¿Qué sociedad saldrá de la actual crisis? ¿Qué salida de la crisis ...

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  • 6Qu sociedad saldr de la actual crisis? Qu salida de la crisis impulsar esta sociedad?COORDINADORImanol Zubero

    AUTORESXabier Aierdi Patricia Campelo Jos Manuel Fresno Marian Ispizua Amaia Izaola Cristina Lava Emilio Martnez NavarroMara Silvestre CabreraJos Antonio Zamora

  • VII Informe sobre exclusin y desarrollo social en Espaa 2014

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    6Qu sociedad saldr de la actual crisis? Qu salida de la crisis impulsar esta sociedad?

    6.1. La crisis como relato moral: dos perspectivas enfrentadas 397

    6.2. La economa moral de la sociedad espaola: entre la ambivalencia y la rendicin 406

    6.3. Construyendo ya la economa moral de maana? 420

    6.4. Bibliografa 441

  • Qu sociedad saldr de la actual crisis? Qu salida de la crisis impulsar esta sociedad? 6

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    Captulo 6Qu sociedad saldr de la actual crisis? Qu salida de la crisis impulsar esta sociedad?

    Qu culturas sern las que dominen la prctica social en ltima instancia puede determinar nuestro destino colectivo: o bien entrar en un proceso de desintegracin social y conflictos violentos, o bien presenciar el surgimiento

    de nuevas culturas basadas en el uso del valor de la vida como una forma superior de organizacin humana.

    CASTELLS, CARAA y CARDOSO, 2013: 37

    6.1. La crisis como relato moral: dos perspectivas enfrentadas

    Flix Ovejero es autor de una de las reflexiones sobre tica y economa ms sugerentes que co-nocemos. Publicada hace dos dcadas, Ovejero escriba entonces lo siguiente sobre las dificul-tades a las que se enfrenta, desde el comienzo, cualquier intento de abordar la realidad del mer-cado desde una perspectiva moral: Discutir la moralidad del mercado es un empeo que pa-rece requerir una justificacin previa. Antes de empezar a discutir la tica del mercado hay que fundamentar la licitud de esa propia tarea. Sobre todo en el presente, despus de la crisis de los proyectos socialistas. Hoy parece que estamos instalados en el mercado. Instalados sin escapa-toria imaginable (1994: 33). Ovejero escriba es-tas lneas en un contexto de crisis del socialismo, en la poca del fin de la Historia proclamada por Francis Fukuyama. Ahora nos encontramos

    en la coyuntura contraria, en una poca de crisis del proyecto neoliberal. Y sin embargo, estamos en las mismas, instalados en el mercado y su l-gica, sin que aparentemente exista ninguna al-ternativa.

    En esta tesitura consideramos muy relevante atender a una reflexin de Michael J. Sandel: Nuestra renuencia a emplear argumentos mo-rales y espirituales, junto con nuestra aceptacin de los mercados, nos ha hecho pagar un alto pre-cio: ha drenado el discurso pblico de toda ener-ga moral y cvica, y ha contribuido a la poltica tecnocrtica, de mera gestin, que hoy aqueja a muchas sociedades (2013: 22). Ahora bien: hay formas y formas de utilizar el marco de la moral para afrontar el anlisis de procesos sociales, po-lticos y econmicos.

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    Elaborado por el World Economic Forum en cola-boracin con la Universidad de Georgetown, en 2010 se hizo pblico el informe Faith and the Glo-bal Agenda: Values for the Post-Crisis Economy (La fe y la agenda global: valores para la economa pos-crisis). Segn ese informe basado de un estudio de opinin realizado a travs de Facebook a ms de 130.000 personas de Francia, Alemania, Esta-dos Unidos, India, Indonesia, Israel, Mxico, Arabia Saud, Turqua y Sudfrica, ms de dos tercios de los participantes crean que la actual crisis eco-nmica era tambin una crisis tica y de valores. Se trata de un informe apreciable, ms all de que su orientacin religiosa todas las reflexiones es-tn firmadas por personalidades identificadas con diversas confesiones no contempla suficiente-mente la posibilidad de abordar la cuestin des-de la perspectiva de la tica cvica. En todo caso, aportaciones como esta se aaden a un amplio espacio de reflexin sobre la crisis que va ms all de los argumentos inmediatamente econmicos o polticos y que constata que la crisis que se inicia en 2008 tiene, tambin, una dimensin que afecta a la urdimbre normativa de nuestras sociedades (Fourcade, Steiner, Streeck y Woll, 2013; Arrez y Francs, 2014). Antn Costas, catedrtico de Pol-tica Econmica de la Universidad de Barcelona y coordinador de una interesante obra colectiva ti-tulada La crisis de 2008. De la economa a la poltica y ms all (Costas, 2010) ha escrito a este respecto:

    Los argumentos econmicos son insuficientes para comprender las causas profundas del de-sastre que estamos viviendo. No solo ha habido fallos de la regulacin financiera y errores de poltica, como dicen los economistas. Hay algo ms intrigante: una quiebra moral del nuevo ca-pitalismo que emergi en los aos ochenta del siglo pasado.Si no se toma en consideracin esa quiebra mo-ral es imposible comprender la crisis financiera de 2008. Y, lo que es ms importante, tampo-co se ven algunos de los destrozos que deja: la deslegitimacin social de la economa de mer-cado; una deslegitimacin que abarca a las pol-

    ticas que estn haciendo los Gobiernos (Costas, 2011).

    En muchas ocasiones a lo largo de estos ltimos aos se ha abusado de la formulacin crisis de valores, recurrindose a esta expresin con la in-tencin de despolitizar los problemas sociales, de reducir sus dimensiones estructurales o institucio-nales a parmetros individuales (Ovejero, 2010), incurriendo en el error de afrontar problemas es-tructurales mediante soluciones biogrficas (Bau-man y Tester, 2020: 150). Este ha sido el caso cuan-do se ha querido presentar la crisis actual como un problema exclusivo de codicia personal, como si fuera igual el comportamiento de Jordan Belfort, el broker que ha inspirado la pelcula de Martin Scorsese Ellobo de Wall Street, que el del ciudadano que decidi cambiar de vivienda aprovechando la ventajosa oferta de crdito que le hizo su banco de toda la vida; el del jubilado que se vio tentado por los supuestos beneficios de un esotrico producto financiero que dieron en llamar participaciones preferentes, que el de los ingenieros contables que disearon esas y otras innovaciones txicas (titulizaciones, derivados, ventas a corto) caracte-rsticas de este paraso del robo y de la estafa que cabe denominar, sin exageraciones ni demago-gias, Cleptopa (Taibbi, 2011)(1).

    No obstante, ms all del recurso a la tica, a los valores o a la cultura como subterfugio despoliti-zador, es preciso recordar que el Estado democr-tico constitucional solo puede sostenerse, como seala Jrgen Habermas, sobre la existencia de una ciudadana concebida como colegisladora, activamente comprometida con la tarea de produ-

    (1) Para ampliar esta idea consultar Zamora (2014). Docu-mento de trabajo 6.2. para el VII Informe FOESSA. Acce-sible en: www.foessa.es/informe Captulo 6.

    Jos Antonio Zamora desvela en profundidad esta di-mensin estructural de la crisis, que va mucho ms all de determinados excesos particulares, colocndonos ante un escenario de agotamiento de la lgica de la acumulacin capitalista misma.

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    cir y sostener las condiciones para el desarrollo de la vida en comn, cuyos fundamentos culturales se nutren de fuentes espontneas o prepolti-cas de naturaleza fuertemente normativa. Haber-mas considera que es muy distinto considerarse a uno mismo como un miembro de la sociedad (por lo tanto, un mero destinatario del derecho) o co-mo un ciudadano del Estado (y por ello, autor del derecho). En el primer caso, el individuo-miembro puede limitarse a intentar cumplir sus aspiracio-nes subjetivas dentro de los lmites legales; en el segundo caso, del individuo-ciudadano se espera que sea no un mero consumidor de derechos, sino un activo constructor de estos, buscando por tan-to no solo satisfacer sus legtimos intereses, sino tambin trabajar en pro del bien comn. Y esta segunda perspectiva, advierte el filsofo alemn, requiere un mayor esfuerzo motivacional, que no puede imponerse por va legal:

    En un Estado de derecho democrtico, la obliga-cin de votar en las elecciones estara tan fuera de lugar como la solidaridad por decreto ley. La disposicin a tomar bajo su responsabilidad, en caso necesario, a conciudadanos desconocidos y annimos, y a hacer sacrificios en nombre del inters colectivo, es algo que a los ciudadanos de una comunidad liberal solo se les puede, como mucho, sugerir. Por eso las virtudes polticas, aun-que solo se recauden en calderilla, son esencia-les para la existencia de una democracia. Forman parte de la socializacin y de la habituacin a las prcticas y maneras de pensar de una cultura po-ltica liberal. El estatus de ciudadano del Estado se halla, en cierto modo, insertado en una sociedad civil que se nutre de fuentes espontneas, prepo-lticas por as decirlo (Habermas, 2004)(2).

    (2) Habermas expone esta reflexin en el transcurso de un debate con el entonces cardenal Joseph Ratzinger, lue-go Papa Benedicto XVI, sobre los Fundamentos mora-les prepolticos del Estado liberal, desde las fuentes de la razn y de la fe, celebrado el 19 de enero del 2004 en la Academia Catlica de Mnich. Existen diversas traducciones, con ligeras modificaciones formales, no sustantivas. Aqu hemos utilizado la publicada por La

    Traducindolo al luminoso estilo que caracteriza a Zygmunt Bauman (2004: 73), no somos morales gracias a la sociedad (solo somos ticos o cumpli-dores de la ley gracias a ella); vivimos en sociedad, somos la sociedad, gracias a ser morales. Todo el entramado de instituciones polticas y jurdicas de nuestras sociedades se asientan sobre cimientos morales, y son estos cimientos prepolticos los que garantizan que esas instituciones funcionen de acuerdo con los principios y los objetivos que las constituyeron. Hecha la ley, hecha la trampa, so-lemos decir, y es muy cierto. La ley no se basta por s sola para garantizar la existencia de una socie-dad de ciudadanas y ciudadanos libres e iguales. Como advierte Michael J. Sandel (2011: 275-276), una poltica vaciada de un compromiso moral sustantivo conduce a una vida civil empobrecida.

    La sociedad espaola lleg a la actual crisis en unas determinadas condiciones de salud moral. Aunque la crisis tiene desencadenan-tes coyunturales de naturaleza econmico-financiera que, a su vez, responden a procesos estructurales de largo plazo (neoliberalizacin, desregulacin, extensin de la lgica mercan-til, acumulacin por desposesin, etc.), consi-deramos que estos procesos econmicos se relacionan de manera sinrgica en algunos casos, antagnica en otros con procesos de naturaleza cultural e ideolgica que expresan diversos modelos y aspiraciones de lo que de-ben ser una sociedad y una vida buenas(3). La manera en la que la crisis nos est afectando esta sera la primera hiptesis a analizar tiene mucho que ver con el tono moral que la sociedad espaola fue adquiriendo en los

    Vanguardia (1 mayo 2005) y recogida en distintos sitios de Internet. La editorial Fondo de Cultura Econmica ha publicado en 2008 los textos de ambas conferencias en un libro titulado Entre razn y religin. Dialctica de la secularizacin.

    (3) Nos referimos al anlisis realizado en Martnez Navarro (2014). Documento de trabajo 6.1. para el VII Informe FOESSA. Accesible en: www.foessa.es/informe Captulo 6.

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    aos anteriores a la explosin de la burbuja inmobiliaria-financiera. Un tono distinto tal vez hubiera permitido una distinta recepcin de la crisis, as como un repertorio distinto de respuestas polticas y econmicas.

    Pero lo que ms nos interesa no es hacer un an-lisis retrospectivo, sino prospectivo. Y aqu se plantea nuestra segunda hiptesis: la salida de la crisis la direccin en la que tal salida se pro-duzca y el rumbo que la sociedad espaola es-coja en el futuro van a depender en gran medida del tono moral que en estos aos de crisis vaya-mos desarrollando. Seguimos siendo la misma sociedad que ramos antes de la crisis o hemos cambiado de alguna manera? Si lo hemos hecho, en qu hemos cambiado?

    Teniendo en cuenta las hiptesis sealadas, en es-te captulo nos planteamos dos grandes objetivos. El primero, de carcter descriptivo, es caracterizar la economa moral de la sociedad espaola, al me-nos en lo que se refiere a los valores, expectativas y normas que configuran el modelo de justicia y de sociedad a los que se aspira de manera predo-minante. Analizaremos las transformaciones que ha experimentado a lo largo de los aos y obser-varemos el impacto de la crisis sobre la economa moral de la sociedad espaola. El segundo, de carcter prospectivo, propone una aproximacin a la estructura de oportunidad cultural para un afrontamiento distinto (alternativo) de la crisis, sealando tambin los obstculos que la cultura cvico-poltica de la sociedad espaola ofrece pa-ra afrontar de otra manera la salida a la crisis.

    Para ello nos basamos en muchos y muy buenos trabajos de investigacin desarrollados en los ltimos aos por cientficas y cientficos sociales que realizan su actividad en distintas universi-dades, fundaciones y centros de investigacin. Nuestra pretensin no es ir ms all de sus inves-tigaciones, al menos en lo que tienen de acer-tada caracterizacin de las opiniones y las acti-

    tudes de la sociedad espaola ante cuestiones tales como la desigualdad, los servicios pblicos o la fiscalidad. Tan solo aspiramos a proponer una mirada interpretativa que relacione esas y otras investigaciones y reflexiones para vislum-brar, ms all de los datos y las coyunturas, los procesos de fondo que configuran nuestra cul-tura cvica en relacin con el Estado de bienestar.

    6.1.1. La economa moral de la crisis y la crisis moral de la economa

    El historiador britnico Edward P. Thompson propone en 1971 el concepto de economa moral de la multitud como herramienta analtica para interpretar los conflictos sociales surgidos en la Inglaterra del siglo XVIII, ligados a la destruccin de los modos de vida tradicionales como con-secuencia de la profunda transformacin socio-econmica que supone la Revolucin Industrial. Durante mucho tiempo, la historia social haba considerado estos conflictos como meras reac-ciones de protesta ante el empeoramiento de las condiciones de vida, como simples motines de subsistencias (Thompson, 1984: 63) o revuel-tas del hambre (Rud, 1978: 221), acontecimien-tos puramente espasmdicos, rebeliones del estmago sin mayor contenido poltico ni orientacin estratgica. Pero siendo cierto que el detonante de todas estas protestas era, gene-ralmente, una situacin de elevado desempleo, de encarecimiento de los precios, de prcticas comerciales especulativas o de privatizacin de recursos comunes, nada de esto explica el fen-meno. En el fondo, estas interpretaciones prosai-camente materialistas responden, como seala-ra George Rud en un inspirador trabajo seminal publicado originalmente en 1964, a una interpre-tacin de la historia segn la cual la multitud, el pueblo o la gente comn, solo representaba un

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