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    Resumen

    Este artculo intenta resaltar el inters que revisten lasmanifestaciones de la religiosidad popular andaluza co-mo testimonios de un patrimonio que nos identifica, yque es exponente tanto de un modo comn de ex-presin del pueblo andaluz como de los sugerentesmatices que aporta nuestra propia pluralidad sociocul-tural. Unos elementos entendidos desde sus racestradicionales, adaptados, y por tanto vivos, en su re-produccin cultural actual. Slo atendiendo a esosmodos particulares de vivir la religin puede llegarseal entendimiento global y no objetual de esta parte denuestro patrimonio cultural.

    Palabras clave

    Andaluca / Religiosidad popular / Ermitas / Romeras /Cultura / Identidad / Tradicin / Patrimonio Etnolgico

    Uno de los factores culturales ms complejos delpueblo andaluz son sus expresiones de religiosidadpopular. Un concepto -religiosidad popular- que indu-dablemente no se circunscribe a un sector de la socie-dad, ni a las clases iletradas, ni al mundo rural, etc.; noest expresando, por tanto, la extendida oposicinculto/popular o rural/urbano, como mundos indepen-dientes y contrapuestos, sino ese modo especial quetiene cada sociedad, cada cultura en su conjunto, deaadir sus propias vivencias, su propia experiencia cul-tural, al ncleo bsico de las enseanzas religiosas. Es,por tanto, la combinacin de los planteamientos orto-doxos con tradiciones culturales, que conducen lasms de las veces a una separacin entre la expresinverbal y la conducta fsica, entre la aceptacin tericade determinadas ideas y el modo observable en quese llevan a la prctica.

    Esta mezcla se presenta ms o menos equilibrada, de-pendiendo de los pueblos y asimismo de las pocasque se analicen, pero es innegable que en la Andalucaactual se da un fuer te desequilibrio a favor de loscomponentes tradicionales; unos elementos definido-res de las manifestaciones de nuestra religiosidad po-pular, que sin duda constituyen un reflejo de la culturade la comunidad que les da vida, siendo por tantosentidas como un smbolo de identificacin y de per-tenencia al grupo.

    Ah radica su inters patrimonial, pues slo teniendoesto en cuenta pueden explicarse las formas concretasde nuestra ritualidad, la resonancia afectiva de mltiplesdevociones incluso en personas no religiosas, la inevita-bilidad de acudir a los lugares de origen en determina-das celebraciones, principalmente en las fiestas patro-nales, o la propia mudanza de stas a fechas veraniegaspara facilitar la participacin de los emigrantes comointegrantes de un colectivo que los identifica. Igualmen-te explica el hecho de que los padres inscriban a sushijos el mismo da del nacimiento en su hermandad pa-tronal o penitencial para continuar la tradicin familiar.En definitiva, para transmitir unas pautas culturales,siempre renovadas pero siempre conectadas con elsentir tradicional que las origin y las mantiene.

    Races que se pierden en el tiempo

    Para ahondar en las claves interpretativas de la religio-sidad popular andaluza, es preciso retroceder ms allde la cristianizacin primitiva de la regin, pues cuan-do se extendieron las doctrinas catlicas, ya se halla-ban consolidadas en Andaluca algunas de sus ms cla-ras inclinaciones, tal como es el caso del culto a

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    aluz Religiosidad popular andaluza

    Testimonio de un patrimonio que nos identifica

    Esther Fernndez de Paz

    Departamento de Antropologa SocialUniversidad de Sevilla

    1 Diosa Astart.

    Foto: Mario Fuentes

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    poderosas imgenes maternas; culto que, por encimade los posteriores y continuos cambios de denomina-cin (Astart, Tanit, Artemisa, Afrodita, Diana, Venus,Mitra...), siempre se ha mantenido como un rasgo fun-damental en la religiosidad popular de los andaluces.

    A esta preferencia por las devociones marianas contri-buyeron enormemente dos culturas tan distintas co-mo Roma y el Islam, de quienes tomamos los senti-mientos de sumisin y fatalismo ante la voluntaddivina. Esto puede provocar, en expresin de Domn-guez Morano, una fuerte rebelda, opuesta a la sumi-sin, que desemboca en una ambivalencia respecto aun Dios "vivido a niveles inconscientes como padre fatal,arbitrario y causante quiz de la desgracia y opresin queeste pueblo ha sufrido de modo casi ininterrumpido a lolargo de su historia milenaria", frente al cual, la ya arrai-gada religiosidad mariana se intensifica al ver en la figu-ra materna la proteccin y el consuelo necesariosfrente al Dios-Padre 1.

    Ese mismo atributo de mediacin entre la autoridaddel padre, por lo general ausente de la casa, y los hijoses, sin duda, una de las notas ms definitorias de lamadre andaluza tradicional. De esta forma, el modoandaluz de sentir las relaciones familiares se traspasa alterreno religioso, haciendo "bastante comprensible laatraccin de los andaluces por ese smbolo tan querido eidealizado por ellos en la vida cotidiana" 2. De hecho, nopuede descartarse que la Iglesia intuyera esta afinidadpsicolgica con algunos patrones familiares en su es-fuerzo por que la cristiandad fuera acrecentando estadevocin, dejando de considerar a Mara nicamentecomo Madre de Dios, alejada de los asuntos humanos,y hacindola entrar en la dinmica de mediacin antela divinidad.

    En Andaluca, adems, se dio la circunstancia de que amedida que avanzaban las tropas cristianas, la falta desantos en los territorios hasta entonces musulmanesse va supliendo directamente con imgenes de la Vir-gen, a la vez que coincidi la revitalizacin del cristia-nismo en nuestro territorio con una poca de mxi-mo despliegue de manifestaciones religiosas populares,que en seguida la Iglesia misma propici en las doctri-nas tridentinas.

    As, desde la poca barroca el culto a la Virgen es elpredominante en Andaluca. Baste recordar cmo la"Tierra de Mara Santsima" defendi y festej la pro-clamacin de las bulas de la Inmaculada Concepcinen el siglo XVII. Desde entonces la superioridad deesta devocin es indiscutible. Un recorrido por las er-mitas y santuarios de nuestro territorio atestigua so-bradamente la hegemona del culto mariano, en co-rrespondencia con las numerosas Vrgenes erigidascomo patronas de una localidad. Del mismo modo, enuna celebracin tan especfica como la conmemora-cin de la Pasin de Jess, el pueblo andaluz ha idoacrecentando progresivamente el protagonismo de lasVrgenes Dolorosas, hasta el punto de que, en general,parece que el sufrimiento de la madre que ve a su hijomaltratado hasta la muerte, atrae mucho ms la aten-cin que el propio dolor de los Cristos.

    Lgicamente, esta preferencia se halla materializada enla imaginera sacra, tanto de altar como procesional,as como tambin en elementos de acompaamientocomo insignias, emblemas, banderas y muchos otros.Incluso la iconografa de los retablos callejeros de-muestra que el tema religioso ms extendido es el deNuestra Seora, desde sus orgenes en el siglo XVIhasta la actualidad 3.

    Pero tambin la aficin a los santos est muy presen-te en Andaluca, puesto que la definitiva supremacamariana no significa que se ignoren antiguas devocio-nes. Por eso son mucha las poblaciones que cuentancon santos patrones, a quienes dirigen sus cultos,fiestas y romeras. Y ello sin olvidar tampoco el ape-go a las reliquias que se conservan en cualquier lugarde culto o que acompaan las procesiones peniten-ciales. Los santos siguen siendo eficaces protectores,cada uno especializado en el remedio de un determi-nado mal o en la consecucin de un determinadobien, actuando por tanto como mediadores especfi-cos. Bien es cier to que el avance de la tcnica, alerradicar muchas plagas y epidemias y ofrecer solu-

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    2. Alans de la Sierra.Ermita de NuestraSeora de lasAngustias. Grupoescultrico de LaPiedad.

    3. El Madroo. Iglesiade San Blas. San Blas.

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    ciones cientficas a antiguas incgnitas, ha hecho per-der su razn de ser a la mediacin milagrosa de nu-merosos santos especialistas, pero los ms enraiza-dos sobrevivirn a este declive.

    En la encuesta que el Ateneo de Madrid realiz en1901 sobre las costumbres del ciclo vital en Espaa,pueden hallarse algunas respuestas de enorme intersen este sentido. As, se testimonia claramente la fe de-positada en San Antonio de Padua a la hora de en-contrar novio: en Badolatosa las jvenes se encomien-dan al santo "con rigor, quitndole el nio, volvindolecontra la pared, ponindole boca abajo y hasta zambu-llndole en el pozo"; o la confianza hacia San Franciscode Paula en el trance del par to: en El Coronil le en-cienden una vela y "se ponen tambin un cordn bendi-to del mismo Santo" 4.

    Estamos ante una de las caractersticas ms slidasde nuestra religiosidad popular : el mecanicismo o

    visin utilitaria de los personajes celestiales. En elfondo, lo que se busca es la personalizacin de lasrelaciones, otra de las caractersticas ms evidentesde la cultura andaluza. Ante las abstracciones y loscomplicados e inescrutables misterios teolgicos, elpueblo necesita buscar los cauces para conseguir elacercamiento de esas figuras a un plano ms huma-no, ms cercano a su realidad, a sus pasiones y sen-timientos, a los que poder solicitar su intermedia-cin ante la lejana divinidad. Una prctica que laIglesia ha atacado cuando la ha considerado reflejode creencias paganas, mientras que otras veces ellamisma la ha propiciado. De qu otro modo puedeinterpretarse la inacabada costumbre de depositarexvotos a los pies de las imgenes como reconoci-miento a los favores personales recibidos? O cmoentender si no el sinfn de advocaciones marianasque las convier ten en personalidades diferentes yhasta r ivales en la devocin, cuando slo hay unanica madre de Jess?

    De hecho, la eleccin de una determinada advocacin