrollar lo más profundamente posible ahora y más adelante, es una emoción particular, y esa emoción es el amor.

Ya hemos estado hablando del amor. Recuerden que yo soy biólogo, no soy terapeuta. Ximena hace conversaciones liberadoras que resultan terapeutas. Y es por esto que las reflexiones que vamos a hacer en conjunto Ximena y yo tiene que ver en último término con terapia. ¡Ya voy a terminar! Sigan conmigo un momento más. Quiero invitarlos a otra reflexión que Uds. pueden hacer ahora o durante la noche, y darse cuenta de algo que ya saben. Esto es, que cada vez que hablamos de emociones hablamos de algo que tiene que ver con nuestro vivir cotidiano, no de algo que tenga que ver con un mundo independiente de ese vivir. Bien, ¿de qué hablamos cuando hablamos de emociones? Hablamos de conductas relacionales, o mejor aún, hablamos de clases de conducta relacionales. Paciencia, voy a terminar con esto, así que pueden tranquilizarse un poquito. Digo, lo que distinguimos cuando distinguimos emociones son

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clases de conductas relacionales. O sea, lo que digo es que si Uds., atienden a su vida cotidiana, si atienden a las circunstancias en las cuales hablan de emociones,; por ejemplo, si atienden a las circunstancias en las cuales hablan de miedo, de ternura, de amor, de odio, de agresión, si atienden a lo que hacen y si se escuchan a sí mismos, van a darse cuenta de que están haciendo referencia a conductas relacionales. Si dicen, “que Pedro tiene miedo” saben perfectamente que se refieren al espacio de conductas relacionales en las cuales Pedro se moverá o se puede mover en este momento. De modo que uno puede caracterizar a todas las emociones en forma de conductas relaciónales. Voy a caracterizar aquí en estos términos la emoción más fundamental y más simple de todas, el amor, y sin mayúsculas. “Cuando vemos conductas relacionales a través de las cuales el otro, la otra, o uno mismo, surge como legítimo otro en convivencia con uno, decimos que vemos (distinguimos) amor”. Lo que distinguimos cuando distinguimos amor, es un modo de relacionarnos. Una emoción particular aparece ante el observador cuando él o ella ve que se dan ciertas conductas relacionales. Atiendan Uds. en su vida cotidiana al uso de la palabra amor o amoroso, y verán que esas palabras connotan, denotan o evocan la clase de conductas relacionales que mencione hace un momento. La expresión “legítimo” sólo quiere decir el otro, la otra o uno mismo no tiene que disculparse por ser. Cada vez que alguien se disculpa por ser revela que se encuentra en un espacio en el cual no surge en su legitimidad en relación con los otros. De esto vamos a hablar mañana y vamos a hacer nuestro taller con Ximena, mañana. Mañana nos vamos a ocupar de la segunda pregunta fundamental. La primera pregunta que consideramos fue: ¿cómo hacemos lo que hacemos? La segunda pregunta fundamental es: ¿cómo es que amamos? Fíjense que interesante, hablamos del amor como un aspecto fundamental de nuestra existencia. ¿Cómo pasa que el amor es eso? Al mismo tiempo lo podemos negar, podemos negar el amar. ¿Cómo es que amamos en circunstancias que podemos negar el amar? Ya dije, amar es moverse en el dominio de las conductas relacionales a través de las cuales el otro, la otra o uno mismo, surge como legítimo otro en convivencia con uno. ¿Cómo es que eso pasa? Mañana vamos a reflexionar sobre eso en el taller.

Muchas gracias.