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TEATRO CERVANTES DE TáNGER El 12 de diciembre, el Teatro Cervantes de Tánger cumplirá 100 años de vida. Dicho aniversario debería ser conmemorado de una forma grandiosa, en una ciudad atravesada por la cultura y una peculiaridad que la ha caracterizado a lo largo de los siglos. Pero por desgracia, eso no va a suceder. En la España de principios del siglo XX había matrimonios acaudalados, como el compuesto por Manuel Peña y Esperanza Orellana, que dedicaron parte de su fortuna a erigir un teatro y costear espectáculos deficitarios. Encargaron su construcción, en 1911, al arquitecto Diego Giménez y fue inaugurado oficialmente en el año 1913 como bien lo refleja su hermosa cerámica de color amarillo y azul que adorna su frontón. Acaso cansados de asumir pérdidas traspasaron el Cervantes, 15 años después de su inauguración, en 1928, al Estado español.

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TEATRO CERVANTES DE TáNGER

El 12 de diciembre, el Teatro Cervantes de Tánger cumplirá 100 años de vida. Dicho aniversario debería ser conmemorado de una forma grandiosa, en una ciudad atravesada por la cultura y una peculiaridad que la ha caracterizado a lo largo de los siglos. Pero por desgracia, eso no va a suceder. 

En la España de principios del siglo XX había matrimonios acaudalados, como el compuesto por Manuel Peña y Esperanza Orellana, que dedicaron parte de su fortuna a erigir un teatro y costear espectáculos deficitarios. Encargaron su construcción, en 1911, al arquitecto Diego Giménez y fue inaugurado oficialmente en el año 1913 como bien lo refleja su hermosa cerámica de color amarillo y azul que adorna su frontón. Acaso cansados de asumir pérdidas traspasaron el Cervantes, 15 años después de su inauguración, en 1928, al Estado español.

Durante las primeras décadas de su historia pasó por allí lo más granado de los actores de teatro, de los cantantes de ópera e incluso deportistas de lucha libre. Al escenario del Cervantes se subieron en sus primeros tiempos el tenor Enrico Caruso, el barítono Tito Ruffo o la soprano Adelina Patti, y, más tarde, Estrellita Castro, Carmen Sevilla, Imperio Argentina, Antonio Machín, Manolo Caracol, Juanita Reina etcétera. Los cantantes se alternaban con actores como María Guerrero y Margarita Xirgu y conferenciantes como Benito Pérez Galdós o José María Pemán. Su público eran los 27.000 españoles que llegaron a residir en la ciudad

A medida que transcurrieron los años desde su inauguración el teatro amplió sus actividades. Sirvió de cine y acabó acogiendo espectáculos de lucha libre con sus consiguientes apuestas. A principios de la década de los sesenta apenas ofrecía ya representaciones. La última función fue, hace ya veinte años, una exposición fotográfica en un teatro que había perdido ya todo su lustre

El Gran Teatro Cervantes,  ha sido abandonado a su suerte, hasta llegar al borde de la ruina. Al franquear la puerta empieza un viaje en el tiempo, en la historia cultural de la ciudad. El halo de luz desemboca en una platea con cientos de butacas desvencijadas cubiertas de polvo. Al fondo, en el escenario, donde ya no alumbra bombilla alguna, se amontonan decorados y sillas sobre un parqué en parte arrancado. Del techo cae un telón sucio que debió de ser rojo en su día.

Si observamos la parte superior del teatro, hay una cúpula en la cual se pueden apreciar claramente el paso de los años, por lo que está descolorida y bastante descuidada. En el resto de las paredes, vemos que están medio pintadas. Desde

que el suelo se rasgó, las vigas sirven como puertas de acceso. Si seguimos adentrándonos en el edificio observamos un pedazo de cartel antiguo el cual sigue colgado en una pared. Una larga cortina roja deteriorada por las polillas

que se desprenden del techo.

Los palcos y los camerinos se recorren también a tientas porque las ventanas selladas con paneles de madera no dejan pasar los rayos del sol, pero en el

vestíbulo, los baños, el despacho de billetes y unas cerámicas que representan a Don Quijote, sí gozan de una tenue luz del día. A través de las gruesas

paredes del edificio apenas traspasan los ruidos de la ciudad bulliciosa de más de 700.000 habitantes. Solo se oyen los pasos sobre el suelo polvoriento. El

deterioro del edificio no es solo culpa del tiempo sino de todos aquellos que, a escondidas o pagando, se llevaron algún recuerdo, un grifo, una cortina, un

azulejo

Hace unas cuantas décadas el Cervantes fue el mayor teatro de África con sus 1.400 butacas y su cúpula que domina el viejo puerto de Tánger. El próximo 11 de diciembre cumplirá un siglo desde su inauguración convertido ahora en una

ruina que se hubiese podido desplomar de no ser porque el Estado español desembolsó hace siete años 300.000 euros para apuntalar parte del edificio y

reforzar el forjado. .  A pesar de todo, es una maravilla, una joya que no podemos dejar a su suerte el Teatro para que vuelva a ser un lugar que

represente el limbo cultural de la ciudad y rescate así los bellos recuerdos del pasado

Ahora, tras varias peripecias, sigue siendo de su propiedad, pero está alquilado al Ayuntamiento de Tánger por un dírham simbólico al mes. Ninguno de los dos dispone de los cinco millones de euros necesarios para rehabilitarlo.

Esta renovación no será la obra de Marruecos y España. Si en la década de  los 90, la restauración del teatro fue diseñado por las autoridades españolas, que fue abandonado antes de que fuera llevado a cabo. Según algunos estudios, la obra costaría aproximadamente unos 5 millones de euros.  Para reformar el teatro antes  debería aprobarse un proyecto viable de mantenimiento basado en un sólido proyecto cultural.

 Muchas asociaciones se han fundado para tratar de salvar el Gran Teatro Cervantes. Entre ellas, la Asociación Al Boughaz (Estrecho, creada por Rachid Taferssiti), que aboga por un desarrollo armonioso, respetuoso con el medio ambiente y el patrimonio, y  la Asociación Sostener lo que cae, cuyo objetivo es recuperar el teatro para uso como un centro de cultura.

A principios del pasado mes de marzo, el Cónsul General de España y el alcalde de Tánger se reunieron para tratar el tema con detenimiento. Sin embargo, de dicha reunión no se hizo ninguna referencia ni ninguna declaración por parte de ambas partes. Este ambiente de total misterio, hace que se desconozca el destino del Teatro y si realmente viviremos muy pronto el renacimiento del “Gran Teatro Cervantes”.

Por otra parte, destacar que los amigos del Gran Teatro Cervantes de Tánger están organizando varias actividades como es la presentación del libro UN ESCENARIO EN RUINA una obra de creación artística y literaria en la que sus autores dejan constancia de la significación que tuvo el Gran Teatro Cervantes en la época internacional de Tánger, y de su posterior estado de abandono, al mismo tiempo que hacen un llamamiento generalizado cuyo objetivo es que se habiliten los medios para que un emblema de la cultura de Tánger, el Teatro Cervantes, sea  recuperado.