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  • Tzvetan Todorov

    El miedoa los brbaros

    Ms all del choque de civilizaciones

    Traduccin deNoem Sobregus

  • En memoria de Germaine Tillion y de Edward Said.

  • ENTRE EL MIEDO

    Y EL RESENTIMIENTO

  • 11

    En Europa el siglo xx ha estado dominado por el conflic-to entre regmenes totalitarios y democracias liberales.Concluida la Segunda Guerra Mundial, tras la derrota delnazismo, este conflicto adquiri la forma de una guerrafra global reforzada en la periferia por confrontacionescalientes perfectamente circunscritas. Los protagonistasestaban claramente identificados. Por una parte, el bloquede pases comunistas, que se extenda desde la Alemaniadel Este hasta Corea del Norte, en un primer momento do-minado por la Unin Sovitica. Al otro lado del teln deacero, rodeando a estos pases, se situaba Occidente, elmundo libre, formado bsicamente por los pases de laEuropa occidental y Norteamrica, conducida por Esta-dos Unidos. Quedaba fuera de este antagonismo un tercerprotagonista, un conjunto heterclito de pases no alinea-dos, polticamente neutrales, llamados el tercer mundo.As pues, era una divisin del mundo segn criterios pol-ticos, aunque entraran en juego otras caractersticas: eltercer mundo era pobre y Occidente era rico, en los pasescomunistas el ejrcito era rico y la poblacin pobre (aun-que no se permitiera decirlo).

    Esta situacin dur ms de medio siglo. Yo era espe-cialmente sensible a ella por haber nacido en Europa delEste, en Bulgaria, donde viv hasta los veinticuatro aos,cuando me traslad a Francia. Esta distribucin del mun-do me pareca destinada a durar eternamente, o cuandomenos durante toda mi vida. Quiz esto explica mi alegracuando, hacia 1990, los regmenes comunistas europeos sedesmoronaron uno tras otro. Ya no haba razones paraoponer el Este al Oeste ni para competir por el dominiouniversal, de modo que poda albergarse cualquier espe-

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    ranza. Los viejos sueos de los grandes pensadores libera-les iban a cumplirse por fin, las guerras seran remplaza-das por el comercio, podra instalarse un nuevo ordenmundial ms armnico que el mundo previo a la guerrafra. Pienso que no fui el nico que crey en tal evolucinfavorable.

    Apenas veinte aos despus no queda ms remedio queconstatar que esta esperanza era ilusoria. No parece que lastensiones y violencias entre pases vayan a desaparecer dela historia mundial. La gran confrontacin entre Este y Oes-te haba relegado a un segundo plano hostilidades y opo-siciones que no tardaran en resurgir. Los conflictos nopodan desaparecer como por arte de magia, ya que sus cau-sas profundas seguan ah. Podemos incluso pensar que erancada vez ms fuertes. La poblacin mundial sigue aumen-tando rpidamente, mientras que el territorio que ocupasigue siendo el mismo, incluso disminuye asolado por losdesiertos y amenazado por las inundaciones. Y lo que es peortodava, los recursos vitales el agua, la energa estn dis-minuyendo. En estas circunstancias la competicin entrepases es inevitable, lo que tambin implica la agresividadde los que tienen menos hacia aquellos que tienen ms, y lainquietud de estos ltimos, que intentan conservar y pro-teger sus privilegios.

    A este estado de cosas se han aadido varios aconteci-mientos nuevos. Aunque sigue habiendo en el mundo nu-merosos focos de tensin, y algunos de ellos dan lugar aexplosiones de violencia, su accin queda reducida en elespacio, y desde hace ms de sesenta aos no se ha produ-cido ningn conflicto global comparable a la SegundaGuerra Mundial. Esta ausencia de confrontacin a granescala ha permitido que se produjera de forma pacficauna verdadera revolucin tecnolgica, que a su vez hacontribuido enormemente a ese mayor contacto entre pa-ses que llamamos globalizacin.

    La revolucin tecnolgica ha afectado a numerosos m-bitos, pero determinados avances han tenido especial im-

  • Entre el miedo y el resentimiento 13

    pacto en las relaciones internacionales. El ms evidente esel relativo a la comunicacin, que se ha convertido en in-comparablemente ms rpida que en el pasado y adoptaadems mltiples canales nuevos. La informacin es ins-tantnea, tanto en palabras como en imgenes, y llega almundo entero. Televisin (ya no slo la radio), telfonosmviles, correo electrnico, internet... Donde antes poda-mos lamentar la falta de informacin nos encontramosahora inundados por ella. Una de las consecuencias de estecambio es que las poblaciones del planeta se relacionanmucho ms entre s. Las palabras y las imgenes permitena los unos conocer a los otros, los productos circulan portodo el mundo e incluso las personas se desplazan ms quenunca. Los habitantes de los pases ricos van a los pobresa hacer negocios o de vacaciones; los pobres intentan lle-gar a los pases ricos para buscar trabajo. Si se tienen me-dios, los viajes son ahora mucho ms rpidos.

    La intensa comunicacin y la cada vez mayor relacinentre pases y entre personas tienen efectos positivos y ne-gativos, pero contamos con otra innovacin tecnolgicaque es exclusivamente fuente de inquietud: el fcil accesoa armas destructoras, en especial a explosivos, a los queparece que cualquiera puede acceder sin dificultad. Sontan pequeos que pueden llevarse en el bolsillo, y tan per-feccionados que pueden matar instantneamente a dece-nas, centenares o miles de personas. Las instruccionespara fabricar bombas circulan en internet, los productosnecesarios para ello se venden en los supermercados, y untelfono mvil basta para detonarlas. Esta democratiza-cin de las armas destructoras crea una situacin total-mente nueva: ya no es necesario disponer del poder de unEstado para infligir grandes prdidas al enemigo; bastanunos cuantos individuos decididos y con un mnimo demedios econmicos. El rostro de las fuerzas hostiles hacambiado radicalmente.

    Las grandes innovaciones tecnolgicas han tenido con-secuencias en los modos de vida, pero no han supuesto la

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    desaparicin inmediata del mundo anterior, y evidente-mente no podan suponerla. Pero lo que s han provocadoes una yuxtaposicin de contrastes en la que lo arcaico co-habita con lo ultramoderno. Esta presencia simultnea seda tanto en un mismo pas como entre diferentes pases. Elcampesino ruso o chino est tan alejado del modo de vidade Mosc o Shanghai como los campesinos del Rif y deAnatolia de los habitantes de Pars y de Londres. Al mun-do de los primeros, en el que impera la comunicacinvertical, que garantiza la transmisin de las tradiciones,se opone el de los segundos, que se caracteriza por la fuer-za de la comunicacin horizontal entre contemporneospermanentemente conectados a una red. Lo que llamaaqu la atencin es que estos dos mundos no se descono-cen entre s, ya que las imgenes de los unos y de los otrosdan la vuelta al planeta. Y no slo se ven. Los campesinosarruinados abandonan sus tierras y se desplazan a las ciu-dades de sus pases o, mejor todava, a las de los pases ri-cos. Las grandes ciudades del mundo, repartidas en todoslos continentes, albergan a poblaciones de orgenes diver-sos, y necesariamente costumbres radicalmente distintas.As es como el niqab, el velo integral, convive con el tanga(aunque en Francia ambos estn prohibidos en la escuela).

    Cabe suponer los resultados que este choque entre lacazuela de barro y la de hierro amenaza con provocar. Enunos engendra envidia o rechazo, o ambas cosas a la vez;en los otros, desprecio, o condescendencia, o compasin.Los primeros cuentan con la superioridad numrica y conla ira; los segundos, con la tecnologa y la fuerza. La mez-cla es explosiva, y los conflictos se multiplican. Pero elmapa ya no es el que se impuso tras la Segunda GuerraMundial.

    En la actualidad podemos dividir los pases del mundoen varios grupos, en funcin de cmo reaccionan ante lanueva coyuntura. En cualquier caso, lo que permite dis-tinguirlos ya no son los regmenes polticos, como duran-te la confrontacin entre comunismo y democracia; ni las

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    grandes divisiones geogrficas, como por ejemplo entre elnorte y el sur, ya que Australia est en el sur, y Mongoliaen el norte, ni entre este y oeste, porque China y Brasil es-tn a menudo muy cerca; todava menos las civilizaciones.En el siglo xviii Montesquieu introdujo la idea del prin-cipio de gobierno para hablar de las pasiones humanasque agitan una sociedad: la virtud en las repblicas y elhonor en las monarquas.1 Tambin hoy en da una pasino actitud social dominante impregna tanto las decisionesgubernamentales como las reacciones de los individuos.

    Soy muy consciente de los riesgos que supone resumirtanto y perfilar situaciones necesariamente cambiantes.Varias pasiones sociales actan siempre a la vez, y ningunade ellas abarca a todos los miembros de una poblacin. Supropia identidad es mvil y no adquiere el mismo rostroen pases diferentes. Adems su jerarqua evoluciona, y enunos aos un pas puede pasar fcilmente de un grupo a otro.Sin embargo, su presencia es incontestable. Para describiresta distribucin partir de una tipologa propuesta reciente-mente por Dominique Mosi,2 que completar y adaptar sinolvidar las simplificaciones que impone.

    Llamar apetito a la pasin dominante de un primergrupo de pases. Sus habitantes suelen tener la sensacinde que, por razones diversas, se les ha mantenido al mar-gen de la reparticin de las riquezas. Ahora les ha llegadoel turno. Quieren beneficiarse de la globalizacin, del con-sumo, del ocio, y para lograr este objetivo no escatimanmedios. Hace ya varias dcadas que Japn abri esta va,que siguieron varios pases del sudeste asitico y poco des-pus China e India. Otros pases de otras zonas del mun-do se disponen a seguirla: Brasil, y en un futuro inmediatosin duda Mxico y Sudfrica. Desde hace unos aos Rusiaparece seguir este mismo camino y convierte en ventaja suderrota en la guerra fra: su desarrollo ya no suf