salud a la esponja textos y pre-textos aleatorios

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SALUD A LA ESPONJA - NO. 4 2008 - PROYECTO DE CREACIÓN LITERARIA pre-textos aleatorios textos y

Author: tuga-astudillo

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Poesía, Cuento, Fotografía, Diseño e Ilustración. Cuenca-Ecuador.

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  • SALUD A LA ESPONJA - NO. 4 2008 - PROYECTO DE CREACIN LITERARIA

    pre-textos aleatoriostextos y

  • 31.

    una palabra cruza el espacio -la asimos-: palabra cada, compartida, creda. (p)re-sentida; palabra que se rompe distrae camina germina termina. palabra que resulta tantas. reflejo que se va. con su parcela de distancia va...

    2.

    cada cual consigo, silencio bien ganado.

    cada cual consigo y en lo dicho su nombre, asumido.

    3.

    ...la Esponja es un espacio en blanco, y se sostiene en l su fuerza.

    si alguien encuentra otra semilla, si quiere compartirla

    Juan Carlos Astudillo S.

  • 4 Juan Pablo Ordez / El murcielago doble (Quinto ro)

  • 5Sebastin Lazo / 1982

    *Apresuro estos das, lluvia y ciudad.Siento en el aire un empujn de la viday aquel que mi pecho martilladespierta con ansias de fuego.

    Qu nuevo calor mis venas perciben?Trae la maana entre su solmieles de alquimia,las vierte sobre el extrao metal que desgarra mis ganas.

    Gritos de jbilo han ocupadomi vacante silencio.A empacar empiezan los huspedes del olvido,despojados de hurtadas habitaciones.

  • 6

    *Distraigo mi alma al vientoy al extinguir el cuerpome derramo en profundas

    voces.

    En tanto verde,abro con vistael apetito voraz de existencia.

    Y entre el andar de verbos y hormigasnatales dialectosnarran mi cuento.

    *El normal transcursoviene como ro.Las nuevas embajadas ya no esperan por la escasez.Todos con derecho a nada.No por pesimismo(aunque a veces s),sin permiso me detengoy siento en mi espalda el caudal que empuja.

    Yo nado sin pensar o flotosabindome en peligro/observo la espuma.

    Dnde lo clido,dnde las ganas del desesperadoencuentro del hombre y la luz.

    Marchitan las terribles alegras.

    Sin embargo nuevamente semilla que viaja en el caudal.Exploto de viday mis races lanzo, inicio marcha. Crezco.

  • 7*Tu misterio hace de m un aprendiz de misterioe intento descifrar con todas mis aves tu vuelo.

    *A Feliu

    Entero la vida contigoan semilla.Luz que germina.

    Antes apenas con laberintos envolva mapas y entre parntesis (mi risa)as respirar, latir.

    En un abrir de solde pronto vital t en mi tiempo.

    Pequeos, azules, tus pies.Paz entre mis brazostu sueo.

  • 8

    *Se espira el pensamientoalcanza al brillocontina el crculose extiendealcanza mi espaciome hundo en l ahogo pobrezahasta alcanzar mi espacioque se extiende,contina el crculo,alcanza al brillo.

    Se espira el pensamiento.

    *Se avecinan rayos de luza aclarar el da salta en la pupila tu brillo y adentro la esperanzamotor de delirio.

    Debo visitar tu encuentroderrotar escombrosencontrarte al finadornada de luz

    de tu mano mi alegra.

  • 9*Vistame a menudopara que en vano no sean las tardesen las que voy del silln

    al ro.

    Con fuerza abro mis ojospara no perdertesi pasas con furia

    y sin mirar.

    Y voy del ro al invierno;Y entonces sque el caudal explotay t /tu/lluvia de silencio,

    tiembla de llanto mis letras.

    *Porque siempre te vas debo inventarte,as tus templos y paisajes;que tu voz alcance y cuente / tu lluvia, visite y riegue.

    Naces entonces, fuera de ten mi otoo inventada.

  • 10

    Juan Antonio Serrano / el infierno es una parrilla llena de minotauros

  • 11

    Juan Fernando Auquilla / 1973

    2Y el poeta sigue enviando a todos su currculova e-maildesde cuando le sali el primer diente de lechehasta cuando contrajo diarrea lrica,muy celebrada por sus seguidores,y con eso gan no s cuntos concursosque le sirven de cartas de presentacin.

    5Al inicio tambin existieron muchas interrogantescomo por ejemploquin comprar el pan maana?Ella y l decidieronque es mejor comprarlo por las nochesy responder a preguntas ms importantes:Qu significa eso de andar desnudos?

  • 12

    6Que se pateen a los mercaderesque se coman, o se traguen las alas plateadas de los angelitossus mismos descubridoresque se pinten con lpiz labial graffitisen los muros de la in-culturasoles negros, lgrimas azulesque se escriban poemas urbanosun poema hecho mendigo, amante, cariciapoemas escritos en las frentes en las gargantasde los vendedores callejerosvoces, voces, voces pintadas con sonidos irreconociblesvoces: por todos, para todos, de todos...

    7mi cabeza no conoce otro rumboL. Restrepo

    Esta ciudad pesame enfrascaes un ir y venir de anonimatos y soledadesa propsitopero, feliz, yo me encuentrocon lo que creo que soy.

    10Tiene esta ciudad mucho de lluviacae en gotas seguidas como lneas oblicuasInsalvables, condenadas a golpearse contra algo, desaparece entre las cloacas, luego se evapora...para caer de nuevo sobre otros cuerpos.

  • 13

    12A Paco por tu amistad tan grande.

    La ciudadcrece hacia todos ladosse extiende, vivese dividetiene miles de ojos,cientos de extremidades,cuatro cabezas,una noche eterna...ah estn sus habitantesintentando levantar una torre hacia el cielode pronto no se entienden los ladrillos rebotan sobre sus cuerpos.Se forman nuevas ciudades.

    13A Chichi Estas aceras rodas por el tiempoconocen de idas y regresosde colores blandos, de plegarias y de ruegos,de manos extendidas, escupitajos y limosnas,de trajes limpios y besos al aire estas aceras tienenojos, manos, lenguael problema es que a nadie ha revelado cmo entender sus mensajes.

  • 14

    Ana Vela / nia ventana

  • 15

    Pedro Lpez / 1979

    Daddy

    Acaso eres el culpable por las quinceaerasque no desflor,o por la cortesana que sostuvo mis lasciviasQu eres?, qu fuiste?,la esperma que invadi las profundidades de mi autora,la sombra que nunca se interpusoentre el sol y mis diplomasDnde andan tus pasos?,llevan tu apellido los retoos que no veopero que algo de m tendrn tampoco?

    Naufrago: son ya demasiado pesadas las olasque esta tempestad augura a mis letrinas;lejos de t sobrevivo enfermo,desheredado, bastardo,haciendo lo que un taxi debera hacer por mis rodillas,cantando por la usura de un aplauso de belleza,temeroso de victorias que alumbren estos remiendosde parientes y gusanos.

    Cuanto antes debera comer pan con sudoro bien un nido de pastillas que silencien estas voces;a propsito: cmo se enteraran mis mecenasdel ltimo suspiro de mi espera?,

    cmo se llenara el espacio neorrealista en sus hazaas?,podran volver a mirarse a los ojoscuando a un brindis incomode una silla sin mi sombra?

    Mudarme de vereda sera acaso placentero,mas no puedo ni tampoco lograr cheques.An lloro, an quemo, an roen medio de la urgencia de una musaque no rompa el cristal de los ojosdel chofer que la lleva en mis delirios;y sin saber sigo cantando,casi a punto de escupirle a las imprentas,de acabar con mi peinado y mis perezas,y a su vez aferrndome a la almohadaque tanto me ha curado de las fiebresque lloraban cuando el mundo me dola con horarios.

    Y a todo esto, mi madre,futura, ausente, mimosa.

  • 16

    Fantasmas en tus ojos

    Me han dicho que no querasrodearme con laureles,que disfrutaste de los cardosque araaron mi frentela tarde en que tus excesosno requirieron de mis dones.

    Se fue, se march,el dulce espectro que me haca creerque era el dueo de tus enredaderas.Cmo fue que tu balcndesde mis garras?Cmo fue que el mpetuque guiaba tu lengua por mis vicisitudes,de pronto prefiri la mediocridaddel embeleso de los tardos?

    He visto fantasmas en tus ojos,sbanas tristes que un da fueron lecho,lgrimas indecisas que esparcen desesperanzaen el mar de los naufragios,donde yacen tu falda y tu cada,la espuma del champagne que all en tu espaldatomaba proporciones de marea,los besos que jams se atrincherarony vendieron muy cara la derrota,la benevolencia del prfido veranoque procur que nuestra ropadeshabite los recatos.

    Testimonio de un peatn que odiaba los relojes

    Cuando a la calle doy mis pasos,las risas ms esbeltasme envuelven en sus dientespropensos a los ltimos peinados;no faltan tampoco los seoresque ostentan el fulgor de sus costumbres,y los parques que son extractosde la jungla en la que un dafuimos dueos de las sombras.Las damas se santiguanfrente a los mendigosque rezan an sabiendoque Dios cree en el ayuno,tambin hay colibres y murcilagos,e incluso algn travestiprocurndose un abrazo.Los taxis que se saben de memorialas esquinas, los pecados,no dudan en conducir hasta el Infiernoa las almas que expiaron sus promesas,todo esto presenciadopor las impenetrables vitrinasque atesoran pretextospara que las tareas de los desheredadosno sean presa de los infortuniosque apedrean a quien buscaen lo cotidiano los prodigios.

  • 17

    Sollozos rezagados

    Te extraoy la luz que deshabita tus ojoses la sombra que hoy me cuida el paso.No tenerte es volverte a amar,saber que me buscabas en jardinesflanqueados de edificiosque eran crcel y aposento.Cmo es que recin ahoraretumban tus huesos en mis horas?Han pasado sucesos y pecadosque vistieron mi duelo con perfume,pero recin ahora, despus de la resaca,me acuerdo que no has vuelto, que te fuiste,y eso que yo regu tu sepulturay an tomo pastillas en tu nombreQu noche ms lcida esta nocheque me muestra sin manchas tu cario!No s si mi musa es una golfao si el cielo se gana con anillos,no s si mi barba me protejacuando viejo me quede sin motivos,no s si los libros me secundencuando tenga que ensuciarme las rodillasSlo hay una certeza que es tan fray es que an no te he llorado lo que es mo.

    10 de julio de 2006, madrugada.

  • 18

    Gabriela Bernal / sin ttulo

  • 19

    Mara de los ngeles Martnez/ 1980

    Desnudo sin escalera

    En el desnivel de vida,por no llamar fosoen el que me encuentras.En ese campoen el que t,en el que yodeberamosDebo confesarte que no me confieso,que me equivoqu,que me equivoco;y sin embargohay algo en tus retinasque ha disueltola indisoluble angustia;que me hace algo ascomo buena y alegre.Y aunque no lo sepas: gracias.Quedo a la espera de que me resurjas de las cenizas,

    nuevamente emplumada,nuevamente amada,nuevamente nueva.Y t, mi cobarde,bellsimo hroe,hecho todo de carne deliciosaal despertar, no importa a qu horaal lado de estasediciosa Bruja, que no sabe nada de escobas yque break in tears like a little girl,dejars de ignorartu ignorancia.Pues mi almate ha echadoya el ojo,el hechizo y las garras,y slo espera que caigaseternamente bajo conmigo.

  • 20

    Conquista

    Tan hermosoel delicado descaro.Juego de naipesen solitariodonde hago trampa,jaque matesin harakiri.Re mi risa,inocente culpable;oculta el venenoms alucinanteen miss labiosde barbie fatal.Te dejo y te tejo sin dejarte,con cautelala telaraa de seda,atardeceres,y olas,holas de mareas,listas para emparedarte.La bandera pirata est puesta.

  • 21

    La bandera negra, negra,nunca blanca.No estaba tan oxidada el armacomo para no alcanzartey tenerte sin cuernosen la cabecera de la cama.Juego que juegoal disimulo obvioy al disimulo bien disimulado.Un guio como de polvo de carretera,un rozar la mano,con descuido tan suaveque nunca se confundira con torpeza.En qu ao estamos, querido?1492?O en plena guerra floreada?Eres presa exquisita,plato de nueva cousina,meta de la nica maratn que me interesa.Peligro,alta tensin,te mentir que no tengo prisa:Cuida de no cuidarte las espaldas!

  • 22

    Juan Pablo Ordez / Tecnocumbiera en el parque

  • 23

    Lus Monteros Arregui / 1978

    De las manzanas y sus usos.

    porque a veces la palabra

    slo contiene sus siete letras

    Cuando Dios, segn la leyenda, puso en el Paraso

    ese rbol central del que tanto se ha hablado y vio

    que le crecan manzanas, tom una y la revis con

    meticulosidad antes de decidir si era algo bueno y alegrarse; la palp con sus enormes manos, la percibi con su nariz aguda, la vio desde todos

    los ngulos posibles durante eternos minutos, pestaeando profusamente, sin lograr comprender

    lo que haba creado. Despus de un momento ms de

    contemplacin, la apret entre sus dedos, con toda la ira de Dios, y la fractur en pequeos pedazos

    que saltaron por todas partes. De la manzana quedaron apenas en sus manos un par de semillas, como lgrimas petrificadas. l las mir y decidi

    dejarlas cerca del mismo rbol y no prestarles ms

    atencin.

  • 24

    Y as fue. Y Dios se consagr a tiempo completo a

    escudriar a los hombres y mujeres que, en distintos

    lugares de la Tierra, se atrevan a lucubrar sobre

    las manzanas. Unos las utilizaron para lanzrselas a la cabeza, otros las vendieron o intercambiaron,

    y algunos ms hicieron malabarismos con ellas, rebotndolas contra los muslos y los pies, como si fueran pelotas. Arrancaron sus cortezas o molieron

    su pulpa para elaborar ungentos y menjurjes,

    extrajeron sus semillas para comercializarlas,

    reprodujeron sus colores en camisetas y pinturas

    para pared, usaron su forma como emblemas, se

    aduearon de sus caractersticas, las patentaron y tomaron como pretexto para discordar y hacerse dao.

    En otros sitios, los seres humanos prefirieron

    contemplarlas y buscar ms all de su textura y aroma algo que las definiera y diferenciara, que

    uniera a una con las restantes de su clase y de otras clases, con las peras y los limones, aquel elemento fundamental que hace manzana a una manzana,

    que la liga con las dems y a la vez la distingue

    y hace nica e irrepetible. Las partieron, licuaron

    y cocinaron, las dejaron podrir en los rboles o

    carcomer por los gusanos. Las abandonaron cuando descubrieron que las naranjas eran ms jugosas,

    pero nunca las olvidaron, al igual que su Creador,

    echado en su divn enhebrado en oro, con la mejilla

    A partir de esa misma tarde se dedic a crear otros objetos y seres de las ms variadas apariencias y

    caractersticas que, exhausto de moldear, no quiso descifrar siquiera. As que cuando los entes que

    ms trabajo le costaron hacer asomaron la cara y el

    cuerpo desnudos, les encarg la misin de nominar y estudiar todo lo que l haba puesto en el mundo.

    Entonces, el hombre y la mujer se dedicaron a esa

    labor: bautizaron a los animales, se zambulleron en las aguas, corrieron por praderas y rodaron por quebradas, subieron a arbustos y levantaron

    rocas en busca de los ms extraos especmenes. Luego de das y noches entre penosas pesquisas e interminables listas de nombres, al fin descansaron.

    Y aunque Dios se complaci con el trabajo de Adn

    y Eva, no pudo olvidar aquella rojiza y delicada

    fruta que haba originado a todo, y les pregunt

    cul crean que poda ser su utilidad, pero el uso que ellos le dieron a la manzana no lo satisfizo en lo

    ms mnimo, a tal punto que los oblig a abandonar el Paraso de inmediato.

    Sin embargo, la duda no se alej de su perfecta

    cabeza a pesar de que el mundo se fue poblando,

    con razas y culturas dismiles que se enfrentaban

    y dominaban a travs del tiempo. Esta diversidad,

    pens ojeroso por el insomnio de la incertidumbre,

    ayudara a descubrir de una vez qu era lo que haba

    creado.

  • 25

    apoyada sobre la palma de la mano, observando con

    verdadero asombro cmo los hombres y mujeres del

    mundo que yaca a sus pies les haban encontrado los ms diversos usos y definiciones, desde los ms

    absurdos hasta los ms profundos; les atribuyeron

    propiedades msticas, caractersticas filosficas,

    epistemolgicas y ontolgicas, les dedicaron cantos, pinturas y poemas, les dieron ms explicaciones de las que en verdad tenan; las volvieron objetos de

    culto, smbolos de placer y de prohibicin, las dejaron

    caer para comprobar teoras y leyes, compararon su redondez con la del mundo, con la de una cabeza, unos senos o unos glteos, las culparon del

    infortunio humano, de esa incertidumbre insaciable

    que el mismo Dios sopl sobre sus narices para que buscaran cualquier explicacin lgica o romntica a su ms controversial obra.

    Y al ver tantos y tan variados significados, cientos

    y miles de conceptos, preceptos e ideologas desarrollados alrededor de las manzanas, Dios se regocij infinitamente, se maravill ante una

    creacin tan asombrosa que l, en su magnificencia

    inconmensurable, no haba podido entender.

    Pero su felicidad no dur para siempre, como

    habra querido, ya que mir a su alrededor y se encontr solo, no tuvo con quien compartir su

    alegra, pues se haba alejado tanto de todas sus

    criaturas, empeado en mirarlas durante siglos en

    sus intentos por descifrar esa bendita manzana,

    que ya ni siquiera era de l sino por completo de

    los hombres -y de algunos cerdos, pero se es otro

    cuento- que lament haberla inventado y propiciado

    tanta palabrera sobre ella, el pretexto ideal para que los seres humanos imaginaran indefinidamente

    y terminaran por olvidarse de l; entonces se tuvo

    infinita compasin y record a los pobres Adn y

    Eva, expulsados del Paraso al comienzo de los

    tiempos, que simplemente pensaron que era una manzana colgando de un rbol, la arrancaron y se la comieron con deliciosa voracidad.

  • 26

    Cada libre

    El nico pensamiento que libera al espritues el que lo deja solo,

    seguro de sus lmites y de su fin prximo.

    El mito de Ssifo, Albert Camus

    El viento me golpea con infinitos aguijonazos en

    el rostro, me obliga a cerrar los ojos con lgrimas

    que corren hasta perderse en las sienes. El cuerpo se balancea como si flotara, sin conciencia de los

    cientos de kilmetros que lo van atravesando. Me

    doblo intentando cambiar de posicin pero no tengo control sobre mis movimientos y empiezo a girar

    violentamente en trompos; no logro restablecerme

    y quedo boca abajo otra vez. Siento un brazo que se

    dobla hacia atrs y se disloca sin que pueda hacer nada.

    Apenas consigo distinguir el verde intenso del valle

    que parece tan lejano. Es un tapiz del que sobresa-len manchones de colores, cafs, otros verdes, algo

    gris, un poco de terracota. Figuras irreconocibles.

    El brazo, desgonzado en perpendicular a la espalda, me retuerce del dolor. Intento dar vuelta, pateo al

    aire y muevo la cabeza hacia el torso; de un tirn

    que me estremece vuelvo a quedar boca arriba. Pon-go el brazo lisiado sobre el pecho. Lo sujeto con

    fuerza. El pelo me golpea el rostro, la ropa se tensa.

    Es la velocidad, pienso. A lo lejos, y como un mur-mullo, una avioneta se esconde detrs de las nubes.

    No hay pjaros. No hay nada, solo un vaco en el

    fondo del pecho, el latido presuroso, la respiracin

    acelerada. El sol brilla inalcanzable en el fondo del

    cielo. De repente un suspiro, mantener vacos los

    pulmones, aguantar el aliento. La contemplacin. Por un momento me pierdo en la inmensidad ail, en el resplandor de su cuenca etrea. Olvido la ca-da, la consecuencia, el final. Soy extrao a ese hom-bre que se precipita hacia la llanura. El azul se hace ms intenso, con un halo espectral absorbente. La vista no alcanza para entender la distancia que se

    acorta vertiginosamente, no quiero pensar en nada

    ms que en la bveda que me sustrae por fin de la

    realidad. Cierro los ojos. Estoy volando, el mundo

    ha desaparecido solo con darle la espalda. El tiempo

  • 27

    no existe ms. Abro los ojos. El espacio se expan-de y se concentra en mis pupilas contradas por el fulgor; presiento una noche agujereada, una noche

    que no va a llegar. Me sumo en una imagen difusa

    y dejo de ser.

    Un silbido profundo me vuelve a la realidad: el

    viento; un silbido que se convierte en un gemido

    agudo. Soy yo. Otra vez la conciencia. Estoy gri-tando. Siento el brazo ardiendo en su articulacin; tiemblo y vuelvo a girar en remolinos, caigo en pi-cada, el viento golpea, la desesperacin bombea con

    intensidad, trago aire, la boca se seca, los ojos se

    cierran como si presintieran la explosin de la car-ne contra la llanura. No quiero morir con el rostro contra el piso. El verde se va descomponiendo; los

    rboles toman formas definidas, las rocas muestran

    sus salientes, el aire cambia su sabor, se inunda, se enfra, el temblor aumenta, la palpitacin retumba,

    el vaco, la cercana irreversible

    Pataleo, giro como una marioneta, cambio de po-sicin, otra vez boca arriba, el cielo despejado, la

    inmensidad me atrae, el miedo desaparece, voy a

    morir, pienso, y en un segundo que se hace eterno esbozo una sonrisa mientras espero el golpe; ya no importa cundo llegue, yo sigo mirando al cielo

  • 28

    Reynel Alvarado / Da de muertos

  • 29

    Ana Minga / 1983

    II

    Mentalmente enferma solala sombra de un nio acurrucadome persigue.

    Mi cerebro es un atadest envuelto en una bufandala locura me sostienerespira conmigo.

    V

    a mi padre

    Sigues siendo puntual?

    Sigues comiendo pan en las tardes?

    Qu hiciste con tus pecas?

    Hoy volviste a madrugar?

    Te sigue doliendo el cuerpo?

    Todava te jode el salario?

    Sigues muriendo cuando caminas?

    Qu fue del perro?

    Te gust la limonada del almuerzo?

    Todava esperas la voz de tu hermano?

    Cuntos subterrneos encuentras en ese libro?

    Qu pas con tu memoria?

    Cambiaste de nombre?

    Contesta por favor!

    Qu haces aqu

    con ese foco en el cuello

    alumbrando esta calle?

  • 30

    Sofa Jaramillo / sin ttulo

  • 31

    Juan Antonio Serrano / 1976

    Marcas, marchas.

    I

    Entero,un pedazo completo de m,que lo voy comiendo poco a poco.

    si me pregunta qu merece la pena, le dir que elamor, la amistad, la risa, todo lo bello que he visto,

    las canciones que he odo, los libros que he ledo, unbao de mar, un partido de ftbol, un agua de coco...

    Chico Buarque.

  • 32

    II

    Son las sombras del pasado,los miedos que persiguen el futuro,as nada ms....Una fotografa de una nia en la escuela que levanta las manos,una reunin polticamente correcta,una llamada por telfono a quien sea,un amigo, una amiga, un hermano.

    Interrupciones e ideas que no llevan a ningn lado,o que te llevan a todos lados,ves una imagen tuya en donde res en Cuenca, en la Cruz del Vado, luego te sumerges en el mar de Mompiche, con mil cervezas encima, vas a bailar salsa en un bar de la calle Princesa en Barcelona, un extrao te apunta con un revolver en Brooklyn.

    Momentos nicos en donde la ansiedad y la paz, la risa y la lgrima se funden un solo respiro,

    Es la soledad en medio de gente, es el silencio despus de un grito, es el estado de contemplacin, logrado por un vodka seco.

    Lejos, simplemente lejos...con todo el miedo del mundo,buscando el da amarrado al da,el paso despus del paso,el respiro despus de la idea,la idea despus del respiro...

    ... el paso despus.

    Ahora.

  • 33

    III

    Fin,principio,primavera,otoo.

    Pasos y manossombras y almas,voces,miradas,gritos,sonrisas.

    Caminar,desaparecer, aparecer.Sacrificio en una tarde que naci con una carta,resurreccin en una noche que muri con un gin&tonic.

    IV

    ....Si tan slo nos dejramos deslumbrar por las luces rojas y verdes,respirar el aire gris de la noche oscura,acostarnos en el sof desordenado,sacrificarnos por pensar o sentir vergenzay llegar a la certeza de que al escogernos, perdimos.

  • 34 Jos Antonio Cardoso / sin ttulo

  • 35

    Javier Cevallos / 1976

    Ofelia city

    El horizontE rojo cEniza dE nEwark

    La memoria se desprende del avin en ascenso:dejo atrs las calles, tan conocidas,mientras asciendo a 871 km./h.

    ***

    El mundo encerrado tras una ventanilla: 16A, 3F, 8D, 24C. Escenografas archivadas en la memoria, como en una ficha mnemotcnica. Es posible que la muerte sea algo similar: el mundo emburbujado que corre hacia atrs y se detiene abruptamente. El avin toma impulso, las aleaciones traquetean, presas de un furor inconcebible. Se intuye un motor (omnipotente, omnipresente) consumindolo todo con un ardor gensico, un soplo divino. El aparato se congestiona en un espasmo delirante.

    Yo permanezco sentado, aferrado a las entraas del monstruo en gestacin; me atenazo a l, mientras corre furibundo, en estampida.

    Lo onrico del vuelo: el sexo reprimido que se libera.

    Despus de soltar las amarras, slo resta abandonarse al sopor.

    ***Terminal 12 y adioses en espera:el mundo se asoma a mi ventanilla.

    ***y si el viaje no debiera terminar?esa luz azulada que se prende y se apagatransmite, en un cdigo desconocido,secretos a mi alma.

    ***nadie me espera.

    ***y si todos los puertos fueran embarcaderos,en continua despedida?la vida no se detiene por el pasajero rezagado.

  • 36

    ***Museo del Prado Velsquez, Goya, Picasso Las Meninas Museo del Jamn (un restaurante) Paella vegetariana fro nieve maana Toledo 13 horas en el avin tsunami mata 150.000 personas te amo

    ***Aqu, encerrados como seres posiblessin condena ni salvacin.Irredentos,vagamos por pasillos interminables,entre departures y arrivalsque nunca nos correspondern.

    ***Sobre la fachada de la torre Latinoamericana van construyndose esbeltas columnas de Carrara. El conjunto es armnico: el aluminio y el vidrio se funden furiosamente en el mrmol.Imposibles arcos de medio punto se superponen, a ms de treinta metros, mientras el guerrero guila estremece, con un grito, las bases que se sumergen en los tneles del metro.Del otro lado, se ve brotar el rostro severo de un guerrero jaguar; el conjunto empieza a policromarse: reconozco el trazo de Siqueiros, de Villalpando y el de algn artista mexica, cuyo nombre no ha querido ser descubierto.Alrededor de la antena de televisin van cerrndose la cpula, la linterna y el cupuln. El interior se ornamenta con tezontle - el rojo ptreo que nutre a Tenochtitlan -. En los despachos superiores, los archivos y escritorios de caoba van siendo desplazados por enormes retablos, olorosos a copal; las paredes se cubren de ptreos altares catlicos.El sol se levanta hasta el cnit, el colibr azul vuela alrededor de la inefable cpula, las sombras se proyectan hacia la cima, por escalinatas ceremoniales que se enroscan al rascacielo. Cierta presencia asciende en silencio, entra por una ventana, deja atrs el abismo del ascensor, se asoma a la azotea. Los colibres se desbandan. En el remate de la construccin, una cabeza se agita, se desenrosca y petrifica contra el cielo, azul de incandescencias.El seor Quetzalcatl ha abandonado su largo exilio de Aztln.

    Ciudad de Mxico, dosmilsiete.

  • 37

    ***Los destinos se van borroneando,se deshacen ante los ojos.El mundo se abandona en huellasque el viajero atesora.***Ahora,gota insistente sobre el abrevadero;el instante de cambioen el tablero de salidas.Hemos arribado con minutos de tardanza,siempre lo hicimos.

    ***Si se pudiese descifrar el secreto poemaque se codifica en el brillo del agua,la nostalgia que se abruma sobre la colinamientras se sumerge en el mar.

    En las olas que se desploman sobre la playa.

    Hallo, en su fugacidad,ms sentido que en la vida.Qu hacemos sino ir de un lugar a otro?Llegar y deshacernos en espuma.

    Presencias que se van, con la lluvia,por los ros del olvido.Cuento los guijarros, uno a uno.La memoria se decanta en chispazos de agua.Retazos ptreos.Instantes consignados.

    El lenguaje hermtico de los coloresque el otoo escribe.

    Si se observase la mano silenciosa,el lugar morira de obviedad.

    Seattle, dosmilcinco.

  • 38

    Toms Carpio / sin ttulo

  • 39

    Juan Carlos Astudillo S. / 1979

    libertaria

    me llevo un fsforo junto al sacoy un trozo de papel:

    siempre llueve en la montaa!

    me llevo un secreto y una pluma, oscura,de un peso extrao y cobarde.

    todas las aves vuelan al revs!

  • 40

    USB failed.

    para re-co(no)cerme sombra un hilo en lluvia, boca ciega haciael rincnquedesfigura lo real.

    para amar-me el mundoestar ah

    para conocer-nos el deseo.

    en trans-formarlo, un sueo: la cadencia.

    en d-escribirlo un ritmo

    la cadencia es el tiempo que demoramos un jadeo.

  • 41

    quin te ensuea,

    amor

    tu voz es clara, dilucin de espejos: tu voz canta, encanta, atrapa

    cuando vuelvas a ser otra, distante, podrs enamorarte de aquella a quien

    amamos los

    dems

  • 42

    sobre las palabras que se crecen en mi valle.

    cosmopolita un ave, una vela. la puerta encendida- los lugares tienen un olor especial, que los define.

    cosmopolita el agua fra, el verso- no hay tiempo sin ser: esperausencia.

    cosmopolita el sueo, versiones de viento en costumbre o catedral- para rezar de rodillas lo ms importante es, claro, la repeticin consonante.

    cosmopolita el ardor, el cemento, el transparentar la cicatriz en vilo- los colores se visten diferente de acuerdo al momento del da: en

    la tarde, el resplandor es un ave. en la maana una nodriza.cosmopolita el da que se lleva las palabras-

    en conciencia se pesa por urgencia: se la toma de la oreja, se la hace trastabillar, la secas, la mojas, te cuelgas en ella.

    cosmopolita, en realidad, esa pausa que anega lo eterno.

  • 43

    El tiempo, Todo, es una explosin de espejos!

    un dilogo inaugura el mundo, su silencio lo confirma. -pasado por todos para todos.

    un da de ms podra sostener tu risa lo sabas? -color de sndalo, aroma y ptalo bajo el soporte lquido y color

    una voz, inerme, la muda prohibicin en soledad.

    -unos lpices, un papel.

    micro-puente.

    para insistir un dilogo hacen falta dos: uno que mire atento el fluir fuera y otro, que encierre en un puo la verdad que tienta.

  • 44

    Juan Carlos Astudillo S. / calladito

  • 45

    Luis Felipe Aguilar / 1977

    Disciplina

    A Nacho Retrueba, que me dio la idea para este cuento.

    La sangre que se esparci en el suelo regresa al cuerpo recostado sobre su flanco derecho al tiempo que una

    leve neblina de humo queda en el aire; el hombre parece incorporarse de su cada, regresa a estar de pie, la espalda va de atrs hacia adelante mientras el golpe en el pecho desanda y el humo se espesa, casi ocultando que a la altura del corazn un proyectil sale . Ahora el humo es peor, casi lo cubre todo, sin embargo, es posible constatar que la cara del hombre pasa del absoluto miedo a la mayor incertidumbre, en menos de un segundo la bala retrocede su trayectoria hasta reingresar al can, enseguida todo el humo retorna tambin al tambor, el dedo suelta el gatillo y el percutor, con un clic, vuelve a alzarse y reposa casi instantneamente. La mano guarda el arma en el costado izquierdo, los ojos llenos de ira se calman al tiempo que la mano vuelve al lado de la cintura. Los dos hombres estn frente a frente. Nacho Retrueba dice con soberbia:

    - yo en un cuento tuyo?

    l no lo sabe pero est apunto de morir.

  • 46

    BLOOMSDAY

    -Motivo de viaje?

    Emilio Casabanda alza las manos hasta la altura de su boca, cierra los puos, mira fijamente a su

    interlocutor y abre las manos como quien ofrece algo, al momento de responder: El Bloomsday. El hombre lo observa impacientemente y pregunta:

    -Qu es eso?

    El Bloomsday es el evento que festeja un da de la vida de Leopold Bloom, exactamente el 16 de junio. El personaje de Joyce?, del Ulises?, en Dubln, no es usted irlands?, pregunta desconcertado.

    -Soy ingls.

    -Bueno, pero ha odo de James Joyce?

    El hombre no responde, en su lugar pregunta:

    -Su destino final es Dubln?

    -S, debo estar en Dubln el 16 de junio.

    -44 aos?

    -S.

    -Bienes de importancia?

    -No, ninguno.

    -Maana venga a recoger su pasaporte.

    Un timbre le indica -a un abatido Emilio Casabanda- que debe retirarse, el funcionario de la embajada grita: Nmero 83.

  • 47

    ***Al da siguiente record, con el pasaporte en la mano, el interrogatorio que haba sufrido; no tena visa alguna. Ahora los ahorros dispuestos para su viaje de repente se volvieron atractivos para tomar un buen whisky, a pesar de esa idea no decidi caminar inmediatamente, en lugar de ello, sostuvo frente a la embajada el pasaporte como si se tratase de la Biblia, y as permaneci, abstrado por un par de minutos, hasta que sinti la mirada de un hombre enorme que, tras unas gafas oscuras y por sobre su hombro, espiaba el objeto de su vergenza.

    Entonces cerr el pasaporte, lo puso en su chaqueta y march con paso decidido por la acera. Unos pasos ms atrs, el hombre de gafas oscuras lo sigui.

    Diez cuadras ms tarde, cuando crey haberlo perdido, Emilio Casabanda entr en un bar, anhelando el whisky que su cuerpo, an nervioso por todo lo sucedido, le peda. Emilio Casabanda estaba triste, estaba hecho mierda.

    Ms tarde, sin tener tiempo para reaccionar, vio como el hombre de gafas oscuras se sent en su mesa.

    -Si quiere viajar de verdad, yo puedo hacer algunos arreglos, le dijo.

    Escuch entonces de un hermano que el hombre de las gafas oscuras tena en la embajada espaola, y de otros hermanos que tena en Francia, que lo llevaran directamente a Londres. Casabanda escuchaba y beba profusamente, ya haba recorrido ms de un cuarto de la botella cuando dijo con cierta violencia.

    -Yo voy a Dubln, al Boomsday.

    El hombre de las gafas oscuras se agach un tanto para acercar su cara a la del pequeo Emilio, y preguntarle:

    -Vas a recorrer los caminos de Ulises?

  • 48

    Emilio Casabanda, absolutamente desarmado de todo orgullo y sintindose hermanado con el que le tenda un brazo salvador, solt todo el llanto que reuni cuando contempl su pasaporte desnudo; llorando, cont cmo desde hace cinco aos haba ahorrado cada centavo posible para conseguir el pasaje y algn dinero para estar el 16 de junio en Dubln, cmo maltrat su estmago con trago barato o peda sistemticamente cigarrillos a los amigos para que sintieran menos la carga de obsequirselos, cmo se abstuvo de comprar una corbata que le gustaba mucho, cmo su mujer, enojada por su tacaera, ha comenzado a ver con ojos coquetos a los vecinos; narr, adems, cmo hace diez aos ley La Odisea en una temporada en la playa, y explic el disfrute que senta al pronunciar el nombre Calipso, la emocin que respira al imaginar al Cclope y el miedo a ser demorado por los Lestrigones. Gimi un poco despus de tomar un vaso muy cargado y confesar:

    -Y hasta ahora, despus de tantos aos, no he podido terminar de leer el Ulises, no puedo, no puedo, por eso deseo viajar y ver todo; quiero caminar por un Dubln sucio y charlatn, ver la baha, tomarme un trago en Mulligans, caminar en Sandycove, ver y recorrer las mismas calles de Bloom, tomar una foto al burdel de la Bella Cohen, si es que existe, y encontrar un amigo, un Stephen Dedalus, usted me entiende-Pero sabes algunas cosas, dijo el hombre de gafas oscuras.-S lo que he podido averiguar sobre el viaje, s unas pocas lneas que me han quedado.-Sabes lo que dicen de Bloom y de Dubln?-Que Leopold Bloom es todos los hombres, que Dubln es todas las ciudades.-S, mi amigo, salgamos.

  • 49

    ***Casabanda est borracho, tiene en una mano la botella mientras que con otra se abraza a la cintura del hombre de las gafas, tan grande que el pobre borrachn no alcanza a su hombro, Casabanda se tambalea. El hombre de las gafas oscuras camina unos pocos pasos soportndolo, le quita la botella y da dos tragos fuertes que corren luego por su garganta; el hombre de las gafas, entonces lo coloca en frente suyo, lo endereza y delicadamente tomndolo de la quijada alza su cara lo suficiente para que l pueda

    verlo. Entonces se quita las gafas, y muestra un ojo vedado por una neblina. Casabanda tarda un poco en comprender, el hombre de las gafas le asesta un puetazo, el golpeado cae sentado y mira al tuerto que re, se levanta con alguna dificultad, camina

    unos pocos pasos alejndose hasta que se detiene un momento, se acerca nuevamente al hombre, lo abraza y dice:

    -Gracias, gracias.

    Camina oscilando las manos como si ofreciera algo, despus las mueve como quien sentencia el fin de

    un partido, y camina as hasta que, finalmente,

    luego de unos pocos pasos se detiene y se apoya en una pared.

    Si se pudiera escuchar lo que el susurro de su voz de borracho repite, se escuchara:

    - en dnde estoy?, en dnde estoy?

  • 50

    Virginia Cordero / escalera 1

  • 51

    Ernesto Carrin / 1977

    BILLY THE KID SE HA EMPECINADO EN ENVEJECER

    ......................

    WANTED......................

    Silver city: el cielo de Nuevo Mjico es una ballena sangrando sobre una playa de cactus mientras avanzo fardo tras colina rbol sobre frontera entre prados enteros con rboles y prados dentro en chozas donde no vuelve ni la derrota ni el caf hirviendo ni el hijo arrebatado llorando por su madre enferma en ros y pedregales y huertos blancos de peras brincando sobre la cresta de una iglesia donde vi una vez un gallo de madera una escalera deforme y a la muerte fumar largo en su caballo

    Lunas ha mi ropa se guindaba suavemente como una joya arrancada a esa nuca peligrosa de los cielos Yo era un sueo muy joven como para verme acabar de rodillas estrangulado bajo un marco de madera... custodiado de aves peligrosas de bandidos empecinados en rer a tripa suelta de astros construidos por colillas de botellas que aplaudan vacas alzadas en estantes

    Y a veces -por la tarde- tocar la pena en vitrinas llenas de humo ver los vagones de las casas que jams partieron buscar la infancia en mujeres de mandbulas flexibles que aligeraban el cido de mis copulaciones. cuidaban bien los burdeles adormeciendo caballos desmelenados y exhaustos sobre canchas de polvo mesas ocres de teca donde jinetes vidriosos raspaban el whisky amargo atentos por la usura estos son mis hermanos me deca- animales agachados en montes de piedra halcones encendidos en la hoguera de sus pilleras homicidas hermosos que acaso sin la ayuda de sus cuerpos- mantenan latiendo al nio en el adulto

    Entonces acabarse era importante saber que Uno era Uno y no los otros saborendose la pulpa en los excesos errando desde cero como un animal destrozado que no logra justificar cmo ha vivido pero que ha vivido. (Billy reapareciendo en el ojo enemigo William H. Bonney limpiando su pual sobre la curvatura crespa de su lengua)

  • 52

    Y desde Lincoln City / desde Tascosa, Texas/ desde Clifton, Arizona donde acamp montado al siseo de la serpiente hasta que o una noche el siseo de la serpiente: afuera est el trabajo la casa por hacerse las deudas pendientes y el Futuro triturndolo todo -que se paseaba tambin con un cuchillo en la mano- subi rpidamente desde las ramas en sombra que dejaban los coyotes sobre las colinas

    Subi como visiones donde lograba por fin dormir comer hablar apropiadamente sin sentir cmo la carne se hinchaba en la raz de su furia masticar el tabaco afeitarme rumiando el tiempo de los hombres sobre canteras fulminadas y campos de trigo

    Esperando el cuerpo que acabe con este cuerpo o el nombre que suplante mis nombres pendientes que oculte al nio indigente -nacido en Nueva York- que an me toma de las manos huyendo de las cloacas donde estrellas sepultaron sus huevecillos donde las cucarachas lamieron el planeta cansadas de migajas y peldaos

    Pero tornarse la criatura era difcil: cargar las manos crispadas -de aqu para all- abrazando las sombras del mundo las sogas del mundo celebrando en alto la muerte en el crneo del pescado y la pa del agua colgado de este lenguaje que espolea en cualquier camino disfrazado de hombre mientras mis muertos siguen centrados en sus rodeos esperando nicamente mi agotamiento o que diga otra tarde Adis a todo esto- apoyado sobre un hombro

    que no siente o vuelva otra vez el polvo a mi sombrero: las aguas arremetiendo contra los potros y los potros arremetiendo contra el horizonte la manzana disputndole al sol su brillo las enaguas de las hembras y el idioma de mi revlver que slo ha hablado en presente...

    Y an as me preguntan si abolir la tristeza

    Si buscar entre dibujos la cada del rbol

    La emigracin de las nubes

    perezosas en su terso

    contrabando

    El apetito del sueo

    que hormigueaba en la noche

    claveteado a la espina

    Yo he de decir aqu aparece el cielo

    Yo he de decir aqu arar el principio

    Yo he de fundar mi casa

    y no volver a partir

    sobre terreno extrao.

  • 53

    MANUAL DE LOS ASESINOS

    esto que se abre sobre ti, ahora es el cielo. Podra pensarse es un cuerpo, con intenciones de instaurarse, entre el zarpazo del ojo y tu hoja tendida 0.25 de grama testaruda. Pero esto es una choza nipona donde aparece tu madre, de slo 30 aos, sollozando. El temblor de su silencio rayando las paredes / formando rostros en las manchas de la losa. Su abrazo como un mantel enorme encendiendo tu fuego. Cerrndote en su torno. Cobrando un sentido extrao, pero completo, en todas las erupciones de lo confesado. Das hirviendo su acero sobre los prpados vidos de cordeles. La piel trabada en los labios, movindose a la sombra.

    sigue todo atrapado por su huella, en un papel insondable. Como esta ciudad de caucho que solamente te nombra cuando callas. Como tu xodo que ahora es tu fatiga y te devuelve en silencio a la conmovedora tristeza de permanecer en ti. Algo entonces se incorpora y te indaga detrs de cada cifra que acomoda el espejo. Su lquido veneno ha viajado hasta la escritura. Juntas la puerta; esta misma puerta que ha logrado recordar tus abandonos, mientras mirabas pasar a los navos, una y otra vez, enraizados a una lluvia que descenda pronunciada en el alboroto de las formas. Viendo cmo el xido maquilla esos laureles, sin saber qu son.

  • 54

    bloque de dedos que acaban por borrarse en un ro de fsforo, innecesariamente. Un tringulo de tigres que amenaza la simetra de su lepra. La nica ciudad que fue saqueada por la respiracin de sus maderos, mas no por la venganza de sus habitantes. Las cuentas que no brinda tu padre. La ausencia de condena. Las aspas de los rganos tendidos sobre arenas industriales.

    con los ojos abiertos como animales blancos: has escupido en la boca de mujeres hermosas. Has escupido entre sus piernas cuando vuelven de la muerte y se desploman con la mirada incrustada en la cornisa. Has escupido en la boca de mujeres maduras, gordas y estropeadas. Has aceptado del mundo lo que ha querido entregarte. No has luchado por nada. Has recibido sus sobras/sus ofrendas con las manos agradecidas y manchadas de miedo. (La voluntad nicamente la viste en cada lnea torcida como un pretexto.) Has dormido con mujeres por no sentirte solo. Vapuleado tu carne en autos/baos/zaguanes/calles y moteles llenos de tinta. Has sonredo ante la estupidez humana. Has abrazado amigos que clavan su msica bajo las mantas ms duras. Has callado ante la bofetada y el agravio. Has respondido tambin. Has golpeado, tropezado y bebido como un yute.

    las galaxias, partidarias como son de la masturbacin, se hinchan desmelenadas cuando te duermes. La evolucin del mundo para ti- es este rbol rojo abierto sobre la vereda cuidando la nada. Odias al prjimo que suea que le pertenece tu alcohol de paso. El equilibrio triste en los corredores donde clasifican las nuevas formas de asentar la cabeza. Odias la geometra de tus modales, que parecen sacrificarse, entre tanto bullicio flotando en las carniceras del mundo. No hay descanso en tus manos que saludan grotescamente para entrar en la violencia de otros cuerpos. Hoy tantos cuerpos. Vuelves a dormirte; y un Big Bang retumba furiosamente sobre los campos de Asia. Desde hace algunos aos. Entonces, amanece. La luz acude a la luz; y tus manos siguen trotando sobre planicies curtidas y frases mal trabajadas por temor a la belleza que te trae a flote. La luz acude a la luz; y descubres, decepcionado, que eres lo ms parecido a un hombre que conoces. Aquello que necesita an completarse con tu derrota.

    ests sucio y desmembrado todo el tiempo como formando un muro. Describiendo las armas. Participando como una mquina para la exploracin de un nombre. Eres la boca dilatando su carcoma, negndose a volverse esta escritura. Negando en repararse. La alberca -con carteles- donde los sapos cavan tu infancia en un charco de luces. Las cuentas que no brinda tu madre. Tu propiedad privada. El valon encerrado en este

  • 55

    has olvidado tu nombre y apuntado sobre las sbanas aqu habita algo. Te has despertado llorando, a mitad de la noche, y rezado enceguecido por un sudor ya liquidado sobre espaldas liquidadas, igualmente. Has dicho: basta: la escritura no se acostumbra a nuestros modales. Has dicho: hoy cambiar para siempre esta intencin de perderme en los patios sombros. De irme haciendo nada. De tratar de desvanecerme a fuerza de tumbos.

    t eres lo ms parecido a un hombre que conoces. Ningn rostro de ti. Ningn momento. Y tu fuerza se reduce -la mayor parte del da- a no hacer nada. A no dictar palabra. Porque cuando no haces nada, el cielo es blanco y el sol vuelve al tormento de sus pilares. Porque cuando no dices nada, tu maldad es Rey.

    pero cunta ingenuidad la de la muerte que interrumpe la ruina. Guardada en el silencio apacible de las escopetas. Fuera de este mundo. Tratando de extraviarte o doblarte en la proximidad y la ruptura de los ejes que se pudren al comps de las lenguas. Siempre prendiendo fuego a esos lemas, donde la multitud nos pasa su factura. [Se defiende].

    Aqu bien lo dijimos- se anulan las promesas y el orgullo para que el cuerpo hable. Se cubre apenas con un sueo el largo rostro de lo que una vez amamos, hasta presentir que la marea se esconde en los relatos de decenas de vecinos incapaces de testificar sus aventuras. Trajinando hacia una opacidad ms grande que sus obediencias.

    el purgatorio en que vives tambin se mueve en ciclos: el bamb tan pequeo y parejo donde las estrellas heladas desmoronan sus tmpanos de cuarzo// la humedad que, por la noche, raja tu escalera donde muchas veces te sentaste a planear un cuerpo// la ventana agitada por los surcos del vidrio donde la combinacin de los colores orquest el regreso de un albaricoque.

    en tu purgatorio la ausencia es la felicidad entera. La llenura que pudre la comida. El cansancio de las formas en el coliseo del ojo. Las blancas hojas que logran ser navos saliendo hacia otras playas. Y regresan.

    repite con nosotros: Soy mi credo y mi propia decadencia. Soy la posibilidad de un cuerpo. Su corte de amuletos. Soy la desintegracin. La posteridad: su crculo lleno de hormigas. La letra que con sangre entra. Soy mi propia sociedad civil. Mi fin y mi comienzo.

    la mancha roja de tantas estampidas feroces sobre otros cuerpos rotos.

  • 56

    Ana Vela / Volando sobre flores

  • 57

    Sebastin Endara / 1978

    Fuego

    La vida es desordenaday el orden la ordinariza.Las gotas de agua en la lluviasimplemente caen. Tu impulso es una fogata,mi impulso la fantasa,por qu he de sentirme culpablesi vivo de tu sonrisa?

    Te oigo, me agio, te roigo,sal de las piedras y encuentra tu sol, tu atardecer y tu tristezapara que maana siembres floresy a pesar de la muerte, amanezca.

  • 58

    Sueos de un sediento Apresrate a entrar en el sueo o sal inmediatamentelos adjetivos de un lenguaje muerto no lograrn acallarme,soy demasiado spero para recriminarte mis impotenciasjustamente ahora que nos vamos conociendo.

    Por qu no cantas un poco?y luego te descubrir el deseo de este infeliz sonriente:amarga es la espera del da donde no se puede hacer ya nadaAbajo! muerte a la utopa,que la esperanza de su ltima patada en el mar del olvido,esperar no cuesta nada, cuesta slo toda la vida.

    Para qu has de despertar, si te conviene estar dormido?Si has de abrir por lo menos un ojo,que sea el ojo del futurosin aquellos ramajes insulsos que acomodaronlos desertores de la naturaleza.

    Duermes en tu sepulcro por que as te han enseado.Lamento no ser una lpida para romperte la cabezay que tu sangre, al menos tu sangre!sea un noble signo de la decadencia.

  • 59

    Tactilar

    Se produce para llenar el carisma de tu sangrey nos lleva a cruzar por la cruz del incierto,las escaleras fras no comprenden la mar ni el ocasopobre del que asienta su corazn en un peldao!

    Al triste costado de tu cuerpo renacido deja sobre tu piel el perfume de la nada,cuntas veces quisiste ser amada heroicamentecomo se aman los atardeceres sonrosados!

    El eco de tu marcha fnebre an azotalas races furtivas del encantamiento,mas tus caderas reparan la retrica del gnero.

    En el gemido dadasta del vasto asombrose levanta el campo inaudito de tu sombray acontece la esperanza en la penumbra.

    Lo promiscuo y lo elevado se mezclanen la mezcla infinita de tus senos;la muerte tiene un tinte y un dulce aromadespus de comer el pan de tu vientre.

    Eres sol de los espejos, el delirioprofundidad descalza entre la lluvia,en la puerta entreabierta de tus muslossoy tragado bocado a bocado.

    Tu cuerpo exquisito manjar del crepsculotensin y paz de una hora compuestaconcede significado al claroscuro.La luz que roza la orqudea de tu pubismodela la carne de mi angustia.

    El nctar de tu flor inunda los suburbiosaceptaste el destino de tu fruta frescay en tus ojos todos saben que lo sabes,que tu belleza es un dolor oscuramente ansiado.Amo desfogar el alma de tu alma may acariciar tu espalda en el lomo de los librossealar las pginas del presente indisolubleen la impronta de tu carne, carne ma.

    Quiero escalar sobre tu talle y poseerte en las al-turas contemplar la desnuda topografa de tu almay olvidarme en el deleite del olvido, y sobre el tlamo de tierra acabar haciendo la vidaeterno instante, instante bueno.

  • 60

    Gabriela Bernal / sin ttulo

  • 61

    Guillermo Cordero/ 1973

    Almuerzo

    Dios entr por la puerta grande y se sent en la mesa y almorz con nosotros. Todos sentimos su presencia, sabamos de su infinita bondad, pero nadie se atrevi a mirarlo. Esperamos que l nos dirija la palabra, que nos llame hijos mos o algo as, pero fue en vano, mientras dur la comida slo se escucharon el sonido de los cubiertos contra la porcelana y el crujir de las lechugas al ser masticadas.

    Cuando el silencio se hizo intolerable, mi hermana lo interpel: -Dentro de muy poco todo terminar le dijo con tmida voz- y siento que me ir de este mundo sin haberte conocido y eso me pone triste.

    Pero Dios no contest, solo hizo una breve pausa y sigui comiendo.

  • 62

    Maternal

    Yo creo Eduardo que no debemos resucitar a mam. Talvez lo mejor sea dejarla descansar y cuando la seora Wilson pregunte por ella, decirle que fue a visitar a la ta Ester. S, esa es una buena idea. Solo tenemos que ponernos de acuerdo, t sabes, para no contradecirnos.

    Ahora que t lo dices, s que la vamos a extraar, pero as es la vida. Recuerdo aquellas largas tardes de la infancia cuando, despus de llegar de la escuela, ella nos llamaba enamorada, conquistndonos con su voz y con sus dulces, mientras atrapbamos escarabajos que luego torturbamos en el jardn.

    Mam, cmo ests? Te veo sentada como siempre, esperando que pap regrese de otro de sus viajes para darle un beso y preguntarle si trajo las sandas que le encargaste, los zapotes, las guabas. Escchame mam, ahora que Eduardo est empeado en que vuelvas a vivir con nosotros, habra que preguntarte si t estaras dispuesta a hacerlo. Porque, pensndolo bien, ya somos grandes y seguro quieres descansar.

    Hagamos un trato Eduardo, en vez de resucitarla dejemos que siga en su cama, soando que mira la telenovela de las cuatro -y de cuando en cuando la ventana- mientras teje una chompa abierta con botones para m y una cerrada con cuello en v para t, que pap llega y pita en cualquier momento y todos juntos nos vamos de paseo al parque o a cualquier otro lado.

  • 63

    La duda

    Estacion su Volkswagen a una distancia prudente y esper a que termine la funcin. Quera constatarlo con sus propios ojos. Record los antecedentes que delataban su ingenuidad: los mensajes de celular que ella se encargaba de borrar inmediatamente, las llegadas tarde por asuntos de trabajo, pero sobretodo, su rostro ausente y esa sbita indiferencia al tacto. Pero hoy, estaba decidido, enfrentara la innegable realidad. Lo necesitaba para aliviar el alma, no soportaba vivir con esa incertidumbre que lo mortificaba a cada segundo. Un hombre de traje azul abri las puertas del teatro. El hall luci desolado por varios minutos. Apag el cigarrillo, se baj del Volkswagen y se par resuelto en la vereda del frente. Comenzaron a salir de a poco, primero una nia, despus los que talvez eran sus padres, luego una pareja de ancianos y, finalmente, el tumulto. Entonces la vio, o crey haberla visto en medio de la gente. Pero cuando ella mir en su direccin no supo qu hacer. Sin saber ni cmo ni por qu, se agach y fingi amarrarse el zapato. Cuando alz la cabeza todos haban pasado. A la distancia y en medio de los transentes distingui un cuerpo y una manera de andar que conoca. Pero el peinado y el vestido le parecieron extraos, y aquel brazo masculino que le rodeaba la cintura, ms extrao aun, fuera de lugar. Entonces prefiri pensar con cierto alivio- que se haba equivocado, que era otra, que no haba tenido el tiempo suficiente para verla bien, y que a lo mejor dudaba en vano, presa de los celos. Dio media vuelta y regres al Volkswagen, seguro ella deba estar trabajando y lo mejor era que la esperara en casa.

  • 64

    Juan Pablo Ordez / Marcha por la defensa de las culturas urbanas - Cuenca

  • 65

    Falco / 1977

    Dptico

    Horas despus que supe de tu traicin, decid cambiar nuestro habitual acto. Esa noche, el Gran Kalil, aquel que todo lo puede, el hijo de lo desconocido, el custodio de metafsicos secretos, volvi a cortar a su bella asistente por la mitad. Separ los dos cajones ante la ovacin del pblico. Mas, para tu desconcierto, no te volv a unir, dando por terminado el espectculo.

    S que ahora recorres el mundo, por separado. Segn noticias de occidente, tu mitad de arriba est teniendo xito como cantante de pera. Segn noticias de oriente, tu mitad de abajo se prostituye a buen precio.

  • 66

    R&B

    Un ave azul cruza el cielo azul dejando una estela veloz a su paso. Su color es exacto al color del cielo, por eso nadie puede verla. Abajo alguien se desangra en el cuarto sin ventanas de un motel. El silencio es un bloque coagulado en el tiempo. Frgiles rayos de una tmida bombilla iluminan el cuerpo yaciente. Afuera, la calle es una caldera de sonidos que se mezclan y cocinan: coches que pitan, vendedores pregonando, timbres de celulares, quiz la voz de algn transente llamando para avisar que no ir a comer, o que jams regresar a casa.Adentro, el cuarto arde por si solo, como una herida colmada de sal. Hay un telfono descolgado, tirado por el suelo. El tono de ocupado al otro lado de la lnea se mezcla con los jadeos montonos que fluyen abrasantes por la garganta del cado. Su respiracin se torna ms difcil, sus sentidos se desvanecen. Ya slo le queda cerrar los ojos para imaginarse que no est ms en ese cuarto. Y todas las palabras que no pudo decir por el telfono se le atragantan y las vomita cual ltimos estertores que erupcionan de su boca y revientan contra las paredes como nervios desgarrados. Palabras que chocan y rebotan contra el techo, contra el suelo, que furiosas se dan contra la puerta, la echan abajo y libres escapan levitando sobre las calles, las casas y los edificios hasta sobrepasar las nubes y perderse en el infinito horizonte del desencanto; otra de las avenidas de la muerte. La ciudad es una mancha cida escupida en el planeta. Autos continan pitando y llegando al motel, celulares siguen tejiendo tramas invisibles en el espacio, la calle se lubrica con el sudor de sexos y caderas y un ave azul surc el cielo azul, sin que nadie se diera cuenta.

  • 67

  • 68

    Paulina Ramrez / sin ttulo

  • 69

    Carlos Vsconez / 1977

    El poeta

    Es un poeta que quiso ser Mallarm, que de todo quiere hacer un poema, ms cuando am, ms cuando supo que no tendra un amor incomparable y que lo carcomera por fuerte y que le secara la ropa. Escribe acerca de todo; no escoge, piensa, ms bien, que el tema debe escogerlo a l, dejarse llevar. Hay quienes lo recuerdan recitando un poema incomprensible que dijo haberlo dedicado, excntricamente, a un poema incomprensible de Pablo de Rokha. Se llama Adriano, como el obelisco y como una vieja escultura que otros han nombrado Pigmalin. Al contrario que en la obra de Shaw o que en la mitologa, el hombre prefiere no conocer a nadie. El proletariado le llama la atencin. Cuando se da cuenta de su talento, se ha olvidado que est enamorado de s mismo.En la prctica Adriano descubre que su educacin lo torna inexperto. No ha salido de casa: ha ledo y ha pensado mucho, insaciable, pero no sabe de la vida. Ese devenir empieza a atormentarlo. Consciente de

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    ha dejado la barba cuatro das. Bebe de un vaso con agua que han colocado a su costado y saca del sobaco un bulto de papeles arrugados y trata de alisarlos con las manos. Lee, pausadamente y resaltando cada slaba, como si se dirigiera a sordomudos. Lo acompaaba, como su banda sonora, la lluvia que caa afuera. De pronto se incorpor un hombre grueso que estaba sentado al fondo en un silln alto y de blanco asiento y lo encaon con un calibre 48. Adriano lo vio con los ojos cristalinos. Este fue mi testamento, pens. Y el loco dijo:Todos recordarn que mat al poeta.Y se suicid.

    su papel en la historia, decide frecuentar burdeles y antros, y se sorprende con la facilidad con la cual aprende. Se amolda a esos lugares, los recorre, hurga en el saco de las fantasas que nunca ha llevado a la prctica. Hasta que de nuevo es posedo por la poesa, y su musa es una musa descolorida, cuyas lgrimas se mezclan con su semen nocturno. Hasta que un da se dice a s mismo, ante el espejo, que es el poeta perfecto y que puede redactar el poema perfecto, pero que a su vez adolece del pblico soado. Sabe que la poesa depende del lector o del oyente, que son los dos, el poeta y el otro, los que construyen ese crescendo de excitaciones del cual urge la gran poesa. Se pasa la noche con los ojos encendidos, hechizado e inquieto.Basta una persona que descubra el ingenio para que la obra cunda.Es cierto. Sabe que de no encontrar a su pblico, se arrastrar por las calles. No hay ms que mirarlo. La podredumbre lo ha carcomido como antes el amor soado y no tenido. Cualquiera que lo mire a los ojos ver un volcn de lascivia, como el que bulle en los ojos de una puta vocacional. Que no slo aprovechar la primera oportunidad ante un pblico apto para demostrar su talento, sino que de no tenerlo lo esperan el dogal o una mezcla de cianuro. Lo vuelve loco la posibilidad de que otro poeta se le anticipe, y perdrselo. Se mira con rabia y pasin, y en esa mirada ve un loco y sabe dnde debe ir.Con un aire diferente al de los poetas malditos y los impresionistas, organiza su tan ansiado recital potico en el Sanatorio Mental. El da esperado el corazn le late desmesuradamente; teme un ataque cardaco. Viste un traje negro y una corbata gris. Se

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    Bizarras

    Bajo las rojas murallas de Mosc acampaba el ejrcito de Napolen. Los paladines, que ya se contaban con los dedos de las manos, hacan guardia. Era cerca de la una de la madrugada cuando se escuch el primer estruendo de can. Las moscovitas que haban dispuesto los favores a los generales fueron las primeras en gritar, aunque los generales no tardaron en remedarlas. Rpidamente todos se alinearon sin verse por la humareda de plvora. Haca calor. Estuvieron de pie, sin saber contra qu enemigo defenderse, cinco horas ms, alertas a cualquier sombra. Las armaduras hervan con los primeros avisos del da. Las piernas y los ojos se adormilaban. Los primeros en rendirse fueron recogidos por los ms fuertes y llevados a los calabozos. Las golas metlicas de los yelmos oscurecan las caras de los paladines que seguan sobre sus caballos y que arrastraban a los dbiles con cuerdas hasta sus celdas. Desde ese da los alimentaron con desperdicios. Las noches eran estrelladas. Los turnos de centinela, el hormigueo diurno del eco de los caballos encabritados con sus rebuznos, con sus breves relinchos los despertaban a deshoras. Se preparaba el juicio para estos dbiles hombres de fe que asemejaban a los cuadrpedos de la Cristiandad que no alcanzaban a debatirse contra el sol en las inmemoriales cruzadas. Una mesnada beoda zahera a los infelices. A las veinte lunas de ser apresados, salan con la barba amplia y los ojos confusos. Pocamente saban qu alegar, cansados todava ms que aquella noche que fueron llevados a las celdas de hierro enterradas y a veces hasta deslenguados por el apetito voraz de alguna

    rata o el propio. Ante semejante ignominia los jueces, que para qu agregarlo, eran los paladines (poseedores de mayor potestad que los generales en campo abierto, ms en los pajonales), decidan su fusilamiento.Les servan rannculos y ludano como ltima cena para moderar las visiones, o quiz para espantarlos de mejor manera ante los monstruos que los asesinaran, atribuyndoles a stos cualidades de gigantes, de brujos o de stiros.Todo este juego, sin embargo, fue instaurado por Napolen y tras sus muchas ancdotas, olvidado por la modernidad. Se bas en Apolunio el Eidgrafo, bibliotecario de Alejandra que dej dicho, en uno de sus setecientos manuscritos, que el desencaminado es el que dice mentiras para mentir y no el que miente para decir la verdad. Cosa que Napolen Bonaparte entendi y llev a cabo, entendiendo adems que sus huestes seran imbatibles si se componan de una serie de individuos cuya imaginacin, tanto en conjunto cuanto individual, fuera excitable y producible bajo cualquier contratiempo y ante cualquier adversidad. Este pensamiento sectario y separatista lo tent a actuar as. Los que flaqueaban, deban pues suplir su caresta de fortaleza fsica con trajines mentales, ingenindosela para convencer a sus enjuiciadores de que calificaban para servir a los ejrcitos del Emperador y as obligarlos a retractarse.Sea como fuese, lo nico verdaderamente cierto es que a esta sociedad, de la cual se es miembro slo batiendo las mentes de los escuchas, o sea slo despus de ser apresados y consecuentemente librar airosos la contienda planteada, con facilidad se la podra concebir con el nombre de Il sentiero dei nidi de ragno1.1El sendero de los nidos de araa. (Ttulo de una novela corta de Italo Calvino de 1946.)

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    Secreto de ciegos

    Presumen una sociedad ajena a la suya, pero no conocen otra poblacin. Sus antepasados referan constantemente la posibilidad de vagar sin rumbo por el bosque durante horas sin perder la cordura, sin verse hechizados por alguna de las voluptuosas hembras que acordonan la llanura; la leyenda se cuenta solamente en noches de insomnio por algn ciego ilustre o un eunuco. Y es que entonces el rumor y la preocupacin eran otros. Hubo ya mutaciones de un significado encontrado, y ese hallazgo perturba sobremanera, an ms que el misterio. La memoria, como los libros sobre cuyas hojas se han dibujado y borrado un sinnmero de mapas de escape, se ha vaciado.Y el problema no radica en que no se puede salir del pueblo, tambin est en el hecho de que nadie pueda entrar, ni siquiera los bastardos engendrados por demonios castigadores que divulgan en noches de luna visible sus risitas trepidantes e indeterminadas. Si uno est adentro cree que el mundo ha cambiado, que es una especie de mecanismo que sufre metamorfosis peridicas, pero que aqul es un mundo impermeabilizado a sus requerimientos y sueos.La imagen ms divulgada, y que se pinta habitualmente en los tapices de las casas que es la labor ms lucrativa por aspirar el mpetu artstico natural del hombre es la de un enorme huevo rupestre que veneran los ancianos ciegos del pueblo, un huevo que, segn cuenta el mito, ha sido reestructurado con el fin de guardar el esqueleto de un pez mariposa que romper el cascarn cuando hubiesen derramado, entre barullos de taberna,

    lamentos por antepasados perdidos o simplemente por no haber escapatoria, suficientes lgrimas como para alimentarlo, por ms que de ello dependa el declive del pueblo entero. En otras palabras, cuando el valle sea su lago.Aunque todo esto parezca un chiste privado, debo aclarar que la historia se repite sin tregua. Casa tras casa se pinta lo mismo, y aquella imagen es alabada al punto de pedirle indulto gracias a ese extrao afn humano de perdurar ms all de s mismo. De tal modo ya existe un culto instaurado y un da especfico a la semana (que misteriosamente han organizado en siete das, tal vez resultado de reminiscencias ajenas) para pedirle favores al ave martima multicolor.En vista de que nadie puede salir ni entrar, se ha fundado la teora de las reencarnaciones y de la historia circular. A los nios a los pocos nios que resisten la viruela, la voracidad de las ratas y la peste se les inculca la veneracin a las mujeres, quienes ordenan y desordenan el quehacer aldeano martirizadamente con los cilicios siempre hostigndolas. A los nios aventajados se les vaca los ojos, preparndolos de esa manera para su destino de exploradores futuros y, as, de sabios mensajeros de la palabra omnipotente de las parcas que resguardan los linderos y el mensaje tanto de los demonios cuanto de los serafines.Algunas sectas genealgicas afirman que los albores del pueblo se ven marcados por un enviado de una de las familias confinadas al paraso que es el bosque circundante. Pero no por bsqueda de un mejor lugar, sino para desterrarlo por alta traicin para con aquellas deidades. Estos genealogistas, sin embargo, son desmentidos por los escpticos que

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    merman tales palabras asegurando que no podran descender de grandes maestros, como los que deben ser que poseen como guardias a aquellas hembras descomunales, sino de brbaros, y demandan, cada vez que estos alegatos son recordados, renegar de aquella pedantera en pos de evitar el enojo de los dioses. Y, al cabo de las discusiones, ya en la taberna, el carcter de la pltica cambia segn la cantidad de ajenjo entraado, y no falta el bufn que enfrenta las revoluciones polticas con algo de criterio aislado y que redescubre que aquellas mujeres mortales y sedientas, son descendientes de sus abuelos, y que cada generacin el pueblo renueva sus huestes cuando cree en la brujera impulsado por el dominio de las mujeres que, desbocadas, desfiguradas ya por el dolor y las magulladuras auto infligidas, sin comprender de mejor castigo, aprovechando la ceguera de los sensatos, expulsan a las hembras ms bellas hacia aquellos tenebrosos e inhspitos bosques por descubrir que usan brujeras y mejunjes exticos para enceguecer a los hombres y terminar con su soledad (que es sinnimo de pureza).Lo que no saben, ni las pobrezuelas abnegadas, ni los ciegos videntes, ni el pueblo crdulo, es que tienen razn y que han dejado en poder de hambrientos a aquellas mujeres. Pero lo que esconden los ciegos y los eunucos a su aldea matriarcal, que es donde terminan todos los mitos, donde se teje y se desteje la trama del tiempo, es que aquellas preciadas brujas indescriptibles han erigido, en cierta latitud a la que se llega slo guiado por los aromas, o por el bullicio de las aguas depravadas de un ro entorpecidas por escombros y rocas, una noche ntegra, una casa de mala vida (pero de vida, maquinar alguien), a la que nunca toca el da y s feos leadores profetas

    de lejanos lugares, y donde con slo las voces y la msica se puede hacer lo que en la aldea no se hace, amar, quiero decir saciar el apetito.

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    Diego Cazar / 1977

    Imago

    20 de diciembre del 2007

    Queden en el suelo todas las yerbas de luz y pecado. Tu nombre quiero dentro, tu nombre mrtir de heronas ficticias, tu nombre crecido y punzante del averno al ter, porque siendo todo el mal tengo a tu nombre sacro que me maldice y se yergue exculpando mis ms dulces esperpentos y estas miserias incontables que venero. Noche para implorar porque mis muertos estn y remedien la helada, porque hay crcavas y seas infranqueables de noche y de vos hasta el petitorio del fin y el curso de un ro spero y quedo mientras espero que tu exilio (absurdo mismo)

    bese esta horca glacial que adore a los compartidos vstagos del mundo, y te escriba la culpa de perseguirse y hacerte un azar estricto, una fuente, un faro y el retazo de este escape, la burla y el paso nio del sinsentido, o esto. Y me aviento en el pndulo exacto de esa voz doble, en su bfida escaramuza me columpio. Noche de sacrilegio, un mimo infinito nacido para la bsqueda y que la farsa se parta por el santo salivazo, sumergimiento pleno de vos y de todos, as espero tu aparicin -o perfecta- sin estarme ni asirte, nombre, y el puerto anclado a esta calzada sorda.

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    LA CUERDA DE ARENA

    Comprendi que el empeo de moldear la materia incoherente y vertiginosa de que

    se componen los sueos es el ms arduo que puede acometer un varn,

    aunque penetre todos los enigmas del orden superior e inferior:

    mucho ms arduo que tejer una cuerda de arenao que amonedar el viento sin cara.

    (Jorge Luis Borges. Las Ruinas Circulares)

    Tejer una cuerda de arena no es el empeo ms arduo que puede acometer un varn. Pero tampoco puede ser ms alcanzable que moldear la materia de la cual se componen los sueos. Soar a un hombre es crearlo, recrearlo, parirlo, vivirlo y matarlo en la inmanencia del teatro onrico. Tejer una cuerda de arena es una tarea que compromete tanto al sueo como a la vigilia.

    Para empezar a tejer una cuerda de arena es necesario deshilachar las hebras que sern usadas, y, como las dunas de los desiertos no son lo mismo que las playas, y las playas de mar no son iguales a las playas de ro, hay que saber elegir de qu tipo de arena se extraer el hilo que se usar para formar las fibras apropiadas.

    La nica manera de tomar una decisin es harto compleja (he aqu lo arduo de tejer una cuerda de arena). Se debe andar la arena seleccionada y dejar las huellas de los pasos andados sin mirar atrs. Tan solo andar la arena y no medir la distancia que queda entre cada paso. Si se ha elegido la arena

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    de un desierto, la caminata debe ser durante el sueo, lo cual permitir contrarrestar el calor y el viento sin cara. Debe dejarse en completa libertad a la imaginacin para que aviente a su antojo las alucinaciones que se produzcan, se la debe dejar andar de la mano de los hologramas que aparecern y jugar con los fantasmas del desierto, con sus reptiles y sus doncellas.

    Si se trata de una playa, habr que recorrerla hasta que en el camino se interponga un gran acantilado, un peasco o cualquier otro obstculo innegablemente infranqueable. Esto suceder nicamente en el plano consciente, en la vigilia. Existe la posibilidad de que la interrupcin del recorrido la produzcan seres imaginados durante momentos previos de sueo, criaturas que (est de ms decirlo) sern absolutamente reales, tangibles y capaces de hacer dao, aun cuando stas hayan sido soadas y muertas dentro de la ilusin del sueo; sern la quintaesencia tangible de los sueos acumulados desde el instante de la concepcin. Si esto ocurriera, jams se deber mirar atrs, suele ser sta una reaccin inmediata, producto del primer instinto, pero es imprescindible controlar ese impulso y mirar a los ojos del engendro, por abominable que fuera. Permanecer quieto donde se dio el ltimo paso, mirar a los ojos a la bestia y tararear una cancin popular, de preferencia infantil. De lo contrario, el hilo en formacin se enredar en ese lugar y ser imposible desatar tal nudo.

    Al cabo de este recorrido de ida, y slo entonces, habr que volver la mirada y emprender el regreso pisando entre cada huella dejada. Si el esfuerzo es

    mnimo en los primeros pasos de este retorno, seguro la labor ser al final exitosa y habr sido adecuada la seleccin de aquella arena. Se andar la arena sobre los pasos de ida, sin tocarlos, hasta cuando por el transcurso del tiempo las primeras huellas hayan desaparecido. Cada puntada de las hebras se hilvanar con las huellas mirndose de frente. Esta unin no puede destruirse con la marea de los mares ni con los vientos sin cara de los desiertos.

    Muchos artesanos constructores de cuerdas de arena han consagrado sus obras en objetos eternos, en seres sublimes o en historias que permanecen vivas en la memoria colectiva de los hombres por generaciones. Porque al cabo del trabajo, mirando de nuevo hacia atrs, se podr recoger la cuerda formada e imaginar lo que le hiciera falta: colores, movimiento, voz, estrellas, luz, palabras o melodas, nombres...

    De cuerdas de arena son el arcoris, los colibres, la oda al vino, la marimba y los haikus. Tambin las hamacas, las cascadas, las lgrimas por placer y todos los saudades. Macondo, Las Mil y una Noches y el humo de tabaco negro. El gran ombligo de las guitarras lleva siempre como adorno una pequea cuerda de arena. Hay quienes aseguran que la sensacin que provocan los susurros al odo son de las ms perfectas cuerdas de arena que se han tejido, igual que el aroma de las madres y los infinitos perfumes del amor carnal. Recuerdo que la primera cuerda de arena que hice en mi vida de hombre, cuando aprend a tomar rayos de luna, fue la trenza de una mujer que so.

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    Reynel Alvarado / tarde o temprano

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    Vctor Vimos Vimos / 1985

    DESFIGURACIONES(fragmento)

    un balazoel graznido de pjaros oxidadosreventndome la cabezalas espinosas arrugas que trae la nochecuarenta somnferosesperando el turno para enroscarse en mi lengua hace lluvia afuerala ciudad empieza a tomar esa forma de ataddonde arrojo mis ruinaslo que fui hace cinco minutos en la planta baja de este infiernoel rostro ensangrentado que guardo en los bolsilloslas migajas seas de los besosdetrs del culo del vaso las cosas empiezan a empequeecerselos ceniceros como monedaslas tazas como clavoslos libros y su parentesco horrible con las araas las araas siempre hurgan en el holln de mis labiosy duermen anidadas en los fragmentos de palabrasque se quedan colgadasduelen las araaspesan sus patas transparentes como kilos de escarchaarandome el sueosus pas y el arrastrarse por los confines de mi universo que es una cama un bote de basurauna ventana te doli lo de la francesa? un balazo

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    nadie queda en pie despus de vomitar lagartijasmi cabeza es un santuariodonde tengo la coleccin de tus pieles desnudashe colgado tu sombra con alfileresy de lejos pareces una mariposaabierta de alas quietay yo me gasto la luz de la tarde apedrendotejugando a destrozar lo que me queda de t en las manoshaciendo de una cajetilla de cigarrosel nicho donde enterrar tu aromala calabaza hueca para encerrar tus ecosque no dejan de atormentarme fantasma fantas ma fan tas ma hace lluvia afueray a vos muequita de aserrn te doli lo de la francesaya no queda nadie que me consueletodos se han largado para no escuchar mis gruidosel telfono es un animal roosoque me lastima sin tu sonido metlico del otro lado no planee nada de estola muerte es una cucaracha que llega en la sopay aprieta el cuello por dentro deja su sarna en las venasla sangre se vuelve espesamente aceite podridoy hay una especie de gusanos que empiezan a devorarse los ojos la francesa no se pareca a vostenia un lenguaje de bragueta remordiday le encantaba taparse la nariz con un corcho de aguijones blancosera un billete de cien que me abralas puertas de los cinemaslas mesas de las cantinaslos tonos enrojecidos de las rocolaslas serpentinas de sus piernas vos no te pareces a la francesano planee nada de estome gustaba acurrucarte en mis brazos

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    y tocar desmedidamente tus cuerdas de arpael aliento a msica triste que traan tus ojosyo poda ser una piedra entoncesgolpendome contra todas las cicatrices del mundopara hacer ms durable el desenfreno de la vidaahora soy un fsiluna palabra extraa en el paladarun tipo con una navaja y cuarenta somnferosdispuesto a matarse dos vecespara acallar los griteros que inundan las sienes esto es un juegomiralos somnferos son bolitas blancasescupitajos de las nubes granizndonos el pelocaramelospuertas pequeas por donde aun cabeel brillo de la gillettesi no pregntale a la francesaella jams entendi esa imageny se pas burlando de la insignificante vida de los zancudosya te dije que no planee nada de estouno se despierta un da y se ve arrojado a las aguas como un reptil desahuciadoy le crecen garrascolacolmillosespinas en las vrtebrasy las gentes se destrozan los dedos queriendo calmarlono me calmo un carajoun escarabajoun gargajoes lo que tengo debajo de las cejasy vienen las aves a cagar la sal del maren el cementerio que llevo en el pecho a dnde tendrs que enviarme canciones maanacuando la ciudad se trague toda mi locura

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    y sea yo un ejemplo deplorable de cadver disecadoexhibindose en las aulas de medicinadonde los malditos aprendices gozarnsacndome y ponindome los rganoscomo a un rompecabezas de plastilina? eso la intemperie de la noche abrazndome los ojos el cuervo envenenado que reclama su lugar en el corazn los zumbidos horripilantes del aire rompindose el mentn contra el mundo es tardese han descompuesto los relojesy sin embargo este envejecer no para no para no para amanec apedreado como los perros en las calles donde no me recuerdan ni vindome en fotono me dejars flores en la puerta esta noche no averiguars por mis dolores a veces pienso que deb haber roto la caja de cristal en la que me encierrocuando tuve tiempo cuando el verde prado ocupaba mis manos no este rastrojo que soy frente al espejo no estos botones que se cubren los huecos para no ser botones no nada de esto lo que hacen de m las botellas los falsos intentos de hacer las paces con el fango de esconder la plvora en los zapatos nada de esto siempre tuve miedo a los adioses por eso olvid la palabra distancia en la boca de una mariposay ahora es tan atroz la idea de no ser niode abandonar por veranos enteros las rodillas que se derretan bajo el solel frgil cantar del agua antes de la escuelaahora que puedo confesar que he dormido en los parquespor eso repito que he escuchado crecer a las flores al arrullo del alba que va rayando las uas qu lejano era el mar entonces se llegaba a l despus de beberse un barril de estrellas

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    despus de repartir el torso en las cantinasy fumar hasta los velos del vestido de la hermana ahora el mar es una palabra que dibujoque la tomo en mis manosque la levanto como a un animal enfermono vendrs a dejarme flores en la puerta esta noche?no importayo tengo el maraunque siempre tendr miedo a los adiosespor eso no dejar de revisar las cartas para asegurarme que en algn lugaralgn momentocuando mis huellas dejen de ser las de una sombra errante y se conviertan en algo til como un abrazohoy no tengo ganas de nadabueno s de meterme en las piletas de los parquesde subirme a los postes de alumbrado de apedrear los vidrios de las iglesias de sentarme a ver cmo amanece detrs de esta ventanavoy a sacar la cajita de msica que tengo bajo la almohadavoy a asfixiar con amor de loco a la bailarina que hay dentro seguro me invita a enterrarla en sus tinieblasme hace tanta falta una hamaca un ro que magulle afueraun lago de cervezael techo estorbaquiero la luna las nubes moradas de la madrugada no importa que no me dejes flores en la puerta esta nocheque no averiges por mis doloressiempre es igual de atroz cuando vuelvo a ser nio pienso en pistolasen ventanasen nudos rodeando el cuellosiempre por este maldito silencio que reina en mi casacuando lo nico que necesito es un arrullo.

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    Sofa Jaramillo / sin ttulo

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    Jos Corral / 1986Serena.

    Atiende mi beso dir-,terminars cuando mi alma se parezca a un pedazo de azul tieso.

    Cuando te encuentre vestida de nada como el viento, serena,nos beberemos; tentaremos a probar las sonrisas durante la cena.

    Entonar entonces de norte a sur el canto de mi boca en tu cuerpo.

    Te abrigar tanto que sentirs mis huellas en tu sangre

    Ardern las flores del primer da en el Gnesis, se llenarn de arbustos los fortines, se aburrirn los trenes de cruzar fronteras, se quedarn en silencio las palabras de los poetas tristes, se consolarn penas entre peces y policas desolados.

    Encontraremos el pasado, uno slo, espindonos dormidos.

  • 86

    Una palabra se te fue de largo

    Pedas listas las promesas de celos ydespedas mis intenciones de componerte una tonada ms admirable que tu cancin favorita;destrozabas mis cuentos de piratas de barcos indestructibles para decirme que naufragarn en la prxima oracin que imaginara;trazaste la figura de la boca perfecta dentro de mi paladar;asentabas en tus piernas los vestidos que quemaras si te peda que los vistas.

    Dije cllate- antes de que caiga el ltimo rayo de sol al que los socios de la primavera lo calificaran como letal.

    Tom los cursos para aliviar el dolor de muelas con una sonrisa muerta. Aprend a dibujar mariposas silvestres debajo de la falda de la montaa del monstruo comesueos.

    Acced a no utilizar palabras fracasadas para expresar la necesidad de cambiarte por alguna pirata aventurera que se atreviese a navegar conmigo a travs de las tempestades de la soledad en esos barcos inquebrantables.

  • 87

    *Al instante, reina el temor de tenerte.

    En una pausa silenciosa, me figuro durar transformado;empantanado est todo dentro de t.

    Djame espantarte las culpas, mi maldad.

    Lento, sobre mi lugar,no pude soportar el dolor de tus heridas.Anhel bordear tus apetitos de felicidad.

    En el espejo ni haba salida.

    Ansioso por luchar tu cuerpo,calcinado por refrescar mi seco aliento prendadoen el ro de tu relucida existencia.

  • 88

    *Puedo ser tu ahogo pero asegrame no ser quien siente / la daga dentro de tu cuerpo.

    Una pausa que estorba en silencio.

    Con el delirio de desnudarme entero para sonrer tu disgusto y enfadar tu alegra,ordeno mis papeles para cruzar, por fin, a la ausencia que permanece atenta en la otra almohada. Me siento presente en el olvido de tus segundos largos.Me rechazo la posible idea de importar,pertenecer intacto al tiempo embebido.

  • 89

    *Ese grito de alfiler en pajonal todo ese propsito de sembrar forjados libros, auto-escchate, con las quebradas orqudeas de los sueos de nadie. Los destrozos del viento.

    Este perfil de gestos casposos se aduana los mares; la condicin de persona alabada en adiccin, todo lo amenazado, y pens

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    Toms Carpio / Llorona

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    Vernica Neira / 1987

    Saudade

    Y t no te perfumes con palabras para consolarme. Joaqun Sabina

    Sueo tanto,te imagino en distintos lugares(espacios de mi cuerpo)pero nunca ests,te alejas lentamente,me dejas tan slo colgada de tus pestaas,no hablas,ignoras que tal vez es ms,que tal vez necesito ms,saber que ests,que no niegas,que lo (me) buscaste,y esperas que el da llegue...

    Pero no hablas,ese silencio retumba entre mis sienes...

    y me olvidas.

  • 92

    Invencible

    Hay das como stosen los que no me siento,no rozo el delirio...

    Y no te busco,s que ests,pero quiero que caigas,que huyas, me dejes,te marches, y caigas.

    Y caer contigodando vueltas y evitar esa luz magenta de diciembre,que me atormenta,me hunde, me esconde,me corta, me mata,en esa muerte dulce,como respiro compartidoo llanto solitario...

    Caer, resbalar...

    Resbalar, dejar a las manosreconocer los pliegues,la epidermis, las mscaras,arrancarlas!,permitir que la sangre se una,se diluya, se encuentre,se confunda, nos llame,a esa unidad invisible,supuestamente irrompible,eliminar esta postausenciay la necesidad de saltar al vaco.

  • 93

    Espejo

    Sigo prendida de aquel pasado,de esas noches de insomnio,de las largas veladas,de los antiguos rostrosque mataron y lloraron,de esa continua necesidadde buscar a alguien,y de esperar la aprobacin que nunca fue la que esperaba,porque a travs del espejonada es como quisiera,se disminuye el sol,y las voces quedan atrapadasante el intento de alcanzar el otro lado,y la inocencia que no conduce a la libertad,slo hacia el abismo del reflejo,del que nunca me atrev a saltar...

    Pero ya no ms,no espero nada,ni busco que tus ojos hmedos me miren...

    Perdono los daosy evito la cada,porque no puedo permitir la debilidad otra vez.Me marcho,porque no consigo seguir atrapada.

    Me atrevo a cruzar el espejo,y a olvidar las fotos amarillas!

  • 94

    Virginia Cordero / escalera 4

  • 95

    Paula Martnez/ 1977

    pequeos versos dada I Mustias manos, de silencio muerto, justo en el filo donde terminan los prpados, escndeme del delirio y del hasto! simulando inmensidades rotas dietticas, marchitas, tras escudriar las sierpes, del instante seo, en el azogue del espejo. II Voltil tilde de soprano horroriza el humo acuoso del viento, sintate libre!en el filo del abismo donde surge del recodo, imperceptible, la muerte fatua, arreglada de cipreses y gorgonas, palidece en el instante del delirio, el cuervo vertiginoso del deseo. Aprehendido entre danza de tus manos.

  • 96

    III Sarcstico timbre de medusas revueltas de elegir entre los pasos, que conducen al sin-fin del laberinto. En el opio de tus labios, estirados de peces y gusanos, secos de olvido, mustios de pipa. Sin-sabor de tu lengua reseca que se burla del palo de mis ojos, alardeando de la efmera y errante, vida que le queda III Estupefacto, ante el escote del abismo, que se cierne en un crisol de tempestades, me paraliza el escalofro, de aquello que conozco y que no acepto. Encirrame elctrica en tus manos, agonizante, espeluznada por tu olvido, entre los malheridos mantos, de mi silencio que no entendiste

    tatuaje falso Tom una tiza verde entre mis dientes, y comenc a marcar distancia, dos pasos atrscruz verde en los ojos dos pasos atrscruz verde en la cabeza escariacin en el pecho bella, como una gacela adoptada por una tribu africana, negraslas ausencias.

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    princesa dlmata Dos mariposas, tres, cuatro se escapan de tu sonrisa, Anaj. Dos mariposas, tres, cuatro vuelan en picada hacia el msculo seco de mi pecho que olvida su decrepitud y late bajo el ungento de tus ojos de un color que no se ha inventado todava. Dos mariposas, tres, cuatro abanican la vida que me queda detrs de la perfeccin de tus labios que sin conciencia de humanidad dejan escapar mariposas nuevas.

    oso conejito No hay dos pianos. No hay dos flautas. El ruido del melodio se escapa de los dedos de un nio de tres aos Sopla nio, sopla! En la pradera de tus ojos se esconde el gato verde que siempre quise tener aunque, yo odio los gatos! las palabras sisean en tu boca recin estrenada. Maaaaaa en lengua de humana oveja Ya voy vida ma!

  • 98

    Reynel Alvarado / resistencia

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    Guillermo Gomezjurado / 1994

    Cancin del abandonado

    Pese a los acercamientos de itinerarionunca llegamos a rebasar la curvaturade consanguinidad, Es decir, nunca dejamos de ser eso: modestamente extranjeros de nosotros mismos, de forma que, o lejanos reconocidos,o desconocidos cercanamente,siempre nos encontramos a la misma altura de lejanas, siempre en igual ausencia de presencia, hasta que nos volvimos solventes sobornadores de cario, familiares de nuestro abandono, socios de nuestra soledad, mendigos eufemistas de la fraternidad impuesta por cromosomas, y nuestros sentimientos, bien gracias, amarrados al bolsilloopuesto de la billetera, como todo voyeur del siglo XXI.

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    Recuerdos Como los descalzos pies del polvoque, manchando ciudades