Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a

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<ul><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 1/224</p><p>Ramiro Ledesma Ramos</p><p>TEXTOS</p><p>2011</p><p>1</p></li><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 2/224</p><p>Nuestro manifiesto poltico</p><p>Un grupo compacto de espaoles jvenes se dispone hoy a intervenir en la accinpoltica de un modo intenso y eficaz. No invocan para ello otros ttulos que el de unanoble y tenacsima preocupacin por las cuestiones vitales que afectan a su pas. Y,desde luego, la garanta de que representan la voz de estos tiempos, y de que es lasuya una conducta poltica nacida de cara a las dificultades actuales. Nadie podreludir la afirmacin de que Espaa atraviesa hoy una crisis poltica, social yeconmica, tan honda, que reclama ser afrontada y resuelta con el mximo coraje. Nipesimismos ni fugas desertoras deben tolerarse ante ella. Todo espaol que noconsiga situarse con la debida grandeza ante los hechos que se avecinan, estobligado a desalojar las primeras lneas y permitir que las ocupen falanges animosas yfirmes.</p><p>La primera gran angustia que se apodera de todo espaol que adviene a la</p><p>responsabilidad pblica es la de advertir cmo Espaa -el Estado y el puebloespaoles- vive desde hace casi tres siglos en perpetua fuga de s misma, deslealpara con los peculiarsimos valores a ella adscritos, infiel a la realizacin de ellos, y,por tanto, en una autonegacin suicida, de tal gravedad, que la sita en las lindesmismas de la descomposicin histrica. Hemos perdido as el pulso universal. Noshemos desconexionado de los destinos universales, sin capacidad ni denuedo paraextirpar las miopas atroces que hasta aqu han presidido todos los conatos deresurgimiento. Hoy estamos en la ms propicia coyuntura con que puede soar puebloalguno. Y como advertimos que los hombres de la poltica usual -monrquicos yrepublicanos-, las agrupaciones que los siguen y los elementos dispersos que hastaaqu han intervenido en las elaboraciones decisivas, no logran desligarse de lasmediocres contexturas del viejo Estado, nosotros, al margen de ellos, frente a ellos,</p><p>ms all que ellos, sin divisin lateral de derechas e izquierdas, sino de lejanas y defondos, iniciamos una accin revolucionaria en pro de un Estado de novedad radical.</p><p>La crisis poltica y social de Espaa tiene su origen en la crisis de la concepcin mismasobre que se articula el Estado vigente. En todas partes se desmorona la eficacia delEstado liberal burgus, que la revolucin francesa del siglo XVIII impuso al mundo, ylos pueblos se debaten hoy en la gran dificultad de abrir paso a un nuevo Estado, en elque sean posibles todas sus realizaciones valiosas. Nosotros nos encaminamos a laaccin poltica con la concreta ambicin de proyectar sobre el pas las siluetas de esenuevo Estado. E imponerlo. Una tarea semejante requiere, ante todo, capacidad paradesvincularse de los mitos fracasados. Y la voluntad de incorporarnos, como un granpueblo, a la doble finalidad que caracteriza hoy a las naciones: De un lado, laaportacin al espritu universal de nuestra peculiaridad hispnica, y de otro, laconquista de los resortes tcnicos, la movilizacin de los medios econmicos, lavictoria sobre intereses materiales y la justicia social.</p><p>Las columnas centrales de nuestra actuacin sern estas:</p><p>Supremaca del Estado</p><p>El nuevo Estado ser constructivo, creador. Suplantar a los individuos y a los grupos,y la soberana ltima residir en l, y slo en l. El nico intrprete de cuanto hay deesencias universales en un pueblo es el Estado, y dentro de ste logran aqullas</p><p>plenitud. Corresponde al Estado, asimismo, la realizacin de todos los valores dendole poltica, cultural y econmica que dentro de este pueblo haya. Defendemos, por</p><p>2</p></li><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 3/224</p><p>tanto, un panestatismo, un Estado que consiga todas las eficacias. La forma del nuevoEstado ha de nacer de l y ser un producto suyo. Cuando de un modo serio y centralintentamos una honda subversin de los contenidos polticos y sociales de nuestropueblo, las cuestiones que aludan a meras formas no tienen rango suficiente parainteresarnos. Al hablar de supremaca del Estado se quiere decir que el Estado es elmximo valor poltico, y que el mayor crimen contra la civilidad ser el de ponersefrente al nuevo Estado. Pues la civilidad -la convivencia civil- es algo que el Estado, yslo l, hace posible. Nada, pues, sobre el Estado!!</p><p>Afirmacin nacional</p><p>Frente al interior desquiciamiento que hoy presenciamos, levantamos bandera deresponsabilidad nacional. Nos hacemos responsables de la Historia de Espaa,aceptando el peculiarsimo substrato nacional de nuestro pueblo, y vamos a laafirmacin de la cultura espaola con afanes imperiales. Nada puede hacer un pueblosin una previa y radical exaltacin de s mismo como excelencia histrica. Que todoespaol sepa que si una catstrofe geolgica destruye la Pennsula o un pueblo</p><p>extranjero nos somete a esclavitud, en el mundo dejan de realizarse valoresfundamentales! Ms que nunca la vida actual es difcil, y hay que volver en busca decoraje a los sentimientos elementales que mantienen en tensa plenitud los nimos. Elsentido nacional y social de nuestro pueblo -pueblo ecumnico, catlico- ser ste: Elmundo necesita de nosotros, y nosotros debemos estar en nuestro puesto!</p><p>Exaltacin universitaria</p><p>Somos, en gran parte, universitarios. La Universidad es para nosotros el rganosupremo -creador- de los valores culturales y cientficos. Pueblos sin Universidadpermanecen al margen de las elaboraciones superiores. Sin cultura no hay tensin delespritu, como sin ciencia no hay tcnica. La grandeza intelectual y la preeminenciaeconmica son imposibles sin una Universidad investigadora y antiburocrtica.</p><p>Articulacin comarcal de Espaa</p><p>La primera realidad espaola no es Madrid, sino las provincias. Nuestro ms radicalafn ha de consistir, pues, en conexionar y articular los alientos vitales de lasprovincias. Descubriendo sus mitos y lanzndolas a su conquista. Situndolas ante sudimensin ms prspera. Por eso el nuevo Estado admitir como base indispensablede su estructuracin la ntegra y plena autonoma de los Municipios. Ah est la magnatradicin espaola de las ciudades, villas y pueblos como organismos vivos yfecundos. No hay posibilidad de triunfo econmico ni de eficacia administrativa sin esa</p><p>autonoma a que aludimos. Los Municipios autnomos podrn luego articularse engrandes confederaciones o comarcas, delimitadas por un margen de exigenciaseconmicas o administrativas, y, desde luego, bajo la soberana del Estado, que sersiempre, como antes insinuamos, indiscutible y absoluta. Para vitalizar el sentidocomarcal de Espaa, nada mejor que someter las comarcas a un renacimiento que serealice al amparo de realidades actualsimas y firmes.</p><p>Estructura sindical de la economa</p><p>No pudieron sospechar los hacedores del Estado liberal burgus las rutas econmicasque iban a sobrevenir en lo futuro. La primera visin clara del carcter de nuestracivilizacin industrial y tcnica corresponde al marxismo. Nosotros lucharemos contra</p><p>la limitacin del materialismo marxista, y hemos de superarlo; pero no sin reconocerlehonores de precursor muerto y agotado en los primeros choques. La economa</p><p>3</p></li><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 4/224</p><p>industrial de los ltimos cien aos ha creado poderes e injusticias sociales frente a lasque el Estado liberal se encuentra inerme. As el nuevo Estado impondr laestructuracin sindical de la economa, que salve la eficacia industrial, pero destruyalas supremacas morbosas de toda ndole que hoy existen. El nuevo Estado nopuede abandonar su economa a los simples pactos y contrataciones que las fuerzaseconmicas libren entre s. La sindicacin de las fuerzas econmicas ser obligatoria,y en todo momento atenida a los altos fines del Estado. El Estado disciplinar ygarantizar en todo momento la produccin. Lo que equivale a una potenciacinconsiderable del trabajo. Queda todava an ms por hacer en pro de una autntica yfructfera economa espaola, y es que el nuevo Estado torcer el cuello al pavoroso ytremendo problema agrario que hoy existe. Mediante la expropiacin de losterratenientes. Las tierras expropiadas, una vez que se nacionalicen, no deben serrepartidas, pues esto equivaldra a la vieja y funesta solucin liberal, sino cedidas a loscampesinos mismos, para que las cultiven por s, bajo la intervencin de las entidadesmunicipales autnomas, y con tendencia a la explotacin comunal o cooperativista.</p><p>Del breve resumen anterior deducimos nuestra dogmtica, a la que seremos leales</p><p>hasta el fin. Y es sta:</p><p>1. Todo el poder corresponde al Estado.</p><p>2. Hay tan slo libertades polticas en el Estado, no sobre el Estado ni frente alEstado.</p><p>3. El mayor valor poltico que reside en el hombre es su capacidad de convivenciacivil en el Estado.</p><p>4. Es un imperativo de nuestra poca la superacin radical, terica y prctica delmarxismo.</p><p>5. Frente a la sociedad y el Estado comunista oponemos los valores jerrquicos, laidea nacional y la eficacia econmica.</p><p>6. Afirmacin de los valores hispnicos.</p><p>7. Difusin imperial de nuestra cultura.</p><p>8. Autntica elaboracin de la Universidad espaola. En la Universidad radican lassupremacas ideolgicas que constituyen el secreto ltimo de la ciencia y de la tcnica.Y tambin las vibraciones culturales ms finas. Hemos de destacar por ello nuestro</p><p>ideal en pro de la Universidad magna.</p><p>9. Intensificacin de la cultura de masas, utilizando los medios ms eficaces.</p><p>10. Extirpacin de los focos regionales que den a sus aspiraciones un sentido deautonoma poltica. Las grandes comarcas o Confederaciones regionales, debidas a lainiciativa de los Municipios, deben merecen, por el contrario, todas las atenciones.Fomentaremos la comarca vital y actualsima.</p><p>11. Plena e integral autonoma de los Municipios en las funciones propia ytradicionalmente de su competencia, que son las de ndole econmica y</p><p>administrativa.</p><p>4</p></li><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 5/224</p><p>12. Estructuracin sindical de la economa. Poltica econmica objetiva.</p><p>13. Potenciacin del trabajo.</p><p>14. Expropiacin de los terratenientes. Las tierras expropiadas se nacionalizarn y</p><p>sern entregadas a los Municipios y entidades sindicales de campesinos.15. Justicia social y disciplina social.</p><p>16. Lucha contra el farisaico pacifismo de Ginebra. Afirmacin de Espaa comopotencia internacional.</p><p>17. Exclusiva actuacin revolucionaria hasta lograr en Espaa el triunfo del nuevoEstado. Mtodos de accin directa sobre el viejo Estado y los viejos grupos polticossociales del viejo rgimen.</p><p>Nuestra organizacin</p><p>Nacemos con cara a la eficacia revolucionaria. Por eso no buscamos votos, sinominoras audaces y valiosas. Buscamos jvenes equipos militantes, sin hipocresasfrente al fusil y a la disciplina de guerra. Militares civiles que derrumben la armaznburguesa y anacrnica de un militarismo pacifista. Queremos al poltico con sentidomilitar, de responsabilidad y de lucha. Nuestra organizacin se estructurar a base declulas sindicales y clulas polticas. Las primeras se compondrn de diez individuos,pertenecientes, segn su nombre indica, a un mismo gremio o sindicato. Lassegundas, por cinco individuos de profesin diversa. Ambas sern la unidad inferiorque tenga voz y fuerza en el partido. Para entrar en una clula se precisar estarcomprendido entre los diez y ocho y cuarenta y cinco aos. Los espaoles de ms</p><p>edad no podrn intervenir de un modo activo en nuestras falanges. Inmediatamentecomenzar en toda Espaa la organizacin de clulas sindicales y polticas, queconstituirn los elementos primarios para nuestra accin. El nexo de unin es ladogmtica que antes expusimos, la cual debe ser aceptada y comprendida conintegridad para formar parte de nuestra fuerza. Vamos al triunfo y somos la verdadespaola. Hoy comenzamos la publicacin de nuestro peridico, LA CONQUISTA DELESTADO, que primero ser semanal y haremos diario lo antes posible.</p><p>Las adhesiones, as como la solicitacin de detalles explicativos, deben enviarse anombre del presidente, a nuestras oficinas, Avenida de Dato, 7, planta D. Madrid. Hade consignarse en ellas con toda claridad el nombre, edad, profesin y domicilio.</p><p>(La Conquista del Estado, n. 1, 14 - Marzo -1931)</p><p>La violencia y la poltica actual</p><p>Es indudable que el mundo atraviesa una era revolucionaria. Hacen un viraje las rutasvigentes, y se invalidan. Los poderes histricos se encuentran de pronto vacos deimpulso, como si nada tuviesen que ver con los hechos del da. Desarticulados de losresortes ntimos y decisivos que rigen el mundo nuevo. Una fase de violencia seaproxima, pues, de modo inevitable al servicio de esas convulsiones. El ejemplo de lasfuerzas polticas que se organizan en milicia civil es rotundo y claro. A travs de la</p><p>postguerra, los nacionalismos agresivos, que lograron un enlace social con la horapresente, han triunfado; esto es: han movilizado huestes valerosas. Asimismo, enporcin menor, los comunistas.</p><p>5</p></li><li><p>7/29/2019 Ramiro Ledesma Ramos Antologia 1a</p><p> 6/224</p><p>Pero es curioso que fuerzas pacifistas, de ramplona mirada liberal y democrtica,pretenden ahora adquirir tambin eficiencia guerrera. Como si el valor y el herosmofuesen mercancas que se abandonan o adquieren a capricho. Hay grupos socialesantiheroicos por constitucin natural, a los cuales ser risible entregar una bayoneta.Decimos esto a la vista de algunos fenmenos que hoy se dan. As, esa manifestacinde Reischbaneren las ciudades alemanas. Horsing, creador de esas banderasdemocrticas, ha sentido la necesidad de copiar a Hitler, uniformando sus huestes enun desfile incoloro.</p><p>Las falanges hitlerianas obedecen fielmente en su formacin los imperativos polticos ysociales de estos aos. Son, pues, algo vivo, que se enraza en lo ms hondo denuestro tiempo, que interpreta los afanes de nuestro tiempo. Frente a ellas, de modoartificioso, para defender cosas que en 1931 no pueden pasar de la superficie de lapersona, se forman otras milicias con ilusas esperanzas de predominio.</p><p>Nosotros denunciamos en el hecho mismo del plagio una subversin curiosa. Pues siyo me apropio y utilizo los valores que otro trae consigo, me convierto en dependiente</p><p>suyo, en admirador fundamental de su gesto. Es la contradiccin que existe enprrafos como el siguiente, publicado en un articulo de la revista madrilea Nosotros:</p><p>Se impone la formacin del bloque antifascista. Si las organizaciones de vanguardiano tienen el suficiente sentido poltico para concertar una accin ofensiva de granenvergadura, por lo menos hay derecho a esperar que s podran ponerse de acuerdopara exterminar en su punto de partida toda formacin fascista.</p><p>Esto es, hacindose fascistas. La cosa es clara, y, en este caso, el triunfo del fascismorotundo.</p><p>(La Conquista del Estado, n. 1, 14 - Marzo - 1931)</p><p>Espaoles Jvenes!: En pie de guerra!</p><p>Para salvar los destinos y los intereses hispanos, LA CONQUISTA DEL ESTADOva a movilizar juventudes. Buscamos equipos militantes, sin hipocresas frenteal fusil y a la disciplina de guerra; milicias civiles que derrumben la armaznburguesa y anacrnica de un militarismo pacifista. Queremos al poltico consentido militar, de responsabilidad y de lucha.</p><p>Quiz se asusten de nosotros las gentes pacatas y encogidas. No n...</p></li></ul>

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