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Expresión literaria emergente de la vida cultural de España en la última parte de la Edad Media.

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  • ROMANCERO ESPAOL

  • ROM A N/C E R OE S P A O L

    COLECCIN DE ROMANCES SELECTOS DESDEEL SIGLO XIV HASTA NUESTROS DAS

    EDICIN Y NOTICIA PRELIMINAR

    DE

    JOS BERGUA

    EDICIODESiUKlBERICfSAPARTADO 8 . 08 5 . M A DR I D

  • Es propiedad.

    Queda registrado yhecho el depsito quemarca la ley.

    LS.c

    Impreso en Espaa

    Imprenta Sez - Buen Suceso, 14. - Madrid.

  • NOTICIA PRELIMINARQu es el Romancero? Cundo ha nacido? Cmo se

    ha verificado su difusin? Mucho han trabajado los eru-ditos y especialistas en estas cuestiones, sin llegar auna conclusin definitiva. El Romancero, como todoslos temas literarios de inters excepcional, ha preocupa-do y sigue preocupando a muchas gentes. Cuando laintuicin y la investigacin vacilan y se fatigan en unabsqueda analtica y seca, bien puede darse, aunquesea con moderacin, un poco de licencia a la fantasa.Dejmosla correr un poquito para que nos ayude.Es la hora de la siesta, pero no hdce calor. Los rboles

    corpulentos que crecen a la vera del regato, cobijan consus extensas sombras unas piedras cubiertas de musgoverde, el agua clara que bulle sobre la arena fina y unania medio despechugada que lava unas ropillas cantu-reando. El campo es amplio, llano, inundado de sol. Alllejos, un alcor. En el alcor, en la cumbre, la casa depiedra griscea, grande, con una robusta torre almenadaen uno de sus ngulos. Un vaquerillo guarda tres her-mosas vacas que pacen en un prado. Estamos en laMontaa? Estamos en la Extremadura? Estamos enCastilla? Este paisaje de un valle amplio y llano, inun-dado de sol, con un alcor en el que se yergue una casasolariega, de piedra, con una maciza torre almenada enun ngulo, un prado en el que pacen unas vacas bajo la>mirada tranquila de un vaquerillo y un arroyo de aguaclara en ti que una nia lava unas basquinas, puedeser del norte, del oeste o del centro de Espaa.

    S, es un paisaje de nuestra patria, un paisaje rural,muy rural, a pesar del torren de la casa solariega. All,detrs de esta casa, al otro lado de la mota, se apia un

  • 6 JOS BEKGl

    A

    puebleclo misrrimo, de casuchas de adobes sin enca-lar, con los tejadillos abombados por el peso de los aos.Y ms all, al final de todo, el teln de fondo de unasmontaas azules muy lejanas.Para que todo sea ms dulce e idlico, el pastorzuelo

    hace sonar un caramillo mientras la nia lava. La horade la siesta silencia dulcemente todas las cosas de la tie-rra, y el sol luce en el azul inmenso. El tiempo noUn vaquerillo echado en el prado, mientras las vacaspacen mansamente y una niita que chapotea lavandoen el regato, han existido siempre en Espaa. En el si-glo XIV, en el XV, en el XVI.Ningn ser humano ms que la nia y el vaquerillo

    animan esta paz campesina. Pero pronto otro personajeaparece en la escena. Primero es un bultito negro quesurge en una altura de la vereda. Luego, conforme vaaproximndose, se le distingue mejor. Es un hombre,quiz joven, porque su caminar es fcil. Viene a pie. Levemos ya ms cerca, al bordear el otero para salir alcamino. Trae colgado de un hombro un zurrn cubiertode vedija negra y, atado a l, una vihuela.La nia ha sido la primera en columbrarle. Con esa vi-

    veza propia de las mujeres, adelantndose a la certidum-bre, ha formado ya un juicio que se acerca mucho a larealidad. La nia se ha puesto en pie y, para ver mejor,haciendo visera con su manecita, mira obstinadamenteal que llega. Su cara se ha animado, se ha avivado elcolor de sus mejillas, sus ojos relucen con inusitadofulgor, todo su rostro, moreno y bonito, se llena de ale-gra, de luz. Pero el vaquerillo ha dejado entre la hierbasu flauta de caa y mira tambin al hombre del zurrn.La nia, antecogiendo su ropilla hmeda, deja el re-

    gato y corre hacia la casa. El vaquerillo, sin pararse acerrar la cerca del prado, abandona las vacas y, saltandomatas y atajando peas, trisca como un recental en di-reccin al poblado de casillas de adobe.La nia ha llegado casi sin alientos a la casona sola-

    riega. Habla tartamudeando. Con las manos, con sus me-jillas, con sus ojos que fulgen como luceros, ha contadola nueva a las criadas en el zagun, a las pastoras en el

  • NOTICIA PRELIMINAR 7

    corral, a las dueas que cosen en el corredor bajo laparra cargada de fruto en agraz. Ha sido la noticia comoun chorro de humo en una colmena. Voces mujeriles, al-boroto, risas, alegra, apresuramiento. Ya conocen todaslas mujeres en la casa la noticia que trajo la nia quelavaba en el regato , Una azafata, reprimiendo el alboro-zo, ha penetrado en las estancias oscuras para comuni-carla a la seora.

    Y entretanto, el vaquerillo, sudoroso, triscando, palmo-teando, ha llegado al pueblo. Vocea por las calles, aplau-de, se re, grita. Las mujerucas se asoman a las puertas,los mozos se avisan unos a otros por sobre las bardas,la chiquillera, en tropel, corre hacia el camino, mien-tras los ancianos, refunfuando, porque es su oficio, peroea el fondo complacidos, llegan casi a sonrer cuandonadie los mira.Por la vereda del otero desemboca en el camino el

    hombre del zurrn y la vihuela. Mil ojos le miran desdelas almenas de la torre, desde las ventanas de la casasolariega, desde las puertas de las casuchas de adobes, porsobre las tapias de los corrales. Aquel hombre^ gris porel tamo de las .sendas polvorientas que ha recorrido, vaacercndose. Su paso sostenido, enrgico, le hace incon-fundible. Es el que vino al lugar har para dos aos, porCarnestolendas. Bien le recuerdan todos; es el mismo,y los mismos son su zurrn y su vihuela. En aquel zu-rrn, el cartapacio de los papeles que l sabe leert y enaquella vihuela...

    Los chiquillos rememoran los juegos y truhaneras queantao vieron hacer a aquel hombre en la plaza. Unamozuela de la casa solariega ha dicho a las otras quela escuchan y que como ella miran vidamente al quese acerca: es el que cant aquello de

    Sin color anda la niadespus que se fu su amante,enemiga de sus ojos,descuidada con su talle...

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    Y el mozo, que sobre las bardas ha reconocido al via-jero, musita, recordando la tonadilla que le oy:

    Aquel alto emperadorque tena a su mandarla mayor parte del mundopoderoso por la mar...

    Un anciano que apoya sus sarmentosas manos en ellustroso cayado, mira con sus ojuelos hmedos al hom-bre de la vihuela, el que estuvo en el lugar ya va parados aos. Tiene el viejo los labios fruncidos y renegrosque se le hunden en la boca por la falta de dientes, Peroan silabea tembloroso al ver venir al trashumante, re-cordando lo que le oy recitar junto a la fogata de lacocina, aquella tarde lluviosa y fra:

    Quin es aquel caballeroque tan gran traicin haca?Ruy Velzquez es de Lara,que a sus sobrinos venda...

    Ya llega el juglar al pueblo. Manos amigas le saludandesde lejos. Algunas ancianas se santiguan y cierran degolpe el ventanuco mientras la chiquillera, que precedebulliciosamente al recin llegado, anuncia a todos la bue-na nueva. Aquel hombre, con su zurrn repleto de grue-sos papeles en que van escritos los romances y su vi-huela que mosconea mientras los recita, es la esperanzade mozos y viejos, de chicuelas y casadas, de rsticos yseores. Aquel hombre sabe todas las historias, cuenta,en verso todos los acaecimientos, recita las noticias lle-gadas de los pases ms lejanos, las ms estupendas nue-vas y los ms antaones sucesos.No en balde la nia dej el regato y el vaquerillo aban-

    don el prado. La noticia ha llegado ya a las salas de lacasa solariega. En el estrado, una dama con los ojos en-tornados y el pecho palpitante, recita en voz baja aquelromance que oy en las Carnestolendas al juglar:

  • NOTICIA PRELIMINAR 9

    Quien dijere que la ausenciacausa olvido en quien bien amami firmeza lo desmienteen quien ver que se engaa...

    El campo permanece mudo, soleado, quieto. Las vacaspastan mansamente en el prado y el agua fresca del re-gato bulle entre las pedrezuelas blancas, a la sombrade los copudos rboles, Estamos en la Montaa, en laExtremadura, en Castilla? Corre el siglo XV, el XVI tEs igual. El juglar templa su vihuela y va a comenzarsu melopea. Las gentes le rodean. Un poco de silencio...

    Bajo el punto de vista del "Arte Potica" es el ro-mance una composicin que consta de un nmero inde-terminado de versos octoslabos (en realidad, versos dediecisis slabas divididos en dos hemistiquios de a ochoslabas), de los cuales son los impares libres, y asonan-tes los pares. Hay romances cuyos versos tienen menosslabas, y entonces se les llama "romancillos", y los haytambin endecaslabos, que se denominaban romances ma-yores o heroicos. Todos ellos, sin embargo, siguen lamisma asonancia.El romance, nacido del pueblo y escrito para el pue-

    blo, fu desde sus orgenes el ms fiel intrprete desus gustos, sus creencias y sus sentimientos. Su formamtrica con asonancia monorrima, es la verdaderamenteindicada para cantar asuntos picos, novelescos o amo-rosos, los cuales forman la parte principal del cuerpode nuestro romancero.Cuestin sumamente debatida por los eruditos de to-

    dos los tiempos, ha sido la del origen del romance, en-tendido como cancin popular, que el pueblo escuchabaa los juglares y que aprenda de memoria, repeta y per-petuaba a travs de los aos y an de los siglos, conser-vando as, por tradicin oral, uno de los ms grandestesoros de nuestra literatura nacional.Es opinin del seor Menndez Pidal que los romances

  • 10 JOS BEKGUA

    tradicionales proceden o representan fracciones de msextensos poemas picos, haciendo notar que su forma m-trica de diecisis slabas con asonancia monorrima, esen esencia la versificacin de las.gestas medievales. Re-citados stos por los cantores populares, en la memoriade los oyentes quedaban algunas escenas culminantes,las que producan en ellos mayor inters por su fuerzadramtica o por otra circunstancia cualquiera. Es muyprobable que esta parte del poem