Teología Moral

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Teologa Moral

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<p>MARCIANO VIDAL</p> <p>MORAL DE ACTITUDESTOMO SEGUNDO</p> <p>ETICA DE LA PERSONA</p> <p>EDITORIAL</p> <p>Covarrubias, 19. M A O R I D - I O</p> <p>Volmenes que integran la obra:</p> <p>M O R A L DE ACTITUDES</p> <p>I. II. III.</p> <p>MORAL FUNDAMENTAL ETICA DE LA PERSONA MORAL SOCIAL</p> <p>Primera edicin: febrero 1977 Segunda edicin: mayo 1977</p> <p>presentacin</p> <p>Este libro forma parte de un proyecto ms amplio y unitario: ofrecer un sntesis de Teologa Moral para los cursos de iniciacin teolgica en las Facultades de Teologa y Centros similares. Despus de haber tratado el tema de la fundamentacin del ethos cristiano y las categoras ticas generales (objeto del primer volumen, ya aparecido) se comienza, en este segundo volumen, a exponer los problemas de la tica concreta, agrupndolos en torno al eje moral de la Persona. En el tercer volumen se completar la temtica de la tica concreta abordando los problemas que giran en torno al eje de la Sociedad. La finalidad apuntada explica tanto la metodologa como la seleccin y el tratamiento de los temas de este volumen. El libro ha nacido dentro de las tareas y de las urgencias actuales de la docencia teolgico-moral y hacia ellas se encamina. Ello no impide el que pueda ser utilizado como ayuda para una puesta ai da en la temtica te/ogico-moral. Quiero expresar mi agradecimiento a todos los que con sus sugerencias y su inters me han animado a proseguir la obra iniciada, bajo el lema de una Moral de actitudes. De un modo particular, agradezco a Ernestina Albiana el trabajo de pasar a mquina el manuscrito y a Basilio Caballero el inters que, como director de la editorial P. S., ha puesto en la edicin del libro.</p> <p>Con licencia</p> <p>eclesistica</p> <p>ISBN. 84-284-0553-0 (Obra completa) ISBN. 84-284-0290-6 (Tomo 10-1977 Depsito legal: M. 13.685-1975 LIPAL, S. A. - Avda. Pedro Diez, 3 - Madrd-19 -1977</p> <p>contenido introduccinhacia un humanismo ticoIntroduccin: HACIA UN HUMANISMO ETICO Primera parte: ETICA FUNDAMENTAL DE LA PERSONA 1. APROXIMACIN HISTRICA Diversos modelos ticos de la persona en la historia de la moral. APROXIMACIN SISTEMTICA Teora global sobre la dimensin tica de la persona. Segunda parte: ETICA CONCRETA DE LA PERSONA 3. 4. 5. 6. MORAL DE LA CONCIENCIACION Y DE LA MANIPULACIN BIOTICA O MORAL DE LA CORPORALIDAD HUMANA MORAL DEL AMOR Y DE LA SEXUALIDAD MORAL DE LA CONVIVENCIA INTERPERSONAL 1. PUNTO DE PARTIDA: EL HOMBRE EN CUANTO MEDIDA DE LA REALIDAD Si hacia los aos veinte afirmaba Ortega y Gasset que el tema de nuestro tiempo era la vida (1), en el ltimo tercio del siglo el tema y la preocupacin es el hombre. Ningn otro problema apasiona tanto como el problema humano; ninguna otra aventura compromete tan intensamente como la fascinante aventura del conocimiento del hombre. El imperativo helnico concete a ti (1) J. ORTEGA Y GASSET, Obras completas, t. V. (Madrid, 19553), pginas 143 ss. Se puede hablar de la persona desde muchos ngulos de vista y desde distintas perspectivas. Aqu pretendemos hacerlo desde un ngulo moral para descubrir su flanco tico. Es la valoracin tica lo que nos interesa considerar. Advertimos, sin embargo, que no se puede hacer una consideracin tica de la persona si no se tiene en cuenta la dimensin antropolgica integral. El deber ser (o quehacer) corresponde al ser de la realidad. De una manera global, sintetizamos el sentido y funcin de nuestra visin moral de la persona en esta expresin: construir un humanismo tico. Pero qu entendemos por humanismo tico? y cmo una tica de la persona puede construirlo? En esta breve introduccin queremos responder a estas preguntas situando el alcance y la finalidad de la Etica de la persona que ofrecemos en este tomo.</p> <p>2.</p> <p>Conclusin: MAS ALL DEL PERSONALISMO ETICO</p> <p>8</p> <p>MORAL DE ACTITUDES II. ETICA DE LA PERSONA</p> <p>INTRODUCCIN: HACIA UN HUMANISMO ETICO</p> <p>9</p> <p>misrno se ha convertido en tema de toda una poca de la humanidad. M. Buber, en un hermoso esbozo de antropologa filosfica, ha caracterizado la historia de la reflexin del hombre sobre s mismo como un camino de rodeo. Se cuenta del rabino Bunam de Przysucha, uno de los ltimos grandes maestros del jasidismo, que habl as una vez a sus discpulos: 'Pensaba escribir un libro, cuyo ttulo sera Adn, que habra de tratar del hombre entero. Pero luego reflexion y decid no escribirlo.' En estas palabras de timbre tan ingenuo, de un verdadero sabio, se expresa aunque su intencin se endereza a algo distinto toda la historia de la meditacin del hombre sobre el hombre. Sabe ste, desde los primeros tiempos, que l es el objeto ms digno de estudio, pero parece como si no se atreviera a tratar este objeto como un todo, a investigar su ser y sentido autnticos. A veces inicia la tarea, pero pronto se ve sobrecogido y exhausto por toda la problemtica de esta ocupacin con su propia ndole y vuelve atrs con una tcita resignacin, ya sea para estudiar todas las cosas del cielo y de la tierra menos a s mismo, ya sea para considerar al hombre como individuo en secciones, a cada una de las cuales podr atender en forma menos problemtica, menos exigente y menos comprometedora (2). La historia de este rodeo del hombre para encontrarse consigo mismo podramos dividirla limitando nuestra atencin a la cultura occidental en tres grandes etapas; 1.a) el hombre existiendo con las cosas: el hombre tuvo que objetivarse o cosificarse para poder tener de s mismo una imagen o una fotografa; la gran preocupacin de la filosofa griega fue analizar y comprender la realidad (poca del realismo filosfico); 2.a) el hombre existiendo bajo la mirada de Dios: fue la poca del saber teolgico; el pensamiento medieval organiz un universo perfecto circular, pero cerrado; el hombre viva bajo la mirada de Dios, que era el punto central de ese u/tverso; 3.a) el hombre sabiendo que existe: con la Edad Moderna comienza el hombre la gran aventura de preguntarse, de un modo crtico, sobre s mismo; el hombre comienza a distanciarse de Dios (inicio del atesmo) para poder encontrarse consigo mismo. En nuestros das recogemos los frutos del giro antropolgico iniciado en la Edad Moderna. La cosmovisin sacral de la Edad(2) M BUBFR, Qu es el hombre? (Mxico, 19706), 11.</p> <p>Media fue resquebrajada con la aparicin de las ciencias en el Renacimiento (3); pero es en nuestros das cuando asistimos a la ltima etapa de ese proceso desacraiizador. El teocentrismo medieval fue sustituido por el humanismo renacentista; pero aquel humanismo culturalista no encontr su culminacin hasta el humanismo radical de nuestra poca (4). El giro antropolgico de la filosofa tiene todava en Descartes un carcter de signo dubitativo; desde Kant hasta nuestros das, la filosofa se ha convertido en antropologa trascendental y el saber humano se ha convertido en saber del hombre (5). Esta reduccin antropolgica de nuestra cultura puede ser interpretada de varias y diversas maneras. Lo que no se puede negar es la primaca del hombre en toda discusin seria sobre lo real. Sigue siendo vlida la afirmacin de Max Scheler de que no hay problema filosfico cuya solucin reclame nuestro tiempo con ms peculiar apremio que el problema de una antropologa filosfica (6). Por eso la pregunta qu es el hombre? es la que ocupa al mximo la filosofa (7). Hemos de reconocer que no faltan voces que proclaman la muerte del hombre. A partir de la desaparicin del hombre del horizonte de las ciencias positivas y teniendo por teln de fondo la deshumanizacin de nuestro mundo tecnificado, representantes cualificados tanto del estructuralismo (Foucault, Lvi-Strauss) como de la interpretacin no humanista del marxismo (Althusser),</p> <p>(3) Cfr. J . ORTEGA Y GASSET, En torno a Galileo: Obras completas, tomo V (Madrid, 19553), 9-164. Parecida problemtica plantea B. BRECHT en su obra de teatro Galileo Galilei. (4) Para una visin histrica del humanismo, ver: J . TOFFANI, Historia del humanismo desde el siglo XIII hasta nuestros das (Buenos Aires, 1953). (5) J. GMEZ CAFFARENA, El hombre como centro de la metafsica poscrtica: Razn y Fe 169 (1964), 117-130. (6) M. SCHELER, La idea del hombre y la historia: Revista de Occidente 4 ( 1926), 137. Un ao antes, y en la misma revista, escriba ORTEGA Y GASSET sobre una disciplina an no intentada y que desde hace aos me ocupa y preocupa. Suelo darle el nombre de 'conocimiento del hombre o antropologa filosfica' (Para una psicologa del hombre interesante: Revista de Occidente 3 (1925), 1). (7) J . HESSEN, Lehrbuch der Philosophie, III (Mnchen-Basel, 1950), pgina 210 (citado por S. ALVAREZ TURIENZO, Revisionismo y dilogo (Madrid, 1969), 181).</p> <p>10</p> <p>MORAL DE ACTITUDES II. ETICA DE LA PERSONA</p> <p>INTRODUCCIN: HACIA UN HUMANISMO ETICO</p> <p>11</p> <p>hablan del hombre como de una invencin reciente o de un mito filosfico (8). Aun sin entrar en la discusin de estas orientaciones que proclaman la muerte del hombre (9), se puede seguir afirmando la primaca de lo humano. Segn un lcido testigo de tales perspectivas cientfico-culturales, el abandono del humanismo en la exploracin cientfica del ser humano en ningn modo equivale a despreocupacin por el hombre real. El antihumanismo de las ciencias humanas nada tiene que ver con una presunta animadversin o desinters hacia los hombres, como a veces se reprueba desde una burda comprensin o, ms bien, incomprensin de aqul. Lo 'humano' que es blanco de oposicin por parte del antihumanismo no es el hombre existente o los grupos humanos reales, sino la humanidad abstracta y esencia!, la supuesta naturaleza humana universalmente realizada, o tambin el sujeto humano trascendental de la filosofa idealista (10). Adoptemos como punto de partida para el planteamiento y desarrollo de la Etica de la persona la primaca del hombre en la toma de conciencia que la humanidad hace de ella misma en este momento histrico. El Concilio Vaticano II lo expres del siguiente modo: Creyentes y no creyentes estn generalmente de acuerdo en este punto: todos los bienes de la tierra deben ordenarse en funcin del hombre, centro y cima de todos ellos (11). Nos complace colocar en el prtico de nuestra consideracin tica de la persona el principio del sofista Protgoras: El hombre es medida de todas las cosas (12). Ulteriores precisiones y desarrollos, aunque necesarios, no pueden invalidar esta intuicin axiolgica inicial: el valor absoluto de lo humano es el origen de nuestra Etica de la persona.</p> <p>2.</p> <p>META DE LLEGADA: LA RAZN ETICA DE LO HUMANO O EL HUMANISMO ETICO</p> <p>Entendemos la Etica de la persona como la bsqueda de la razn tica de lo humano. En este sentido, la finalidad perseguida es la construccin de un humanismo tico. La expresin humanismo tico debe ser sometida a varias precisiones para que sea correctamente entendida. En primer lugar, no identificamos humanismo tico con humanismo normativo, si por este ltimo se entiende la formulacin de una norma ideal y abstracta para lo humano. La bsqueda de una naturaleza humana normativa, adems de ser una labor infructuosa, no escapara a la tentacin de lo ideolgico. El humanismo es tico en la medida en que incide sobre el hombre real y concreto para lograr una coherencia de lo humano en cada situacin histrica. La segunda anotacin se refiere al trmino y al concepto de humanismo. Somos conscientes de las crticas que se hacen al humanismo en cuanto ideologa (13): vinculacin a la filosofa existencialista, referencia a una concepcin abstracta e idealista del hombre, marcado tono intimista, etc. Estas crticas son reales cuando se aplican a una determinada forma de entender el humanismo. Sin embargo, se puede hablar crtica y coherentemente de humanismo cuando por tal expresin se entiende la concepcin sobre el sentido global y ltimo de lo humano (14). Al decir que la Etica de la persona tiene por meta la formulacin y la construccin de un humanismo tico, entendemos esta expresin desde la purificacin a que ha sido sometida por las crticas antes aludidas. De este modo creemos conectar con el nuevo humanismo de que habla el Concilio Vaticano II. Al describir la situacin en que se encuentra la cultura en el mundo actual, constata el Concilio que el hombre moderno se vuelve cada vez ms consciente de ser l mismo el artfice y el promotor de la cultura. En el mundo entero progresa cada vez ms, junto al sentido de la autonoma, el de la responsabilidad... Somos testigos del nacimiento de un nuevo humanismo; el(13) Ver la o. c. en la nota 8. (14) Cfr. MARTIN VELASCO, o. ., 197.</p> <p>(8) Ver un lcido resumen de estas orientaciones en: A. FIERRO, El evangelio beligerante (Estella, 1975), 106-111. (9) Ver las finas anotaciones crticas de J. MARTIN VELASCO, El encuentro con Dios. Una interpretacin personalista de la religin (Madrid, 1976), 195-203. (10) FIERRO, o.c.,110. (11) Gaudium et Spes, n. 12. (12) DIELS, Protgoras, B.</p> <p>12</p> <p>MORAL DE ACTITUDES II. ETICA DE LA PERSONA</p> <p>INTRODUCCIN: HACIA UN HUMANISMO ETICO</p> <p>13</p> <p>hombre se define, ante todo, por la responsabilidad que asume ante sus hermanos y ante la historia (15). En cada forma de humanismo se encuentra implicada una cierta comprensin del hombre, expresable en una definicin. La historia nos ha legado mltiples definiciones del hombre, de acuerdo con otros tantos humanismos diferentes. Aristteles habla del hombre como animal poltico (en referencia a la situacin libre del ciudadano en la ciudad griega); el cristiano de la Edad Media define al hombre por el deseo natural de ver a Dios; Descartes lo define como ser pensante (teniendo en cuenta la aparicin de la razn); para Pascal, el hombre es una caa, lo ms dbil de la naturaleza, pero es una caa que piensa... Aun cuando el universo lo aplastara, el hombre seguira siendo ms noble que aquello que lo matase, porque l sabe que muere; el humanismo del siglo XIX es un humanismo de la libertad y de la liberacin (revolucin francesa y revolucin marxista). Cuando ahora definimos al hombre por su responsabilidad, hace su aparicin otro tipo de humanismo. Lo podemos llamar humanismo de responsabilidad o humanismo tico. En efecto, sentirse responsable respecto a sus hermanos y hacia la historia quiere decir darse cuenta de que lo que constituye la verdadera grandeza del hombre es la razn tica, mucho ms que la razn especulativa o la razn operante. La razn tica o, si se prefiere, la dimensin tica de la existencia, es el poder que el hombre posee de decir 'no' a su voluntad de poder y de placer, para abrirse a la llamada que viene hacia l desde la mirada del otro. Por ms que mi prjimo no sea sino mi igual, en el cumplimiento de la justicia social y en el servicio del amor, yo me someto a l y puedo llegar a dar mi vida por l, como si fuera mi superior o mi dueo, como si el Totalmente Otro viniera a mi encuentro a travs de la mirada del otro (16). El humanismo tico se consigue realizando la razn tica de lo humano y, consiguientemente, propugnando una tica humanista, al modo como la propone E. Fromm (17). Dentro de este horizonte de la tica humanista como concrecin del humanismo tico situamos nuestra Etica de la persona.(15) (16) de hoy, (17) Gaudium et Spes, n. 55. A. DONDEYNE, El desarrollo de...</p>

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