victoria holt - la leyenda de la séptima virgen

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AnnotationEl peligroso viaje de una virgen, hasta convertirse en mujer La leyenda deca que seis novicias que vivan en un convento fueron convertidas en piedra cuando faltaron a sus votos. La sptima virgen deba enfrentar un destino diferente Muchos aos ms tarde, cuando el convento haba pasado a ser la mansin de la familia St. Larston, el destino reclam a otra joven virgen. Kerensa Carlee era apenas una muchacha campesina, pero tena ambicin y era hermosa y saba muy bien usar ambas cosas. En esta mansin misteriosa, Kerensa en su calidad de dama de compaa, debi iniciar el peligroso viaje hasta convertirse en mujer. La presencia de Kerensa evoc antiguos recuerdos y extraos acontecimientos del pasado. Ella fue la causa que se despertara ese ancestral espritu de venganza, capaz de llevar hasta la locura, especialmente en noches de luna. CAPTULO 01 CAPTULO 02 CAPTULO 03 CAPTULO 04 CAPTULO 05 CAPTULO 06 CAPTULO 07 CAPTULO 08 CAPTULO 09

CAPTULO 01Dos das despus de que se encontrasen los huesos de la monja emparedada en el Abbas de Saint Larston, estbamos juntos los cinco. Estaban Justin y Johnny Saint Larston, Mellyora Martin, Dick Kimer y yo, Kerensa Caries con un apellido tan ilustre como cualquiera de ellos, pese a que yo viva en una cabaa con paredes de arcilla y paja y ellos eran de la clase acomodada. El Abbas haba pertenecido a los Saint Larston durante siglos; y antes de ser propiedad de ellos, haba sido un convento. Imponente, naturalmente construido con piedra de Cornualles, sus torres almenadas eran normando puro; haba sido restaurada en algunas partes, y una de sus alas era evidentemente Tudor. En esa poca yo nunca haba estado dentro de la casa, pero conoca muy bien el distrito circundante. Y no era la casa lo excepcional, ya que, pese a ser interesante, haba muchas ms en Inglaterra y hasta en Cornualles, tan interesantes y tan antiguas como ella. Lo que diferenciaba al Abbas de Saint Larston de todas las dems, eran las Seis Vrgenes. Las Seis Vrgenes se denominaba a las piedras. Si se daba crdito a la leyenda, el nombre estaba mal puesto, porque segn ella, eran seis mujeres que precisamente por haber dejado de ser vrgenes, haban sido convertidas en piedra; El padre de Mellyora, el reverendo Charles Martin, cuyo pasatiempo era sondear en el pasado, los llamaba los Menhires: en dialecto de Cornualles, "men" quera decir "piedra", y "hir", "larga". Tambin de Sir Charles provena la leyenda segn la cual haba siete vrgenes. Su bisabuelo haba tenido el mismo pasatiempo, y un da el reverendo Charles encontr unos apuntes que haban quedado metidos en un viejo bal, entre los cuales se hallaba la historia de la Sptima Virgen. El reverendo la haba hecho imprimir en el peridico local. Caus cierto alboroto en Saint Larston; personas que nunca se haban molestado en mirar las piedras fueron entonces a verlas. Segn esa versin, seis novicias y una monja haban dejado de ser vrgenes y las novicias fueron echadas del convento. Al partir bailaron en el prado cercano para mostrar su obstinada oposicin, y a causa de esto fueron convertidas en piedras. En aquella poca se crea que traa buena suerte a un lugar si a una persona viva se la "emparedaba", como se deca, lo cual significaba poner a esa persona en un hueco de la pared y luego construir a su alrededor, dejndola que muriera. Por haber pecado ms profundamente que las dems, la monja fue condenada a que la emparedasen. El reverendo Charles deca que esta versin era un disparate; las piedras deban de haber estado en ese prado aos antes de construirse el convento ya que, segn l, eran ms antiguas que el cristianismo. Hizo notar que haba otras similares por todo Cornualles y en Stonehenge; pero a la gente de Saint Larston le gustaba ms la historia de las Vrgenes, as que decidi creer en ella. Haca un tiempo que la crean cuando se derrumb una de las paredes ms viejas del Abbas, y Sir Justin Saint Larston orden que fuera reparada de inmediato. Reuben Pengaster, que estaba trabajando all mismo en el momento en que se descubri la pared hueca, jur haber visto una mujer all de pie. Un segundo estaba all insista. Como una pesadilla, as era. Luego ya no estaba y no qued ms que polvo y huesos viejos. Algunos decan que as empez Reuben a estar lo que en Cornualles se llama "enredado por los duendes". No estaba loco, pero tampoco era del todo igual a otras personas. Era ligeramente distinto de nosotros, los dems, y habindose vuelto "enredado por los duendes", se haba quedado as. Vio algo que no estaba destinado a ojos humanos decan. Eso lo volvi enredado por los duendes. Pero en esa pared s haba huesos, que segn dijeron los expertos, haban pertenecido a una mujer joven. Hubo renovado inters por el Abbas, tal como lo haba habido cuando el reverendo Charles hizo publicar en el peridico su artculo sobre sus menhires. La gente quiso ver el sitio donde se haban hallado los huesos. Yo fui una de las que quiso verlo.

***Haca calor y sal de la cabaa poco despus del medioda. Habamos comido un tazn de quillet cada uno (Joe, la abuela Be y yo) y para quien no sea de Cornualles y no sepa qu es quillet, son arvejas preparadas como una especie de potaje. Se lo usaba mucho en Cornualles durante los perodos de hambruna porque era barato y nutritivo. Por supuesto que en el Abbas no comeran quillet, iba pensando yo en el camino. Estaran comiendo faisn asado en platos de oro; estaran bebiendo vino en copas de plata. Aunque saba muy poco de cmo coma la gente de categora, mi imaginacin era vivida y me permita ver con claridad el cuadro de los Saint Larston sentados a su mesa. En esos das yo estaba continuamente comparando mi vida con la de ellos, y la comparacin me encolerizaba. Tena yo doce aos, cabello negro y ojos negros; y aunque era muy flaca, algo haba en m que haca ya que los hombres me miraran dos veces. No saba mucho acerca de m, pues en esa poca no era dada al autoanlisis; pero ya entonces era consciente de una caracterstica ma: la de ser orgullosa con esa especie de orgullo que es uno de los siete pecados mortales. Caminaba yo de manera audaz y altanera, como si no fuese de la gente de las cabaas, sino que perteneciese a una familiar similar a los Saint Larston. Nuestra cabaa estaba situada aparte de las otras, en un pequeo matorral, y yo senta que eso nos situaba aparte a nosotros, aunque la nuestra era exactamente igual a las dems; era simplemente un rectngulo con paredes de arcilla y barro blanqueadas lo ms primitiva que poda ser una vivienda. Sin embargo, me repeta yo constantemente, la nuestra era diferente, tal como nosotros ramos diferentes. Todos admitiran que la abuela Be era diferente; y lo mismo yo con mi orgullo; en cuanto a Joe, le gustase o no, tambin l iba a ser diferente, de eso estaba yo decidida a ocuparme. Corriendo sal de nuestra cabaa, pas frente a la iglesia y la casa del mdico, cruc el "portillo del beso" y atraves el campo que constitua un atajo hasta la calzada del Abbas. Esta calzada tena un kilmetro de largo, y en la punta tena puertas de albergue; pero yendo por all y trepando a travs de un seto vivo llegaba a la calzada, cerca de donde sta desembocaba en el prado situado frente la casa. Me detuve mirando a mi alrededor, escuchando el susurrar de insectos en la larga hierba del prado. A cierta distancia poda ver el tejado de la Casa Dower, donde viva Dick Kimber, y brevemente lo envidi por vivir en una casa tan bella. Sent que los latidos de mi corazn se aceleraban porque pronto estara en terreno prohibido, como una intrusa, y Sir Justin era muy severo con los intrusos, especialmente en su propio bosque. "Tengo slo doce aos", me dije." No podran hacerle gran cosa a una nia!" Que no podran? Jack Toms haba sido atrapado con un faisn en el bolsillo y le haba costado la deportacin. Siete largos aos en la baha de Botany y todava los estaba cumpliendo. Cuando lo sorprendieron tena doce aos. Pero a m no me interesaban los faisanes. No estaba haciendo dao alguno; y segn decan, Sir Justin era ms indulgente con las nias que con los muchachos. Ahora poda ver la casa entre los rboles y me detuve, turbada por mi inexplicable emocin. Era una visin majestuosa, con sus torres normandas y sus ventanas con montantes; las tallas en piedra eran ms imponentes, me pareca, porque al cabo de cientos de aos los hocicos de grifos y dragones se haban despuntado. En suave pendiente, el prado bajaba hasta el sendero de pedregullo que circundaba la casa. Este era el panorama emocionante, porque de un lado estaba el jardn, dividido tan slo por un seto de boj del prado en que estaban las Seis Vrgenes. Vistas desde cierta distancia s parecan mujeres jvenes. Me poda imaginar qu aspecto tendran de noche a la luz de las estrellas, digamos, o a la luz de un cuarto de luna. Decid ir a verlas alguna noche. Junto a las Vrgenes, de modo incongruente, se hallaba la antigua mina de estao. Tal vez fuese la mina la que haca tan asombroso este paisaje, ya que an estaban all la vieja caja de la balanza y el motor que haca girar la viga, y se poda ir hasta el tnel vertical y contemplar la oscuridad de abajo. Algunos haban preguntado: por qu los Saint Larston no retiraban todos los indicios de que antes haba habido all una mina? A qu finalidad

serva? Era.feo, y algo as como sacrlego, dejar eso all, junto a las piedras legendarias. Pero haba una razn. Uno de los Saint Larston haba jugado tanto, que haba quedado casi en la bancarrota, y habra tenido que vender el Abbas si no se hubiese descubierto estao en su propiedad. Por eso se explot la mina, aunque los Saint Larston odiaban la circunstancia de que estuviese a la vista de su mansin, y los mineros haban cavado la tierra, trabajando con sus garfios y sus hurgones, extrayendo el estao que iba a salvar el Abbas para la familia. Pero cuando se salv la casa, los Saint Larston, que odiaban la mina, la haban cerrado. La abuela me cont que hubo privaciones en el distrito cuando se cerr la mina; pero a Sir Justin no le importaba eso. No le importaban otras pe