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“Hacer la paz es un trabajo artesanal, requiere pasión, paciencia, experiencia y tesón” Papa Francisco “Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…” Lc 2,14

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“Hacer la paz es un trabajo artesanal, requiere pasión, paciencia, experiencia y tesón”

Papa Francisco

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…”

Lc 2,14

“Hacer la paz es un trabajo artesanal, requiere pasión, paciencia, experiencia y tesón”

Papa Francisco

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…”

Lc 2,14

Queridas familiasde la arquidiócesis de Bogotá:

El nacimiento de Jesús, en “tiempo del emperador Augusto… siendo Quirino gobernador de Siria” (cf. Lc 2, 1s.) representó para el mundo el principio de una nueva era; para los cristianos es el inicio del tiempo de la salvación. A nosotros, cristianos de los albores del siglo XXI, nos compete la inestimable misión de continuar haciendo resonar el mensaje salvador de aquella primera Navidad para que el proyecto amoroso de Dios, por medio de su Mesías, alcance a toda la humanidad.

Por ello, cada año nos preparamos para conmemorar este acontecimiento mediante la liturgia del Adviento y el ejercicio piadoso de la Novena de Navidad que nos llevan a beber de la fuente de este primer evangelio: “No tengan miedo. Les traigo una buena noticia que lo será para todo el pueblo: hoy nació su Salvador, el Mesías, el Señor, en la aldea de David” (Lc 2, 10-11). El leccionario para las misas de estas semanas de Adviento nos ha familiarizado con la promesa de salvación por la que Dios alentó la esperanza del pueblo elegido; al mismo tiempo, el episodio del evangelio leído cada día nos ha mostrado el cabal cumplimiento de la promesa en las actitudes y palabras del Señor Jesús. Por su parte, los diferentes textos litúrgicos reconocen cómo el tiempo nuevo, inaugurado con la Encarnación del Hijo de Dios, viene madurando, y nuestra vida cristiana con él, hasta alcanzar la plenitud en los cielos nuevos y la tierra nueva.

La recién iniciada segunda etapa del Plan E nos impulsa a reconocer y acoger la gracia de la salvación como

acontecimiento de comunión profunda con la persona de Jesucristo para asumir el proyecto del Reino como estilo de vida. En este propósito, el Adviento nos ayuda a tomar conciencia de cómo en la historia personal y en la historia de nuestras comunidades se viene manifestando la presencia salvadora del Señor.

La Novena de Navidad, de tan honda tradición en nuestras familias, puede signi�car un impulso a este nuevo rumbo en la misión evangelizadora de la Arquidiócesis, pues el tema de la paz propuesto en la re�exión para cada uno de los nueve días nos va acercando a comprender el cántico de los ángeles que celebra el gozo de la presencia de Dios en medio de los hombres: “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2, 14).

El amor de Dios, revelado en el misterio de la Encarnación, trae consigo el don de la paz a los hombres, objeto de la misericordia divina. En la raíz bíblica del término “paz” encontramos el concepto hebreo Shalom. Shalom es mucho más que un pacto de no agresión o un equilibrio de fuerzas; Shalom implica bienestar, armonía con uno mismo, con la naturaleza y con Dios; Shalom es felicidad y seguridad. Es el término que los profetas emplean para caracterizar el tiempo de la salvación (cf. Is 9, 5s.; Zac 9, 10).

En la Biblia, el concepto de Shalom está cercano a los signi�cados de salvación, Reino de Dios, vida. Shalom es un don de Dios para el hombre en cuanto es el resultado de la justicia de Dios. El apóstol San Pablo presenta la obra salví�ca de Jesucristo como justi�cación de la humanidad en estos términos: “Porque Dios quiso depositar en él [en Cristo] toda la plenitud de sus dones y reconciliar por él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra y en el cielo con su sangre derramada en la cruz” (Col 1, 19s.).

En varias narraciones del Evangelio, el encuentro personal con el Señor que produce salvación concluye con la rati�cación del mismo Señor: “¡Vete en paz!” (Lc 7, 50; 8, 48).

El rezo de la Novena de Navidad, durante los últimos días del Adviento, nos irá preparando como hombres y mujeres de fe, para acoger el don de la salvación que nos trae el Hijo de Dios en su Encarnación y, a partir de esta experiencia de encuentro, ser cada uno de nosotros discípulo misionero que anuncia esta buena noticia en nuestra ciudad región.

¡Que tengan una feliz y santa Navidad!

Queridas familiasde la arquidiócesis de Bogotá:

El nacimiento de Jesús, en “tiempo del emperador Augusto… siendo Quirino gobernador de Siria” (cf. Lc 2, 1s.) representó para el mundo el principio de una nueva era; para los cristianos es el inicio del tiempo de la salvación. A nosotros, cristianos de los albores del siglo XXI, nos compete la inestimable misión de continuar haciendo resonar el mensaje salvador de aquella primera Navidad para que el proyecto amoroso de Dios, por medio de su Mesías, alcance a toda la humanidad.

Por ello, cada año nos preparamos para conmemorar este acontecimiento mediante la liturgia del Adviento y el ejercicio piadoso de la Novena de Navidad que nos llevan a beber de la fuente de este primer evangelio: “No tengan miedo. Les traigo una buena noticia que lo será para todo el pueblo: hoy nació su Salvador, el Mesías, el Señor, en la aldea de David” (Lc 2, 10-11). El leccionario para las misas de estas semanas de Adviento nos ha familiarizado con la promesa de salvación por la que Dios alentó la esperanza del pueblo elegido; al mismo tiempo, el episodio del evangelio leído cada día nos ha mostrado el cabal cumplimiento de la promesa en las actitudes y palabras del Señor Jesús. Por su parte, los diferentes textos litúrgicos reconocen cómo el tiempo nuevo, inaugurado con la Encarnación del Hijo de Dios, viene madurando, y nuestra vida cristiana con él, hasta alcanzar la plenitud en los cielos nuevos y la tierra nueva.

La recién iniciada segunda etapa del Plan E nos impulsa a reconocer y acoger la gracia de la salvación como

acontecimiento de comunión profunda con la persona de Jesucristo para asumir el proyecto del Reino como estilo de vida. En este propósito, el Adviento nos ayuda a tomar conciencia de cómo en la historia personal y en la historia de nuestras comunidades se viene manifestando la presencia salvadora del Señor.

La Novena de Navidad, de tan honda tradición en nuestras familias, puede signi�icar un impulso a este nuevo rumbo en la misión evangelizadora de la Arquidiócesis, pues el tema de la paz propuesto en la re�lexión para cada uno de los nueve días nos va acercando a comprender el cántico de los ángeles que celebra el gozo de la presencia de Dios en medio de los hombres: “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2, 14).

El amor de Dios, revelado en el misterio de la Encarnación, trae consigo el don de la paz a los hombres, objeto de la misericordia divina. En la raíz bíblica del término “paz” encontramos el concepto hebreo Shalom. Shalom es mucho más que un pacto de no agresión o un equilibrio de fuerzas; Shalom implica bienestar, armonía con uno mismo, con la naturaleza y con Dios; Shalom es felicidad y seguridad. Es el término que los profetas emplean para caracterizar el tiempo de la salvación (cf. Is 9, 5s.; Zac 9, 10).

En la Biblia, el concepto de Shalom está cercano a los signi�icados de salvación, Reino de Dios, vida. Shalom es un don de Dios para el hombre en cuanto es el resultado de la justicia de Dios. El apóstol San Pablo presenta la obra salví�ica de Jesucristo como justi�icación de la humanidad en estos términos: “Porque Dios quiso depositar en él [en Cristo] toda la plenitud de sus dones y reconciliar por él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra y en el cielo con su sangre derramada en la cruz” (Col 1, 19s.).

En varias narraciones del Evangelio, el encuentro personal con el Señor que produce salvación concluye con la rati�icación del mismo Señor: “¡Vete en paz!” (Lc 7, 50; 8, 48).

El rezo de la Novena de Navidad, durante los últimos días del Adviento, nos irá preparando como hombres y mujeres de fe, para acoger el don de la salvación que nos trae el Hijo de Dios en su Encarnación y, a partir de esta experiencia de encuentro, ser cada uno de nosotros discípulo misionero que anuncia esta buena noticia en nuestra ciudad región.

¡Que tengan una feliz y santa Navidad!

Queridas familiasde la arquidiócesis de Bogotá:

El nacimiento de Jesús, en “tiempo del emperador Augusto… siendo Quirino gobernador de Siria” (cf. Lc 2, 1s.) representó para el mundo el principio de una nueva era; para los cristianos es el inicio del tiempo de la salvación. A nosotros, cristianos de los albores del siglo XXI, nos compete la inestimable misión de continuar haciendo resonar el mensaje salvador de aquella primera Navidad para que el proyecto amoroso de Dios, por medio de su Mesías, alcance a toda la humanidad.

Por ello, cada año nos preparamos para conmemorar este acontecimiento mediante la liturgia del Adviento y el ejercicio piadoso de la Novena de Navidad que nos llevan a beber de la fuente de este primer evangelio: “No tengan miedo. Les traigo una buena noticia que lo será para todo el pueblo: hoy nació su Salvador, el Mesías, el Señor, en la aldea de David” (Lc 2, 10-11). El leccionario para las misas de estas semanas de Adviento nos ha familiarizado con la promesa de salvación por la que Dios alentó la esperanza del pueblo elegido; al mismo tiempo, el episodio del evangelio leído cada día nos ha mostrado el cabal cumplimiento de la promesa en las actitudes y palabras del Señor Jesús. Por su parte, los diferentes textos litúrgicos reconocen cómo el tiempo nuevo, inaugurado con la Encarnación del Hijo de Dios, viene madurando, y nuestra vida cristiana con él, hasta alcanzar la plenitud en los cielos nuevos y la tierra nueva.

La recién iniciada segunda etapa del Plan E nos impulsa a reconocer y acoger la gracia de la salvación como

acontecimiento de comunión profunda con la persona de Jesucristo para asumir el proyecto del Reino como estilo de vida. En este propósito, el Adviento nos ayuda a tomar conciencia de cómo en la historia personal y en la historia de nuestras comunidades se viene manifestando la presencia salvadora del Señor.

La Novena de Navidad, de tan honda tradición en nuestras familias, puede signi�icar un impulso a este nuevo rumbo en la misión evangelizadora de la Arquidiócesis, pues el tema de la paz propuesto en la re�lexión para cada uno de los nueve días nos va acercando a comprender el cántico de los ángeles que celebra el gozo de la presencia de Dios en medio de los hombres: “¡Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor!” (Lc 2, 14).

El amor de Dios, revelado en el misterio de la Encarnación, trae consigo el don de la paz a los hombres, objeto de la misericordia divina. En la raíz bíblica del término “paz” encontramos el concepto hebreo Shalom. Shalom es mucho más que un pacto de no agresión o un equilibrio de fuerzas; Shalom implica bienestar, armonía con uno mismo, con la naturaleza y con Dios; Shalom es felicidad y seguridad. Es el término que los profetas emplean para caracterizar el tiempo de la salvación (cf. Is 9, 5s.; Zac 9, 10).

En la Biblia, el concepto de Shalom está cercano a los signi�icados de salvación, Reino de Dios, vida. Shalom es un don de Dios para el hombre en cuanto es el resultado de la justicia de Dios. El apóstol San Pablo presenta la obra salví�ica de Jesucristo como justi�icación de la humanidad en estos términos: “Porque Dios quiso depositar en él [en Cristo] toda la plenitud de sus dones y reconciliar por él todos los seres, restableciendo la paz en la tierra y en el cielo con su sangre derramada en la cruz” (Col 1, 19s.).

En varias narraciones del Evangelio, el encuentro personal con el Señor que produce salvación concluye con la rati�icación del mismo Señor: “¡Vete en paz!” (Lc 7, 50; 8, 48).

El rezo de la Novena de Navidad, durante los últimos días del Adviento, nos irá preparando como hombres y mujeres de fe, para acoger el don de la salvación que nos trae el Hijo de Dios en su Encarnación y, a partir de esta experiencia de encuentro, ser cada uno de nosotros discípulo misionero que anuncia esta buena noticia en nuestra ciudad región.

¡Que tengan una feliz y santa Navidad!

+ Cardenal Rubén Salazar GómezArzobispo de Bogotá

Diciembre de 2016

Presentación

Origen de la Navidad

Metodología

Oración para todos los días

Oración a la Santísima Virgen María

Oración a San José

Oración al Niño Jesús

Gozos

Día primero: 16 de diciembre

La paz nace de un corazón iluminado y transformado por el Evangelio de Jesucristo

Día segundo: 17 de diciembre

Todos somos responsables de la paz

Día tercero: 18 de diciembre

De la justicia de cada uno nace la paz para todos

Día cuarto: 19 de diciembre

La fuerza de la oración para alcanzar la paz

Día quinto: 20 de diciembre

La mujer constructora de la paz y la reconciliación

CONTENIDO

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Día sexto: 21 de diciembre

La fraternidad: fundamento y camino para la paz

Día séptimo: 22 de diciembre

Un corazón nuevo vence la indiferencia y conquista la paz

Día octavo: 23 de diciembre

La familia educadora de la paz

Día noveno: 24 de diciembre

El camino de la paz es la reconciliación

Villancicos

Oración por la paz

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Presentación

Queridas Familias de Colombia, nos acercamos a la �iesta de Navidad: días de alegría, de regalos y de oración.

En cuanto a los regalos, un papá le preguntó a su niña ¿Qué quieres que te regale de Navidad? La niña respondió: quiero de regalo la paz, a lo que el padre le respondió, no me compliques las cosas, pídeme algo más sencillo, por ejemplo una muñeca. La niña a su vez reaccionó diciendo, yo quiero de regalo la paz.

Con esta pequeña historia notamos que la paz es ante todo un regalo, pero no un regalo que viene de un papá, sino un regalo que viene de Dios. La paz es don y tarea a la vez. Al entenderla como regalo o gracia de Dios se requiere que nosotros la pidamos en la oración, por eso, toda esta novena ha de ser una súplica al Señor Jesús, para que nos regale el don de la paz.

Como tarea nos corresponde trabajar por ella diariamente. La paz tiene dos dimensiones: por una parte, la paz interior y por otra, la paz exterior. Si tenemos sólo la paz interior pero no tenemos la paz exterior nos sentimos como prisioneros. Ahora bien, ¿cuántas veces aconteció esto en el país, cuando a todos nos daba miedo salir a la calle? Por otro lado, si tenemos la paz exterior pero no tenemos la paz interior igualmente nos sentimos mal y tal vez peor, porque la falta de la paz interior afecta todo nuestro ser y actuar. Por lo tanto, necesitamos esa doble paz para cada uno y para toda Colombia.

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Luego también, tenemos que decir que esa paz es dedicación, hay que cultivarla poco a poco, como se cultiva una planta, la cual se mira todos los días y se le echa agua para que crezca sana, o como se cría a un niño, que se debe estar las 24 horas del día atentos de él para que crezca, para que no corra peligros y se le enseñen valores que le ayuden en medio de la sociedad.

Entonces la paz es dedicación, no es una �irma simplemente que todo lo resuelve, la paz es parte de la vida y de las relaciones que hay que ir cultivando continuamente.

También hay que decir que la paz es diálogo, por eso, se ha dialogado tanto porque hay muchas visiones de paz y entonces es importante que dialoguemos en la sociedad, para ponernos de acuerdo con una sola visión de paz, porque de lo contrario podemos volver a la guerra para conseguir la paz de cada uno. El diálogo nos lleva a la visión de paz que nos identi�ica a todos y nos traza el futuro que orienta todos nuestros esfuerzos.

En consecuencia, que en esta novena de Navidad podamos re�lexionar sobre todos estos aspectos y que seamos cons-tructores de la paz.

Pidámosle a Dios que con esta Novena seamos constructores de paz con nuestra manera de ser y de aportar, para construir una sociedad más justa y equilibrada para el bien de todos.

+Luis Augusto Castro QuirogaArzobispo de Tunja

Presidente Conferencia Episcopal de Colombia

Origen de la Novena de Navidad

Las novenas o novenarios son una costumbre muy antigua que tiene sus raíces en la época colonial. Se utilizaban como un elemento para evangelizar a las comunidades y preservar el fervor religioso. La novena forma parte importante de las costumbres religiosas de los católicos y se dedican a la Virgen María o algún santo. Su nombre proviene precisamente porque durante nueve días, generalmente de noche, los vecinos se reúnen para rezar el Rosario y entonar cantos de alabanza y súplica.

Desde mucho tiempo atrás, San Francisco de Asís impulsó la devoción al Niño Dios, cuando en el año de 1224 celebró una pintoresca Navidad en Greccio, un pueblo de la Umbría – Italia. Instaló rústicas imágenes de la Sagrada Familia en un pesebre, donde un asno y un buey descansaban y ante ellas él mismo cantó el Evangelio de la Natividad.

Ya en nuestro continente, la devoción navideña se incrementó por obra de Fray Fernando de Jesús Larrea, un franciscano, nacido en Quito en 1700. Luego de su ordenación sacerdotal, en 1725, ejerció como predicador en muchos lugares del Ecuador y de Colombia.

A este misionero le debemos la primera novena de Navidad que circuló en nuestras tierras. Escrita, según parece, por petición de doña Clemencia Caicedo, fundadora del convento de las religiosas de La Enseñanza (Compañía de María), en

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la capital colombiana. Dicho texto fue después adaptado por la madre María Ignacia (Bertilda Samper), religiosa de la misma orden de doña Clemencia.

Con el correr del tiempo, la Novena de Aguinaldos ha sido objeto de variados retoques, para adaptarla a los tiempos y las circunstancias de los �ieles. Cada año se puede re�lexionar sobre un tema y desarrollarlo en la oración de los nueve días. Es lo que vamos a hacer este año: teniendo en cuenta el Jubileo de la Misericordia, tomamos en consideración los gestos de la misericordia en los personajes del Adviento y la Navidad, para hacer las re�lexiones y meditaciones de cada día.

Metodología

Se sugiere que para cada día de la novena se sigan los siguientes pasos:

1. Villancico

2. Ambientación Disponer previamente el lugar donde se va a

realizar la novena y favorecer un clima comunitario y de con�ianza.

Preparar con anticipación un signo que ayude a la re�lexión de cada día.

Brindar a los participantes una bienvenida afec-tuosa y cordial en la que perciban la cercanía y el ambiente de familia en el que se desarrollará la novena de Navidad.

3. Oración para todos los días

4. Lectura de la Palabra de Dios

5. Meditación

6. Gozos

7. Oraciones: a la Virgen María, a san José y al Niño Jesús.

8. Oración por la paz de Colombia

9. Compromiso

10. Villancicos

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Oración para todos los días

Benignísimo Dios de in�inita caridad, que nos has amado tanto y que nos diste en tu hijo la mejor prenda de tu amor, para que hecho hombre en las entrañas de una virgen naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio. Yo en nombre de todos los mortales te doy in�initas gracias por tan soberano bene�icio. En retorno de él te ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de tu hijo humanado, y te suplico por sus divinos méritos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, dispongas nuestros corazones con humildad profunda, con amor encendido y con tal desprecio de todo lo terreno, que Jesús recién nacido, tenga en ellos su cuna y more eternamente. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo (3 veces).

Oración a la Santísima Virgen María

Soberana María que por tus grandes virtudes y especialmente por tu humildad, mereciste que todo un Dios te escogiera para madre suya. Te suplico que tú misma prepares y dispongas de mi alma y de la de todos los que en este tiempo hagan esta novena, para el nacimiento de tu adorable Hijo.

¡Oh dulcísima madre! comunícame algo del profundo reco-gimiento y divina ternura con que le agradaste tu para que nos hagas menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén.

(Se reza tres veces el Ave María)

Oración a San José

¡Oh Santísimo José! Esposo de María y padre putativo de Jesús. In�initas gracias doy a Dios porque te escogió para tan altos ministerios y te adornó con todos los dones proporcionados a tan excelente grandeza. Te ruego por el amor que le tuviste al divino Niño, me abraces en fervorosos deseos de verle y recibirle sacramentalmente mientras en su divina esencia le veo y le gozo en el cielo. Amén.

(Se reza el Padre Nuestro, el Ave María y el Gloria al Padre)

Oración al Niño Jesús

Acuérdate ¡Oh dulcísimo Niño Jesús! que dijiste a la venerable Margarita del Santísimo Sacramento, y en persona suya a todos tus devotos, estas palabras tan consoladoras para nuestra pobre humanidad agobiada y doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia, y nada te será negado”.

Llenos de con�ianza en Ti ¡Oh Jesús, que eres la misma verdad! venimos a exponerte toda nuestra miseria. Ayúdanos a llevar una vida santa, para conseguir una eternidad bienaventurada.

Concédenos, por los méritos in�initos de tu Encarnación y de tu infancia, la gracia, de la cual necesitamos tanto. Nos entregamos a ti ¡Oh Niño omnipotente! seguros de que no quedará frustrada nuestra esperanza, y de que en virtud de tu divina promesa, acogerás y despacharás favorablemente nuestra súplica. Amén.

Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo (3 veces).

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Gozos

Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,¡Ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

¡Oh Sapiencia suma del Dios soberano, que a infantil alcance te rebajas sacro! ¡Oh Niño divino, ven para enseñarnosla prudencia que hace verdaderos sabios!

¡Oh, Adonaí potente que a Moisés hablando,de Israel al pueblo diste los mandatos!,Ah, ven prontamente para rescatarnos, y que un niño débil muestre fuerte brazo.

¡Oh raíz sagrada de Jesé que en lo alto presentas al orbe tu fragante nardo!¡Dulcísimo Niño que has sido llamado lirio de los valles, bella �lor del campo!

¡Llave de David que abre al desterrado las cerradas puertas del regio palacio! ¡Sácanos, oh Niño, con tu blanca mano, de la cárcel triste que labró el pecado!

¡Oh lumbre de oriente, Sol de eternos rayos, que entre las tinieblas, tu esplendor veamos! Niño tan precioso, dicha del cristiano,luzca la sonrisa de tus dulces labios.

Espejo sin mancha, Santo de los santos, sin igual imagen del Dios soberano. Borra nuestras culpas, salva al desterrado y en forma de niño da al mísero, amparo.

Rey de las naciones, Emmanuel preclaro, de Israel anhelo, Pastor del rebaño.¡Niño que apacientas, con suave cayado, ya la oveja arisca, ya el cordero manso!

¡Ábranse los cielos y llueva de lo alto, bienhechor rocío como riego santo!¡Ven, hermoso Niño, ven, Dios humanado!¡luce, hermosa estrella! ¡brota, �lor del campo!

Ven, que ya María, previene sus brazos,do su Niño vean en tiempo cercano.Ven, que ya José, con anhelo sacro,se dispone a hacerse de tu amor sagrario.

¡Del débil auxilio, del doliente amparo, consuelo del triste, luz del desterrado. Vida de mi vida, mi dueño adorado,mi constante amigo, mi divino hermano!

¡Véanse mis ojos, de ti enamorados!¡Bese ya tus plantas! Bese ya tus manos. Prosternado en tierra te tiendo los brazos, y aún más que mis frases, te dice mi llanto.

¡Ven, Salvador nuestro, por quien suspiramos;ven a nuestras almas! ¡Ven, no tardes tanto!

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Día primero: 16 de diciembre

La paz nace de un corazón iluminado y transformado por el Evangelio de Jesucristo

Signo: Preparar con anticipación el pesebre y ambientarlo con un cirio encendido.

Lectura de la Palabra de Dios Jn 5,33-36

Ustedes enviaron mensajeros a Juan, y él ha dado testimonio en favor de la verdad. No es que yo dependa del testimonio de un hombre; si digo esto es para que ustedes se salven. Juan era la lámpara que ardía y brillaba, y ustedes quisieron gozar un instante de su luz. Pero el testimonio que yo tengo es mayor que el de Juan: las obras que el Padre me ha concedido llevar a cabo, esas obras que hago dan testimonio de mí: que el Padre me ha enviado. Palabra del Señor.

Meditación

“Luz del desterrado”, dice en los gozos de la Novena de Navidad, cuando se anuncia que Jesús viene para disipar las tinieblas del corazón humano y para abrir a todos un corazón lleno de luz y de esperanza.

En la común tarea de construir una nueva Colombia, hemos de ser portadores de Jesús-Luz del mundo. Su palabra predicada con �idelidad, nos debe enseñar a iluminar los caminos, con la misma tarea del que lleva la luz siempre hacia adelante, abriendo paso entre las tinieblas del odio y de la incomprensión a una vida renovada en el amor y en la esperanza.

No podemos permitir más que las sombras del pecado, de la violencia, de la muerte, nos envuelvan y nos encierren en su círculo de venganzas y de odios fratricidas, porque un día en nuestro bautismo nuestros padres y padrinos recibieron la luz para que el amor y la esperanza que nacen de Jesús nos hicieran, a la vez testigos de vida y de paz.

El Papa Francisco nos exhorta a comunicar la alegría del Evangelio y nos dice: “la propuesta es el Reino de Dios (Lc. 4. 43)”. Se trata de amar a Dios que reina en el mundo. En la medida en que Él logre reinar entre nosotros, la vida social será escenario de fraternidad, de justicia, de paz, de dignidad para todos. El anuncio del Reino y la experiencia cristiana tienen consecuencias sociales. Cristo es nuestra paz. El anuncio del Evangelio comienza siempre con el saludo de paz, y la paz corona y cohesiona en cada momento la relación entre los discípulos. La paz es posible porque el Señor ha vencido al mundo “haciendo la paz mediante la sangre de su cruz” (Col. 1. 20). Tenemos que llegar a descubrir que el primer ámbito a donde estamos llamados a lograr la paci�icación en las diferencias es la propia interioridad, la propia vida amenazada por la dispersión. Con corazones rotos y fragmentados es di�ícil construir una auténtica paz. Solo con la unidad, con la conversión de los corazones y con la reconciliación podremos hacer avanzar nuestro país. (Cf. EG 180. 229.230).

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Día segundo: 17 de diciembre

Todos somos responsables de la paz

Signo: Manos solidarias

Salmo 71

Dios mío, con�ía tu juicio al rey,tu justicia al hijo de reyes,para que rija a tu pueblo con justicia,a tus humildes con rectitud.

Que los montes traigan paz,y los collados justicia;de�ienda a los humildes del pueblo,socorra a los hijos del pobrey quebrante al explotador.Dure tanto como el sol,como la luna, de edad en edad.

Baje como lluvia sobre el césped,como llovizna que empapa la tierra.En sus días �lorezca la justiciay la paz hasta que falte la luna;domine de mar a mar,del Gran Río al con�ín de la tierra.

En su presencia se inclinen las tribus del desierto; sus enemigos muerdan el polvo;los reyes de Tarsis y de las islasle paguen tributo.Los reyes de Sabá y de Arabia

le ofrezcan sus dones;póstrense ante él todos los reyes,y sírvanle todos los pueblos.

Él librará al pobre que clamaba,al a�ligido que no tenía protector;él se apiadará del pobre y del indigente,y salvará la vida de los pobres;él rescatará sus vidas de la violencia,su sangre será preciosa a sus ojos.

Que viva y le traigan el oro de Arabia,recen por él continuamentey lo bendigan todo el día.Y habrá trigo abundante en los campos,y ondeará en lo alto de los montes;darán fruto como el Líbano,y brotarán las espigas como hierba del campo.

Que su nombre sea eterno,y su fama dure como el sol;él sea la bendición de todos los pueblos,y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.

Bendito sea el Señor, Dios de Israel,el único que hace maravillas;bendito por siempre su nombre glorioso;que su gloria llene la tierra.¡Amén, amén!

Meditación

El salmo que hemos citado para este segundo día de la novena, le anuncia a Israel un tiempo de bendición. La bellísima expresión del salmista ha de resonar en Colombia en esta

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Navidad que se acerca: “Que los montes traigan la paz…” que se despierte de verdad entre nosotros un aire renovador y solidario que nos convoque, que nos reúna en comunidades vivas y cercanas, que ponga en las heridas de tantos hermanos “el aceite del consuelo y el vino de la esperanza” Como nos dice la parábola del Buen Samaritano.

El Papa San Juan Pablo II nos estimula con sus palabras diciéndonos: La paz no es un equilibrio super�icial entre intereses opuestos, la paz es una realidad profunda, un bien humano. Ella resulta del dinamismo de voluntades libres, guiadas por la razón hacia el bien común que se alcanza en la verdad, la justica y el amor. La paz procede de Dios, como fundamento: ella es un don de Dios. Él ha grabado en nuestra conciencia las leyes que nos piden respetar la vida y las personas creadas como cada uno de nosotros a su imagen y semejanza. Sí, Dios es la fuente de la paz, él llama a la paz, la garantiza, la da como fruto de la justicia, y nos ayuda interiormente a realizarla o a volver a encontrarla. Si la paz es un don, tenemos en nuestras manos la responsabilidad de buscarla y de esforzarnos por establecerla con nuestros esfuerzos personales y comunitarios. La paz es siempre un desa�ío a causa de la presencia del egoísmo, el odio, el deseo de venganza en nuestro corazón. Dios no dejara de escuchar el grito de nosotros sus hijos: Señor danos la paz. Señor danos tu paz. (Cf. Mensaje 01 de Enero 1.998)

Día tercero: 18 de diciembre

De la justicia de cada uno nace la paz para todos

Signo: Junto al pesebre colocar un bastón

Lectura de la Palabra de Dios Mt 1, 18-24

La generación de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados».

Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: «Miren: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán por nombre Enmanuel, que signi�ica “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer. Palabra del Señor.

Meditación

José, el varón justo del Evangelio, procede de una noble estirpe, su lejanísimo antepasado se llamaba Jesé, sí, el mismo que cantamos en los gozos de la Novena y del que decimos que �lorece exhalando el fragante aroma del nardo que representa la vida y la paz.

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Pero no podemos ignorar que en la vida de José hay también sombras dramáticas: pertenece a una dinastía que ha sido sustituida por un tirano terrible y cruel llamado Herodes, está en Nazaret porque en su tierra propia no le era ni posible ni seguro vivir. Allí, en los designios divinos, encuentra a María, la elegida de Dios, la escogida desde siempre y, acogiendo la llamada de Dios, la recibió con la más honda reverencia y con la más delicada piedad porque ella era “el Sagrario del Espíritu Santo”, Arca nueva de la Alianza de�initiva de Dios, templo santo en el que tiene su morada el Emmanuel prometido. Es el hombre justo que rechaza someter el misterio de Dios que él no comprende a un riguroso proceso legal. Es justo porque es misericordioso.

El Papa San Juan Pablo II nos dice: Hay una estrecha relación entre la justicia de cada uno y la paz para todos. Justicia y paz no son conceptos abstractos o ideales lejanos; son valores que constituyen un patrimonio común y que están radicados en el corazón de cada persona. Todos están llamados a vivir en la justicia y a trabajar por la paz: individuos, familias, comunidades y naciones. Nadie puede eximirse de esta responsabilidad. La justicia es una virtud dinámica y viva: de�iende y promueve la inestimable dignidad de las personas y se ocupa del bien común, tutelando las relaciones entre las personas y los pueblos. El hombre no vive solo, sino que desde el primer momento de su existencia está en relación con los demás, de tal manera que su bien como individuo y el bien de la sociedad van a la par. Entre los dos aspectos hay un delicado equilibrio. (Cf. Mensaje 01 de Enero 1.998).

Día cuarto: 19 de diciembre

La fuerza de la oración para alcanzar la paz

Signo: El incienso o un cirio

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1,5-17

En los días de Herodes, rey de Judea, había un sacerdote de nombre Zacarías, del turno de Abías, casado con una descendiente de Aarón, cuyo nombre era Isabel. Los dos eran justos ante Dios, y caminaban sin falta según los mandamientos y leyes del Señor. No tenían hijos, porque Isabel era estéril, y los dos eran de edad avanzada. Una vez que o�iciaba delante de Dios con el grupo de su turno, según la costumbre de los sacerdotes, le tocó en suerte a él entrar en el santuario del Señor a ofrecer el incienso; la muchedumbre del pueblo estaba fuera rezando durante la ofrenda del incienso. Y se le apareció el ángel del Señor, de pie a la derecha del altar del incienso. Al verlo, Zacarías se sobresaltó y quedó sobrecogido de temor. Pero el ángel le dijo: «No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento. Pues será grande a los ojos del Señor: no beberá vino ni licor; estará lleno del Espíritu Santo ya en el vientre materno, y convertirá muchos hijos de Israel al Señor, su Dios. Irá delante del Señor, con el espíritu y poder de Elías, para convertir los corazones de los padres hacia los hijos, y a los desobedientes, a la sensatez de

.»otseupsid neib olbeup nu roñeS la raraperp arap ,sotsuj solPalabra del Señor.

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Meditación

Un anciano sacerdote, Zacarías, entra al Santuario para ofrecer el incienso. San Lucas, aunque artista, no detalla el ritual con el que se ofrecía, sino que nos cuenta que una visión interrumpe la plegaria para anunciar la llegada del Mesías y de su Precursor.

Delante del Príncipe de la Paz vendrá primero un profeta que abrirá caminos y que buscará en Israel lo que ahora necesita nuestra patria: La Reconciliación. Afuera el pueblo esperaba que el anciano cumpliera su tarea de intercesor. Adentro, entre el aroma del incienso, el Arcángel habla del Precursor. Hay que volver a entrar en el camino de la oración, acercarse a la fuente de la vida y de la esperanza para pedir unos por otros, para rogarle a Dios que nos sane tantas heridas y tantos dolores, para ofrecerle a Dios el sacri�icio de tantos hermanos, para recoger tantas lágrimas y para pedir que la vida vuelva a �lorecer en el corazón de la Patria.

El Papa San Juan Pablo II nos estimula a una oración intensa, humilde, con�iada y perseverante si queremos que Colombia sea un territorio de paz, pues la oración es la fuerza por excelencia para implorarla y obtenerla. La oración que nos impulsa al encuentro con el Señor, nos dispone también al encuentro con los hermanos, ayudándonos a establecer con todos, sin discriminación alguna, relaciones de respeto, de comprensión, de estima, de perdón y de amor. La oración es el vínculo que nos une de manera más e�icaz para superar las desigualdades, las incomprensiones, los rencores y las enemistades. Es un aporte positivo para la paz. (Cf. Mensaje 01 de enero 1.992).

Día quinto: 20 de diciembre

La mujer constructora de la paz y la reconciliación

Signo: una llave

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 26-38

En el mes sexto, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá �in». Y María dijo al ángel: «¿Cómo será eso, pues no conozco varón?». El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, porque para Dios nada hay imposible».

María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra». Palabra del Señor.

Meditación

Es María la “llave de la fe” la que abre las cerradas puertas del dolor, la que con su Sí rompe el silencio de los siglos para que �lorezca en todo su esplendor el reino del Señor de la vida.

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María es la corona de una larga y venerada serie de mujeres gloriosas de Israel: Eva, Sara, Rebeca, Raquel, Rut, Judit, Ester… Ella es la síntesis de las virtudes de la mujer que, exaltadas en la Señora de la Esperanza nos recuerdan la misión y el compromiso de todas las mujeres en la construcción de la paz.María, Madre y Mujer gloriosa, sorteó con tanta fe y con tanta fuerza los embates del dolor y de la violencia. Huyendo a Egipto escuchó el desgarrador grito de las madres de los inocentes y lo hizo suyo, en el silencio de su vida, escuchó el clamor de justicia de su pueblo, junto a la cruz no se amilanó ante el terrible espectáculo del Señor torturado, sino que acogió con amor aquella palabra que la hizo para siempre Madre de los Discípulos.

El Papa San Juan Pablo II describe el papel fundamental de la mujer en la educación para la paz: En la educación de los hijos la madre juega un papel de primerísimo rango. Por la especial relación que la une al niño sobre todo en los primeros años de vida, ella le ofrece aquel sentimiento de seguridad y con�ianza sin el cual le sería di�ícil desarrollar correctamente su propia identidad personal y, posteriormente, establecer relaciones positivas y fecundas con los demás. Esta primera educación es de capital importancia. Si las relaciones con los padres y con los demás miembros de la familia están marcadas por un trato afectuoso y positivo, los niños aprenden por experiencia directa los valores que favorecen la paz: el amor por la verdad y la justicia, el sentido de una libertad responsable, la estima y respeto del otro. Al mismo tiempo, creciendo en un ambiente acogedor y cálido, tienen la posibilidad de percibir, re�lejado en sus relaciones familiares, el amor mismo de Dios y esto les hace madurar en un clima espiritual capaz de orientarlos a la apertura hacia los demás y al don de sí mismos al prójimo. (Cf. Mensaje 01 de enero de 1.995).

Día sexto: 21 de diciembre

La fraternidad: fundamento y camino para la paz

Signo: Apretón de manos

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 39-45

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá». Palabra del Señor.

Meditación

La Visitación es un misterio tan simple y a la vez tan elocuente. Es el encuentro de dos amores, de dos Mujeres Gloriosas, del Mesías esperado y del Precursor que lo ha de señalar luego como el Cordero que quita el pecado del mundo.

Encuentros bíblicos que son propuesta y anuncio de tantos y tan urgentes encuentros que debemos propiciar en el mundo en el que vivimos: encuentro de culturas, encuentro de personas, encuentro de hermanos distanciados, encuentros de reconciliación, de paz y de esperanza, encuentros que permitan descubrir la sabiduría del otro y la grandeza de los diversos modos de ver la vida.

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El Papa Francisco nos anima a recuperar la paz entre nosotros: El deseo de una vida plena, de la que hace parte un anhelo imborrable de fraternidad, que nos invita a la comunión con los otros, en los que encontramos no enemigos ni contrincantes sino hermanas y hermanos a los que debemos acoger y querer. La fraternidad se empieza a aprender en la familia que es fuente de fraternidad y el camino primordial para la paz. A las guerras hechas de enfrentamientos armados, se suman otras guerras menos visibles, pero crueles, que se combaten en el campo económico y �inanciero con medios destructivos de vidas, de familias y empresas. Las situaciones de desigualdad, pobreza e injusticia revelan una profunda falta de fraternidad y la ausencia de una cultura de la solidaridad. En Cristo el otro es aceptado y amado como hijo e hija de Dios, como hermano y hermana, no como un extraño, y menos como un contrincante o un enemigo. La fraternidad necesita ser descubierta, amada, experimentada, anunciada y testimoniada. Solo el amor que nos da Dios nos permite acoger y vivir plenamente la fraternidad. (Cf. Mensaje 01 de enero 2014).

Día séptimo: 22 de diciembre

Un corazón nuevo vence la indiferencia y conquista la paz

Signo: Un corazón

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 46-56

María dijo:

«Proclama mi alma la grandeza del Señor,se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;porque ha mirado la humildad de su esclava.Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,porque el Poderoso ha hecho obras grandes en mí:su nombre es santo,y su misericordia llega a sus �ieles de generación en generación.Él hace proezas con su brazo:dispersa a los soberbios de corazón,derriba del trono a los poderososy enaltece a los humildes,a los hambrientos los colma de bienesy a los ricos los despide vacíos.Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia –como lo había prometido a nuestros padres–en favor de Abrahán y su descendencia por siempre».María se quedó con ella unos tres meses y volvió a su casa. Palabra del Señor.

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Meditación

La página magistral que el Espíritu Santo le dicta a Nuestra Señora y que ella proclama, indica la obra consumada de Dios en el corazón de la Virgen. Ella se ha dejado iluminar por el amor de Dios y ha comprendido que el Poderoso está dispuesto a acercarse con amor profundo a todos, que ha decidido hacer propia la causa de los pequeños, de los últimos, que ha querido derribar el orgullo de los omnipotentes para exaltar la simplicidad y la alegría del corazón de los que no cuentan para el mundo.

En este camino hacia Belén le hemos pedido al Señor de tantos y tan bellos modos, que “disponga nuestro corazón” para que en él brille la aurora de la paz y de la alegría que cada Navidad le promete al mundo. Un corazón nuevo se vuelve misionero de la paz y artesano de la reconciliación porque, como ha experimentado a Dios tan de cerca, sabe cómo actúa el que perdona y da la vida, el que no quiere más el desangre de la humanidad, el que quiere para todos la verdadera paz que incluye un reajuste de los sentimientos para que sea el amor la luz, la fuente y la meta de nuestra vida.

El Papa Francisco nos anima a superar la indiferencia para construir la paz desde un corazón nuevo: La misericordia es el corazón de Dios. Por ello debe ser también el corazón de todos los que se reconocen miembros de la única gran familia de sus hijos; un corazón que bate fuerte allí donde la dignidad humana —re�lejo del rostro de Dios en sus creaturas— esté en juego. Jesús nos advierte: el amor a los demás —los extranjeros, los enfermos, los encarcelados, los que no tienen hogar, incluso los enemigos— es la medida con la que Dios juzgará nuestras acciones. También nosotros estamos llamados a que el amor, la compasión,

la misericordia y la solidaridad sean nuestro verdadero programa de vida, un estilo de comportamiento en nuestras relaciones de los unos con los otros. Esto pide la conversión del corazón: que la gracia de Dios transforme nuestro corazón de piedra en un corazón de carne capaz de abrirse a los otros con auténtica solidaridad, (Cf. Mensaje 01 de enero 2016).

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Día octavo: 23 de diciembre

La familia educadora de la paz

Signo: La familia

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 57-66

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y se alegraban con ella. A los ocho días vinieron a circuncidar al niño, y querían llamarlo Zacarías, como su padre; pero la madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan». Y le dijeron: «Ninguno de tus parientes se llama así». Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre». Y todos se quedaron maravillados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y se comentaban todos estos hechos por toda la montaña de Judea. Y todos los que los oían re�lexionaban diciendo: «Pues ¿qué será este niño?». Porque la mano del Señor estaba con él. Palabra del Señor.

Meditación

En el evangelio de la Misa de este día se nos cuenta la alegría de una Familia. Zacarías e Isabel están dichosos con su pequeño niño. Es como si en este día tan inmediato a las �iestas navideñas, Dios mismo nos quisiera decir lo que para Él signi�ica la Familia como célula primera y fundamental de la sociedad humana. La Familia de la que hoy nos habla la liturgia de la Iglesia, será la escuela de fe y de vida para un testigo del amor de Dios, San Juan Bautista. En cada hogar hay también una escuela de fe y de vida en la que son esenciales las tareas diversas y complementarias de quienes la conforman.

El Papa Benedicto XVI nos dice: En una vida familiar «sana» se experimentan algunos elementos esenciales de la paz: la justicia y el amor entre hermanos y hermanas, la función de la autoridad manifestada por los padres, el servicio afectuoso a los miembros más débiles, porque son pequeños, ancianos o están enfermos, la ayuda mutua en las necesidades de la vida, la disponibilidad para acoger al otro y, si fuera necesario, para perdonarlo. Por eso, la familia es la primera e insustituible educadora de la paz. No ha de sorprender, pues, que se considere particularmente intolerable la violencia intrafamiliar. Por tanto, cuando se a�irma que la familia es «la célula primera y vital de la sociedad», se dice algo esencial. La familia es también fundamento de la sociedad porque permite tener experiencias determinantes de paz. Por consiguiente, la comunidad humana no puede prescindir del servicio que presta la familia. El ser humano en formación, ¿Dónde podría aprender a gustar mejor el «sabor» genuino de la paz sino en el «nido» que le prepara la naturaleza? El lenguaje familiar es un lenguaje de paz; a él es necesario recurrir siempre para no perder el uso del vocabulario de la paz. En la in�lación de lenguajes, la sociedad no puede perder la referencia a esa «gramática» que todo niño aprende de los gestos y miradas de mamá y papá, antes incluso que de sus palabras, (Cf. Mensaje 01 de enero 2008).

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Día noveno: 24 de diciembre

El camino de la paz es la reconciliación

Signo: El camino de la paz

Lectura de la Palabra de Dios Lc 1, 67-79

Entonces Zacarías, su padre, se llenó de Espíritu Santo y profetizó diciendo:«Bendito sea el Señor, Dios de Israel,porque ha visitado y redimido a su pueblo,suscitándonos una fuerza de salvaciónen la casa de David, su siervo,según lo había predicho desde antiguopor boca de sus santos profetas.Es la salvación que nos libra de nuestros enemigosy de la mano de todos los que nos odian;realizando la misericordia que tuvo con nuestros padres,recordando su santa alianzay el juramento que juró a nuestro padre Abrahán para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos,le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,porque irás delante del Señor a preparar sus caminos,anunciando a su pueblo la salvaciónpor el perdón de sus pecados.Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,

nos visitará el sol que nace de lo alto,para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte,para guiar nuestros pasos por el camino de lapaz». Palabra del Señor.

Meditación

En estos días en el Pesebre familiar, se ha trazado un camino. No hay Pesebre sin camino, por el que se dirigen al portal los pequeños, los humildes, los pobres, los pastores, los Misteriosos magos de Oriente. Es el Camino de la Paz. Es un sendero que representa el anhelo de todos por una Colombia llena de vida y de esperanza. Que en Colombia todos seamos artesanos de la paz. Que labremos el campo para que a la par broten los frutos de la tierra y la alegría; que cuidemos el rebaño para que, en comunión de Pastores y �ieles laicos, sigamos la voz de quienes Dios ha puesto como guías de la fe del pueblo, que modelemos las vasijas en las que podamos conservar la verdad, la justicia, la esperanza. Que lleguemos hasta Jesús con las manos colmadas pero no con Oro, Incienso y Mirra, sino con misericordia, caridad, perdón.

El Papa Pablo VI nos dice que el camino de la paz es la reconciliación: Interiorizar la paz es verdadero humanismo, verdadera civilización. Es un trabajo lento que nos conduce a la unidad. Tenemos que amar la paz, la paz libre, fraterna, construida en la reconciliación de los espíritus. Es di�ícil pero no es imposible. En el corazón de cada persona hay una chispa de bondad. Un esfuerzo inteligente y perseverante por la com-prensión entre todos nosotros, nunca será estéril. La creación de una nueva mentalidad de nuestra convivencia humana, generosa y amorosa hará progresos en nuestra sociedad. Así nace la reconciliación que nos indica el camino por la paz en la verdad, en la justicia, en el amor, en la estabilidad y en la

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nueva historia de nuestra sociedad. La reconciliación es el camino hacia la paz. La primera reconciliación indispensable que tenemos que conseguir es con Dios y para nosotros los creyentes no puede haber otro camino hacia la paz. Cristo ha reparado la ruptura que ha generado en nosotros nuestra relación con él y con nuestros hermanos. La reconciliación camino hacia la paz es una tarea encomendada a todos nosotros, (Cf. Mensaje 01 de enero de 1.975).

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A LA NANITA NANA

A la nanita nana, nanita nana, nanita ea,mi Jesús tiene sueño, bendito sea, bendito sea.

Fuentecilla que corres clara y sonoraruiseñor que en la selva cantando llorascallad mientras la cuna se balanceaa la nanita nana, nanita ea.

A la nanita nana, nanita nana...

Manojito de rosas y de alelíes¿qué es lo que estás soñando que te sonríes?cuales son tus sueños, dilo alma míamás, ¿qué es lo que murmuras? Eucaristía.

A la nanita nana, nanita nana...

Pajaritos y fuentes, auras y brisasrespetad ese sueño y esas sonrisascallad mientras la cuna se balanceaque el niño está soñando, bendito sea

Villancicos

EL TAMBORILERO

El camino que lleva a Belénbaja hasta el valle que la nieve cubriólos pastorcillos quieren ver a su Rey,le traen regalos en su humilde zurrónrom pom pom pom rom pom pom.Ha nacido en un portal de BelénEl Niño Dios.

Yo quisiera poner a tus piesalgún presente que te agrade, Señor,mas tú ya sabes que soy pobre también,y no poseo más que un viejo tambor,rom pom pom pom rom pom pom.¡En tu honor frente al portal tocaré con mí tambor!

El camino que lleva a Belényo voy marcando con mi viejo tambor,nada mejor hay que yo pueda ofrecer,su ronco acento es un canto de amor,rom pom pom pom rom pom pom.Cuando Dios me vio tocando ante él, me sonrió.

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VAMOS PASTORES

Vamos pastores, vamos,vamos a Belén,a ver en ese Niñola gloria del Edén (bis).Si, la gloria del Edén.

Este precioso Niñoyo me muero por élsus ojitos me encantan,su boquita también,el Padre le acaricia,la Madre mira en él,y los dos extasiadoscontemplan aquel ser (bis)

Es tan lindo el chiquitoque nunca podrá serque su belleza copienel lápiz y el pincel;pues el eterno Padrecon inmenso poder. Hizo que el Hijo fueraexcelso como El (bis).

Yo pobre pastorcillo,al niño le diré,no la buenaventura:eso no puede ser.Le diré me perdone lo mucho que pequéy en la mansión eternaun ladito me dé (bis).

TUTAINA

Tutaina tuturumátutaina tuturumainatutaina tuturumá turumátutaina tuturumaina

Los pastores de Belénvienen a adorar al Niño,la Virgen y San Josélos reciben con cariño.

Tres reyes vienen tambiéncon incienso, mirra y oro,a ofrendar a Dios su biencomo el más grande tesoro.

Vamos todos a cantarcon amor y alegría,porque acaba de llegarde los cielos el Mesías

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ZAGALILLOS DEL VALLE

Zagalillos del valle venid,pastorcitos del monte llegad, la esperanza de un Dios prometido,ya vendrá, ya vendrá, ya vendrá.

La esperanza, la gloria y la dicha,la tendremos en él; quien lo duda,desdichado de aquél que no acuda, con la fe que le debe animar.

Nacerá en un establo zagala, pastorcillos venid, adoremos; hoy venimos y luego volvemos, y mañana nos puede salvar.

ANTON TIRULIRULIRU

Anton tiruliruliruanton tirulirurá.Anton tiruliruliruanton tiruriluráJesús al pesebre vamos a adorar (bis).

Duérmete niño chiquitoque la noche viene yacierra pronto tus ojitosque el viento te arrullará.

Duérmete niño chiquitoque tu madre velarácierra pronto tus ojitosporque la entristecerás.

SALVE REINA Y MADRE

Salve reina y madre, salve dulce amor, del jardín del cielo la más bella �lor. Salve reina y madre, salve dulce amor, del jardín del cielo la más bella �lor.

En una colina, con la nieve fría reposa la noche, la Virgen María (bis)

La malvada mula, con sus �inos dientes le comió la paja, al niño inocente (bis)

NOCHE DE PAZ

Noche de paz, noche de amortodo duerme en derredorsólo suenan en la oscuridadarmonías de felicidadarmonías de paz, armonías de paz.

Noche de paz, noche de amorha nacido Jesús pastorcillos que oís anunciarno temáis cuando entrés a adorarque ha nacido el amor (bis).

Noche de paz, noche de amortodo duerme en derredorsólo velan María y Joséduerme el niño y durmiendo se vetodo el cielo en su faz (bis).

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PASTORES VENID

Pastores venid,pastores llegad,adorad al Niño, (bis)que ha nacido ya.

San José al Niño Jesús,un beso le dio en la cara,y el Niño Jesús le dijo,“Que me pinchas con las barbas”.

En el portal de Belén, hay estrellas sol y luna, la Virgen y San José, y el niño que está en la cuna.

Ábreme tu pecho niño, ábreme tu corazón que hace mucho frío afuera, y en ti solo hallo calor.

El niño miró a la virgen, a la Virgen San José, el niño miró a los dos, y se sonrieron los tres.

HACIA BELÉN VA UNA BURRA, RIN, RIN,

Hacia Belén va una burra, rin, rin,yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, cargada de chocolate; lleva en su chocolatera rin, rin yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, su molinillo y su anafre.

María, María, ven a acá corriendo, que el chocolatillo se lo están comiendo. En el portal de Belén rin, rin yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, han entrado los ratones; y al bueno de San José rin, rin, yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, le han roído los calzones.

María, María... ven acá corriendo, que los calzoncillos los están royendo. En el Portal de Belén rin, rin, yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, gitanillos han entrado; y al niño que está en la cuna rin, rin yo me remendaba yo me remendé yo me eché un remiendo yo me lo quité, los pañales le han cambiado. María, María ven acá volando, que los pañalillos los están lavando.

CANTAD, CANTAD

Cantad, cantad, cantadque la nochebuena¡ya se llegó, ya se llegó, ya se llegó!qué linda, linda noche tan serenajamás se vio, jamás se vio, jamás se vio, jamás.

Quién nace en esta noche, noche de amor? Jesús. Quién llena cielo y tierrade resplandor? Jesús.

Jesús, Jesús, encanto de mi vida, que naces hoy en un pesebrepor mi amor; tus ojos son luceros que hechizany roban, ¡ay! con su mirarmi corazón, Jesús.

Qué pides Niño amado, con tu reír? Amor. Qué pides Niño amado, con tu llorar? Amor. Amor, amor, amor, mira Niño amado, todo mi amor, todo mi amores para Ti. Amarte quiero siempre y sin medida,ir al Edén (bis) y amarte allí sin �in.

Oración por la Paz

Padre, Tú eres un océano de paz y nos regalas por medio de tu Hijo Jesucristo y por la acción del Espíritu Santo este don, y lo siembras en nuestro corazón por medio de la conversión y la reconciliación.

Tú nos con�ías la paz a nuestra responsabilidad, convirtién-donos en artesanos de la paz, para construirla con “pasión, paciencia, experiencia y tesón”.

Tú quieres que nuestras familias sean escuelas de paz donde te escuchemos, acojamos y te sigamos mejor y, así germinen palabras y gestos de perdón, escucha, diálogo, ternura, amor y reconciliación. Que los niños y jóvenes se conviertan en protagonistas de un futuro de paz.

Acompáñanos en las responsabilidades que tenemos en nuestra vida social, política, económica, cultural y eclesial. Haz que difundamos el respeto por la vida, las personas y la creación; que seamos solidarios, fraternos, justos y trabajadores del bien común.

Acoge en tu casa a quienes murieron víctimas de la guerra fratricida, mueve el corazón de los actores violentos para que vuelvan a Ti y sean también ellos constructores com-prometidos de la paz. Fortalece a las víctimas en su dignidad y otórgales valentía para ofrecer el perdón.

Que María Reina de la paz, nos ayude a desarmar el corazón, a vivir la justicia, el perdón, la reconciliación y la paz, para que nazca en Colombia la civilización del amor. Amén

“Hacer la paz es un trabajo artesanal, requiere pasión, paciencia, experiencia y tesón”

Papa Francisco

“Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz…”

Lc 2,14