Ramón Gómez de La Serna - El Caballero Del Hongo Gris

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<ul><li><p>37. Ramo?n Go?mez de la Serna - El caballero del hongo gris.jpg</p><p>www.princexml.comPrince - Personal EditionThis document was created with Prince, a great way of getting web content onto paper.</p></li><li><p>Edicin digital para Universidad de Guadalajara 2015</p><p>Programa acadmico de Literatura Espaola del Siglo XIX</p><p> 2015 diseo de la portada Librooks Acadmicos Digital Publishing</p><p> 2015 de la presente edicin digital formato EPub</p><p>Produccin Editorial Librooks Acadmicos Digital Publishing</p><p>Programa acadmico de literatura espaola del siglo XIX en la Univer-sidad de Guadalajara</p><p>Direccin Editorial para versin digital de Judith Guzmn Ramrez</p><p>Mecanografistas y digitalizadores de texto</p><p>Laura Araceli Cardona Ching</p><p>Gerardo Vzquez Briseo</p><p>Karen de la Torre Vizcarra</p><p>Miriam de los ngeles Saldaa Martnez</p><p>Sara Estela Varo Argello</p></li><li><p>Participacin como prestadores de servicio social y prcticas profe-sionales en el proyecto Digitalizacin de textos para uso acadmico deLiteratura Espaola del Siglo XIX 2013-2014</p><p>Las caractersticas grficas y tipogrficas digitales de esta edicin enversin ePub son propiedad de Librooks Acadmicos DigitalPublishing.</p><p>Este es un libro de uso exclusivo acadmico dentro de la Universidadde Guadalajara, enfocado para los alumnos inscritos a la asignaturaLiteratura Espaola del siglo XIX, su distribucin es libre y puedeser de utilidad para cualquier interesado en la materia. No tiene costo.Si pagaste por este libro reprtalo a: judith.guzman8@gmail.com ylibrooksmexico@gmail.com</p><p>Esta obra est bajo la licencia de Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International.</p><p>Su contenido es de Dominio pblico respetando los derechos moralesde la obra original.</p><p>Hecho en Mxico.</p><p>Guadalajara, Jalisco. 2015</p><p>3/191</p></li><li><p>EL CABALLERO DEL HONGO GRIS</p><p>Ramn Gmez de la Serna</p><p>1970</p></li><li><p>CONTENIDO</p><p>PROLOGO</p><p>I</p><p>II</p><p>III</p><p>IV</p><p>V</p><p>VI</p><p>VII</p><p>VIII</p><p>IX</p><p>X</p><p>XI</p><p>XII</p><p>XIII</p><p>XIV</p><p>XV</p><p>XVI</p></li><li><p>XVII</p><p>XVIII</p><p>XIX</p><p>XX</p><p>XXI</p><p>XXII</p><p>XXIII</p><p>XXIV</p><p>XXV</p><p>XXVI</p><p>XXVII</p><p>XXVIII</p><p>XXIX</p><p>XXX</p><p>XXXI</p><p>XXXII</p><p>XXXIII</p><p>6/191</p></li><li><p>XXXIV</p><p>XXXV</p><p>XXXVI</p><p>XXXVII</p><p>XXXVIII</p><p>XXXIX</p><p>XL</p><p>XLI</p><p>XLII</p><p>XLIII</p><p>XLIV</p><p>7/191</p></li><li><p>INo haba dinero en casa de Leonardo cuando naci; pero el bautizo fueesplendido, no escatimndose nada y siendo el padrino el conde Dur-vos, en representacin del rey.</p><p>Esa inconsciencia que preside la vida de muchas casas presida la delos padres de Leonardo, sobre cuyo piano cantaban el rey y la reina eldo de reinar.</p><p>El nio present pronto una cabeza especial, y tomo un tipo macizo yalargado.</p><p>La hurfana del antiguo mariscal pareca imponer al nio caracteresde gran orfandad, aunque viva el padre.</p><p>Leonardo tena algo de heredero fallido de un gran porvenir. Llevaba alos paseos el tipo de un nio imponente, un nio que se est siemprecayendo, por como su tipo era amazacotado y en su cabeza habapesadez de bronce.</p><p>En el colegio el nio era como mozo de cuerda de su altura, y se le veaarrastrarla con penoso esfuerzo, como nio vestido de gigante paraandar por la escuela.</p><p> Sabes lo que pareces? le haba dicho su amigo Albin. Pues unode esos nios de carnaval que son un hombre vestido de nio.</p><p>Leonardo iba echando una cabeza de contador o cabestrante, preocu-pado con la clase de tipo que acabara por tener al final.</p><p>Leonardo hizo el bachillerato por estatura y por aquella cosa demaniqu del nio en el pas de los gigantes. Se vea que su inteligenciaobservaba las cosas con una retcula burda, pero dejaban pasar con l</p></li><li><p>los exmenes al futuro hombre de prestancia excepcional, aunquetardo.</p><p>Se le vea prepararse para sacar partido de su figura, y ya era juezpesado en las cuestiones de sus amigos. Todos tenan idea de su inferi-oridad, y, sin embargo, le buscaban como rbitro, atrados por sutamao y por su sentido comn romano al decidir las cuestiones.</p><p>Hay que buscar a Leonardo decan siempre los que cuestionaban.</p><p>Y Leonardo iba hacia ellos con aire de accionista y se sola sentar enuna silla para escuchar mejor el caso debatido.</p><p>Los trajes de Leonardo eran un conflicto; pero pronto le fueron bienlas ropas de su padre, que en su cuerpo adquiran una gracia especial yun aspecto elegante. Presuma con aquellos trajes macerados, como siacabasen de ser hechos para l, y reincida en ellos una sombra depadre, un algo poltrn, sosegado, con cenizas mezcladas a aquellostrajes generalmente grises.</p><p>No saba nadie dnde iba a parar aquel tipo nacido en la obscuracuajadera de los tipos; ni l mismo lo saba, porque ms que pensami-ento sobre su porvenir, esperaba hacia dnde vagase su destino.</p><p>El pretenda algo excepcional, una existencia cmoda con el sacrificiode todos si fuese preciso, como hijo de gran cacota dispendiosa.</p><p>No se trataba ntimamente ms que con los hijos de los generalescuyos nombres retena. Estaba como en el andn del futuro, esperandoen el tren de los adolescentes que han de dar envidia a los transentes,asomados como hijos de personajes a las grandes vidrieras de losautomviles con pretenciosa galera.</p><p>9/191</p></li><li><p>Cada vez se robusteca ms su estatura y avanzaba con ms prisa ensus estudios.</p><p>Slo al llegar al tercer ao de Derecho se plant. Surgan en el mundomiles de cosas que un hombre poda resolver y explotar sin necesidadde carrera ninguna. No quera l carriles absurdos.</p><p>El mundo se aprestaba a ser comido por su apetito, y perder tiempoera un cargo de conciencia. Disciplinarse cuando quedasen menostreguas entre cosa y cosa, cuando la vigilancia y la obligacin domin-asen al mundo. Ahora, en esta ltima y larga poca de transicin yengao, haba que ser como la poca exiga.</p><p>En los billares le haban preparado con esa especie de envenenamientoastronmico en que son duchos. Viendo correr las bolas sobre los est-anques verdes se haba aleccionado en la vida.</p><p>II</p><p>Con veinticinco aos en la poca preactual, era de aquellos a los queno reducan al orden las ideas ni las advertencias, sino el cuidadometiculoso de la polica.</p><p>Barbarote y de anchas espaldas, tena la mirada altiva del que cree quese lo merece todo. Fue la ltima poca en que jug en los jardines,llevndose tras s a las pequeas ms encantadoras. El pino de laPlazoleta del Pino tena celos de l, y los muchachos pequeos creanque era un abuso que aquel mayor gozase las mejores preeminencias.Cada mirada de l era el rapto de una nia.</p><p>Leonardo crea que deba ilustrar su nombre con hazaas estupendas,y que esa comestibilidad del mundo, cada vez ms suculento, mereca</p><p>10/191</p></li><li><p>todas sus aventuras. Pias de oro se presentaban a su imaginacin conperfume y blandura de pias naturales.</p><p>Leonardo, influido tambin por su nombre, quera imponer su pecho ala vida y estaba ansioso de dominio.</p><p>Le resultaban pequeas las cantidades que le daban sus padres, que nosaban qu regalo hacer a aquel hombretn que no alcanzaban a saberqu quera ser, pues no caba orientacin en su alma disidente, escon-didiza, guarecida en sus propias cavernas.</p><p>Los faroles de todas las noches se encendan como incitacin paraaquel tipo que hubiera montado todos los autos que pasaban creandolos verdaderos meridianos de las vidas.</p><p>Le sostendremos hasta que podamos, se decan los padres anteaquella vagancia tan voluntaria y hostil, que les atemorizaba con unalejana aprensin de parricidio.</p><p>Un da, por fin, Leonardo escap con el dinero que encontr en lamesa de su padre y todas las joyas de su madre, y les desarm para lareclamacin con el rasgo sentimental de llevarse los retratos quelucan de uno y otro sobre los secretaires del ahorro.</p><p>Los padres solo resumieron el hecho pensando que esa nueva higieneque educa y sanea los hijos de esta poca les prepara una avidez inco-ercible. Van por todo a un mundo descuidado y cobarde an. Quizstriunfase. El Seor le habra de guiar.</p><p>III</p><p>Lenardo estuvo perdido en Barcelona, funcionando en sus grandesbulevares, buscando el refugio de sus cabarets, en que toda cortinatiene temblores de colcha.</p><p>11/191</p></li><li><p>Con su gran prestancia iba penetrando en la sociedad en que un jovenes una fuerza nueva que todos creen poder asimilar y modificar comoadaptable combustible a todas las vidas.</p><p>Entre las mujeres tena gran partido, pues aunque era duro de tipo ypareca engaritado en su juventud, tena puerilidades de mujercilla,improntus femeninos y triviales, romanticismos de menor cuanta.</p><p>El amor y la muerte van unidos, seora deca, por ejemplo, sin tonni son, y eso tena gran xito con las mujeres, que le decan, a aquelbigardo sin fe y sin escepticismo, cualquiera otra tontera como:</p><p>Entonces usted es un pesimista.</p><p>S, soy un pesimista responda con simpleza, dedicado nada msque a no contrariar las primeras palabras que se le haban ocurrido ala simple mujercilla.</p><p>No tena rubor de las confidencias y espetaba todas de una vez.Aquello, a la vista sagaz, tena que resultar falso, y, sin embargo, era loque ms convenca a las mujeres.</p><p>Oa con la mayor atencin las confesiones de las ms idiotas:</p><p> No es verdad que no hay nada ms molesto que el que la llamen auna estando durmiendo? le deca una joven, poniendo mucha con-viccin en sus palabras, una enorme conviccin que no era pertinentea tan ftil descubrimiento, que todo el mundo rehsa descubrir,porque las cosas ms repugnantes son las que ya es excusado decir.</p><p> Ah! S Tiene usted razn Cunta razn!... No hay nada msmolesto que el que le llamen a uno cuando est durmiendo y aada,para que culminase la atraccin cursi y victoriosa que acaba por hacer</p><p>12/191</p></li><li><p>suya a la mujer, sobre todo cuando sobamos que vivamos feliceso sobamos que habamos muerto</p><p> Qu inimitable causeur! exclamaban las mujeres, y ya lo repetanlos hombres.</p><p>Es que es un poco de la raza que ha escrito Las mil y una nochesdecan a veces delante de l, que responda con descarada malicia:</p><p>Yo no he escrito ni quiero escribir Las mil y una noches, yo quierovivirlas.</p><p>Con un arribismo que no hubiera querido para s ninguno de loshombres que se rigen con la mayor lgica y prefieren la armona de suvida y dejar huellas de conviccin en los que tratan, a toda otracomedia, Leonardo era ya conocido en todos los medios catalanes.</p><p>Pasaba enlazando la cintura a mujeres de trajecillo de papel de seda.</p><p>Como prueba de quin era el mocito, con tipo de luchador moderno,que despuntaba en Leonardo, baste saber que lo nico que comprpara su cuarto fue un vasto espejo que le cost doscientas pesetas.</p><p>Quera mirarse, convencerse a s mismo la ms maldita de todas lasseducciones, por la mirada, por el gesto, ms que por la persuasin opor la palabra.</p><p>El, en los momentos decisivos, se iba a decir a s mismo, mirndose alespejo:</p><p>T, anda siempre adelante avanza con ese tipo salvaje y no tedetengas a pensar lo que vaya sucediendo.</p><p>IV</p><p>13/191</p></li><li><p>Aquella mujer de los ojos implorantes, gachones, como enfermos demelosidad, y que todos saban quin era de tanto verla pasear su tipode exigente recin casada, de opulenta esposa que necesita del maridotodas las atenciones y todas las riquezas, se haba quedado viuda, yviuda porque su esposo se haba suicidado por no poder sostener susperfumes y quiz los volantes de seda bordada que mova condenguera excepcional, como si estuviese embarazada de mimo y devoluptuosidad.</p><p>Aquel hombre de tipo obsesionado, muy miope, que pareca ir sus-penso y relamido por el orgullo de llevar a su mujer del brazo, y dejarpor donde pasaba una estela de voluptuosidad que los adolescentesiban a buscar por las ramblas, por donde ella acostumbraba pasear, sehaba disparado un tiro en la sien.</p><p>Qu apetitosa qued la mujer del suicida! Viuda y viuda del suicidaque es el marido que no vuelve y que no asoma, que no aporta por lacasa vaca, que ha perdido todo derecho de intervencin, puesto que seha ido tan voluntariamente.</p><p>Si cualquiera otra viuda se contagia de la muerte del marido, la viudadel suicida est fresca, rozagante, como gran rosbif para los nuevosdeseos.</p><p>Aurora, que as se llamaba la viuda sbita, pas una crisis de lloros yrisas, porque no saba si indignarse con el muerto que la haba aban-donado cometiendo la peor de las infidelidades, o llorarle, porque des-pus de todo haba sido su primer hombre, su maridito, con el quehaba paseado tanto del brazo y del que e haba dejado ensear todaslas cosas, con beneplcito, siempre, como si ella las supiese ya hacamucho tiempo.</p><p>14/191</p></li><li><p>La crisis dur unos cuantos das; pero en seguida, rabiosa, encalabrin-ada, dndose cuenta de que no deba ninguna consideracin a suesposo, sali a la calle constantemente, sola, como a compras, un pocodistanciada y como en una rebelda con su familia, porque los muymajaderos haban considerado como un crimen el suicidio, un cri-men que haba manchado su apellido.</p><p>Se senta un poco deshonrada por el suicidio de su marido, y eso pre-cisamente la daba ms libertad y la pona en camino de mayoresdeshonras.</p><p>Miraba a los hombres como si les dijera:</p><p>Se suicid por m, pero vosotros tambin harais lo mismo.</p><p>Ellos contestaban a aquella sonrisita con otra con que la decan:</p><p> A que no?</p><p>Las lunas de los escaparates se la haban lanzado de acera a acera,curiosas de aquella mujer opulenta a la que hubieran querido alhajar.Las de ropa blanca la deseaban para maniqu y las joyeras deseabansu garganta.</p><p>Se la conoca ya por la mujer del suicida y provocaba gran curi-osidad. Algunos la siguieron, temiendo parar en el cementerio.</p><p>Leonardo la vio tambin y la dese, pero no se hubiera lanzado a suconquista si no hubiera visto la gran predileccin de sus amigos y eldisputrsela en guerrilla de toda la calle.</p><p>Yo me suicidara tambin por usted la solan decir muchos, convulgaridad manifiesta.</p><p>15/191</p></li><li><p>Leonardo se llev una mirada larga, para toda la vida, cuando ladijo:</p><p>Pues yo no me morira nunca, para no dejarla de mirar y de quererValientes vainas.</p><p>Se vea que Leonardo era el hombre que encontraba el halago pronto ydecisivo.</p><p>Quizs despus, en sus conversaciones y frases, decayese; perosiempre era el halageo de buenas a primeras.</p><p>Aurora ya todas las tardes buscaba por entre los hombres la figuramovediza de Leonardo, negro, blanco, blanqusimo, pero con unamirada pavorosa, de adormecedor de serpientes, de adormecido lmismo, de no saber lo que se haca ni lo que quera.</p><p>Por fin un da se pusieron a andar a la par fcilmente, pues ella redujosu marcha al ver que l se apresuraba, y en seguida estuvieron al lado.</p><p>El la ofreci la mano como si se la diese ante el altar de Dios, y la dijo:</p><p> Para siempre?</p><p>Para siempre respondi ella, de ese modo maquinal con que des-pus del Ave Mara se escapa el Ora pro nobis.</p><p>El paso de Aurora volvi a ser el que llevaba cuando iba con su maridoy hasta le roz con la flor disimulada de la cadera, que saba rozar condelicia rtmica.</p><p>Entr en conversacin como haba entrado siempre en conversacincon las mujeres, metindose con el otro hombre:</p><p>16/191</p></li><li><p>No pensar ya usted en aquel cobarde</p><p>Dejemos en paz a los muertos dijo ella.</p><p>No era, no es un muerto, es un huido, un desertor.</p><p>Ella estaba vencida, aterrorizada por aquella racha de insultosgallardos.</p><p>Leonardo no dejaba la acera a nadie y tuvo una discusin violenta conun seor que no se apart.</p><p>Todos miraban a Leonardo como a un ser privilegiado.</p><p>Los abanicos que llenaban los escaparates de la primavera abanicabana la pareja apasionada, que no caba por la acera.</p><p>Otro suicida decan a su paso los grupos envidiosos que suponanque ella se lo iba a sorber.</p><p>V</p><p>Leonardo ya estaba caracterizado de hombre galante y podero...</p></li></ul>