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Tzvetan Todorov LA PROFECÍA DE LAS CASAS Ya al final de su vida, Las Casas escribe en su te stamento : " Creo que a causa de esas obras impías, per versas e ignomi- niosas , perpetradas de una forma tan inju sta , tirán ica y b ár- bara, Dios repartirá sobre España su furor y su ira, porque toda España, poco o mucho, ha participado de las sangrien- tas riquezas usurpadas al precio de t antas ruina s y extermi- . " nacIOnes . Estas pal abr as, a m itad de ca mino entre la profecía y la maldición, establecen así la responsabil idad colectiva de los españoles, y no solamente de los conquistadores; para los tiempos que vendrán, y no solamente para el presente. Y anuncian qu e el crimen será castigado, que el pecado será ex- piado . Nos encont ramos en un buen momento p ara juzgar hoy si Las Casas tenía razón o no. Podríamos hacer una ligera co- rrecc ión a la extensión de su profecía y reempl azar a España por " Europa occidental " : aún si España juega el papel prin- cipal en el movimie nto de colonización y de destrucción de los ot ros , no está sola: portugueses, franceses, ingleses, y ho- landeses le siguen de cerca, mientras que belgas, italianos y alemanes se les unirán más tarde. Ysi en mater ia de destru c- ción los españoles hacen más que las otras naciones euro- peas, no es por que éstas no ha yan intent ado igualarse a ellos y superarlos. Leamos, pues, " Dios r epartirá su furor sobre Europa " -s i ello puede hacernos sentir más directamente involucrados. ¿Se ha cump lido. la profecía? Cada quien responderá a esta pregunta según su propiojuicio. Por lo que a mí respec- ta ; y consciente de la parte de arbitrariedad que hay en toda apreciación del presente mientras la memoria colectiva to- da vía no ha efectuado su selección, y consciente así de la op- ción ideológica que dicha selección implicaría, prefiero asu - mir abiertamente mi visión de las cosas sin tra vestirla como descripción de las cosas mismas. Para hacerlo, escojo en el presente los elementos que me parecen más ca rac terísticos, y que , por consiguiente, contienen en germen el futuro -o de- berían contenerlo. Como tiene que ser, estas observaciones serán elípticas. Ciertamente , numerosos acontecimientos de la historia reciente pare cen darle la razón a Las Casas. La esclavitud ha sido abolida desde hace unos cien años y el colonialismo a la antigua (a la española) hace unos veinte. Ha habido y conti- núa habiendo numerosas venganzas contra ciudadanos de las ant iguas potencias coloniales cuyo único crimen personal es muchas veces el de pertenecer a la nación en cuestión; los ingleses, los norteamericanos y los franceses son considera- Epilogo del lib ro - La conquhe de l 'Amhique. La quest um de l 'autre. Seuil, París, 19H2. Se publica con au toriz ación de la editorial. Traducción de Marina Fe dos p or sus antiguos colonizados como colectivamente res- ponsables. Yo no sé si hay que ver a hí el efecto del furor y la ira divinos, pero pienso que se imponen dos reacciones a aquel que ha ad quirido conocimiento de la historia ejemplar de la conquista de América: en primer lugar. qu c tales acto s no llegarán j amás a equilibrar la balanza dc los crímenes p erpret ados por los europeos (ye n este senti do c les pu ede excu sar ) y, en segundo lugar, que estos acto no hacen más que r eprodu cir lo más censurable que lo urop os han lle- vado acabo . Y nad a es más desconsolador qu ver la historia repetirse -aú n más cua ndo se trata d la hi toria duna destruc ción . Que Europa fuera a su v l colonizada por 1 05 pueblos de África, de Asia o de América Latina (lejos esta- mas de ello , lo sé), sería quizás un a vb 11 01 r vaucha ' "Cl O II p odría constit uir mi idea l. Una muj er maya muere devor ad a por 10 5 p rro . Su hivn» ria, reduc ida a unas cua ntas líneas, conc mra una de \ CI - siones ex tr emas de la relación con otro. ' u m. rido , dcl ru .rl ella es el " otro interior", no le deja ninguna posibilidad de afirmarse como sujeto libre: temiendo qu lo maten en 1;\ guer ra, él quiere conju rar el peligro privando a la mujer de su voluntad. Así, la guerra no será qu una hi ror i.. de hombres: aun qu e ese hombre mu era, su muj r d berá seguir perteneciénd ole. Cuando llegue el conqui iador cspar 01 , esta mujer no será más que el lugar dond se nfr nrcn los deseos y las voluntades de dos hom bres. Malar a los hom- bres, violar a las mujeres: éstas son, a la vez, las pruebas de que un hombr e detent a el pod er y sus recornp nsa . 1 ... 1 mu - jer escoge obed ecer a su marido y a las reglas d su propia sociedad ; se sirve de todo lo que le queda de volu ntad perso- nal para defender la violencia de la que ha sido objeto, Pero, justamente, la exterioridad cultural determinará el de nla - ce de este pequeño dra ma : no será violad a, como po- dido serlo una española en tiempos de guerra : será arrojada a los perros por ser una mujer no condescendiente y a la vez indígena. Jamás el destino del otro fue tan trágico. Escribo este libro para intentar lograr qu e no se olvide este suceso y miles de otros parecidos. Creo en la necesidad de " buscar la verdad" y en la obligación de hacerla conocer; é que la función de la información existe y que efect o puede ser poderoso. Lo que espero no es que las mujeres mayas ha- gan que las europeas con las que se topen sean por los perros (suposición ab surda, smo que se recuerde el riesgo de lo que puede produ cirse SI no se 10gr ¡1 d escubrir al otro. Porque al otro hay que descubrirlo. La cosa es digna de asombro , ya que el hombre ja más está solo y no seria lo que es sin su dimensión social. Y sin embargo realmente es as í: para el niño que acaba de nacer, su mundo es ti mundo, y el 2

Author: dinhdiep

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  • Tzvetan Todorov

    LA PROFECA DE LAS CASAS

    Ya al final de su vida, Las Casas escribe en su testamento :" Creo que a ca usa de esas obras impas, perversas e ignomi-niosas , perpetradas de una forma tan inju sta , tirnica y br-bar a, Dios repa rtir sobre Espaa su furor y su ira , porquetoda Espaa, poco o mucho, ha participado de las sa ngrien-tas riquezas usurpadas al precio de tantas ruinas y extermi-

    . "nacIOnes .Estas palabras , a mitad de ca mino entre la profeca y la

    maldicin, esta blecen as la responsabil idad colectiva de losespa oles, y no solamente de los conquistadores ; para lostiempos que vendrn, y no solamente para el presente. Yanuncian qu e el cr imen ser cast igado, que el pecado ser ex-piado.

    Nos encont ra mos en un buen momento para juzgar hoy siLas Casas tena razn o no. Podramos hacer una ligera co-rrecc in a la extensin de su profeca y reemplazar a Espaapor " Europa occidental " : an si Espaa juega el papel prin-cipal en el mov imie nto de colonizacin y de destruccin delos otros, no est sola: portugueses, franceses, ingleses, y ho-landeses le siguen de cerca, mientras que belgas, ita lianos yalemanes se les unirn ms tarde. Y si en materia de destruc-cin los espaoles hacen ms que las otras na ciones euro-peas, no es por que stas no ha yan intentado igualarse a ellosy superarlos. Leamos, pues, " Dios repartir su furor sobreEuropa" -si ello puede hacernos sentir ms directamenteinvolucrados.

    Se ha cumplido. la profeca ? Cada quien responder aesta pregunta segn su propio juicio. Por lo que a m respec-ta ; y consciente de la parte de a rbitrarieda d que hay en tod aapreciacin del presente mientras la memoria colecti va to-da va no ha efectuado su selecc in, y consciente as de la op-cin ideolgica que dicha selecc in implicara , prefiero asu-mir abiertamente mi visin de las cosas sin travestirla comodescripcin de las cosas mismas. Para hacerlo, escojo en elpresente los elementos que me parecen ms ca rac tersticos, yque, por consiguiente, contienen en germen el futuro -o de-beran contenerlo. Como tiene que ser, estas observacionessern elpticas.

    Ciertamente, numerosos acon tecimientos de la historiareciente pa recen darle la razn a Las Casas. La esclavitud hasido ab olida desde hace unos cien aos y el colonial ismo a laa ntigua (a la espa ola) hace unos veinte. Ha habido y conti-na habiendo numerosas venganzas contra ciudadanos delas antiguas potencias coloniales cuyo nico crimen personales muchas veces el de pertenecer a la nacin en cuestin; losingleses, los norteamericanos y los franceses son cons idera-

    Epilogo del lib ro - La conquhe de l 'Amhique. La questum de l 'autre. Seuil, Pars,19H2. Se publica con au toriz acin de la editoria l.

    Traduccin de Marina Fe

    dos por sus an t iguos colonizados co mo colectivamente res-ponsables. Yo no s si hay que ver a h el efecto del furor y laira divinos, pe ro pienso qu e se im ponen dos reacciones aaquel que ha ad quirido conocim ient o de la historia ejemplarde la conq uista de Amrica : en primer lugar. qu c ta les acto sno llegarn jams a equilibra r la ba la nza dc los crmenesperpretados por los europeos (yen este senti do c les pu edeexcu sar) y, en segundo luga r, que estos ac to no hacen msque reproducir lo ms censura ble qu e lo urop os han lle-vado a cabo. Y nad a es ms desconsolador qu ver la historiarepetirse -an ms cuando se t ra ta d la hi toria dunadestruc cin . Que Eu ropa fuera a su v l colonizada por 105pueblos de frica, de Asia o de Amr ica Latina (lejos esta-mas de ello , lo s ), sera quizs un a vb 11 01 r vaucha ' "ClO IIpodra constit uir mi idea l.

    Una muj er maya muere devorada por 10 5 p rro . Su hivnria , reducida a un as cua ntas lneas, co nc m ra una de la ~ \ CI -siones extremas de la relacin con otro. ' u m. rido , dcl ru .rlella es el " ot ro int erior " , no le dej a nin guna posibilidad deafirma rse como sujeto libre: temiendo qu lo maten en 1;\guerra , l quiere conju rar el peligro privando a la mu jer desu volunta d . As , la gue rra no ser m qu una hi ror i.. dehombres: aunqu e ese hombre mu era , su muj r d ber seguirpertenecindole. Cuando llegue el conqui iad or cspar 01 ,esta mujer no ser m s que el luga r dond se nfr nrcn losdeseos y las voluntad es de dos hombres. Mal a r a los hom-bres, viola r a las mujeres: stas son, a la vez, las pruebas deque un hombre detent a el poder y sus recornp nsa . 1...1 mu -jer escoge obedecer a su marido y a las reglas d su propiasociedad ; se sirve de todo lo que le qu eda de volu ntad perso-nal para defender la violencia de la qu e ha sido objeto, Pero,justamente, la exter ioridad cultural determina r el de nla -ce de este pequeo dra ma : no ser violad a, como habrl~ po-dido serlo una espaola en tiempos de guerra : ser arroj ad aa los perros por ser una mujer no condescendiente y a la vezindgena .Jams el destino del otro fue tan trgico.

    Escribo este libro para intenta r lograr qu e no se olvide estesuceso y miles de otros parecidos. Creo en la necesidad de" busca r la verdad " y en la obligacin de hacerla conocer ; que la funcin de la informacin existe y que ~u efecto puedeser poderoso. Lo que espero no es que las mujeres mayas ha-gan que las europeas con las que se topen sean de~oradaspor los perros (suposicin absurda, natural~ent~ ) , smo quese recuerde el riesgo de lo que puede producirse SI no se 10gr1descubrir al otro.

    Porque a l otro hay que descubrirlo. La cosa es digna deasombro, ya que el hombre jams est solo y no seria lo quees sin su dimensin social. Y sin embargo realmente es as :para el nio que acaba de nacer, su mundo es ti mundo, y el

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  • crecimiento es un aprendizaje de la exterioridad y de la so-cialidad. Tan es as que podramos decir , de una manera unpoco caballeresca, que la vida humana est encerrada entreesos dos extremos: aquel en que el )'0 invade al mundo yaquel en que el mundo termina por absorber al yo, bajo laforma de cadver o de cenizas. Y como el descubrimiento delotro contiene varios grados (a partir del otro como objeto,confundido con el mundo que lo circunda, hasta el otrocomo suje to, igual al ) '0 , pero diferente de l, con infinidad desut ilezas intermedias) puede muy bien suceder que la vidapase sin que jams se logre el total descubrimiento del otro- sup oniendo que pudiera lograrse. Es algo que cada uno denosotros debe recomenzar ya que las experiencias anterioresno nos dispensan de ello, aunque s pueden ensearnos cua-les son los efectos del desconocimiento.

    No obstante, aun si el descubrimiento del otro debe serasumido por cada individuo y recomienza eternamente, tie-ne tamb in una historia y formas socialmente y cultural-ment e determinadas. La historia de la conquista de Amricame hace creer que un gran cambio se produjo (o ms bien seT(l}('l) a prin cipios del siglo XVI , digamos entre Coln yCorts -una diferencia semejante (no en forma detallada,natu ralment e) puede observarse entre Moctezuma y Corts.As, esa conquista opera tanto en el tiempo como en el espa-cio, y si me he detenido sobre el contraste espacial ms quesobre el temporal es porque este ltimo est nublado por in-finitas transiciones mientras que el primero tiene -con la

    la Malinche entre Corts y los indgenas

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    ayuda de los ocanos- toda la claridad requerida. A partirde esa poca, y durante cerca de trescientos cincuenta a os,Europa occidental se ha esforzado por asimilar al otro, dehacer desaparecer la alteridad exterior, yen gran medida halogrado hacerlo. Su forma de vida y sus valores se han exten-dido por el mundo entero ; como quera Coln , los coloniza-dos han adoptado nuestras costumbres y se han vestido conellas .

    Este xito extraordinario se debe , entre otras cosas, a unrasgo especfico de la civilizacin occidental que durantemucho tiempo se haba considerado como un rasgo del hom-bre en general , por lo que su florecimiento en los pases occi-dentales vena a ser la prueba de su natural superioridad : setrata, paradjicamente, de la capacidad de los europeos decomprender a los otros. Corts constituye un buen ejemplode ello y l mismo era consciente del hecho de que el arte de laadaptacin y de la improvisacin rega su comportamiento.Este, podramos decir esquemticamente, se organiza en dostiempos. El primero es aquel del inters por el otro, aun conel precio de una cierta empata o identificac in provisional.Corts se mete en su pellejo, pero de forma metafrica y yano literal : la diferencia es de talla . El asegura as la compren-sin de la lengua, el conocimiento de la poltica (de ah su in-ters por las disensiones internas de los aztecas), y hasta do-mina la emis in de mensajes dentro de un cdigo apropiado:se hace pasar por Quetzalcatl que ha vuelto a la tierra. Pe-ro, al mismo tiempo, jams se ha desprendido de su senti-miento de superioridad, sino que ms bien sucede lo contra-rio: su propia capacidad de comprender al otro la confirma.Viene enseguida la segunda etapa, en el curso de la cual nose conforma con reafirmar su propia identidad (que nuncaha verdaderamente abandonado) sino que procede a la asi-milacin de los indios a su propio mundo. Hay que recordarque , de la misma manera, los monjes franciscanos adoptanlas costumbres de los indios (vestidos , comida) para poderconvertirlos mejor a la religin cristiana. Los europeos de-muestran asombrosos atributos de flexibilidad y de improvi-sacin que les permiten an ms efectivamente imponer portodas partes su propia forma de vida. Por supuesto que estacapacidad de adaptacin y al mismo tiempo de absorcin noes para nada un valor universal y viene acompaada de sucontrario, que es mucho menos apreciable : el igualitarismo.Una versin de ste, caracterstica de la religin cristiana(occidental) lo mismo que de la ideologa de los Estados ca-pitalistas modernos, sirve igualmente a la expansin colo-nial. Esta es otra leccin, un poco sorprendente, de nuestrahistoria ejemplar.

    Al mismo tiempo que desvaneca la extraeza del otro ex-terior, la civilizacin occidental se encontraba un otro inte-rior. De la edad clsica hasta el fin del romanticismo (es de-cir hasta nuestros das) , los escritores y los moralistas no handejado de descubrir que la persona no es una , o que ni si-quiera es nada, que yo es otro, o una simple cmara de ecos.Ya no se cree en los hombres-bestias en el bosque, pero se hadescubierto a la bestia en el hombre, " ese misterioso elemen-to del alma que no parece reconocer ninguna jurisdiccinhumana, sino que , a pesar de la inocencia del individuo alque habita, suea horribles sueos y murmura los pensa-mientos ms prohibidos" (Melville, Pierre ou les Ambigui1s,IV, 2). La instauracin del inconsciente puede ser considera-da como el punto culminante de este descubrimiento delotro en uno mismo .

    Yo creo que este periodo de la historia europea est a pun-

  • to de terminar hoy en da . Los representantes de la civiliza-cin occidental ya no creen tan ingenuamente en su supe rio-ridad, y de este lado se sofoca el movimiento de asimilacin,aun si los pases del Tercer Mundo, recientes o antiguos, si-guen queriendo vivir como los europeos. Por lo menos en elplano ideolgico, tratamos de combinar lo que nos parecemejor de los dos trminos de la alternativa. As, queremos laigualdad sin que sta traiga consigo la identidad, pero tam-bin la diferencia sin que sta degenere en superioridad/in-ferioridad. Tambin esperamos recoger los beneficios delmodelo igualitarista y del modelo jerrquico y aspiramos areencontrar el sent ido de lo social sin perder la calidad de loindividual. El socialista ruso Alexandre Herzen escriba amediados del siglo XIX: " Comprender toda la extensin, larealidad y la sacralidad de los derechos de la persona sindestruirla sociedad, sin fraccionarla en tomos : este es el ob-jetivo social ms difcil". Nosotros nos lo repetimos siemprehoy en da .. Vivir la diferencia dentro de la igualdad : es ms fcil de-cirlo que hacerlo. Sin embargo, varios personajes de mi his-toria ejemplar se acercaron de distintas maneras. En el pla-no axiolgico, un Las Casas llega, en su vejez, a amar y esti-mar a los indios no en funcin de su ideal sino en funcin delde ellos: es un amor no unificador y hasta podramos decir" neutro" -para emplear el trmino de Blanchot y de Bart-hes. En el plano de la accin, de la asimilacin del otro o dela identificacin con l, un Cabeza de Vaca alcanzaba igual-mente un punto neutro, no porque fuera indiferente a las doscul turas sino porque a las dos las haba vivido desde el inte-

    -, rior.De repente, ya no haba ms que "ellos" a su alrededor,y, sin convertirse en indio, Cabeza de Vaca ya no era deltodo espaol. Su experiencia simboliza y anuncia la del exi-liado moderno, el cual a su vez personifica una tendenciapropia de nuestra sociedad: ese ser que ha perdido su patriasin adquirir ot ra, que vive en la doble exterioridad. Es el exi-liado quien mejor encarna hoy en da, desvindolo de su sen-tido original, el ideal que Hugues de Saint Victor formul enel siglo XII de la siguiente manera: " El hombre que encuen-

    . tra dulce a su patria no es ms que un tierno debutante ;aquel para quien cada suelo es como el suyo propio ya es dig-no de consideracin; peros loes perfecto aquel para quienel mundo entero es como un pas extranjero " (yo, que soy unblgaro que vive en Francia, tomo prestada esta cita a Ed-ward Sad, palestino que vive en los Estados Unidos, que a

    . su vez la encontr en Erich Auerbach, alemn exiliado enTurqua) .

    Finalmente, en el plano del conocimiento, un Durn y unSahagn anunciaban, sin realizarlo plenamente, el dilogode las culturas qu~ es ca racterstico de nuestro tiempo y que,como lo vemos nosotros, encarna la etnologa, a la vez hijadel colonia lismo y prueba de su agona : un dilogo en quenadie tiene la ltima palabra, en que ninguna de las vocesreduce a la ot ra a la categora de un simple objeto, y en quese saca ventaja de la exterioridad ante el otro. Durn y Saha-gn : smbolos ambiguos por ser espritus medievales y qui-zs es esta misma exterioridad ante la cultura de su tiempola que es responsable de su modernidad. A travs de estos di-ferentes ejemplos se afirma una misma propiedad: una nue-va exotopa (para hablar como Bajtin), una afirmacin dela exterioridad del otro que va acompaada de su reconoci-miento como sujeto. Quiz no slo hay ah una nueva mane-ra de vivir la alteridad, sino tambin un rasgo caractersticode nuestro tiempo, asf 'como el individualismo o el autotelis-mo lo fueron para una poca de la que empezamos a vislum-

    b.rar el fin. As pensara , por ejemplo, un optimist a corno U-vmas : " Nuestra po ca no se define por el t riunfo de la tcni-ca por la tc nica , como no se define por el a rte por el a rte.como.no se define por el nihil ismo. Es accin para un mundoque Viene, que traspasa su poca -el rebasar de si mismo queexije la ep ifana del Otro" .

    Este libro mismo , ilustrar esta acti tud nueva respecto alot ro,.a travs de mi relacin con los autores y los personajesdel siglo XVI ? Yo no puedo dar fe ms que de mis inte ncio-nes - no del efecto que ellas prod uzcan . He querido evitardos extremos. El primero es la te nt acin de hacer escuchar lavoz de estos personajes en s mism a y tratar de que la propiavoz desaparezca para servir mejor al ot ro. El segundo es el desometer a los ot ros a uno mismo, de hacer de ellos mariune-tas, controlando todas sus cuerdas . En tre los dos he busca dono un terreno de compromiso sino la va del dilo go. ln re rpe-

    . lo, traspongo, interpreto esos textos; pero tambin los dejohablar (por eso tantas citas) y defender se. De Coln a Saha-gn, estos personajes no ha blab an el mismo lenguaje qu e) o.Pero hacer vivir al otro no qu iere decir dejarlo intacto. C

  • evidentemente estaban destinadas al fracaso porque cubrancon estos rasgos primitivos una mentalidad ind ividual istaperfectamente moderna. El Club Mditerrane permite, stes, sumergirse en el mundo primitivo (ausencia de dinero, delibro s y ocasionalmente de ropa ) sin poner en duda la conti-nuidad de la vida de " civilizado". Ya se conoce el xito co-merc ial de esta frmula . El regreso a las religiones antiguas oa otras nuevas ya no cuenta ya que atestigua la fuerza de latendencia pero no puede, Creo, encarnarla : el regreso al pa-sado es imposible. Sabemos que ya no queremos lo moral (olo amora l) del " todo est permitido " porque nosotros hemossufrido las consecuencias. No obstante, es necesario encon- .trar prohibiciones nuevas, o una nueva motivacin de las vie-jas proh ibiciones, para descubrir su sent ido. La capacidadde improvisacin y de identificacin instantnea busca equi-librarse mediante una valorizacin del ritual y de la identi-dad , pero se puede dudar que baste con el regreso al terruo.

    Al conta r y analizar la historia de la conquista de Amri-ca , he llegad o a dos conclusiones aparentemente contradic-torias. Para hablar de las formas y de los tipos de comunica-cin, en primer lugar me situ dentro de una perspectiva ti-polgica : los indios favorecen el intercambio con el mundo ylos europeos con los hombres. Ninguno de ellos es superior alotro y siemp re se tiene necesidad de los dos al mismo tiempoporque si se gana en uno de los planos se pierde necesaria-mente en el otro . Pero al mismo tiempo me vi conducido aconfirma r una evolucin en la tecnologa del simbolismo

    -esta evolucin puede reduci rse, para simplificar, a la apa-ricin de la escritura . As, pues , la presencia de la escriturafavorece la improvisacin a expensas del ritu al, como lo haceen cuanto a la concepcin lineal del tiempo , o bien , por otraparte, en cuanto a la percepcin del otro . Habra tambinuna evolucin de la comunicacin con el mundo hacia la co-municacin entre los hombres ? En trminos ms generales,si es que se puede hablar de evolucin, no encuentra la no-cin de barbarie un sentido no relativo ?

    La solucin de esta apori a no reside, para m, en el aban-dono de una de estas dos afirmaciones . Ms bien se encuen-tra en el reconocimiento, para cada acontecimien to, de de-term inaciones mltiples, que condenan al fracaso a toda ten-tativa de sistematizar la historia. Esto es lo que explica queel-progreso tcnico - y demasiado bien lo sabemos hoy enda - no implique una superioridad en el plano de los valoresmorales y sociales (ni tampoco una inferioridad). Las socie-dades con escritura son ms avanzadas que las sociedadessin escritura. Pero podramos dudar si hubiera que escogerentre sociedades de sacrificio y sociedades de masacre.

    Todava, y desde otro plano , la experienc ia reciente es des-corazonante : el deseo de superar el individualismo de la so-ciedad igualitaria y de acceder a la socialidad propia de lassociedades jerrquicas se encuentra, entre otros, en los Esta-dos totalitarios. Estos se parecen al nio monstruoso al quetema Bernard Shaw y que, segn parece, Isadora Duncanhaba presentido: tan feo como ste y tan tonto como ella .

    Moctezuma 11

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