SERNA PONS

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<p> Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=28100403 Red de Revistas Cientficas de Amrica Latina, el Caribe, Espaa y PortugalSistema de Informacin CientficaJusto Serna, Anaclet PonsEn su lugar. Una reflexin sobre la historia local y el microanlisisContribuciones desde Coatepec, nm. 4, enero-junio, 2003, p. 0,Universidad Autnoma del Estado de MxicoMxico Cmo citar?Fascculo completoMs informacin del artculoPgina de la revistaContribuciones desde Coatepec,ISSN (Versin impresa): 1870-0365concoatepec@uaemex.mxUniversidad Autnoma del Estado de MxicoMxicowww.redalyc.orgProyecto acadmico sin fines de lucro, desarrollado bajo la iniciativa de acceso abiertoNMERO 4, ENERO-JUNIO DE 2003EN SU LUGAR. UNA REFLEXIN SOBRE LA HISTORIA LOCAL Y EL MICROANLISIS 35El caso general, ese caso que sirve de medida a las formasy reglas jurdicas, y de base sobre la que se han escrito los libros,no existe en absoluto, por el mismo hecho de que toda causa,por ejemplo, todo crimen, en cuanto ocurre, se convierte en un casopor completo particular, a veces, en nada parecido a los anterioresFedor Dostoievski1. En este texto nos proponemos reflexionar sobre el concepto y la prcticade historia local, abordando en particular algunas de las implicaciones quese derivan de su uso. Para ello, no encontramos mejor punto de partida queel de mostrarnos levemente escpticos, poniendo en discusin creencias compar-tidas, dudando de su evidencia incontrovertible. Y no porque nuestro objetivo seaiconoclasta, no porque nuestra meta sea desecharlas, sino para satisfacer de ver-dad un requisito deontolgico: ser conscientes de los conceptos que utilizamos.De ese modo, podremos observar de principio a fin de qu manera aceptamos yempleamos las categoras y las nociones de que nos servimos.En su lugar. Por qu una reflexin historiogrfica lleva por ttulo un enun-ciado as? En primer trmino, porque tratamos de explicar los objetos de conoci-miento en su lugar, en el contexto local del que proceden los datos con que seconstruyeron. En segundo trmino, porque tratamos de evitar una racionalidadretrospectivaqueviolenteanuestrosantepasadosindefensos,quelosahorme.Para ello, pues, e invocando la empata, intentamos ponernos en su lugar, reco-nociendo la distancia que, ms all de semejanzas inmediatas y engaosas, nossepara irremediablemente, una distancia que nos obliga a aceptarlos como habi-tantesdeunpasextraodelquepocoonadasabemos.Qusignificaesto?Significa que nuestras preocupaciones no son las suyas, que su espacio no es elnuestro, incluso aunque veamos nombres, afinidades y filiaciones que nos identi-En su lugar.Una reflexin sobre lahistoria local y elmicroanlisisJUSTO SERNA Y ANACLET PONSUniversitat de ValenciaJUSTO SERNA Y ANACLET PONSContribuciones desde Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec 36fiquen, y que, por tanto, sus respuestas fueron distintas, investidas por una lgicadiversa. Finalmente, titulamos as estas pginas porque queremos hacer explcitoel acto creador en el que nos involucramos al escribir: el texto histrico y lahistoria local participa de estas caractersticas generales se hace con un pasadodesaparecido; el texto histrico nos da la representacin de un pasado canceladodel que no fuimos protagonistas ni testigos, un pasado del que slo quedan hue-llas siempre escasas y que lo reemplazamos con palabras. Por eso, la escriturahistricatambinestensulugar,enellugardelpasadomismoyqueesontolgicamente irrestituible.Historia local. Tal y como reza el subttulo es esta, en efecto, una reflexinque toma lo local por objeto. Es que lo local confiere alguna particularidad a lainvestigacin histrica? De entrada, ese concepto parece tener un significado obvio,puesto que habitualmente lo identificamos con lo que llamamos nuestro entornoms cercano. Es tan clara esa asociacin? Es aceptable en trminos neutros, enlos trminos del diccionario, porque, en efecto, por local los acadmicos entien-den lo perteneciente al lugar, lo propio y lo cercano, lo relativo a un territorio.Ahora bien, aceptar sin ms ese enunciado supondra desconocer todas las impli-caciones que el concepto puede llegar a tener. Cuando hablamos de nuestro en-torno ms cercano nos hallamos ante un primer elemento de discusin. No haynada en esas palabras que imponga en principio el sentido de lmite. A quin serefiere el trmino nuestro? Es decir, el observador delimita ese entorno a partirde una colectividad con la que se identificara, pero que es variable puesto que laspertenencias no son naturales ni inmediatamente evidentes. Adems, aqul quereconoce una pertenencia sabe que est en vecindad con otras que tambin le sonpropias, aunque no siempre sean coherentes entre s. Ms an, esas filiaciones enlas que nos reconocemos como sujetos histricos no tienen por qu coincidir conaqullas que se perciban en el pasado ni con aqullas otras a las que aluden loshistoriadores. Por otra parte, la idea misma de entorno, que parece imponerse demanera incontrovertible, ha sido definida por Abraham Moles como una realidadde ndole psicolgica, es decir, depende del observador que contempla el mundoexterior y, en ese caso, lo prximo o lo lejano son conceptos variables que, ade-ms, estn sujetos a las condiciones y los medios de la comunicacin. De estemodo, en principio, entorno designa una apropiacin individual de lo que es exte-rior, pero que sea individual no excluye por supuesto que esa apropiacin se pro-duzca a travs de recursos o prtesis que son colectivos. Es decir, las percepcio-nes del mundo son individuales pero estn fundadas en restricciones colectivas.Podemosconcluirqueloquenosrodea,loquenosesprximo,notienefronteras espaciales determinadas. Como nos recordaba Norbert Elias, un espa-cio delimitado es aqul sobre el que hemos aplicado un criterio de orientacinNMERO 4, ENERO-JUNIO DE 2003EN SU LUGAR. UNA REFLEXIN SOBRE LA HISTORIA LOCAL Y EL MICROANLISIS 37que nos permite identificar las cosas cercanas y las cosas alejadas, lo que es pro-pio y lo que es ajeno. O, dicho en los trminos de Moles, un espacio delimitado esel establecimiento de un punto aqu a partir del cual decrece la percepcin delmundo y nuestra implicacin emocional. Este decrecimiento puede ser o no obje-to de interrupcin brusca, de discontinuidad perceptiva. Si no lo es, en ese casosentimos que el espacio se nos aleja hasta volverse inaccesible y remoto, perdien-do as el dominio visual. Pero, ms all de la percepcin de los sentidos, hay otraforma humana de sealar fsica y redundantemente lo cercano y lo lejano, y staes, como apostillaba Moles, la que se produce mediante la interrupcin brusca delas propiedades perceptivas del espacio: es entonces cuando nos tropezamos conuna frontera, pared, muro o separacin fsica que demarca de forma clara y rotun-da lo que est dentro y lo que est fuera.Para evitar el problema principal que la nocin de entorno entraa que elespaciodependadeunapercepcinpsicolgicapodramosacogernosaotrasolucin, la de definirlo a partir de unas fronteras visibles y universales. En esecaso, lo local no estara en funcin slo de la delimitacin perceptiva, sino queadems subrayaramos por redundancia esa discontinuidad gracias a una barreraevidente: las murallas de una ciudad, una cordillera, una simple montaa, un ro,etctera. Por lo comn, podramos convenir en que lo local, como espacio biendelimitado que representa algo propio, caracterstico y distinto, se dara cuandoexistiera una frontera de este tipo. Quiere eso decir que, bajo estas condiciones,est claro cul es el contenido del continente? En general, deberamos admitir almenos que lo exterior define siempre lo interior, que los nativos son conscientesdeloquehaymsallydeloque(creenque)lesdiferencia. Ahorabien,lo1gico es suponer que ni las ciudades amuralladas ni los espacios rurales confi-nados entre montaas estn completamente aislados. La religin, la cultura, lasferias, las fiestas, los caminos e incluso los libros pueden percibirse como formasdecontaminacindeloexteriorenlointerior.DeplorabaLevi-Straussquelacontemporaneidad hubiera vulnerado los rasgos propios de cada cultura hasta elpunto de que ya no pudieran encontrarse tribus vrgenes ni nativos puros. Si elaislacionismo cultural conduce al agostamiento, la comunicacin llevara para-djica y lamentablemente a la homogeneidad. Esta es la conclusin pesimista delantroplogofrancsalevaluarlocontemporneo. Ahorabien,latensinentreaislacionismo y comunicacin no es un hecho reciente ni exclusivo de la socie-dad urbana, sino que lo exterior penetra en lo interior desde fechas remotas y enlasmsvariadascondiciones.Losejemplosposiblesquepodranaducirsesoninnumerables, pero para lo que ahora nos interesa aludiremos a dos muy conoci-dos, ambos referidos a la cultura campesina y que datan del siglo XVI.JUSTO SERNA Y ANACLET PONSContribuciones desde Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec 38Como puso de relieve Mijail Bajtn en su anlisis de la obra de Rabelais, elcarnaval ha sido tradicionalmente una manifestacin festiva a travs de la cual sedifunda una cultura popular extralocal, es decir, que iba ms all de los munici-pios en los que se celebraba. Pues bien, cualquier comunidad ha tenido sus feriasy sus fiestas o sus habitantes han acudido en los das sealados a las celebracio-nes de las localidades ms o menos distantes. Un caso ms extremo es el estudia-do por Carlo Ginzburg. Como se recordar, el molinero Menocchio viva en unapequea comunidad campesina del norte de Italia y, sin embargo, estaba en con-tactoconfuentesculturalesmuydistantes.Unadelasparticularidadesdeestepersonaje, y de otros de sus vecinos, era la de la lectura. Menocchio lea y a travsde esa prctica se pona en relacin con un mundo exterior, tambin extralocal,que contaminaba su forma de percibir la realidad. As pues, tanto si lo local tieneuna frontera espacial como si no tiene ese cierre fsico, la comunicacin, la con-taminacin y la relacin dentro/fuera es permanente.Hay otras fronteras, no propiamente fsicas ni psicolgicas, que nos permi-tan delimitar el espacio local? Aqu tropezamos otra vez con una barrera infran-queable: cuando aludimos a fronteras administrativas, lo local vara en funcinde si lo atribuimos al municipio, a la provincia o a la regin. En este caso, puestoque no hay una sola, ni siquiera la barrera administrativa es un criterio universalque permita designar de comn acuerdo. Por eso mismo, los historiadores pode-mos estar tentados de imponer categoras espaciales contemporneas a nuestrosantepasados indefensos. En ese sentido, es necesario ser conscientes de cmo seelaboraundeterminadoreferenteespacialparaasponerloenrelacinconlapercepcin que de ese mismo espacio tenan aqullos que son objeto de nuestroestudio. Eso quiere decir, entre otras cosas, que hay y hubo fronteras en conflicto,barreras que se superponen con significados distintos, lmites que hacen inevita-blemente ambigua la nocin de lo local cuando la hacemos depender precisamen-te de la frontera. Hay, pues, confines que son evidentes para nosotros y que hansido creados por la Administracin o por la fuente de que disponemos pero queno lo eran tanto en el pasado. As, para un campesino espaol de mediados delsiglo XIX quiz el concepto de propiedad privada, aplicado por ejemplo a los bienescomunales y los usos a ellos asociados, impusiera unos lmites mucho ms poderososy violentos que los que podra implicar cualquier decisin administrativa.Por tanto, lo local es una categora flexible que puede hacer referencia a unbarrio, una ciudad, una comunidad, una comarca, etctera, categora en la que loimportante al menos para nosotros es la conciencia de su artificialidad. Peroel concepto se aplica aqu no slo a un espacio fsico, sino a una investigacinespecficaalaquellamamoshistorialocal,comoseexpresaenelsubttulo,ysta, segn las cautelas comunes que habitualmente se invocan, deber evitar loNMERO 4, ENERO-JUNIO DE 2003EN SU LUGAR. UNA REFLEXIN SOBRE LA HISTORIA LOCAL Y EL MICROANLISIS 39anecdtico para as ser reflejo de procesos ms amplios, los propios de la historiageneral. Por qu estas advertencias? Entre los historiadores profesionales existeunarelacinambivalenteconlasinvestigacionesdehistorialocal.Estoesasporque,porunlado,nosremontaranalaprehistoriadelpropiooficio,aquelmomento en el que su cultivo reflejaba un excesivo apego por la ancdota, por lopintoresco, por lo perifrico o por lo erudito. Justamente por eso, tales cautelasnos advierten del error en que podramos incurrir, el del localismo. Ahora bien,hacer depender la historia local de la historia general como si aqulla fuera, enefecto, un reflejo de sta no es un error menos grave que el anterior. El primerpeligro es subrayado habitualmente, pero el segundo suele pasar inadvertido.Por qu evitar el primer riesgo? Porque el localismo convierte los objetosen incomparables y los hace exclusivamente interesantes para los nativos. Frentea esto, deberamos concebir la historia local como aquella investigacin que inte-resara a quien, de entrada, no siente atraccin ni inters algunos por el espaciolocal que delimita el objeto. Esta es, por otra parte, una leccin que hemos apren-dido de los antroplogos, puesto que ellos han debido tomar consciencia de queel objeto reducido que tratan debe ser estudiado de tal modo que pueda ser enten-dido por (y comparado con) otros. Clifford Geertz deca, por ejemplo, en Conoci-miento local que la antropologa es un ejercicio de traduccin; mejor an, aadi-ramossiguiendoaOctavioPaz,laculturaylacomunicacinsonsobretodoejercicios de transposicin, de traslado de un objeto a diferentes lenguajes. Puesbien, el historiador local debe adoptar un lenguaje y una perspectiva tales que latransposicindelobjetoimpliqueunaverdaderatraduccin,unasalidadeeselenguaje de los nativos que slo ellos entienden y que slo a ellos interesa. Poreso, siguiendo una vez ms a los antroplogos, la meta no ha de ser slo analizarla localidad, sino estudiar sobre todo determinados problemas en la localidad.Ahora bien, estudiar en no es sin ms confirmar procesos generales. De ahque no aceptemos aquella afirmacin segn la cual lo local es un reflejo de proce-sos ms amplios. Como ya hemos expuesto en El ojo de la aguja, si estudiamoseste o aquel objeto en esta o en aquella comunidad no es porque sea un pleonas-mo, una tautologa o una prueba ms repetida y archisabida de lo que ya se cono-ce, sino porque tiene algo que lo hace irrepetible, que lo hace especfico y quepone en cuestin las evidencias defendidas desde la historia general. Deberemosevitar aquello que, en la Interpretacin de las culturas, Clifford Geertz llamabaJonesville como modelo microscpico de Estados Unidos: no hay un reflejo aescala, local, de un agregado superior, sea ste el Estado o cualquier otra entidad.Si nos interesa Jonesville es porque hay algo en esa poblacin que la hace pecu-liar frente a lo que sabemos de Estados Unidos. Es decir, si estudiamos una co-munidad campesina no es para reiterar localmente lo que cualquier investigacinJUSTO SERNA Y ANACLET PONSContribuciones desde Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec Coatepec 40general ha s...</p>