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MEMORIA Y EMOCIONES Carlos Herans

Tena una memoria tan mala, que se olvid de tener una mala memoria

y comenz a acordarse de todo RAMN GMEZ DE LA SERNA

Cuando Ana me embarc en esta mesa redonda y me expuso por donde poda enfocar el tema, dando circunloquios varios acab por decirme que hiciera lo que quisiera. La salvacin estaba all y la respuesta estaba en el viento. El me arrastra por la memoria y me he acordado de algunas cosas que en mi historia personal me han arrastrado al teatro para la infancia. Cada recuerdo conlleva una reflexin y encontrar el origen en palabras de autoridades, que lo son y han sido para mi. Empecemos pues.

Slo la cultura da libertad. No proclamis la libertad de volar, sino dad alas;

no la de pensar, sino dad pensamiento. La libertad que hay que dar al pueblo es la cultura.

MIGUEL DE UNAMUNO Discurso en el Ateneo de Valencia (24 de abril de 1902)

La memoria se asemeja a las incisiones que se producen por el buril en las planchas de cobre o zinc que se utilizan en la estampacin de grabados, aguafuertes, punta seca... Las emociones son esas marcas, en su conjunto, que articulan la estampa realizada, tras pasar por el cido, recuerdos estampados como eventos de nuestra vida. El tiempo los transforma, como ocurre al bruir, les aade luces y sombras, los mejora o corrige y permanecen o se van diluyendo. El teatro cuando somos nios, es sobre todo emocionante. Al menos para mi ha sido as y las emociones que suscita se graban de forma indeleble, quizs recogidas en un detalle, un decorado, una luz, un actor, un gesto o una frase. Uno de mis primeros recuerdos de infancia, es de una representacin teatral a la que asist, probablemente a los 5 o 6 aos. En la empresa en que trabajaba mi padre, en el periodo de Navidades se celebraba un acto para repartir juguetes a los hijos de los trabajadores y nos reunan en el local ms grande de Madrid. La empresa tena un grupo teatral de aficionados. En aquella ocasin, durante la representacin, un prncipe estaba en una casa (decorado de papel pintado y envarillado) de una anciana (un tanto misteriosa). En un momento dado de su conversacin (que no recuerdo), el panel trasero del decorado se inclin hacia el pblico y el prncipe, diligente, lo sujet y

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empujo a su lugar, donde alguien desde detrs lo recuper en su sitio. Poco despus el prncipe pagaba a la anciana con una bolsa de monedas y esta dijo: Gracias seor porque as puedo arreglar la casa que se me viene abajo. No he guardado otro recuerdo del resto del espectculo, solamente esta ancdota y el ttulo: El prncipe que todo lo aprendi en los libros. La obra de teatro era de Jacinto Benavente (fue premio Nobel en 1922) e impulsor de un teatro para la infancia. Este incidente que relato ha quedado grabado en mi memoria y probablemente me determin a hacer teatro en el que debut cuando tena trece aos. Una colaboradora, en las Semanas Internacionales de Teatro para la Infancia, supongo que cansada de que contara esta ancdota, me ha regalado en 2010 una reedicin del texto y su ttulo es El prncipe que todo lo aprendi en los libros, y he podido por fin cerrar el crculo entre mi recuerdo y lo olvidado.

Sin duda la huella de aquella emocin me ha invitado durante mi juventud a desear pisar el escenario, a tratar de conocer los oficios teatrales, la fascinacin de los telares y sus cordajes, los misterios de la iluminacin desde las candilejas y los reguladores de restato, hasta los proyectores led y los pupitres electrnicos de regulacin, la utilizacin del maquillaje y el vestuario, de la plancha metlica para los truenos, hasta el arco voltaico para los relmpagos y la lmpara estroboscpica. A lo largo del tiempo me he encontrado con mis alumnos, cuando trabajaba en la escuela o en los coloquios de los festivales, con las mismas preguntas a los actores que yo me haca, en mi infancia: Cmo se hace cuando...? Cunto tiempo ensayis? Es muy difcil aprender el texto? Etc. y as una y otra vez.

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La fascinacin ante lo que ocurre frente a nuestros sentidos se traduce en la expresin de asombro en el rostro de los nios, con la boca y los ojos muy abiertos sin que la espalda apenas llegue a reposar sobre el respaldo de la butaca. Qu emociones estn sintiendo? Ese es el podero del teatro cuando consigue transmitir emociones, por tanto la vida. Ficciones que les permiten vivir vicariamente otras vidas a travs de los actores, imaginar otros mundos que existen en tanto en cuanto asistimos a la representacin y que adquieren la impronta de ser verdaderos. Vuelvo al hilo de mi errtico discurso, para a reencontrarme con mi memoria , no tan remota, de las emociones que he vivido como espectador del teatro para la infancia. Una cosa es que como responsable de una programacin, haya trabajado para seleccionar con criterios artsticos y de oportunidad los espectculos y otra es las emociones que han provocado a lo largo de muchos aos las propuestas escnicas que he contemplado. La huella que me ha dejado el teatro, sobre todo al descubrir el mundo teatral para la infancia de otros pases con una trayectoria que, en el mo se haba truncado, se ha fijado en mi memoria con fuerza como el descubrimiento de un mundo ya que durante la dictadura el teatro para la infancia en mi pas era mnimo y mnimamente institucional, el resto tena un formato amateur repleto de buenas intenciones pero de baja calidad. El viento me llev a un descubrimiento emocionante, provocado por la calidad y profesionalidad de las compaas que en Europa estaban construyendo el universo teatral para la infancia, desde estructuras tanto oficiales como privadas, que nos abran la imaginacin y nos dolan por las carencias que nosotros suframos.

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"El arte no es un espejo para reflejar la realidad, sino un martillo para darle forma"

Bertold Brecht En el teatro para la infancia manejamos un martillo que da forma a la realidad a travs de la fantasa, la creatividad, que moldea en el pequeo espectador qu cosas? qu emociones? qu sensaciones? qu ideas? Espectculos que conmueven, que traspasan los lmites de la escena y que se graban en la memoria sera esto un criterio de calidad? Ante esta pregunta retrica, me sumerjo en los meandros de mi historia como espectador y surgen entre la espuma de la corriente, con la emocin de la simplicidad que nos abre el pensamiento, una serie de momentos inolvidables. En unos casos por su calidad esttica, o por su estilizacin, por el derroche de creatividad que encierran, o por la belleza del trabajo de los actores, tcnicos, escritores, iluminadores....Esa constelacin de esfuerzos que produce ensimismamiento durante 30, 50 u 80 minutos, con un brillo estelar que nos conmueve profundamente. Es posible otro criterio para valorar la calidad de un momento mgico del teatro? La clave probablemente se encuentre, en palabras de Peter Brook: Para hacer teatro, para estudiar y comprender el teatro, necesitamos solamente una cosa :la materia humana. ...La gua mas importante que conozco para el trabajo, la que escucho siempre, es el aburrimiento. En el teatro, el aburrimiento es el diablo, puede surgir en cualquier momento. En un instante nos asalta por detrs, es voraz. Busca el momento para deslizarse de manera invisible dentro de una accin, un gesto, una frase. ...El pblico en general, pero sobre todo el pblico infantil, es el mejor crtico. No tienen ideas preestablecidas, se interesan o se aburren, estn con los actores o se impacientan.[1] Ese es el terror: sentir el ruido en la sala, no saber a que se debe, intuir mientras se acta que algo falla y efectivamente en la mayora de los casos, falla: la emocin desaparece y el aburrimiento nos acosa. Ese diablo tambin puede revestir la forma de espectculos estereotipados, llenos de concesiones a lo polticamente correcto, al concepto espectacular de los mass media, a las grandes factoras de produccin cinematogrfica, a la mera ilustracin de libros, a los mensajes transmisores de moralina, a los productos que desprecian a la infancia y tratan exclusivamente de la especulacin econmica en este sector. En definitiva que se mueven en el mbito de la cultura que est consagrada a satisfacer un gusto y una esttica pequeo burguesa y a las leyes del mercado. Coartada cultural que justifica la existencia de actividades para la infancia patrocinadas por marcas comerciales o instituciones pblicas que necesitan mejorar las ratios de espectadores en los teatros institucionales.

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Retorno a mi experiencia personal (a ciertas edades conviene ejercitar la memoria). En la ma quedan mas emociones sentidas y vividas en el teatro para la infancia que en el teatro para adultos que he visto en los ltimos aos, en el cual se repiten modas y eternos retornos a estticas de hace muchos aos con una capa de modernidad, que suele esconder la impotencia por el descubrimiento, por el riesgo, por la libertad creadora, por el compromiso social, navegando en una permanente angustia existencial en monlogos interminables, reflejo de un cierto narcisismo de sus intrpretes. Vengo a recordar a Luca Ronconi que en alguna ocasin afirmaba que el teatro se haba acabado con Chejov, (retornemos a la materia humana que exige Brook). En un nuevo meandro de este fluir de reflexiones, encuentro a nuestro Garca Lorca: El teatro es una escuela de llanto y de risa, y una tribuna libre donde los hombres pueden poner en evidencia morales viejas o equvocas y explicar con ejemplos vivos, normas eternas del corazn y el sentimiento del hombre[ 2] ... Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier ndole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que l quiere no se encuentren all. Lo que le gustara esto a mi hermana, a mi padre, piensa, y no goza ya del espectculo sino a travs de una leve m