Steel Danielle - Zoya

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  • Zoya Danielle Steel

    Zoya

    Danielle Steel

    Traduccin

    de

    Mara Antonia Menini

  • Zoya Danielle Steel

    Queridsimo Maxx:

    Nunca seas demasiado joven ni demasiado viejo,

    s fuerte siempre

    para vivir, amar y buscar

    con amor

    y ternura.

    Que la vida comparta contigo

    sus bendiciones

    y que su carga te sea siempre leve.

    Con el viento a tu espalda

    y el sol en el alma,

    y nuestro amor en tu corazn,

    ahora y por siempre.

    Para ti y para tu padre,

    mi corazn siempre vuestro,

    mi amor y mi vida

    vuestros para siempre.

    D. S.

  • Zoya Danielle Steel

    Zoya

    Recorriendo el mundo en mgicos lugares,

    rostros

    queridos

    susurran

    desde el pasado,

    nubes de recuerdos

    pasan velozmente

    y el nombre

    de la vida

    nunca ms

    el mismo

    que antao

    fue,

    los palacios,

    los recuerdos,

    los sueos,

    el espectro

    de lo que era

    y de todo

    lo que hubiera

    podido ser,

    y lo que ella vio

    en el pasado,

    una vida mgica

    de palacios

    y bailes

    todo derretido

    como la nieve

  • Zoya Danielle Steel

    desvanecido

    como la lluvia,

    la risa,

    la msica,

    la belleza

    el dolor,

    los amigos,

    las sonrisas

    petrificadas,

    los recuerdos

    suaves como el roco

    y el raso

    en su mejilla...

    toda una vida perdida

    para conocer

    de nuevo

    lo que tan pronto

    se fue,

    dulce y querida

    cancin de invierno

    envuelta en el capullo

    del amor,

    vida de fuego

    que ardi

    en un instante

    y que tan pronto

    se disip.

  • Zoya Danielle Steel

    SAN PETERSBURGO

  • Zoya Danielle Steel

    1

    Zoya cerr de nuevo los ojos mientras la troika se deslizaba velozmente sobre el hielo. La suave bruma de la nieve depositaba hmedos besos en sus mejillas y converta sus pestaas en encaje mientras los cascabeles de los caballos le sonaban a msica. Eran los sonidos que ella amaba desde su infancia. A los diecisiete aos ya se consideraba mayor y, de hecho, era casi una mujer, pero an se senta una nia cuando Fiodor fustigaba a los relucientes caballos negros cada vez ms rpidos a travs de la nieve. Cuando volvi a abrir los ojos, divis la aldea cercana a Tsarskoe Selo. Y cuando un poco ms lejos vio los dos palacios gemelos, sonri para sus adentros y apart el borde de un grueso guante forrado de piel para comprobar cunto haban tardado. Prometi a su madre estar de regreso a la hora de la cena, y cumplira su promesa siempre y cuando no se entretuviera demasiado hablando, pero cmo evitarlo si Mara era su mejor amiga, casi una hermana?

    El anciano Fiodor se volvi y la mir con una sonrisa. Ella ri emocionada. Haba sido un da perfecto. Las clases de ballet le encantaban, e incluso ahora an tena las zapatillas a su lado en el asiento. El baile era su mayor aficin desde pequea, y a veces, en secreto, le haba confesado a Mara que le hubiera gustado huir al Marynsky para ensayar all da y noche con los dems bailarines. La sola idea la hizo sonrer. Era un sueo que no poda expresar en voz alta porque en su mundo nadie poda convertirse en bailarn profesional. Pero ella estaba capacitada para el baile, y lo saba desde los cinco aos. Sus clases con madame Nastova le deparaban el placer de estudiar lo que ms le gustaba. Trabajaba a fondo durante las horas que pasaba all, soando con que un da el gran maestro de baile Fokine descubrira su talento. Mientras la troika atravesaba rpidamente la aldea, sus pensamientos abandonaron el ballet y se centraron de nuevo en su prima Mara, su amiga del alma. Su padre Konstantin era primo lejano del zar, y su madre, como la de Mara, era alemana. Ambas tenan todo en comn: las aficiones, los secretos, los sueos y el ambiente. En su infancia compartieron los mismos terrores y las mismas alegras, y ahora ella necesitaba verla, incumpliendo la promesa que hiciera a su madre. En realidad, le pareca una estupidez. Por qu no poda verla? Mara estaba completamente sana y ella no pensaba entrar en la habitacin de los enfermos. Mara le haba enviado una nota la vspera, contndole que se aburra de muerte entre tantos enfermos. Adems, la cosa no era grave, simplemente el sarampin.

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    Los campesinos se apartaron del camino al paso de la troika mientras Fiodor azuzaba a gritos a los tres caballos negros. Haba trabajado desde nio para el abuelo de Zoya y su padre ya estaba al servicio de la familia. Solo por ella se hubiera arriesgado a provocar las iras de su amo y el silencioso reproche de su ama. Sin embargo, Zoya prometi no decrselo a nadie y adems ya la haba acompaado all numerosas veces. La joven visitaba a sus primos casi a diario. Qu mal poda haber en ello ahora, aunque el pequeo y frgil zarevich y sus hermanas mayores tuvieran el sarampin? Todo el mundo saba que Alexis era un nio enfermizo. Mademoiselle Zoya, en cambio, era una joven encantadora, fuerte y sana como un roble. Era la nia ms preciosa que jams haba visto Fiodor, y su mujer Ludmilla se hizo cargo de ella desde pequea. Ludmilla haba muerto de tifus haca un ao y l lo sinti muchsimo, sobre todo porque no tenan hijos. Su nica familia era la de sus amos.

    La guardia de cosacos los detuvo a la entrada y Fiodor refren bruscamente a los fogosos caballos. La nieve caa ahora con ms fuerza y dos guardias a caballo, uniformados de verde y con altos gorros de piel, se acercaron en actitud amenazante hasta que reconocieron quin era. Zoya resultaba una figura familiar en Tsarskoe Selo. Los guardias saludaron marcialmente mientras Fiodor fustigaba de nuevo a los caballos y la troika pasaba rpidamente por delante de la capilla Fedorovsky, rumbo al palacio de Alejandro. De entre sus muchas residencias imperiales, esa era la preferida de la zarina. Raras veces utilizaban el Palacio de Invierno de San Petersburgo como no fuera para bailes de gala o recepciones de Estado. Todos los aos, en mayo, se trasladaban a su villa de la finca de Peterhof y, tras pasar el verano en su yate Estrella Polar y en la localidad polaca de Spala, en septiembre iban siempre al palacio de Livadia. A menudo Zoya los acompaaba y permaneca con ellos hasta que se reanudaban las clases en el Instituto Smolny. Pero el palacio de Alejandro era tambin su preferido. Estaba enamorada del famoso tocador malva de la zarina y pidi que su propia habitacin en casa fuera decorada con los mismos tonos opalinos que la de ta Alix. A su madre le hizo gracia aquel capricho y, haca un ao, decidi complacerla. Mara le tomaba el pelo cada vez que la visitaba, dicindole que su habitacin le recordaba demasiado a la de su madre.

    Fiodor salt de su asiento mientras dos jvenes sujetaban los caballos y bajo la fuerte nevada le tendi cuidadosamente la mano a Zoya. El grueso abrigo de piel de la muchacha estaba cubierto de copos de nieve, y sus mejillas aparecan arreboladas a causa del fro y las dos horas de trayecto desde San Petersburgo. Solo tendra tiempo de tomar el t con su amiga, pens Zoya, cruzando la impresionante entrada del palacio de Alejandro. Fiodor regres a toda prisa junto a los caballos. Tena amigos en las caballerizas y mientras esperaba a su ama siempre

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    disfrutaba contndoles las ltimas noticias de la ciudad.

    Dos doncellas tomaron su abrigo y Zoya se quit despacio el sombrero de martas, dejando al descubierto una preciosa mata de cabello que a menudo asombraba a la gente cuando lo llevaba suelto, como sola hacer en Livadia durante el verano. El zarevich Alexis le gastaba bromas a propsito de su melena pelirroja y cuando ella lo abrazaba se la acariciaba suavemente con sus manos delicadas. Para Alexis, Zoya era casi una hermana, pues haba nacido dos semanas antes que Mara, y ambas tenan un carcter similar y lo mimaban constantemente, como el resto de sus hermanas. Para ellas, su madre y los parientes ms prximos, el zarevich era casi siempre el nio, incluso ahora que tena doce aos. Zoya pregunt por l con la cara muy seria.

    El pobrecillo est cubierto de manchas y tose mucho contest la mayor de las doncellas sacudiendo la cabeza. Monsieur Gilliard ha pasado todo el da con l. Su Alteza ha estado ocupada con las nias.

    Olga, Tatiana y Anastasia se haban contagiado de sarampin y en la casa prcticamente haba una epidemia. Por eso la madre de Zoya le haba prohibido ir. Sin embargo, Mara no daba la menor seal de estar enferma y en su nota de la vspera le suplicaba a Zoya que acudiera a visitarla. Ven a verme, mi querida Zoya, si tu madre te da permiso...

    Los ojos verdes de Zoya danzaron mientras se sacuda el cabello y se alisaba el grueso vestido de lana que sustituy al uniforme escolar cuando finaliz la clase de ballet. En ese momento avanz presurosa por el interminable pasillo hasta la conocida puerta que conduca al sobrio dormitorio de Mara y Anastasia en el piso superior. Pas silenciosamente por delante de la estancia donde siempre trabajaba el prncipe Meshchersky, el ayudante de campo del zar, que no la oy ni siquiera cuando subi la escalera calzada con sus pesadas botas. Luego Zoya llam con los nudillos a la puerta del dormitorio y oy una voz conocida.

    S?

    Con su ahusada mano, gir el tirador y su lustrosa melena pelirroja pareci precederla cuando asom la cabeza y vio a su prima y amiga de pie junto a la ventana. Los grandes ojos azules de Mara se iluminaron instantneamente mientras cruzaba la estancia y Zoya extenda los brazos para abrazarla.

    He venido a salvarte, Mashka, cario!

    Gracias a Dios! Pens que morira de aburrimiento. Aqu todos estn enfermos. Incluso la pobre Ana enferm ayer de sarampin. Se encuentra en las estancias contiguas a los aposentos de mi madre, y mam se empea en atenderlos personalmente a todos. Se pasa el da llevndoles sopas y ts, y cuando las mujeres

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    se duermen, acude a la habitacin de al lado para atender a los hombres. Aqu parece que hubiera dos hospitales en vez de uno. Mara tir en broma de su sedoso cabello castao mientras Zoya rea. Al estallar la guerra, el vecino palacio de Catalina se haba convertido en hospital y la zarina trabajaba incansablemente en l, vestida con el uniforme de la Cruz Roja, instando a sus hijas a que hicieran lo mismo, pero, de todas ellas, Mara era la menos proclive a prestar semejantes servicios. No puedo soportarlo! Tema que no vinieras. Mam se enfadar mucho si sabe que te lo he pedido.

    Ambas jvenes cruzaron la estancia tomadas del brazo y se sentaron junto a la chimenea. La habitacin que Mara comparta habitualmente con Anastasia era en extremo sencilla y austera. Al igual que sus hermanas, Mara y Anastasia dorman en vulgares camas de hierro con almidonadas sbanas blancas y disponan de un pequeo escritorio y una pulcra hilera de huevos de Pascua, delicadamente labrados, sobre la repisa de la chimenea. Mara los conservaba ao tras ao por tratarse de regalos de amigas y hermanas. Eran de malaquita y madera, y algunos tenan piedras incrustadas. Los apreciaba tanto como a sus dems pequeos tesoros. Las habitaciones de las nias, tal como se las segua llamando, no mostraban la menor huella del lujo y la opulencia que presidan las de sus padres y el resto del palacio. En una de las dos sillas del dormitorio estaba el exquisito chal bordado y confeccionado para ella por Ana Vyrubova, la querida amiga de su madre. Era la mujer a quien se haba referido Mara al entrar Zoya. Ahora su amistad haba sido recompensada con el sarampin. Ambas muchachas rieron ante la idea y se sintieron superiores por haber escapado a la enfermedad.

    Pero t ests bien? pregunt cariosamente Zoya, cuya figura pareca todava ms menuda, cubierta por el grueso vestido de lana que se haba puesto para no pasar fro durante el largo camino desde San Petersburgo. Era ms baja y ms delicada que Mara, aunque esta fuera generalmente considerada la belleza de la familia. Tena los mismos ojos azules de su padre, cuyo encanto haba heredado, y le gustaban las joyas y los vestidos bonitos mucho ms que a sus hermanas. Esta aficin la comparta con Zoya, y siempre que Mara visitaba a su prima, ambas pasaban horas comentando los preciosos vestidos que haban visto y probndose los sombreros y las joyas de la madre de Zoya.

    Estoy bien, pero mam dice que este domingo no podr ir con ta Olga a la ciudad.

    Era un ritual que le encantaba. Cada domingo su ta, la gran duquesa Olga Alexandrovna, las llevaba a todas a almorzar con su abuela al palacio Anitchkov y despus visitaban a algunos amigos; pero, estando enfermas sus hermanas, los planes se haban frustrado. A Zoya la entristeci la noticia.

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    Me lo tema. Quera ensearte mi nuevo vestido. Me lo trajo la abuela desde Pars. Eugenia Petrovna Ossupov, la abuela de Zoya, era una mujer extraordinaria. Menuda y elegante, con unos ojos que ardan como fuego esmeralda a sus ochenta y un aos. Toda la gente deca que Zoya era su vivo retrato. La madre de Zoya, en cambio, era una lnguida y elegante belleza de plido cabello rubio y melanclicos ojos azules, la clase de mujer que inspira sentimientos protectores a los hombres, y cuyo marido siempre se haba encargado de protegerla y la trataba como a una chiquilla delicada, contrariamente a lo que haca con su turbulenta hija. Es un vestido precioso de raso color rosa todo bordado de perlas. Estaba deseando que lo vieras!

    Hablaban de sus vestidos como los nios de sus ositos de felpa.

    Cunto me gustara verlo! exclam Mara, batiendo palmas de contento. La semana prxima ya estarn todos curados y entonces iremos, te lo prometo. Entretanto, te pintar un cuadro para esa habitacin malva tan cursi que tienes.

    No te atrevas a criticar mi habitacin! Es casi tan elegante como la de tu madre!

    Ambas muchachas se echaron a rer, y en aquel momento, Joy, la perra cocker spaniel de las hijas del zar, entr en la estancia y empez a brincar alegremente alrededor de Zoya mientras esta se calentaba las manos junto a la chimenea y le hablaba a Mara de sus compaeras del Smolny. A Mara le encantaban sus relatos porque se pasaba la vida encerrada con su hermano y sus hermanas al cuidado del tutor Pierre Gilliard y de mister Gibbes, el profesor de ingls.

    Por lo m...