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  • Boletn n. 37 - Marzo/Abril de 2011

    E l Apostolado del Oratorio, fruto de la accin apostlica de los Heraldos del Evangelio, con las gracias y bendiciones celestiales ya se expande por 74 naciones.El Apostolado del Oratorio se expande por el mundo

    Coordinadores del Coordinadores del Oratorio en el CongoOratorio en el Congo

  • os principales trazos de la vida del santo esposo de la Virgen Mara han llegado hasta nosotros por me-

    dio de los primeros captulos de los evange-lios de San Mateo y San Lucas (Mt 1-2; Lc 1-2; 3, 23; 4, 22). Adems, es mencionado como padre de Jess por San Juan (Jn 1, 45; 6, 42).

    Segn varios autores, San Jos era ori-ginario de Beln, la ciudad de David, situa-da a diez kilmetros al sur de Jerusaln. Ms tarde, pas a vivir a Nazaret, ciudad en la que se estableci de nuevo, obedecien-do a la voz del ngel, al volver de Egipto, cumplindose as lo que decan los profetas sobre el Mesas: Ser llamado nazareno (Mt 2, 23). Mateo (13, 55) y Marcos (6,3) lo designan como tktn, que significa tanto carpintero cuanto artesano o edificador de pequeas casas.

    Pocos son los datos directos que nos re-fieren los evangelios sobre San Jos. Pero, al haber sido escogido por Dios como es-poso de Mara, la llena de gracia, y digno custodio del Verbo Encarnado, no pode-mos dudar de que fue enriquecido con do-nes y virtudes extraordinarias, que van mu-cho ms all del conciso relato de Marcos y Mateo.

    El Papa Len XIII, en la encclica Quamquam pluries, nos muestra cul es la principal gloria de San Jos: esposo de Mara y padre legal de Jess. De esta fuen-te mana su dignidad, su santidad, su gloria.

    Santa Teresa de Jess, una de los mayo-res devotos de San Jos, deca sin dudar: Tom como protector y seor al glorioso

    San Jos. No me acuerdo, hasta ahora, de haberle pedido algo y no ser atendida. Que-do espantada con los favores que recib de Dios por intercesin de este bienaventura-do santo y de los peligros de los que me li-br, tanto de cuerpo como de alma.

    A otros santos parece que les dio el Seor poder para socorrer en un solo tipo de necesidad. Este glorioso santo he com-probado que socorre en todas las necesida-des. Dios quiere dar a entender que, as co-mo fue sumiso a San Jos aqu en la tierra, tambin en el Cielo Jess hace todo cuan-to l le pide.

    P. Mario Beccar, E.P.

    San Jos

    L- 19 de marzo -

  • Editorial

    Boletn informativo del Apostolado del Oratorio

    Mara Reina de Corazonesn 37, Marzo/Abril 2011

    C/ Cinca, 17 28002 Madrid

    Direccin Postal: Ap. Correos 202055

    28080 Madrid

    Servicio de atencinal participante:

    Tel. 902 11 54 65Fax 925 35 91 26

    oratorio@heraldos.org

    www.heraldos.org

    Boletn de circulacin internaVENTA PROHIBIDA

    Asociacin Internacional deFieles de Derecho Pontificio

    EL PATRIARCA DE LOS DOS

    TESTAMENTOS

    Uno de los grandes mritos de San Jos fue su fe esplendorosa. El gran misterio de la Encar-nacin le fue revelado en sueos. A pesar de no haber tenido una visin directa del mensajero celeste, tal como tuvo Mara, l crey!

    Esta fe le mereci una altsima dignidad, muy por encima de la que cualquier hombre podra aspirar: ser esposo de Mara, la Madre de Dios, y padre, por derecho, del Hijo de Dios! Qu potentado tuvo tanta autoridad a punto de po-der dar rdenes al mismo Dios? O, qu rey tuvo corte tan fastuosa que superase la gloria de convivir con personas de tan alta condicin como Jess y Mara?

    Sin embargo, Jos, a pesar de ser descendien-te de David y ejercer el patrio poder sobre el Hijo de Dios, vivi toda su existencia como un honesto carpintero. Tal vez, hasta un poco des-preciado por sus coterrneos, por recusarse a sacar lucros desproporcionados de su trabajo, como haran otros. Todo en l era aparentemen-te comn. En cambio, su fe en Jess le confera una estatura superior a la del propio Abrahn y en l vemos realizarse la figura del mayor patriarca del Antiguo Testamento, como tam-bin de la Santa Iglesia, que nacera del sagrado costado de Cristo.

  • EL FUNDADOR COMENTAEL FUNDADOR COMENTA

    Mons. Joo S. Cl Dias, E.P.Mons. Joo S. Cl Dias, E.P.

    Cuaresma, Cuaresma, tiempo de penitencia tiempo de penitencia

    y reconciliaciny reconciliacin

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    E l Mircoles de Ceniza dan inicio los cuarentas das que anteceden a la Semana Santa, en los que la Iglesia nos habla de la necesidad del ayu-no y de la penitencia, como medios para combatir mejor los vicios, por la morti-ficacin del cuerpo, y favorecer la eleva-cin de la mente a Dios.

    De forma cautivante, la liturgia del Mircoles de Ceniza nos recuerda tambin nuestra condicin de mortales: Acurdate de que eres polvo y al polvo volvers, dice una de las dos frmulas usadas por la Igle-sia en la imposicin de la ceniza..

    La consideracin del paso de esta vida a la eternidad muchas veces nos inquieta.

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    Entretanto, tal pensamiento es altamen-te recomendable para compenetrarnos de la necesidad de evitar el pecado que, sin el arrepentimiento y el inmerecido perdn, puede cerrarnos para siempre las puertas del Cielo: Acurdate de tus postrimeras y no pecars eternamente (Eclo 7, 40).

    En su segunda carta a los Corintios, San Pablo nos incentiva a vivir en gracia de Dios: En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliis con Dios (II Cor 5, 20). Y con toda razn, pues el pecado nos apar-ta de Dios, haciendo necesaria nuestra re-conciliacin con l.

    nicamente la adorable sangre del Hi-jo de Dios tendra mrito infinito para redi-mir el pecado original y las ofensas cometi-das por los hombres desde Adn y Eva. La encarnacin de la Segunda Persona de la Santsima Trinidad, con su pasin y muerte en la cruz, fue el medio escogido para resti-tuir a la humanidad desviada la plena amis-tad con Dios. Si Jess no hubiese asumido sobre s mismo la deuda contrada por nues-tros pecados, sera imposible nuestra recon-ciliacin con Dios y tendramos cerradas para siempre las puertas del Cielo.

    La Cuaresma es tambin tiempo de ora-cin, cuya esencia, ensea el Catecismo, es la elevacin de la mente a Dios. De esta manera, es posible para cualquier per-sona permanecer en oracin inclusive du-rante los actos comunes de la vida, realizn-dolos con el espritu vuelto hacia el Cielo.

    Por tanto, para rezar no es necesario tomar la actitud aparatosa y orgullosa de los fariseos. Debemos, al contrario, ser dis-cretos en las manifestaciones externas de nuestra piedad particular, evitando gestos o palabras que pongan de realce nuestra propia persona.

    Pero si, a pesar de eso, nuestra devocin es notada por los otros, no debemos pertur-barnos, tranquilicmonos con la enseanza

    de San Agustn: No hay pecado en ser vis-to por los hombres, sino en proceder con esa finalidad.

    La Iglesia nos presenta, por tanto, el es-pritu con que se debe vivir la Cuaresma: no hacer buenas obras con vista a obtener la aprobacin de los otros, no ceder al orgullo ni a la vanidad, sino buscar en todo agra-dar slo a Dios. En el ayuno, en la oracin o en la prctica de cualquier obra buena no se puede erigir como fin ltimo el beneficio que de eso nos pueda venir, sino la gloria de Aqul que nos cre. Pues todo lo nues-tro excepto las imperfecciones, miserias y pecados pertenece a Dios.

    Y tambin nuestros mritos, ya que el propio Jess afirma: Sin m no podis ha-cer nada (Jn 15, 5). Por tanto, si tenemos la gracia de practicar un acto bueno, debe-mos inmediatamente reportarlo al Creador, restituyndole los mritos, ya que le perte-necen a l y no a nosotros. El que se glore, que se glore en el Seor (I Cor 1, 31), nos advierte el Apstol.

    Santa Teresa de Jess define la hu-mildad de esta manera: Dios es la suma verdad y la humildad consiste en andar en la verdad, pues de gran importancia es no ver cosa buena en s, sino miseria y nada. Re-conozcamos los beneficios que Dios nos da y rindmosle gracias por ellos, no ponin-donos jams como objeto de esa alabanza, juzgando estar en nosotros la fuente de cualquier virtud o cualidad.

    En esta Cuaresma procuremos, ms an que la mortificacin corporal, aceptar la in-vitacin que sabiamente nos hace el Evan-gelio, combatiendo el orgullo con todas nuestras fuerzas. En el da del Juicio Final slo estarn a la derecha de Nuestro Seor Jesucristo aqullos que hayan vencido el orgullo y el egosmo, reconociendo que todo beneficio y todo don perfecto viene de arriba (St 1, 17).

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    En los cincoEl Apostolado del Oratorio Mara Re

    74 pases de los cinco continentes.Este apostolado consiste en la forma

    ben, cada una un da diferente del mes,rada en los hogares como Madre de Dilas familias se experimenta ms el amorpues ya sabemos: familia que reza unid

    RuandaRuanda

    HondurasHonduras

    PortugalPortugal

    GuatemalaGuatemala EspaaEspaa

    AlemaniaAlemania

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    continentesina de los Corazones est ya presente en

    cin de grupos de 30 familias que reci-el Oratorio en sus casas. Mara es hon-

    os y Madre nuestra. De esta manera, en de Dios y la unin entre sus miembros, a permanece unida.

    LbanoLbano CamernCamern

    NicaraguaNicaragua

    MxicoMxico

    Repblica DominicanaRepblica Dominicana

    HaitHait

    Alemania

    FilipinasFilipinas

  • Oratorio y familias

    D. Rafael Palmero, Obispo de Alicante, D. Rafael Palmero, Obispo de Alicante, coronando la imagen de la Virgencoronando la imagen de la Virgen

    ValenciaValenciaParroquia de S. Miguel y S. SebastinParroquia de S. Miguel y S. Sebastin Almaciles (Granada)Almaciles (Granada)

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